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viernes, enero 20, 2012

Hacia el narcofutbol…

El balompié mexicano, que a través de los años ha privilegiado el negocio por encima del deporte, los manejos turbios por encima de la transparencia, se contamina con dinero sucio del crimen organizado… El problema no es nuevo: así lo demuestran investigaciones realizadas por la PGR y la Femexfut. Lo cierto es que cada vez son más frecuentes los casos de personajes de la política, del mundo empresarial y del ámbito deportivo que, aliados con “socios” del crimen organizado, hacen su parte para corromper al deporte más popular del país.
Jorge Hank Rhon, dueño de los Xolos de Tijuana.


MÉXICO, D.F. (Proceso).- Pionero de la generación de porteros-goleadores, René Higuita logró fama mundial como figura del futbol colombiano, pero también por sus excentricidades y escándalos dentro y fuera de las canchas.
Gran admirador del narcotraficante colombiano Pablo Escobar Gaviria, en 1991 Higuita lo visitó en la cárcel La Catedral para manifestarle su amistad incondicional.
Dos años después, el 4 de junio de 1993, Higuita volvió a la prisión. Esta vez el guardameta era el reo, acusado de violar la Ley Antisecuestro. De acuerdo con las autoridades colombianas, el jugador medió en la liberación de la hija del comerciante Luis Carlos Molina, presunto socio del jefe del cártel de Medellín. Por su intervención habría obtenido una recompensa de 50 mil dólares.
Luego de permanecer seis meses en la cárcel, Higuita recobró su libertad e incluso interpuso una demanda en contra del Estado colombiano, que tuvo que indemnizarlo. Una década después, en noviembre de 2004, quien inmortalizó la “jugada del escorpión” dio positivo por cocaína en un control antidopaje durante un encuentro entre su equipo, el Aucas, y el Olmedo ecuatoriano.
En México, para esas fechas la presencia del crimen organizado en el futbol era ya una realidad palpable: narcotraficantes como Amado Carrillo Fuentes, El Señor de los Cielos, y políticos y empresarios como Antonio Leaño Álvarez del Castillo, Jorge Vergara, Carlos Ahumada –expropietario de los equipos León y Santos–, Jorge Vázquez Mellado, Kléber Mayer, Jorge Rodríguez Marié y Jorge Hank Rhon, tuvieron o han tenido injerencia en los negocios futbolísticos.

El comienzo

El 26 de octubre de 2002 el narcotraficante de origen colombiano Jorge Mario Ríos Laverde, El Negro, fue detenido cuando conducía una camioneta de la Promotora Internacional Fut Soccer, propiedad del controvertido promotor Guillermo Lara Guadarrama, actual encargado de la concertación de los juegos amistosos de la Selección Mexicana de Futbol.
El Negro declaró que era empleado del promotor mexicano, quien en abril de 2007 (Proceso 1591) reconoció que tenía nexos laborales con el narcotraficante colombiano:
“Conmigo llegó un empresario que vive en México y es constructor. Me explicó: ‘soy exfutbolista’, y se identificó como Juan Carlos, de origen venezolano… a mí me interesa el negocio del futbol y tengo una oficina en Guadalajara. Él me presentó sus credenciales e íbamos a hacer una clínica de rehabilitación para nuestros jugadores en Guadalajara, otra en Ciudad Victoria con el doctor (Eduardo) Velázquez y una más con el doctor Nicolás Zarur.”
También reconoció que acudió al llamado de la esposa de Ríos Laverde y le envió un abogado “para ayudarlo”. Asimismo, dijo haberse enterado de primera mano por agentes del FBI de que el colombiano era uno de los hombres más buscados por esa agencia estadunidense. El Negro fue extraditado a Estados Unidos un día después de su detención.
Los problemas no cesaron para el promotor. El 11 de julio de 2003 otro escándalo del crimen organizado salpicó de nuevo su imagen, así como la del balompié mexicano: el futbolista colombiano Carlos Álvarez Maya, quien llegó al Necaxa –propiedad de Televisa– por medio del propio Lara, fue aprehendido en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México cuando pretendía llevar a su país 1 millón 28 mil 500 dólares, presuntamente producto del lavado de dinero.
El comisario Ricardo de los Ríos explicó entonces que ordenó un operativo con elementos de la Policía Federal Preventiva (PFP) porque el jugador despertó sospechas: “mostraba nerviosismo y sudaba copiosamente”.
Lara se reconoció impotente:
“Álvarez Maya tenía dos años fuera del Necaxa. Salió del equipo cuando se le rompió el tendón de Aquiles. Después del contrato cada individuo es libre de hacer lo que se le antoje. No puedo ser tutor ni responsable de toda la gente, ni del Necaxa ni de la Federación Mexicana de Futbol ni de nadie. Si al señor lo detuvieron, es problema de él; además, ya es mayor de edad”. (Proceso 1591.)
Álvarez Maya reconoció ante las autoridades que el dinero que intentaba llevar a su país pertenecía a una persona a la que únicamente señaló por su apodo: El Negro.

Nexos calientes

En 1993, Lara fue declarado persona non grata por la Federación Mexicana de Futbol (Femexfut). El motivo: un millonario fraude en agravio de la Selección nacional. Sin embargo, recobró inesperadamente su estatus de excelentísimo ciudadano, de la mano y bajo el cobijo de su amigo Justino Compeán, presidente de la Femexfut. Sus nexos se remontan a la época en que el federativo presidía el club Necaxa.
Dos meses después de la captura de El Negro, el periódico Reforma destacó: “Investigaciones de la PGR y autoridades de Estados Unidos revelan que existen nexos entre narcotraficantes y el futbol mexicano. Las autoridades relacionan al promotor de futbolistas Jorge Mario Ríos Laverde, El Negro, con el capo michoacano Armando Valencia Cornelio, El Maradona, detenido en agosto pasado en Jalisco, y con el colombiano Diego Montoya, prófugo de la justicia de su país”.
Mucho tiempo atrás, Amado Carrillo intentó comprar el estadio La Corregidora de Querétaro. El llamado Señor de los Cielos “era muy amigo del entonces candidato a gobernador de ese estado Fernando Ortiz Arana. El proyecto de compra-venta contaba con la aceptación del entonces gobernador Enrique Burgos, quien, advertido de la posibilidad de que este dinero proviniera del narcotráfico, asentó: ‘no hay ningún problema’”, documentó en su libro Desde Navolato vengo el periodista José Alfredo Andrade Bojórquez, quien desapareció extrañamente en 1999, después de presentar su obra (Proceso 1442).
Andrade Bojórquez hizo ante este semanario una grave acusación en contra de Antonio Leaño Álvarez del Castillo, empresario y líder político del estado de Jalisco:
“El 22 de noviembre de 1975 los Tecos dirigidos por los Leaño asesinaron a dos jóvenes jesuitas de la Asociación Católica de la Juventud (ACJM). Jamás se investigaron los hechos.”
El periodista añadió que la familia Leaño construyó “feudos de poder educativo, político, económico y hasta futbolístico (los Tecos, de la Universidad Autónoma de Guadalajara)”.
Luego del escándalo por espionaje telefónico en el que estuvieron involucrados el árbitro mundialista Felipe Ramos Rizo y el entonces presidente de la Comisión de Arbitraje, Edgardo Codesal en septiembre de 2003, la Procuraduría General de la República (PGR) emprendió una serie de investigaciones en el futbol nacional.
En su momento, el caso del empresario argentino Carlos Ahumada, acusado de lavado de dinero, dio origen a otra línea de investigación de la PGR, que en marzo de 2004 intervino a los equipos Santos y León, propiedad de Ahumada.
En junio de ese año la Femexfut decretó que los equipos Irapuato y Querétaro desaparecerían de la Primera División. La medida se adoptó porque existía la sospecha de que en esos clubes, propiedad de Kléber Mayer y de Jorge Vázquez Mellado, respectivamente, podía haber recursos provenientes del narcotráfico.

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martes, enero 10, 2012

Tijuana todavía plaza de los Arellano

Pese a los golpes recibidos en México y Estados Unidos y aun con quienes fueron sus principales capos muertos o en prisión, el cártel de Tijuana está más fuerte que nunca, ahora bajo el liderazgo de una generación de relevo encabezada por Luis Fernando Sánchez Arellano y su madre, Enedina Arellano Félix. Lejos de estar desmantelada –como se ufanó el jueves 5 la procuradora estadunidense para la región fronteriza de California, Laura Duffy–, la organización se alió con el cártel de Sinaloa, su antiguo rival, lo que parece indicar que aún habrá Arellano Félix para rato.

Desde la detención de Benjamín Arellano Félix, líder del cártel de Tijuana, en 2002, el gobierno mexicano ha mermado severamente a esa organización, pero no ha logrado desintegrarla. Fue demasiado optimista la procuradora federal para la región sur de California, Laura Duffy, cuando aseguró, el jueves 5, que “está desmantelada” y que “no representa ningún peligro para el gobierno de Estados Unidos”.

La realidad es que Enedina Arellano y su hijo Luis Fernando Sánchez Arellano, El Alineador, controlan el cártel desde 2009 y aún están libres y aparentemente boyantes.

Los hechos contradicen a Duffy. En su informe anual del año pasado Las guerras mexicanas de las drogas: el año más sangriento a la fecha, la firma consultora Stratfor Global Intelligence sostiene que en 2010 el cártel de Sinaloa “amplió su control lucrativo en Tijuana y logró un acuerdo temporal con lo que resta de los Arellano Félix”, lo que redunda “en ventaja para Joaquín Guzmán Loera para” ese 2011.

El cártel de Tijuana sigue funcionando y la plaza sigue siendo suya pues la familia Arellano Félix preparó a una nueva generación de líderes, entre ellos Luis Fernando Sánchez Arellano, El Alineador, hijo de Enedina.

De acuerdo con la PGR, Sánchez Arellano y Enedina administran casas de cambio y empresas de bienes raíces. El Alineador comenzó a prepararse para el relevo tras la muerte de su tío Ramón Arellano y el encarcelamiento de Benjamín. Su poder se afianzó cuando fueron detenidos sus tíos menores: Eduardo y Francisco Javier.

La ficha criminal de la PGR indica que El Alineador tiene 35 años y cobró fuerza como jefe del cártel de Tijuana tras asociarse con Teodoro García Simental, El Teo o El Tres Letras, con quien sembró terror en esta ciudad fronteriza y en buena parte del territorio. Con esa alianza comenzó el auge de la nueva generación del cártel de Tijuana, incluso en territorio estadunidense (Proceso 1726).

A pesar de su juventud, Sánchez Arellano es un personaje temido. Cuenta con una estructura criminal sólida y comparte el poder con su medio hermano Samuel Zamora Arellano, a quien llaman El Ingeniero.

Dado que El Teo creó su propia base de sicarios, Sánchez Arellano se vio obligado a acercarse al cártel de Sinaloa y a La Familia Michoacana, y a permitir el paso de sus cargamentos, previo pago de una cuota. Stratfor sostiene incluso que el año pasado hubo un acuerdo entre ambas organizaciones para consolidarse en Tijuana.

Para mayo de 2011, de acuerdo con una ficha de la DEA publicada el 1 de mayo último en Proceso, Enedina Arellano es la única mujer en el mundo que lidera un cártel, el de Tijuana, “uno de los más poderosos y violentos del país y cuyas conexiones se extienden a Centro y Sudamérica”.

Familia de contrabandistas

En sus orígenes, allá en los ochenta, los hermanos Arellano Félix, hijos de Benjamín Arellano Sánchez y Alicia Félix, incursionaron en el mundo del contrabando. Al principio vendían vino, cigarros y camisas estadunidenses que llevaban de Nogales, Arizona, a Culiacán, su ciudad natal. Con el tiempo controlaron el pasillo más importante para la entrada de droga a Estados Unidos: la frontera con San Diego, California.

De acuerdo con fichas elaboradas por la PGR y difundidas en 2002, Benjamín, conocido como El Min, era entonces la cabeza del cártel de Tijuana. Y aun cuando se sometió a una cirugía plástica para cambiar de rostro y evadir a la justicia, fue atrapado en Puebla el 9 de marzo de ese año. Su hermano Ramón, El Comandante Mon, el más violento de todos, con frecuencia acompañaba a Benjamín a sus viajes por Europa.

Sobre Eduardo, médico cirujano egresado de la Universidad Autónoma de Guadalajara, los documentos de la procuraduría indican que influía mucho en su hermano Benjamín, a quien aconsejaba ser más agresivo para dominar el mayor territorio posible y tener un control total de las rutas y mercados de la droga. Francisco Javier, El Tigrillo, hasta su detención en territorio estadunidense el 14 de agosto de 2006 controlaba las plazas de la organización.

Por lo que respecta a las mujeres, están Enedina y Alicia. La primera es licenciada en contaduría pública y, según la PGR, ha fungido como prestanombres en varias operaciones de lavado de dinero y fue representante legal de la compañía Grupo Constructor del Noroeste; la segunda también lava dinero e invierte en obras de construcción en Mazatlán. Ambas están casadas con lavadores del cártel.

Los otros hermanos son: Norma Isabel; Carlos Alberto, modelo profesional; Francisco Rafael, quien estuvo preso en el penal de alta seguridad de Almoloya, en el Estado de México y luego fue extraditado a Estados Unidos donde purgó una condena y recuperó su libertad el 4 de marzo de 2008; y Luis Fernando, de quien las autoridades no ofrecen información.

Los hermanos Ramón, Francisco Rafael, Benjamín y Francisco Javier Arellano Félix se asociaron al principio con los capos Miguel Ángel Félix Gallardo, primo hermano de su madre, con Rafael Caro Quintero e Ismael El Mayo Zambada; también con Manuel Salcido Uzeta, El Cochiloco, quien fue asesinado en octubre de 1991 en Guadalajara.

En los noventa movían toneladas de cocaína de Sudamérica y no sólo tenían protección de escoltas, sino que contrataban a policías y a juniors y pandilleros de San Diego para enfrentar a Guzmán Loera.

La organización de los Arellano Félix se consolidó a finales de los ochenta, tras la captura, el 8 de abril de 1989, de Miguel Ángel Félix Gallardo, el líder del cártel de Guadalajara, organización que se escindió y dio paso a los cárteles de Sinaloa, liderado por El Chapo Guzmán, y de Tijuana, con los Arellano Félix al frente.

La cuarteta

En los noventa el gobierno de Estados Unidos calificaba a los hermanos Arellano Félix de “criminales apuestos, multimillonarios y despiadados”. En California decían que Ramón, Francisco Rafael, Benjamín y Francisco Javier vestían y hablaban bien, andaban con esmoquin y sólo por su presentación se les abrían muchas puertas.

Francisco Rafael solía publicar desplegados en el periódico El Noroeste, de Culiacán, en los que se decía “creyente en Dios sin ser un tragasantos”; también escribía que el puerto de Mazatlán sería otro si tuviera 10 empresarios tan emprendedores como él. Era propietario de Frankie Oh, una de las discotecas “más grandes y costosas del mundo”.

En enero de 1993 el periódico Excélsior publicó un desplegado dirigido al presidente Carlos Salinas de Gortari, al procurador Jorge Carpizo, a “derechos humanos” y a Humberto Benítez Treviño, subprocurador general de la República en el que se señalaba que El Chapo Guzmán y Héctor El Güero Palma –enemigos de los Arellano– eran responsables de decenas de asesinatos.

El desplegado tenía, entre otras, las rúbricas de Norma Corona Sapién (defensora de los derechos humanos), de los narcotraficantes Javier Caro Payán y Miguel Ángel Félix Gallardo y de los exgobernadores Antonio Toledo Corro y Leopoldo Sánchez Celis (Proceso 867).

Meses después, el 24 de mayo, Guzmán Loera y los Arellano fueron señalados de nuevo, esta vez por su presunta participación en el asesinato del cardenal Jesús Posadas Ocampo en el aeropuerto de Guadalajara. Ese mismo día Francisco Rafael Arellano Félix fue detenido por agentes federales en una colonia residencial de Tijuana. Después de varias horas quedó en libertad.

Cuatro días después de la ejecución del purpurado se publicó en Excélsior otro desplegado en el que los Arellano Félix insistían en que Guzmán Loera y Palma eran responsables de la balacera en la que murió por accidente el cardenal Posadas Ocampo.

El 2 de junio siguiente apareció otra inserción pagada en la que se mencionaba al nuncio apostólico Jerónimo Prigione entre los destinatarios. De manera velada se trataba de exculpar a los Arellano Félix, pues según el texto no podía afirmarse que los “asesinos tengan que ser tijuanenses”.

Una semana después fue capturado El Chapo Guzmán en la frontera de México con Guatemala. A partir de entonces el cártel de Tijuana dejó de hacer ruido en la prensa.

A finales de 1993 Excélsior publicó declaraciones de Benjamín Arellano en las que éste aseguró que luego de sostener correspondencia con Prigione, él y su hermano Ramón viajaron a la Ciudad de México para entrevistarse personalmente con el nuncio apostólico en varias ocasiones:

“El 1 de diciembre (de 1993) fue mi hermano Ramón y se quedó esperando en la casa del nuncio mientras éste iba con el presidente (Carlos Salinas de Gortari) y se juntaban Patrocinio González Garrido (secretario de Gobernación) y el procurador Jorge Carpizo. Hablaron, no sé qué entre ellos de nosotros, pero parece que dijeron ‘que se entreguen’ y nosotros dijimos: ‘Sí lo hacemos, pero que baje la presión; hacemos un arreglo y nos entregamos, pero sin tanto acoso’.”

Benjamín agregó que durante la entrevista Prigione le dijo que lo ocurrido en el aeropuerto tapatío “eran cosas que no se iban a saber nunca…” (Proceso 926).

Víctor Clark Alfaro, director del Centro Binacional de Derechos Humanos de Baja California durante el mandato de Ernesto Ruffo, afirmaba que los Arellano compraban credenciales de policía en 8 mil y 10 mil dólares. Su enlace era Sergio Sandoval Ruvalcaba, jefe de escoltas del procurador del estado Francisco Franco Ríos.

Los intocables

La década siguiente, de acuerdo con la PGR, los hermanos lograron establecer “una importante red de narcotraficantes dedicados a la transportación de grandes cargamentos de heroína, cocaína y mariguana hacia Estados Unidos. Su área de influencia eran las ciudades de Hermosillo y Agua Prieta, Sonora; Torreón, Coahuila; Tijuana, Baja California, así como grandes extensiones de Sinaloa, donde cultivaban enervantes”.

Eran intocables. En 1997 los Arellano Félix intentaron asesinar a Jesús Blancornelas, director del semanario Zeta, el periodista que documentó sus andanzas durante años.

Cinco años después, el 12 de marzo de 2002, Ramón Arellano fue asesinado; dos meses más tarde Benjamín fue capturado en Puebla, pero el cártel seguía vivo, como lo admitieron la Secretaría de la Defensa y la PGR.

La estructura financiera de la organización seguía intacta: “Es un triunfo moral y un golpe publicitario del presidente Vicente Fox, pero no quiere decir que la organización esté acabada”, afirmó Raúl Ramírez Baena, procurador de derechos Humanos en Baja California en esa época.

El cártel se recuperó con Francisco Javier El Tigrillo como nuevo líder. Lo apoyaron sus hermanos Eduardo, Alicia María, Isabel y Enedina. Para entonces sus ganancias anuales bordeaban los 5 millones de dólares.

La Procuraduría de Derechos Humanos de Baja California revelaba que Tijuana ocupaba ya el primer lugar nacional en consumo de estupefacientes. Tan sólo en esa ciudad las autoridades tenían registrados 4 mil 500 expendios de droga, conocidos como “tienditas”, y entre 500 y 700 picaderos para el consumo de enervantes.

Además en las principales plazas y rutas del narcotráfico, como La Rumorosa, Tecate, Mexicali, Algodones y toda la zona rural del estado siguen operando grupos al servicio de la familia Arellano Félix.

Según datos de la PGR, Tijuana estaba bajo el dominio de Efraín Pérez, El Efra o El 85, que tenía a Carlos Francisco Cázares Beltrán, El Quemado, como su lugarteniente; mientras que la plaza de Mexicali la controlaba Manuel Aguirre, El Caballo. En San Luis Río Colorado, Sonora, estaba Gilberto Higuera Guerrero, El Gilillo, quien en febrero de 2001 escapó de las tropas del Ejército que detuvieron a su hermano, Ismael Higuera, El Mayel.

Benjamín Arellano y su familia vivían en San Antonio, Texas, y tenían una lujosa residencia en La Jolla, California. “Nadie los molestaba”, contó Blancornelas (Proceso 1324).

El 14 de agosto de 2006, agentes de Estados Unidos arrestaron a El Tigrillo. Su detención puso en evidencia la desconfianza de la DEA en las autoridades de México.

Auxiliado por sus hermanas, Eduardo Arellano tomó el liderazgo. El cártel seguía en ascenso. Por esas fechas operaba en Colombia, Perú, Venezuela y Bolivia, donde se le consideraba el grupo criminal más poderoso del continente.

Después de dos años de consolidación, el 26 de octubre de 2008 el Ejército detuvo en la colonia Chapultepec, en La Mesa, Baja California, a Eduardo.

sábado, julio 23, 2011

EL Hipódromo de Hank y su origen mafioso

Align CenterJorge Hank Rhon, exalcalde de Tijuana.

Arturo Rodríguez García

MÉXICO, D.F. (apro).- Desde sus orígenes, el Hipódromo Agua Caliente de Tijuana, Baja California, fue operado por integrantes de la delincuencia organizada que, al amparo del poder político mexicano, pudieron satisfacer la demanda de alcohol y otros servicios de placer a los estadunidenses que intentaban sortear las políticas prohibitivas de su país en los años veinte.
En su libro más reciente, La Cosa Nostra en México (1938-1950), el periodista regiomontano Juan Alberto Cedillo narra las complicidades y negocios de la mafia ítaloamericana que, bajo las órdenes de Charles Lucky Luciano, corrompieron a las clases altas del país y, naturalmente, a los gobiernos emanados del Partido Nacional Revolucionario y Partido de la Revolución Mexicana, antecesores del actual PRI.
En el libro, de reciente aparición bajo el sello Grijalbo, Cedillo explica que un grupo de inversionistas estadunidenses, entre los que se encontraba el hotelero y político Wirt Bowman, el empresario boxístico Baron Long y el deportista James Nugent Crofton, así como el cineasta hollywoodense Joseph M. Shenk, aprovecharon la geografía fronteriza para hacer prosperar cantinas y casinos en Tijuana, sorteando la ley seca de su país. El grupo fue conocido como Los Barones de la Frontera.
El autor recoge un reportaje de The New York Times que, en 1929, documentó que, a principios de esa década, había 30 cantinas en Tijuana, pero para el cuarto año de ley seca en Estados Unidos sumaban más de 90. También que de los 20 mil habitantes de la ciudad fronteriza, unos 2 mil se dedicaban a la prostitución.
Los Barones de la Frontera abrieron negocios en la avenida Revolución, instalando centros de apuestas como el Bar Tívoli, el Foreing Club, Montecarlo y Molino Rojo, donde se ofrecían espectáculos con variedades, como luego harían en Las Vegas, Nevada.
“La joya de la corona de esos centros fue un hotel, casino e hipódromo que se construyó en el balneario de aguas termales conocido como Agua Caliente. En 1928, Schenk y sus socios formaron en Mexicali la empresa Agua Caliente Amusement Co., con el objetivo de erigir el complejo turístico. El lugar pertenecía a Abelardo L. Rodríguez, a la sazón gobernador del entonces territorio de Baja California (y futuro presidente de México), quien había pagado 35 mil dólares por los terrenos y había obtenido los permisos para centro de apuestas”, explica Cedillo en su libro.
Como presidente de la empresa, Nugent Crofton fue descrito por el NYT como “un promotor de carreras de caballos en el sórdido pueblo de Tijuana”.
A continuación, el autor revela:
“El contrato para la construcción del hipódromo se otorgó a Fernando L. Rodríguez, hermano del gobernador, y a Long Associates, uno de los negocios de Baron Long.
“El complejo tuvo un costo de aproximadamente 10 millones de dólares, una fortuna para la época. La primera etapa del proyecto incluyó el hipódromo, un hotel con 500 habitaciones, un casino, un spa y una cafetería, los cuales fueron inaugurados el 23 de junio de 1928. La segunda etapa, concluida en diciembre de 1929, incluyó una alberca olímpica, clínicas de salud, un campo de golf de 18 hoyos y pista de carreras de galgos, además de una decoración de jardines tropicales, área de bungalow y un aviario. El complejo también tenía su propia estación de radio privada y un aeropuerto para el traslado de las estrellas de Hollywood que acudían a las carreras de caballos en aviones modelo Ford, que hacían el recorrido de Los Ángeles a Tijuana en hora y media”.
De acuerdo con la investigación del también autor de Los nazis en México (Debate, 2007), el lugar era faraónico y opulento.
“Otro visitante fue Al Capone, sumamente apreciado por las meseras del lugar por las fabulosas propinas de 50 dólares que repartía, en una época en la que el salario mínimo para un trabajador mexicano era menor a un peso con 50 centavos por día (42 centavos de dólar) y un automóvil costaba 900 dólares”.
Las operaciones de Los Barones de la Frontera no pasaron desapercibidas a la opinión pública de la época. Tampoco a los empresarios que se quejaban del favoritismo del gobernador y futuro presidente del periodo del maximato ni a los inversionistas extranjeros.
“El emporio se derrumbó el 1 de enero de 1935, al concluir su presidencia Rodríguez, cuando el presidente Lázaro Cárdenas prohibió los casinos. Los Barones aceptaron la decisión y se regresaron a Los Ángeles; para entonces ya se había levantado la ley seca en su país. Además, los políticos de California cayeron en la cuenta de que estaba perdiendo una fuente de ingresos, por lo que desde 1933 autorizaron las carreras de caballos”, destaca Cedillo en su libro, y agrega que en 1934 se inauguraría el Hipódromo de Santa Anita, en Los Ángeles, con ingresos al doble de los que daba el de Agua Caliente.
El gobierno mexicano aceptó que Shenk volviera a operar Agua Caliente en 1937. Por entonces, el mafioso Benjamín Bugsy Siegel se había concentrado en crear una agencia de apuestas telefónicas llamada Trans-American Race Wire Service y planeaba apoderarse del hipódromo, pero la propiedad fue expropiada y asignada a la Secretaría de Educación Pública (SEP), hasta que el presidente Miguel Alemán autorizó su reapertura.
Por cierto Shenk, quien llegó a ser presidente de la Twentieth Century Fox, fue sometido a juicio –como otros mafiosos de la época– y estuvo preso hasta que el presidente estadunidense Harry Truman lo indultó, al igual que a otros mafiosos.
Luego de describir una serie de operaciones, inclusive de tráfico de drogas a gran escala, protagonizadas por la mafia, en el segundo capítulo del libro Cedillo se vuelve a ocupar del Hipódromo Agua Caliente. Inclusive, recupera de las memorias del general Lázaro Cárdenas, la siguiente nota:
“La Revolución en su primer impulso generoso suprimió los centros de vicio y explotación, pero este impulso moralizador fue perdiéndose hasta culminar en la apertura de grandes centros de juego como los de Agua Caliente, el Tecolote, Foreing Club y otros en Baja California”, lamentó Cárdenas.
Cedillo explica que la administración de Miguel Alemán modificó la prohibición al crear una nueva Ley de Juegos y Sorteos, que concedió discrecionalidad al Presidente para autorizar casinos.
Los nuevos inversionistas de la era alemanista fueron los inmortalizados por las películas de gángster’s: Charles Lucky Luciano, Meyer Lansky y Frank Costello. Para lograrlo, infiltraron en el gobierno alemanista a un bella estadunidense, que fue amante de Bugsy Siegel, llamada Virginia Hill, personaje en torno al cual gira la investigación del periodista.
El gobierno de Miguel Alemán compartía un interés con los integrantes de Murder Inc: detonar el desarrollo de Acapulco, mediante la instalación de grandes hoteles con casinos. En 1947, primer año del gobierno alemanista, se autorizó la reapertura de Agua Caliente.
Joe Shenk, quien había encabezado al grupo de inversionistas en la época del maximato, asociado con el grupo de Al Capone, regresaba a México con el grupo de Luciano, asociado ahora con Eddie Neils, productor de Columbia Studios, quien tenía amistad con Miguel Alemán. El presidente, a su vez, a través de su prestanombres Bruno Pagliai, era accionista en el Hipódromo de Las Américas, inaugurado en 1943 por Manuel Ávila Camacho.
Según el autor, tanto el Hipódromo Agua Caliente como las inversiones proyectadas en Acapulco naufragaron poco tiempo después, cuando las pesquisas en Estados Unidos convirtieron en su objetivo a los mafiosos, creadores de la delincuencia organizada internacional, encabezados por el primer gran don, Charlie Lucky Luciano, de la hoy internacionalmente conocida familia Genovesse.

miércoles, diciembre 09, 2009

La mafia de Hank Rhon, copa a la CNDH

Jorge Hank Rhon, padrino del ombudsman nacional

Jorge Hank Rhon, exalcalde de Tijuana y frustrado candidato a gobernador de Baja California, maniobró junto con el senador Fernando Castro Trenti para convertir en ombudsman a Raúl Plascencia. En pago, varias oficinas clave fueron entregadas a hombres cercanos al hijo del profesor, algunos de ellos con historias densas.

TIJUANA, BC.- Empresario del juego, acusado públicamente de tener presuntos nexos con negocios ilícitos, entre ellos el narcotráfico y el lavado de dinero (Proceso 1424), Jorge Hank Rhon se convirtió en el principal impulsor de la candidatura de Raúl Plascencia Villanueva para presidir la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH).
Oriundo de esta ciudad, egresado de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), donde se hizo famoso como porro junto con otros de sus actuales colaboradores, Plascencia Villanueva tuvo que cobijarse a la sombra de Hank Rhon y del senador Fernando Castro Trenti, excoordinador de la campaña de Hank, para convertirse en ombudsman nacional.
Aunque siempre se dijo que José Luis Soberanes Fernández, quien presidió la CNDH hasta noviembre último, era su principal apoyo, lo cierto es que Raúl Plascencia tenía otras cartas bajo la manga, entre ellas al hijo del profesor Carlos Hank González y a varios de sus excompañeros de la Facultad de Derecho de la UABC, como Roberto Carrillo, quien figuró como operador de su candidatura a la presidencia de la CNDH y a quien en 1995 se le vinculó con el cártel de Tijuana, según narra Jesús Blancornelas en su libro El Cártel.

Las alianzas

Tras perder la gubernatura de Baja California, derrota que en buena medida fue producto de su mala fama y de la corrupción que marcó su paso por el ayuntamiento de Tijuana –protección policiaca al crimen organizado, tráfico de influencias y derroche del erario (Proceso 1726)–: Jorge Hank Rhon desapareció del escenario político, pero discretamente maquinó un plan para llevar a la presidencia de la CNDH a Raúl Plascencia y colocar a su gente más cercana en puestos clave.
El proyecto comenzó a mediados de este mismo año, poco después de que el exalcalde de Tijuana, propietario de las casas de apuestas Caliente, hizo las paces con Castro Trenti, a quien culparon de su derrota en 2007.
El encono entre ambos se desató cuando el panista José Guadalupe Osuna Millán (actual mandatario estatal) fue declarado gobernador electo. Según fuentes consultadas en esta ciudad, Castro Trenti se había distinguido como “empleado incondicional de Hank” y lo demostró al fungir como el principal gestor para desaparecer la llamada “Ley Antichapulín”, que impedía a Jorge Hank ser candidato a la gubernatura cuando aún era presidente municipal.
Pero la derrota de Hank Rhon desató la bronca: él y su asesor, Eduardo Bernal, acusaron a Castro Trenti de haber vendido la candidatura priista al PAN y de no orquestar una supuesta maniobra, negociada al interior del Instituto Estatal Electoral, para que se dispusiera de varios miles de votos que beneficiarían al abanderado del partido tricolor.
“Eres un traidor, hijo de puta”, le dijo Bernal a Castro en una reunión realizada después de que Osuna Millán fue declarado ganador de la elección. Hank Rhon no se confrontó personalmente con su coordinador de campaña, pero, a su estilo, le mandó decir que se cuidara. Semanas después, Castro Trenti habría escuchado rumores de que Hank lo quería asesinar. Entonces tomó sus previsiones, como contratar un grupo de escoltas y adquirir dos camionetas con un blindaje de nivel cinco –uno de los más altos en el mercado de las corazas– para su seguridad personal y la de su familia. Hasta la fecha las utiliza cuando está de visita en Tijuana.
El coraje parece haberle pasado pronto a Hank Rhon. Así, cuando Mario Madrigal Magaña, dirigente del sindicato de los empleados del grupo Caliente y expresidente del Comité Directivo Estatal del PRI, acercó a Hank y a Castro Trento, ambos hicieron las paces, de acuerdo con dos fuentes consultadas por este semanario. Fue entonces cuando surgió el proyecto de apoyar a Raúl Plascencia para la presidencia de la CNDH.
Después de eso, Hank le habría pedido a Castro Trenti trabajar en el Senado de la República en favor de Plascencia Villanueva, a cambio de acercar al senador con el gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, con quien el exalcalde de Tijuana mantiene una estrecha relación.
Realizado el pacto, comenzó la tarea de cabildeo en el Senado de la República. Hasta las oficinas de Castro Trenti llegó un personaje enviado por Hank que resultó clave en el impulso de la candidatura de Raúl Plascencia: Roberto Carrillo García, exporro de la UABC, quien en 1995 fue relacionado con el cártel de Tijuana.

Los hombres de Hank

Tras el nombramiento de Raúl Plascencia como ombudsman, el 5 de noviembre último, Hank Rhon acercó a sus piezas, entre ellos a Carrillo García, conocido como El Sapo, quien aspiraba a la dirección General de Asuntos Jurídicos de la CNDH.
Roberto Carrillo tiene una larga historia plagada de claroscuros. Estudió en la UABC a finales de los setenta y fue agente del Ministerio Público Federal en varias plazas del país. Su paso por la PGR lo ligó a escándalos por corrupción.
Sus inicios en la escena pública se remontan al lado de sus amigos Mario Madrigal Magaña, exdiputado del PRI, líder sindical del grupo Caliente y hombre cercano a Hank Rhon; José María Lozano García, síndico en la administración municipal de Hank en Tijuana, y Luis Arturo Valdés Otóñez, El Donas, excoordinador de delegaciones municipales de Jorge Hank, desaparecido desde enero de 2008.
Juntos crearon un grupo de choque al servicio del PRI de Tijuana, que fue utilizado lo mismo para golpear a opositores que a líderes de colonos críticos de los gobiernos priistas.
El trabajo sucio fue recompensado: algunos ocuparon importantes cargos federales, varios se beneficiaron con negocios y fortunas rápidas y otros aparecieron en puestos clave dentro de la Procuraduría General de la República (PGR).
Uno de ellos fue precisamente Roberto Carrillo, quien durante el sexenio de Carlos Salinas se desempeñó como agente del Ministerio Público hasta 2001, cuando su amigo, Otal Namur, fue designado comandante de la policía de Tijuana. Entonces Carrillo se desempeñó como su secretario técnico, pero el Ejército puso fin a su carrera policiaca: fue detenido y relacionado con el cártel de Tijuana.
En su libro El Cártel (Plaza/Janés 2002), Jesús Blancornelas escribió:
Lo recordé cuando supe de los manipuleos de dos agentes del Ministerio Público Federal: Roberto Carrillo García y Armando Moreno García; despachaban en Tapachula allá por 1995. Empezaba, para más señas, septiembre; entonces la Policía Judicial Federal confiscó 500 kilos de cocaína, pero estos señores le dieron un pellizquito al cargamento; se quedaron con 20 kilos. Como ellos no la podían vender, llamaron a quien sí lo haría: Emilio Valdés Mainero, en Tijuana (entonces brazo operativo de los Arellano). Dicho y hecho; este hombre mandó a Juan Carlos Sánchez Díaz y Alejandro Hodoyán Palacios para cerrar el trato.
Lo malo fue cuando éstos viajaron hasta Tapachula, los fiscales los recibieron con un ‘¿Y ahora ustedes qué traen?’ La respuesta fue ‘¿Cómo que qué?’, explicándole: ‘Emilio nos mandó’. El licenciado Carrillo, campechano y rayando en la prepotencia, contestó: ‘Ah, qué Emilio. Hace una semana le dije y apenas vienen’; y en pocas palabras aclaró: la mercancía fue vendida. ‘Díganle a Emilio que cuando tenga buenos asuntos nos llame. Y cuando nosotros los tengamos, venga pronto o manden los billetes por adelante, para que no vuelva a suceder lo de hoy’.
(…) Hodoyán conoció a Carrillo cuando estudiaba en la Universidad Autónoma de Baja California, campus Tijuana; era uno de los porros más populares; luego Emilio Valdés ingresó a esa escuela y se hicieron amigos. Entonces el director de la escuela de derecho era el licenciado José Luis Anaya Bautista. La vida los uniría más tarde: Emilio asociado al cártel Arellano Félix; Anaya, procurador de Justicia del Estado. Hay una referencia en actas oficiales federales: cuando lo nombraron en 1995, Valdés Mainero dijo a Ramón y Benjamín (Arellano Félix): No habrá problema con él. Lo conozco, afirmando que jalaría con ellos. Hay referencias a reuniones con la respuesta del nuevo procurador: Está bien. Nada más ‘no calienten la plaza’. El candado fue cerrado cuando Carrillo (García) ocupó la Agencia del Ministerio Público, trabajando de acuerdo con el cártel Arellano Félix.
En la comida china recordaron cuando Carrillo (García) fue líder de la Federación Estudiantil, y al graduarse nombraron como padrino de generación al comandante de la Policía Judicial Federal Guillermo Salazar Ramos, para variar, otro colaborador de los Arellano. Y luego cuando la investigación del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, Carrillo informaba a Valdés sobre los movimientos al interior de la PGR.

Las piezas

Daniel Romero Mejía, también relacionado con Hank Rhon desde que fue lanzado por el PRI como candidato a la presidencia municipal de Tijuana, es otra de sus piezas dentro de la CNDH. El 16 de noviembre último, a petición de Jorge Hank y del senador Fernando Castro, el titular de la CNDH, Raúl Plascencia, lo nombró tercer visitador.
En Tijuana, Romero Mejía tiene fama de “coyote”, gestor de negocios, y se distingue por ser habilidoso en el oscuro mundo del tráfico de influencias.
Al igual que Roberto Carrillo, también tiene una larga historia dentro de la PGR: en 1991 fue coordinador del Programa Nacional de Bienes Asegurados, más tarde fungió como agente del Ministerio Público Federal, y entre 1993 y 1994 fue funcionario de la dirección de Coordinación Política con Estados y Municipios de la Secretaría de Gobernación.
Es licenciado en Derecho por la UABC (generación 1979-1983). Ahí conoció a Carrillo García, José Lozano (síndico en la administración de Hank Rhon) y Raúl Plascencia, entre otros, cuando fueron miembros de la Federación Estudiantil de Baja California, donde sobresalieron como porros.
Aunque nunca ha dirigido una empresa propia, Romero Mejía fue presidente del Consejo Coordinador Empresarial de Tijuana (2005-2006); presidente del Consejo Nacional de la Industria Maquiladora, miembro del Consejo de Administración de la Comisión de Agua Tijuana-Tecate, miembro del Consejo de Preliberados de Baja California y funcionario de la Comisión de Lucha contra el Contrabando de la Oficina de Políticas Públicas de la Presidencia de la República (2003-2005).
Como parte de este equipo político que llegó a la CNDH con Raúl Plascencia, y que también está identificado con Jorge Hank, también figura Jesús Velasco, quien fue nombrado director adjunto de Comunicación y Proyectos.
Oriundo del estado de Sinaloa, Jesús El Chuy Velasco trabajó en Migración y en la PGR en la época de mayor corrupción en ambas dependencias.
Surgió a la sombra de Miguel Limón Rojas, exsubsecretario de Migración y exsecretario de Educación Pública durante el sexenio de Carlos Salinas. De igual forma, está relacionado con Heriberto Galindo Quiñones, quien fue director del extinto CREA, diputado federal y embajador de México en Cuba.
Sobre Jesús Velasco pesa un antecedente: cuando fue subdelegado de Migración en el aeropuerto de Tijuana “era ampliamente conocido cómo bajaban los aviones en esa terminal aérea cargados de indocumentados”, según publicó la prensa local a principios de los noventa.
Más tarde, entre 1994 y 1996, fue vocero de la PGR en la delegación estatal de la PGR con sede en Tijuana. En 1996, Luis Antonio Ibáñez Cornejo, compadre del exprocurador Antonio Lozano Gracia, fue nombrado delegado estatal de la PGR en Baja California.
Entre comandantes y policías federales se conoce una de las habilidades de Velasco para mantenerse en el cargo: se hizo compadre de varios comandantes, quienes siempre abogaban por él a fin de que no fuera despedido. La salida de Ibáñez Cornejo, en 1996, tuvo consecuencias para Velasco, quien perdió a uno de sus “padrinos” políticos: Ernesto Ibarra Santés, quien fue ejecutado en la Ciudad de México por un comando armado al servicio de los Arellano Félix.
Lozano Gracia rescató a su amigo, Luis Antonio Ibáñez, y éste, a su vez, a su vocero, Jesús Velasco: ambos fueron ubicados en el Instituto Nacional para el Combate a las Drogas (INCD), desaparecido poco tiempo después tras la detención del general Jesús Gutiérrez Rebollo, acusado de servir a la organización entonces encabezada por Amado Carrillo Fuentes, El Señor de los cielos.
Cuando Jorge Hank Rhon fue designado candidato del PRI a la alcaldía de Tijuana, Jesús Velasco apareció como coordinador de imagen de Hank, donde trabó amistad con el actual senador Fernando Castro Trenti, impulsor de la candidatura de Raúl Plascencia a la presidencia de la CNDH.
Tras el triunfo de Hank, Velasco fue nombrado asistente de la dirección de Gobierno Municipal, donde también despachaban Roberto Carrillo y Ariel Lizárraga. Tiempo después, Mario Madrigal –quien es compadre de Raúl Plascencia– fue designado presidente del PRI estatal y Velasco ocupó la cartera de secretario general de ese partido. Antes fue jefe de prensa, con el apoyo de Madrigal, del Grupo Caliente, propiedad de Jorge Hank.
Aunque el presidente de la CNDH no ha realizado todos los nombramientos, entre la clase empresarial y política de Tijuana ya se menciona a otro personaje que podría ser llamado por Plascencia en las próximas semanas. Se trata de René Molina, a quien lo mismo se le identifica con Hank que con el político yucateco Emilio Gamboa Patrón, exsenador de la República y exdiputado federal priista.

martes, noviembre 17, 2009

Cártel de Tijuana, hablan los testigos protegidos

Los testimonios ministeriales de los testigos protegidos Moisés Robles Vizcaíno, con clave confidencial Félix; Luis Héctor Puente Cota, Jorge Arturo; Sergio Rodríguez Tapia, Juan López; Eduardo Gómez Angarita, Raúl; y Elihud Ochoa Brizuela, Marco Antonio, revelan las rutas marítimas, la participación de elementos de inteligencia del Ejército Mexicano y la incursión del cártel de Tijuana en el trasiego de éxtasis de Europa a México.

Tercera y última parte
El cártel de Tijuana tejió una amplia red de contactos en la esfera del poder político-militar-policiaco y se hizo de especialistas en el manejo financiero, en falsificación de documentos, atención médica, localización de rutas marítimas, terrestres y áreas para pasar drogas a Estados Unidos. Contaba además con barcos, aeronaves y vehículos propios para realizar sus operaciones.
De acuerdo con los testimonios de personajes claves de la organización que se acogieron al programa de testigos protegidos de la Procuraduría General de la República (PGR), bajo los seudónimos de Félix, Jorge Arturo, Juan López, Raúl y Marco Antonio, a mediados del sexenio de Ernesto Zedillo, en 1997, en Baja California floreció el narcotráfico al amparo de la protección de autoridades militares y del gobierno local y federal.
El testigo protegido Eliuht Ochoa, Marco Antonio, por ejemplo, fue el responsable de contactar a mandos de inteligencia militar para llevar a cabo las actividades relacionadas con el narcotráfico bajo el mando de Gilberto Higuera Guerrero, el Gilillo, el subteniente Granados, el Gato, Gildardo Emilio Liébano y el teniente Marco Antonio Benítez Armijos.
El 21 marzo de 2001, Marco Antonio declaró que el teniente de inteligencia de la tercera región militar, Edgar Rene López Delgado, participó en la entrega de un paquete de dinero que efectuó un tal Ariel, quien le presentó a Gilberto Higuera, a quien vio con Germán Núñez Balderrain, el Buzo, Javier y Ricardo Palomera, el Eme 2 y el Eme 3, respectivamente, quienes pertenecían a la célula de Efraín Pérez Pasuengo, el Efra.
De acuerdo con la declaración ministerial del exagente Edgar René López Delgado, comisionado al Grupo de Información de la Tercera Región Militar en Mexicali, oficiales del Ejército colaboraron para el cártel de Tijuana con suministro de información de inteligencia. El hoy testigo protegido reveló a la Unidad Especializada contra la Delincuencia Organizada que el teniente Marco Antonio Benítez Armijo avisó desde el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) sobre un operativo militar a Gilberto Higuera Guerrero, el Gilillo.
“El teniente Marco Antonio Benítez Armijo trabaja en la Secretaría de Gobernación y me estuvo pasando información que le proporcioné a Gilberto Higuera, el Gilillo”, dijo el testigo protegido, según la averiguación previa PGR/UEDO/071/2003. Los Arellano Félix tenían infiltrados los órganos de inteligencia militar, al menos desde 1997. El hoy testigo protegido era uno de ellos, así como Benítez Armijo y el teniente de Caballería Ramón Martínez Jiménez, quienes presuntamente protegían la llegada de aviones con cocaína. Benítez fue comisionado por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) al Cisen, y en marzo de 2000 filtró al Gilillo que un contingente del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFE) se había trasladado del Distrito Federal a Tijuana para detener a miembros de la organización.
La fecha y el lugar que señala López Delgado coinciden con el operativo que llevó a cabo la Sedena el 11 de marzo de 2000 en Tijuana, donde efectivos del GAFE capturaron a Jesús Labra Avilés, el Chuy Labra, lavador de los Arellano Félix.
Miembros del cártel de los hermanos Arellano Félix se infiltraron al Grupo de Inteligencia Militar y al Cisen entre 1997 y 2000 para conocer de operativos castrenses en su contra.
El falsificador
Para cruzar los retenes por territorio bajacaliforniano cuando escoltaban a Gilberto Higuera, el Gilillo, sus lugartenientes se identificaban como agentes de la PGR, de la Fiscalía Especializada en Delincuencia Organizada, como agentes de la procuraduría del estado o como agentes ministeriales. Y cuando portaban armas, llevaban los oficios de comisión y portación de arma falsos, dice el testigo protegido Félix en su declaración del 18 febrero de 2001.
Félix, quien formó parte de la organización entre 1997-200l, falsificaba documentos oficiales, credenciales de elector, pasaportes, credenciales de distintas corporaciones policiacas, para lo cual los integrantes de la agrupación le proporcionaban material e instrumentos tecnológicos de punta que requería para reproducir a la perfección hologramas, códigos de barras, fondos de agua. Todo era falsificable.
“Miguel Ángel Fernández Loera, el Gritón, me pagó 1 mil 200 dólares para gastos. Me decía que los acreditados con los gafetes y credenciales que yo elaboré eran gentes muy pesadas y que yo ya no me podía salir. Este trabajo duró aproximadamente un mes, expidiéndose las credenciales con vencimiento al 31 de diciembre de 1997. Habiendo tenido que renunciar a mi trabajo en la inmobiliaria, me quedé sin ingresos económicos debido a que el Gritón así me lo había indicado; se justificaba diciendo que no teníamos trabajo, pero que ya iba a llegar la renovación de las credenciales, por lo que esto duró hasta principios de 1998.
“En febrero de 1998, pasaron por mí conduciéndome al fraccionamiento Las Fuentes, en Mexicali, donde se encontraban varios vehículos estacionados en convoy, entre ellos una pick up dorada Ford Lobo con dos sujetos, descendiendo uno e indicándome el otro que abordara el vehículo, presentándome a Gilberto Higuera Guerrero. De inmediato lo reconocí como el mismo para el que yo había elaborado una credencial y un gafete de la Policía Judicial, a nombre de Juan Carlos Ramos.
“Gilberto me indicó que elaborara las nuevas credenciales de la Policía Judicial, y como yo había visto que las nuevas ya contaban con un holograma porque se había detectado una falsificación en Guadalajara, le indiqué que iba a estar más difícil y se tenía que comprar equipo nuevo. El Gritón decía que yo pedía mucho dinero y que no quería trabajar, dándome en ese momento cuenta que el Gritón se había quedado con la mayor parte de mi paga, e incluso me dijo Gilberto que ya me iban a levantar, por lo que me indicó que les investigara el precio del equipo y se los informara, por lo que en ese momento me entregó 2 mil quinientos dólares.
“Habiendo instalado dicho equipo en un departamento que renté en la Calle de Lago Rudolf, número 654, fraccionamiento Jardines del Lago, Mexicali, regresó el moreno con las fotografías de aproximadamente 30 sujetos, entre ellos Gilberto y otro sujeto de quien me dijo que era el mero jefe al cual yo le había hecho la primera credencial a nombre de Rodrigo Sánchez Ellis, nombre que yo había inventado. Posteriormente me enteré de que su verdadero nombre es Ismael Higuera Guerrero, el Mayel, por lo que me puse a elaborar las credenciales, con vigencia al 31 de diciembre de 1998, que los acreditaban como agentes de la Policía Judicial del Estado de Baja California”.
El testigo elaboró credenciales falsas para Ismael Higuera Guerrero, el Mayel con el nombre de Rodrigo Sánchez Ellis; a Gilberto Higuera Guerrero, el Gilillo, como Juan Carlos Ramos; a Efraín Pérez Pasuengo, el 8-5; Carlos Cáceres, el Quemado; César Jiménez Reyes, Rubén Cortes Flores, Carlos Pineda Muñoz, Bernardo Araujo, el Jabalí, y Miguel Ángel Fernández Loera, el Gritón.
Dice que en varios casos no supo el nombre real de los miembros del cártel de Tijuana, puesto que recibía las fotografías y les daba el nombre que él quería. Elaboraba las credenciales de elector, de la PGR y de la Procuraduría de Justicia del Estado para gente de la organización, entre ellos, a Héctor Montoya, quien le proporcionó recursos monetarios para el equipo de cómputo y el material necesario para su elaboración.
Mario Enrique Anaya Morales, jefe de la Policía Ministerial de Baja California, recibió oficios originales con su firma, los cuales le entregaban Gilberto Higuera o Miguel Ángel Fernández Loera.
A Efraín López, el Efra, Rogelio Herrera, a quien le inventó tal nombre. Al Macumba, el Quemado, quien presentaba cicatrices de quemaduras y falta de dedos en las manos. Mario Figueroa (Russel), el Jabalí, cuñado de Ismael Higuera. La credencial a nombre de Raúl Mario Figueroa Vázquez, al cuñado de los hermanos Higuera, Mario Alberto Russel Gámez.
La credencial de elector a nombre de Mario César Maldonado Silva corresponde al Pelucas. La credencial de la PGR y licencia de chofer a nombre de Miguel Ángel Fernández Loera corresponden al “escolta favorito” de Gilberto Higuera Guerrero, el Buzo (Alejandro). La licencia a nombre de Adalberto Malvarrosa Cepeda corresponde a Alberto Mendoza Sauceda.
El testigo protegido Félix dice que Gilberto Higuera se hacia acompañar de Miguel Ángel Fernández Loera o Germán Núñez Velderrain, el Buzo; Óscar Rochín López, el Erre uno; Raygoza, el Cero; el Niño, de nombre Eduardo; el Peque, el Compadre, el Guayo o el Aguayo, así como en un par de ocasiones por un militar de nombre Édgar.
La ruta marítima
El testigo protegido Jorge Arturo era escolta de Ismael Higuera, el Mayel. Realizaba levantones, escoltaba cocaína y marihuana, y llevaba dinero de Tijuana a Ensenada. Declaró en marzo de 2001 que la cocaína de Colombia llegaba a las costas de Oaxaca y de ahí era trasladada en lanchas a las costas de Michoacán, donde la recibía Salvador López, el Chavo. Luego se trasladaba a Tepalcaltepec, en la Sierra de Michoacán, en una pista aérea registrada, propiedad del Quemado.

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