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jueves, abril 12, 2012

AMLO Conferencia de prensa 12 abril 2012

Mi compromiso, gobernar con austeridad y combatir la corrupción: López Obrador
Para nosotros, como lo hemos venido diciendo, la actual decadencia se ha originado fundamentalmente por la corrupción imperante.

Por eso, el distintivo del nuevo gobierno democrático será el de enaltecer lahonestidad y procurar, por todos los medios, que ésta virtud se convierta en estilo de vida y en forma de gobierno.

Lo primero será predicar con el ejemplo, es decir, me comprometo a no alterar mi manera de pensar y de ser. Voy a seguir siendo congruente y actuaré con rectitud y honradez.

Tendré autoridad para moral para encabezar un gobierno austero y combatir con libertad y firmeza la corrupción.

Vamos a eliminar los gastos superfluos en el gobierno y no habrá privilegios para los altos funcionarios públicos. Se terminará con toda la parafernalia del poder. La austeridad significa rigor, eficiencia, pero también justicia.

Asimismo, me comprometo a limpiar el gobierno de corrupción. Se integrarán comités ciudadanos para vigilar todo el proceso de contratación de obras y compra de bienes y servicios, se desterrará el influyentismo y la impunidad.

Para mi nada de esto es nuevo, siempre he pensado que la austeridad no es sólo un asunto administrativo, sino de principios y que la corrupción debe combatirse no sólo por razones de índole moral, sino para liberar fondos al desarrollo y el bienestar del pueblo.

Es tan importante hacer valer la austeridad y combatir la corrupción, que sólo con estas dos medidas, podremos ahorrar 600 mil millones de pesos al año que servirán para reactivar la economía, crear empleos y enfrentar el grave problema de desigualdad que prevalece en el país.

El presupuesto público que asciende a 3 billones 700 mil millones de pesos será manejado con absoluta honradez y se distribuirá con justicia.

De esta manera, sin quitarle a los ricos para darle a los pobres, sin aumentar impuestos o crear impuestos nuevos y sin endeudar al país, podremos aumentar al doble la inversión pública para que en asociación con la inversión privada, nos permitirá lograr el propósito de que la economía pueda crecer al 6 por ciento anual y crear en el sexenio 7 millones de nuevos empleos.

Con austeridad y sin corrupción, habrá crecimiento económico, trabajo, bienestar, atención a los jóvenes y, de esta forma, vamos a serenar al país, garantizando la tranquilidad y la paz social.

Este es mi compromiso, gobernar con austeridad y combatir la corrupción.



http://youtu.be/GM_gSQgbCBU

miércoles, diciembre 09, 2009

De Espino a Calderón: Combate al narco "guerra fallida"

Texto íntegro de la carta de Manuel Espino a Felipe Calderón
Carta abierta al presidente Felipe Calderón
Señor Presidente ESPURIO:
En Ciudad Juárez nos lastima ser la comunidad más insegura, violenta e ingobernada del mundo. En la frontera enfrentamos cada día como un reto frente a la vida y la muerte. A la cifra de ejecuciones, misma que se ha duplicado desde que inició su embestida contra el crimen, se han sumado innumerables acciones que padecemos el grueso de los ciudadanos. Antes los narcotraficantes eran las principales víctimas de la violencia; hoy los más afectados somos los juarenses productivos y honestos.
Las pérdidas económicas son incuantificables. Más lo son las humanas. No hay lugares para convivir sanamente: comer en un restaurante, celebrar una boda o una graduación, son actividades de alto riesgo. No sólo son extorsionados los grandes empresarios o los profesionistas de la clase media, también los trabajadores de las maquiladoras y los vendedores ambulantes.
En lo personal, y como un ciudadano más, lamento que mis hijos no puedan vivir con un mínimo de libertad. Para mi familia es común escuchar balaceras y hemos sido testigos de asesinatos. Conocemos personas que fueron ejecutadas. Amigos nuestros han sido secuestrados. Hemos sufrido varios asaltos. Hasta mi propio domicilio fue penetrado por militares. La semana pasada mi familia recibió la amenaza de que debemos pagar “la cuota” o alguno de nuestros miembros será secuestrado.
Lo triste es que nuestra situación no tiene nada de extraordinario, es la realidad de cualquier familia juarense. Ese es el verdadero saldo de la guerra contra el narcotráfico. Las estadísticas de supuestos criminales arrestados y de “dosis que no llegarán a las calles” pregonadas por la propaganda del gobierno federal no compensan la angustia de los padres forzados a pagar para que las escuelas de sus hijos no sean ametralladas, la histórica ola de secuestros y, sobre todo, el dolor de ver que nuestra forma de vida está marcada por el terror a convertirnos en víctimas. Por ello, durante el último año tres mil familias han abandonado Ciudad Juárez, en un éxodo de miedo y desesperanza.
Mi reconocimiento a su valentía para iniciar la guerra es de todos conocido, público y publicado, reiterado en foros nacionales y extranjeros. No le he escatimado mi apoyo ni el de la organización internacional que presido. Sin embargo, ha llegado el momento de señalar con toda firmeza que su decisión es tan acertada como errada es la estrategia: los resultados están a la vista de todos, estamos ante una guerra fallida, ante un estéril derramamiento de sangre que me impele a pedirle que asuma la responsabilidad de la tragedia en Ciudad Juárez. Enviar al Ejército y a las fuerzas de la policía federal no justifica su ausencia en esta comunidad fronteriza.
A pesar de su lealtad y su entrega, que reconozco y agradezco, la presencia de militares y de policías federales no ha pasado de tener efectos escenográficos. Los resultados positivos, que son admirables, no alcanzan a compensar los resultados negativos. No hay margen para interpretaciones: es evidente el dramático incremento en la violencia que la guerra por usted declarada trajo a la frontera. Reconózcalo, señor Presidente.
Necesitamos que usted apoye de manera pública un cambio a esta estrategia fallida, que no implique apostar más vidas humanas. Ya no basta con intenciones, discursos ni muestras de solidaridad. Es indispensable que comprometa su palabra y haga evidente su responsabilidad en esta gravísima situación. También es imprescindible su presencia en esta ciudad, atendiendo la invitación que le han formulado todos los sectores de esta comunidad doliente que desea expresarle su apoyo y coordinar acciones eficaces con su gobierno.
En este día que celebramos el 350 aniversario de la fundación de nuestra ciudad, quiero pedirle respetuosamente, a nombre de los juarenses, que atienda a Ciudad Juárez como prioridad del Estado mexicano y que reflexione sobre el saldo sangriento que su decisión provocó en la vida de esta comunidad fronteriza que tanto le ha dado a la República.
Cualquier líder —cualquiera— puede iniciar una guerra, pero muy pocos son capaces de terminarlas con éxito. Por ello, usted debe decidir qué papel jugará en la historia de Ciudad Juárez y de México.
Me sumo al “ya basta” que miles de juarenses acaban de expresar en la marcha por la paz. Ni un muerto más.
Los habitantes de Ciudad Juárez necesitamos su apoyo decidido de forma inaplazable. Es vital que muestre esa misma valentía que mostró para iniciar la guerra contra el crimen organizado, pero ahora para terminarla. Si en la aurora de su sexenio se distinguió por ser un presidente de guerra, ahora que inicia el ocaso nos urge que sea un presidente de paz y que así se le recuerde.
Respetuosamente,
Manuel Espino Barrientos
Fuente: Milenio
Álvaro Delgado

MÉXICO, DF, 7 de diciembre (apro).- Después de reclamarle que el combate al narcotráfico es ya una “guerra fallida” y un “estéril derramamiento de sangre”, Manuel Espino, presidente del Partido Acción Nacional (PAN), exigió a Felipe Calderón que “asuma la responsabilidad de la tragedia en Ciudad Juárez”, Chihuahua, y comprometa su palabra para cambiar la estrategia.
En una carta abierta dirigida a Calderón, en la que da a conocer que su familia que habita en Juárez es víctima de extorsión para que no sea secuestrado alguno de sus miembros, Espino afirma que la presencia del Ejército y de la Policía Federal en esa ciudad “no ha pasado de tener efectos escenográficos”.
Y acusa: “Los resultados positivos, que son admirables, no alcanzan a compensar los resultados negativos. No hay margen para interpretaciones: es evidente el dramático incremento en la violencia que la guerra por usted declarada trajo a la frontera. Reconózcalo, señor Presidente.”
En la carta fechada el martes 8 de diciembre, dos días después de una multitudinaria manifestación ciudadana en Juárez que exigió al gobierno federal una solución al clima de inseguridad, Espino emplazó a Calderón a “que apoye de manera pública un cambio a esta estrategia fallida”, que no implique apostar más vidas humanas.
“Ya no basta con intenciones, discursos ni muestras de solidaridad. Es indispensable que comprometa su palabra y haga evidente su responsabilidad en esta gravísima situación. También es imprescindible su presencia en esta ciudad, atendiendo la invitación que le han formulado todos los sectores de esta comunidad doliente que desea expresarle su apoyo y coordinar acciones eficaces con su gobierno.”
Justo en el día en que Juárez cumple 350 años de haber sido fundada, el presidente de la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA) pide a Calderón, “a nombre de los juarenses”, que atienda la crisis en esa ciudad “como una prioridad del Estado mexicano y que reflexione sobre el saldo sangriento que su decisión provocó en la vida de esa comunidad fronteriza”.
Previamente, en la carta abierta que dará a conocer este martes, Espino describe el drama de los juarenses que viven en medio de balaceras, asesinatos y extorsiones, como la que sufre su propia familia.
“Para mi familia es común escuchar balaceras y hemos sido testigos de asesinatos. Conocemos personas que fueron ejecutadas. Amigos nuestros han sido secuestrados. Hemos sufrido varios asaltos. Hasta mi propio domicilio fue penetrado por militares. La semana pasada mi familia recibió la amenaza de que debemos pagar ‘la cuota’ o alguno de nuestros miembros será secuestrado.”
Esta situación de su familia, dice, no tiene nada de extraordinario, porque es la realidad de cualquier familia juarense. “Ese es el verdadero saldo de la guerra contra el narcotráfico. Las estadísticas de supuestos criminales arrestados y de ‘dosis que no llegarán a las calles’ pregonadas por la propaganda del gobierno federal no compensan la angustia de los padres forzados a pagar para que las escuelas de sus hijos no sean ametralladas, la histórica ola de secuestros y, sobre todo, el dolor de ver que nuestra forma de vida está marcada por el terror a convertirnos en víctimas.”
En la parte final de su carta, Espino emplaza a Calderón: “Cualquier líder, cualquiera, puede iniciar una guerra, pero muy pocos son capaces de terminarlas con éxito. Por ello, usted debe decidir qué papel jugará en la historia de Ciudad Juárez y de México. Me sumo al ‘ya basta’ que miles de juarenses acaban de expresar en la marcha por la paz. Ni un muerto más.”
Rubrica Espino: “Los habitantes de Ciudad Juárez necesitamos su apoyo decidido de forma inaplazable. Es vital que muestre esa misma valentía que mostró para iniciar la guerra contra el crimen organizado, pero ahora para terminarla. Si en la aurora de su sexenio se distinguió por ser un presidente de guerra, ahora que inicia el ocaso nos urge que sea un presidente de paz y que así se le recuerde.”
Fuente: Proceso

sábado, septiembre 19, 2009

Calderón: Un balazo al pie


La ocurrencia de Felipe Calderón de proponer la eliminación de la Secretaría de la Función Pública (SFP) ratifica una vez más el absoluto desprecio del presidente en turno hacia la rendición de cuentas y el combate a la corrupción. Más que darse por vencido en esta importante tarea, hoy más que nunca resulta necesario redoblar los esfuerzos para evitar el mal uso de los escasos recursos públicos. El dinero utilizado para fiscalizar y monitorear el desempeño gubernamental no debe ser visto como un gasto, sino como una inversión sumamente rentable.

Un buen contralor o auditor puede llegar a recuperar recursos en cantidades mucho mayores a lo que cuesta financiar su operación.Una de las causas más importantes tanto de la crisis económica como de la crisis en materia de seguridad pública es la metástasis de la corrupción a lo largo y ancho de la administración pública federal. Las complicidades de políticos, servidores públicos y poderosos empresarios dañan severamente la posibilidad de consolidar una economía de mercado que funcione de manera libre y eficiente. Así mismo, la confabulación de las fuerzas policiacas con la delincuencia organizada anula cualquier intento de combatir el narcotráfico. Para resolver las crisis actuales y evitar futuros desastres económicos y políticos, habría que gastar más, no menos, en el control y vigilancia de los recursos públicos. No hay duda que la SFP ha tenido un desempeño mediocre en los últimos años. Quienes han estado a la cabeza de esa secretaría no lograron capturar ni “peces chicos”, ni aquellos “peces gordos” tan anunciados en su momento por el entonces secretario Francisco Barrio. Las pocas multas que la SFP ha logrado imponer casi siempre son revertidas en los tribunales. Una reciente auditoría realizada por la Auditoría Superior de la Federación (ASF) a la SFP reveló que esta secretaría logra cobrar menos del 1% de las multas que impone.Con respecto al manejo del servicio civil de carrera, la SFP tristemente se convirtió en una oficina dedicada a simular la realización de concursos abiertos y competitivos con el único propósito de legitimar la contratación de los amigos y recomendados de siempre. Su trabajo de promoción de una “cultura de la legalidad” tampoco ha tenido impacto alguno en la sociedad.Todos estos fracasos han sido resultado del claro manejo político que se le ha dado a esta secretaría de Estado. En lugar de nombrar a personas conocedoras en la materia, los gobiernos de la alternancia prefirieron colocar a políticos como Francisco Barrio o Germán Martínez, quienes se dedicaron a usar el puesto como un mero trampolín para alcanzar otros cargos de mayor relieve público. A la salida de estos políticos llegaban burócratas grises, primero Eduardo Romero y después Salvador Vega, quienes no ofrecieron brillo alguno a la institución.Pero el hecho de que se haya ensuciado el agua de la bañera, no justifica tirar también al niño por la coladera. Desaparecer la SFP de cara a la grave crisis fiscal actual equivaldría a vender las llantas del coche para sacar dinero para la gasolina. Ambas acciones generan una pequeña ganancia a corto plazo, pero dificultan de manera importante la posibilidad de avanzar en el futuro.Si se trata de eliminar partidas enteras del gasto federal, quizás sería más efectivo eliminar la propia oficina de la Presidencia de la República, cuya funcionalidad ha resultado ser aún más estéril que la propia SFP. En el presupuesto de 2009 la Presidencia recibió un monto de 1.8 mil millones de pesos, cifra mayor a los 1.5 mil millones que se ahorrarán con la eliminación de la SFP.El presidente también ha demostrado una gran irresponsabilidad al anunciar la futura desaparición de tres secretarías de Estado como si fuera algo que él pudiera llevar a cabo de manera personal a través de un simple decreto o una reforma reglamentaria menor. Para materializar estos importantes cambios haría falta modificar la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, así como un gran número de otras leyes como, por ejemplo, la Ley Federal de Responsabilidades Administrativas de los Servidores Públicos. Sin embargo, hasta la fecha el titular del Ejecutivo ni siquiera ha presentado una iniciativa de reforma a las leyes correspondientes.Los diputados y senadores del nuevo Congreso tendrían que rechazar la eventual propuesta de Calderón en la materia. Ello sería una muestra de que en el contexto de la transición democrática y la pluralidad política actual, nuestros representantes populares sabrán defender los intereses de la nación y asegurarán que contemos con un riguroso escrutinio de las actividades de los servidores públicos. Más aún, el Congreso podría aprovechar esta coyuntura para repensar integralmente la estructura institucional para la rendición de cuentas del Estado mexicano. Podría ser el momento idóneo para plantear la propuesta de dotar de autonomía plena a la Auditoría Superior de la Federación, así como trasladar algunas de las funciones más importantes de la SFP a este nuevo órgano autónomo del Estado mexicano.Una propuesta aún más ambiciosa sería contemplar una reforma al artículo 49 de la Constitución para incluir formalmente a los órganos autónomos y de control como participantes plenos en la división de poderes del Estado mexicano. Así podríamos seguir el ejemplo de países como Ecuador, Bolivia, Colombia y Sudáfrica, que actualmente se encuentran en la vanguardia con respecto a este tema.La crisis actual nos desafía para responder con creatividad y visión de futuro. Lamentablemente, Calderón, una vez más, en lugar de mirar al horizonte se tira un balazo al pie. l
www.johnackerman.blogspot.com