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martes, enero 10, 2012


Patrullaje militar en  El Salvador. Foto: AP

El Salvador: Crisis por inseguridad

SAN SALVADOR (apro).- Los salvadoreños recibieron el 2012 sin mucho entusiasmo. La razón: los altos niveles de inseguridad y la crisis económica. El más pequeño país de América continental es considerado de los más peligrosos del mundo. Registra asesinatos como …

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Kim Jong Il. Duelo  en Corea del Norte por muerte del dictador. Foto: AP

Corea del Norte: Escenarios de riesgo

LONDRES (apro).- La muerte el pasado 17 de diciembre del líder norcoreano Kim Jong Il y el reemplazo por su hijo Kin Jung Un podría poner fin al sangriento régimen totalitario en ese país asiático, aunque también dar comienzo a nuevos peligros para el mundo entero.En un informe elaborado el mes pasado por Mark Fitzpatrick, director del Programa de No-Proliferación y Desarme del Instituto

Protestas en  Coyhaique, Aysen, en la Patagonia chilena. Foto: AP

Argentina: El millonario inglés

LA PATAGONIA, Argentina (apro).- El millonario inglés Joseph Joe Lewis propone financiar un aeropuerto en El Bolsón, alternativo al de Bariloche, que ha sido cuestionado a raíz de que sufre los efectos de las cenizas volcánicas chilenas. Grupos de pobladores se oponen y reclaman libre acceso al Lago Escondido, que domina su campo en la frontera con la Comuna vecina de El Manso. Se

El primer  ministro húngaro, Viktor Orban. Foto: AP

Hungría: El regreso al autoritarismo

BRUSELAS, (apro).- A pesar de que la oposición y las organizaciones defensoras de los derechos civiles aseguran en Hungría que el contenido de la nueva constitución nacional impone un “regreso al autoritarismo”, el pasado domingo 1 entró en vigor esa carta magna impulsada por la Alianza de Jóvenes Demócratas (Fidesz, por sus siglas en húngaro), el partido de corte conservador y nacionalista del primer

lunes, diciembre 05, 2011

Intolerancia y autoritarismo

Felipe Calderón inicia su último año en el poder Ejecutivo amenazando a, al menos, 23 mil mexicanos. El periodo electoral –que culminará con la elección de un nuevo presidente de la República en julio de 2012– se le empieza a dificultar al inquilino de Los Pinos. La respuesta de la Presidencia a la solicitud presentada ante la Corte Penal Internacional para que el panista sea juzgado por crímenes de guerra y de lesa humanidad exhibe a un gobierno autoritario e intolerante, consideran abogados, académicos, políticos y defensores de derechos humanos. Los especialistas en derecho señalan, además, que no hay elementos jurídicos para que proceda la “amenaza” de la administración federal de actuar legalmente en contra de los denunciantes.

La expresión de que el gobierno federal explora la posibilidad de proceder legalmente en contra de quienes solicitaron a la Corte Penal Internacional (CPI) que investigue la situación de violencia que existe en México es calificada como desmesurada, intimidatoria y autoritaria por académicos, juristas, políticos y defensores de derechos humanos.
La petición, hecha por un grupo de abogados y respaldada por alrededor de 23 mil personas, documenta los crímenes y violaciones a derechos humanos que, en el contexto de la supuesta guerra contra el narcotráfico, han cometido tanto los grupos del crimen organizado como miembros de las Fuerzas Armadas.
La intención es que la Corte abra una investigación y, en caso de que acredite que se han perpetrado violaciones al derecho internacional humanitario, juzgue a los responsables. De acuerdo con la propuesta, que fue entregada el pasado 25 de noviembre a la CPI, éstos serían Felipe Calderón Hinojosa, sus secretarios de Defensa Nacional, Marina y Seguridad Pública, y los líderes de los cárteles del narcotráfico, entre ellos Joaquín Guzmán Loera, el Chapo.
A tan sólo dos días de que la solicitud fuera presentada, la Presidencia de la República respondió calificándola de “imputaciones falsas y calumniosas” que “afectan terriblemente el buen nombre de México”.
Pero no sólo eso: la réplica presidencial manifiesta que el gobierno federal “explora todas las alternativas para proceder legalmente en contra de quienes las realizan [las imputaciones] en distintos foros e instancias nacionales e internacionales”.
Los juristas Diego Valadés, Perla Gómez Gallardo y Raúl Carrancá y Rivas coinciden en que se trata de una amenaza que carece de sustento, pues no se puede acusar a alguien por ejercer un derecho ciudadano.
El propósito del mensaje es más bien intimidatorio, a decir de Gómez Gallardo, y busca amedrentar a quienes ejercen su derecho a presentar una demanda ante una instancia judicial.
Para el jurista Diego Valadés, miembro del Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), se trata de un mensaje represor y que exhibe “una actitud intolerante y amenazante” de quien lo suscribe, es decir, del gobierno federal.
Apreciaciones similares son expresadas por defensores de derechos humanos, académicos y políticos, quienes concuerdan en que la respuesta del gobierno federal constituye una acción desmedida.
Asimismo, es común la opinión de que los ciudadanos mexicanos tienen derecho a buscar justicia ante tribunales internacionales cuando el país no la garantiza.


Intimidación, un “mal signo”
Para la dirigencia del Partido de la Revolución Democrática (PRD), la respuesta del gobierno calderonista fue intolerante y autoritaria.
Mediante un comunicado, el dirigente nacional del partido, Jesús Zambrano, señala que “es absoluta, total y plenamente criticable la reacción desmedida de Felipe Calderón; le salió de lo más profundo la vena intolerante que caracteriza a los gobiernos de derecha”.
La secretaria general del partido del sol azteca, Dolores Padierna Luna, coincide con el dirigente al considerar que la respuesta fue “de nivel dictatorial”, así como “una clara muestra de autoritarismo”.
En el mismo tenor se expresa el diputado Armando Ríos Píter, coordinador de la bancada perredista en la Cámara de Diputados.
Para Ríos Píter, el mensaje presidencial “deja clara la visión autoritaria de este gobierno y la cerrazón que ha tenido ante las críticas de una política de seguridad pública que ha sido considerada como ilegítima”.
La legisladora Enoé Margarita Uranga, quien funge como secretaria de la Comisión de Derechos Humanos, expresa que tanto la Cámara como la Comisión de la que forma parte, deberían tener un señalamiento ante esta respuesta, considerando que son parte de los denunciados.
Uranga califica el mensaje presidencial como “declaraciones de un dictadorcillo, que desde el inicio se ha esmerado en debilitar la democracia”.
El politólogo Alberto Aziz Nassif, del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, considera que la respuesta de la Presidencia es una “acción antidemocrática del gobierno” que pretende castigar un derecho de la ciudadanía.
El investigador arguye que el gobierno tenía que dar una respuesta a la acción emprendida ante la CPI, pero que ésta debía servirle para fijar su postura al respecto y no para penalizar dicha acción.
En lugar de ello, el mensaje que ha mandado al condenar a quienes hicieron la propuesta es que no está dispuesto a enfrentar o someterse al dictamen de un organismo jurídico, estima.
Para Raúl Trejo Delarbre, periodista y profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, el mensaje presidencial es una expresión “de torpeza, quizá de berrinche y de intolerancia que no son propios de un gobierno que quiera ser respetable ante el resto de la sociedad”.
El académico percibe en la respuesta de Calderón un abuso de poder, de su capacidad propagandística y de su potencial para actuar legalmente y usar la fuerza del Estado en contra de quienes tienen apreciaciones distintas.
Aunque califica de “desmesurada, inoportuna e ineficaz” la petición llevada ante la CPI, Trejo Delarbre considera que la respuesta del Ejecutivo federal fue igualmente desmedida e inadecuada y que constituye un precedente “preocupante”.
Ernesto Villanueva, investigador del IIJ y especialista en derecho a la información, sostiene que la reacción del gobierno da un mensaje contrario a la libertad de expresión y expresa no sólo la intolerancia de Calderón, sino “una falta de liderazgo, de visión de Estado y muestra cada vez más a una persona con talentos reducidos”.
Para Miguel Concha Malo, director general del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria, el tono intimidatorio con que respondió el gobierno federal es un “mal signo”, pues podría llevar a un recrudecimiento del clima adverso que enfrentan quienes defienden los derechos humanos.
“Todos los defensores de derechos humanos, sus organizaciones y los periodistas nos sentimos amenazados”, expresa.

El derecho de los ciudadanos y el de Calderón

Gerardo Sauri, relator para la libertad de expresión de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, coincide en que el mensaje del gobierno tiene una naturaleza intimidatoria y agresiva.
Sauri subraya que el gobierno hizo una descalificación anticipada sobre la petición llevada a la CPI, lo que podría mermar la confianza de los ciudadanos en el uso de tales recursos de defensa de los derechos humanos.

Leer articulo completo AQUI.

sábado, septiembre 17, 2011

Concesiones del poder o la rapiña calderonista


El periodista (y académico de la Real Academia Española, en la España de los “indignados” contra el desempleo y los abusos del poder), Luis María Anson establece en su ensayo La prensa como contrapoder, contenido en el libro Contra el poder (varios autores, editorial Temas de Hoyy la Asociación de Escritores y Periodistas Independientes) que la prensa siempre debe criticar el ejercicio del poder autoritario y rapaz.
Precisamente, el periodista Francisco Cruz Jiménez, no deja de sorprender con su periodismo de investigación en sus libros: El cártel de Juárez; Tierra Narca; Negocios de familia: biografía no autorizada de Enrique Peña Nieto y el Grupo Atlacomulco, éste en coautoría con el escritor e investigador, Jorge Toribio Montiel.
Ahora publica el explosivo libro Las concesiones del poder: el tráfico de influencias que ha marcado al sexenio, sobre el presidente Felipe Calderón y su familia, la de su esposa, y de todo el grupo panista-calderonista. Es una investigación documentada y sustentada en la veracidad de la rapiña del calderonismo.
En 263 páginas de información condensada se indica que la suegra de Felipe Calderón “cariñosamente” lo llama pillo, además de entrelazar los cientos de de hechos que llenan la “voracidad” de éste: “Desde los primeros meses de la campaña de Calderón se presentaron evidencias sobre lo que sería su forma de gobernar: una espiral de beneficios al amparo del cuñadismo, del influyentismo, del corporativismo y de otros ismos de la pícara política mexicana. La sospecha salpica a todo tipo de personajes”. En primer lugar desde que Calderón (con el exsecretario de Gobernación, Juan CamiloMouriño y el presidente del Partido Acción Nacional, PAN, César Nava) fue designado por el expresidente Vicente Fox director de Banobras y secretario de Energía.
Con títulos como: “La mujer del presidente”; “Los rostros ocultos de Margarita y Felipe”; “Tráfico de influencias en la familia presidencial”; “Con el visto bueno de Calderón”; “Presidente de los pobres, amigos de los otros”; “Una modesta casita”; “Los depredadores”, y “La cueva del monstruo”, el autor desnuda al calderonismo, cuya cabeza son la primera dama, Margarita Zavala, y Felipe Calderón.
Le faltó un índice de nombres, aunque es fácil enlistarlo sobre la lectura que arrebata al lector quien, constantemente debe salir a respirar, ya que la corrupción calderonista parece superar a la foxista-martista.
Rapiña en la que se sumerge el PAN, desde que los Sahagún-Fox entregaron a Calderón 150 millones de pesos para sus “gastos” de campaña electoral, con el lema: “manos limpias”… y que terminó siendo “manos con ojos” para la corrupción.
Es un libro para llevar a juicio penal y político a Calderón (junto con su enemigo Enrique Peña Nieto, gobernador del Estado de México).
La obra posee datos cuantitativos sobre cada pillería calderonista. Y es que en 12 años, los panistas superaron al perredismo chuchista-ebrardorista, y al salinismo y zedillismo. Al menos, Calderón es igual que los expresidentes Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo. La investigación de este trabajo es un expediente de hechos sobre quien, como el presidente, cínicamente todo lo justifica con su frase “haiga sido, como haiga sido”.
Ficha bibliográfica:
Autor: Francisco Cruz Jiménez
Título: Las concesiones del poder: el tráfico de influencias que ha marcado al sexenio
Editorial: Ediciones Temas de Hoy, 2011
*Periodista

viernes, julio 22, 2011

La "reforma"

Los EUNUCOS mentales se juntan...

Luis Javier Garrido

La reforma política de Felipe Calderón, que éste urge al Congreso le apruebe –junto con las llamadas reformas laboral y de seguridad–, y que el escritor Javier Sicilia en nombre de su movimiento exigió al Senado el día 22 sea aprobada cuanto antes, es una verdadera contrarreforma, contraria a los intereses del pueblo mexicano, y al margen de que es fundamental se discutan en México, de la manera más amplia y democrática posible, los cambios políticos y electorales que urgen al país para tener un régimen democrático (lo que no haría este gobierno), hay que reiterar que no existe la posibilidad legal de que se aprueben cambios en materia política electoral para 2012.

1. La propuesta de establecer en México una democracia semi-directa en vez del régimen representativo que establece el artículo 40 constitucional, y en la que ahora busca montarse hipócritamente la derecha calderonista para vaciarla de contenido, surgió como en el resto del mundo históricamente de la izquierda.

2. En la primera fase de la mesa 2 de los diálogos de San Andrés entre el Ejército Zapatista de Liberación Nacional y el gobierno federal, llevada a cabo del 21 al 25 de marzo de 1996 –y que fue interrumpida por los zapatistas ante la intemperancia del gobierno zedillista para seguir dialogando y los signos de que no quería cumplir lo acordado en la mesa 1–, como integrante del cuerpo de asesores del EZLN hice el planteamiento de acordar una verdadera reforma para garantizar los derechos políticos como derechos fundamentales de los mexicanos, modificar el artículo 41 para establecer las candidaturas ciudadanas, el 71 para que tuviesen los ciudadanos participación en el proceso de iniciativa y formación de las leyes y el 97 a fin de que pudiesen poner éstos en acción la maquinaria judicial para que se investigara cualquier violación del voto público.

3. En esta ponencia publicada en Democracia y Justicia. Diálogos de Sacam Ch’en (Ce-Ácatl, 1996, pp. 27-29), hice asimismo el planteamiento de que se estableciera en México el principio de la revocación del mandato, que en el país han rechazado con vehemencia el PAN y el PRI, y en el mundo la mayor parte de los partidos políticos; que no figura desde luego en la iniciativa de Calderón de 2010 que apoya Sicilia, y que es clamor de diversos sectores de mexicanos que no quieren verse obligados a sufrir a un mal gobernante por un periodo determinado cuando ha mostrado su venalidad o su incompetencia, como dan cuenta en nuestro país múltiples casos en los tiempos recientes, incluyendo el de Felipe Calderón.

4. En esta ponencia propuse que al lado de la democracia representativa se establecieran formas de democracia directa o semidirecta, desde el plebiscito y el referéndum, que de alguna manera han permanecido en los usos y costumbres de los pueblos indígenas de México, y que existen en buena parte de los regímenes euro-occidentales como vía para dirimir cuestiones legislativas de gran importancia, pero haciendo el señalamiento de que estos mecanismos deberían estar no en manos del poder, como lo pretende la propuesta de la derecha, sino del pueblo.

5. El EZLN, ante la cerrazón oficial, buscó desde entonces desarrollar estas prácticas de democracia directa y semidirecta en los territorios zapatistas, por lo que tales formas de toma de decisiones forman parte de manera cada vez más arraigada de la vida cotidiana de sus comunidades, en tanto que la derecha oficial buscó desde entonces tergiversar su sentido.

6. Al Estado policial que pretende Calderón ante la crisis económica y financiera que se avecina, le interesan ahora prioritariamente dos cambios: a) los tendientes a permitir la relección inmediata de diputados y senadores, exigidos desde hace años por Washington y el capital trasnacional para tener un cuerpo legislativo permanente y confiable, los que como se sabe son contrarios a nuestra historia, y que Carlos A. Madrazo como jefe del PRI logró echar abajo en 1965, y b) los de las candidaturas independientes, tanto para cumplir con el fallo de San José que condenó a México por no admitirlas, como para poder presentar como independiente en 2012 a un candidato del yunquismo y del PAN tras el fracaso de los llamados siete enanos, que ya no son más que seis.

7. Las candidaturas independientes son objeto de un manoseo por parte de la derecha, ya que en un régimen electoral determinado por el dinero y la impunidad de los medios, los grupos oligárquicos las ven como una salida ante la crisis de los partidos. En el perverso marco jurídico actual no se podrían propiciar candidaturas obreras o campesinas sino de grandes empresarios, por lo que atisbando esto, el ex canciller Jorge G. Castañeda intentó ser en 2006 candidato independiente por el financiamiento millonario que le brindara el magnate estadunidense George Soros. La clave de las candidaturas independientes está por lo mismo en modificar en profundidad las leyes y establecer reglas de equidad para equipararlas a las de los partidos, y éstos no están dispuestos a ello, pues sólo las quieren, como Calderón, en tanto que figura decorativa.

8. Una reforma no se limita a un simple enunciado sino que debe precisarse su sentido, lo mismo en la Constitución que en la ley reglamentaria, en este caso el Cofipe, y en la actualidad no es viable hacerlo, como quiere Calderón, antes de los comicios de 2012. No sólo por la falta de tiempo para discutirla sino por el principio legal de que la legislación no puede modificarse sino hasta seis meses antes del proceso. La propuesta formulada el 14 de julio por el académico Diego Valadés para darle la vuelta a esta regla, consignándola en la Constitución y, a pesar del acotamiento legal, disponiendo en un transitorio que ésta sería posible en 2012, no es viable, porque la misma no sería factible si no es reglamentada en la ley secundaria y modificadas las leyes en su conjunto.

9. Una contrarreforma política como la del PAN, apoyada por el movimiento de Sicilia, en vez de abrir vías de participación las restringiría fortaleciendo el régimen oligárquico. Lo que urge es por el contrario una amplia discusión sobre la reforma política que requiere nuestro país, pues los cambios hechos desde 1989 por la alianza de los salinistas y el PAN no abrió la vía a ninguna transición o democracia sino a otra forma de autoritarismo. El IFE y el tribunal electoral están desde entonces en manos de los partidos, y cuando este partido es el del gobierno, como ahora el PAN, todo sigue como antes del 88: el gobierno oligárquico lo controla todo. De ahí la urgencia de una verdadera reforma para que cambie el régimen autoritario y demagógico que asfixia al país, a la que se opondrían sin duda el PAN y el PRI y un sector del PRD,

10. Ante estas tentativas de los panistas para seguir confundiendo a los mexicanos, además de actuar hay que espetar por eso una vez más, con fuerza y claridad, un contundente: ¡Ya basta!

lunes, junio 06, 2011

America's Creeping Police State

Imperialism abroad is destroying what is left of our democracy at home. From warrantless wiretapping to warrantless door-busting, this is what a police state looks like.


The late Chalmers Johnson often reminded us that “A nation can be one or the other, a democracy or an imperialist, but it can’t be both. If it sticks to imperialism, it will, like the old Roman Republic, on which so much of our system was modeled, lose its democracy to a domestic dictatorship.” His warning rings more true by the day, as Americans watch the erosion of their civil liberties accelerate in conjunction with the expansion of the US Empire.

When viewed through the lens of Johnson’s profound insights, the Supreme Court’s recent ruling in Kentucky v. King makes perfect sense. On May 13, in a lopsided 8-1 ruling, the Court upheld the warrantless search of a Kentucky man’s apartment after police smelled marijuana and feared those inside were destroying evidence, essentially granting police officers increased power to enter the homes of citizens without a warrant.

Under the Fourth Amendment, police are barred from entering a home without first obtaining a warrant, which can only be issued by a judge upon probable cause. The only exception is when the circumstances qualify as “exigent,” meaning there is imminent risk of death or serious injury, danger that evidence will be immediately destroyed, or that a suspect will escape. However, exigent circumstances cannot be created by the police.

In this case, the police followed a suspected drug dealer into an apartment complex and after losing track of him, smelled marijuana coming from one of the apartments. After banging on the door and announcing themselves, the police heard noises that they interpreted as the destruction of evidence. Rather than first obtaining a warrant, they kicked down the door and arrested the man inside, who was caught flushing marijuana down the toilet.

The Kentucky Supreme Court had overturned the man’s conviction and ruled that exigent circumstances did not apply because the behavior of the police is what prompted the destruction of evidence. Tragically, an overwhelming majority of the Supreme Court upheld the Conviction. Writing for the majority, Justice Samuel Alito wrote that citizens are not required to grant police officers permission to enter their homes after hearing a knock, but if there is no response and the officers hear noise that suggests evidence is being destroyed, they are justified in breaking in.

In her lone and scathing dissent, Justice Ruth Bader Ginsburg agreed with the Kentucky Supreme Court, arguing that the Supreme Court’s ruling “arms the police with a way routinely to dishonor the Fourth Amendment’s warrant requirement in drug cases. In lieu of presenting their evidence to a neutral magistrate, police officers may now knock, listen, then break the door down, nevermind that they had ample time to obtain a warrant.” She went on to stress that “there was little risk that drug-related evidence would have been destroyed had the police delayed the search pending a magistrate’s authorization.”

Not only did the police instigate the destruction of evidence by banging at the door and shouting “Police, police,” but they could have easily obtained a warrant since they likely had probable cause. There is no reason to believe that delaying the search to obtain a warrant, as legally required, would have led to the destruction of evidence. This was pure laziness and contempt for the constitution on part of the officers.

An argument could be made that entering without a warrant saves money, time, and resources, especially if it’s obvious that a crime is being committed. However, the protection of our rights is worth the money, time, and resources. Living in a free society requires that we make these sacrifices, even at the peril of our safety if need be. In fact, I would argue that the wasting of money, time, and resources is the fault of a deeply flawed drug policy, not the protection of those pesky civil liberties always getting in the way of law enforcement.

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lunes, mayo 30, 2011

Comicios del miedo

En la segunda vuelta de las elecciones que se llevarán a cabo en Perú el próximo 5 de junio, los electores no parecen decidir su voto con base en las propuestas de los candidatos, sino en el miedo a lo que ellos puedan representar: en el caso de Keiko Fujimori, la repetición del régimen autoritario y represivo de su padre, Alberto Fujimori, quien purga una condena de 25 años de prisión por corrupción y delitos de lesa humanidad; y en el caso de Ollanta Humala, la dizque implantación de un modelo estatista y populista al estilo del de Hugo Chávez en Venezuela…

LIMA.- Los brasileños están de moda en las elecciones presidenciales peruanas. El candidato nacionalista Ollanta Humala contrató a dos asesores de imagen del Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil, Valdemir Garreta y Luis Favre, a los que se atribuye haber pertenecido al entorno del exmandatario Luiz Inácio Lula Da Silva.

Para estar en sintonía con su contrincante, con quien disputará la segunda vuelta el próximo 5 de junio, Keiko Fujimori convocó al llamado Profeta de América, Reinaldo Dos Santos, un viejo conocido de su padre, el expresidente Alberto Fujimori, a quien asesoró durante su régimen.

Dos Santos, quien supuestamente previó el ataque terrorista a las Torres Gemelas y los terremotos de Haití y Chile, se presentó en la televisión para adelantar que Keiko Fujimori ganará la elección presidencial. No había que ser adivino para sospechar cuál sería su pronóstico.

Lo cierto es que la disputa electoral es tan dura y confusa que es difícil advertir un resultado. Ni siquiera las encuestadoras se ponen de acuerdo. A una semana de la votación, los peruanos no han decidido qué camino elegir, según los sondeos. La empresa Ipsos Apoyo informó que 51.4% de los electores votaría a favor de Keiko Fujimori y 48.6% por Humala. Otra compañía, Imasen, por el contrario, atribuye a Humala 41.6% de los votos y a Fujimori 39.7%. En los dos casos se trata virtualmente de un empate técnico. Cualquiera puede ser el triunfador. Todo dependerá de 30.6% que todavía no sabe por quién votará.

Cualquiera que sea el que gane la segunda vuelta, Humala o Fujimori, uno de los dos gobernará inevitablemente un país dividido.

La herencia

Humala, excomandante del ejército, de 48 años, hijo de una familia andina, plantea la reforma del modelo económico que, según su diagnóstico, beneficia a los ricos en agravio de las mayorías empobrecidas y excluidas.

Por su parte, Keiko Fujimori, de 35 años, hija del expresidente de ascendencia japonesa Alberto Fujimori (1990-2000), condenado a 25 años de prisión por crímenes y corrupción, propone mejorar el sistema que instaló su padre mediante un golpe de Estado, el 5 de abril de 1992.

La lucha es desigual.

Fujimori recibe abiertamente el apoyo de poderosos e influyentes grupos económicos, entre ellos conglomerados de medios de comunicación, que consideran que Humala es una amenaza para mantener el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) a un promedio de 7% anual, uno de los más importantes del continente. Apuestan por la primogénita del expresidente porque es una garantía para que todo siga igual, sin importar el legado de crimen, corrupción y autoritarismo del régimen de Alberto Fujimori.

El 12 de febrero de 2009, Keiko afirmó que su padre “fue uno de los mejores presidentes del Perú”. Pero se vio obligada a corregir. Apenas el pasado 24 de abril manifestó que durante el mandato de éste “se cometieron errores que no vamos a repetir”.

Sin embargo, a pesar de los enormes esfuerzos de la candidata, la imagen de que representa la continuidad del estilo de su padre no se ha despegado de ella. Durante su gobierno, Alberto Fujimori se divorció de su esposa, Susana Higuchi, y su hija Keiko la reemplazó en el papel de primera dama hasta el derrumbe del régimen y la fuga de su progenitor a Japón.

Como parte del plan de Alberto Fujimori para regresar al poder en Perú, Keiko lanzó en 2005 un nuevo partido fujimorista: Alianza por el Futuro (AF), que lo lanzaría a la presidencia en 2006. Pero el proyecto se truncó cuando el 6 de noviembre de 2005 Alberto Fujimori voló de Tokio y aterrizó en Santiago de Chile con el propósito de reingresar a territorio peruano. Al día siguiente, las autoridades chilenas lo detuvieron debido a una solicitud de la justicia peruana. Se inició así su proceso de extradición que culminó el 21 de septiembre de 2007.

No obstante, en las elecciones de 2006 Keiko ganó una diputación. Obtuvo la mayor votación entre los candidatos a diputados.

El objetivo de un eventual gobierno de Keiko quedó en evidencia el 7 de abril del 2009, cuando la Corte Suprema de Justicia condenó a 25 años de cárcel a Alberto Fujimori por el asesinato de civiles cometido por un comando secreto de agentes del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE). Ella dijo en esa ocasión que indultaría a su padre en caso de que triunfara en las elecciones presidenciales.

Sin embargo, el pasado 10 de abril, cuando quedó en segundo lugar después de Humala en la primera vuelta electoral, Keiko juró que no daría la libertad a su padre. Además, sostuvo que no repetiría el modelo de gobierno de éste.

Pero sus críticos dudan de sus palabras. Tienen al menos un motivo: en la cúpula de Fuerza 2011 –el partido de Keiko– y en el “equipo técnico” de la candidata abundan los excolaboradores del régimen de Alberto Fujimori y de su exasesor de inteligencia, Vladimiro Montesinos.

Por ejemplo, Jaime Yoshiyama, presidente del Congreso durante el fujimurismo, es ahora secretario general de Fuerza 2011; César Luna Victoria, exministro de Industrias, es miembro del equipo de “Plan de Gobierno” de la candidata; Alejandro Aguinaga, exministro de Salud y médico personal de Alberto Fujimori, así como el excanciller Fernando de Trazegnies son asesores personales de Keiko.

Hasta mediados de este mes, Jorge Trellez, ministro de Educación durante el gobierno de Fujimori, fue el vocero oficial de la candidata. Fue despedido por cometer una pifia: dijo que durante el gobierno de Alberto Fujimori “nosotros matamos menos”.

El nuevo vocero de Keiko es Rafael Rey, quien también es candidato a la segunda vicepresidencia. En entrevista con Proceso, rechaza el presunto continuismo que representa la candidata: “Ella y su padre son dos personas distintas, totalmente diferentes. Keiko nunca ha intentado un golpe de Estado, en cambio Ollanta Humala lo ha intentado dos veces (cuando era comandante del Ejército en 2000, y presuntamente en 2005). Keiko ha pedido perdón por los errores de otros, mientras que Humala no ha pedido perdón por los actos violentos que se cometieron en su nombre en el levantamiento de Andahuaylas, en 2005, que causó la muerte de cuatro policías”, argumenta.

Los detractores de Keiko Fujimori, como los familiares de las víctimas de las masacres en Barrios Altos y La Cantuta, perpetradas por un escuadrón de la muerte que dirigía Montesinos, afirman que ella dará libertad no sólo a su padre, sino también a los militares que participaron en violaciones a los derechos humanos.

Sus temores no parecen infundados: en septiembre de 2010, cuando ejercía como ministro de Defensa, Rafael Rey promovió una ley para favorecer a los militares y policías acusados de cometer crímenes extrajudiciales durante la guerra interna (1980-2000), entre ellos varios que cumplieron funciones durante el gobierno de Fujimori. Debido al escándalo por la amnistía encubierta, Rey se vio obligado a renunciar. Reapareció como dirigente de Fuerza 2011, el nuevo partido de Keiko.

Cuando Proceso preguntó a Rafael Rey si era fundado el temor de un sector de la población de que el triunfo de Keiko implicaría el retorno de las prácticas antidemocráticas, respondió: “Por qué habría de tenerle miedo. Yo no encuentro un argumento para tenerle miedo. En cambio, sí se debe tener miedo de que Humala intente desconocer los resultados de la elección del 5 de junio, que cambie la Constitución, como Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa, y continúe avivando los ánimos y generando violencia. Espero que no, pero me gustaría escucharlo de su propia boca”.

Metamorfosis

La primera vez que el nombre de Ollanta Humala saltó a la prensa fue cuando encabezó un intento de golpe de Estado contra el desfalleciente gobierno de Alberto Fujimori, el 1 de octubre de 2000. En esa ocasión, Humala dirigía una unidad militar en Locumba, en el extremo sur del país. Humala reclamó la dimisión de Fujimori. Pocas semanas después, en medio de un escándalo de corrupción debido a que tenía cuentas bancarias secretas en Suiza, Fujimori se refugió en Japón y desde allí renunció el 21 de noviembre del mismo año.

El presidente provisional Valentín Paniagua (2000-2001) amnistió a Humala y luego el gobierno de Alejandro Toledo (2001-2006) lo designó agregado militar, primero en Francia y luego en Corea del Sur.

Sin embargo, fue destituido en diciembre de 2004, aparentemente porque dirigía un partido de izquierda radical.

A los pocos días, el 1 de enero de 2005, Antauro Humala encabezó un levantamiento armado y tomó la estación de la policía de Andahuaylas, en los Andes del sur, una de las zonas más pobres del país. Antauro demandó la renuncia del presidente Toledo y la restitución de su hermano Ollanta en el ejército. Cuatro días después, con un saldo de cuatro policías asesinados, se acabó la revuelta. Durante el juicio se estableció que Antauro Humala no había actuado por orden de su hermano Ollanta, quien no recibió condena alguna.

Ollanta Humala es hijo de Isaac Humala, un abogado marxista que aparece como personaje de la novela de Mario Vargas Llosa Conversación en La Catedral (1969). Ollanta fundó el Partido Nacionalista Peruano (PNP) y, en alianza con la organización de centroizquierda Unión por el Perú (UPP), se presentó a las elecciones presidenciales de 2006. Contra todo pronóstico, con un discurso repleto de reivindicaciones sociales, ajuste del modelo económico neoliberal y notoriamente populista, alcanzó el primer lugar y pasó a la segunda vuelta, en la que compitió con el expresidente Alan García, quien finalmente lo derrotó.

Para que no lo vinculen con líderes de la región, como el venezolano Hugo Chávez, el boliviano Evo Morales y el ecuatoriano Rafael Correa, ha suavizado su plan de gobierno original de cara a las elecciones presidenciales de 2011.

Incluso el premio Nobel Mario Vargas Llosa, quien en 2009 advirtió que si Humala y Fujimori se enfrentaban en una segunda vuelta sería como escoger entre el sida y el cáncer, está convencido de que el exmilitar ha sufrido un cambio ideológico y no representanta amenaza alguna. Más aún, sostiene que, por el contrario, Humala es una opción democrática y decente frente al continuismo de corrupción, crimen y abuso que encarna Keiko Fujimori.

Consultado sobre las diferencias radicales entre los proyectos de Humala y Fujimori, el vocero del candidato nacionalista, Daniel Abugattás, afirma a Proceso: “En primer lugar, tenemos un plan de gobierno que se refiere a la inclusión social. Básicamente queremos un gobierno que busca incluir a la población y sacarla de la pobreza. En cambio, el fujimorismo se limita a regalar cocinas, zapatos, arroz; es decir, a repartir asistencialismo puro. Nosotros proponemos una serie de medidas para generar empleo, empresas, asistencia social en educación, salud, ciencia, tecnología. Tenemos dos enfoques distintos, el nuestro es el del desarrollo de las personas y el otro es regalar a cambio de tener un cliente electoral”.

Los opositores a Humala sostienen que oculta una militancia izquierdista, una afiliación al dictador nacionalista, el general Juan Velasco Alvarado (1968-1975), que expropió el petróleo, aplicó una reforma agraria y tomó el control de la prensa. Y señalan que profesa admiración por el presidente Hugo Chávez, quien el pasado 30 de marzo dijo en conferencia de prensa que Humala “es un buen soldado”.

De acuerdo con sondeos de opinión, no votarían por Humala los electores que temen una repetición del velasquismo o la implantación del chavismo en Perú.

“No hay que tenerle miedo porque es una persona coherente y consecuente con la economía del día de hoy”, explica Abugattás. “Estos adjetivos de chavista y velasquista son producto de una campaña del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) manejado por el fujimorismo. Nosotros tenemos un programa de gobierno que garantiza el crecimiento económico y la libertad de empresa, además de libertad de expresión y de todas las libertades fundamentales de las personas. Nosotros no hemos sido dictadores, nosotros hemos nacido democráticos”.

Pero para Rafael Rey, Humala no ha cambiado: “Por supuesto, es el mismo Ollanta del andahuaylazo, el mismo admirador de Chávez que ahora lo niega. Las dos caras de la misma moneda. No ha cambiado. Es lobo con piel de cordero”, afirma.

En todo caso, a Keiko Fujimori le resultará muy difícil vencer a Humala. En la primera vuelta del pasado 10 de abril, de un total de 25 regiones, Fujimori ganó en siete. Humala se llevó la victoria en 15 regiones. Del total de mil 832 distritos peruanos, en 51% venció Humala y en 21% Fujimori. La valla impuesta por Humala es muy alta.

Fernando Tuesta, especialista en procesos electorales y director del Instituto de Opinión Pública de la Pontificia Universidad Católica, recuerda en entrevista con Proceso que una situación similar de polarización electoral se registró en 1962, entre la derecha representada por Fernando Belaúnde y la centroizquierda por Víctor Raúl Haya de la Torre, fundador de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA). Ganó el segundo, pero no superó el tercio de la votación y la elección quedó en manos del Congreso. Antes de que éste resolviera la situación, los militares dieron un golpe de Estado y convocaron a nuevas elecciones en 1963, que en esa oportunidad ganó Belaúnde. Los militares respiraron tranquilos en sus cuarteles.

El problema ahora radica en que tanto Fujimori como Humala deberán concertar con otras fuerzas políticas porque ninguno tiene mayoría en el Congreso. Los humalistas cuentan con 46 representantes de un total de 130 diputados y los fujimoristas suman 39.

“El mayor desafío para el ganador de las elecciones será captar el apoyo mayoritario del Congreso, que el gabinete tenga aceptación y que se consolide la concertación. El nuevo gobierno va a tener que tomar medidas inmediatas que busquen reducir las inseguridades”, explica Fernando Tuesta.

Sin embargo, una vez terminada la elección, el miedo no se disipará de la noche a la mañana.

“El triunfo de cualquiera despierta temores, particularmente porque son candidatos con bajo nivel de confianza. Necesariamente deberán forjar alianzas para aprobar leyes”, señala.

Además, sostiene que, “antes que cuestionar el modelo económico, la población exige que el nuevo gobierno responda a las demandas de un importante sector del país que considera o siente que las medidas del gobierno no son satisfactorias. Hay que imaginarse lo que pasará si no son satisfechas dichas demandas”.

COMENTARIO:

En Peru la derecha neoliberal esta implantando una guerra de miedo MEDIATICA en contra de Ollanta Humala. Se estan cuchareando las encuestas en favor de la fascista Keiko Fujimori para orquestar el fraude electoral el 5 de Junio......exactamente como sucedio FRAUDE: Mexico 2006!, todo con la intervencion de la CIA, USAID y como siempre, el puto imperio yanqui de por medio.

domingo, mayo 01, 2011

El gobierno secreto que dirige Estados Unidos

En el libro La route vers le nouveau désordre mondial, el profesor Peter Dale Scott recorre la historia del “Estado profundo” en Estados Unidos: la estructura secreta que dirige la política exterior y la política de defensa de ese país, más allá de las apariencias democráticas. En entrevista, el autor retoma la discusión sobre el grupo que organizó los atentados del 11 de septiembre de 2001 y que se financia a través del tráfico mundial de droga

Maxime Chaix / Anthony Spaggiari / Red Voltaire

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Un libro documenta la estructura secreta que dirige la política exterior y la política de defensa de Estados Unidos. El profesor Peter Dale Scott, su autor, recorre la historia del “Estado profundo” de ese país, cuya apariencia democrática es apenas una fachada. Este estudio ofrece la ocasión de poner bajo los reflectores al grupo que organizó los atentados del 11 de septiembre y que se financia a través del tráfico mundial de droga. Se trata de un libro de referencia cuya lectura aconsejan ya las academias militares y diplomáticas.

Red Voltaire (RV): Profesor Scott, ¿pudiera usted proporcionar una definición de “la política profunda” y explicar la diferencia entre lo que usted llama el “Estado profundo” y el “Estado público”?

Peter Dale Scott (PDS): La expresión “Estado profundo” viene de Turquía. Hubo que inventarla en 1996, después del accidente de un auto Mercedes que rodaba a toda velocidad y cuyos pasajeros eran un miembro del parlamento, una reina de belleza, un importante capitán de la policía local y el principal traficante de droga de Turquía, quien dirigía además una organización paramilitar –los Lobos Grises– que asesinaba gente. Se hizo entonces evidente que existía en Turquía una relación secreta entre la policía –que oficialmente estaba buscando al hombre que se encontraba en aquel auto con un jefe de la policía– y aquellos individuos que cometían crímenes en nombre del Estado.

El Estado para el que se cometen crímenes no es un Estado que puede mostrar su propia mano al público. Es un Estado escondido, una estructura secreta.

http://archivo.contralinea.info/2011/abril/230/fotos/gobierno-eu/libro.jpgEn Turquía lo llamaron el “Estado profundo”, y yo mismo venía hablando desde hace tiempo de la “política profunda”, así que utilicé esa expresión en mi libro La route vers le nouveau désordre mondial [El camino hacia el nuevo desorden mundial].

Definí la política profunda como el conjunto de prácticas y de disposiciones políticas, intencionales o no, habitualmente criticadas o no mencionadas en el discurso público, además de no reconocidas. Es decir que la expresión “Estado profundo” no es cosa mía. Se refiere a un gobierno paralelo secreto, organizado por los aparatos militares y de inteligencia, financiado por la droga, que se implica en acciones de violencia de carácter ilícito para proteger el estatus y los intereses del ejército de las amenazas que representan los intelectuales, los religiosos y, en ocasiones, el gobierno constitucional.

En La route vers le nouveau désordre mondial, adapto un poco esa expresión para referirme a la más amplia conexión que existe, en Estados Unidos, entre el Estado público constitucionalmente establecido y las fuerzas profundas que se mueven en segundo plano de ese Estado: las fuerzas de la riqueza, del poder y de la violencia que están fuera del gobierno.

Esa conexión podríamos llamarla la “puerta trasera” del Estado público, [puerta] que sirve de acceso a fuerzas oscuras situadas fuera del marco legal.

La analogía con Turquía no es perfecta, ya que lo que actualmente hemos observado en Estados Unidos no es tanto una estructura paralela, sino una amplia zona o ambiente de contactos entre el Estado público y fuerzas oscuras invisibles. Pero esa conexión es considerable, y se necesita una apelación como “Estado profundo” para describirla.

RV: Usted escribió La route vers le nouveau désordre mondial en momentos en que el régimen de Bush se hallaba en el poder y después lo reactualizó con vistas a la traducción al francés. ¿Piensa usted que el Estado profundo se ha debilitado, lo cual favorecería al Estado público, como resultado de la elección de Barack Obama? ¿O, por el contrario, se ha reforzado con la crisis y con la actual administración?

PDS: Después de dos años del gobierno de Obama, la influencia del Estado profundo, o más exactamente de lo que yo llamo en mi último libro La máquina de guerra estadunidense, ha seguido existiendo, como lo ha hecho bajo cada presidente de Estados Unidos desde la época de Kennedy.

Un importante síntoma de ello es la manera en que Obama, a pesar de su retórica de campaña, ha seguido ampliando el campo de aplicación del secreto dentro del gobierno de Estados Unidos y cómo ha seguido castigando a quienes lanzan llamados de alerta: su campaña contra Wikileaks y contra Julian Assange –quien no ha sido inculpado aún por el menor crimen– no tiene precedentes en la historia de Estados Unidos. Sospecho que el miedo a la publicidad que se percibe en Washington viene de que existe la conciencia de que las políticas de guerra de Estados Unidos están cada vez más desvinculadas de la realidad.

En Afganistán, Obama parece haber capitulado ante los esfuerzos del general Petraeus y de otros generales que querían garantizar que las tropas estadunidenses no comenzaran a retirarse de las zonas de combates en 2011, como había adelantado Obama cuando autorizó un aumento del número de soldados en 2009. El último libro de Bob Woodward, Las guerras de Obama, reporta que durante aquel largo combate que se produjo dentro de la administración para determinar si había que decidir una escalada militar en Afganistán, Leon Panetta, el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés), le aconsejó a Obama que “ningún presidente democrático puede ir en contra de los consejos del ejército… Así que hágalo. Haga lo que ellos le dicen”. Obama dijo recientemente a soldados estadunidenses en Afganistán: “Ustedes cumplen sus objetivos, ustedes tendrán éxito en su misión”. Este eco de testimonios anteriores –tontamente optimistas– de Petraeus muestra por qué no se hizo en la Casa Blanca una evaluación realista del desarrollo de la guerra en diciembre de 2010, a pesar del mandato recibido inicialmente.

Al igual que Lyndon Johnson antes que él, el presidente está atrapado ahora en un cenagal que no se atreve a perder, y que amenaza con extenderse a Pakistán, así como a Yemen, si no más lejos aún. Sospecho que las fuerzas profundas que dominan los dos partidos políticos son ahora tan poderosas, tan coincidentes y, sobre todo, están tan interesadas en las ganancias que la guerra genera, que un presidente está más lejos que nunca de oponerse a ese poder, ni siquiera ahora cuando se hace cada vez más evidente que la era de dominación mundial de Estados Unidos –al igual que sucedió en su tiempo con la de Gran Bretaña– está a punto de terminar.

En ese contexto, Obama –sin debate ni revisión– ha prolongado el estado de urgencia interna proclamado después del 11 de septiembre, con las drásticas limitaciones de los derechos civiles que ello implica. Por ejemplo, en septiembre de 2010, la Agencia Federal de Investigación tomó por asalto las oficinas de pacíficos defensores de los derechos humanos en Minneapolis y en Chicago: se basó en una decisión reciente de la Corte Suprema, según la cual, la libertad de expresión y el activismo no violentos reconocidos en la Primera Enmienda se convierten en crímenes si están “coordinados con” o “bajo la dirección” de un grupo extranjero designado como “terrorista”. En nueve años, el Congreso no se ha reunido ni una sola vez para discutir el estado de urgencia decretado por George W Bush después del 11 de septiembre, que, por lo tanto, permanece en vigor hoy en día.

http://archivo.contralinea.info/2011/abril/230/fotos/gobierno-eu/obama.jpgEn 2009, el excongresista Dan Hamburg y yo lanzamos una exhortación pública al presidente Obama para que pusiera fin al estado de urgencia y llamamos al Congreso a que realizara las audiencias que su responsabilidad requiere. Pero el 10 de septiembre de 2009, Obama, sin la menor discusión, prolongó nuevamente el estado de urgencia del 11 de septiembre y lo hizo de nuevo al año siguiente. Mientras tanto, el Congreso ha seguido ignorando las obligaciones que le impone su propio estatuto.

Un congresista explicó a uno de sus electores que lo previsto en la National Emergencies Act se ha hecho inoperante por causa de la Continuidad del Gobierno (Cog, por su acrónimo en inglés), un programa ultrasecreto destinado a organizar la dirección del Estado en caso de situación de urgencia nacional. El programa de la Cog fue parcialmente aplicado el 11 de septiembre por Dick Cheney, uno de los principales arquitectos de ese programa, desarrollado dentro de un comité que opera fuera del gobierno regular desde 1981. De ser cierto que las disposiciones de la National Emergencies Act se han hecho inoperantes por causa de la Cog, indicaría que el sistema constitucional de contrapoderes ya no se aplica en Estados Unidos, y que los decretos secretos predominan ahora sobre la legislación pública.

RV: En ese contexto, ¿por qué el Congreso de Estados Unidos no desempeña su papel en la limitación de los poderes secretos que se instauró después del Watergate? ¿Qué consecuencias tuvieron entonces la expulsión de Nixon y el fortalecimiento de la supervisión del Congreso sobre las operaciones secretas de los servicios de inteligencia estadunidenses?

PDS: La estrategia de Nixon para Vietnam consistió en tratar de obtener el apoyo del bando opuesto llegando a acuerdos estratégicos tanto con la Unión Soviética como con China. Esto encontró una violenta oposición tanto de los “halcones” como de las “palomas” en el seno de una nación profundamente dividida. Creo que los “halcones” provenientes tanto de la CIA como del Pentágono fueron partícipes de la crisis fabricada del Watergate, que dio lugar a la dimisión forzosa de Nixon.

Después del Watergate, las “palomas” del Congreso –al que se aplicó por entonces el sobrenombre de McGovernite– de 1974 implantaron cierto número de reformas en nombre de políticas más abiertas y públicas, aboliendo un estado de urgencia que se había mantenido desde la época de la guerra de Corea y estableciendo las restricciones jurídicas y legislativas sobre la CIA y sobre otros aspectos del gobierno secreto. Esas reformas tuvieron como respuesta una movilización concertada tendiente a revertirlas y a restablecer el statu quo.

Aquel debate político implicaba la existencia, en el seno de la dirección del país, de un desacuerdo entre los llamados “negociantes” y los “prusianos”, y la cuestión era saber si, después del fiasco de Vietnam, Estados Unidos debía esforzarse por volver a su anterior papel de nación prominentemente comerciante o si debía responder a la derrota de Vietnam con un aumento suplementario de sus fuerzas armadas.

Aquella lucha burocrática e ideológica fue, a la vez, una lucha por el control del Partido Republicano. Aquello terminó provocando la caída de Nixon y el gradual redireccionamiento –durante la presidencia de Ford– de la política exterior de Estados Unidos de coexistencia pacífica con la Unión Soviética hacia planes tendientes a debilitar y, posteriormente, a destruir –bajo la administración de Reagan– lo que este último llamó “el imperio del mal”. Fue así como, en octubre de 1975, la implicación muy probable de Dick Cheney y de Donald Rumsfeld en la revolución palaciega, que los historiadores designan como “Masacre de Halloween”, significó la derrota del republicanismo moderado de Nelson Rockefeller. Aquello significó esencialmente la reorganización del equipo de Ford, preparando así el fin de la distensión.

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Dick Cheney y Donald Rumsfeld, que por entonces dirigían el equipo de la Casa Blanca del presidente Gerald Ford, y controlaban el Departamento de Defensa, desempeñaron un papel decisivo en el triunfo final de los prusianos, al alejar a Henry Kissinger y nombrar como director de la CIA a George H W Bush, quien elaboró desde allí un nuevo estimado, más alarmista, de la amenaza soviética, dando lugar a la correspondiente explosión de los presupuestos de defensa y al sabotaje de la política de distensión. Desde entonces, hemos podido observar en la economía estadunidense una influencia cada vez más importante de lo que Dwight D Eisenhower había llamado, en el histórico discurso de fin de mandato que pronunció el 17 de enero de 1961, el “complejo militar-industrial”.

Hoy en día, estamos sometidos a un nuevo estado de urgencia ampliado, y la supervisión del Congreso sobre las operaciones secretas del Estado profundo de Estados Unidos se ha hecho casi inexistente. Por ejemplo, la supervisión con mandato jurídico del Congreso sobre las operaciones secretas de la CIA se ha evitado con éxito gracias a la creación, en 1981, del Joint Special Operations Command en el Pentágono, al igual que la supervisión sobre las operaciones que dirigió el general Stanley McChrystal antes de su nombramiento como comandante de las tropas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Afganistán.

RV: En su anterior respuesta, mencionó brevemente el importante papel de George Bush padre en el sabotaje de la política de distensión que había desarrollado Kissinger. Fue, sin embargo, muy breve el periodo de Bush a la cabeza de la CIA. ¿El reemplazo de George H W Bush por el almirante Stanfield Turner, más moderado, a la cabeza de esa Agencia incrementó el control de las operaciones secretas de los diferentes elementos del Estado profundo de Estados Unidos?

PDS: No, en lo absoluto. Sucedió lo contrario, ya que ciertos actores clave de lo que acabo de explicar, ya excluidos de la CIA como consecuencia de la nominación del almirante Turner, se buscaron una nueva “casa” y trabajaron para el Safari Club. Ésta era una organización secreta fuera de todo control que reunía a los directores de los servicios de inteligencia de numerosos países –como Francia, Egipto, Arabia Saudita e Irán. Estimulada esencialmente por el entonces director del espionaje francés, Alexandre de Marenches–. Esta organización tenía como objetivo completar secretamente las acciones de la CIA mediante la realización de otras operaciones anticomunistas en África, Asia Central y Medio Oriente, operaciones que escapaban a todo control del Congreso estadunidense.

Después, en 1978, Zbigniew Brzezinski –que no era miembro del Safari Club– desarrolló una forma de escapar al control del almirante Turner mediante la creación de una unidad especial de la Casa Blanca con Robert Gates, el actual secretario de Defensa, que era por aquel entonces un joven agente operacional de la CIA. Bajo la dirección de Brzezinski, oficiales de la CIA se aliaron a la agencia de inteligencia de Irán –la Organización de Seguridad e Inteligencia Nacional– para enviar agentes islamistas a Afganistán, desestabilizando así aquel país. Esto condujo a la invasión soviética de Afganistán en 1980.

La siguiente década, que se caracterizó por la implicación secreta de la CIA en Afganistán, fue determinante en la transformación de aquel país en un vivero de cultivo de la amapola del opio, del tráfico de heroína y del islamismo yihadista.

Hay muy buenos libros sobre ese tema –uno por Tim Weiner, el otro por John Prados–. Pero, como se dirigieron a oficiales de la CIA que les mostraron sólo algunos documentos que acababan de ser desclasificados, esos autores no hablan de la droga en sus libros.

La conexión de los narcóticos es tan profunda que no se menciona en los documentos de la CIA que se han hecho públicos. Pero la cooperación de la CIA, dirigida por William Casey desde 1981, con el banco de la droga Bank of Credit and Commerce International (BCCI), estimuló la creación en Afganistán de una inmensa narcoeconomía, cuyas consecuencias desestabilizadoras ayudan a explicar por qué hay soldados de la OTAN, afganos y pakistaníes muriendo diariamente en esos lugares.

El BCCI fue un enorme banco de lavado de fondos provenientes de la droga. Corrompía, con sus presupuestos y sus recursos, a políticos de primer plano en el mundo entero… presidentes, primeros ministros… Y una parte de ese dinero sucio –de eso no se habla mucho, pero es la realidad– llegaba a políticos en Estados Unidos, a políticos de los dos partidos; ésa es una de las principales razones que explican por qué nunca logramos que el Congreso abriera una investigación contra el BCCI. Hubo de hecho un informe del Senado que fue publicado, firmado por un republicano, Hank Brown, y por un demócrata, John Kerry. Brown felicitó a Kerry por haber tenido el coraje de escribir aquel informe cuando tantas personas de su partido estaban vinculadas con el BCCI.

http://archivo.contralinea.info/2011/abril/230/fotos/gobierno-eu/hekmatyar.jpgEste banco fue un factor primordial en la creación de conexiones con gente como Gulbuddin Hekmatyar, probablemente el principal traficante de heroína del mundo entero en la década de 1980. Se convirtió [Hekmatyar] en el principal beneficiario de la generosidad de la CIA, que se completó con una suma similar de dinero proveniente de Arabia Saudita. ¡Hay algo terriblemente nefasto en este tipo de situación!

RV: En 1976, Jimmy Carter fue electo con base en un programa de reducción de los gastos militares y de distensión con la Unión Soviética, lo que en realidad no se concretó en los cuatro años de su mandato. ¿Puede usted explicarnos por qué? ¿Será que su consejero de Seguridad Nacional, Zbigniew Brzezinski, desempeñó algún papel en aquella política exterior, sensiblemente más agresiva que lo que se esperaba?

PDS: Los medios de difusión presentaban a Carter como un candidato populista, como un granjero sureño cultivador de maní. Pero la realidad profunda era que Carter había sido preparado para la presidencia por Wall Street, particularmente por la Comisión Trilateral, financiada a su vez por David Rockefeller y dirigida por Zbigniew Brzezinski.

Brzezinski, un polaco furiosamente antisoviético, se convirtió entonces en el consejero de Seguridad Nacional de Carter. Y desde el principio de aquel mandato [Brzezinski], interfirió continuamente al secretario de Estado Cyrus Vance para mantener una política exterior más vigorosamente antisoviética. En ese aspecto, Brzezinski actuó en contra de los objetivos planteados de la Comisión Trilateral, de la que el presidente Carter había sido miembro.

La idea subyacente de la Comisión Trilateral era una imagen más bien atrayente de un mundo multipolar en el que Estados Unidos hubiese desempeñado un papel de mediador entre el Segundo Mundo, es decir el bloque soviético, y el Tercer Mundo, que era lo que en aquel momento se designaba como los países subdesarrollados o menos desarrollados ?yo detesto esa expresión porque viví en Tailandia y, en ciertos aspectos, ¡ellos están mucho más desarrollados que nosotros!

En resumen, al ser electo, Carter nombró como secretario de Estado a un verdadero trilateralista, Cyrus Vance, y tenía como consejero de Seguridad Nacional a Zbigniew Brzezinski, quien estaba decidido a utilizar el Estado profundo para hacerle a la Unión Soviética tanto daño como le fuera posible. Y la mayor parte de lo que se interpretó como los “éxitos” del régimen de Reagan claramente se inició en la época de Brzezinski.

Fue una renuncia total de aquello a lo que se había comprometido la Comisión Trilateral. El pobre Carter fue electo porque había prometido cortes en el presupuesto de Defensa y, antes de su salida [de la Casa Blanca], había metido al Departamento de Defensa en masivos aumentos presupuestarios que, una vez más, fueron asociados a Reagan, aunque en realidad habían comenzado antes.

Por consiguiente, una masiva campaña tendiente a un aumento de los presupuestos de defensa –campaña discretamente realizada por ricos industriales del aparato militar que actuaban a través del Comité sobre el Peligro Presente– llevó a la opinión pública estadunidense a fortalecer el esfuerzo de Brzezinski a favor de una presencia y de una política exterior estadunidenses más militantes, sobre todo en el Océano Índico.

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RV: Después de haber sido un hombre muy influyente con el presidente Gerald Ford, Dick Cheney –junto a su mentor Donald Rumsfeld y junto al vicepresidente George H W Bush– fue, a partir de la presidencia de Reagan, uno de los hombres claves del programa ultrasecreto Cog. ¿Puede usted explicarnos en qué consiste ese programa? ¿Ya se ha aplicado, aunque sea parcialmente?

PDS: Desde el comienzo de la presidencia de Reagan, en 1981, se creó un grupo secreto, fuera del gobierno regular, para trabajar sobre la llamada Continuidad del Gobierno o Cog; dicho de otra manera, en planes de la Cog destinados a organizar la gestión del Estado en caso de urgencia nacional. Ese programa era inicialmente una extensión de planes preexistentes destinados a responder a un ataque nuclear que decapitara la dirección de Estados Unidos. Pero antes del fin del mandato de Reagan, su orden ejecutiva número 12686 de 1988 modificó los términos [de dichos planes] para que cubrieran cualquier tipo de urgencia.

La Cog es otra de las cosas que se asocian a Reagan; pero aquellos planes en realidad comenzaron en la época de Carter, aunque es posible que este último nunca haya estado al corriente de ello. En efecto, Carter creó la FEMA [la Agencia Federal de Manejo de Situaciones de Urgencia], que históricamente siempre fue la estructura de planificación de la Cog.

Lo que resulta bastante chocante es que, aunque los planes de la Cog son extremos, el Congreso no estaba al corriente de ellos en la década de 1980. Sólo un pequeño grupo –en el que se encontraban Oliver North, Dick Cheney y Donald Rumsfeld– estaba encargado de trabajar en esos planes, en virtud de una orden ejecutiva altamente secreta de Reagan emitida en 1981.

La cuestión de la Cog se mencionó públicamente por primera vez en 1987, durante las audiencias sobre el escándalo Irán-Contras, cuando un miembro del Congreso, Jack Brooks, le preguntó a Oliver North: “Coronel North, en el marco de su trabajo en el Consejo de Seguridad Nacional, ¿no le asignaron a usted en un momento dado la planificación de la Continuidad del Gobierno en caso de un desastre de envergadura?”. Agregó el congresista Brooks: “Yo estaba particularmente preocupado, señor presidente, porque leí en varios diarios de Miami y en algunos más que había un plan elaborado, por esta misma agencia, un plan de contingencia en caso de urgencia que suspendería la Constitución de Estados Unidos. Aquello me inquietó mucho y me pregunté si era un aspecto en el cual había trabajado él. Yo creo que así es y quería tener esa confirmación”.

El senador Inouye, director de aquella comisión investigadora del Congreso, le respondió con un poco de nerviosismo: “Con todo respeto, ¿puedo pedirle que no se toque ese tema en este momento? Si queremos abordarlo, estoy seguro que pueden hacerse arreglos para una sesión ejecutiva”. Está claro que las preguntas del congresista Brooks eran sobre la Continuidad del Gobierno. Aquellos arreglos para la realización de una sesión ejecutiva nunca tuvieron lugar.

Cheney y Rumsfeld –dos figuras claves del programa de la Cog– siguieron participando en esos planes y ejercicios, muy onerosos, a lo largo de dos décadas sucesivas, incluso en momentos en que, hacia fines de la década de 1990, los dos eran directores de empresas privadas que nada tenían que ver con el gobierno. Se ha dicho que el nuevo blanco que sustituyó a la Unión Soviética fue el terrorismo, pero algunos periodistas han mencionado que desde principios de la década de 1980 había importantes planes destinados a hacer frente al tipo de manifestaciones que, según la mentalidad de Oliver North y de otros como él, habían llevado a la derrota de Estados Unidos en Vietnam.

Nadie duda que los planes de la Cog se hayan aplicado parcialmente durante el 11 de septiembre de 2001, paralelamente a un estado de urgencia proclamado oficialmente. Este último sigue aún en vigor al cabo de nueve años, a pesar de una ley posterior al Watergate que exige ya sea una aprobación o un cese de una urgencia nacional por parte del Congreso cada seis meses. Los planes de la Cog son un secreto celosamente guardado, pero en la década de 1980 hubo informes que señalan que esos planes implicaban medidas de vigilancia y detenciones sin mandato, así como una militarización permanente del gobierno. En cierta medida, esos cambios claramente se aplicaron después del 11 de septiembre.

No hay manera de determinar cuántos cambios constitucionales ocurridos desde el 11 de septiembre pueden tener su origen en la planificación de la Cog.

Sabemos, sin embargo, que nuevas medidas de aplicación de la Cog fueron instauradas nuevamente en 2007, cuando el presidente Bush emitió la National Security Presidential Directive 51 (Directiva Presidencial de Seguridad Nacional, o NSPD-51/HSPD-20). Esta directiva estipulaba lo que la FEMA posteriormente llamó “una nueva visión para garantizar la continuidad de nuestro gobierno”, y fue seguida por un nuevo Plan de Desarrollo de la Política de Continuidad Nacional.

La NSPD-51 invalidó también la PDD 67, que era la directiva de la Cog del decenio anterior elaborada por Richard Clarke, quien era por aquel entonces el zar del contraterrorismo en Estados Unidos desde la época de Clinton. En fin, la NSPD-51 hizo referencia a nuevos “anexos clasificados sobre la continuidad”, señalando que deben “ser protegidos contra toda divulgación no autorizada”.

Bajo la presión de algunos de sus electores que se habían movilizado a favor de la apertura de una verdadera investigación sobre el 11 de septiembre, el congresista Peter DeFazio, miembro de la Comisión sobre la Seguridad Interior, presentó dos pedidos para consultar esos anexos.

Su primer pedido fue rechazado. DeFazio presentó entonces un segundo pedido, mediante una carta firmada por el presidente de su Comisión. El pedido fue rechazado de nuevo. Una vez más, esto indicaría que el sistema constitucional de contrapoderes ya no se aplica en Estados Unidos y que los decretos secretos están ahora por encima de la legislación pública.

RV: En La route vers le nouveau désordre mondial, usted afirma que la Comisión Nacional Investigadora sobre el 11 de septiembre –cuyos miembros fueron nombrados por el gabinete de George W Bush y cuyo informe final fue redactado por el equipo del director ejecutivo Philip Zelikov– incurrió en repetidos engaños sobre el tema del 11 de septiembre, sobre todo en lo tocante a las actividades de Dick Cheney en aquella mañana. ¿Puede usted explicar ese aspecto en particular?

PDS: Inicialmente, George W Bush se resistió a toda investigación sobre el 11 de septiembre hasta que el Congreso impuso una Comisión Investigadora, en respuesta a una eficaz campaña de las familias de las víctimas. Thomas Kean y Lee Hamilton, directores de la Comisión, prometieron públicamente guiarse por las preguntas sin respuestas de las familias de las víctimas, como, por ejemplo, saber quiénes eran realmente los presuntos secuestradores de los aviones y cómo fue que se derrumbaron tres edificios del World Trade Center cuando uno de ellos ni siquiera llegó a recibir el impacto de un avión.

Finalmente, esas preguntas, al igual que otras muchas interrogantes, no llegaron a mencionarse. Asimismo, la Comisión recogió gran cantidad de testimonios contradictorios y, en muchas ocasiones, reescribió ciertos relatos. Bajo la estrecha supervisión de Philip Zelikov, el director de aquella Comisión, quien por mucho tiempo había sido empleado del gobierno en cuestiones de seguridad nacional, el Informe de la Comisión sobre el 11 de septiembre ignoró ciertas contradicciones y corrigió otras de una forma que fue cuestionada por numerosos críticos.

El Informe atribuyó la ausencia de respuestas [de la Defensa estadunidense] de aquel día a un caos y a una ruptura sistémicas, ignorando así otros testimonios de Cheney, según los cuales él desempeñó aquel día un papel preponderante. La Comisión ignoró igualmente importantes contradicciones y dudas sobre el testimonio que había prestado Cheney. Un tema crucial que la Comisión no investigó de manera explícita fue la aplicación de los planes de la Cog [durante los hechos] el 11 de septiembre.

Tampoco mencionó la Comisión de Estudios sobre el Terrorismo de Cheney –reunida por decreto de Bush en mayo de 2001– que fue citada como fuente de origen de una orden del Comité de Jefes del Estado Mayor Conjunto, que databa del 1 de junio de 2001. Aquella orden modificó [u obstaculizó, haciéndolas inoperantes] las condiciones de intercepción de los aviones secuestrados por parte de la Fuerza Aérea.

Para lograr su recuento restringido sobre la responsabilidad de Cheney [en lo sucedido] aquel día, la Comisión también restó importancia –y de manera flagrante– a varios recuentos de testigos oculares [que estaban] en completo desacuerdo con la cronología de la propia Comisión, particularmente los del director del contraterrorismo Richard Clarke y del secretario de Transportes, Norman Mineta.

RV: Gran parte de La route vers le nouveau désordre mondial trata sobre la geopolítica del petróleo, de la droga y del armamento y la manera como el Estado profundo estadunidense la maneja en Asia Central y en el Medio Oriente desde la época del presidente Carter. Sabiendo que la “guerra contra el terrorismo” perdura y se extiende hoy en más de 60 países –principalmente a través de operaciones secretas–, ¿cuáles son los verdaderos orígenes y objetivos de ésta?

PDS: Al principio de la “guerra contra el terrorismo”, estaba muy claro que los consejeros estratégicos de los dos partidos, al igual que los grupos de reflexión [think tanks, centros o institutos de propaganda y/o difusión de ideas políticas], como el Council on Foreign Relations, estaban preocupados por la necesidad de Estados Unidos en preservar su dominio histórico sobre los mercados petroleros mundiales. Produjeron documentos que apoyaban la idea de un incremento de la fuerza militar de Estados Unidos en la región del Golfo Pérsico, así como la idea de adoptar planes militares destinados, en particular, a ocuparse de Sadam Husein.

Hoy, la “guerra contra el terrorismo” ha seguido extendiéndose, y nos dicen que los militantes salafistas se han desplazado –como era de esperar– hacia nuevas regiones del mundo, sobre todo hacia Somalia y Yemen, para preparar sus represalias. La “guerra contra el terrorismo” se ha convertido en un ensayo para la actual doctrina estratégica de Estados Unidos tendiente a implantar un “dominio total”, como fue definida en el importante informe del Pentágono Joint vision 2020, llamando entonces a garantizar “la capacidad de las fuerzas estadunidenses, operando solas o con el apoyo de los aliados, para derrotar a cualquier enemigo y controlar cualquier situación mediante la gama de operaciones militares [disponibles]”.

Desde la Segunda Guerra Mundial, cada una de esas escaladas ha sido conducida por un lobby de la Defensa financiado originalmente por el complejo militar-industrial y actualmente por media docena de fundaciones de derecha que dispone de fondos ilimitados. Con el tiempo, su personal ha ido emigrando de grupo en grupo –el American Security Council, el Comité sobre el Peligro Presente, el Proyecto para el Nuevo Siglo Americano y, actualmente, el Center for Security Policy (CSP). Pero sus objetivos han ido ampliándose con el paso de los años: de maximizar la presencia estadunidense hasta restringir las libertades individuales para impedir la reaparición de cualquier tipo de movimiento antiguerra en Estados Unidos. Yo abordo la expansión de esta facción del sector de la defensa en mi más reciente libro La máquina de guerra estadunidense.

Esa agenda incluye cada vez más el macartismo, por no decir el fascismo. Cierto número de grupos está alimentando una histeria islamófoba que recuerda la histeria anticomunista de la década de 1950, llamando a una guerra aparentemente sin fin contra el Islam. Por ejemplo, el CSP publicó recientemente el documento Shariah, the threat to America, en el que proclama que la sharia es “la amenaza totalitaria de nuestra época”, con advertencias alarmistas sobre una “yihad infiltrada” y una “yihad demográfica”.

RV: Esa “guerra contra el terrorismo” –cuyos verdaderos fundamentos y objetivos están lejos de ser expuestos explícitamente por los gobiernos de los países miembros de la OTAN– comenzó en Afganistán, en 2001. En ese Estado, poderosos señores de la guerra aliados a Estados Unidos en la década de 1980 –época en la que los muyahidines combatían a las tropas soviéticas– son actualmente destacados actores del conflicto en “AfPak”, la entidad geopolítica que abarca Afganistán y Pakistán. Tomemos como ejemplo simbólico el caso de Gulbuddin Hekmatyar. La opinión pública de los diferentes países de la OTAN no parece darse realmente cuenta de quién es este señor Hekmatyar. ¿Puede usted proporcionarnos información sobre él? En su opinión, ¿cómo simboliza [Hekmatyar] el peligro que representa una política exterior estadunidense que, por falta de control legislativo y de visibilidad pública, ha provocado la explosión del tráfico de droga a nivel global?

PDS: Al disponer de pocos agentes leales en Afganistán, Estados Unidos decidió realizar su Operación Ciclón a través de los que estaban a la disposición de la Inter-Services Intelligence (ISI, los servicios secretos pakistaníes). Pakistán, temiendo a su vez a los reclamos de los verdaderos nacionalistas afganos que reivindican sus propios territorios fronterizos, dirigió el volumen de las ayudas provenientes de Estados Unidos y de Arabia Saudita hacia dos extremistas cuya base de apoyo en Afganistán era muy restringida: Abdul Rasul Sayyaf y Gulbuddin Hekmatyar.

Este último, miembro de la etnia pashtún y de la tribu ghilzai, originario del Norte de pashtún, fue entrenado inicialmente para la resistencia violenta bajo la dirección de los pakistaníes. Fue, al parecer, el único líder afgano que reconoció explícitamente la línea Durand, que define la frontera entre Afganistán y Pakistán. Para compensar el apoyo que no tenían entre la población local, Sayyaf y Hekmatyar cultivaron y exportaron opiáceos de forma masiva en la década de 1980, también con apoyo del ISI.

Fue por esa misma razón que los dos colaboraron con los muyahidines extranjeros –es decir, con los iniciadores de Al Qaeda– que por entonces afluían hacia Afganistán, y Hekmatyar parece haber desarrollado una estrecha relación con Osama bin Laden. Aquella afluencia de fundamentalistas wahabitas y deobanditas provocó el debilitamiento de la versión tradicional sufista del Islam local.

Durante la campaña antisoviética, las fuerzas de Hekmatyar asesinaron a personas que apoyaban a Ahmed Shah Masud, la principal amenaza para los planes de Hekmatyar –que contaban con el apoyo del ISI–, que consistían en dominar el Afganistán postsoviético. Después de la retirada de estos últimos, la CIA –actuando en contra de las recomendaciones del Departamento de Estado– utilizó también a Hekmatyar para impedir la constitución de un gobierno de reconciliación nacional, lo cual condujo a una guerra civil que provocó la muerte de miles de personas en la década de 1990.

Desde la invasión de Estados Unidos contra Afganistán en 2001, Hekmatyar ha dirigido su propia facción de combatientes para obtener una retirada de las tropas de la OTAN, aunque parece más abierto que los talibanes, en cuanto a integrarse a un gobierno de coalición dirigido por el actual presidente Hamid Karzai. En Washington, importantes funcionarios de la Defensa –como Michael Vickers– aún se refieren a la Operación Ciclón como “la acción clandestina más exitosa” en la historia de la CIA.

No parecen preocupados por el hecho de que ese programa de la CIA haya contribuido a generar y a desencadenar algo como Al Qaeda –la nueva justificación postsoviética para los aumentos sin precedentes de los presupuestos de defensa– ni tampoco por haber conferido a Afganistán su actual papel de principal fuente mundial de heroína y hachís.

RV: En conclusión, ante la situación financiera, económica, política, social e incluso moral existente en Estados Unidos, así como en numerosos países a través del mundo, ¿tiene usted confianza en el futuro? ¿Ve usted indicios estimulantes de una mayor influencia de lo que usted llama la “voluntad prevaleciente de los pueblos” en la toma de decisiones políticas, un proceso que es hoy por hoy más oligárquico que nunca?

PDS: Se dice que deberíamos ver cada crisis como una oportunidad. La crisis de Estados Unidos, que es también la del mundo, pudiera ser ciertamente la ocasión de introducir reformas de gran envergadura en los procesos del capitalismo de mercado que engendraron diferencias tan grandes entre los muy ricos y los muy pobres. Desgraciadamente, debido a esos procesos, las políticas tradicionales y los métodos de movilización se han hecho más ineficaces, aun de lo que ya eran anteriormente.

En La route vers le nouveau désordre mondial, defiendo que importantes cambios sociales son posibles cuando la opresión da lugar a la formación de una opinión pública unida –o de lo que llamo “la voluntad prevaleciente de los pueblos”– en oposición a esa opresión. Hago referencia a ejemplos como el movimiento por los derechos cívicos en el Sur de Estados Unidos o el movimiento polaco Solidarnosc.

Desarrollos tecnológicos como internet han facilitado más que nunca la unión de las personas tanto a nivel nacional como a nivel internacional. Pero la tecnología ha perfeccionado también los instrumentos autoritarios de vigilancia y represión, haciendo la movilización activista más difícil que antes. Por consiguiente, el futuro es muy incierto. Pudiera decirse que el sistema global actual está más inestable que nunca y que es posible que algún tipo de prueba de fuerza logre cambiarlo.

En todo caso, yo estoy convencido de que estamos viviendo un periodo particularmente estimulante. La juventud debe continuar uniéndose como siempre lo ha hecho a movimientos que aspiran al cambio social y a crear nuevos espacios propicios al intercambio global. Y, por sobre todo, no hay ninguna excusa para la desesperación.

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El autor

Nacido en Montreal en 1929, Peter Dale Scott es un exdiplomático, poeta y autor canadiense. Es también profesor emérito de literatura inglesa en la Universidad de Berkeley, California. Es conocido por sus posiciones contra la guerra y por sus críticas sobre la política exterior de Estados Unidos. Peter Dale Scott es además un autor y analista político reconocido tanto por la crítica como por sus colegas, entre los que se encuentra su amigo Daniel Ellsberg, reconocido a su vez como “el hombre que hizo caer a Nixon”.

Fuente: Contralínea 230 / 24 de abril de 2011