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domingo, octubre 16, 2011

AMLO con José Díaz Balart (Telemundo)

Andrés Manuel López Obrador es entrevistado por José Díaz Balart en el programa "Enfoques" de Telemundo.

http://youtu.be/6gPp0iac2Ew


http://youtu.be/TfTI8T7qYV8


http://youtu.be/J9J8eGNUqOY


http://youtu.be/pwG5Il80enQ


http://youtu.be/Aa4_NCfO_cc


http://youtu.be/mhRkdaV5EvU

domingo, mayo 22, 2011

Militares contra García Luna y su Equipo

García Luna y Galván Galván. División.

Jorge Carrasco Araizaga

MÉXICO, DF., 22 de mayo (apro).- La intentona propagandística del secretario de Seguridad Pública Genaro García Luna y Televisa es un fracaso más de la estrategia de la actual administración en su “guerra a las drogas”.

Lejos de construir una imagen favorable de la Policía Federal, la serie televisiva El Equipo profundizó la división al interior del gabinete de seguridad nacional.

El anuncio de su próxima salida del aire, luego de una temporada de 15 capítulos, indica que ni con la ficción se puede sostener la estrategia violenta a la que Felipe Calderón se aferró a pesar del alto costo en vidas e institucional.

A decir de la retahíla de comerciales que han acompañado a la transmisión, fue más en beneficio comercial de Televisa que para la imagen de los más de 30 mil hombres que tiene García Luna en la Policía Federal.

El programa, que gozó del horario estelar de la televisora, generó molestia y reclamos principalmente entre miembros de las Fuerzas Armadas, cuyos altos mandos tienen diferencias con García Luna desde el principio del gobierno de Felipe Calderón.

Los militares nunca han confiado en él “por sus antecedentes” en la Procuraduría General de la República, donde el expresidente Vicente Fox lo hizo director de la desaparecida Agencia Federal de Investigaciones (AFI). Se lo dijeron desde un principio a Calderón.

¿Qué le debe o qué le sabe García Luna a Calderón para hacerlo el hombre fuerte a quien le confió “todos los juguetes” en su “guerra al narcotráfico”? Es una pregunta recurrente en la milicia.

Confrontados entre sí, los secretarios de la Defensa Nacional, el general Guillermo Galván Galván, y el de la Marina, Armada de México, el almirante Mariano Sáynez Mendoza, esta vez tuvieron motivos de coincidencia.

La producción televisiva de García Luna, quien dispuso de las instalaciones y otros bienes públicos en beneficio de la empresa de Emilio Azcárraga, hizo suyos hechos en los que la Policía Federal fue del todo ajena, sencillamente porque no existía. Peor aún, se dedicó a denigrar a los militares.

Las historias de “éxito” que presentó fueron claras adaptaciones de sucesos en los que los protagonistas en la vida real fueron efectivos de las Fuerzas Armadas, particularmente del Ejército.

El general Galván es el más agraviado por las repetidas alusiones negativas al Ejército desde el primer capítulo de la ficción. Laureado recientemente por el gobierno colombiano, que carga con graves violaciones a los derechos humanos en su propia guerra al narco, García Luna hizo pública su afrenta con el general secretario en las pantallas de televisión.

La Cámara de Diputados está obligada a llamar a cuentas a García Luna. No sólo por los recursos de la secretaría que puso a disposición del monopolio televisivo, sino por ser el responsable de las políticas de seguridad en el país y el fracaso de sus tácticas de propaganda, más allá de los escenarios que ha creado para mostrar “éxitos” en la vida real de la Policía Federal.

Los diputados disponen ya incluso de los resultados de la Auditoría Superior de la Federación, en el que apenas en febrero pasado el ente fiscalizador de ese brazo del Poder Legislativo dio a conocer las fallas y omisiones de García Luna.

La “guerra psicológica” desarrollada por los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial y que durante más de medio siglo ha sido exitosa gracias a la poderosa industria del cine y la televisión estadounidense, ha logrado el objetivo de ganar apoyo en su sociedad.

En su ambición de colgarse todas las medallas, García Luna exacerbó las peleas entre los encargados de dar seguridad al país, mientras se mantiene la percepción social de que la estrategia de Calderón sencillamente no ha funcionado.

Irónica, cínicamente, la propia Televisa lo confirma. La transmisión de La Reina del Sur –producida por Telemundo– otra ficción sobre en torno al narco, pero ésta dedicada a la vida de una narcotraficante, está entre las series más vistas en México. Perniciosa e hipócrita, Televisa es la única que gana, como siempre, al amparo del poder.

“El Equipo”, fuera del aire

La Redacción

MÉXICO, D.F., 23 de mayo (apro).- La serie televisiva “El Equipo”, cuya esencia es ensalzar a la Policía Federal, saldrá del aire este viernes.

Televisa anunció el fin de la serie, con apenas tres semanas de transmisiones.

El periodista de Proceso, Jorge Carrasco, anticipó que altos mandos del Ejército mexicano estaban inconformes por la difusión de la serie que defendía el desempeño del secretario de Seguridad Pública Genaro García Luna.

“El programa, que gozó del horario estelar de la televisora, generó molestia y reclamos principalmente entre miembros de las Fuerzas Armadas, cuyos altos mandos tienen diferencias con García Luna desde el principio del gobierno de Felipe Calderón.

“Los militares nunca han confiado en él ‘por sus antecedentes’ en la Procuraduría General de la República, donde el expresidente Vicente Fox lo hizo director de la desaparecida Agencia Federal de Investigaciones (AFI). Se lo dijeron desde un principio a Calderón”.

Desde su aparición, la serie provocó dudas en la clase política, al sospechar que era patrocinada con recursos públicos de la dependencia dirigida por García Luna.

Arturo Santana Alfaro, presidente de la Comisión de Participación Ciudadana e integrante de la Comisión de Seguridad Pública de la Cámara de Diputados, exigió que el programa saliera del aire y se castigara a García Luna, aunque previó: “Es difícil que se haga algo contra el supersecretario García Luna, que hace lo que quiere con toda impunidad”.

martes, enero 06, 2009

Televisa-Univisión, la guerra de telenovela



MÉXICO, D.F., 6 de enero (apro).- Un nuevo capítulo en el matrimonio por conveniencia que firmaron en los noventa Univisión y Televisa, los dos gigantes de la televisión de habla hispana, está a punto de desembocar en un verdadero culebrón, al estilo de Las tontas no van al cielo y sin el sentido del humor de Betty, la fea. Por supuesto, ninguno de los protagonistas está Destilando amor.En el fondo, se trata de la disputa por el mercado más importante -en términos publicitarios y de crecimiento- de audiencia en la televisión norteamericana: la población hispanoparlante. Por lo menos 26% de esta comunidad de 40 millones de personas -la mayoría de origen mexicano- se ha convertido en un sector de alto poder de compra. Y son los latinos de segunda generación los que tienen las tasas de crecimiento en consumo y aprovechamiento más altas del país.La historia del melodrama se remonta a los orígenes de la incursión de Televisa en el mercado norteamericano. La empresa de los Azcárraga siempre visualizó su mayor crecimiento en el país vecino. Sin embargo, Emilio El Tigre Azcárraga se equivocó de socios, quiso tratar a sus trabajadores de Spanish Internacional Network (SIN, el origen de Univisión) como lo hacía en México y siempre tuvo el candado legal de la nacionalidad para poseer el control directo de una cadena televisiva en suelo yanqui.Amo y señor de los favores políticos en México, El Tigre pretendió construir en territorio norteamericano un monopolio a escala de lo que es Televisa en México, pero el sistema estadounidense no era igual al PRI ni el presidente norteamericano podía intercambiar favores por lealtad. Azcárraga tuvo que buscar socios y ceñirse a las reglas del juego en territorio americano.La sociedad más exitosa fue con Joe Perencchio para fundar Univisión en 1986, año en el que SIN cambió de nombre. El esquema no sonaba mal: ante la imposibilidad legal de que Azcárraga tomara el control, Perencchio fue la cara legal, administró la compañía y Televisa suministró los contenidos fundamentales para ganar rating y publicidad. Los Azcárraga tuvieron el 11% de las acciones de Univisión y firmaron en 1992 un contrato de exclusividad para proveer contenidos hasta el 2017. Gracias a las telenovelas y a otros programas del corte típico de Televisa, Univisión alcanzó el 65% del control de la audiencia hispana en Estados Unidos y se convirtió en la cuarta cadena televisiva más importante -después de NBC, CBS y ABC. Su competencia, Telemundo, adquirida después por General Electric-Universal-NBC, no pudo sobrepasar el 27% de las audiencias hispanas.En 2004, Emilio Azcárraga Jean, El Tigrillo, decidió que la sociedad con Perencchio era más benéfica para la parte norteamericana que para Televisa. Buscó adquirir un control mayor de Univision, a pesar del candado de la Comisión Federal de Telecomunicaciones (FFCC), que le impide a un extranjero tener más de 25% de las acciones de una industria estratégica, como es el caso de los medios de comunicación masiva.Adquirió una residencia en Miami con miras a tener la nacionalidad estadounidense e intentó nombrar a Bernardo Gómez, su hombre de confianza, como presidente y director ejecutivo de Univision.El "factor Bernardo" se convirtió en parte sustancial del melodrama. Hubo una revuelta interna en Univisión y Perencchio decidió nombrar a Ray Rodríguez en lugar de Gómez, desafiando al Tigrillo. La ruptura sobrevino en febrero de 2005, cuando Azcárraga Jean demandó a Perencchio en una Corte de California, por al menos 1.5 millones de dólares, por supuesta violación de contrato en el pago de regalías y el pago de 115 millones de regalías por los espectáculos, telenovelas y transmisiones deportivas que Televisa provee a Univisión.En paralelo, Perencchio decidió poner a la venta su participación accionaria -de más de 50%- en Univisión. En junio de 2006, en pleno proceso electoral en México, Televisa recibió un duro golpe: perdió la posibilidad de comprar Univisión ante la oferta de 12,300 millones de dólares que presentó un grupo capitaneado por Haim Saban, creador de los Power Rangers, y un conglomerado de fondos de inversión.Televisa siguió adelante con la demanda presentada en 2005 y con el proceso de venta del 11% de sus acciones en Univisión. En abril y en julio de 2008 se suspendió en dos ocasiones el juicio, pero ahora, 6 de enero de 2009, el desenlance del divorcio comienza a escribirse.Televisa alega que Univisión le debe 118 millones de dólares -de los que a regañadientes le han pagado 8 millones de dólares-, más 80 millones de dólares por daños y perjuicios por comerciales no vendidos que fueron usados por subsidiarias de Univisión.Si la televisora estadounidense pierde, no sólo deberá pagar, sino que se anulará el contrato de exclusividad hasta 2017, con lo que Televisa puede destinar sus 8 mil horas de programación anual a otra televisora en Estados Unidos. Y todos los observadores apuntan a que ese posible beneficiario sería Telemundo, la cadena rival de Univisión.Telemundo y Televisa se convirtieron en socios después de un frustrado intento de la empresa de General Electric por adquirir en México la "tercera cadena" televisiva. Pudo más el veto y la bota de Televisa que la aspiración de Telemundo. El desenlace de este melodrama puede ser mucho más complicado del que ambas partes esperan. Sobre todo porque no está en juego la calidad de los contenidos, sino el control de las audiencias y del rating, en medio de secretos empresariales que, como los secretos de familia, comenzarán a ventilarse como en un final de telenovela.