Mostrando las entradas con la etiqueta Guillermo Almeyra. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Guillermo Almeyra. Mostrar todas las entradas

domingo, septiembre 06, 2009

Rivales, alternativos, aliados

Guillermo Almeyra

No faltan quienes creen que China (o Europa) está disputando la hegemonía a Estados Unidos e, incluso, los que opinan que este país es el sostén del capitalismo y que, por lo tanto, todo enfrentamiento con él es un golpe al sistema. Por supuesto, éste está constituido por múltiples capitalismos, resultantes de diferentes relaciones de fuerzas sociales locales y de diferentes densidades histórico-culturales, y no hay ni nunca hubo un bloque único reaccionario. Pero una cosa es ver las contradicciones internas que presenta el capitalismo, las disputas por los mercados entre los diferentes grupos (y las duras manifestaciones estatales de esa disputa) y otra es creer que dichas contradicciones internas, por sí mismas, van a llevar a la implosión del sistema o, cuando menos, a su profunda modificación y suponer además que la hegemonía es sólo técnica, o comercial, o militar. Porque el capitalismo no es sólo explotación del trabajo ajeno sino también alienación, enajenación de sus víctimas, y dominación imponiendo una ideología, valores, relaciones de mando y obediencia no sólo con la violencia militar o policial sino sobre todo mediante la educación sesgada, la cultura adulterada, la industria del entretenimiento envenenada, la difusión de una cultura material hedonista, egoísta, antisolidaria, violenta.

Creer que China disputa a Estados Unidos la hegemonía es, por eso, una tontería. La economía estadunidense no sobreviviría un día si China no acumulase dólares sosteniendo así la moneda verde, no comprase los devaluados bonos del Tesoro dándole crédito al imperialismo estadunidense, se opusiese a la política de Washington en escala mundial en vez de compartirla. Creer que China figura en un inexistente campo anticapitalista o no capitalista o, peor aún, ”socialista”, es olvidar que ese país le dio nuevo oxígeno al capitalismo mundial, es la tierra de elección para las inversiones de las trasnacionales, difunde y desarrolla los valores y la ideología capitalista en una población que equivale al cuarto de la Humanidad, está dirigido por un partido del cual pueden formar parte los millonarios (que hacen sus millones explotando a sus trabajadores que carecen incluso de derechos sindicales). Pensar que China modificará a fondo el capitalismo mundial es ignorar que es éste el que está modificando a fondo a China. En efecto, por primera vez en su historia milenaria, los chinos, que entonces gozaban de una civilización y organización superiores, no absorben en su cultura a los conquistadores sino que comienzan a absorber masivamente la cultura capitalista y el american way of life, los modelos de consumo estadunidenses, en un proceso que se apoya en el doble conservadurismo de las tradiciones de Confucio y de las del comunismo estalinista-maoísta. Por supuesto, ese capitalismo no es exactamente igual al de sus modelos y promotores extranjeros y está abollado aquí y allá por la cultura y las tradiciones chinas. Pero, cualquiera sea su ropaje, capitalismo es.

Naturalmente, hay capitalismos donde las relaciones de fuerza son más favorables para las víctimas del sistema y para su autorganización, la autogestión, su educación, tales como los capitalismos de Estado de países dependientes que luchan por su liberación nacional utilizando y modificando el aparato estatal mientras en ellos susbsisten relaciones sociales capitalistas y una dependencia profunda del mercado capitalista mundial. Obviamente, es necesario y legítimo utilizar las contradicciones entre los diversos países capitalistas, entre las diversas empresas trasnacionales, entre los diversos grupos y amalgamas sociales que luchan por predominar en el seno del capitalismo en cada país, y es igualmente legítimo –en determinadas condiciones– llegar a acuerdos puntuales con algunos de esos grupos pero a condición de jamás presentarlos como aliados estratégicos. No se debe abandonar jamás la necesidad de difundir valores contrahegemómicos, solidarios.

Hoy la hegemonía del capitalismo es indiscutida y su ideología penetra profundamente incluso en los sectores que se dan el objetivo de construir un socialismo democrático, del siglo XXI (frase que no quiere decir nada y que demuestra cuál es el grado actual de nebulosidad del pensamiento alternativo al capitalismo). Por eso el capitalismo mundial está saliendo de esta crisis económico-financiera a costa de nuevos desastres sociales (mayor desocupación, más hambrunas, menos solidaridad, menos sindicatos, mayor concentración de la riqueza y del poder). O sea, de la barbarie y la destrucción ambiental.

Los procesos de liberación son, por fuerza, locales, nacionales, y se dan utilizando incluso las contradicciones en las clases dominantes y entre éstas y el capital financiero internacional, o sea metiéndose en las grietas de los dominadores. Pero, para que se produzca un cambio social, hay que cambiar las relaciones de fuerza entre opresores y oprimidos, hay que hacer que éstos entiendan el proceso mediante el cual son explotados y oprimidos y no consideren que sólo depende de la mala suerte o del destino. Es necesario hacerles conocer su historia (es decir, hacer un balance del pasado y de las derrotas y convencerlos de que hay una salida no capitalista a las cada vez peores crisis del capitalismo). Si no se hace colectivamente un balance del pasado y colectivamente no se construyen las grandes líneas del proyecto futuro, en efecto otro mundo resultará posible. Pero será el de la barbarie creciente.

domingo, julio 12, 2009

México: gobierno y sistema, más ilegítimos que nunca

Guillermo Almeyra

Las elecciones realizadas el 5 de julio pasado demuestran una vez más la ilegitimidad del gobierno y la crisis del sistema. Sólo votó 43.74 por ciento de los empadronados, a pesar de los miles de millones de pesos gastados por el gobierno para instar a votar y dar legitimidad al espurio presidente Felipe del Corazón de Jesús Calderón Hinojosa, impuesto por el fraude hace tres años.

Así, si se suma la abstención de más de 56 por ciento con los votos anulados, que se duplicaron y ascendieron a 5.04 por ciento del padrón, y si dividimos ese casi 44 por ciento entre los tres grandes partidos y los partiditos menores, veremos que el Partido Acción Nacional (PAN), clerical derechista, partido de gobierno, no representa sino una porción reducida de los electores, y el ganador, el Partido Revolucionario Institucional (PRI), expulsado del gobierno hace nueve años por corrupto y antidemocrático, llega cuando mucho a cerca de 15 por ciento del padrón, mientras el Partido de la Revolución Democrática (PRD), cuya dirección conciliadora con el gobierno provocó el repudio de muchos de sus votantes tradicionales, queda tercero (estaba segundo), lejos de los dos primeros que, en realidad, consiguieron un resultado cuatro veces menor que el heterogéneo partido de la abstención y del voto nulo, el cual, en realidad es la fuerza mayor.

Es evidente que entre las abstenciones se cuentan las de quienes, por haber emigrado fuera de sus sedes, no podían votar, y la de los enfermos, más las clásicas de los desinteresados de siempre, y no pueden ser contabilizadas todas en el sector que repudió las elecciones. Pero lo cierto es que más de la mitad del país no escuchó las exhortaciones gubernamentales, patronales, de la Iglesia y de los aparatos partidarios a acudir a las urnas y, por lo menos, demostró desinterés. El gobierno nacido del fraude ahora es doblemente ilegítimo, por su carácter minoritario y por su derrota ante el desprestigiado PRI.

El PAN, en efecto, vio caer el número de sus diputados de 206 a 141 y perdió la mayoría en la Cámara de Diputados, que pasó a manos del PRI, que obtuvo 237 de los 500 diputados y que, con sus aliados del Partido Verde Ecologista (22), tiene mayoría absoluta en dicha Cámara. En cuanto al PRD, perdió 40 por ciento de sus diputados (conserva sólo 71, muchos de ellos, además, adversarios de la dirección y partidarios de Andrés Manuel López Obrador, quien llamó a votar por los partidos del Trabajo y Convergencia y venció de modo aplastante al PRD en la zona obrera de la capital, la delegación Iztapalapa, con Juanito, un candidato popular desconocido).

El PRI es un partido de derecha, al igual que el PAN, aunque de una derecha laica, no clerical. Es un partido de caudillos con su respectiva clientela, de burócratas sindicales corrompidos, de caciques campesinos que hace tiempo no ven el campo ni en fotografías. Ha estado aliado con el PAN (y con la dirección derechista del PRD) en todas las porquerías posibles y, por supuesto, podrá volver a estarlo y formar una especie de mayoría de geometría variable, un PRIAN, en todas las cuestiones donde el interés de los grandes capitalistas nacionales y extranjeros estén en juego.

En el PRI, además, militan gobernadores asesinos, como el de Oaxaca o el del estado de México, o cómplices de pederastas, como el de Puebla, todos ellos ligados con la extrema derecha y los empresarios, y uno de sus exgobernadores –de Quintana Roo, la zona donde está Cancún– estuvo preso largo tiempo por dirigir el narcotráfico en el sur. Su triunfo, por tanto, aunque debilita al PAN como partido, no debilita a la burguesía sino que le da ciertas garantías, al menos en los sindicatos y organizaciones campesinas que controla burocrática y gansterilmente. De todos modos, en el PRI –a diferencia del PAN– existen aún restos de una ala laica, anticlerical, nacionalista, lo cual provocará tensiones en ese partido en el momento de pretender privatizar el petróleo o la energía eléctrica o de anular la legislación laboral para flexibilizar todavía más el mercado de trabajo y rebajar aún más los salarios reales…

En cuanto al PRD, desaparecida la ilusión de poder cogobernar con una política de derecha panista-priísta, probablemente presenciaremos una doble emigración de oportunistas (o no): hacia el PRI o hacia López Obrador, que refuerza su estructura paralela; fuera del PRD, consiguió que el Partido del Trabajo y Convergencia conserven su registro electoral (que podrá utilizar si no obtiene el del PRD) y sigue organizando a millones de personas, muchas de las cuales no votaron esta vez.

De la otra campaña y de los grupos de izquierda, mejor no hablar, pues sigue presente la tarea no realizada y muy resistida de la unificación de la izquierda social y política detrás de un programa común, de frente único, para aparecer como alternativa anticapitalista.

De todos modos, ahora, después del reacomodo interburgués, vienen los problemas reales: la crisis que se agrava, el problema social, la pérdida de la válvula de escape de la emigración y de las remesas, la presión del capital financiero internacional para acabar con la estatización de Pemex, el crecimiento del narcotráfico y el desgaste consiguiente del Ejército. Como siempre, en la cancha se ven los caballos, y la cancha, esta vez, está en pésimas condiciones…

domingo, junio 07, 2009

Un poco de cordura

Guillermo Almeyra

Si un esquimal desembarcase en México, creería que el centro de la vida nacional y de la preocupación popular son las elecciones, pero éstas son, simplemente, la densa polvareda que oculta lo que está sucediendo en el país y enceguece a sus habitantes.

Por supuesto, sé que el control por el gobierno clerical reaccionario de las cámaras le permitiría cubrir, con la ficción de un manto legal, cualquier atropello a la Constitución y todas sus violaciones de los derechos ciudadanos y humanos en general. Por tanto, si usted conoce a un candidato honesto y que tenga claro qué debe impedir y qué defender, vótelo; o si alguien cree, con razón, que todos los partidos son defensores del sistema, que es precisamente lo que hay que tirar al basurero de la historia, y quiere ayudar a que las urnas se llenen de votos nulos, programáticos o simplemente de bronca y repudio, anule su papeleta pero, por favor, en uno o en otro caso evite caer en el fetichismo y creer que un pedazo de papel va a impedir por sí solo los planes de delincuentes cotidianos y encallecidos, entronizados por un fraude electoral gigantesco, que se mantienen y afirman en el poder mediante la violencia y la ilegalidad.

Lo que hay que cambiar es la relación de fuerzas entre los explotadores nacionales y extranjeros y sus víctimas, entre los trabajadores y los pobres, y el gobierno del gran capital. Los votos contra la dictadura de los que legislan para ellos mismos y violan todas las leyes que protegen los intereses de la mayoría y de la nación en su conjunto, en el mejor de los casos tienen un valor propagandístico y moral. Pero lo único que puede frenar la política del grupo clerical reaccionario que gobierna al servicio del capital es la resistencia, la movilización, la organización independiente de sus víctimas y la lucha por objetivos democráticos, nacionales, que sirvan para combatir al capital.

En plenas elecciones, el gobierno ha hecho pasar una ley inconstitucional más, calcada de la de Bush, que Obama dejó sin efecto. Permitió que por simple decisión policial o militar se intercepten los teléfonos o se cateen domicilios, sin orden judicial previa. Esta medida, violentamente inconstitucional, que quebranta las más elementales libertades ciudadanas, no va dirigida contra los sospechosos de ser delincuentes sino contra todos los ciudadanos, que quedan en libertad vigilada, con sus derechos suspendidos y amenazados constantemente de ser víctimas de un secuestrador informado por los que controlan su teléfono, de un asalto o un asesinato organizado desde las llamadas fuerzas de seguridad o de medidas policiales so pretexto de combatir a los narcos decididas por sus adversarios políticos.

Este atentado a la Constitución y a los derechos ciudadanos, aunque por sí mismo anula la legalidad de la campaña electoral, no levantó alguna protesta importante de ningún partido. Sin embargo, el gobierno hace política con la policía, deteniendo funcionarios en las regiones opositoras y hasta allanando las casas de gobierno, utiliza al Ejército, degradando sus funciones a las de policía, avala una justicia de clase y corrupta en sus fallos aberrantes que cubren a los mandantes y los ejecutores de las violaciones masivas de jóvenes y señoras, los asesinatos, la más cruel represión a los campesinos, como los de Atenco.

Sin embargo, mientras el gobernador asesino de Oaxaca está libre y los lazos de los Salinas de Gortari con el narcotráfico son ventilados públicamente por un ex presidente sin que nadie en el gobierno investigue nada, los agentes del capital en el poder condenan a 113 años de cárcel o a 63 años a los que califican de líderes de Atenco, para disuadir y aterrorizar a todos los que piensan resistir su política de hambre y de despojo.

No es posible cultivar la ilusión de que un gobierno nacido del fraude, que usa la violencia como política, sea democrático y permita elecciones libres en 2012. ¡Hay que cambiar la relación de fuerzas sociales mediante un amplio frente de todas las organizaciones por la libertad de los presos políticos y sociales; la defensa de los derechos ciudadanos, hoy pisoteados e ignorados; una política de creación de empleos; un aumento inmediato de los ingresos de los jubilados y los más pobres; leyes de emergencia que impidan suspender o despedir de sus empleos a los trabajadores, y por un plan de apoyo a los campesinos y de defensa de los recursos energéticos y naturales!

En las regiones más afectadas por la caída de las remesas, en las que los campesinos más pobres reciben un nuevo golpe, es posible organizar comités amplios que organicen autónomamente el territorio y los recursos, aseguren solidaridad a los afectados por la crisis provocada por el capitalismo y unir entre sí estos comités para el desarrollo local (si después respaldan sus acciones de modo electoral debe ser algo totalmente secundario).

El gobierno y las cámaras son fruto del fraude y, por consiguiente, están deslegitimados. La legitimidad está en manos de quienes hacen vivir este país a pesar del gobierno clerical reaccionario y de los capitalistas, pero la legitimidad sin fuerza social que la haga valer no basta. Si una empresa cierra o suspende al personal, puede ser ocupada y trabajar bajo administración de sus trabajadores, como sucede ahora mismo en Argentina. Si el gobierno decidiese desalojarlos, la ayuda de la población a los trabajadores le haría pagar caro ese intento. Decenas de Atencos impulsarían la liberación de los presos de Atenco que son rehenes del régimen. Si en todo el país millones comienzan a tomar en sus manos la solución de sus propios problemas y a organizarse y federarse, la sociedad será más fuerte y se creará poder popular. En ese caso, hasta las futuras elecciones –si se hiciesen– serán muy diferentes.

domingo, mayo 17, 2009

América Latina: la ofensiva de la derecha

Guillermo Almeyra

Como en toda gran crisis, junto a la radicalización de sectores de los explotados y oprimidos, se produce el recrudecimiento de las alas extremas de la derecha, que temen perder nuevas franjas de poder o deciden pasar a la ofensiva antes de que sea demasiado tarde, contando con sus fuerzas económicas, sociales y políticas para ganar posiciones.

Esa derecha no es abiertamente golpista sino ocasionalmente, porque la relación de fuerzas real no se lo permite, pero sí es destituyente, o sea que lleva la desestabilización de sus respectivos gobiernos y sociedades al límite del golpe de Estado. Su arma principal son los medios de información, con los cuales intenta reforzar su hegemonía político-cultural. Por eso asistimos a un golpismo mediático que se concreta por medio de la desinformación, de la tergiversación de los hechos, del uso de calificativos sin sustento, de la sátira malintencionada, de la creación de miedos a la inseguridad, a las pandemias, a la crisis económica, todas las cuales no serían resultado –¡faltaría más!– del sistema capitalista sino del populismo y de la ineficacia y corrupción de los gobiernos que no son simples peones del capital financiero (como, por ejemplo, el de Venezuela, el de Cuba, el de Bolivia, el de Ecuador y hasta el moderadísimo gobierno de Argentina).

Podemos ver así cómo la CNN pide en pantalla, directamente, la renuncia del presidente guatemalteco al que entrevista y machaca todos los días, dando por cierto que el presidente Álvaro Colom ordenó un asesinato y ocultando que el odio de la derecha contra ese gobierno proviene de las limpiezas que ordenó a las fuerzas armadas y a la policía, y de sus tímidas medidas sociales. También podemos observar cómo Globovisión exhorta a los militares venezolanos a ponerse los pantalones contra el gobierno, o como todos los medios del grupo argentino Clarín especulan sobre la necesidad de la renuncia de la presidenta Cristina Fernández si no gana en forma aplastante las elecciones, y dicen que el vicepresidente ya tiene un gabinete formado.

Al mismo tiempo, aumentan las provocaciones, como las que hace Perú al dar asilo político a delincuentes y asesinos de Venezuela y de Bolivia disfrazados para la ocasión de opositores democráticos y, a pesar de todas las acusaciones por corrupción y complicidad en homicidios contra Uribe, éste avanza a paso redoblado en Colombia hacia la preparación de su relección, pisoteando la Carta Magna. Pero también la derecha se pone la piel de cordero, como en Chile, para que se olviden de Pinochet y de la dictadura, y adelanta al propietario de LAN, Sebastián Piñera, como candidato a presidente de la República; Calderón se presenta como el garante del orden contra la delincuencia organizada (que siempre tuvo lazos estrechos en los gobiernos mexicanos, como lo demuestran las declaraciones de De la Madrid sobre los Salinas); la derecha brasileña se prepara a acabar con el gobierno de Lula, y la derecha argentina, a quitarle la mayoría en las Cámaras a los Kirchner, para someter a juicio político a la presidenta o sabotear su política todos los días.

Piñera puede llegar a ganar en Chile; en Uruguay es posible un segundo turno que una a las derechas para dejar en minoría al Frente Amplio; en las elecciones del 28 de junio el gobierno argentino, con el auxilio de la abstención y de los votos en blanco, puede sacar menos sufragios que la alianza entre la extrema derecha peronista, la oligarquía terrateniente, el capital financiero y los partidos tradicionales antiperonistas; existe la posibilidad de que la candidata de Lula pierda y la suerte del Mercosur pende de un hilo ante la posibilidad concreta de gobiernos derechistas en Uruguay, Brasil y Argentina. Los factores determinantes de esos muy posibles retrocesos y de la reanimación de la derecha son fundamentalmente dos: el reflejo conservador de las clases medias urbanas ante la crisis mundial, el derrumbe de su nivel de vida, la inseguridad social y el aumento de la lucha de clases e, interrelacionado con el mismo, la incapacidad y el carácter timorato de las políticas de los gobiernos mal llamados progresistas, que siguen aplicando esencialmente las mismas políticas neoliberales de los años noventa.

Ellos, en efecto, como los Kirchner o Lula, no han sido capaces de movilizar una fuerza propia con medidas audaces: no han nacionalizado el comercio exterior de granos, ni fijado políticas antiminería ni protegido el ambiente y, por el contrario, han financiado a la gran industria (que es extranjera y está ligada a la oligarquía y al capital financiero internacional) y no les han tocado un pelo a éstos. Sólo las movilizaciones populares y la perspectiva de políticas de cambio pueden arrastrar sectores pobres de las clases medias, como en Bolivia o Ecuador, o contrarrestar la base social clasemediera de la derecha venezolana. La tibieza de la Concertación chilena, del kirchnerismo, de Lula, se convierten en cambio en la fuerza de la derecha frente a gobiernos socialmente aislados y que persisten en las políticas y concepciones neoliberales que llevaron al desastre mundial. Si agregamos a esto que los trabajadores están dando una respuesta débil y desunida a la utilización capitalista de la crisis mundial y, en general, no han podido elaborar un proyecto propio de salida de la crisis, vemos también por qué la derecha y el capitalismo pueden mantener su hegemonía político-cultural. ¡Más que nunca es esencial dar la batalla ideológica contra los valores y los medios del capital y organizar la actividad política independiente de las víctimas del mismo!

lunes, enero 12, 2009

Boletín Informativo ISA núm 619

http://serviciodenoticiasisa.blogspot.com

Sumario:

I. A 15 años del levantamiento zapatista, por Guillermo Almeyra

II. “No nos abandones”, por José Saramago

--------------------

A 15 AÑOS DEL LEVANTAMIENTO ZAPATISTA

por Guillermo Almeyra

(publicada en La Jornada el 11 de enero de 2009)

El 1º de enero de 1994 la rebelión indígena dirigida por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas culminó, en América Latina, una serie de levantamientos indígenas victoriosos, como el ecuatoriano de 1990, y prosiguió con ímpetu en la vía abierta en México por la votación de 1988 y, antes, por la movilización de los jóvenes chilangos en 1985.

Una vez rectificado su inicial curso bélico –destruir al Ejército, marchar sobre el Distrito Federal y tomarlo– el EZLN fue defendido por los sectores populares y despertó una gran esperanza. Tuvo momentos en los que intentó, sin sectarismo y con realismo, unir sus esfuerzos con los de otros sectores “progresistas” (por darles un nombre periodístico y conocido) y llamó a Cuauhtémoc Cárdenas a encabezar un movimiento nacional de liberación o convocó a toda la izquierda a una Convención Nacional Democrática que se hundió debido a los sectarismos entrecruzados.

Con la Marcha del color de la tierra demostró la voluntad de los indígenas de recurrir al parlamento para exigir sus derechos por la vía constitucional y legal, reformando la Carta Magna, pero todos los partidos hicieron oídos sordos a sus reclamos y los dejaron solos. Los indígenas se replegaron a sus comunidades y se fortalecieron en ellas tratando de comenzar a construir su autonomía, en el aislamiento y en la miseria, y sin aliados importantes en el terreno nacional.

Las juntas de buen gobierno y sus planes de educación y salud fueron adquisiciones importantes, a pesar de todos sus límites y de las dificultades que desde su nacimiento enfrentan. Esa experiencia casi decenal está grabada con fuego en las mentes y los corazones no sólo de los indígenas sino también de los explotados y oprimidos de México, y ha lanzado su semilla en todo el continente, porque forma parte de la resistencia y de la tendencia a la autogestión de los sectores más enérgicos y combativos de todos los países latinoamericanos.

Inicialmente, la Sexta declaración de la Selva Lacandona suscitó nuevas esperanzas, pues pareció dejar atrás la etapa de mutismo y aislamiento que había seguido al fracaso de la Marcha del color de la tierra y abría teóricamente el camino para un frente único de todos los partidarios de acabar con este sistema de exclusión, opresión, explotación y miseria para las mayorías.

Desgraciadamente, el protagonismo narcisista de Marcos y el sectarismo, así como el primitivismo de quienes admitían a Stalin (y al pasado del estalinismo presentado como socialismo) y pasaban en silencio la corrupción parlamentarista de sus aliados (como Rifondazione Comunista, que aportaba algún dinero mientras votaba, al mismo tiempo, otros fondos para matar afganos) mientras actuaban –justamente– el parlamentarismo obtuso y oportunista del PRD, convirtieron pronto la otra campaña en una contracampaña electoralista, concentrada además contra el candidato que despertaba las expectativas populares.

Para colmo, al silencio teórico y político sobre todos los grandes problemas del país se unió una propaganda antipolítica, en el momento en que la mayoría de los trabajadores esperaba un cambio por la vía electoral, que además confundía a los partidos y políticos oportunistas, defensores del sistema, con sus seguidores ilusionados y engañados pero deseosos de luchar.

Los estudiantes que piensan y luchan en la UNAM fueron alejados para apoyarse en lumpens y semilumpens o inadaptados varios. La alianza con los obreros, incluso en lucha, fue rechazada porque sus dirigentes serían charros, en vez de apoyarlos y de apoyarse en ellos precisamente para acabar con los charros. No había ni que mirar hacia Bolivia, donde los movimientos sociales unían la movilización con la acción política. El Diálogo Nacional, que intentó reiteradamente dar respuesta a la vez obrera y nacional a los problemas esenciales del país, fue ninguneado. El fracaso de la gira de Marcos y de la otra campaña llevó después a un desarmante nuevo y profundo silencio, mientras el pueblo mexicano intentaba impedir la entrega del petróleo y de la energía, y que se le diese la puntilla a los campesinos.

De ese silencio acaba de salir Marcos con un espectáculo-festival al cual concurrieron unos pocos políticos europeos en búsqueda de notoriedad y votos, que se caracterizó por ser, en efecto, un festival, pero de narcisismo y verborrea de Marcos, cuyas larguísimas piezas literarias son absolutamente incomprensibles para cualquier indígena chiapaneco o de cualquier región del planeta. En ellas, aparte de una retórica de feria de pueblo, se agitan pocas y erróneas ideas: la represión contra los jóvenes en el Distrito Federal sería igual al genocidio antipalestino en Gaza; López Obrador, a quien Marcos vitupera, es igual que Calderón, y, lo que es peor, es igual que la importante masa popular que sigue a AMLO, con la que Marcos ni siquiera intenta un diálogo; no hay ni atisbos de movimientos populares en México ni hay grandes temas que puedan movilizar; Marcos y la otra campaña no tienen nada de que autocriticarse y la situación de peligroso aislamiento y desgaste en la que se encuentran los territorios zapatistas chiapanecos no exige la búsqueda de apoyos y de aliados.

Me he contado entre los pocos que constantemente pedíamos que el zapatismo discutiese las vías para acabar con la actual situación social y política, hablase, se pronunciase, buscase unir voluntades, aprendiese de sus errores primitivos, antipolíticos y sectarios a la luz de los acontecimientos. Leyendo ahora a Marcos confieso que debo hacerme una autocrítica: era mejor que callase para que sus elucubraciones no oscurezcan el trabajo serio y digno de las comunidades indígenas que, aunque aisladas, realizan la hazaña de resistir.

-------------------

“NO NOS ABANDONES”

por José Saramago

(publicada en El Cuaderno de Saramago el 7 de enero de 2009)

Va el título en castellano porque así fue dicha la frase. Este escrito también podría llamarse “Los silencios de Marcos”, lo que aclararía todo. La prosa de hoy se refiere al mítico, aunque muy real, subcomandante. A pocas personas ha admirado tanto en mi vida, de poquísimas he esperado tanto. Nunca lo he dicho por la simple razón de que estas cosas no se dicen, se sienten y por ahí se quedan. Cuestión de pudor, parece. Cuando los zapatistas salieron de la Selva Lacandona para llegar al Zócalo después de haber cruzado medio México, yo estaba allí, uno entre un millón. Conocí la exaltación, el pulsar de la esperanza en todo el cuerpo, la voluntad de mudar para convertirme en algo mejor, menos egoísta, más capaz de entrega. Marcos habló, nombró a todas las etnias de Chiapas, y para cada una fue como si las cenizas de millones de indios se hubiesen desprendido de los túmulos y otra vez reencarnado. No estoy haciendo literatura fácil, intento, inhábilmente, poner en palabras lo que ninguna palabra puede expresar: el instante en que lo humano se convierte en sobrehumano y, a la vez, regresa a su más extrema humanidad.

Al día siguiente, en el campus modesto de una facultad universitaria, hubo un acto público que reunió a varios miles de personas y ahí se habló del presente y del futuro de Chiapas, de la lucha ejemplar de las comunidades indias que soñaba ver extendida un día a toda América (tranquilícense los timoratos, no sucedió). En la tribuna estaban, entre otros, Carlos Monsivais, Elena Poniatowska, Manuel Vázquez Montalbán, yo mismo. Todos hablamos, pero lo que la gente quería era oír a Marcos. Su discurso fue breve, pero intenso, casi insoportable para el sistema emotivo de cada uno. Cuando todo terminó fui a abrazar a Marcos y entonces él me dijo a oído, con voz casi susurrada: “No nos abandones”. Le respondí en el mismo tono: “Tendría que abandonarme a mí mismo para que eso sucediera”. Desde entonces, nunca más lo he vuelto a ver.

Pensé, y lo dije, que Marcos debería haber hablado en el Congreso. Por decisión de la “comandancia” intervino la comandante Esther, y lo hizo admirablemente. Conmovió a México entero, pero, repito, a mí entender, era Marcos quien debería haber hablado. El significado político de una intervención suya culminaría de manera más eficaz la marcha zapatista. Así pensaba y así sigo pensando. El tiempo ha pasado, el proceso revolucionario ha cambiado de rumbo, Marcos salió de la Selva Lacandona. Durante el último año Marcos ha guardado un silencio total, nos dejó huérfanos de aquellas palabras que solo él sabe decir o escribir. Sentimos su falta. En el día 1 hubo en Oventic un encuentro para celebrar y recordar el inicio de la revolución, la toma de San Cristóbal de las Casas, los altos y bajos de un camino difícil. Marcos no fue a Oventic, no mandó siquiera un mensaje, una palabra. No lo entendí y sigo sin entenderlo. Marcos, hace pocos días, anunció para el año que entra una nueva estrategia política. Ojalá, si la antigua ha perdido las virtudes. Ojalá, sobre todo, que no vuelva a callarse. ¿Con qué derecho lo digo? Con el simple derecho de quien no abandonó. Sí, de quien no abandonó.


Otro ingenuo.


domingo, diciembre 28, 2008

La revolución cubana, medio siglo después

Guillermo Almeyra/ I

Los símbolos, en política, tienen siempre un enorme peso en el imaginario colectivo. El romántico ingreso en La Habana en delirio de los jóvenes barbudos vencedores el 1º de enero de 1959 sacudió la conciencia y los corazones de los trabajadores en todo el mundo y abrió una nueva fase de luchas (que incluyen el 68), cerrando un ciclo de grandes derrotas populares, como la reconstitución del poder del imperialismo en Bolivia tras la revolución de 1952; la derrota de la revolución guatemalteca en 1954; el derrocamiento del gobierno constitucional de Juan Domingo Perón en 1955 por un golpe militar proligárquico; la represión soviética al gobierno de los consejos obreros húngaros en 1956, y la guerra sionista de ese mismo año en el Sinaí contra Siria, Egipto y la resistencia palestina. La revolución cubana demostró que era posible disolver a un ejército represivo y derribar una dictadura feroz si se contaba con el apoyo de la mayoría de la población, que la relación de fuerzas mundial hacía posible echar a un agente de Washington y comenzar a crear otro aparato estatal, incluso sin contar con un partido ni con aliados internacionales, pues el movimiento 26 de Julio era un grupo abnegado pero heterogéneo; el PSP –el partido comunista cubano– se había opuesto hasta el último momento a la lucha armada contra Batista y la Unión Soviética veía con suspicacia a los revolucionarios y sólo reconoció su gobierno revolucionario hasta 1961, dos años después del triunfo de la revolución.

Surgió así entonces un hecho nuevo y trascendental: a 150 kilómetros de la principal potencia militar y económica y en lo que era el patio trasero del imperialismo estadunidense triunfaba una revolución armada antimperialista y democrática de campesinos y estudiantes apoyada por los trabajadores, aunque no dirigida por éstos. Más aún, en vez de ceder ante las presiones imperialistas como había hecho el MNR en Bolivia, esa revolución tenía una dinámica tal que la llevaba a profundizar su curso ante cada ataque del enemigo.

La influencia de esto fue enorme en América Latina, sobre todo en la izquierda. Hasta 1959, los partidos comunistas condenaban la lucha armada y, triunfante la revolución, pedían en Cuba un gobierno de unidad con los burgueses antibatistianos por boca del ex pastelero Jacques Duclos, el segundo líder del PC francés. A la izquierda de esos partidos comunistas, tantas veces aliados con las oligarquías locales y con los hombres de Washington (como Batista, o el dominicano Trujillo), sólo existían unos diminutos y marginados grupos trotskistas en unos pocos países. Ahora surgía en Cuba una corriente revolucionaria nacionalista que se radicalizaba, en la que en los primeros dos años existía plena libertad de prensa y de actuación para la izquierda y que aceptaba la existencia de varias tendencias y partidos revolucionarios (de cuya fusión nacería en 1961, dos años después del triunfo revolucionario, las Organizaciones Revolucionarias Integradas –ORI– y recién en 1965 el actual Partido Comunista cubano, no sin antes tener que depurar la revolución del ala estalinista que actuaba como agente de Moscú). Aunque la mayoría del pueblo cubano recordaba aún, como el mismo Fidel Castro, el apoyo a Batista del PSP y no era socialista, el ataque imperialista contra la dirección cubana, a la que Washington acusó desde el primer momento de comunista, llevó a Fidel Castro a declarar que el país era socialista, en sorpresivo discurso radiofónico pronunciado después de la derrota de la invasión imperialista en Bahía de Cochinos, en 1961. La tardía alianza con los soviéticos no fue pues resultado de la influencia política de Moscú sobre los jóvenes dirigentes revolucionarios, sino que fue impuesta por la presión imperialista y por la decisión de defender a cualquier costo las conquistas de la revolución y la independencia y dignidad del pueblo cubano, encontrando apoyo y tecnología en los adversarios de su enemigo.

Nació y se desarrolló así un gobierno plebeyo revolucionario que asumía definiciones socialistas, pero dirigía una economía capitalista y actuaba dentro del mercado mundial capitalista. Ese gobierno se opuso a los grandes capitalistas locales y al imperialismo, que lo sabotearon por todos los medios posibles, incluso insurreccionales, y no tuvo nunca el apoyo de las clases y sectores procapitalistas, que emigraron. Además, contra sus previsiones y su voluntad se vio obligado a apoyarse en la Unión Soviética y en partidos que huían de la revolución como de la peste y que declaraban que su objetivo era la mera coexistencia pacífica con el imperialismo y a eso sometían todo lo demás, incluida la independencia cubana, como lo demostraron en 1962 en la famosa crisis de los cohetes.

Fidel Castro pasará pues a la historia, junto a José Martí, como el líder de la última revolución de independencia latinoamericana, que fue y sigue siendo una revolución democrática, nacional, antimperialista con dinámica anticapitalista. No es ni ha sido nunca un teórico socialista sino un gran revolucionario y hombre de Estado cubano. Esa es su fuerza pero también su debilidad. En efecto, no se puede hacer un balance de la política de los revolucionarios cubanos prescindiendo del peso de la personalidad y de la formación teórica de sus dirigentes, incluso de los mejores de ellos, como Fidel Castro o el Che Guevara. Un mero artículo periodístico, por supuesto, no basta para lo que debería ser tarea de una obra documentada (no de una de las habituales hagiografías), pero trataré de esbozar algunas líneas en la segunda parte de esta nota.

domingo, octubre 19, 2008

Un poco de realismo no hace mal

Guillermo Almeyra

Esta crisis, antes que nada, no es sólo financiera, es también general y, además, es una crisis de confianza en el sistema y en los dirigentes del mismo. También es mucho más grave que la de los años 30, porque entonces la mayoría de la humanidad vivía en el campo y tenía amplios márgenes de autoconsumo o de supervivencia, mientras hoy vive en las ciudades, pero con empleos inseguros y un nivel de consumo aún más incierto. Por eso la crisis no se resuelve dando dinero a los bancos o nacionalizándolos. El problema real consiste en que la gente común reduce sus consumos y busca ahorrar, porque teme por su trabajo y, por consiguiente, hay fábricas que despiden trabajadores porque venden menos, lo cual aumenta el temor y la inseguridad de los que aún mantienen su empleo, alimentando así la espiral de la crisis.

Se les ha dado dinero a los bancos, pero no se les ha devuelto su casa a quienes la perdieron, y los bancos podrán quizás ofrecer nuevamente créditos, pero los industriales y los comerciantes no pensarán en aumentar su actividad si ven que sus ventas disminuyen.

La euforia en las bolsas de todo el mundo después del anterior derrumbe preludia, por eso, otra caída, ya que no se trata de salvar al sector financiero sino de impulsar la producción y el consumo de masas. Y no se puede contar con que Estados Unidos nacionalice también la General Motors, la Ford, la General Electric y demás grandes empresas, y garantice además un ingreso real a todos sus habitantes (por no hablar de los de otros países, que están interrelacionados con Estados Unidos).

La crisis continuará y requerirá del capitalismo medidas más serias que el entierro inglorioso de sus políticas y teorías neoliberales sobre el market first y la necesidad de un Estado fantasmal. El precio del petróleo caerá, sin duda, algo más, pero no volverá a ser el de antes porque no depende sólo de la especulación sino de la economía real, y la confianza y capacidad de compra de los consumidores no reaparecerán si el empleo no está garantizado y si el capitalismo no se sigue esforzando por rebajar los salarios reales de los trabajadores y eliminar, si es posible, sus salarios indirectos y diferidos (pensiones, jubilaciones, derechos sociales).

Partiendo del hecho de que Barack Obama muy probablemente será el próximo presidente estadunidense y de que todos han asistido a una excelente lección sobre lo que es el capitalismo, al ver cómo se hace una vez más que los trabajadores paguen a banqueros descarados que siguen dándose la gran vida una vez quebrados y rescatados, nos encontramos entonces ante la inevitabilidad de un gran cambio en la política estadunidense. ¿Nos enfrentaremos a un neokeynesianismo, a una versión light del New Deal de Franklin D. Roosevelt, con apoyo sindical, impuestos a los ricos, seguro social y exención de impuestos a los pobres y obras públicas o, por el contrario, a un régimen fuerte y nacionalista, con una política exterior agresiva que intente soldar lo más atrasado, conservador y nacionalista de los trabajadores estadunidenses con los imperialistas del establishment? Ojo que, en el primer caso, podrían ir aparejados el fin del TLCAN, como plantean los sindicatos, con medidas restriccionistas y políticas xenófobas, y el imperialismo estadunidense no se encerraría en el continente. Entre otras cosas, porque Estados Unidos no podría salir de la crisis sin el sostén activo de China, que tiene dos billones de dólares en reservas, ingentes inversiones en empresas estadunidenses, cientos de miles de millones en bonos del Tesoro y en hipotecas tóxicas del Gran Enfermo… Ojo también que, en el segundo caso, a juzgar por las posiciones electorales de Obama, Estados Unidos iría a un choque con Rusia por la extensión de la OTAN a Georgia y Ucrania, a un nuevo Irak, pero en Afganistán, junto a China y Rusia, e incluso a una aventura en Irán, o sea, a una política insostenible sin la militarización general de los ciudadanos de Estados Unidos.

Para América Latina la política más sensata, en ambos casos, consistiría en poner en común esfuerzos, finanzas y recursos, trabajar por el máximo de complementarización posible de sus economías, negociar como bloque con las grandes trasnacionales y las grandes potencias y, sobre todo, mantener y elevar los consumos, crear trabajo, llevar a cabo grandes planes sanitarios, de construcción de viviendas populares, de educación, crear infraestructuras. Si las grandes empresas, que son extranjeras, decidiesen cerrar o suprimir personal, habría que estatizarlas y hacerlas funcionar bajo la administración de sus obreros, como hizo Cárdenas con las petroleras, y el trabajo debería ser distribuido entre todos sus empleados, manteniendo los salarios aunque el horario laboral se redujese.

En una palabra: la crisis es una ocasión para el desarrollo, a condición de que no la paguen los trabajadores sino los capitalistas que la provocaron. Además, aunque China no va a dejar caer el capitalismo en el cual se ha instalado, no es forzoso que se dedique sólo a salvar a Estados Unidos, porque sus intereses podrían llevarla a encontrar en el patio trasero de éste, si el mismo fuese prometedor, un campo de competencia y de desarrollo. ¿Qué otra cosa hizo Estados Unidos, en los años 20, frente al capital inglés predominante entonces en nuestro continente?

domingo, agosto 13, 2006

Historia de un libro y de sus detractores

Historia de un libro y de sus detractores
Guillermo Almeyra

La Jornada


Dado todo lo que está pasando, dudé bastante antes de escribir este artículo sobre un problema menor. Pero terminé convenciéndome de que, al hablar de un (feo) botón de muestra, estaba hablando de cómo cortar el traje democrático que queremos que vista nuestro país. Por lo tanto, ahí va.

Con el excelente fotógrafo Emiliano Thibaut publicamos el libro Zapatistas, un mundo en construcción, compuesto por un texto mío de análisis sobre el origen y los problemas que enfrenta el neozapatismo, por una crónica de Emiliano sobre su experiencia en todos los caracoles, por los textos de todas las Resoluciones de la Selva Lacandona, la Ley Revolucionaria de Mujeres y lo esencial de los acuerdos de San Andrés y, por supuesto, por hermosas y elocuentes fotos a color o en blanco y negro sobre la vida en las zonas zapatistas y la gente que allí resiste y lucha. Es un libro sobre los zapatistas -la gente común-, como dice el título, mucho más que sobre el zapatismo como movimiento político-militar. Aunque es, por supuesto, un libro zapatista escrito por personas comprometidas con esta y con otras luchas de liberación social, no es apologético. Porque un proverbio japonés dice que "se puede adorar una cabeza de sardina: la cuestión es tener fe". Precisamente: la fe es ciega. Por eso los movimientos sociales no necesitan fieles sino cabezas pensantes, además de corazones ardientes y de sensibilidad siempre despierta. Por consiguiente, conviene dejar las porras para el futbol y el incienso para los santos.

Este libro-objeto fue editado en Argentina y, esperamos, lo será también en Francia e Italia. No es para especialistas ni eruditos, sino un libro de militantes que explica a otros militantes las raíces del zapatismo y del EZLN, la tortuosa construcción de la conciencia popular, que abolla mitos verticalistas e interpretaciones falsas difundidas en el exterior sobre el poder en las zonas zapatistas y sobre la acción política, y trata de presentar al zapatismo no como algo externo y exótico sino como parte de un mismo proceso mundial de construcción de independencia política, autonomía y autogestión, que en cada país adopta ritmos y formas correspondientes a la respectiva densidad histórico-cultural de sus oprimidos y explotados. Los autores, además, decidimos ceder nuestras regalías a las juntas de buen gobierno (JBG), que son protagonistas de la obra, e intentamos reiteradamente publicar en apéndice una entrevista con el subcomandante Marcos que jamás se nos concedió. Hasta aquí el marco general. Ahora viene lo feo.

El 17 de julio, gracias a la gentileza de la Casa Lamm, presentamos allí el libro con Rosario Ibarra y Héctor Díaz-Polanco como comentaristas respetados y especialistas en el tema, además de luchadores desde siempre por la causa zapatista y los derechos indígenas y la autonomía. El público, que desbordaba la sala, estaba compuesto por dirigentes campesinos, militantes sociales, estudiantes y buena cantidad de miembros de la otra campaña.

Terminadas las intervenciones de los presentadores pidió la palabra antes que nadie quien funge como secretario particular del delegado Zero o Marcos. Sin decir una palabra sobre las intervenciones de Rosario Ibarra y Héctor Díaz-Polanco (que habían insistido sobre la necesidad de unir fuerzas contra la derecha y su fraude, que no sólo ponen en cuestión la democracia en México sino que también amenazan de muerte a los zapatistas chiapanecos) y sin opinar sobre ninguna idea política expuesta por los autores, acusó a éstos de haber cometido "una grosería" al no haber invitado personalmente a Marcos (por él promovido a propietario exclusivo de la marca registrada Zapatismo), añadió que Thibaut había estado efectivamente en los caracoles que describe en su crónica pero que "jamás había vuelto" a ellos, preguntó por qué no se presentaba el libro en las JBG, y se deslindó, correctamente, de los dirigentes ex salinistas del PRD pero sin decir una palabra sobre el movimiento popular contra el fraude. Terminada su intervención, que encontró no pocas protestas, se retiró sin escuchar las respuestas de los interpelados, aplicando eso de "ni los veo ni los oigo".

En la respuesta aclaramos que ninguno de los presentes había necesitado una invitación personal para asistir y tomar la palabra; que habíamos tratado por diversos medios de enviar el libro a las JBG pero que la alerta roja ha suspendido el funcionamiento de las mismas, y que invitaríamos a Marcos a participar en otra presentación, cosa que hemos hecho, hasta ahora sin resultado. Además, reiteramos que la otra campaña no puede separarse de los sectores populares que son su interlocutor principal aunque esté en contra de la dirección (transitoria) de ese movimiento de masas y no comparta las ideas de la misma, porque no se puede abandonar la lucha por la democracia en nombre del anticapitalismo en abstracto.

Ese es el problema central: está naciendo, está madurando y se está consolidando un gran movimiento nacional sin precedente desde la Revolución Mexicana. Pero los movimientos sociales jamás surgen puros y claros. Se apoyan, en cambio, siempre, sobre todo en el pasado del cual parten para crear lo nuevo. Además, no hay una muralla china entre la lucha por la democracia y la lucha por el socialismo. Los militantes de la otra campaña y la dirección del EZLN tienen por eso su lugar en la lucha de millones de mexicanos.

Pese a ello, la invitación a la nueva reunión intergaláctica desgraciadamente olvida el fraude y el movimiento social de masas contra el mismo, y no ve qué pasaría en Chiapas si Calderón se afirmase. La ceguera y el sectarismo pueden resultar muy peligrosos.

domingo, agosto 06, 2006

Apuesta de Aventureros

Guillermo Almeyra en La Jornada

En todos los fascistas, como ha sido ampliamente estudiado, siempre hay una dosis muy fuerte de irracionalidad, de bravuconería, de apuestas arriesgadas de aventureros. Vivere pericolosamente, era el lema de Mussolini, esa caricatura viviente del fascismo y de sí mismo... Esas características, por supuesto, no les faltan a los fascistas criollos que, además, confían ciegamente en Dios y creen que éste está exclusivamente a su servicio. Los líderes fascistas o los nazis, sin embargo, eran defensores del capitalismo pero no eran capitalistas, sino advenedizos reclutados principalmente en los bajos fondos, en los manicomios o entre los resentidos sociales y los degenerados a la Goëring o a la D'Annunzio.

Los fascistas nuestros son, en cambio, pirrurris de traje y corbata, de carros del año. Por eso, a diferencia de los europeos, no tienen sensibilidad popular. En su carácter de miembros de la llamada elite de un país mayoritariamente conservador y racista, desprecian a los indígenas por "indios", y al pueblo, "los nacos" (de totonacos), por razones a la vez étnicas y de clase. Creen que los trabajadores y los oprimidos de todo tipo no tienen memoria, capacidad de pensar y decidir ni voluntad, que son una masa voluble, maniobrable, con una capacidad infinita para soportar robos, estafas, vejámenes e infamias de todo tipo.

Como desprecian el país real -su ideal está fuera de las fronteras y anhelan ser reconocidos como iguales por gentes más blancas y rubias que sus connacionales-, no son capaces de pensar en la posible consecuencia de sus constantes actos de usurpación y de su prepotencia. Ni mucho menos de ver lo que está sucediendo, como la ola de tomas de municipios oaxaqueños para formar gobiernos populares o la vasta rebelión encabezada y organizada en todo el estado por la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca (APPO), los maestros y otros movimientos sociales. Como se creen omnipotentes e impunes, porque desde hace cientos de años ellos o sus semejantes dominan las palancas del poder económico, religioso y político, actúan irresponsablemente, como aventureros sin criterio. Por eso han hecho un fraude evidente, tan evidente que Calderón no puede mover siquiera 5 mil personas en su apoyo y, por supuesto, aunque asegura que ganó, no puede eliminar las dudas pidiendo que se abran las urnas. Por eso adoptan como táctica la torpe tozudez del ladrón que, atrapado con lo robado, dice "¡es mío!", "¡es mío!", contando con la complicidad de un juez venal que ya le ha servido en otras ocasiones.

Esa gente ve la violación del reglamento de tránsito, pero no ve qué significado tiene una resistencia pacífica tan vasta y tan persistente que, además, va in crescendo. No se da cuenta de que en la voluntad de tomar las calles céntricas hay el mismo ingrediente que en la toma de Oaxaca, en la construcción de las juntas de buen gobierno, en la organización de la policía comunitaria guerrerense. O sea, la decisión de construir abajo, en la vida cotidiana, un poder opuesto al de los opresores. Y también está la ruptura con la dominación, un salto ideológico formidable por parte de millones de personas.

Sin duda, los fascistas se apoyan sobre una melma conservadora, que es mayoritaria (si uno suma la abstención de los valemadristas con los votos por el PAN y con la mayoría de los votos por el PRI y una parte, incluso, de los votantes del PRD). Para hacerlo cuentan con el miedo, con la presión patronal, con la cloaca ideológica que se vuelca diariamente desde la pantalla chica y por la mayoría de las radios. Pero aunque los conservadores puedan apoyar puntualmente a los fascistas, no son iguales a éstos y sus miedos y certezas pueden ser muy sacudidos o por las movilizaciones sociales o por los efectos nefastos de las políticas hambreadoras y destructivas de los arrogantes, de los aventureros insensibles y racistas en el poder.

Luis Hernández Navarro, en un excelente artículo, describió lo que podría suceder si Calderón se impusiese por el fraude con la complicidad del IFE y de jueces inconscientes, como pretende y como planeó hace más de dos años, cuando pergeñó su campaña y el fraude mismo. Estamos ante un proceso que ha desbordado ya a la dirección del PRD y que comienza a mostrar importantes síntomas de autonomía en la rebelión, de autorganización y de autogestión, como en Oaxaca, y que no se quedará en el marco -fundamental- de la defensa de la legalidad, sino que también impondrá reivindicaciones sociales, con la acción de masas.

¿Qué pasaría entonces si un gobierno ilegal e ilegítimo, el de Calderón, intentase acabar con las zonas zapatistas en Chiapas mediante la violencia o reprimir armas en mano, como se hizo en Lázaro Cárdenas con los mineros, las múltiples sublevaciones y resistencias populares? ¿Aceptarían las fuerzas armadas en su totalidad el trabajo sucio y sangriento que los pirrurris les atribuyen para hacer la política de Bush en México? ¿No habría en ellas elementos que considerasen deshonroso servir a un gobierno para el cual es normal y aceptable la construcción de un muro destinado a contener emigrantes considerados perros rabiosos y el despliegue de tropas para tirar contra mexicanos y latinoamericanos? ¿La resistencia popular creciente no desgarraría los aparatos de dominación y represión, la Iglesia, las fuerzas armadas? El conflicto todavía es poselectoral pero, ¿permanecerá así durante mucho tiempo, sobre todo si los aventureros se obstinan en jugar con fuego?