domingo, junio 01, 2008

Gobiernos panistas y deterioro de Pemex

Editorial

De acuerdo con datos que se desprenden de un informe oficial presentado el pasado jueves, a partir de la llegada del Partido Acción Nacional al poder Petróleos Mexicanos (Pemex) ha acusado un severo deterioro que al día de hoy lo coloca en una situación alarmante: entre 2000 y 2008, la paraestatal pasó del lugar seis al 11 entre las principales empresas petroleras del mundo, sus niveles de producción han ido a la baja, no ha habido avance en campos estratégicos como el de la refinación, y sus reservas probadas de petróleo han sufrido un desplome acelerado.

Significativamente, durante ese mismo periodo las condiciones para la explotación petrolera han sido por demás favorables –los costos de producción son bajos y los precios internacionales del crudo se han mantenido altos–, por lo que la debacle de Pemex parece obedecer más a una política deliberada de abandono, desmantelamiento y empobrecimiento, iniciada desde el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, pero agudizada por las administraciones de Vicente Fox y de Felipe Calderón.

En efecto, como el mismo reporte da cuenta, entre 2000 y 2008 la deuda de la paraestatal se duplicó y el monto que la empresa pagó al fisco asciende a unos 4 billones de pesos, equivalente a más de 40 por ciento del producto interno bruto mexicano para el año 2007. Ambos elementos se encuentran relacionados y configuran una especie de círculo vicioso: al tener que otorgar la mayoría de sus ingresos a las arcas públicas, Pemex se ve imposibilitado de realizar inversiones con recursos propios, y eso lo obliga a contraer deudas cada vez más grandes con la iniciativa privada. Sus carencias presupuestales en las últimas décadas, y la política fiscal de saqueo que el gobierno ejerce sobre el organismo, aunado a la corrupción que prolifera, desde hace mucho tiempo, en su administración, son lastres para el desarrollo de la industria petrolera nacional que no han sido combatidos en las dos administraciones panistas; por el contrario, se han agudizado en forma preocupante.

Por lo demás, los datos mencionados cobran relevancia en el contexto en que se discute una iniciativa de reforma, presentada por el titular del Ejecutivo federal e impulsada por el blanquiazul, que pretende entregar segmentos enteros de la industria petrolera nacional a particulares. Los argumentos para sustentar dicha propuesta parten precisamente de la situación alarmante que enfrenta la empresa, pero tienden a soslayar que es urgente atacar las causas que la originan. En más de una ocasión el actual gobierno ha sostenido que los recursos que provienen de Pemex son indispensables para mantener a flote el país. La administración calderonista incluso ha llegado al chantaje, al afirmar que, para dotar a la paraestatal de los recursos que necesita, tendría que retirarlos de otros rubros como el gasto social, la salud y la educación, sin mencionar que sería posible obtenerlos si se eliminaran los gastos suntuosos de la administración pública, si se redujeran los elevadísimos sueldos de sus funcionarios, pero sobre todo si se implantara un régimen fiscal eficiente.

En suma, los elementos mencionados ponen de manifiesto la inconsecuencia del grupo en el poder al permitir e incluso fomentar el deterioro sostenido de Pemex, y ahora presentar, en los medios y en el Congreso, la pretendida necesidad de “fortalecer” a la empresa por medio de una iniciativa de reforma privatizadora. La falta de disposición y de voluntad política de los gobiernos panistas para frenar el dispendio en el gasto público, para asumir efectivamente una política de austeridad que trascienda la retórica, para combatir a la mafia que controla el sindicato petrolero –que ha gozado de impunidad en las últimas administraciones–, y para gravar a los dueños de las grandes fortunas –aliados tradicionales del partido en el poder–, da cuenta de que en materia petrolera sus intereses no están dirigidos al “fortalecimiento” de la industria de los hidrocarburos, sino acaso a la promoción de los negocios de sus socios y aliados nacionales e internacionales.

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