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jueves, marzo 29, 2012

Presentación del libro México país éxito o fracaso, Andrés Manuel López Obrador

El candidato presidencial de la coalición Movimiento Progresista, Andrés Manuel López Obrador, en su participación en la presentación del libro México país éxito o fracaso de René Drucker y Rosalba Namhira Guerrero, en el Centro Cultural San Ángel, en la Ciudad de México.

Acompañaron López Obrador, el próximo secretario de Educación Pública, Juan Ramón de la Fuente, el delegado en Alvaro Obregón Eduardo Santillán Pérez, el próximo consejero jurídico a nivel nacional, Génaro Góngora Pimentel; el líder social Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, entre otras personalidades.








http://youtu.be/kpI_moEPyW8

miércoles, agosto 10, 2011

Estados Unidos en decadencia

El Ejército de Salvación estadunidense reparte agua entre personas sin hogar en Kansas City, Missouri.


Es un tema común que Estados Unidos, que apenas hace unos años era visto como un coloso que recorrería el mundo con un poder sin paralelo y un atractivo sin igual (...) está en decadencia, enfrentado fatalmente a la perspectiva de su deterioro definitivo, señala Giacomo Chiozza en el número actual de Political Science Quarterly.

La creencia en este tema, efectivamente, está muy difundida. Y con cierta razón, si bien habría que hacer cierto número de precisiones. Para empezar, la decadencia ha sido constante desde el punto culminante del poderío de Estados Unidos, luego de la Segunda Guerra Mundial, y el notable triunfalismo de los años 90, después de la guerra del Golfo, fue básicamente un autoengaño.

Otro tema común, al menos entre quienes no se ciegan deliberadamente, es que la decadencia de Estados Unidos, en gran medida, es autoinfligida. La ópera bufa que vimos este verano en Washington, que disgustó al país y dejó perplejo al mundo, podría no tener parangón en los anales de la democracia parlamentaria.

El espectáculo incluso está llegando a asustar a los patrocinadores de esta parodia. Ahora, al poder corporativo le preocupa que los extremistas que ayudó a poner en el Congreso de hecho derriben el edificio del que dependen su propia riqueza y sus privilegios, el poderoso estado-niñera que atiende a sus intereses.

La supremacía del poder corporativo sobre la política y la sociedad –por lo pronto básicamente financiera– ha llegado al grado de que las dos formaciones políticas, que en esta etapa apenas se parecen a los partidos tradicionales, están mucho más a la derecha de la población en los principales temas a debate.

Para el pueblo, la principal preocupación interna es el desempleo. En las circunstancias actuales, esta crisis puede ser remontada sólo mediante un significativo estímulo del gobierno, mucho más allá del más reciente, que apenas hizo coincidir el deterioro en el gasto estatal y local, aunque esa iniciativa tan limitada probablemente haya salvado millones de empleos.

Pero para las instituciones financieras, la principal preocupación es el déficit. Por lo tanto, sólo está a discusión el déficit. Una gran mayoría de la población está en favor de abordar el déficit gravando a los muy ricos (72 por ciento, con 27 por ciento en contra), según precisa una encuesta de The Washington Post y ABC News. Recortar los programas de atención médica cuenta con la oposición de una abrumadora mayoría (69 por ciento Medicaid, 78 por ciento Medicare). El resultado probable, por lo tanto, es lo opuesto.

El Programa sobre Actitudes de Política Internacional (PIPA) investigó cómo eliminaría el déficit la gente. Steven Kull, director de PIPA, afirma: Es evidente que tanto el gobierno como la Cámara (de Representantes) dirigida por los republicanos están fuera de sincronía con los valores y prioridades de la gente en lo que respecta al presupuesto.

La encuesta ilustra la profunda división: La mayor diferencia en gasto es que el pueblo favorece recortes profundos en el gasto de defensa, mientras el gobierno y la Cámara de Representantes proponen aumentos modestos. El pueblo también favorece aumentar el gasto en la capacitación para el trabajo, la educación y el combate a la contaminación en mayor medida que el gobierno o la Cámara.

El acuerdo final –o más precisamente, la capitulación ante la extrema derecha– es lo opuesto en todos los sentidos, y casi con toda certeza provocará un crecimiento más lento y daños a largo plazo a todos, menos a los ricos y a las corporaciones, que gozan de beneficios sin precedentes.

Ni siquiera se discutió que el déficit podría eliminarse si, como ha demostrado el economista Dean Baker, se remplazara el disfuncional sistema de atención médica privada de Estados Unidos por uno semejante al de otras sociedades industrializadas, que tienen la mitad del costo per cápita y obtienen resultados médicos equivalentes o mejores.

Las instituciones financieras y las grandes compañías farmacéuticas son demasiado poderosas para que siquiera se analicen esas opciones, aunque la idea difícilmente parece utópica. Fuera de la agenda por razones similares también se encuentran otras opciones económicamente sensatas, como la del impuesto a las transacciones financieras pequeñas.

Entre tanto, Wall Street recibe regularmente generosos regalos. El comité de asignaciones de la Cámara de Representantes recortó el presupuesto a la Comisión de Títulos y Bolsa, la principal barrera contra el fraude financiero. Y es poco probable que sobreviva intacta la Agencia de Protección al Consumidor.

El Congreso blande otras armas en su batalla contra las generaciones futuras. Enfrentada a la oposición republicana a la protección ambiental, la importante compañía de electricidad American Electric Power archivó el esfuerzo más destacado del país para captar el bióxido de carbono de una planta actualmente impulsada por carbón, lo que asestó un fuerte golpe a las campañas por reducir las emisiones causantes del calentamiento global, informó The New York Times.

Estos golpes autoinfligidos, aunque cada vez son más potentes, no son una innovación reciente. Datan de los años 70, cuando la política económica nacional sufrió importantes transformaciones, que pusieron fin a lo que suele llamarse la época de oro del capitalismo de Estado.

Dos importantes elementos de esto fueron la financialización (el desplazamiento de las preferencias de inversión, de la producción industrial a las finanzas, los seguros y los bienes raíces) y la externalización de la producción. El triunfo ideológico de las doctrinas de libre mercado, muy selectivo como siempre, le asestó aún más golpes, conforme se traducía en desregulación, reglas de administración corporativa que condicionaban las enormes recompensas a los directores generales con los beneficios de corto plazo y otras decisiones políticas similares.

La concentración resultante de riqueza produjo mayor poder político, acelerando un círculo vicioso que ha aportado una riqueza extraordinaria al uno por ciento de la población, básicamente directores generales de grandes corporaciones, gerentes de fondos de garantía y similares, mientras la gran mayoría de los ingresos reales prácticamente se estancaron.

Al mismo tiempo, el costo de las elecciones se disparó a las nubes, haciendo que los dos partidos tuvieran que escarbar más hondo en los bolsillos de las corporaciones. Lo que quedaba de democracia política fue socavado aún más cuando ambos partidos recurrieron a la subasta de puestos directivos en el Congreso, como delineó el economista Thomas Ferguson en The Financial Times.

Los principales partidos políticos adoptaron una práctica de los grandes detallistas, como Walmart, Best Buy y Target, escribe Ferguson. Caso único en las legislaturas del mundo desarrollado, los partidos estadunidenses en el Congreso ponen precio a puestos claves en el proceso legislativo. Los legisladores que aportan más fondos al partido son los que obtienen esos puestos.

El resultado, de acuerdo con Ferguson, es que los debates se basan fuertemente en la repetición interminable de un puñado de consignas, que han sido probadas por su atractivo para los bloques de inversionistas y grupos de interés nacionales, de los que depende la dirigencia para obtener recursos. Y que se condene el país.

Antes del crac de 2007, del que fueron responsables en gran medida, las instituciones financieras posteriores a la época de oro habían obtenido un sorprendente poder económico, multiplicando por más de tres su participación en las ganancias corporativas. Después del crac, numerosos economistas empezaron a investigar su función en términos puramente económicos. Robert Solow, premio Nobel de Economía, concluyó que su efecto podría ser negativo. Su éxito aporta muy poco o nada a la eficiencia de la economía real, mientras sus desastres transfieren la riqueza de los contribuyentes hacia los financieros.

Al triturar los restos de la democracia política, las instituciones financieras están echando las bases para hacer avanzar aún más este proceso letal... en tanto sus víctimas estén dispuestas a sufrirlo en silencio.

(El libro más reciente de Noam Chomsky es 9-11: Tenth Anniversary. Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía del Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Cambridge, Massachusetts)

Distributed by The New York Times Syndicate

jueves, abril 21, 2011

Imperial Decline: How Does It Feel to Be Inside a Dying Empire?

Could this be what it’s like to watch, paralyzed, as a country on autopilot begins to come apart at the seams while still proclaiming itself “the greatest nation on Earth”?

This can’t end well.

But then, how often do empires end well, really? They live vampirically by feeding off others until, sooner or later, they begin to feed on themselves, to suck their own blood, to hollow themselves out. Sooner or later, they find themselves, as in our case, economically stressed and militarily extended in wars they can’t afford to win or lose.

Historians have certainly written about the dangers of overextended empires and of endless war as a way of life, but there’s something distant and abstract about the patterns of history. It’s quite another thing to take it in when you’re part of it; when, as they used to say in the overheated 1960s, you’re in the belly of the beast.

I don’t know what it felt like to be inside the Roman Empire in the long decades, even centuries, before it collapsed, or to experience the waning years of the Spanish empire, or the twilight of the Qing dynasty, or of Imperial Britain as the sun first began to set, or even of the Soviet Empire before the troops came slinking home from Afghanistan, but at some point it must have seemed at least a little like this -- truly strange, like watching a machine losing its parts. It must have seemed as odd and unnerving as it does now to see a formerly mighty power enter a state of semi-paralysis at home even as it staggers on blindly with its war-making abroad.

The United States is, of course, an imperial power, however much we might prefer not to utter the word. We still have our globe-spanning array of semi-client states; our military continues to garrison much of the planet; and we are waging war abroad more continuously than at any time in memory. Yet who doesn’t sense that the sun is now setting on us?

Not so many years ago, we were proud enough of our global strength to regularly refer to ourselves as the Earth’s “sole superpower.” In those years, our president and his top officials dreamed of establishing a worldwide Pax Americana, while making speeches and issuing official documents proclaiming that the United States would be militarily “beyond challenge” by any and all powers for eons to come. So little time has passed and yet who speaks like that today? Who could?

A Country in Need of Prozac

Have you noticed, by the way, how repetitiously our president, various presidential candidates, and others now insist that we are “the greatest nation on Earth” (as they speak of the U.S. military being “the finest fighting force in the history of the world”)? And yet, doesn’t that phrase leave ash in your mouth? Look at this country and its frustrations today and tell me: Does anyone honestly believe that anymore?

It wasn’t a mistake that the fantasy avenger figure of Rambo became immensely popular in the wake of defeat in Vietnam or that, unlike American heroes of earlier decades, he had such a visibly, almost risibly overblown musculature. As eye-candy, it was pure overcompensation for the obvious. Similarly, when the United States was actually “the greatest” on this planet, no one needed to say it over and over again.

Can there be any question that something big is happening here, even if we don’t quite know what it is because, unlike the peoples of past empires, we never took pride in or even were able to think of ourselves as imperial? And if you were indeed in denial that you lived in the belly of a great imperial power, if like most Americans you managed to ignore the fact that we were pouring our treasure into the military or setting up bases in countries that few could have found on a map, then you would naturally experience the empire going down as if through a glass darkly.

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martes, diciembre 28, 2010

Salinas se reúne en privado con Ivonne Ortega

MÉXICO, D.F., 28 de diciembre (apro).- La gobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega Pacheco, se reunió hoy en privado con el expresidente Carlos Salinas de Gortari, en un hotel de Paseo Montejo, en Mérida.

Ortega confirmó la visita de Salinas de Gortari en su cuenta de twitter @IvonneOP.

Salinas habría llegado a Yucatán para pasar unas vacaciones en la entidad.

“Hoy recibí una visita muy especial... ¡Bienvenido don Carlos!”, dijo Ortega.

Más tarde, la Coordinación de Comunicación Social del gobierno de esa entidad envió dos fotografías del encuentro de Ortega y Salinas de Gortari.

“Esta tarde, la gobernadora del estado, Ivonne Ortega Pacheco, sostuvo un encuentro con el licenciado Carlos Salinas de Gortari, quien se encuentra en Yucatán cumpliendo compromisos personales”, señala el comunicado.

La reunión con el expresidente se efectuó en un marco de cortesía, por invitación de este último, agrega.

Una gobernadora en apuros con el rating

Ivonne Ortega, gobernadora de Yucatán.

Jenaro Villamil

MÉXICO, D.F., 28 de diciembre (apro).- Son malos momentos para la gobernadora priista de Yucatán, Ivonne Ortega Pacheco: Al cumplir sus primeros tres años de gobierno y después de culminar una ronda de alta exposición mediática, el conductor emblemático de Televisa, Joaquín López Dóriga, consideró al gobienrio yucateco como uno de los “dos peores” del PRI, junto con el de Chihuahua.

El golpe crítico de López Dóriga, transmitido en su noticiero de Radio Fórmula, levantó más de una ceja al interior de un gobierno que ha destinado un buen porcentaje del presupuesto público y múltiples favores a la dictadura del infomercial y de las entrevistas pagadas, tanto para Televisa, como para TV Azteca, Milenio TV y muchos otros medios electrónicos.

El duro juicio contra Ivonne se enlazó con la protesta que la semana antepasada realizaron los representantes de las cámaras empresariales de Yucatán. La iniciativa privada está molesta por la creación fast track de nuevos impuestos estatales, por el elevado nivel de endeudamiento, la solicitud de un nuevo crédito y por la falta de grandes obras que justifiquen el débito.

Sin embargo, lo que más molesta tiene a Ivonne Ortega Pacheco es la crítica mediática en medios nacionales. La farándula le está cobrando una alta factura a la gobernadora que le ha apostado todo a ser la más fotografiada, la amiga de actrices y actores, la promotora de concursos de belleza de Televisa, la donadora de más de 300 millones de pesos de recursos públicos para la construcción de un CRIT del Teletón, la anfitriona de telenovelas como Sortilegio y la productora ejecutiva extraoficial de cuanta pachanga pueda aparecer en televisión.

El problema que ahora vive Ortega Pacheco parece anticipar una lección a todos los mandatarios que, como ella o su aliado Enrique Peña Nieto, le apuestan en un 80% a la alta exposición mediática, a financiar encuestas que los favorezcan. Los mismos medios y comentaristas que los halagan, con extrema facilidad pueden defenestrarla por dos razones muy simples: por el encargo de otros clientes más poderosos o con más dinero, o por el incumplimiento de presupuestos y convenios publicitarios. Lo de López Dóriga extraña después de que el comunicador la entrevistó en Canal 2 de manera obsequiosa, mientras ella lucía una blusa con un faisán, emblema yucateco y de una empresa que lleva el megalómano nombre de Ibónica.

Ni los chiflidos de la concurrencia a una función de box, transmitida en cadena nacional, contra el extremo protagonismo de la mandataria yucateca tuvieron el efecto negativo para el rating de Ortega Pacheco, como el inesperado ataque extraoficial de López Dóriga. Quizá porque se enlazó con otros problemas políticos soterrados.

Para los conocedores de los entretelones políticos de Yucatán, las causas de este desaguisado se relacionan con el relevo de la dirigencia nacional del PRI. Al calor de la sustitución de Beatriz Paredes y de Jesús Murillo Karam, como presidenta y secretario general del PRI, se le propuso a la gobernadora yucateca que ocupara la secretaría general, en fórmula con el coahuilense Humberto Moreira.

Ortega Pacheco rechazó esta oferta porque implicaba otro trueque: dejar el gobierno de Yucatán para que el diputado federal priista Jorge Carlos Ramírez Marín ocupara la gubernatura interina y su sitio como presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados fuera ocupado por Beatriz Paredes, su principal madrina. El gobernador Peña Nieto favorecía este enroque para concretar su alianza con Paredes y para mantener a una aliada suya en la secretaría general, junto con Moreira.

Pero Ivonne Ortega no quiso. Se olvidó que favor con favor se devuelve, al menos en los códigos del PRI. Ella quería mantener el control del gobierno de Yucatán eligiendo a su propio interino o interina. Y no le hizo caso a su principal padrino y guía: Enrique Peña Nieto.

El berrinche de Ivonne ha tenido consecuencias. Su animadversión con el grupo de Beatriz Paredes ha llegado a niveles de teatro regional. Y como en toda puesta en escena, el productor y titiritero ya habló. Ivonne Ortega Pacheco parece estar perdiendo la gracia del rating.

Eso siempre sucede cuando se confunde comunicación política con mercadotecnia mediática, y cuando olvida que su victoria en 2007 no fue producto sólo de su carisma, sino de los recursos de sus padrinos políticos que hoy la ven con desconfianza.

www.jenarovillamil.wordpress.com

lunes, agosto 09, 2010

El vaciamiento educativo y cultural

Alonso Lujambio, titular de la SEP.

Axel Didriksson

MÉXICO, D.F., 6 de agosto.- A unas semanas de dar inicio a las celebraciones centenarias, se vive en el país un proceso de vacío educativo y cultural, en el espanto de las muertes por violencia, de los jóvenes sin futuro, de la descomposición política y social, y de la ineficacia de las políticas de Estado.

La crisis económica que, se asegura, será muy prolongada, va de la mano con el deterioro de la escuela y de las posibilidades de desarrollo social y cultural del país. La pretendida recuperación financiera y de los activos públicos al nivel de las grandes potencias aparece en los debates económicos como bastante insegura, y la vuelta a una nueva fase recesiva apunta, hacia el siguiente semestre del año, de forma bastante fuerte. Para los países dependientes, como México y el resto de América Latina, la recesión ha sido más breve y la crisis se ha podido sortear con mayores expectativas (Cepal, 2010), pero nadie puede asegurar que el impacto de una nueva fase de recesión mundial no alcance a frenar y deshilvanar las condiciones favorables que se alcanzaron en estos meses pasados.

En el fondo, lo que no ha podido superarse es la creciente desigualdad en los ingresos, la ampliación de la pobreza, la exclusión educativa y cultural. Y es esto lo que tendrán enfrente los festejos, que buscarán resaltar una pretendida identidad nacional. Los pobres resultados de la transmisión educativa y cultural dan cuenta, mucho más de lo que se cree, de una verdadera catástrofe que no podrá ocultarse en la parafernalia de los festejos y en el derroche criminal de los recursos, cuando deberían prevalecer la austeridad y el debate sobre el cambio y la creación de nuevas instituciones educativas y culturales para alcanzar una sociedad más justa.

El tema no es de ninguna manera irrelevante, pero se aniquila cualquier debate desde el discurso monotemático del enfrentamiento contra el crimen organizado, o se raya en la superficie de los grandes problemas con la sola aplicación de políticas cortoplacistas de fuerte orientación clientelar, ahora que se ha adelantado la sucesión presidencial de 2012, porque hay que acarrear votantes con becas, programas insustanciales de combate a la exclusión educativa y cultural, y promesas de mayores lugares educativos de baja calidad, cuando el abandono de la escuela es cada vez mayor, los logros educativos y docentes están por los suelos y las desigualdades educativas debidas a los ingresos que se reciben, al tipo de institución y a la ubicación geográfica, son reconocidas pero no atendidas.

En el sistema educativo y cultural mexicano se forman élites que ya son indiferentes a la historia nacional y a la identidad popular que se pregonará como incólume en los festejos centenarios, frente al declive de la autoridad gubernamental, del enorme deterioro de las condiciones de transmisión de aprendizajes de los docentes (que debería ser motivo de verdadera alarma) y de la crisis de las instituciones educativas y culturales a nivel nacional. En este vaciamiento general ya se están apuntando algunos políticos e intelectuales de la derecha para atacar a las pocas instituciones públicas que nos quedan, como las universidades, y muy en lo particular a la UNAM, para evidenciar esta crisis con aseveraciones mal formuladas y datos inconsistentes fuera de contexto y de lugar, con la sola intención de degradar.

Va a ser muy chocante presenciar la inauguración de obras de relumbrón, programas televisivos de ficción histórica, y la hora de los discursos elocuentes sobre la mexicanidad, en medio de la realidad estrujante de poblaciones enteras excluidas y marginadas, en zonas sin autoridad, de desintegración y de total falta de protección. Debería dar pena lo que está pasando y proponerse la hechura de, aunque fuera, algún remedio en serio.

domingo, enero 31, 2010

Destaca la vigencia de AMLO


Pocos, por no decir nadie, por lo menos que yo recuerde, ha recibido una critica tan rotunda, continua, masiva y despiadada como Andrés Manuel López Obrador. No hay día que no aparezca algún artículo o comentario en los medios atacándolo (en muchos es una notable y delirante obsesión); no hay semana que yo no reciba algún correo electrónico: algunos anónimos y otros reproduciendo comentarios, artículos o cartas de analistas y conductores de programas de tv. El tono casi siempre es el mismo: cero argumentos, chismes banales sin sustento, abundancia de adjetivos, vocabulario vulgar e intolerancia extrema.
Nadie está bajo una lupa tan extrema (más bien del microscopio), en cada movimiento que hace, cómo se viste, qué zapatos se pone, dónde come, qué carro usa y qué gasolina le pone. Y sin embargo, de nada grave y cierto se le puede acusar. Su actuar es franco abierto y público.
Cualquier personaje de la vida publica, y especialmente de la política, por muchísimo menos que esto ya habría sido declarado como político desaparecido. Sin embargo, AMLO está vigente y su influencia es total, al grado de haber marcado frecuentemente la agenda. Ha hecho pronósticos acertados y propuestas importantes, y en muchos casos tan relevantes que ha revertido decisiones de gran importancia. Es realmente un cogobierno desde la oposición y la memoria viva de una injusticia que no debe volver a suceder en México.
No hay actualmente ningún político tan cerca del México real, que conozca y ame tanto sus entrañas profundas, sus rincones más apartados y las angustias más olvidadas. Esto y la congruencia de su pensamiento y acciones es lo que le da la fuerza y legitimidad a su vigencia.
No pertenezco a ningún partido político, ni estoy afiliado al movimiento de AMLO. En esta época de decadencia y de incierto parto con dolor para México, de pocas cosas puede uno estar orgulloso, pero entre esas pocas para mi, están la UNAM y AMLO.


Carlos Noriega Félix, arquitecto y catedrático jubilado de la UNAM

lunes, enero 04, 2010

CAPITALISM......

“America (US) is the only country that went from barbarism to decadence without civilization in between.”
- Oscar Wilde -

miércoles, mayo 13, 2009

Decadencia sistémica

Luis Linares Zapata

La vida pública de México, implicando en primerísimo sitio a su elite gobernante, ha entrado en una etapa de acelerada decadencia. Los frutos de tan perverso fenómeno sociológico brotan por doquier. Más de un cuarto de siglo en que el crecimiento ha sido nulo, propicia enormes grietas. Conflictos y crisis recurrentes aparecen por casi cualquier ángulo de la vida organizada del país que se ponga a prueba. En trágico alineamiento, las múltiples carencias provocadas al aparato productivo y de seguridad o las inducidas al Estado de bienestar irrumpen incontrolables para testimoniar el deprimente estado de la cosa común o las minusvalías del capital humano. El resultado forma un cúmulo de súbitos cuan devastadores golpes a la conciencia colectiva.

Ya sea que se trate de la crisis financiera mundial y sus cruentos efectos en la desprotegida y desarticulada economía local. O puede referirse a la autoritaria presencia del oficialismo en su intentona por manipular la epidemia de influenza, aparecida sin registro previo, la degradación sistémica se aparece como un proceso incontenible. Por ello las trampeadas descripciones de un truhán (Derecho de réplica, Carlos Ahumada) que se alega perseguido y extorsionado, traslucen, sin tapujos, los destrozos éticos y las ruinas del sistema imperante para conducir los asuntos públicos. Una aterradora serie de dramas continuos que, para desgracia de muchos, se irán haciendo recurrentes en los días y meses por venir. Una colección de ilícitos y complicidades que quedarán en la más cínica de las impunidades. La resistencia al cambio que apuntala al modelo vigente navega contra toda cordura y sanidad contra los intereses colectivos. Los actuales dirigentes del país están enfrascados en soldar y reponer las rotas bases de sus torvos acuerdos cupulares que les permiten sacar enormes réditos del injusto modelo en boga.

Los alardeados blindajes nacionales vuelan en pedazos cuando se les somete a la menor prueba o son afectados por el mínimo contratiempo o de-sajuste externo. Nada resiste un simple soplo de realidad. Trátese de un susodicho catarrito, pues resulta pegoteado a monumentales deudas de los grandes corporativos locales, endrogados más allá de cualquier mesura. Sea por la deteriorada organicidad del aparato de salud, inmerso en la mediocridad y el olvido presupuestal, el desmoronamiento social y político no puede ser ya detenido. La que debía ser una básica consistencia ética choca y se derrumba ante prácticas sujetas a pasiones de baja estofa. En ese fango, presentado como simple oportunismo, traviste a un ya muy vapuleado ex presidente (CSG) en cínico jefe mafioso enarbolando la defensa de sus bastardos privilegios y masivos intereses. Todo se desmorona sin oponer la mínima resistencia. La ciudadanía apenas si puede contener el aliento y recae en profunda indiferencia ante los acontecimientos que, sin duda, le afectarán.

El alegado salvamento de la humanidad que lanzó el señor Calderón se ayunta con aquella su visión de la economía mexicana que, en sólo 25 años, llegaría a ser la cuarta potencia del mundo. Tristes alardes de un funcionario descontrolado en sus predicciones, defensas heroicas y catálogos del deber cumplido por colaboradores sumisos. El gabinete se exhibe en su ineptitud ante los temores de una población sin respaldo del equipamiento médico (se presume un millón de reservas de antivirales o de inapropiadas vacunas, a todas luces insuficiente: apenas para uno por ciento de la población). Pero había que aprovechar la oportunidad de elevar el aprecio ciudadano hacia un Ejecutivo ayuno de efectiva autoridad, sin, aunque sea ligeros, toques de responsabilidad. Para ello se rellenó el espectro mediático con su presencia. Golpes de mano ante la incuria extranjera no se olvidaron en el guión difusivo. China, Argentina, Haití o Cuba fueron los paganos malhechores sin que hubiera medidas de apoyo para desquitar ofensas.

Pero nada retrata más la decadencia de la elite que una disímbola troupe de conjurados contra la emergencia de un proyecto alternativo de izquierda (con todo y sus tramposos a bordo). Cualquier atajo (hasta la ilegalidad) antes de permitir la asunción que alguien independiente, no salido del designio plutocrático, sin compromisos subyugantes, llegara al poder supremo de la República. ¡No pasará ese peligro para la cosa nuestra! Murmuraron, gritaron a coro para rego-dearse en sus tropelías. La defensa a ultranza y desmedida de posturas personalizadas: miedos cervales ante las propias complicidades, los latrocinios a costa del presupuesto, los favores con los haberes y bienes públicos se coagularon en un grupúsculo en pérfida trama. La intentona de purificación que un ladronzuelo armó para salir de un apuro los desnuda en toda su impúdica labor de maniobreros.

Ahí, en ese relato, queda ensartado, una vez más, ese ranchero deshonesto, manirroto, rencoroso y traidor a la democracia que encarna, sin discusión alguna, Vicente Fox. Pero también el priísmo de categoría toma su parte estelar y el panismo subordinado de los operadores, Fernández de Ceballos, con su indiscutible lugar preferente, entra a escena sin menospreciar al amanuense Döring, un lodero de varios corrales. Un sainete que, de no ser por sus nefastas consecuencias para la vida nacional y personal de los mexicanos, tendría que asemejarse a la pantomima de Los Tres Chiflados, un capítulo para el olvido.

La derecha y su asimilado proyecto económico y de gobierno todavía vaga insepulto por esta atribulada nación. En otras regiones del subcontinente le están horadando, a pasos severos, lo poco que le resta de vigor. La derecha mexicana ha caído en una trampa de su propia creación que no la dejará avanzar, menos aún prevalecer. La plutocracia local es de una contextura cegatona ante su propia seguridad, no digamos a su continuidad o convivencia. Tiene que montar tramas como la que se narra en el libelo de marras y sus recursos de contención se esfuman con los golpes que las crisis le vienen ocasionando.