Durante décadas el PAN presumió de ser el partido de la “leal oposición”, pero conforme adquirió fuerza comenzó a evidenciar su debilidad intrínseca pues en rigor nunca se preparó para gobernar, según el investigador Carlos Arriola, quien conoce de cerca la historia del panismo. A partir de 2000, dice, el partido se llenó de oportunistas, como Vicente Fox, un candidato caudillesco que encarnó los valores opuestos a los de Manuel Gómez Morin, el fundador de Acción Nacional. Su crítica coincide con el diagnóstico de la Comisión de Reflexión del Partido Acción Nacional: “No hemos sabido convertir nuestra doctrina en políticas públicas y programa de gobierno… Ya no somos el partido del cambio”.
El nuevo coordinador del PAN en el Senado, Jorge Preciado, y el presidente del partido, Gustavo Madero.
Foto: Germán Canseco
“La
lógica del poder y el dinero le está ganando a la lógica del bien
común”, sentencia el diagnóstico autocrítico de la Comisión de Reflexión
del Partido Acción Nacional (PAN) integrada tras la derrota de la
elección de 2009, antesala del colapso que sobrevino el año pasado.
Y describe:
La lucha por el poder es la prioridad.
En el comportamiento de los panistas no aplica la fuerza de las ideas, sino la fuerza del interés, la nómina y el poder.
Se ha olvidado la mística del partido.
No ha habido congruencia entre la democracia exigida y las prácticas del partido.
Perdimos el valor de la ciudadanía, hasta en la integración del IFE.
Falta trabajo y compromiso personal de los militantes.
Se perdió la responsabilidad ética ante el juicio ciudadano.
Y
sigue: “No hemos sabido convertir nuestra doctrina en políticas
públicas y programa de gobierno… Ya no somos el partido del cambio”.
En
el apartado “Impunidad por razones de índole política”, el diagnóstico
obtenido por Proceso y que hasta ahora sigue mantenido en secreto por la
cúpula del PAN, es contundente:
Se han tolerado los actos de corrupción de militantes y funcionarios panistas.
No se sanciona a miembros que hablan mal de funcionarios del partido y de sus dirigentes hacia afuera.
Aplicación discrecional de estatutos y reglamentos.
No hay castigo para militantes y funcionarios que trabajan para el contrario.
Esta
evaluación del PAN y sus propuestas de solución elaboradas por una
comisión de 10 panistas encabezados por José Luis Coindreau, fue
desdeñada por las facciones dominantes y la degradación fue
extendiéndose hasta la grotesca disputa por las chequeras del grupo
parlamentario en el Senado que protagonizan los incondicionales de
Gustavo Madero y de Felipe Calderón.
Este conflicto grupal, que se
perfila como el peor en su historia de 74 años, forma parte del olvido
no sólo metafórico sino literal de Manuel Gómez Morin –su fundador y
referente ético– y su herencia ideológica, porque la cúpula omite hasta
conmemorar las efemérides de su natalicio, el 27 de febrero de 1897, y
de su muerte, el 19 de abril de 1972.
El desprecio a Gómez Morin
llega a extremos ridículos: En Batopilas, Chihuahua, su lugar de
nacimiento, se han cometido fraudes electorales en el PAN –con muertos
que votan– que han quedado impunes, y en Guanajuato se recuerda al
prócer no por sus ideas sino por la panista “Asociación de Taxistas
Gómez Morin”, ejemplo del clientelismo blanquiazul.
La honradez,
la democracia interna y hasta la deliberación han sido liquidadas
también en el PAN, porque la estrategia de los grupos no es vencer con
argumentos sino con el sabotaje al quórum, como ocurre en la Asamblea
Nacional, el Consejo Nacional y el Comité Ejecutivo Nacional, los
máximos órganos de dirección del partido, en ese orden.
El pleito
grupal en curso, por el dinero público que reparte el Senado, ha llegado
ya a la barandilla y sólo falta que los contendientes, detrás de los
que se encuentran Calderón y Madero, crucen puñetazos.
Víctima de sus mitos
Tal
descomposición no sorprende a Carlos Arriola, catedrático de El Colegio
de México, del que fue secretario general, y autor de numerosas obras
sobre ese partido: “El PAN es víctima de sus propios mitos y de sus
propias mentiras”, afirma.
Autor de Cómo gobierna el PAN y El
miedo a gobernar, la verdadera historia del PAN, su libro más reciente
(2009), Arriola explica que Gómez Morin difundió una visión maniquea que
prevaleció hasta 2000, cuando se inicia con Fox el ciclo de gobierno
que terminó con Calderón.
“Hubo una actitud maniquea que duró 61
años: Un partido formado por ciudadanos puros, honrados, eficaces, todo
lo que se quiera, y por el otro lado un PRI corrupto, interesado sólo en
el poder y el dinero. Las dos imágenes son totalmente falsas. La
verdadera dimensión y estatura de un partido se da al llegar al poder,
porque en la oposición es relativamente fácil mantener esos valores.”
El
PAN, explica, no sólo tuvo siempre una “debilidad intrínseca” para
gobernar, sino que se llenó de oportunistas a partir de que ganó la
Presidencia de la República en 2000.
“La gran tragedia del PAN es
que no se preparó para gobernar”, afirma Arriola, quien militó en el
partido y fue líder juvenil en Jalisco, y afirma que Ernesto Cordero, el
depuesto coordinador de los senadores, y Jorge Luis Preciado, su
sucesor, son sólo oportunistas aficionados de la política.
“Buena
parte de la gente que ahora se está peleando surgió de esta corriente de
oportunistas –hay que llamarlos por su nombre– y es el caso muy claro
de Cordero y de Preciado. Pero no son profesionales de la política, son
simples aficionados.”
Desde 1947, recuerda, Daniel Cosío Villegas
anticipó en su ensayo “La crisis de México” lo que le pasaría a Acción
Nacional de llegar al gobierno: “Él escribió que el PAN, de llegar al
poder, se desplomaría porque no tiene ni los programas ni los hombres
capaces de gobernar al país. Fue profético, con una gran sensibilidad
percibió la debilidad intrínseca del PAN, un partido de cuadros con
gente distinguida en sus localidades, pero sin políticos profesionales.
Esa fue la gran tragedia del PAN, que no preparó ni se preparó para
gobernar”.
Arriola reconoce que la gran contribución del PAN a la
normalidad democrática del país es la formación de ciudadanos, pero
jamás se preparó para gobernar:
“Entonces, claro, a la hora que
llega al poder, primero tiene el problema de la debilidad intrínseca.
Fox, en cierta manera, tenía razón: no había muchos panistas capaces de
gobernar, claro que lo hizo por meter a sus amigos, que eran igual de
incapaces.”
Otro problema que tuvo el PAN, agrega, es que registró
la “entrada masiva” de simpatizantes que formó una élite gubernamental
que sólo buscaba dinero y poder. “Eso no tendría nada de malo, pero hay
algo fundamental: Todos son aficionados, no profesionales de la
política”.
Sobre los principios del PAN, Arriola afirma que
funcionaron mientras fue oposición, pero no en el ejercicio de gobierno,
en los tres niveles, pero además, en 2000 “accede al poder con un
candidato caudillesco, todo lo contrario a la idea de Gómez Morin”.
Arriola,
autor también de Ensayos sobre el PAN y Los empresarios y el Estado
1970-1982, recuerda que Gómez Morin y Efraín González Luna, el otro
pilar de la fundación del PAN, se opusieron a apoyar en las elecciones
de 1940 a Juan Andrew Almazán, justamente por su carácter caudillesco.
“Fox
llega al poder no como panista y no llama a los panistas a gobernar al
principio de su sexenio. Es decir, revistió todas las características de
un caudillo y fue una de las cosas contra las que luchó Gómez Morin”.
El
experto aclara también que la situación por la que atraviesa el PAN no
comenzó con la debacle electoral de 2012: “La crisis no es por la
derrota, porque el PRI fue derrotado y no entró en una crisis parecida.
La crisis viene desde antes y se debe a la debilidad de los principios”.
Explica:
“Hicieron principios éticos y morales, muy respetables, pero no propios
de la actividad política. Es lo que decía Cosío Villegas: No tienen ni
los programas ni los hombres, y los programas y los principios de
doctrina no tenían nada que ver con el ejercicio de la política y, lo
que es más grave, no tenían que ver con los problemas reales de México” .
Las
motivaciones de los panistas, según él, eran religiosas o
empresariales, pero no propiamente políticas, y por eso fracasaron. “Se
desplomaron solos, porque hablaban de un país que no existía, de
problemas locales que los pretendían nacionales, daban palos de ciego
los dos presidentes, mientras todos los arribistas, todos los
oportunistas estaban en la administración pública enriqueciéndose”.
El bien hipócrita
La
decadencia del PAN la había advertido Juan José Rodríguez Prats en
2007, cuando estaba en curso la imposición de Germán Martínez Cázares
como presidente, candidato único al cargo apoyado con todo el aparato
gubernamental encabezado por Calderón.
“¡Si el PAN traiciona sus
tesis y olvida su tradición sería mandar el mensaje de que, desde 1939,
todo fue una farsa!”, decía el exsenador y exdiputado federal, quien
advertía que si ese partido se sometía a Calderón, se convertirá en lo
que Gómez Morin definió como “el bien hipócrita”.
“El PAN está en
una encrucijada: Se asume como un partido político independiente del
gobierno o nos convertimos en el PRI”, insistía, pero esta “infidelidad”
a la tradición panista sería peor, porque de ella no podrían esperarse
bienes.
“En su ensayo ‘1915’, Gómez Morin habla del bien
hipócrita, que es peor que el mal mismo. Él decía que contra el mal se
está prevenido. O sea, el mal era el PRI y contra ese mal estás
prevenido, pero del bien esperas bienes y el PAN no es consecuente con
eso.”
–Esa imputación es durísima…
–Te lo dice Gómez Morin:
El bien hipócrita es peor que el mal y, entonces el PAN resulta peor,
porque el PRI era un mal necesario y el PAN, si llega a traicionar sus
principios, es el bien hipócrita.
Calderón no sólo impuso a
Martínez, quien renunció al cargo tras la debacle de 2009, sino que
impuso también a César Nava, contraviniendo lo que Gómez Morin
postulaba:
“Un partido –dijo en 1945– tiene el derecho de llevar
sus programas y sus hombres al gobierno, pero ese mismo gobierno, en el
momento de llegar a serlo, deja de ser partido para ser la
representación de la nación, y no tiene derecho de utilizar los recursos
del poder, que son de aquélla, para el sostenimiento del partido, ni
tiene derecho de utilizar la estructura jurídica y administrativa para
coaccionar voluntades en pro del partido.”
Pero el desdén de
panistas por la herencia de Gómez Morin quedó evidenciada no sólo
durante el sexenio de Calderón, sino con Fox, quien desde 1992 planteó
mandar “de vacaciones” a la doctrina del PAN. Además de imponerse como
candidato presidencial único, ese partido solapó el ilegal
financiamiento de su campaña.
En 2003, cuando estaba en auge el
escándalo por el financiamiento a través de los Amigos de Fox, Mauricio
Gómez Morin, uno de los hijos del fundador, calificó de “profundamente
inmoral” ese comportamiento.
“Es una traición insolente a los
fundadores de Acción Nacional. Se me hace un golpe terrible al propio
partido”, dijo en entrevista publicada en La Crónica de Hoy del 11 de
agosto de ese año. “Acción Nacional no es ya lo que fue en años pasados.
Está muy alejado de su origen, de su esencia.”
Fox quiso darse un
barniz de doctrina panista cuando, a 15 meses de iniciado su gobierno,
en febrero de 2002, trasladó los restos de Gómez Morin a la Rotonda de
las Personas Ilustres, junto con el luchador de izquierda Heberto
Castillo y el priista Jesús Reyes Heroles.
Pero, aunque no
intervino tanto en la vida interna del PAN como Calderón, Fox no honró
el propósito de Gómez Morin de cambiar a México a fondo y no sólo
sustituir hombres.
“Un simple cambio de personas de nada serviría,
aun podría hacer más grave la situación si no está acompañado de ese
resuelto propósito de revisión total”, proclamó en 1939, cuando
criticaba al régimen de Lázaro Cárdenas.
Y luego, tras participar
en la primera elección presidencial, en 1940, planteó: “Nuestro
propósito no es el de ganar una elección, sino el de luchar por una
verdadera transformación de México… Hay que dar la batalla sin otro
interés, sin resentimientos y sin malicia, sin apetito y sin odio, sin
otro compromiso que deliberar en la verdad, resolver en conciencia y
acatar con lealtad la decisión a que lleguemos por los caminos que
libremente hemos aceptado. No olvidemos que nuestro deber es permanente,
no lucha de un día, sino brega de eternidad”.
Diego, el árbitro
Carlos
Arriola minimiza las expresiones de panistas como los exgobernadores
Ernesto Ruffo, Carlos Medina, Alberto Cárdenas y Fernando Canales
Clariond, de “volver a los principios”, y los define como “un coro de
iglesia”.
“Estamos a casi 100 años de la fundación del PAN y
todavía siguen hablando de volver a los principios, pero son principios
éticos y morales que poco tienen que ver con la política y que poco
tienen que ver con el país, con sus problemas”, puntualiza.
Aclara
también que “Gómez Morin no era un santo” y cita lo que éste escribió
en 1918: “Me planteo lanzarme como profeta del nuevo mundo, alumbrado
por el sol de la Unión Soviética, cuya organización, tendencias y
procedimientos me han cautivado, o dedicarme a ser rico, navegando en
los negocios con bandera de pendejo, la única que salva en este oficio”.
Apunta: “Gómez Morin se hizo enormemente rico. Hay que desmitificarlo un poco”.
–Pero ni siquiera esos principios éticos y morales son respetados por los panistas.
–¡No, porque no son operativos en la vida real de todos los días de la política! ¡Carecen de sentido!
Estos
principios, explica, están pensados en función de la doctrina social de
la iglesia, pero no sirven para generar bienestar económico colectivo,
limitar las ganancias del capital o distribuir el ingreso.
El PAN
ha evidenciado ya sus limitaciones: “Estas personitas que están en
conflicto son realmente muy menores y son una decepción para la
política, para el país y para el PAN, que es la primera víctima de sus
propias mentiras”.
Arriola aclara que no es antipanista y que en
todo caso se ha “quedado corto” al analizar las limitaciones del PAN
para gobernar y la falta de oficio político de la mayoría de los
panistas, a excepción de Diego Fernández de Cevallos, a quien identifica
como “el último que les queda de arbitraje” a los panistas.
–Hay quienes lo ven no como árbitro, sino como presidente del PAN.
–¡No,
no! Diego es muy inteligente como para buscar la presidencia del PAN.
No, sus posibilidades de arbitraje y de salvar al PAN están en
mantenerse fuera de la lucha por un puesto en el partido. En el momento
en que él dijera que va por la presidencia del PAN, no tendría
posibilidades de resolver el conflicto. Y si lo hace, sería una
tontería.
–¿Cree que Josefina Vázquez Mota tenga posibilidades para la presidencia del PAN?
–También es muy pequeña, muy menor. Realmente no tiene la estatura para dirigir al partido.
El
académico tampoco le ve posibilidades al exgobernador Juan Carlos
Romero Hicks y, sin atreverse a identificar a uno que pudiera presidir
al PAN, lamenta que no haya líderes. “No tienen una figura importante.
Ninguna. Esa es una tragedia. No hay líderes por una ramplonería
intelectual pavorosa. Puras figuras políticas menores”.
–¿Incluyendo a Madero?
–Incluyendo a Madero, sí. Ese es un hombre todavía más limitado que su tío abuelo, don Francisco.
–¿Qué futuro tiene el PAN?
–El
otro día platicaba con Rafael Segovia y él decía que veía a punto de
deshacerse al PAN y de cambiar a otro partido, como el Partido Popular
en España que también es fruto de una división de la derecha. Yo no
estoy tan seguro. Creo que puede dividirse y que un grupo cree otro
partido. Pero, bien que mal, va a subsistir.