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lunes, mayo 23, 2011

El éxito de Brasil y el fracaso del “México neoliberal panista”

Recientemente, Americas Quarterly publicó las “Reflexiones sobre el ascenso global de Brasil”, por Celso Amorim, anterior canciller de Lula.

La comparación del fracaso del “México neoliberal” con el éxito fulgurante de Brasil bastaría perentoriamente con exponer solamente tres datos caracterológicos –únicamente en el ámbito de las relaciones exteriores, para no ser tan crueles– frente al notable desempeño (con hechos tangibles) de Lula y su canciller Celso Amorim: 1. La incontinencia locuaz de Fox y su canciller de corta duración, Jorge Castañeda Gutman (presuntamente un activo de Israel, George Soros y el financierista sionismo jázaro), sin logros tangibles; 2. La mediocridad y pusilanimidad de Calderón y su canciller Patricia Espinoza; y 3. La pequeñez de la representación diplomática de México en Washington en la persona inmadura y carente de currículo del castañedista Arturo Sarukhán Casamitjana.

No solamente de economía y de finanzas viven los humanos, y la relevancia del artículo de Celso Amorim coloca en la palestra la solidez de la política exterior en el ascenso de las naciones cuyo salto cualitativo en la “era Lula” ha sido notable en toda Latinoamérica, en particular, y el mundo, en general cuando forma parte del grupo laxo BRICS (siglas de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica).

Los países no se hacen al vapor como creyeron los fracasados panistas Fox y Calderón con sus pésimos cancilleres, quema de la que se salva Luis Ernesto Derbez, hoy rector de la Universidad de las Américas en Cholula, quien operó como bombero para apagar el incendio diplomático del piromaniaco Castañeda Gutman, quien llevó a México a pleitos estériles con prácticamente toda Latinoamérica, con el propósito avieso de clavar al país a los intereses de Estados Unidos e Israel.

La revista británica The Economist no tiene más remedio que reconocer a Brasil como “un gigante diplomático”, característica que tenía México durante la Guerra Fría con su legendaria “regla de oro” (de la que formaba parte don Alfonso García Robles, el único premio nobel de la paz mexicano a quien, por cierto, envidiaba hasta su alma Castañeda Gutman con sus patentes complejos de inferioridad que pretendía compensar con su incontinencia locuaz carente de logros demostrables).

Celso Amorim resume en una frase el éxito de Brasil en la era Lula: “Brasil creció económicamente en los recientes años mientras mantuvo la inflación bajo control, mejoró la distribución de los ingresos y, sobre todo, fortaleció su democracia”. Comenta que “la política exterior de Brasil no creó la ola, pero aprendió cómo conducirla”, en la que brilló la “imaginación” –característica ausente en la “diplomacia” mexicana clavada en la agenda unilateral de Estados Unidos desde el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (que resultó cataclísmica, de confesión propia de la academia estadunidense), pasando por la Alianza para la Seguridad y Prosperidad de America del Norte hasta la militarista Iniciativa Mérida.

Mientras el “México neoliberal” panista se olvidó del mundo para hundirse en la agenda unilateral de Estados Unidos y su Titanic financiero, la era Lula entendió el fin del orden unipolar y el inicio del nuevo orden multipolar. Así de simple.

Casteñada Gutman pretendió que el mundo era bipolar (dominado por las finanzas sionistas y el poderío militar de Estados Unidos), mientras que Celso Amorim entendió lúcidamente que el mundo es ya multipolar. Este simple hecho es la diferencia entre el fracaso (de México) y el éxito (de Brasil).

Amorim evalúa los factores subjetivos y objetivos que la política exterior contribuyó en la prominencia de Brasil que se había paralizado por “falta de autoestima”.

Antes de la era Lula, existía el truismo de que Brasil se desempeñaba por debajo de sus posibilidades (territorio, demografía, economía), lo cual era aberrantemente anómalo.

El primer acto que posiciona a Brasil fue al comienzo de la administración de Lula cuando se opone “valientemente” a la invasión de Irak (mientras Castañeda Gutman y su medio hermano, el israelí-venezolano Andrés Rosental Gutman, se manifestaban en forma genuflexa a favor de la invasión anglosajona).

Celso Amorim comenta que, en ese momento, “la nueva política exterior de Brasil” había cesado de ser “tímida o exageradamente cautelosa”.

A su juicio, la política exterior de Brasil “capturó el estado mental” de la población e “intentó traducirlo en actos concretos que pudieran afectar el curso de los eventos regionales y mundiales” (lo contrario del entreguismo a Estados Unidos y al sionismo del panismo “diplomático”).

Con un solo golpe atinado de timón, Lula “cambió la agenda internacional”.

Celso Amorim enumera los logros demostrables. Uno de ellos fue la extinción del fallido Tratado de Libre Comercio de las Américas (del que se habían vuelto vulgares portavoces Fox y Castañeda Gutman), gracias a la “resistencia” de Brasil, que previno “un proceso de negociación comercial desequilibrado” basado en caducas ideas del neoliberal Consenso de Washington. Eran los momentos cuando Fox y Castañeda Gutman alababan insensatamente el flagelante Consenso, hoy más muerto que nunca, cuando hasta el mismo expresidente guanajuatense confesaba que “recibía línea del Banco Mundial” (y, por supuesto, del Fondo Monetario Internacional).

Recuerda Celso Amorim que “raramente una prioridad política de la mayor potencia del hemisferio había sido sacada de la agenda debido a la firme postura de otro país” (Brasil, en la era de Lula: la antimateria del “México neoliberal panista e itamita”).

Brasil “mantenía así la autonomía para tomar sus decisiones sobre su propio modelo de desarrollo” (lo contrario del “México panista” cada vez más entregado sin nulo beneficio a cambio).

Lula no tomó en cuenta a los miembros de los negocios ni a los medios que se habían clavado en forma masoquista en el modelo estadunidense.

Celso Amorim refiere que Brasil libró solo la batalla y luego se adhirieron sus socos del Mercado Común del Sur: Uruguay, Argentina y Paraguay.

Lo relevante consistió en que sin el Tratado de Libre Comercio de las Américas, “Brasil experimentó un crecimiento sostenido, expandió su comercio internacional, se volvió un importante receptor de inversiones directas y, a su vez, también se convirtió en una relevante fuente de inversiones en otros países” (¡todo lo contrario del “México neoliberal panista”!).

Visto en retrospectiva, las decisiones en política exterior de Brasil no solamente resultaron correctas, sino que la blindaron de la severa crisis financiera de Estados Unidos en 2008 (¡lo contrario del “México neoliberal panista” que fue severamente castigado por su patética dependencia a Estados Unidos y al sionismo!).

Se justificaba así el modelo brasileño de crecimiento, su enfoque en el mercado doméstico y la diversificación de sus socios comerciales (¡lo contrario del “México neoliberal panista”!).

Leer articulo completo AQUI.

viernes, diciembre 11, 2009

Calderon tiene oportunidad historica: analista

Desmiente Brasil plazo para que Zelaya deje su embajada en Honduras
Fueron mal interpretadas las declaraciones del representante diplomático, señaló.


Brasilia/Río de Janeiro. La Cancillería brasileña desmintió que haya otorgado de plazo hasta el 27 de enero próximo para que el presidente derrocado de Honduras, Manuel Zelaya, abandone las dependencias de la embajada brasileña en Tegucigalpa.
"El canciller Celso Amorim siempre dijo que Zelaya puede quedarse por el tiempo que sea necesario", dijo a dpa en Brasilia un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores.
El funcionario atribuyó a un "error de interpretación" las declaraciones formuladas a la televisión brasileña por el encargado de Negocios de la embajada del país en Tegucigalpa, Francisco Catunda, quien dijo que Zelaya tendrá que salir hasta el 27 de enero, cuando el ganador de las últimas elecciones hondureñas, Porfirio Lobo, tomará posesión en la presidencia.
"El presidente Zelaya tiene plena conciencia de que el 27 de enero asumirá un nuevo gobierno y que, al terminarse su mandato, deberá seguir otro rumbo", afirmó Catunda.
La fuente de la Cancillería brasileña afirmó, sin embargo, que pese a que "está claro" que el mandato de Zelaya terminará el 27 de enero, "ello no significa que tenga automáticamente que salir de la embajada".
El propio Zelaya, derrocado del poder el 28 de junio pasado por un golpe de Estado, afirmó en una entrevista telefónica a medios brasileños que desea abandonar lo antes posible la representación de Brasil en Tegucigalpa.
"Seguramente será hasta el día 27 de enero de 2010, cuando se termina mi mandato. Sin embargo, mi posición es la de salir lo más rápido posible, lógicamente con respaldo del gobierno de Brasil", expresó.
Este jueves fracasó un intento de Zelaya de trasladarse a México.
Según el presidente depuesto, ello se debió a que el gobierno de facto de Roberto Micheletti quería que "renunciara" a su cargo para recibir el salvoconducto de salida del país.
Por su lado el presidente de facto de Honduras, Roberto Micheletti, dijo que Zelaya pretendió salir del país con "mentiras" y que "quisieron sorprender" a la nación.

En México, el analista Pedro Miguel interpreta el frustrado viaje de Manuel Zelaya a México y considera que se trata de una "oportunidad histórica" para que el gobierno de Felipe Calderón refrende o deseche principios de convivencia internacional. TeleSUR


http://www.youtube.com/watch?v=uysO4SnKqw0