viernes, julio 13, 2007

Obsesión electoral

Julio Hernández López

Debilitar al PRD en el DF
2009, la meta (intermedia)
Sigue temporada de canto chino

El secretario de Acción Electoral del comité panista del Distrito Federal, licenciado Felipe Calderón, mantiene una estrategia de confrontación con el jefe del gobierno capitalino, porque quiere abrir paso en 2009 a candidatos blanquiazules que rompan la hegemonía perredista. A juicio del panista michoacano, los habitantes de la ciudad de México estarían en vías de cambiar de opciones partidistas luego del estigmatizado plantón poselectoral Zócalo-Reforma, y a partir del bombardeo mediático que pretende etiquetar a quienes votan por el PRD como cómplices de marchas entorpecedoras de vialidades y de políticas controvertidas como las relacionadas con sociedades de convivencia y aborto (la mayoría de esos votantes a favor del sol azteca lo hacen sin pertenecer a ese partido, e incluso a pesar de él y su fauna parasitaria, pero asumiendo que no hay mejor alternativa a la vista).

Así como Vicente Fox volcó erario y discursos para inducir a los mexicanos a cambiar de jinete, pero no de caballo, ahora el jockey sustituto se afana en promover que los ciudadanos de chilangolandia le entren a una mudanza integral, tanto de cuaco como de conductor hípico. En ese sentido, el Presidente LegaL de México se ha convertido en un crítico frecuente de las acciones del anterior gobernante capitalino, de apellido López Obrador, y del sustituto camachizado de nombre Marcelo. En el horizonte estratégico del activista Calderón están las elecciones intermedias a las que el pequeño vehículo antibúdico de Los Pinos considera básicas en función de que el PAN podría recuperar terreno, sobre todo en enclaves como el Distrito Federal, y obtener una mayoría en las cámaras que diera respiro y apoyo a las iniciativas calderónicas hasta ahora naufragantes o chantajeadas por cuanto factor de poder se siente en condiciones de hacer bursátil su apoyo a la presidencia débil y breve (hasta los santos varones de la jerarquía católica han creído que es hora de cobrar favores hechos y por hacer, planteando una contrarreforma constitucional que establecería una especie de república confesional o neocristera. Sus santidades pretenden incluso que el Estado mexicano cobre los diezmos o cuotas religiosas para luego entregarlas a los administradores eclesiásticos).

El destinatario de las pasiones políticas exterminantes de Los Pinos, Marcelo Ebrard, es el único de los mandatarios formalmente llevados al poder por el PRD que no reconoce la legitimidad presidencial de Felipe Calderón, aunque en términos de pragmatismo mantiene comunicación y relación con funcionarios y operadores del equipo que maneja el Poder Ejecutivo federal. No posee aún Ebrard los tamaños que a esas alturas del gobierno capitalino tenía López Obrador, y en demérito de las aspiraciones presidenciales de Marcelo está el hecho de que el propio Andrés Manuel trabaja diariamente para preservar su viabilidad y ser nuevamente candidato en 2012, pero evidentemente el hijo político de Manuel Camacho tiene características que le hacen un obligado aspirante a la disputa por la postulación del sol azteca al relevo de Felipe Calderón. Ya sea para dañarlo específicamente a él (Marcelo navega en aguas de la ''izquierda bonita'', declarativamente social, pero al mismo tiempo ''moderna'' como para atraer a segmentos de clase alta y media, a empresarios e inversionistas) o para romper su sostenida alianza con AMLO, pero el jefe del gobierno capitalino está en la mira de una derecha desesperada que sueña con proyectos expansivos sin darse cuenta de su realidad restrictiva y diariamente empequeñecida. En esa guerra electoral desde Los Pinos muchos peligros aún pasará la capital del país, incluso el riesgo de catástrofes anunciadas e inducidas que servirían para ''demostrar'' a los ciudadanos el alto costo de la ''terquedad'' de Ebrard Casaubon.

Astillas

¡Oh, sí! ¡Qué casualidad, coincidencia, eventualidad o chiripa! Cinco mil integrantes del castrense Cuerpo de Fuerzas de Apoyo Federal han entrado ya en acción, luego del ataque de los comandos populares AntiYeGon en ductos petroleros. El mencionado cuerpo militar de elite fue creado apenas dos meses atrás, el 9 de mayo y, merced a los fuegos artificiales chinos, ya tiene justificación para actuar. Por cierto, es notable la disposición del gobernador de Querétaro, el patroncito Francisco Garrido, a aceptar que en esa entidad sí hay eperristas; no muchos, más bien pocos, o algunos, o ninguno, pero sí los suficientes como para decir que
sí es cierto lo de los guerrilleros malvados que crean caos y atacan las propiedades del pueblo. El melómano Javier Lozano Alarcón, mientras tanto, ha viajado a Nueva York con la esperanza de matizar el canto de algún abogado de chinos y, de ser posible, de negociar temporadas no de ópera política sino de silencios concertados del tenor de golpes bajos, el paisano seudoefedrino Ye Gon...

Las fiscalías especiales son muy gastadas tretas institucionales en busca de dar atole con el dedo aparentando que atienden con ánimo justiciero ciertos asuntos delicados o complicados. Allí está el ejemplo de Ignacio Carrillo Prieto que, según eso, estaba destinado a esclarecer los crímenes de guerra sucia del pasado remoto. El titular de la oficina llamada Femospp no hizo otra cosa que consumir el presupuesto y reñir asiduamente con quienes le reprochaban su ineficacia manifiesta. Otro rubro fútil es el de las fiscalías dedicadas a asuntos de periodistas. Pero el colmo sucedió ayer, cuando un tal Octavio Alberto Orellana Wiarco, fiscal de la PGR para encargarse de delitos cometidos contra periodistas, usó a sus guardaespaldas para enfrentar a reporteros que querían tener información de un encuentro del guaruresco funcionario con legisladores federales sobre agresiones a comunicadores. Cual si fuera presidente formal de la República, el antitético fiscal usó puertas traseras y atajos para tratar de zafarse de quienes presuntamente son sus protegidos...

Y, mientras Luis Echeverría Alvarez sigue peleando en lo jurídico contra el dictamen de la historia, ¡feliz fin de semana!

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