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lunes, diciembre 21, 2009

Vigencia de los acuerdos de San Andrés


Los acuerdos de San Andrés Larráinzar son resultado del proceso de construcción de acuerdos de mayor horizontalidad y participación que se tenga memoria en los años recientes de la historia de México.

La definición de la agenda entre el gobierno federal y el EZLN fue pactada después de un largo proceso de encuentro y desencuentro entre las partes. El primer tema fue Derechos y cultura indígenas, al cual, una vez desahogado, le seguían: Democracia y justicia, Bienestar social y de-sarrollo; Situación, derechos y cultura de la mujer indígena; Reconciliación social; Amnistía y acuerdo final de paz.
Lo que hoy se conoce como los acuerdos de San Andrés Larráinzar es el resultado del proceso de negociación del primer tema de la agenda pactada entre las partes: Derechos y cultura indígenas; los demás quedaron pendientes por el incumplimiento gubernamental. Vale la pena recordar que la construcción de estos acuerdos se realizó durante varios meses de trabajo y consulta de las comunidades indígenas, asesores, investigadores, delegaciones del gobierno federal y del EZLN, con la participación de la Comisión Nacional de Intermediación (Conai) y la coadyuvancia de la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa), con una cobertura de los medios nacionales que dieron fe y fueron testigos de un proceso serio y responsable. Por ello resulta deleznable la posterior campaña de calumnias alimentadas desde las oficinas del poder político y económico en contra de un proceso ejemplar de construcción de acuerdo. Esto, que se dice fácil, se construyó en medio de una realidad compleja, donde las tensiones, provocaciones y confrontaciones casi siempre aparecían cuando se avanzaba en las posibilidades de diálogo entre las partes.
Para quienes participamos en la primera Cocopa nos quedó muy claro que la paz tiene muchos enemigos: la paz no es negocio, la guerra sí.
La afirmación de la primera Cocopa de que una reforma democrática del Estado es impensable sin la participación de los zapatistas sigue vigente a pesar del tiempo transcurrido, de los oídos sordos y la arrogancia de las cúpulas partidarias y la clase gobernante.
La actuación de estos últimos, regida por el cortoplacismo y agendas construidas alrededor de los asuntos del poder y el dinero, les ha impedido ver los asuntos del México profundo, los cuales desde su óptica pueden esperar indefinidamente.
El llamado de aquella Cocopa para impulsar un diálogo nacional para la reforma democrática del Estado, que incluyera a todos los actores nacionales, incluyendo al zapatismo, fue el punto de partida para destrampar el proceso de negociación en San Andrés Larráinzar, que se encontraba en un callejón sin salida hasta antes del pronunciamiento de la comisión legislativa, que en un principio fue apoyado por el entonces presidente Ernesto Zedillo, aunque después sus personeros se encargaron de desmentirlo. Sobra decir que en la reforma electoral de 1996, acordada cupularmente por los partidos políticos, se excluyó no sólo a los zapatistas, sino a todo mundo. Los resultados están a la vista: en nuestra “democracia” no gana quien tiene mejores proyectos, sino el que tiene a su favor el poder y el dinero, legal e ilegal.
En 2001, después de que Vicente Fox en un acto mediático mandó al Congreso de la Unión los acuerdos de San Andrés, vía Senado, donde fueron tirados al bote de la basura y en su lugar se aprobaron modificaciones a la Constitución que desnaturalizaron el contenido de lo pactado entre gobierno federal y EZLN, las cuales fueron rechazadas por todos los pueblos indígenas.
Ante el rechazo, un grupo plural de 160 diputados, con la asesoría de destacados especialistas, entre ellos Magdalena Gómez, nos apoyaron en la redacción de la exposición de motivos, que figura en los dos últimos artículos que preceden a éste. El 9 de abril de 2002 presentamos ante el pleno de la Cámara de Diputados la iniciativa original de modificaciones constitucionales en materia de derechos y cultura indígenas, elaborada por la Cocopa, mediante acuerdo del gobierno federal y el EZLN, el cual la aceptó mientras el gobierno federal, en un acto impúdico y desleal a la nación, la rechazó esgrimiendo argumentos chafas y vulgares, desconociendo públicamente lo que su delegación pactó con los zapatistas. Dicha iniciativa no ha sido desechada, pero tampoco se le ha dado curso debido a los intereses de quienes se oponen a la construcción de un México más justo y democrático.
El desastre nacional es la expresión de todo aquello que se ha opuesto al zapatismo. Los que acusaron al EZLN de pretender balcanizar al país son los que se confabularon para que hoy existan franjas de territorio nacional bajo el control de grupos mafiosos, algunos de los cuales se crearon con el propósito de combatir a los zapatistas. Los que impidieron que los reclamos indígenas se expresaran en la Constitución son los mismos que permitieron que se hicieran enmiendas, reformas y parches a la Carta Magna para entregar a manos extranjeras puertos, aeropuertos, bancos, producción energética, satélites, ferrocarriles. Por ello creo que el México perfilado en los acuerdos de San Andrés trasciende a Chiapas y configura los lineamientos de una nueva nación. El tema no es cuántos son actualmente los miembros del zapatismo, sino sus causas y el alcance de su propuesta, hoy más vigente que nunca.

miércoles, noviembre 04, 2009

Denuncian nueva embestida oficial contra Radio Ñomndaa

La persecución, porque la diputada Aceadeth Rocha Ramírez se siente evidenciada


Emiten orden de aprehensión contra David Valtierra Arango; hay operativos para arrestarlo.
Un hermano de la cacique de Xochistlahuaca lo acusa de privación ilegal de la libertad y robo.

JESÚS RODRÍGUEZ MONTES (Corresponsal)

Xochistlahuaca, 2 de noviembre. Que habría una nueva orden de arresto en su contra, ya lo presentía desde hace varios días David Valtierra Arango, integrante del comité general de la estación comunitariaRadio Ñomndaa, La Palabra del Agua. La nueva acción judicial en su contra la confirmó Valtierra el 30 de octubre y por eso, desde entonces permanece aislado en el pueblo, sin viajar a otro lugar, porque desde días atrás le informaron que ya había retenes y operativos especiales para aprehenderlo.
Este indígena nn’anncue (amuzgo) es uno de los principales promotores del proyecto radiofónico que desde 2002, con el consenso de las autoridades tradicionales y cientos de vecinos del municipio autónomo Suljaa’, se puso en marcha con el propósito de comunicarse en su propia lengua. El 18 de diciembre de 2004 finalmente salió al aire la primera emisión.
Sin embargo, dice Valtierra en entrevista con La Jornada Guerrero, haber instaurado la radio sólo fue motivo para acrecentar el encono que hay contra ellos por parte de la actual diputada local Aceadeth Rocha Ramírez, la polémica priísta que concentra todo el poder en la mayor parte del municipio y en la Costa Chica, a tal grado que desde hace una década es ella quien, por periodos consecutivos, logra imponerse en la presidencia municipal y en la diputación local en el distrito electoral a donde se inscribe Xochistlahuaca. De esa manera, cuando no es diputada, es alcaldesa.
Desde la cima del cerro de las Flores es posible observar casi a plenitud toda la cabecera municipal de Xochistlahuaca. En su lengua materna, el ñomndaa, los indígenas nn’anncue que aquí habitan nombraron a esta tierra Suljaa’, que en español quiere decir Llanura de Flores, por lo colorida y vasta que resulta la vegetación que se extiende en el territorio.
En la cima del cerro está ubicada la cabina desde donde Valtierra, cada sábado, transmite el programa Por los caminos del sur, y además da cuenta de los acontecimientos más relevantes –“las noticias”, define él– en el entorno nacional, estatal y local. Pero lo hace en ñomndaa, para que la gente que no entiende español, que son la mayoría de los habitantes, conozcan lo que ha ocurrido en los útimos días, por ejemplo, con el decreto que extingue Luz y Fuerza del Centro, o con la queja de vecinos de Xochistlahuaca, que insisten en que la diputada Aceadeth, a través de una planta cribadora que dirige su hijo, está acabando con los recursos del río.
“La cacique de aquí de la región y del municipio se llama Aceadeth Rocha Ramírez, que ha sido diputada y presidenta municipal”, afirma contundente Valtierra.
La nueva orden de arresto que Valtierra presentía se cocinaba en su contra desde hace semanas en el juzgado con sede en Ometepec, proviene de una demanda que interpuso Ariosto, el hermano de “la cacique”, por supuesta “privación ilegal de la libertad y robo” que cometieron líderes de partidos de oposición durante las elecciones de octubre del año pasado, cuando lo sorprendieron repartiendo dinero y comprando credenciales en varias casillas del municipio. Finalmente, el 13 de octubre, un año después, el juez Derly Arnaldo Alderete Cruz emitió la orden de aprehensión.
Lo relacionan con lo que le pasó en las campañas electorales pasadas, cuenta Valtierra: “lo recuerdo porque lo escuché en la radio, que vino gente de una comunidad a decir que lo habían agarrado a él comprando credenciales por cierto pago, lo agarraron pues con muchas credenciales y con un fajo de billetes, junto con otras personas. Su hermano José Luis Rocha pudo escapar, eso es lo que dice la gente.
“Entonces yo me enteré de eso, pero como nosotros (los de la Radio Ñomndaa) somos totalmente ajenos a los partidos políticos, a los procesos electorales, pues nunca supimos cómo fue eso, más que lo que se oyó en la radio contado por la misma gente, y ahora me estoy enterando de que me están acusando que yo estuve ahí, eso es una gran mentira más que se viene y las órdenes de aprehensión, de los líderes de los partidos políticos opositores están ahí”.
Como la gente que ha promovido la radio son vecinos que desde 2001 se enfrentaron a Aceadeth Rocha y le tomaron la presidencia municipal, cuando gobernaba, porque desde su posición imponía a comisarios en los pueblos afines a su partido, ahora –señala el indígena– la priísta “se siente amenazada” porque a través de la estación “nosotros lo que hacemos es decir a la gente los derechos que tenemos y que ya están reconocidos, pero también los derechos que no están reconocidos, como los acuerdos de San Andrés (Larráinzar, Chiapas), y nosotros sacamos la información de lo que está sucediendo en la región, lo decimos a la gente, provocamos una reflexión y damos nuestro punto de vista”.
–¿Piensas entonces que esa nueva acción viene de ahí, de Aceadeth, por el trabajo que hacen con la radio?
–Nosotros suponemos que ella se siente como que la estamos descubriendo y puede ser que sea esa la reacción de ella, de perseguirnos de esa manera, de hostigarnos constantemente, porque nosotros no estamos pidiendo un puesto de regidor, un puesto en alguna dependencia, entonces no encuentran la manera de callarnos más que a través del hostigamiento.

miércoles, abril 22, 2009

El lado oscuro del liberalismo


En sus grandes ensayos, Hannah Arendt puso al descubierto que los rostros históricos del totalitarismo –fascismos y comunismos– surgían de una fuente común: la intromisión de la técnica en el ámbito de la política. Para Arendt, que venía de un estudio atento del mundo griego, la política –que estaba por encima del hacer mediante la técnica– es el acto puro, el de los hombres libres que echan a andar, en la red de relaciones humanas, procesos de acción y reacción que, a diferencia de la técnica, son imposibles de controlar. Es el sitio del ejercicio de las virtudes y de la gratuidad perfecta en beneficio del común.Los totalitarismos, sin embargo, al tratar de controlar ese ámbito de lo impredecible y recomponer la vida común, introdujeron dos tipos de ideas aparentemente contrarias pero funcionalmente equivalentes: la historia y la raza; la historia y la biología, como dos formas del hacer, del producir y controlar un mundo para el futuro. Con ello, dice Arendt,- hicieron de la política una técnica extrema o, como señala Georges Voet al comentarla, “una fabricación que abarca la totalidad de lo real, incluyendo a los seres humanos (...) Al prometer a las masas ‘la producción’ final de la historia (el comunismo) o la ‘creación’ de la forma final de lo vital (la raza superior) –o mejor, al prometer una escatología, es decir, ‘las cosas últimas’ para toda la humanidad–, convirtieron lo político en un producto de la técnica e iniciaron la era de la tecnología política o de la política como tecnología o de la negación de lo humano”.Aunque aparentemente el último de los totalitarismos históricos cayó con el desplome del Muro de Berlín en 1989, se ha dado poca importancia –de ahí que diga aparentemente– al totalitarismo que hay detrás del único régimen que quedó en pie: el liberalismo.La teoría clásica liberal –que nació como una respuesta a la Iglesia y a los Príncipes que habían desechado el sentido político griego y acaparado el dominio público– quería fundar un orden civil y político basado en un pluralismo ajeno a cualquier orden dado de antemano. Para ello creó una sociedad plural con un mecanismo regulador, el Estado, que permitiera a los hombres funcionar juntos mecánicamente. Si no era el retorno a la polis griega, era, al menos, un sitio que garantizaba, como creía Hegel, su posibilidad en el tiempo y más allá de la esclavitud de la que el mundo griego no pudo escapar. Por desgracia, la defensa que el liberalismo hizo de esa pluralidad la hizo de la misma manera que, después de él, la hicieron los totalitarismos: “mediante –vuelvo a Voet– la propagación de (una técnica) políticamente desregularizada y desregularizadora: la del trabajo productivo y el mercado ordenado hacia un consumo ilimitado”. No la historia ni la raza, sino el Mercado. Un mecanismo que, lo había visto con mucha claridad Arendt a mediados del siglo XX, terminaría por someter lo político a lo puramente vital, a la pura sobrevivencia.Esta forma sutil del totalitarismo, a pesar de las críticas de Gandhi, de la escuela de Frankfurt, de Marcuse, del 68 y de las más recientes y más penetrantes de Foucault, Baudrillard o de la lucha zapatista, es constantemente legitimada por los Estados y los medios de comunicación en formas cada vez más contrarias a la pluralidad democrática. Tomemos dos ejemplos simples, pero que hablan del vínculo del liberalismo con los totalitarismos duros. En el período electoral que estamos viviendo, el IFE, en su campaña publicitaria, no deja de repetir en sus spots: “Así nuestra democracia crece y crecemos todos”. Junto a él, el gobierno de Morelos no cesa también de publicitarse con un eslogan que suena al del letrero que pendía a la entrada de Auschwitz (“El trabajo los hará libres”): “Morelos, tierra de libertad y de trabajo”. Para los liberales –algo que también está en Marx cuando escribe: “Si no hay más no habrá nada”–, el crecimiento y el trabajo son la panacea universal. Para ellos, el crecimiento sin límites del mercado y de los votantes es sinónimo de vida política y democrática. Los mecanismos de producción y de distribución de bienes están para ellos en íntima relación con el pluralismo político entendido en clave individualista. Con ello, el liberalismo, al igual que lo hicieron los totalitarismos duros, ha destruido la noción política clásica de “la vida buena”, de la libertad que consiste en el equilibrio entre el hacer y el acto puro, gratuito y alegre del ser virtuoso. “En el liberalismo –dice bien Georges Voet– ya no hay ideas fundamentales o bienes sustanciales. Lo único que hay de básico es un mecanismo regulador (…) que promete maximizar los intereses mediante el ficticio y simplista mecanismo de la ley de la oferta y la demanda”. Una ficción que la crisis y el intento de los Estados por rearticularla han puesto al desnudo como el sesgo totalitario de la libertad liberal. ¿Cómo destruirlo? Su rostro está ahí, más claro que nunca; las maneras de victimarlo están también ahí, enterradas en el corazón de lo humano e iluminadas por las críticas más radicales y las luchas más virtuosas.
Gandhi lo entendió muy bien al propugnar una economía moral de subsistencia y el gozo de la gratuidad de la política donde los hombres equilibran la vida humana bajo la luz de las virtudes.
Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, liberar a todos los zapatistas presos, derruir el Costco-CM del Casino de la Selva, esclarecer los crímenes de las asesinadas de Juárez, sacar a la Minera San Xavier del Cerro de San Pedro, liberar a los presos de Atenco y de la APPO, y hacer que Ulises Ruiz salga de Oaxaca.