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domingo, agosto 01, 2010

Canal 11: la aberración legal

Lujambio y Calderón. En medio, Yoloxóchitl Bustamante, directora del IPN.


MÉXICO, D.F., 30 de julio.- El fortalecimiento del Canal 11 de Televisión anunciado el lunes 12 por el gobierno de Felipe Calderón no es una apuesta por un medio público o una iniciativa de orden democrático, ni nada parecido. Es más de lo mismo, pero agravado. Veamos por qué.

Primero. Este canal tiene una naturaleza jurídica ambigua porque es un organismo descentralizado del Instituto Politécnico Nacional (IPN), que es desconcentrado. Es como decir que se trata de un joven adulto que depende de un bebé de brazos que, como sabemos, no tiene independencia y para vivir requiere de sus padres o tutores. Este aberrante modelo legal fue creado para que la influencia de la comunidad politécnica fuera sólo testimonial en su toma de decisiones; es decir, para dar la apariencia de que se trata de un medio con un toque educativo y cultural, pero sólo eso. El director del Canal 11 no es nombrado ni removido por el titular del IPN, sino por el secretario de Educación Pública y, de facto, por el presidente de la República. El Canal 22 es un organismo descentralizado que tiene sólidos lazos con la comunidad cultural y los comités internos de participación ciudadana. Su utilización por parte del gobierno federal como medio propagandístico le resultaría muy costosa en términos de credibilidad. El Instituto Mexicano de la Radio (Imer), a su vez, vive un proceso de transición con un organismo colegiado que opina acerca de su programación. Nada de esto existe en el Canal 11. En su momento, Julio Di Bella y Fidela Navarro crearon el sistema de autorregulación más completo del que se tenga memoria en México, pero nunca se cumplió y todo se vino abajo a su salida del canal. Por ello, el hecho de ser una televisora que carece de contrapesos internos genera el primer polo de atracción para un propósito de orden político. Peor todavía, el Canal 11 incumple sus obligaciones legales de transparencia al tener en su sitio web los datos del IPN y no los propios.

Segundo. Durante este año, el Canal 22 integró prácticamente a todo su personal al régimen constitucional en materia laboral. El Imer mantiene un sistema de plazas federales con personal complementario que cobra por honorarios. Por el contrario, Canal 11 ha implantado un esquema de contrataciones al margen de la ley: ninguno de sus trabajadores cuenta con los mínimos de seguridad social; los empleados no crean antigüedad ni tienen seguros médicos y de cesantía o vejez. Para todos los efectos hay mayor seguridad laboral en una maquiladora de Ciudad Juárez que en el Canal 11. ¿Por qué no han actuado la Secretaría del Trabajo, la Secretaría de la Función Pública, el PRI o el PRD, por medio de sus legisladores, para fincar responsabilidades al director del Canal 11, quien tiene como primera obligación cumplir la ley? ¿Cómo justificar que la comunidad que trabaja en el 11 esté excluida de los derechos laborales que gozan todas las personas y que jamás tendrá jubilación alguna? ¿Cómo puede exigir la Secretaría del Trabajo a las empresas privadas que cumplan la ley si el gobierno federal no empieza por cumplirla y hacerla cumplir? Lo cierto es que esta incertidumbre laboral se convierte en una fortaleza para desarrollar un proyecto político, porque propicia la falta de un espíritu de cuerpo interno que defienda una identidad inexistente.

Tercero. El Organismo Promotor de Medios Audiovisuales (OPMA), de la Secretaría de Gobernación, está creado como el cajón de sastre del gobierno de Calderón para la promoción política de su persona y de su gobierno. Lo mismo crea contenidos programáticos que administra frecuencias de radio y televisión rápidamente obtenidas para ser aprovechadas por el medio que se antoje más dúctil a la estrategia de propaganda que se despliega en el Canal 11, que no es titular de nuevas frecuencias. El oscuro proceso de creación de la OPMA y su naturaleza legal no son compatibles con ningún proceso mínimamente democrático; antes bien, reproducen las mejores artes de la simulación pues mezclan una amplia dosis de mentiras con un toque de verdad. Es ésta la visión que el calderonismo tiene de un medio público o de Estado, donde sólo la palabra presidencial basta como argumento de autoridad, sin estar sujeto a los requisitos de comprobación y sustentación de sus dichos.

Cuarto. El único medio que en los hechos tiene las características de un medio público es Radio Educación, y ello es así en virtud de que, de entrada, sus trabajadores y directivos gozan de las prestaciones constitucionales y legales en el ámbito laboral; posee un comité técnico como órgano colegiado de definición y evaluación programática, que hace las veces de custodio de su identidad pública; tiene instrumentos de autorregulación y cuenta con personal de larga carrera cuyo común denominador es su compromiso por la pluralidad y la diversidad, con una lógica de crítica propositiva. Estos factores han creado un espíritu de cuerpo y una sinergia con su audiencia que no es común observar, sobre todo porque se ha dado a pesar de su marco legal. Esta iniciativa debería ser reproducida y traducida en la ley; sin embargo, por el contrario, es objeto de un lento pero efectivo proceso de aislamiento. El director de Radio Educación es un esforzado funcionario, pero lo rebasa la estrategia de contención del gobierno federal. La señal de AM en el 1060 tiene problemas de recepción, el portal web es lamentable y no tiene información básica y la solicitud de una frecuencia de FM sigue un tortuoso camino que no sufrió la OPMA para el Canal 11. Todo es legal y técnicamente solucionable, pero el propósito claro no es resolver, sino explicar por qué no se puede hacer lo que se debe. Para los fines de ventaja política, todo el presupuesto y la voluntad; y para aquellos que sólo sirven al interés público, solamente palabras. l

evillanueva99@yahoo.com

viernes, julio 16, 2010

Canal once, el engaño

Lujambio, Calderón y Gómez Mont durante el anuncio.

Jenaro Villamil

MÉXICO, DF, 13 de julio (apro).- ¿A quién quiere engañar Felipe Calderón cuando afirma que el Canal Once se convertirá en “una televisión pública que promueva el debate democrático de las ideas”, y que su naturaleza es la de “una televisión del Estado mexicano pública, gratuita, abierta y plural”?

El anuncio realizado en transmisión simultánea –ya vimos que a Calderón le encantan los “encadenamientos” de sus mensajes-- se produjo en las instalaciones del antiguo canal educativo del Instituto Politécnico Nacional (IPN).

En esencia, fue la formalización de una mayor cobertura de esta señal para llegar a 42% del territorio nacional, incluyendo capitales como Guadalajara, Jalapa o Morelia. Anunció que “en breve” se incorporarán las ciudades de Mérida, Monterrey, Oaxaca y Durango a la cobertura de Canal Once.

Durante ese evento no hubo sociedad civil sino el conjunto de la burocracia de medios gubernamentales de la administración federal, la misma que con escasos recursos ha tratado de hacer en algunos medios un trabajo digno, a pesar del menosprecio de Los Pinos o el acoso incesante de Max Cortázar para convertir a estas señales en prolongaciones de la propaganda calderonista. Ni siquiera estos funcionarios creen que se trata realmente de una “tercera cadena pública”.

Se trata de una señal para la propaganda calderonista. Se busca el control político nuevamente de los medios permisionados para uniformar sus contenidos informativos, excluir a voces críticas y copiar los formatos de la televisión comercial para transformarlos en una especie de divertimentos burocratizados por la alta ineficacia telegénica de quienes administran Canal Once.


Basta ver lo que ha sucedido con la barra de programación de Canal Once durante este sexenio. Hubo varios intentos para desaparecer programas “incómodos” como el debate de los hombres de negro o el programa “Aquí nos tocó vivir” de Cristina Pacheco, que no coinciden con la idea de infoentretenimiento de su director Fernando Sariñana.

Luego se pirateó la idea de “Discutamos México” que inició el Canal 22 para volverlo una proyección de las fantasías calderonistas durante el Bicentenario y el Centenario. También se modificó el formato de los noticieros para que las notas principales sean las declaraciones de los miembros del gabinete, incluyendo a la primera dama Margarita Zavala, como si se tratara de una pasarela de funcionarios de una televisión soviética: sin imaginación, sin contraste crítico, sin hechos que informar.

Además, se incorporaron programas con los nuevos géneros híbridos de la televisión (realitys, concursos, talk shows, docudramas), pero sin una propuesta realmente alternativa para las audiencias. Se clausuró, sin explicación alguna, la figura del ombudsman de las audiencias de Canal Once porque al director cinematográfico que dirige esta señal le pareció aburrido atender los derechos de las audiencias.

Incluso se eliminó todo punto de vista crítico hacia el modelo de la televisión guiada por el rating y Canal Once no volvió a promover ningún debate profundo sobre la reforma a la Ley Federal de Radio y Televisión.

En fin, Canal Once se volvió una televisora dócil, cómoda no sólo para el gobierno federal sino para Televisa y TV Azteca.

Y Sariñana fue de los primeros en firmar ese fraude telegénico llamado “Iniciativa México”, como si se tratara de un proyecto del propio IPN.

Nunca fue un canal plenamente autónomo ni mucho menos un medio de la sociedad civil, pero durante décadas Canal Once fue cuidado por sus productores y algunos directores para que mantuviera una identidad propia, más allá de los vaivenes sexenales. Algunos lo lograron, otros no tanto. Pero con el calderonismo se retornó a las peores prácticas de una televisión del régimen priista, como si nada hubiera cambiado.

Incluso, hubo una operación burocrática altamente cuestionable. La creación por decreto del Organismo Promotor de Medios Audiovisuales (OPMA) implicó sacar de la esfera educativa (la SEP) la dirección de los medios oficiales para que retornara a la Secretaría de Gobernación, como si se tratara de un asunto de control político y no de proyecto cultural.

Miente Calderón cuando afirma que “la televisión pública mexicana seguirá siendo el emblema de la televisión educativa, cultural e informativa. Fortalecerá los valores que enriquecen y nutren nuestra mexicanidad”.

Miente porque el mismo anuncio es un ejemplo de que se trata de instrumentalizar el Canal Once para volverlo la “señal presidencial”. Lo público se confunde con lo gubernamental y la televisión educativa se transforma en una televisión de propaganda.

¿Por qué no estuvieron los anteriores directores de Canal Once? ¿Por qué se han excluido las experiencias previas de una señal que ha aportado mucho a la cultura televisiva mexicana?

Esta es la principal muestra de que se trata de un modelo excluyente, autorreferencial y, a fin de cuentas, sin el menor interés en el servicio público.

Comentarios: www.jenarovillamil.wordpress.com

martes, junio 09, 2009

El boicot de Televisa a Telesur


Existe un “cerco informativo” y un “claro boicot” de las principales empresas mediáticas mexicanas, en especial de Sky y Cablevisión –las dos grandes filiales de televisión satelital y por cable de Televisa–, en contra de Telesur, el canal multiestatal financiado por seis países de Sudamérica y que desde hace ocho años intenta entrar a las pantallas mexicanas, acusa Andrés Izarra, presidente de esta compañía con sede en Venezuela.

En entrevista, durante su reciente visita a México, Izarra relata: “Tuvimos una muy mala reunión con Sky” –la filial satelital de Televisa les negó el acceso–; y añade que la Cámara Nacional de la Industria de Televisión por Cable (Canitec) los ha bloqueado y que Enrique Yamuni, el propietario de Megacable, la tercera empresa de televisión por cable, les dijo: “Nunca, jamás, estarán en mi empresa porque Telesur es chavista”.“Al menos se le agradece a Yamuni que haya sido más claro. Los demás simplemente nos han puesto trabas”, indica Izarra con un dejo de ironía.Telesur también ha tenido problemas con los sistemas de televisión pública mexicanos. Izarra revela que después de menos de un mes de transmitir su programación en la televisión pública de Hidalgo, el gobernador Miguel Ángel Osorio Chong le dijo que tuvieron que suspender el acuerdo por “presiones internas”. Lo mismo sucedió con la televisión pública de Michoacán. Ahora sólo el sistema de televisión de Coahuila transmite alguna información del canal sudamericano.

El “cerco mediático”

El monopolio de la televisión privada en México “es un caso excepcional en el continente”, advierte Izarra, ya que “incluso en países como Brasil, donde existe una cadena tan fuerte como O’Globo, se han permitido nuevas opciones y cadenas televisivas”.En cambio, “en el mercado mexicano Televisa sigue comprando muchas televisiones por cable. Con Telmex (recién asociada con MVS para distribuir servicios de televisión satelital) tampoco hemos tenido mayor posibilidad”, añade.
–La percepción que existe en México es que Hugo Chávez está acabando con la libertad de expresión y que Telesur es un instrumento de su gobierno. ¿Por qué esta percepción? –se le cuestiona.
–Es la percepción del monopolio mediático mundial. Nosotros tenemos un partido político que es la televisión. Globovisión impone candidatos, quita candidatos. Cuando en 2002 dieron el golpe de Estado, arremetieron en contra de las radios y estaciones de televisión comunitarias. Por eso, cuando dicen que en Venezuela se está atentando contra la libertad de expresión, en realidad, lo que vivimos es un cerco mediático muy fuerte.
–¿Qué ha sucedido en su relación con las estaciones de televisión públicas como Canal Once o Canal 22?
–Nos hemos reunido con todos. No hemos logrado todavía un acuerdo, a pesar de múltiples reuniones. En la gestión pasada del director de Canal 22, Enrique Strauss, un muy buen tipo, tuvimos acercamientos. Quizá también ha hecho falta más insistencia de nuestra parte.
–¿Cuáles son los argumentos que les han dado en empresas como Sky, filial de Televisa y que controla 95% de la televisión satelital en México?
–No dan ningún argumento. Dicen que no hay capacidad satelital, que busquemos asociarnos a través de terceros.Telesur transmite desde hace dos años un canal de 24 horas, informativo, al cual se puede acceder de manera gratuita. La mayor parte de los fondos provienen del gobierno de Venezuela, pero también participan en la propiedad y en el diseño de la programación los gobiernos de Argentina, Bolivia, Cuba, Ecuador y Nicaragua.Izarra informó que recientemente el gobierno de República Dominicana se integrará a Telesur como socio, tendrá una parte accionaria y un asiento en la Junta Directiva.La programación de Telesur es definida por el Comité Estratégico de Programación. Izarra insiste en que, hasta el momento, se calcula que su señal es captada en 20 países de América Latina y el Caribe, así como en parte de Europa y Asia, a través de la suscripción de acuerdos y convenios con otras televisoras regionales independientes.Entre los convenios de colaboración que ha suscrito Telesur se encuentran los establecidos con Al Jazeera, la polémica televisión árabe que desplazó a CNN en la cobertura del conflicto en Medio Oriente, la BBC de Londres y el Canal France International, entre otros.“México, que tiene una industria televisiva tan fuerte, podría florecer con una visión distinta. No es lo mismo ver a América Latina desde Atlanta, que ver la información de América Latina desde la propia visión latinoamericana”, subraya Izarra.
–¿Cree que el gobierno de Barack Obama signifique algún cambio en términos del “cerco mediático” contra Venezuela y Telesur?
–Obama no ha desarrollado una política clara hacia América Latina, salvo que se reunió recientemente con Lula. Está abrumado por una serie de asuntos más urgentes. Ni siquiera ha cambiado al equipo de Bush que manejaba la política hacia América Latina.“En lo personal, no espero de Obama grandes cambios. Hay algunos signos que indican que se ha superado esa visión guerrerista, injerencista que antes predominaba entre los halcones. Por lo menos hay una visión diferente”, afirma. l