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domingo, marzo 08, 2009

Boletín Informativo ISA núm 643

http://serviciodenoticiasisa.blogspot.com

Sumario:

I. Llama Di Costanzo a deudores a no dejarse sorprender por arbitrariedades que cometen los bancos

II. El peso, sin sustento, por Rogelio Ramírez de la O

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LLAMA DI COSTANZO A DEUDORES A NO DEJARSE SORPRENDER POR ARBITRARIEDADES QUE COMETEN LOS BANCOS

Discurso del secretario de la Hacienda Pública del gobierno legítimo de México, Mario Di Costanzo, en el mitin del Movimiento Nacional en Defensa de la Economía Popular frente a la sede de la Asociación de Bancos de México el 3 de marzo de 2009

Compañeras y compañeros:

Estoy completamente seguro de que para muchos de nosotros el recuerdo del Fobaproa aún se encuentra fresco en nuestra memoria. Y es que para todos es una realidad que la discrecionalidad, la falta de transparencia, la corrupción y el tráfico de influencias son calificativos que aún ahora no pueden ser descontados al hablar de este tema.

Así, hoy en día resulta imposible negar que en la panza del Fobaproa se encuentran los créditos que no pagaron importantes personajes de la política, así como prominentes industriales con enorme capacidad de pago y que en algún momento decidieron transferir sus deudas a los contribuyentes, al ser rescatados por el Estado, bajo el lema de proteger los ahorros de la gente común y corriente. Parte de lo anterior lo resume el propio auditor del Fobaproa, quien concluye textualmente lo siguiente:

“Entendemos que en México, un número relativamente pequeño de grupos económicos —aproximadamente 10 o 12— son responsables de una parte muy importante de la actividad económica. Estos grupos operan típicamente a través de varias compañías en diversos sectores, incluyendo el financiero y bancario. Estos grupos adeudan cantidades importantes a los bancos que participaron en los programas del Fobaproa”.

Más aún: el 21 de abril del 2003, el ahora ex vocal de la Junta de Gobierno del IPAB, Bernardo González Aréchiga, entregó a la Comisión de Vigilancia del Congreso sus Memorias de labores. Y en la página 13 del citado informe, refiere el siguiente párrafo:

“El terrible dilema que confrontó el Fobaproa, según uno de los responsables más importantes del rescate, se resume en la siguiente frase: ‘a raíz de la crisis bancaria de 1995, nosotros tuvimos que escoger entre cumplir la ley o reducir el costo fiscal. Optamos por violar la ley y reducir el costo fiscal’”.

Esta abierta confesión de la violación a la ley muestra que mientras que a estos grupos conformados por banqueros, prominentes industriales y políticos se les otorgó un trato preferencial, para millones de pequeños y medianos deudores, la situación fue diferente, ya que las autoridades determinaron “aplicar todo el rigor de la ley” y estas personas terminaron perdiendo sus bienes y propiedades.

Señalo lo anterior porque desde hace más de tres meses, el gobierno espurio ha venido instrumentando de manera velada una especie de Fobaproa II, dirigido a rescatar a grandes empresas, pero ahora bajo el lema de “proteger al empleo y a la planta productiva nacional”.

Este rescate consiste en que a través de Nacional Financiera, NAFIN, el gobierno, con recursos públicos, garantiza, es decir, “avala”, la deuda de las empresas que se hacen acreedoras de estos apoyos. De esta manera, y en pocas palabras, el gobierno “compra la deuda de estas empresas”, y les subsidia los dólares que requieren para solventar sus compromisos.

Cabe destacar que, a la fecha, se han gastado en esta ayuda para los grandes y poderosos más de 18 mil millones de dólares provenientes de nuestras reservas internacionales.

Sin embargo, todo esto contrasta dramáticamente con la actitud de “no me importa” que el gobierno espurio y los bancos han manifestado con respecto del problema de la cartera vencida en créditos hipotecarios y en tarjetas de crédito, y que se estima que afecta a más de un millón 800 mil personas, para las cuales no se han diseñado mecanismos de rescate.

Al mes de febrero del presente año, la cartera vencida en tarjetas de crédito ascendió a más de 38 mil millones de pesos, cifra superior en 300 por ciento a la registrada en las épocas del rescate bancario —diciembre de 1997— y 80 por ciento superior a la registrada en diciembre de 2006.

Si bien es cierto que lo anterior se explica, en buena medida, por el deterioro del ambiente económico, también lo es que el alto costo de las comisiones y las elevadas tasas de interés que cobran las instituciones bancarias han tenido mucho que ver en esta situación.

A manera de ejemplo, mientras que BBVA cobra una tasa de interés total de 80 por ciento por una tarjeta de crédito emitida en México, en España el cobro es de sólo 25 por ciento, o el caso de Banamex cuyo costo en México supera 70 por ciento, mientras que en Estados Unidos no es mayor a 10 por ciento.

Esto se debe a la concentración de las actividades bancarias en tres instituciones: Banamex-City, BBVA-Bancomer y HSBC, y a este gobierno espurio, que ha permitido que la banca en México opere como un gran oligopolio, con la absoluta complacencia del Estado mexicano, aun y a pesar de que el artículo 4º de la ley de instituciones de crédito establece que será el propio Estado el rector del sistema bancario del país.

Esto nos hace pensar que en México la banca extranjera privatizó al Estado, y no el Estado a la banca.

Así, de acuerdo con la propia Comisión para la Defensa de los Usuarios de los Servicios Financieros, CONDUSEF, y de la cual su presidente es Luis Pazos, —siempre he dicho que tener a Luis Pazos en la CONDUSEF es como tener a Nazar Haro en derechos humanos—, se estima que en la actualidad existen 24 millones de plásticos y que cada usuario posee en promedio 1.5 tarjetas de crédito, lo que arroja entonces que en promedio en México existen 16 millones de personas con tarjetas de crédito.

Más aún, la propia CONDUSEF estima que cada línea de crédito revolvente que otorga uno de estos plásticos es de 17 mil pesos en promedio; en este punto, conviene preguntarnos: ¿Cómo es posible que la línea de crédito promedio de estos “plásticos” sea de 17 mil pesos, cuando de acuerdo con la encuesta ingreso-gasto de los hogares, 80 por ciento de las familias del país vive con un ingreso inferior a 9 mil 500 pesos mensuales?Esto refleja una gran irresponsabilidad de los bancos, al haber otorgado un crédito superior en 70 por ciento al ingreso máximo de millones de familias.

Así, los bancos deben reconocer que el problema se ha potenciado por la falta de una adecuada cultura financiera, por su estrategia de utilizar el llamado “crédito al consumo” como una herramienta de penetración de mercado, por las agresivas campañas que implementaron para la colocación de plásticos y por la ampliación de líneas de crédito sin previa opinión del cliente, y careciendo de los análisis de su capacidad crediticia.

Pero más graves aún resultan los ilegales mecanismos que utilizan los bancos —y los despachos jurídicos que éstos contratan— para recuperar los adeudos de las personas que han caído en cartera vencida.

Estos mecanismos incluyen desde el acoso permanente a los deudores y a sus familias hasta el cobro “a lo chino” de las cuentas de ahorro o de nómina que los deudores poseen en las instituciones bancarias.

Cabe señalar que para que el banco pueda hacer esto, debe estar claramente estipulado en el contrato que celebró con el usuario de la tarjeta de crédito y del cual debió entregar una copia al tarjetahabiente. Por ello, si el banco no entregó dicho contrato en tiempo y forma, está imposibilitado para cobrarse “a lo chino”.

Por tanto, es conveniente que los deudores tengan muy presentes los siguientes consejos para que no se dejen sorprender por las arbitrariedades que cometen las instituciones de “agiotismo” llamadas bancos:

• No te dejes acosar por los bancos o las compañías administradoras de cartera o despachos jurídicos de cobranza.

• No firmes ninguna reestructura crediticia a menos que hayas tenido la asesoría jurídica de alguna asociación de deudores, con autoridad moral, honradez y honestidad probada.

• Los bancos no pueden congelar tus cuentas de ahorro, de nómina o de pensionado, aun cuando tengas adeudos con las instituciones bancarias si no está claramente estipulado en el contrato que firmaste cuando te otorgaron tu tarjeta de crédito.

• Existen mecanismos jurídicos para defendernos de las arbitrariedades que se cometen en contra de los deudores. Sin embargo, la atención de estos casos requiere de asesoría técnica y jurídica.

• No es un delito haber caído en cartera vencida y con más razón si perdiste tu empleo.

• Más bien, somos víctimas de la negligente política económica, implantada por el gobierno de la “estabilidad y el empleo”.

• No puedes ser embargado: una tarjeta de crédito es un “préstamo dado sin ninguna garantía”.

Finalmente, quiero señalar que hace dos semanas se presentó, por diputados del Grupo Patria —PRD, PT y Convergencia— una iniciativa para implementar un programa de apoyo y rescate a pequeños deudores, en el cual el gobierno absorbería 20 por ciento de la cartera vencida de las tarjetas de crédito; los bancos tendrían que absorber 25 por ciento; y los deudores pagarían el restante 55 por ciento de su cuenta actual en mensualidades fijas.

Compañeras y compañeros:

Es tiempo de que los mexicanos recobremos y democraticemos nuestro sistema bancario.

No permitamos, como actualmente sucede, que gobiernos extranjeros, como es el caso de Estados Unidos con Banamex, decidan sobre el sistema bancario en nuestro país.

No paguemos al agio y a la usura con la que se ha protegido a un grupo de banqueros que ni siquiera son mexicanos.

El día de hoy demandamos la atención urgente por parte de bancos y gobierno a los deudores de la banca.

Debo, no niego; pago lo justo.

Muchas gracias.

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EL PESO, SIN SUSTENTO

por Rogelio Ramírez de la O

(publicado en El Universal el 4 de marzo de 2009)

El peso puede estar subvaluado en 15.65 por dólar, es decir, que 15 pesos compran más en México que un dólar en Estados Unidos. Pero eso no significa que no se pueda subvaluar más, pues la paridad no depende hoy de cálculos de precios relativos, sino de demanda de dólares contra oferta de dólares.

La subvaluación del peso siempre ha surgido después de un largo periodo de sobrevaluación. Es decir, cuando México ha sido muy caro en dólares y de repente cambian las percepciones del mercado. Como si los inversionistas extranjeros se llamaran a sorpresa porque la realidad es muy distinta de lo que pensaban.

Así pasó con Salinas. El peso en 1993 en 3.1 por dólar estaba sobrevaluado en 26%, cuando los empresarios decían que encontraban aguacates de importación en el supermercado. La sorpresa de que había una enorme deuda de tesobonos y un altísimo déficit en cuenta corriente causó que acabara el año 1994 con una subvaluación de 16%, y luego el de 1995 con una subvaluación de 21% en 7.7 pesos por dólar. Es decir, México pasaba de ser muy caro para los extranjeros a ser muy barato apenas en 18 meses.

Hoy la demanda de dólares por empresas y bancos ha sido imparable y por eso el peso se ha devaluado tanto. Pero esta demanda se ha visto ahora aumentada por la de inversionistas que liquidan sus bonos y acciones de la bolsa en pesos, y los pasan a dólares para regresar a su país.

Los inversionistas han descubierto poco a poco, por cierto, con retraso, que la estructura económica de México no da sustento sólido al peso una vez que se reduce el precio del petróleo esperado y el monto de remesas de trabajadores en Estados Unidos. Así de simple, están corrigiendo su visión sobre el futuro, al igual que lo hicieron en 1994.

Como el gobierno niega la realidad que ellos ven con sus propios ojos, sobre dos noticias malas, entonces tienen aún más razón para liquidar posiciones en pesos.

Una noticia aún no incorporada en las expectativas de la mayoría es que el déficit externo va a aumentar mucho por el menor precio de petróleo. Aunado a que las exportaciones no petroleras también se desploman, la cuenta externa verá un déficit sin precedente de más de 40 mil millones de dólares, imposible de financiar en el mercado global. Esto, con el petróleo a 30 dólares por barril y aun considerando la cobertura que compró el gobierno para asegurar un precio de 70 dólares por barril. Esta cobertura sólo compensa en un tercio la caída del valor de exportación petrolera.

La segunda noticia no incorporada aún es que la cuenta fiscal del gobierno tendrá un enorme faltante de recursos. Tanto las ventas internas de petróleo (cuyo precio no está asegurado) como el ingreso tributario no petrolero causarán una reducción de ingresos con respecto a 2008 de alrededor de 400 mil millones de pesos, incluida la cobertura mencionada.

¿Qué sigue? Nadie lo sabe, pero nos podemos imaginar que el gobierno no reducirá su gasto corriente, por lo menos antes de las elecciones. Pero al igual que en 1994, la factura siempre viene después de las elecciones y será muy amarga. Al final, cuando no haya salida, el gobierno aumentará precios públicos e impuestos y reducirá el gasto de inversión. Desde hoy, los empresarios ya registraron el subejercicio en la inversión pública.

Aun así, el déficit fiscal será mucho mayor a lo que la mayoría espera. Y será muy difícil corregirlo en un ambiente de recesión y malestar social. El peso de ninguna manera puede recuperarse ni siquiera con el Banco de México subiendo las tasas de interés.


jueves, noviembre 13, 2008

Boletín Informativo ISA núm 585

http://serviciodenoticiasisa.blogspot.com

Sumario:

I. Viejos y jóvenes, por José Saramago

II. La nueva economía, por Rogelio Ramírez de la O

III. Pactos que asfixian, por Luis Linares Zapata

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VIEJOS Y JÓVENES
por José Saramago
(publicado en El Cuaderno de Saramago, http://cuaderno.josesaramago.org, el 11 de noviembre de 2008)

Dirán algunos que el escepticismo es una enfermedad de la vejez, un achaque de los últimos días, una esclerosis de la voluntad. No osaré decir que este diagnóstico esté completamente equivocado, pero diré que sería demasiado cómodo querer escapar a las dificultades por esa puerta, como si el estado actual del mundo fuese simplemente consecuencia de que los viejos sean viejos… Las esperanzas de los jóvenes nunca han conseguido, al menos hasta hoy, hacer el mundo mejor, y la acedía renovada de los viejos nunca ha sido tanta que alcanzara para hacerlo peor. Claro que el mundo, pobre de él, no tiene culpa de los males que padece. Lo que llamamos estado del mundo es el estado de la desgraciada humanidad que somos, inevitablemente compuesta por viejos que fueron jóvenes, por jóvenes que serán viejos, por otros que no son jóvenes y todavía no son viejos. ¿Culpas? Oigo decir que todos las tenemos, que nadie puede presumir de ser inocente, pero me parece que semejantes declaraciones, que aparentemente distribuyen justicia por igual, no pasan, si acaso, de espurias recidivas mutantes del llamado pecado original, que sólo sirven para diluir y ocultar, en una imaginaria culpa colectiva, las responsabilidades de los auténticos culpables. Del estado, no del mundo, sino de la vida.

Escribo esto un día en que han llegado a España e Italia cientos de hombres, mujeres y niños en las frágiles embarcaciones que suelen utilizar para alcanzar los supuestos paraísos de una Europa rica. A la isla del Hierro, en Canarias, por ejemplo, llegó un barco de esos, llevando dentro a un niño muerto, y algunos náufragos declararon que durante el viaje murieron y fueron arrojados al mar veinte compañeros de martirio… Que no me hablen de escepticismo, por favor.

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LA NUEVA ECONOMÍA
por Rogelio Ramírez de la O
(publicado en El Universal el 12 de noviembre de 2008)

El mundo ha visto la destrucción más grande de riqueza a raíz del desplome de los mercados globales. En Estados Unidos la pérdida en acciones es de 6 trillones de dólares (42% del PIB) y en bonos de 1.5 trillones más (11% del PIB).

Con tales pérdidas nada puede seguir igual, menos cuando millones de familias han perdido su activo más preciado, la vivienda.

Los gobiernos, queriendo evitar otra gran depresión como la de los años treinta, tienen que intervenir en el mercado de crédito. Al hacerlo rompen los preceptos que parecían inamovibles en la vieja economía, la de Alan Greenspan, quien creyó que los banqueros serían prudentes y por eso no había que regularlos ni preocuparse de las burbujas.

Aquí sólo enumero varios cambios hacia la nueva economía. El primero es que los precios de las acciones tienen que sufrir una corrección mucho mayor, antes de ser atractivos para los inversionistas.

Los promedios históricos con los cuales muchos analistas argumentan que la Bolsa está hoy barata no sirven como referencia porque es una nueva época, en la que los dólares valen mucho más en relación con los bienes. Es un cambio de marea, de los que sólo tienen lugar cada 25 o 30 años.

Casi no habrá empresa que no deba reducir su capacidad, cerrar líneas de producción o venderlas.

Para China esto es una mala noticia, pues creó más capacidad de lo que hoy podrá utilizar. Para los países que le venden minerales o materias primas, como Brasil, Chile o Perú, también es una mala noticia.

Las empresas que se endeudaron para financiar aumento de capacidad o compra de empresas, como lo hizo Cemex, la pasarán muy mal, pues la expansión la hizo en la última etapa del ciclo, por alguna razón ignorando que el precio del riesgo estaba aumentando. Lo mismo las empresas de vivienda.

Las carteras vencidas de la banca van a seguir creciendo, orillando a los bancos a reducir más el crédito.

Los gobiernos harán lo que puedan. El de México tiene muy poco margen de acción. Esto porque nuestro principal cliente (Estados Unidos) está en recesión, los precios del petróleo caen y nunca redujo su gasto burocrático como muchos insistimos que debía hacerlo desde 2007. Por eso no tiene recursos para apoyar a empresas o a sectores de la economía. Lo que haga lo hará con endeudamiento y éste va a causar problemas potencialmente muy grandes cuando rescate a las empresas que le van a solicitar auxilio.

Tanto el gobierno como las cúpulas empresariales harían bien en diagnosticar esto como el cambio de marea que es, hacia una nueva economía global.

James Carville, estratega político del Partido Demócrata, lo puso así un día antes de la elección: “Cuando vaya a votar, observe con cuidado y registre todo a su alrededor, porque cuando despierte el miércoles, todo será muy diferente”.

El gobierno será requerido para renegociar el Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN). La meta de inflación de 3% que tiene el Banco de México hace la política monetaria inoperante en la actual situación. No habrá dólares suficientes y los mercados internacionales de crédito estarán cerrados para las empresas mexicanas. Los países con déficit corriente en ascenso, como México, serán mal vistos por los inversionistas.

De ahí que la calificadora Fitch haya cambiado la perspectiva de México de neutral a negativa. Con el actual marco intelectual, basado en la vieja economía y paradigmas que dejaron de ser válidos hace mucho, el gobierno no puede ser efectivo para contrarrestar los efectos de estos cambios.

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PACTOS QUE ASFIXIAN
por Luis Linares Zapata, secretario de Desarrollo Económico y Ecología del gobierno legítimo de México
(publicado en La Jornada el 12 de noviembre de 2008)

Los resultados del pacto en la cumbre entre el PRI y el gobierno del señor Calderón son tan densos como para ensayar una crítica a profundidad sobre sus negativos efectos en la vida política, social y económica del país. El primer conjunto de consecuencias son ya notables en la vertiente electoral (Coahuila, Hidalgo, Sinaloa o Guerrero). Los triunfos priístas en las contiendas locales marcan una línea indeleble: son acciones de Estado, de oneroso dispendio y, en muchas de las posiciones ganadas por sus militantes, las conexiones con el crimen organizado son estrechas.

En el ámbito social también resaltan las derivadas de un ambiente de acentuada impunidad para diversos actores (principales o de reparto) como gobernadores, contratistas traficantes de influencias o funcionarios públicos de los distintos niveles de gobierno. La cauda disolvente de valores que acarrea tal fenómeno es ya imposible de ocultar o justificar. A pesar de que los medios de comunicación, en especial las grandes cadenas de radio y televisión, se empeñan en disfrazar sus aristas más rasposas, el cúmulo que se va apilando es tan grande que los desbordan y ponen en evidencia los trafiques, las complicidades, los fraudes abiertos en las alturas decisorias.

La reciente calificadora, Ficht Ratings, no ha hecho más que corroborar lo que aquí se ha venido poniendo en evidencia: la fragilidad de la Fábrica Nacional para responder a la crisis global. En realidad, la fortaleza y agilidad del aparato productivo para enfrentar el reto de una recesión de Estados Unidos es casi nula. Sea por las escasas reservas en monedas duras o los bajos ingresos petroleros y de remesas en relación con los déficits, comercial y de cuenta corriente. O sea también por las elevadas deudas contraídas por las grandes empresas privadas, la deuda soberana de México junto con la solvencia de la banca de desarrollo y otros bancos comerciales más de capital privado internacional, entran en una situación de inestabilidad que, con seguridad, será creciente.

Pero no sólo eso ata las posibilidades de reacción del sistema productivo ante la ferocidad de una recesión como la actual, otras variables se conjugan para acentuar dichas debilidades. Tal como lo destaca la citada calificadora, la rala capacidad fiscal de la hacienda pública se mantiene como una causal eficiente de los mermados márgenes de acción del gobierno para financiar inversiones emergentes, imprescindibles ante la emergencia. Más aún, la misma industria petrolera, con su reciente reforma tan celebrada por algunos, no podrá concurrir al auxilio de la decaída economía.

Las inversiones que se perfilan como posibles, y hasta seguras, se piensan canalizar hacia empresas externas con pocas o nulas derramas locales. El grueso de los proyectos de Pemex se está enfocando, de nueva cuenta, hacia la exploración y extracción de crudos y no hacia la refinación, mantenimiento o reposición de ductos y a la petroquímica, donde se podrían activar cadenas propias.

Las revelaciones recientes de Pemex ponen el acento en la proyectada serie de contratos de servicios múltiples multimillonarios, (35 de ellos) cuyas pretensiones apuntan a sostener o aumentar la plataforma exportadora de crudo. Esta deformación de la industria fue una de las preocupaciones del movimiento en defensa del petróleo y cuya corrección ha sido olímpicamente ignorada a pesar del irresponsable uso de las reservas que ello implica. El disfraz que se trata de tender sobre los contratos de servicios, tan cuestionados, continúa.

Lo mismo ocurre con las inminentes concesiones de bloques exclusivos para la exploración y extracción que acentuarán la extranjerización de Pemex, ya confesada (Monterrey) por la secretaria Kessel. Asuntos estos soslayados, o de plano negados, por el oficialismo y por algunos sectores de la izquierda, que ahora quedarán colgados de la brocha ante el juicio popular.

En la vertiente electoral, ya mencionada arriba, el caso Hidalgo vuelve a ser indicativo de la regresión ya bien encarrerada. Tal como afirma Porfirio Muñoz Ledo, está en curso un proceso que pone en tela de juicio la validez del voto como medio para dirimir la contienda por el poder. Reconocer como válido 56.5 por ciento de participación en una contienda local es un insulto a la inteligente experiencia de cualquiera. Conocedores de tales negocios no pueden aceptar más de un 35 por ciento. El resto es manipulación rampante, como es el caso de ese estado, tristemente famoso por su asentado caciquismo y el analfabetismo electoral.

Las elecciones locales están siendo atacadas por los enemigos de la democracia, incluyendo al crimen organizado, claro está. Pero la incidencia de los gobernadores, con sus grandes talegas de recursos públicos a discrecional desuso, es una realidad inocultable. Más todavía, ha quedado establecida de manera fehaciente la ruta a seguir en las venideras, incluyendo las federales de 2009 si se continúa con la impunidad actual. Sendos distritos son asignados a gobernadores de manera exclusiva para que hagan y deshagan a su faccioso proceder. Aparecen a continuación los panegíricos mediáticos alertando sobre la indetenible recuperación del PRI, con sus victoriosos adalides con miras al 2012.

La izquierda es vilipendiada por sus propios errores, precariedad financiera y rijosas divisiones. Aun así el priísmo no logra convencer. Los números escuetos de sus celebradas victorias (388 mil votos en Hidalgo: 39 por ciento del total) no alientan el optimismo que sus líderes pavonean ante el derrumbe del panismo, pagano de las concertaciones en la cúspide, ineficiencias demostradas y de sus hipócritas afanes de lucro instantáneo.

Recorrer los municipios del país es mirar de frente el decaimiento, la postración, la pobreza que se abate sobre inmensos grupos sociales del país. Un resultado directo del fundamentalismo del modelo en boga, la corrupción y el entreguismo. Regiones enteras del sur, centro, las costas y el norte de la República lo atestiguan ante cualquier viajero poco atento, más todavía ante un observador acucioso y honesto.

Los testimonios certificados de las calamidades de la pobreza actual de México todavía esperan a su heroico narrador. Sólo una persona recorre esta geografía de la desgracia nacional incitando a conservar un cacho de esperanza en un cambio efectivo y justiciero por venir. Ningún otro líder político se atreve a presenciar las terribles, las inhumanas consecuencias ocasionadas por más de un cuarto de siglo de fracasos económicos y nula solidaridad de las elites. El resto es documentar el arraigado pesimismo sobre las soluciones que todavía insiste en ensayar la continuidad prianista.