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lunes, mayo 10, 2010

Las “calificadoras” y las supercomputadoras provocan “crash bursátil automático”

Un manifestante arroja proyectiles a policías antimotines cerca del Parlamento en Atenas el miércoles 5, en protesta contra las medidas económicas del gobierno griegoFoto Reuters.



Las descalificadas calificadoras de crédito” (ver Bajo la Lupa, 29/4/10) –representadas por la tripleta del oligopolio anglosajón Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch– le asestaron en forma selectiva un golpe demoledor a Grecia y al euro (sin tocar a Estados Unidos ni a Gran Bretaña, técnicamente en peor situación), lo cual aceleró la segunda ola del caos financiero global.

La atribulada canciller alemana Angela Merkel, quien peca de ingenuidad infinita y enfrenta una crucial elección en Rin-Wesfalia Norte, fustigó al “pérfido (sic) mercado” desregulado de los bancos, hedge funds (fondos de cobertura de riesgo), especuladores y calificadoras de crédito (Bloomberg, 6/5/10).

Con la obvia excepción del archipiélago británico, en Europa continental han llovido críticas contra la desnivelada actuación de la tripleta anglosajona de las “calificadoras de crédito”, que gozan de un poder descomunal que urge domesticar.

Michael Mackenzie, de The Financial Times (7/5/10), comenta que el desplome instantáneo el histórico jueves 6 de mayo por la tarde en las bolsas de valores de Estados Unidos por un billón de dólares –equivalente al PIB de México–, y que afectó al mundo entero, es “todavía un misterio (sic)”.

Versiones han ido y venido: desde el “dedo gordo” de un corredor bursátil que tecleó mal su orden de compraventa, pasando por el “efecto griego”, hasta la eventualidad de un “sabotaje” que planteó Obama (Sam Youngman, The Hill, 7/5/10).

¿A qué hacker chino, ruso, norcoreano o iraní, pretenden arrojar la culpa por los desperfectos inherentes al desregulado modelo neoliberal?

A juicio de Michael Mackenzie la abrupta caída que se inició en el “Índice S & P 500” fue exacerbada por las supercomputadoras que “sirven para vincular a los mercados y cuyo pánico se expandió a los mercados de divisas y bonos”.

Contra todas las leyes supuestamente inmutables del “libre (sic) mercado”, los “cuatro grandes lugares” de las cotizaciones de las acciones bursátiles de Estados Unidos –NYSE Euronext, Nasdaq, BATS Trading y Direct Edge– cancelaron sus operaciones durante 20 minutos.

En Estados Unidos también “se caen los sistemas”, como seguido ocurre en forma más primitiva con las elecciones presidenciales en México.

El crack de la bolsa de Nueva York de 1987 había sido adjudicado a “programas” que habían exacerbado las abruptas caídas.

Las cotizaciones en el piso de remates se han transformado sustancialmente al haber sido superadas por los intercambios bursátiles de “alta frecuencia” de las supercomputadoras, que usan algoritmos especializados (“algos”) y que se realizan simultáneamente en otras plazas anexas a las sedes conocidas.

Para los fundamentalistas neoliberales el “comercio algorítmico” (los “algos”) mediante supercomputadoras ha hecho más “eficientes (sic)” y más “líquidos” a los mercados gracias a los avances tecnológicos.

La misma falla de los algoritmos de las supercomputadoras ya había ocurrido hace tres años en la bolsa neoyorquina NYSE con las operaciones de Crédit Suisse.

Tales algoritmos son “programas de software” que “deciden cuándo, cómo y dónde comerciar ciertos instrumentos financieros sin la necesidad de cualquier intervención humana” (“El fantasma en las máquinas”, The Financial Times, 17/2/10).

Hoy los “mercados” prácticamente automatizados son dominados por los “mercaderes de alta frecuencia” (alrededor de 60 por ciento de todas las operaciones), que aprovechan la conjunción de la tecnología y la ultravelocidad que adelanta a los postores, para no decir apostadores, a la compra de gangas en unos cuantos microsegundos. ¡Uf!
En paralelo, existe una tecnología separada que escudriña las noticias para dar a los algoritmos su “direccionalidad” (su sentido).

Jeremy Grant analiza los alcances del “comercio algorítmico” de alta frecuencia que ha trastocado (y trastornado, como sucedió el jueves aciago) los intercambios bursátiles (The Financial Times, 7/5/10): “hoy los mercados bursátiles son manejados aplastantemente por algoritmos matemáticos programados para entrar y salir en los mercados casi a la velocidad de la luz, en búsqueda frenética de gangas que resulten en rápidas ganancias”.

A juicio de Jeremy Grant, el “comercio algorítmico” sirve a “los intereses de los mercaderes cortoplacistas, que usan la más reciente magia computacional”.

Hoy más de la mitad del negocio bursátil en Estados Unidos “involucra el uso de comercio algorítmico” cuando las cotizaciones no se realizan únicamente en las conocidas bolsas de Nueva York y Nasdaq sino “en otras plataformas pletóricas (sic)”, que incluyen “pollas oscuras (sic)” –dark pools– y “sistemas operados por los mercaderes mismos”. Ahora “menos de 35 por ciento de las cotizaciones se realiza en la bolsa de Nueva York” (NYSE, por sus siglas en inglés), cuando “existen sistemas que han conseguido comerciar en solamente 16 microsegundos”.

¿Se trata de bolsas de valores tecnológicas sin humanos, o deshumanizadas?

La impactante realidad es que “la mayoría de las acciones cambian de manos en centros con vastos datos”. Uno de los centros de datos, construido por NYSE Euronext en Basildon (Gran Bretaña) –“propietario” de la bolsa de Nueva York–, mide el equivalente de tres canchas de futbol.

Pese a la azorante “revolución tecnológica”, Jeremy Grant cuestiona “los existentes sistemas de manejo de riesgo para prevenir contra los algoritmos descarrilados”.

Por lo visto, la tarde del jueves tales sistemas operados por máquinas estuvieron a punto de llevar al planeta a una catástrofe bursátil.

Lo cierto es que la tecnología manejada por supercomputadoras ha transformado la forma en que se manejan los “mercados” que se encuentran en manos de las pocas entidades financieras globales, de por sí oligopólicas, que disponen de los nuevos instrumentos de navegación bursátil que han sacado del juego a los “inversionistas ordinarios” (léase: prácticamente todo el mundo, con la excepción de la banca israelí-anglosajona).

Las catástrofes tanto deliberadas como técnicas de la desregulada globalización financiera obligan a repensar el dominio y manejo del dinero mundial, así como el “arbitraje” de sus descalificadas “calificadoras de crédito”, por la plutocracia de la banca israelí-anglosajona que ha llevado su control a niveles intolerables para todos los habitantes del planeta.

Hoy la verdadera liberación del género humano es ante todo financiera.

Un primer paso consiste en que los países afectados –es decir, la aplastante mayoría menos tres, como quedó asentado después de la deliberada balcanización y vulcanización de la eurozona– concreten sistemas propios de emisión de moneda (que incluya su apuntalamiento con materias primas estratégicas) y de manejo de crédito, con autonomía regulatoria nacional (no trasnacional), y se salgan lo más pronto posible –antes que los aniquilen pasivamente– del perverso juego financiero de las plazas bursátiles de Nueva York y Londres (en realidad, de las supercomputadoras y sus “algos” que controla la banca israelí-anglosajona). Este es el mayor desafío que enfrenta hoy la humanidad.

jueves, marzo 26, 2009

Una derrota electoral del PAN podría dificultar las reformas, afectar la calificación de México, dice Moody’s

Ante derrota anunciada del PAN en las proximas elecciones, del extranjero, los jefes financieros tiran un lazo a sus lacayos en México, ahora dicen que la calificación, o sea el grado de entreguismo del gobierno del país, caerían si el PAN pierde posiciones en las cámaras, de manera rastrera, el partido en el "poder" usa a sus jefes y sus vocerías para allegarse respaldos a través de amenazas de caída ¿mas? de la economía si los panistas traidores pierden su capacidad de negociar con su contra parte, el PRI.
por Valerie Rota

La calificación crediticia de México podría verse afectada por una derrota del Partido Acción Nacional, al que pertenece el presidente Felipe Calderón, en las elecciones intermedias para el Congreso, dijo Mauro Leos, analista de créditos gubernamentales de Moody’s Investors Service.
Si el partido de Calderón pierde escaños en las elecciones de julio, se vería afectada su capacidad para lograr que se aprueben las leyes necesarias para aumentar los ingresos fiscales y frenar una caída en la producción petrolera, añadió Leos.
Una encuesta del 7 de marzo realizada por Consulta Mitofsky, de la Ciudad de México, mostró que el partido del mandatario obtendría 26% de los escaños en la Cámara de Diputados, cuando ahora tiene 41%.
“Casi puedo garantizar que sería muy difícil que se aprobaran las leyes”, dijo Leos en una entrevista telefónica desde Nueva York. “La recaudación básica se erosionará a un mayor ritmo. Aumenta el riesgo de un cambio en el perfil crediticio”.
La posible derrota se suma a la preocupación de que el crecimiento de México continuará inferior al de otras economías latinoamericanas. El avance anual promedio de México fue de 3% en los últimos seis años, dos puntos porcentuales menos que el resto de la región, dijo Moody’s en un informe.
La segunda economía de Latinoamérica se contrajo 1.6% en el cuarto trimestre, su primera contracción trimestral en más de cinco años; esto, porque la crisis en Estados Unidos redujo la demanda de exportaciones mexicanas, la inversión extranjera directa y las remesas de trabajadores que han emigrado del país.
La creciente violencia relacionada con el narcotráfico también limita el crecimiento, dijo el secretario de Hacienda, Agustín Carstens la semana pasada. El gobierno calcula que la delincuencia reduce el producto interno bruto en 1% al año.
Moody’s calificó la deuda externa de México con ‘Baa1’ o dos niveles por encima del último en el grado de inversión; esto iguala al país con Sudáfrica y Letonia. Standard & Poor’s y Fitch Ratings califican lo califican con ‘BBB+’, también tres niveles por encima de junk (chatarra) o deuda altamente especulativa.
En noviembre Fitch bajó la perspectiva de la calificación de estable a negativa y el 23 de marzo dijo que la economía mexicana decrecerá 2.5% este año, la mayor contracción en la región.
La economía mexicana experimentará un desplome significativo este año, que posiblemente se extienda hasta 2010, dijo Leos en una conferencia telefónica con inversionistas. El analista no proporcionó pronósticos.
Las calificadoras “parecen preparar al mercado para una reducción en la calificación crediticia de México”, dijo Francisco Diez, director de negociación cambiaria en RBC Capital Markets en Nueva York.
La encuesta de Mitofsky muestra que el Partido Revolucionario Institucional (PRI), de la oposición, se quedaría con 34% de los escaños en la Cámara de Diputados después de las elecciones de julio, mientras que el Partido de la Revolución Democrática obtendría 13%. Mitofsky encuestó a 1,000 personas entre el 20 y el 23 de febrero. La encuesta tiene un margen de error de 3.1 puntos porcentuales.
El apoyo hacia el PRI ascendió desde 25% en enero de este año, mientras el respaldo para el partido de Calderón permaneció entre 23 y 27%, como consecuencia de que los homicidios relacionados con el narcotráfico subieron a más del doble en 2008, cayeron las remesas y el peso se depreció a niveles récord este mes.
“Hasta ahora, las informaciones preliminares indican” una victoria para el PRI dijo Leos en la entrevista. Lo anterior “complicará la situación a futuro. No nos sorprendería que ya no se realizaran reformas significativas por el resto del año”.
En este proceso electoral no habrá votaciones para el Senado.
Una ley aprobada el año pasado permite a la empresa estatal, Petróleos Mexicanos, contratar empresas privadas nacionales y extranjeras; sin embargo esto no será suficiente para impulsar el crecimiento, agregó Leos.
La generación de petróleo, principal producto exportable de México y que contribuye con 73% del ingreso gubernamental, cayó el año pasado al ritmo más rápido desde 1942. Se necesitan más regulaciones para detener ese deslizamiento, añadió Leos.
La recaudación fiscal mexicana fue de 20.5% del producto interno bruto en 2007, el nivel más bajo entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, de acuerdo con un estudio de este organismo dado a conocer en octubre.