Mostrando las entradas con la etiqueta José Saramago. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta José Saramago. Mostrar todas las entradas

sábado, junio 19, 2010

México 2010: olvidar el futuro

Desfiladero
En 2004, José Saramago visitó las instalaciones de La Jornada, donde convivió con trabajadores, accionistas y directivos. En la imagen, el escritor portugués observa la portada que este diario realizó con motivo de su nombramiento como premio Nobel de Literatura 1998. Lo acompaña Lilia Rossbach Fabrizio LeónFoto Foto


Abatido por la desaparición física de don José Saramago, el mundo pierde a un activista de primera línea, que en Europa, en Palestina, en Latinoamérica, en Chiapas, en México, siempre salió, en el momento justo, en defensa de quienes más lo necesitaban. Pero tras la muerte de este portugués universal, la humanidad se queda con un grandísimo escritor vivo, en plenitud de facultades, lleno de fortaleza, de juventud, de ingenio, de fantasía, de humor, de erudición, de clarividencia y de poder narrativo, que será inmortal hasta el fin de los siglos mientras alguien lo lea.

Cuento dos anécdotas que pintan de un plumazo la admirable vitalidad que a los 79 años le permitía viajar sin descanso por todo el planeta, escribir novelas maravillosas, pelear en la prensa, y comer y cantar con una alegría casi infantil. En marzo de 2001, durante una reunión en casa de Ricardo Rocha, a la que asistían Manuel Vázquez Montalbán; Laura Lara, de Alfaguara; el anfitrión y su familia; don José y Pilar del Río, su esposa, a cada rato Saramago volteaba hacia mí, alzaba discretamente su copa o sonreía con un guiño, al cual yo, atónito, le correspondía sin entender qué pasaba.

Había tenido el privilegio de conocerlo dos años antes en Venecia, donde me concedió una entrevista sobre la guerra de Kosovo, y meses después, por Laura Lara, de Alfaguara, supe que había quedado muy satisfecho. ¿Esa era la causa por la que en casa de Ricardo Rocha con tanta frecuencia me sonreía? ¡Qué va! Es que yo estaba sentado junto a una señorita pelirroja guapísima, a la que el maestro no cesaba de coquetearle, y de piropearla en silencio, con miradas de suplicante seducción.

Era la víspera de la llegada al Zócalo de la Marcha del color de la tierra. Al otro día, muy temprano, Saramago, Pilar del Río, Vázquez Montalbán, Ricardo Rocha, sus hijos, la pelirroja guapísima y yo, acudimos a recibir a los zapatistas comprimidos como adolescentes en dos pequeños automóviles, y todavía hicimos escala en el Fiesta Americana para recoger a Joaquín Sabina y a Ximena, su novia; él, verde porque no había dormido, ella fresca, radiante y dicharachera.

Miles y miles de personas colmaban la Plaza de la Constitución cuando bajamos de los cochecitos ante el Antiguo Palacio del Ayuntamiento, donde por cortesía del Gobierno del Distrito Federal nos instalaron en una oficina del primer piso con vista al Zócalo. Don José y Pilar iban de paliacate rojo al cuello, como los indígenas rebeldes, pero él se impacientó porque desde aquellas angostas ventanas era imposible apreciar la dimensión colosal del evento.

Ansioso por ver más, Saramago desapareció con Vázquez Montalbán, y mientras Sabina moría por falta de cerveza, y Ximena y la pelirroja trataban de conseguírsela, Pilar del Río preguntó y supo que su incorregible marido, el premio Nobel de Literatura 1998, estaba nada menos que en la azotea del GDF, brincando y gritando con el puño en alto, lanzando vivas a los comandantes y las comandantas del EZLN y al subcomandante Marcos.

–¡Por favor! –le dijo Pilar del Río, angustiada, a la pelirroja guapísima—. ¡Sube y, por tu madre, cuídalo! ¡Pero, niña, corre, que no se vaya a caer!

Estos recuerdos, banales pero entrañables, no alivian la tristeza causada por la muerte de un grande entre los grandes, que viene a sumarse al dolor acumulado por otras ausencias irreparables, como las de Carlos Montemayor y Bolívar Echeverría. Tampoco disminuye la indignación sin atenuantes provocada por los ministros de la Suprema Corte de la Injusticia, que al renunciar a sus responsabilidades frente al homicidio de 49 bebés en la guardería ABC de Sonora, han abolido, de jure y de facto, el Poder Judicial del país, echando otra capa de pavimento al camino por el cual nos llevan cada vez con más descaro hacia una dictadura totalitaria, que ya se destaca por su marcada vocación asesina.
Retomo, sin embargo, el hilo del cuento sobre Saramago, el Saramago vivo, el que nos acompañará siempre, y lo hago como pretexto para reivindicar la olvidada importancia de la literatura en nuestra comprensión del mundo. No es una reflexión gratuita. Viene al caso porque tiene que ver con el nuevo libro de Andrés Manuel López Obrador –La mafia que se adueñó de México... y el 2012–, y la publicación de una novela extraordinaria: Olvidar el futuro (Tusquets, México, 2010), del escritor hidalguense Agustín Ramos. Aunque ustedes no lo crean, ambos títulos guardan estrechas relaciones entre sí.

En una época mucho más feliz que ésta, hacia 1969, el filósofo español Adolfo Sánchez Vázquez, a quien la guerra, el exilio y Lázaro Cárdenas volvieron mexicano, publicó un título que hoy, tantos años después, sigue siendo lectura obligada para los estudiantes de Filosofía y Letras. En efecto, en Las ideas estéticas de Marx (Ediciones ERA), Sánchez Vázquez habló con largueza sobre las relaciones entre literatura, ciencia política y sociología, al analizar las novelas de Franz Kafka.

Zapatero a tus zapatos, nos decía la maestra Eugenia Revueltas a los estudiantes de Letras en la UNAM de 1972, cuando al comentarnos la obra de Sánchez Vázquez nos recordaba que en 1870 Marx leía con avidez los libros de Balzac, para entender los usos y costumbres de la alta burguesía europea de 1830, mientras investigaba y esclarecía el funcionamiento del sistema capitalista.

Gracias a ese truco, los alumnos de doña Eugenia aprendimos a leer las aventuras de Sherlock Holmes con otros ojos: para descubrir cómo era la ciudad de Londres en 1880, en la que el joven Arthur Conan Doyle (1859-1930) escribió las primeras hazañas del célebre detective de la pipa, al mismo tiempo que el anciano Carlos Marx (1818-1883) redactaba los tomos finales de El Capital.

A lo mejor, dentro de muchos años, para comprender cómo era la vida cotidiana de nuestro país cuando López Obrador escribió La mafia que se adueñó de México...y el 2012, los estudiantes de sociología, de literatura y de historia escudriñarán con avidez las páginas de Olvidar el futuro. Si en su libro, el máximo líder opositor enjuicia a los 30 potentados que hoy por hoy dominan a más de 100 millones de mexicanos, en su novela Agustín Ramos toma como personaje central a uno de los miembros de ese grupo, el hombre más rico del mundo, “un empresario mexicano de origen libanés”, al que jamás llama por su verdadero nombre, pero acerca del cual relata vida y milagros, conocidos e inéditos, como si lo hubiera tratado íntimamente desde siempre, sin mencionar que además lo sitúa en un contexto de pesadilla, en que la corrupción, la inseguridad, la violencia del hampa y de las fuerzas armadas forman parte normal del paisaje, y México (p. 287) es gobernado por un “Presidente Legal (Pelele, por sus siglas, solía decir gran parte de la población)”, que termina dando un golpe de Estado para acelerar las reformas estructurales que faltan..

Y ya que en esas estamos, quiero terminar mostrando una coincidencia asombrosa entre ambos libros. En La mafia... López Obrador señala: “La entrega de Telmex se decidió entre Carlos Slim y Roberto Hernández (que) al final fue para el primero y al otro le ofrecieron Banamex.” (p.18). En Olvidar el futuro, Agustín Ramos cuenta cómo uno de los hijos del hombre más rico del mundo percibió la incorporación de Telmex al patrimonio familiar: “Su padre le ganó a su socio principal y éste debió conformarse con el banco” (p.244). La novela de Ramos se publicó un mes antes que el ensayo-denuncia-proyecto-alternativo-de-nación del Peje. Cometería grave error quien no se regale unas horas para leerla.

jamastu@gmail.com

viernes, junio 18, 2010

Fallece el Nobel José Saramago

José Saramago, escritor.

Alejandro Gutiérrez

Madrid, (apro).- El escritor portugués José Saramago, premio Nobel de Literatura, falleció hoy en su vivienda en Tías, Lanzarote, en las Islas Canarias, a los 87 años, a causa de neumonía crónica, informó la editorial Alfaguara, que publica sus libros en España.

“El escritor portugués y premio Nóbel José Saramago ha muerto en torno a la una menos cuarto de la tarde hora de Canarias”, dice la comunicación de dicha editorial.

Saramago murió en compañía de su mujer y traductora, Pilar del Río, tras pasar una noche tranquila, desayunar con normalidad, y mantener una conversación con su pareja. Pero después comenzó a sentirse mal y al poco tiempo falleció, explicó a EFE una fuente de la familia.

Pese a la debilidad de su salud, Saramago publicó a fines del 2009, la novela Caín, que muestra una irónica mirada al viejo testamento que provocó una reacción crítica de la Iglesia Católica.

Con motivo de la salida de este libro, Saramago le dijo al periodista Francesc Relea de El País, “hay quien me niega el derecho de hablar de Dios, pero no creo. Y yo digo que tengo todo el derecho del mundo. Quiero hablar de Dios porque es un problema que afecta a toda la humanidad”

Asimismo, el premio Nobel fue uno de los intelectuales que mostró una mirada crítica hacia la justicia española ante el juicio abierto contra el juez de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón, y por impedirse el juicio por los crímenes del franquismo.

Su obra se compone de 17 novelas y numerosos ensayos, artículos y cuentos.

Nació en Azinhaga, Portugal, el 16 de noviembre de 1922 en el seno de una familia campesina. En Lisboa cursó sus estudios de primaria pero no pudo terminar su instrucción de secundaria debido a las dificultades económicas de la familia.

A sus 12 años, Saramago ingresó a una escuela de enseñanza profesional para aprender el oficio de cerrajero mecánico, actividad en la que se desempeñó durante un tiempo.

Desde esa época gracias a su interés por la literatura frecuentaba la biblioteca pública de Portugal.

El portal de su fundación, da a conocer sobre su biografía que, así, “sin ayudas ni consejos apenas guiado por la curiosidad y por la voluntad de aprender, que mi gusto por la lectura se desenvolvió y pulió”.

Vinculado con el medio literario, Saramago publicó su primer libro en 1947, titulado “A Viúva” (La Viuda, en castellano), pero que por razones editoriales se publicó con el nombre de Terra do Pecado (Tierra del pecado).

Después publicó su novela Clarabóia (Claraboya), que permanece inédita.

En la editorial “Estúdios Cor” inició también su labor como traductor de autores como León Tolstoi y Charles Baudelaire.

Después vino su etapa de mayor madurez productiva con títulos como Memorial del Convento (1982) y con Ensayo sobre la ceguera (1995), lo que le proyectó como uno de los mejores novelistas contemporáneos.

En 1971 también tuvo experiencia como periodista, al ingresar como responsable del suplemento cultural del Diário de Lisboa, y años después fungió como director adjunto del Diário de Noticias, el cual abandonó después por motivos políticos.

El escritor y semiólogo Humberto Eco dijo de de él: “Saramago hace que el lector viaje en una niebla láctea”.

Saramago tomó distancia de Portugal dos años después de publicar El Evangelio según Jesucristo (1991), el cual fue censurado en su país por su crítica frontal a la religión católica.

Entonces, Saramago se fue a radicar a Lanzarote, porque el gobierno portugués vetó la presentación del libro al Premio literario europeo.

Ahí escribió su libro Ensayo sobre la ceguera (1995) y Todos los nombres (1997). Un año después le fue otorgado el premio Nobel de Literatura.

En las entrevistas que se le hicieron al darse a conocer el galardón, Saramago dijo, “he sentido una emoción muy fuerte y, como ocurre casi siempre con todas las emociones fuertes, uno no se entera:; lo sufre, lo siente, pero verdaderamente no se entera, y es con el paso del tiempo cuando uno se da cuenta de lo que ha ocurrido”.

En noviembre pasado, cuando presentó su libro Caín, Saramago anunció que ya trabajaba en su siguiente libro, que se refiere a la industria del armamento, sobre quién las fabrica y quién trafica con ellas, así como quién muere por esa razón.

“La vida no tiene importancia”, dijo el autor en esa oportunidad.

lunes, noviembre 23, 2009

El factor dios por: José Saramago

En algún lugar de la India. Una fila de piezas de artillería en posición. Atado a la boca de cada una de ellas hay un hombre. En primer plano de la fotografía, un oficial británico levanta la espada y va a dar orden de disparar. No disponemos de imágenes del efecto de los disparos, pero hasta la más obtusa de las imaginaciones podrá 'ver' cabezas y troncos dispersos por el campo de tiro, restos sanguinolentos, vísceras, miembros amputados. Los hombres eran rebeldes. En algún lugar de Angola.

Dos soldados portugueses levantan por los brazos a un negro que quizá no esté muerto, otro soldado empuña un machete y se prepara para separar la cabeza del cuerpo. Esta es la primera fotografía. En la segunda, esta vez hay una segunda fotografía, la cabeza ya ha sido cortada, está clavada en un palo, y los soldados se ríen. El negro era un guerrillero. En algún lugar de Israel. Mientras algunos soldados israelíes inmovilizan a un palestino, otro militar le parte a martillazos los huesos de la mano derecha. El palestino había tirado piedras. Estados Unidos de América del Norte, ciudad de Nueva York. Dos aviones comerciales norteamericanos, secuestrados por terroristas relacionados con el integrismo islámico, se lanzan contra las torres del World Trade Center y las derriban. Por el mismo procedimiento un tercer avión causa daños enormes en el edificio del Pentágono, sede del poder bélico de Estados Unidos. Los muertos, enterrados entre los escombros, reducidos a migajas, volatilizados, se cuentan por millares.

Las fotografías de India, de Angola y de Israel nos lanzan el horror a la cara, las víctimas se nos muestran en el mismo momento de la tortura, de la agónica expectativa, de la muerte abyecta. En Nueva York, todo pareció irreal al principio, un episodio repetido y sin novedad de una catástrofe cinematográfica más, realmente arrebatadora por el grado de ilusión conseguido por el técnico de efectos especiales, pero limpio de estertores, de chorros de sangre, de carnes aplastadas, de huesos triturados, de mierda. El horror, escondido como un animal inmundo, esperó a que saliésemos de la estupefacción para saltarnos a la garganta.

El horror dijo por primera vez 'aquí estoy' cuando aquellas personas se lanzaron al vacío como si acabasen de escoger una muerte que fuese suya. Ahora, el horror aparecerá a cada instante al remover una piedra, un trozo de pared, una chapa de aluminio retorcida, y será una cabeza irreconocible, un brazo, una pierna, un abdomen deshecho, un tórax aplastado.

Pero hasta esto mismo es repetitivo y monótono, en cierto modo ya conocido por las imágenes que nos llegaron de aquella Ruanda- de-un-millón-de-muertos, de aquel Vietnam cocido a napalm, de aquellas ejecuciones en estadios llenos de gente, de aquellos linchamientos y apaleamientos, de aquellos soldados iraquíes sepultados vivos bajo toneladas de arena, de aquellas bombas atómicas que arrasaron y calcinaron Hiroshima y Nagasaki, de aquellos crematorios nazis vomitando cenizas, de aquellos camiones para retirar cadáveres como si se tratase de basura. Siempre tendremos que morir de algo, pero ya se ha perdido la cuenta de los seres humanos muertos de las peores maneras que los humanos han sido capaces de inventar. Una de ellas, la más criminal, la más absurda, la que más ofende a la simple razón, es aquella que, desde el principio de los tiempos y de las civilizaciones, manda matar en nombre de Dios. Ya se ha dicho que las religiones, todas ellas, sin excepción, nunca han servido para aproximar y congraciar a los hombres; que, por el contrario, han sido y siguen siendo causa de sufrimientos inenarrables, de matanzas, de monstruosas violencias físicas y espirituales que constituyen uno de los más tenebrosos capítulos de la miserable historia humana.

Al menos en señal de respeto por la vida, deberíamos tener el valor de proclamar en todas las circunstancias esta verdad evidente y demostrable, pero la mayoría de los creyentes de cualquier religión no sólo fingen ignorarlo, sino que se yerguen iracundos e intolerantes contra aquellos para quienes Dios no es más que un nombre, nada más que un nombre, el nombre que, por miedo a morir, le pusimos un día y que vendría a dificultar nuestro paso a una humanización real. A cambio nos prometía paraísos y nos amenazaba con infiernos, tan falsos los unos como los otros, insultos descarados a una inteligencia y a un sentido común que tanto trabajo nos costó conseguir.

Dice Nietzsche que todo estaría permitido si Dios no existiese, y yo respondo que precisamente por causa y en nombre de Dios es por lo que se ha permitido y justificado todo, principalmente lo peor, principalmente lo más horrendo y cruel. Durante siglos, la Inquisición fue, también, como hoy los talibán, una organización terrorista dedicada a interpretar perversamente textos sagrados que deberían merecer el respeto de quien en ellos decía creer, un monstruoso connubio pactado entre la Religión y el Estado contra la libertad de conciencia y contra el más humano de los derechos: el derecho a decir no, el derecho a la herejía, el derecho a escoger otra cosa, que sólo eso es lo que la palabra herejía significa.

Y, con todo, Dios es inocente. Inocente como algo que no existe, que no ha existido ni existirá nunca, inocente de haber creado un universo entero para colocar en él seres capaces de cometer los mayores crímenes para luego justificarlos diciendo que son celebraciones de su poder y de su gloria, mientras los muertos se van acumulando, estos de las torres gemelas de Nueva York, y todos los demás que, en nombre de un Dios convertido en asesino por la voluntad y por la acción de los hombres, han cubierto e insisten en cubrir de terror y sangre las páginas de la Historia. Los dioses, pienso yo, sólo existen en el cerebro humano, prosperan o se deterioran dentro del mismo universo que los ha inventado, pero el `factor Dios´, ese, está presente en la vida como si efectivamente fuese dueño y señor de ella.

No es un dios, sino el `factor Dios´ el que se exhibe en los billetes de dólar y se muestra en los carteles que piden para América (la de Estados Unidos, no la otra...) la bendición divina.

Y fue en el `factor Dios´ en lo que se transformó el dios islámico que lanzó contra las torres del World Trade Center los aviones de la revuelta contra los desprecios y de la venganza contra las humillaciones. Se dirá que un dios se dedicó a sembrar vientos y que otro dios responde ahora con tempestades. Es posible, y quizá sea cierto. Pero no han sido ellos, pobres dioses sin culpa, ha sido el `factor Dios´, ese que es terriblemente igual en todos los seres humanos donde quiera que estén y sea cual sea la religión que profesen, ese que ha intoxicado el pensamiento y abierto las puertas a las intolerancias más sórdidas, ese que no respeta sino aquello en lo que manda creer, el que después de presumir de haber hecho de la bestia un hombre acabó por hacer del hombre una bestia.

martes, junio 09, 2009

Derechos peligrosos


“Votar en blanco es un derecho irrenunciable, nadie os lo negará, pero, así como les prohibimos a los niños que jueguen con fuego, también a los pueblos les prevenimos de que no les conviene manipular la dinamita”, dice el personaje protagónico de la novela Ensayo sobre la lucidez (Alfaguara, 2004), de José Saramago. Los sugerentes paralelismos de la ficción del Nobel portugués con la actual convocatoria para anular el voto o votar en blanco el 5 de julio próximo obligan a ofrecer a nuestros lectores fragmentos de la misma.

La rápida instauración del estado de excepción, como una especie de sentencia salomónica dictada por la providencia, cortó el nudo gordiano que los medios de comunicación social, sobre todo los periódicos, venían intentando desanudar con más o menos sutileza, con más o menos habilidad, pero siempre con el cuidado de que no se notase demasiado la intención, desde el infausto resultado de las primeras elecciones y, más dramáticamente, desde las segundas. Por un lado era su deber, tan obvio como elemental, condenar con energía teñida de indignación cívica, tanto en los editoriales como en artículos de opinión encomendados adrede, el irresponsable e inesperado proceder de un electorado que, enceguecido para con los superiores intereses de la patria por una extraña y funesta perversión, había enredado la vida política nacional de un modo jamás antes visto, empujándola hacia un callejón tenebroso del cual ni el más pintado lograba ver la salida. Por otro lado, era preciso medir cautelosamente cada palabra que se escribía, ponderar susceptibilidades, dar, por así decir, dos pasos adelante y uno atrás, no fuera a suceder que los lectores se indispusieran con un periódico que pasaba a tratarlos como mentecatos y traidores después de tantos años de una armonía perfecta y asidua lectura. La declaración del estado de excepción, que permitía al gobierno asumir los poderes correspondientes y suspender de un plumazo las garantías constitucionales, vino a aliviar del incómodo peso y de la amenazadora sombra la cabeza de los directores y administradores. Con la libertad de expresión y de comunicación condicionadas, con la censura mirando por encima del hombro del redactor, se halló la mejor de las disculpas y la más completa de las justificaciones. Nosotros bien que querríamos, decían, proporcionar a nuestros estimados lectores la posibilidad, que también es un derecho, de acceder a una información y a una opinión exentas de interferencias abusivas e intolerables restricciones, particularmente en momentos tan delicados como los que estamos atravesando, pero la situación es ésta, y no otra, sólo quien siempre ha vivido de la honrada profesión de periodista sabe cuánto duele trabajar prácticamente vigilado durante las veinticuatro horas del día, además, y esto entre nosotros, quienes tienen la mayor parte de responsabilidad en lo que nos sucede son los electores de la capital, no los otros, los de provincias, desgraciadamente, para colmo, y a pesar de todos nuestros ruegos, el gobierno no nos permite que hagamos una edición censurada para aquí y otra libre para el resto del país, ayer mismo un alto funcionario del ministerio del interior nos decía que la censura bien entendida es como el sol, que cuando nace, nace para todos, para nosotros no es ninguna novedad, ya sabemos que así va el mundo, siempre son los justos quienes pagan por los pecadores. Pese a todas estas precauciones, tanto las de forma como las de contenido, pronto fue evidente que el interés por la lectura de los periódicos había decaído mucho. Movidos por la comprensible ansiedad de disparar y cazar en todas la direcciones, hubo periódicos que creyeron poder luchar contra el absentismo de los compradores salpicando sus páginas de cuerpos desnudos en nuevos jardines de las delicias, tanto femeninos como masculinos, en grupo o solos, aislados o en parejas, sosegados o en acción, pero los lectores, con la paciencia agotada por un fotomatón en que las variantes de color y hechura, aparte de mínimas y de reducido efecto estimulante, ya eran consideradas en la más remota antigüedad banales lugares comunes de la exploración de la libido, continuaron, por apatía, por indiferencia e incluso por náusea, haciendo bajar las tiradas y las ventas. Tampoco llegarían a tener influencia positiva en el balance cotidiano del debe y haber económico, claramente en marea baja, la búsqueda y la exhibición de intimidades poco aseadas, de escándalos y vergüenzas de toda especie, la incansable rueda de las virtudes públicas enmascarando los vicios privados, el carrusel festivo de los vicios privados elevados a virtudes públicas, al que hasta hace poco tiempo no le habían faltado ni los espectadores ni los candidatos para dar dos vueltitas. Realmente parecía que la mayor parte de los habitantes de la ciudad estaban decididos a cambiar de vida, de gustos y de estilo. Su gran equivocación, como a partir de ahora se comenzará a entender mejor, fue haber votado en blanco. Puesto que habían querido limpieza, iban a tenerla.
lll
La frase favorita del ministro de defensa, Una carga de profundidad lanzada contra el sistema, parcialmente inspirada en la inolvidable experiencia de un histórico paseo submarino de media hora en aguas mansas, comenzó a tomar cuerpo y a atraer las atenciones cuando los planes del ministro del interior, a pesar de algún que otro pequeño éxito conseguido, aunque sin significado apreciable en el conjunto de la situación, se mostraron impotentes para llegar a lo fundamental, es decir, persuadir a los habitantes de la ciudad, o, con más precisión denominadora, a los degenerados, a los delincuentes, a los subversivos del voto en blanco, para que reconocieran sus errores e implorasen la merced, al mismo tiempo penitencia, de un nuevo acto electoral, al que, en el momento adecuado, acudirían en masa para purgar los pecados de un desvarío que juraban que no volvería a repetirse. Se hizo evidente para todo el gobierno, excepto para los ministros de justicia y de cultura, ambos con sus dudas, la necesidad urgente de dar otra vuelta de tuerca, teniendo en cuenta que la declaración de estado de excepción, del que tanto se esperaba, no había producido ningún efecto perceptible en el sentido deseado, por cuanto, no teniendo los ciudadanos de este país la saludable costumbre de exigir el cumplimiento regular de los derechos que la Constitución les otorgaba, era lógico, incluso era natural que no hubiesen llegado a darse cuenta de que se los habían suspendido. Se imponía, por consiguiente, la implantación de un estado de sitio en serio, que no fuese sólo una cosa de apariencias, con toque de queda, cierre de salas de espectáculos, intensivas patrullas de fuerzas militares por las calles, prohibición de reuniones de más de cinco personas, interdicción absoluta de entradas y salidas de la ciudad, procediendo simultáneamente al levantamiento de las medidas restrictivas, si bien que mucho menos rigurosas, todavía en vigor en el resto del país, para que la diferencia de tratamiento, por ostensiva, tornara más pesada y explícita la humillación que se infligía a la capital. Lo que pretendemos decirles, declaró el ministro de defensa, a ver si lo entienden de una vez por todas, es que no son dignos de confianza y que como tal tienen que ser tratados.
lll
Entonces, al declarar el estado de sitio es como si estuviésemos diciendo que la capital del país se encuentra sitiada, cercada, asediada por un enemigo, cuando la verdad es que ese enemigo, si se me permite llamarlo de esta manera, está dentro, no fuera. Los ministros se miraron unos a otros, el primer ministro se hizo el desentendido, removió unos papales. Pero el ministro de defensa iba a triunfar en la batalla semántica. Hay otra manera de entender las cosas. Cuál, Que los habitantes de la capital, al desencadenarse la rebelión, supongo que no exagero dando el nombre de rebelión a lo que está sucediendo, fueron por eso justamente sitiados, o cercados, o asediados, elija el término que más le agrade, a mí me resulta indiferente.Pido licencia para recordarle a nuestro querido colega y al consejo, dijo el ministro de justicia, que los ciudadanos que decidieron votar en blanco no hicieron nada más que ejercer un derecho que la ley explícitamente les reconoce, luego hablar de rebelión en un caso como éste, además de ser, como supongo, una grave incorrección semántica, espero que me disculpen por internarme en un terreno en el que no soy competente, es también, desde el punto de vista legal, un completo despropósito. Los derechos no son abstracciones, respondió el ministro de defensa secamente, los derechos se merecen o no se merecen, y ellos no los merecen, el resto es hablar por hablar. Tiene toda la razón, dijo el ministro de cultura, realmente los derechos no son abstracciones, tienen existencia incluso cuando no son respetados. Lo que faltaba, filosofías.
lll
Pasaron los días, las dificultades iban creciendo sin parar, se agravaban y se multiplicaban, brotaban bajo los pies como los hongos después de la lluvia, pero la firmeza moral de la población no parecía inclinada a rebajarse ni a renunciar a aquello que había considerado justo y por eso lo expresó con su voto, el simple derecho a no seguir ninguna opinión consensualmente establecida. Ciertos observadores, por lo general corresponsales de medios de comunicación extranjeros enviados a toda prisa para cubrir el acontecimiento, así se decía en la jerga de la profesión, luego con poco conocimiento de las idiosincrasias locales, comentaron con extrañeza la ausencia absoluta de conflictos entre las personas, a pesar de que se hubieran realizado, y luego verificado como tales, acciones de agentes provocadores que estarían intentando crear situaciones de una inestabilidad tal que justificaran, ante los ojos de la denominada comunidad internacional, el salto que hasta ahora no había sido dado, es decir, pasar de un estado de sitio a un estado de guerra.
lll
Vosotros, sí, sois los culpables, vosotros, sí, sois los que ignominiosamente habéis desertado del concierto nacional para seguir el camino torcido de la subversión, de la indisciplina, del más perverso y diabólico desafío al poder legítimo del estado del que hay memoria en toda la historia de las naciones. No os quejéis de nosotros, quejaos ante vosotros mismos, no de estos que a través de mi voz hablan, éstos, al gobierno me refiero, que una y muchas veces os pidieron, qué digo yo, os rogaron e imploraron que enmendaseis vuestra maliciosa obstinación, cuyo sentido último, a pesar de los ingentes esfuerzos de investigación desarrollados por las autoridades del estado, todavía hoy, desgraciadamente, se mantiene impenetrable. Durante siglos y siglos fuisteis la cabeza del país y el orgullo de la nación, durante siglos y siglos, en horas de crisis nacional, de aflicción colectiva, nuestro pueblo se habituó a volver los ojos hacia este burgo, hacia estas colinas, sabiendo que de aquí le vendría el remedio, la palabra consoladora, el buen rumbo para el futuro. Habéis traicionado la memoria de vuestros antepasados, he ahí la dura verdad que atormentará para siempre jamás vuestra conciencia, ellos levantaron, piedra a piedra, el altar de la patria, vosotros decidisteis destruirlo, que la vergüenza caiga pues sobre vosotros.
lll
Votar en blanco es un derecho irrenunciable, nadie os lo negará, pero, así como les prohibimos a los niños que jueguen con fuego, también a los pueblos les prevenimos de que no les conviene manipular la dinamita. Voy a terminar. Tomad la severidad de mis avisos, no como una amenaza, más sí como un cauterio para la infecta supuración política que habéis generado en vuestro seno y en la que os estáis revolviendo. Volveréis a verme y a oírme el día que hayáis merecido el perdón que, a pesar de todo, estamos inclinados a conceder, yo, vuestro presidente, el gobierno que elegisteis en mejores tiempos, y la parte sana y pura de nuestro pueblo, esa de la que en estos momentos no sois dignos. Hasta ese día, adiós.

jueves, febrero 19, 2009

Boletín Informativo ISA núm 633

http://serviciodenoticiasisa.blogspot.com

Sumario:

I. Inicia el presidente legítimo de México una gira de trabajo para recorrer 15 municipios de la Sierra de Durango

II. La muerte a las puertas de casa, por José Saramago

III. El hoyo perfecto, por Leonardo Boff

----------------------

INICIA EL PRESIDENTE LEGÍTIMO DE MÉXICO UNA GIRA DE TRABAJO PARA RECORRER 15 MUNICIPIOS DE LA SIERRA DE DURANGO

Por considerar que el pueblo de México es pacífico y responsable, Andrés Manuel López Obrador descartó una rebelión armada o un estallido social, como consecuencia de la grave crisis económica “y de la ineptitud del presidente espurio, Felipe Calderón, para resolver los grandes y graves problemas nacionales”.

Así lo declaró al iniciar ayer una gira de trabajo de cinco días que lo llevará a encabezar 19 asambleas informativas en igual número de municipios del estado de Durango.

El presidente legítimo de México aclaró, sin embargo, que hay “mucha violencia” en el país, que ha dejado un saldo de aproximadamente 8 mil asesinatos en dos años de gestión calderonista, y atribuyó el origen de dicho flagelo a la imposición del modelo económico neoliberal que sólo beneficia a unos cuantos y mantiene en la pobreza a millones de familias.

En entrevista que concedió a su arribo a la capital del estado, López Obrador aseguró que apoyará a los candidatos a diputados federales y locales, presidentes municipales, gobernadores y jefes delegacionales que postulen los partidos del Frente Amplio Progresista —PRD, PT y Convergencia— para la contienda electoral del próximo 5 de julio.

A casi cinco meses de los comicios federales, precisó que brindará su apoyo a los aspirantes del PRD a un cargo de elección popular en el DF, Tabasco y otras entidades e informó de las causas por las cuales también respaldará a las fórmulas de los Partidos del Trabajo y Convergencia.

“Lo que queremos es que salgan bien en las urnas tanto el PT como Convergencia, que obtengan el suficiente número de votos para que no les quiten el registro como partidos políticos”, explicó.

En otro orden de ideas, López Obrador afirmó que Calderón, al igual que el gobernador del estado, Ismael Hernández, y los integrantes de la llamada clase política, resultaron ser un fracaso y unos ineptos para enfrentar la crisis y la ola de violencia que azota el país.

“Calderón no sólo no tiene autoridad moral, sino que se ha revelado como un inepto. El país está muy descompuesto por una violencia que no se había visto desde tiempos de la Revolución mexicana; nunca habían perdido la vida tantos mexicanos como ahora”, subrayó.

Acompañado por dirigentes estatales y locales del PT y Convergencia, dijo que el gobierno usurpador ha perdido la batalla contra la inseguridad, mientras que en materia económica la situación es similar, con una devaluación de 40 por ciento del peso frente al dólar y en los últimos tres meses se han perdido más de 500 mil empleos y “no hace nada Calderón. Es un cero a la izquierda”.

En las asambleas informativas que sostuvo este día con los habitantes de Tayoltita y El Mezquital, el presidente legítimo de los mexicanos habló del mitin que se realizó la tarde de ayer en la sede del Palacio Legislativo de San Lázaro. Mencionó que “es necesario que el Congreso entre al quite en estos momentos de grave crisis económica y que se aplique, por consenso de las fuerzas políticas representadas en ese órgano, un plan de austeridad que se sustente en una reducción sustancial de los privilegios de diputados, senadores, jueces, magistrados, ministros, directores generales, subsecretarios, secretarios y hasta el presidente pelele”.

Con un reajuste al presupuesto nacional, se obtendrían ahorros por 200 mil millones de pesos y dichos recursos se podrían canalizar al desarrollo nacional, para apoyar a los productores nacionales y reactivar la economía nacional, añadió.

Para trasladarse del entronque carretero Durango-Mazatlán al municipio de Tayoltita, la camioneta que transporta a López Obrador tuvo que recorrer 111 kilómetros de caminos de terrracería en aproximadamente 5 horas y un tiempo similar para salir de la localidad.

En el mensaje que dirigió a los ciudadanos de ese lugar, les expresó que son unos verdaderos héroes y heroínas. “No había transitado por caminos tan malos y tan largos de terracería”, mencionó al referirse a las giras que ha hecho por casi 2 mil municipios del país. Y se comprometió a denunciar públicamente en todos los foros la situación de aislamiento en que se encuentra Tayoltita. “No es posible que esta situación ocurra en pleno siglo XXI”, añadió.

Regidores, trabajadores, amas de casa y oficinistas del ayuntamiento —que es gobernado por el PAN— pidieron la intervención de López Obrador para evitar el cierre de la minera San Luis, cuya razón social es Goldcorp México.

Los dueños, de origen canadiense, del mencionado consorcio alegan que las minas, de donde se extraen oro y plata, ya no son rentables, cuando en realidad la verdadera intención es venderla a otra compañía, afirmaron.

Los más de mil mineros del complejo perderán su fuente de trabajo y, en consecuencia, su único medio de subsistencia, si se concreta hacia finales de este mes el acto de compra-venta de la Minera San Luis.

Cabe mencionar que en las colinas de la región se observan los restos de árboles aserrados, como parte de la tala irracional y clandestina de los bosques de pino. Por los caminos de terracería transitan pesados camiones con gigantescos troncos de árboles que son llevados para su comercialización.

Para hoy, el presidente legítimo de los mexicanos visitará los municipios de San Juan de Guadalupe, General Simón Bolívar, Santa Clara, San Juan del Río y Coneto de Comonfort.

-----------------------------

La muerte a las puertas de casa

por José Saramago

(publicado en El Cuaderno de Saramago el 16 de febrero de 2009)

A la puerta de Lanzarote, a la puerta de la casa que, si la suerte ayudase, tal vez pudiera llegar a ser la nova casa. A veinte metros de la costa, en Costa Teguise, cuando seguramente ya intercambiaban unos con otros risas y palabras de alegría por haber conseguido llegar a buen puerto, el cayuco se volcó. Habían atravesado los cien kilómetros que separan la isla de la costa africana y acabaron muriendo a veinte metros de la salvación. De los más de treinta inmigrantes a quienes la necesidad extrema obligó a enfrentar los peligros del mar, en su mayoría jóvenes y adolescentes, veinticuatro murieron ahogados, entre ellos una mujer embarazada y algunos niños de pocos años. Seis se salvaron gracias al valor y la abnegación de dos surfistas que se lanzaron al agua y los libraron de una muerte que sin su intervención habría sido inevitable.

Este es, con las palabras más simples y directas que he podido encontrar, el cuadro de lo que ha pasado aquí. No sé que más podría decir. Hoy me faltan las palabras y sobran las emociones. ¿Hasta cuando?

Queda ahora una recomendación: vean el video del que dejo el enlace. Se trata de un corte, que alguien ha colgado en You Tube, de un magnífico programa que sobre el drama de la emigración realizó Marisa Márquez para Televisión Española. El fragmento que circula por la red corresponde a la intervención de Pilar, que se conduele con las víctimas y señala los responsables.

http://www.youtube.com/watch?v=7hcBeGPKe8U

------------------

EL HOYO PERFECTO

por Leonardo Boff

(publicado el 6 de febrero de 2009)

Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique y uno de los más agudos analistas de la situación mundial, llamó a la actual crisis económico-financiera “la crisis perfecta”. Putin, en Davos, la llamó “la tempestad perfecta”. Yo por mi parte la llamaría “el hoyo perfecto”. El grupo que compone la Iniciativa Carta de la Tierra (M. Gorbachev, S. Rockfeller, M.Strong y yo mismo, entre otros) advertía hace años: “no podemos continuar por el camino ya andado, por más llano que se presente, pues más delante se encuentra un hoyo abismal”. Como un estribillo lo repetía también el Foro Social Mundial, desde su primera edición en Porto Alegre en el año 2001.

Pues bien, ha llegado el momento en que el hoyo ha aparecido. Dentro de él han caído grandes bancos, fábricas tradicionales, inmensas corporaciones transnacionales. Fortunas personales de miles de millones de dólares se han unido al barro de su fondo. Stephen Roach, del banco Morgan Stanley, también afectado, confesó: “Se equivocó Wall Street. Se equivocaron los reguladores. Se equivocaron las agencias de evaluación de riesgo. Nos equivocamos todos”. Pero no tuvo la humildad de reconocer: “Acertó el Foro Social Mundial. Acertaron los ambientalistas. Acertaron grandes nombres del pensamiento ecológico como J. Lovelock, E. Wilson y E. Morin”.

En otras palabras, los que se imaginaban señores del mundo —hasta el punto de decretar alguno de ellos el final de la historia—, que sostenían la imposibilidad de toda alternativa y que en sus concilios ecuménico-económicos promulgaron los dogmas de la perfecta autorregulación de los mercados y de la única vía, la del capitalismo globalizado, han perdido ahora todo su latín. Andan tan confusos y perplejos como un borracho por una calle oscura. El Foro Social Mundial, sin orgullo pero con sinceridad, puede decir: “nuestro diagnóstico era correcto. No tenemos todavía la alternativa pero una cosa es segura: este tipo de mundo ya no tiene capacidad para seguir y proyectar un futuro de inclusión y de esperanza para la humanidad y para toda la comunidad de vida”. Si continúa, puede poner fin a la vida humana y herir gravemente a la Pachamama, la Madre Tierra.

Sus ideólogos tal vez no crean ya en dogmas y se contenten con el catecismo neoliberal, pero andan buscando un chivo expiatorio. Dicen: “No es el capitalismo en sí el que está en crisis. Es el capitalismo de corte norteamericano que gasta un dinero que no tiene en cosas que la gente no necesita”. Uno de sus sacerdotes, Ken Rosen, de la Universidad de Berkeley, por lo menos ha reconocido: “El modelo de Estados Unidos está equivocado. Si todo el mundo utilizase el mismo modelo, nosotros ya no existiríamos”.

Hay aquí un engaño evidente. La razón de la crisis no está solamente en el capitalismo estadounidense como si hubiera otro capitalismo correcto y humano. La razón está en la lógica misma del capitalismo. Ya J. Chirac y una gama considerable de científicos han reconocido que si los países opulentos situados en el Norte quisiesen generalizar su bienestar a toda la humanidad, necesitaríamos por lo menos tres Tierras iguales al actual.

El capitalismo es, por su propia naturaleza, voraz, acumulador, depredador de la naturaleza, creador de desigualdades y sin sentido de solidaridad hacia las generaciones actuales y mucho menos hacia las futuras. No se le quita la ferocidad a un lobo haciéndole algunas caricias o limándole los dientes. El lobo es feroz por naturaleza. Igualmente, el capitalismo, poco importa el sitio donde se realice, ya sea en Estados Unidos, en Europa, en Japón o en Brasil, cosifica todas las cosas, la Tierra, la naturaleza, los seres vivos y también a los humanos. Todo forma parte del mercado, y de todo se puede hacer negocio. Este modo de habitar el mundo regido solamente por la razón utilitarista ha cavado el hoyo perfecto. Y ha caído en él.

La cuestión no es económica. Es moral y espiritual. Solo saldremos del hoyo a partir de otra relación con la naturaleza, sintiéndonos parte de ella y viviendo la inteligencia del corazón que nos hace amar y respetar la vida y a cada ser. De lo contrario, continuaremos en el hoyo en el que el capitalismo nos ha metido.

lunes, enero 12, 2009

Boletín Informativo ISA núm 619

http://serviciodenoticiasisa.blogspot.com

Sumario:

I. A 15 años del levantamiento zapatista, por Guillermo Almeyra

II. “No nos abandones”, por José Saramago

--------------------

A 15 AÑOS DEL LEVANTAMIENTO ZAPATISTA

por Guillermo Almeyra

(publicada en La Jornada el 11 de enero de 2009)

El 1º de enero de 1994 la rebelión indígena dirigida por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas culminó, en América Latina, una serie de levantamientos indígenas victoriosos, como el ecuatoriano de 1990, y prosiguió con ímpetu en la vía abierta en México por la votación de 1988 y, antes, por la movilización de los jóvenes chilangos en 1985.

Una vez rectificado su inicial curso bélico –destruir al Ejército, marchar sobre el Distrito Federal y tomarlo– el EZLN fue defendido por los sectores populares y despertó una gran esperanza. Tuvo momentos en los que intentó, sin sectarismo y con realismo, unir sus esfuerzos con los de otros sectores “progresistas” (por darles un nombre periodístico y conocido) y llamó a Cuauhtémoc Cárdenas a encabezar un movimiento nacional de liberación o convocó a toda la izquierda a una Convención Nacional Democrática que se hundió debido a los sectarismos entrecruzados.

Con la Marcha del color de la tierra demostró la voluntad de los indígenas de recurrir al parlamento para exigir sus derechos por la vía constitucional y legal, reformando la Carta Magna, pero todos los partidos hicieron oídos sordos a sus reclamos y los dejaron solos. Los indígenas se replegaron a sus comunidades y se fortalecieron en ellas tratando de comenzar a construir su autonomía, en el aislamiento y en la miseria, y sin aliados importantes en el terreno nacional.

Las juntas de buen gobierno y sus planes de educación y salud fueron adquisiciones importantes, a pesar de todos sus límites y de las dificultades que desde su nacimiento enfrentan. Esa experiencia casi decenal está grabada con fuego en las mentes y los corazones no sólo de los indígenas sino también de los explotados y oprimidos de México, y ha lanzado su semilla en todo el continente, porque forma parte de la resistencia y de la tendencia a la autogestión de los sectores más enérgicos y combativos de todos los países latinoamericanos.

Inicialmente, la Sexta declaración de la Selva Lacandona suscitó nuevas esperanzas, pues pareció dejar atrás la etapa de mutismo y aislamiento que había seguido al fracaso de la Marcha del color de la tierra y abría teóricamente el camino para un frente único de todos los partidarios de acabar con este sistema de exclusión, opresión, explotación y miseria para las mayorías.

Desgraciadamente, el protagonismo narcisista de Marcos y el sectarismo, así como el primitivismo de quienes admitían a Stalin (y al pasado del estalinismo presentado como socialismo) y pasaban en silencio la corrupción parlamentarista de sus aliados (como Rifondazione Comunista, que aportaba algún dinero mientras votaba, al mismo tiempo, otros fondos para matar afganos) mientras actuaban –justamente– el parlamentarismo obtuso y oportunista del PRD, convirtieron pronto la otra campaña en una contracampaña electoralista, concentrada además contra el candidato que despertaba las expectativas populares.

Para colmo, al silencio teórico y político sobre todos los grandes problemas del país se unió una propaganda antipolítica, en el momento en que la mayoría de los trabajadores esperaba un cambio por la vía electoral, que además confundía a los partidos y políticos oportunistas, defensores del sistema, con sus seguidores ilusionados y engañados pero deseosos de luchar.

Los estudiantes que piensan y luchan en la UNAM fueron alejados para apoyarse en lumpens y semilumpens o inadaptados varios. La alianza con los obreros, incluso en lucha, fue rechazada porque sus dirigentes serían charros, en vez de apoyarlos y de apoyarse en ellos precisamente para acabar con los charros. No había ni que mirar hacia Bolivia, donde los movimientos sociales unían la movilización con la acción política. El Diálogo Nacional, que intentó reiteradamente dar respuesta a la vez obrera y nacional a los problemas esenciales del país, fue ninguneado. El fracaso de la gira de Marcos y de la otra campaña llevó después a un desarmante nuevo y profundo silencio, mientras el pueblo mexicano intentaba impedir la entrega del petróleo y de la energía, y que se le diese la puntilla a los campesinos.

De ese silencio acaba de salir Marcos con un espectáculo-festival al cual concurrieron unos pocos políticos europeos en búsqueda de notoriedad y votos, que se caracterizó por ser, en efecto, un festival, pero de narcisismo y verborrea de Marcos, cuyas larguísimas piezas literarias son absolutamente incomprensibles para cualquier indígena chiapaneco o de cualquier región del planeta. En ellas, aparte de una retórica de feria de pueblo, se agitan pocas y erróneas ideas: la represión contra los jóvenes en el Distrito Federal sería igual al genocidio antipalestino en Gaza; López Obrador, a quien Marcos vitupera, es igual que Calderón, y, lo que es peor, es igual que la importante masa popular que sigue a AMLO, con la que Marcos ni siquiera intenta un diálogo; no hay ni atisbos de movimientos populares en México ni hay grandes temas que puedan movilizar; Marcos y la otra campaña no tienen nada de que autocriticarse y la situación de peligroso aislamiento y desgaste en la que se encuentran los territorios zapatistas chiapanecos no exige la búsqueda de apoyos y de aliados.

Me he contado entre los pocos que constantemente pedíamos que el zapatismo discutiese las vías para acabar con la actual situación social y política, hablase, se pronunciase, buscase unir voluntades, aprendiese de sus errores primitivos, antipolíticos y sectarios a la luz de los acontecimientos. Leyendo ahora a Marcos confieso que debo hacerme una autocrítica: era mejor que callase para que sus elucubraciones no oscurezcan el trabajo serio y digno de las comunidades indígenas que, aunque aisladas, realizan la hazaña de resistir.

-------------------

“NO NOS ABANDONES”

por José Saramago

(publicada en El Cuaderno de Saramago el 7 de enero de 2009)

Va el título en castellano porque así fue dicha la frase. Este escrito también podría llamarse “Los silencios de Marcos”, lo que aclararía todo. La prosa de hoy se refiere al mítico, aunque muy real, subcomandante. A pocas personas ha admirado tanto en mi vida, de poquísimas he esperado tanto. Nunca lo he dicho por la simple razón de que estas cosas no se dicen, se sienten y por ahí se quedan. Cuestión de pudor, parece. Cuando los zapatistas salieron de la Selva Lacandona para llegar al Zócalo después de haber cruzado medio México, yo estaba allí, uno entre un millón. Conocí la exaltación, el pulsar de la esperanza en todo el cuerpo, la voluntad de mudar para convertirme en algo mejor, menos egoísta, más capaz de entrega. Marcos habló, nombró a todas las etnias de Chiapas, y para cada una fue como si las cenizas de millones de indios se hubiesen desprendido de los túmulos y otra vez reencarnado. No estoy haciendo literatura fácil, intento, inhábilmente, poner en palabras lo que ninguna palabra puede expresar: el instante en que lo humano se convierte en sobrehumano y, a la vez, regresa a su más extrema humanidad.

Al día siguiente, en el campus modesto de una facultad universitaria, hubo un acto público que reunió a varios miles de personas y ahí se habló del presente y del futuro de Chiapas, de la lucha ejemplar de las comunidades indias que soñaba ver extendida un día a toda América (tranquilícense los timoratos, no sucedió). En la tribuna estaban, entre otros, Carlos Monsivais, Elena Poniatowska, Manuel Vázquez Montalbán, yo mismo. Todos hablamos, pero lo que la gente quería era oír a Marcos. Su discurso fue breve, pero intenso, casi insoportable para el sistema emotivo de cada uno. Cuando todo terminó fui a abrazar a Marcos y entonces él me dijo a oído, con voz casi susurrada: “No nos abandones”. Le respondí en el mismo tono: “Tendría que abandonarme a mí mismo para que eso sucediera”. Desde entonces, nunca más lo he vuelto a ver.

Pensé, y lo dije, que Marcos debería haber hablado en el Congreso. Por decisión de la “comandancia” intervino la comandante Esther, y lo hizo admirablemente. Conmovió a México entero, pero, repito, a mí entender, era Marcos quien debería haber hablado. El significado político de una intervención suya culminaría de manera más eficaz la marcha zapatista. Así pensaba y así sigo pensando. El tiempo ha pasado, el proceso revolucionario ha cambiado de rumbo, Marcos salió de la Selva Lacandona. Durante el último año Marcos ha guardado un silencio total, nos dejó huérfanos de aquellas palabras que solo él sabe decir o escribir. Sentimos su falta. En el día 1 hubo en Oventic un encuentro para celebrar y recordar el inicio de la revolución, la toma de San Cristóbal de las Casas, los altos y bajos de un camino difícil. Marcos no fue a Oventic, no mandó siquiera un mensaje, una palabra. No lo entendí y sigo sin entenderlo. Marcos, hace pocos días, anunció para el año que entra una nueva estrategia política. Ojalá, si la antigua ha perdido las virtudes. Ojalá, sobre todo, que no vuelva a callarse. ¿Con qué derecho lo digo? Con el simple derecho de quien no abandonó. Sí, de quien no abandonó.


Otro ingenuo.


sábado, enero 10, 2009

Boletín Informativo ISA núm 617

http://serviciodenoticiasisa.blogspot.com

Sumario:

I. ¿Qué le pasó a nuestra humanidad?, por Luisa Morgantini

II. De las piedras de David a los tanques de Goliat, por José Saramago

--------------------


¿QUÉ LE PASÓ A NUESTRA HUMANIDAD?

por Luisa Morgantini

(publicada en Roma, Italia, el 3 de enero de 2009)

Frente a la vergonzosa decisión del gobierno israelí de atacar por tierra e invadir de manera indiscriminada la Franja de Gaza, y al silencio cómplice de la comunidad internacional que, una vez más, ha demostrado su inmoralidad política y falta de decencia humana, la vicepresidenta del Parlamento Europeo, Luisa Morgantini, ha enviado una carta a los políticos italianos, atacándolos por su inercia y falta de beligerancia. Una carta que perfectamente se podría enviar a todos los políticos de las grandes potencias mundiales, quienes en estas horas de horror y desesperación para el pueblo palestino siguen titubeando y proponiendo soluciones que de ninguna manera van a la raíz del problema, manteniendo una actitud de sumisión frente a la rapaz dirigencia israelí y al nuevo veto que Estados Unidos acaba de imponer en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Ni siquiera una palabra, un pensamiento, una señal de dolor para centenares de personas asesinadas, mujeres, niños, ancianos y militantes de Hamas, esos últimos también personas. Casas derrumbadas, edificios enteros, ministerios, escuelas, farmacias, delegaciones de la policía. ¿Qué se hizo nuestra humanidad? ¿Dónde están Veltroni y su “I Care” (secretario nacional del Partido Demócrata de Italia, quien hizo suyo el lema Obamiano en las últimas elecciones en Italia. N.d.R.)? ¿Cómo se puede callar o defender la política de agresión israelí?

La población de Gaza y de Cisjordania, los palestinos todos, pagan el precio de la incapacidad de la comunidad internacional de hacer que Israel respete la legalidad internacional, obligándolo a dejar su política colonial.

Ciertamente, Hamas con el lanzamiento de los cohetes asusta y es una amenaza contra la población civil israelí, acciones ilegales, y hay que condenarlas. Hay que pararlas. Pero, ¡basta ya! con la impunidad de Israel y los chantajes de sus grupos dirigentes. Desde 1967, Israel ocupa militarmente los territorios palestinos, una ocupación brutal y colonial. Robo de tierras, demolición de casas, retenes donde los palestinos son maltratados físicamente, despreciados, humillados; centros urbanos (colonias) que surgen sin control, llevándose tierra, agua, destruyendo cultivos. Miles de prisionero políticos, a los que se les prohíbe las visitas de sus familiares.

Ustedes, dirigentes políticos, ¿acaso han visto alguna vez la desesperación de un campesino palestino cuando se agarra del tronco de su árbol de olivo, mientras un buldózer se lo lleva y los soldados le pegan con el fusil para que lo suelte? ¿O una mujer que pare detrás de una roca y el marido que le corta el cordón umbilical con una piedra porque los soldados israelíes en el retén no le permiten pasar para ir al hospital? ¿O Um Kamel, sacada de su casa que le costó muchos sacrificios, porque fanáticos judíos que no son sobrevivientes del holocausto llegaron desde Brooklin, pensando que esa tierra, y por lo tanto esa casa, les pertenecían por derecho divino, y entraron con la fuerza, tomándosela, porque en ese barrio árabe de Jerusalén quieren levantar otra colonia hebrea? ¿Acaso han visto a los niños de las aldeas en los alrededores de Tuwani, al sur de Hebrón, que para ir al colegio tienen que caminar más de una hora y media porque en la carretera que va de su aldea a la escuela surge un asentamiento y los colonos agreden y les pegan a los niños? ¿O los pastores de Tuwani que encuentran sus tanques de agua y sus ovejas envenenadas por fanáticos colonos? ¿O la ciudad de Hebrón?

¿Han visto el muro que corta calles y barrios, que expropia a los palestinos de sus tierras, que separa a los palestinos de los palestinos, que le da nuevas tierras fértiles y agua a Israel, un muro considerado ilegal por la Corte Internacional de Justicia? ¿Han visto en el paso de Eretz a los enfermos de cáncer devueltos por razones de seguridad? En los últimos 19 meses, son 283 las personas muertas por falta de atención médica. Tenían que ser atendidas en el exterior, pero no las dejaron pasar pese a que los médicos israelíes del grupo Phisician for Human Rights respondían por ellos. ¿Han probado el frío que penetra hasta los huesos en las noches heladas de Gaza porque no hay calefacción, no hay luz, o han visto a los niños nacidos prematuros en el hospital de Shifa, con sus cuerpecitos que quieren vivir, y son suficientes treinta minutos sin electricidad para que mueran?

¿Han visto el miedo y el terror en los ojos de los niños, sus cuerpos partidos? Sin duda alguna también los niños de Sderot, su miedo, no es diferente, y también los cohetes matan, pero por lo menos ellos tienen dónde refugiarse, dónde ir y por suerte nunca han visto edificios derrumbados, o decenas de cadáveres que los rodean, o aviones que los bombardean. Un solo muerto es suficiente para decir NO, pero las proporciones también tienen su valor, reducido a fantasma porque en el casco urbano 400 colonos, custodiados por miles de soldados, han desalojado a miles de palestinos, obligándolos a cerrar 870 actividades comerciales. Desde 2002 hasta la fecha, han muerto 20 personas por los cohetes que lanzan los extremistas palestinos. Demasiado, pero en Gaza, en ese mismo lapso de tiempo, miles y miles de casas han sido derrumbadas y más de tres mil personas han sido asesinadas, entre ellas centenares de niños que no lanzaron cohetes.

Después de las manifestaciones en Milán donde fueron quemadas banderas israelíes, ustedes, los dirigentes políticos, manifestaron indignación y gritaron su condena. Tienen todo el derecho de hacerlo. Yo no quemo banderas, ni de Israel, ni de otros países y pienso que Israel tiene el derecho de existir como un Estado normal, un Estado por sus ciudadanos, con las fronteras de 1967, mucho más amplias que las de la repartición de Palestina decidida por Naciones Unidas en 1947. Sin embargo, me hubiese gustado oír indignación y humanidad en sus palabras, oírles gritar el dolor por tantos muertos y tanta destrucción, por tanta arrogancia y falta de humanidad, por tanta violación del derecho internacional y humanitario. Me hubiese gustado escucharles decir a los gobernantes israelíes: ¡Cesen el fuego! ¡Cesen el asedio a Gaza! ¡Paren ya la construcción de colonias en Cisjordania! ¡Acaben con la ocupación militar! ¡Respeten y apliquen las resoluciones de las Naciones Unidas! Es ésta la mejor manera para quitarles espacios a los fundamentalismos y a las amenazas contra Israel.

Ayer lo decían miles de israelíes en Tel Aviv: “Rechazamos ser enemigos. ¡Basta ya de ocupación!”. ¡Dios mío, en que mundo terrible vivimos!

© (Testo y traducción Giorgio Trucchi - Lista Informativa "Nicaragua y más" de Asociación Italia-Nicaragua, www.nicaraguaymasespanol.blogspot.com).

------------------

DE LAS PIEDRAS DE DAVID A LOS TANQUES DE GOLIAT

por José Saramago

(publicado en El Cuaderno de Saramago, http://cuaderno.josesaramago.org, el 8 y 9 de enero de 2009)

Este artículo fue publicado por primera vez hace algunos años. Su paño de fondo es la segunda intifada palestina, en 2000. Me atrevo a pensar que el texto no ha envejecido demasiado y que su “resurrección” está justificada por la criminal acción de Israel contra la población de Gaza. Por eso, ahí va.

Afirman algunas autoridades en cuestiones bíblicas que el Primer Libro de Samuel fue escrito en la época de Salomón, o en el periodo inmediato, en cualquier caso antes del cautiverio de Babilonia. Otros estudiosos no menos competentes argumentan que no sólo el Primero, sino también el Segundo Libro, fueron redactados después del exilio de Babilonia, obedeciendo su composición a la denominada estructura histórico-político-religiosa del esquema deuteronomista, es decir, sucesivamente, la alianza de Dios con su pueblo, la infidelidad del pueblo, el castigo de Dios, la súplica del pueblo, el perdón de Dios. Si la venerable escritura procede del tiempo de Salomón, podremos decir que sobre ella han pasado, hasta hoy, en números redondos, unos tres mil años. Si el trabajo de los redactores fue realizado tras el regreso de los judíos del exilio, entonces habrá que descontar de ese número unos quinientos años, más arriba, más abajo.

Esta preocupación de exactitud temporal tiene como único propósito ofrecer a la comprensión del lector la idea de que la famosa leyenda bíblica del combate (que no llegó a producirse) entre el pequeño David y el gigante filisteo Goliat, está siendo mal contada a los niños por lo menos desde hace veinte o treinta siglos. A lo largo del tiempo, las diversas partes interesadas en el asunto elaboraron, con el consentimiento acrítico de más de cien generaciones de creyentes, tanto hebreos como cristianos, toda una engañosa mistificación sobre la desigualdad de fuerzas que separaba los bestiales cuatro metros de altura de Goliat de la frágil complexión física del rubio y delicado David. Tal desigualdad, enorme según todas las apariencias, era compensada, y luego revertida a favor del israelita, por el hecho de que David era un jovencito astuto y Goliat una estúpida masa de carne, tan astuto aquél que, antes de enfrentarse al filisteo, buscó en la orilla de un riachuelo que había por allí cerca cinco piedras lisas que se metió en la alforja, tan estúpido el otro que no se dio cuenta de que David venía armado con una pistola. Que no era una pistola, protestarán indignados los amantes de las soberanas verdades míticas, que era simplemente una honda, una humildísima honda de pastor, como ya las habían usado en inmemoriales tiempos los siervos de Abrahán que le conducían y guardaban el ganado. Sí, de hecho no parecía una pistola, no tenía cañón, no tenía barrilete, no tenía gatillo, no tenía cartuchos, lo que tenía era dos cuerdas finas y resistentes atadas por las puntas a un pequeño trozo de cuero flexible en la parte cóncava en la que la mano experta de David colocaría la piedra que, a distancia, fue lanzada, veloz y poderosa como una bala, contra la cabeza de Goliat, y lo derrumbó, dejándolo a merced del filo de su propia espada, ya empuñada por el diestro fundibulario. No por ser más astuto el israelita consiguió matar al filisteo y darle la victoria al ejército del Dios vivo y de Samuel; fue simplemente porque llevaba consigo un arma de largo alcance y la supo manejar. La verdad histórica, modesta y nada imaginativa, se contenta con enseñarnos que Goliat no tuvo siquiera la posibilidad de ponerle las manos encima a David, la verdad mítica, emérita fabricante de fantasías, nos acuna desde hace treinta siglos con el cuento maravilloso del triunfo del pequeño pastor sobre la bestialidad de un guerrero gigantesco al que, finalmente, de nada podía servirle el pesado bronce del casco, de la coraza, de las perneras y del escudo. Por lo que podemos concluir del desarrollo de este edificante episodio, David, en las muchas batallas que hicieron de él rey de Judá y de Jerusalén y extendieron su poder hasta la margen derecha del río Eufrates, nunca más volvió a usar la honda y las piedras.

Tampoco las usa ahora. En estos últimos cincuenta años han crecido de tal manera las fuerzas y el tamaño a David que entre él y el sobrancero Goliat ya no es posible reconocer ninguna diferencia, hasta se puede decir, sin ofender la ofuscadora claridad de los hechos, que se ha convertido en un nuevo Goliat. David, hoy, es Goliat, pero un Goliat que ha dejado de cargar pesadas y en definitiva inútiles armas de bronce. El rubio David de antaño sobrevuela en helicóptero las tierras palestinas ocupadas y dispara misiles contra objetivos inermes, el delicado David de otrora tripula los más poderosos tanques del mundo y aplasta y revienta todo lo que encuentra por delante, el lírico David que cantaba loas a Betsabé, encarnado ahora en la figura gargantuesca de un criminal de guerra llamado Ariel Sharon, lanza el “poético” mensaje de que primero es necesario aplastar a los palestinos para después negociar con lo que reste de ellos. En pocas palabras, en esto consiste, desde 1948, con ligeras variantes meramente tácticas, la estrategia política israelí. Intoxicados por la idea mesiánica de un Gran Israel que realice finalmente los sueños expansionistas del sionismo más radical; contaminados por la monstruosa y enraizada “certeza” de que en este catastrófico y absurdo mundo existe un pueblo elegido por Dios y que, por tanto, están automáticamente justificadas y autorizadas, en nombre también de los horrores del pasado y de los miedos de hoy, todas las acciones propias resultantes de un racismo obsesivo, psicológica y patológicamente exclusivista; educados y entrenados en la idea de que cualquier sufrimiento que hayan infligido, inflijan o puedan infligir a otros, y en particular a los palestinos, siempre estará por debajo de los que sufrieron en el Holocausto, los judíos escarban interminablemente su propia herida para que no deje de sangrar, para hacerla incurable, y enseñarla al mundo como si se tratase de una bandera. Israel hizo suyas las terribles palabras de Jehová en el Deuteronomio: “Mía es la venganza, y yo les daré su merecido”. Israel quiere que nos sintamos culpables, todos nosotros, directa o indirectamente, de los horrores del Holocausto, Israel quiere que renunciemos al más elemental juicio crítico y nos transformemos en dócil eco de su voluntad, Israel quiere que reconozcamos de jure lo que para ellos es ya un ejercicio de facto: la impunidad absoluta. Desde el punto de vista de los judíos, Israel no podrá nunca ser sometido a juicio, dado que fue torturado, gaseado y quemado en Auschwitz. Me pregunto si los judíos que murieron en los campos de concentración nazis, esos que fueron masacrados en los pogromes, esos que se pudrieron en los guetos, me pregunto si esa inmensa multitud de infelices no sentiría vergüenza de los actos infames que sus descendientes están cometiendo. Me pregunto si el hecho de haber sufrido tanto no sería la mejor causa para no hacer sufrir a otros.

Las piedras de David han cambiado de manos, ahora son los palestinos quienes las lanzan. Goliat está al otro lado, armado y equipado como nunca se ha visto a soldado alguno en la historia de las guerras, salvo, claro está, al amigo norteamericano. Ah, sí, las horrendas matanzas de civiles causadas por los terroristas suicidas… Horrendas, sí, sin duda, condenables, sí, sin duda, pero Israel todavía tiene mucho que aprender si no es capaz de entender las razones que pueden hacer que un ser humano se transforme en una bomba.


domingo, enero 04, 2009

Israel

Israel

No es el mejor augurio que el futuro presidente de Estados Unidos repita una y otra vez, sin que le tiemble la voz, que mantendrá con Israel la “relación especial” que une los dos países, en particular el apoyo incondicional que la Casa Blanca dispensa a la política represiva (represiva es decir poco) con que los gobernantes (¿y porqué no también los gobernados?) israelíes han venido martirizando por todos los modos y medios al pueblo palestino. Se a Barack Obama no le repugna tomar su té con verdugos y criminales de guerra, buen provecho le haga, pero que no cuente con la aprobación de la gente honesta. Otros presidentes colegas suyos lo hicieron antes sin necesitar otra justificación que la tal “relación especial” con la que se da cobertura a cuantas ignominias fueron tramadas por los dos países contra los derechos nacionales de los palestinos.
A lo largo de la campaña electoral Barack Obama, ya fuera por vivencia personal o por estrategia política, supo dar de sí mismo la imagen de un padre dedicado. Eso me permite sugerirle que le cuente esta noche una historia a sus hijas antes de que se duerman, la historia de un barco que transportaba cuatro toneladas de medicamentos para socorrer a la población de Gaza en la terrible situación sanitaria en que se encuentra, y que ese barco, Dignidade era su nombre, ha sido destruído por un ataque de fuerzas navales israeliés con el pretexto de que no tenía autorización para atracar en sus costas (creía yo, ignorante redomado, que las costas de Gaza eran palestinas…) Y que no se sorprenda si una de las hijas, o las dos a coro, le dicen: “No te canses, papá, ya sabemos qué es una relación especial, se llama complicidad en el crimen”.
Los cadáveres de cinco hermanas palestinas de 4 a 17 años muertas en el bombardeo nocturno israelí a una mezquita del campo de refugiados de Yabalia yacen en la morgue de un hospitalAgencia France Press - Publicada en El País - 2008-12-27
El RotoPublicada en El País - 30 - 12- 2008

lunes, diciembre 22, 2008

Boletín Informativo ISA núm 609

http://serviciodenoticiasisa.blogspot.com

Sumario:

I. El golpe final, por José Saramago

II. TV: crisis y desinformación, por Luis Linares Zapata

III. Frente a la ceguera del trabajador petrolero, peligran los derechos del petrolero y su propio sindicato

-----------

EL GOLPE FINAL

por José Saramago

(publicado en El Cuaderno de Saramago, http://cuaderno.josesaramago.org, el 16 de diciembre de 2008)

La risa es inmediata. Ver al presidente de Estados Unidos encogiéndose tras un micrófono mientras un zapato vuela sobre su cabeza es un excelente ejercicio para los músculos de la cara que controlan la carcajada. Este hombre, famoso por su abisal ignorancia y por sus continuos dislates lingüísticos, nos ha hecho reír muchas veces durante los últimos ocho años. Este hombre, también famoso por otras razones menos atractivas, paranoico contumaz, nos ha dado mil motivos para que lo detestásemos, a él y a sus acólitos, cómplices en la falsedad y en la intriga, mentes pervertidas que han hecho de la política internacional una farsa trágica y de la simples dignidad el mejor objetivo de la irrisión absoluta. Verdaderamente el mundo, a pesar del desolador espectáculo que nos ofrece todos los días, no merece un Bush. Lo hemos tenido, lo sufrimos hasta tal punto que la victoria de Barack Obama ha sido considerada por mucha gente como una especie de justicia divina. Tardía, como en general es la justicia, pero definitiva. Pero todavía nos faltaba el golpe final, nos faltaban esos zapatos que un periodista de la televisión iraquí lanzó sobre la mentirosa y descarada fachada que tenía enfrente y que pueden ser entendidos de dos formas: o esos zapatos deberían tener unos pies dentro y el objetivo del golpe sería la parte curva del cuerpo donde la espalda cambia de nombre, o entonces Mutazem al Kaidi (quede su nombre para la posteridad) encontró la manera más contundente y eficaz de expresar su desprecio. El ridículo. Um par de puntapiés tampoco estarían mal, pero el ridículo es para siempre. Voto por el ridículo.

-------------------

TV: CRISIS Y DESINFORMACIÓN

por Luis Linares Zapata, secretario de Desarrollo Económico y Ecología del gobierno legítimo de México

(publicado en La Jornada el 17 de diciembre de 2008)

La distancia entre el quehacer político de la elite nacional y el sentir popular se ha hecho tan profunda que ya no se reconocen mutuamente. La llamada clase política se regodea en sí misma y sólo atisba a su íntimo derredor, ya sea de intereses empresariales o de control y progreso burocrático. Fenómeno similar le está sucediendo al aparato de comunicación establecido (radiotelevisión) respecto de sus auditorios. La ausencia de temas que recalen en la conciencia colectiva es notable, sobre todo en estos días de crisis generalizada. Pero también dicha distancia se agudiza por la inclusión cotidiana, en los medios electrónicos sobre todo, de abundantes dosis de desinformación. Esa especie de paliativos momentáneos que nublan la percepción de la mayoría.

Esquivar la vertiente interna de la crisis económica se ha vuelto un torneo entre los comunicadores y sus medios. Nadie habla en ellos de devaluación, aunque el peso haya caído, sólo en meses recientes, 30 por ciento. Menos aún de una estructura productiva desarticulada que debe importar aún lo estrictamente necesario (alimentos) para beneficio de las trasnacionales del sector. Mejor transmitir tranquilidad, no alebrestar al populacho, pues la carestía no es tan grave (apenas 4 por ciento anual, según el Banco de México) y los salarios no pueden ser elevados más allá de una inflación proyectada a voluntad de los conductores del país.

Se nota que hay urgencia por reponer el caduco sistema financiero, ése que empinó la crisis actual y cuarteó la credibilidad en los centros de poder del imperio. Para eso se reunieron durante la celebración del mercado de valores: no cambiar lo obsoleto fue la instrucción desde lo alto. Mesura: los derivados son instrumentos indispensables, concluyeron banqueros y demás usufructuarios. Los intereses y las comisiones bancarias no son agio; son realidades impuestas por el mercado, siguen afirmando con inaudito cinismo depredador de las economías familiares e individuales. La misma voz de alerta del Fondo Monetario Internacional contra seguir incrementando las desigualdades parece condenada al olvido y el destierro de las mesas de los abundantes analistas a modo.

No pasa un simple día sin que en los noticieros televisivos o radiofónicos se incluyan abundantes notas altisonantes, escándalos (fabricados o no), vendettas interesadas de los conductores y los propios medios o tontas notas de color de elevada sensiblería que, en conjunto, actúan como distractores de la realidad imperante. Un modo harto conocido de no ocuparse de lo que importa o afecta los intereses monopólicos y de las metrópolis.

Los mismos reportes de la violencia imperante son tratados sin que se atente, siquiera, algún dato que auxilie al ciudadano para darle contexto o perspectiva a tan bélico acontecer.

La guerra contra el narcotráfico se ha transformado en un penar cotidiano, una serie de horror continuo que parecen no tener fin. El miedo como factor desmovilizador se desprende de las pantallas y los micrófonos con fluidez nada recomendable para la sanidad de la colectividad.

Una rampante ignorancia sobre la negociación entre las autoridades mexicanas encargadas de conducir dicha guerra con su contraparte estadunidense es regla común. ¿O es que no hubo negociación previa sobre el tráfico de armas, información precisa del terreno de lucha, de los enemigos de la sociedad, de su capacidad destructiva, de la cuantía y canales de flujo de sus recursos en ambos lados de la frontera? ¿Alguien ha examinado en la televisión o la radio las condiciones prevalecientes en los lugares de donde provienen tantos mexicanos que se matan entre sí? ¿Cuántos matones más saldrán a las calles a disparar obedeciendo órdenes, dada su disposición a tan cruento oficio? ¿Cómo contener esta sangría de juventud? Son sólo algunas preguntas que no se oyen en la radiotelevisión.

Locutores y comentaristas se ocupan, hasta el cansancio y mayor detalle, de ciertos asuntos trascendentes: los chuchos, la izquierda partidaria moderna, constructiva; la presumida falta de unidad del PRD; (ahora una modalidad del fraude) AMLO y sus ambiciones que rechaza 50 por ciento de los electores según encuesta desconocida, pero difundida con relieve amigo.

A veces aparecen en las pantallas, para el espanto de inversionistas locales, fraudes superbillonarios allá lejos, en la Nueva York de las impecables reglas del juego, las calificadoras impolutas y las autoridades alertas, siempre vigilantes del bienestar del inversionista pequeño para que no sea engañado por los tiburones famosos.

Qué decir de los sepelios, narrados con voz entrecortada, condolida, de conocidos jóvenes inmolados por el crimen y la complicidad o la negligencia de las policías. Todo un universo de desinformación al alcance de los empresarios de la comunicación masiva metidos de lleno en el tráfico de influencia o en la defensa de sus posiciones de clase y grupo. Ya para qué hablar de aquellos que le atoran al chantaje y las campañas de ataque frontal, personalizado hasta el descaro, directo sobre ciertos actores políticos para mutarlos en benefactores (ley Televisa).

Las mismas alertas que lanzó el empresario Carlos Slim fueron minimizadas en la difusión. No pretendían éstas defender al desvalido en su vertiente de expoliados consumidores de la banca o de servicios y bienes públicos, sino prevenir a los de su entorno, a sus colegas, contra los devastadores efectos electorales que ocasionará entre la población la crisis en proceso.

Y más quieren alertar, desde la cúspide, sobre aquellos (en preciso aquél: AMLO) que pueden salir beneficiados (la izquierda) con ella. 2009 no será un año de réditos electivos para las elites y menos para el desgobierno del señor Calderón, los panistas y sus aliados en el Congreso. La ciudadanía está consciente de los daños que se le ocasionan, del desamparo en que se le deja, de la ausencia de redes protectoras, (eliminadas con alevosía) de programas para atemperar esos daños que, según se dice, provienen de fuera. Sólo ven pasar los recates a los poderosos, a los compadres, los cómplices de siempre.

Para el hombre de la calle, la mujer trabajadora, el joven disponible, el anciano, el pequeño industrial, el estanquillero, el agricultor de escala reducida, el albañil desempleado o el milpero empobrecido sólo habrá ralos sobrantes del banquete al que realmente nunca han sido invitados.

------------------

FRENTE A LA CEGUERA DEL TRABAJADOR PETROLERO, PELIGRAN LOS DERECHOS DEL PETROLERO Y SU PROPIO SINDICATO

(publicado en La Catorcena, la_catorcena@hotmail.com, el 14 de diciembre de 2008)

Desgraciadamente en su gran mayoría, el trabajador petrolero no se preocupa y menos se ocupa por informarse de temas fundamentales para el país. ¿Sabe en qué quedó la reforma energética?, tema vital para todos los mexicanos pero más para ellos.

Los medios masivos de información monopolizados por los propietarios de Televisa y TV Azteca han jugado un papel muy efectivo en la desinformación. El Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) no emitió el mínimo comunicado con su postura ante la reforma energética. Pero, ¿esto justifica el conformismo del trabajador sindicalizado petrolero?

Cómo nos controlan, como nos destruyen

Los charros sindicales han sabido controlar al trabajador de múltiples formas: psicológicas, económicas y físicas.

Por ejemplo, han hecho creer que le están haciendo un favor al gestionarle el cumplimiento de sus prestaciones (fichas para sus hijos, préstamos, vacaciones, etc.).

El funcionario sindical sabe de las debilidades del trabajador petrolero: insolvente económicamente, asfixiado en el mal hábito del consumismo, endeudado irracionalmente con las tarjetas de crédito, cajas de ahorro y agiotistas. Saben que el trabajador recibirá su catorcena sólo para transferirla a sus acreedores y que cualquier prestación que le suspenda lo meterá en grandes problemas. Lo tiene en sus manos.

Finalmente, el trabajador mientras tiene trabajo se siente ajeno a las consecuencias de la política neoliberal. Como si vivieran aislados piensa que ya la tiene librada, argumentando que tienen más de 20 años de antigüedad como fecha mágica que lo protege de todo riesgo o abuso laboral. Está cegado.

Como la ranita que meten al agua tibia y la disfruta sin darse cuenta de que no tardará en hervir, por lo cual no reacciona y no se sale. Cuando lo quiera hacer ya estará cocinada, sin ninguna posibilidad de impedir ser sacrificada.

Muchos trabajadores no ven lo que ocurre frente a sus narices, no ven como crece por miles el número de trabajadores mal pagados de compañía con salarios de hambre, sin estabilidad en el empleo, sin derechos laborales y menos sindicato. No ven que a sus centros de trabajo llega a hacer sus labores gente uniformada de azul o rojo y que ellos se van quedando cada vez más como espectadores, y que pronto serán ninguneados, y que pronto serán prescindibles y no tendrán argumentos para exigir su materia de trabajo.

Precisamente, estas nuevas relaciones laborales son consustanciales a la Reforma Energética.

A reaccionar, a recuperar nuestra organización sindical

Primero que nada informarse. Pero no hablamos de comprar periódicos alarmistas o amarillistas; sino que cada trabajador, por lo menos, debería de tener y leer la Constitución Mexicana, la Ley Federal del Trabajo, el Contrato Colectivo de Trabajo y los Estatutos del sindicato.

También deberían de releer la historia de México o la historia del sindicalismo petrolero. Parece pedir mucho, más si tomamos en cuenta que en su gran mayoría apenas terminaron la primaria, amen que tampoco se tiene el hábito de la lectura. Pero es poquísimo si se entiende que el conocimiento es la más importante arma de defensa.

Estas lecturas nos abrirán de nuevo los ojos: nos harán saber que no sólo tenemos obligaciones para con el sindicato sino también derechos que nos están despojando. Ya no mendigaríamos al delegado, al funcionario o al secretario general sino que solicitaríamos que se cumplan puntualmente nuestros derechos, incluso exigiríamos que quien administra nuestras cuotas en el sindicato cumpla su función eficazmente o se haga a un lado.

En segundo lugar, ser congruentes con nuestros principios y nuestra familia. El trabajador en su entorno familiar es un educador, una guía moral, quien inculca valores y principios, un cobijo (ahora le dicen el proveedor); todo para formar a sus hijos como un ser feliz, de provecho, respetuoso y capaz de hacerse respetar.

Les daría vergüenza a estos trabajadores si sus hijos o esposa los vieran cómo se denigran ante los funcionarios y ya no se diga ante el secretario general de las diferentes secciones, cómo son serviles al referirse a ellos como “el patrón”, “el hombre”, “el jefe”, etc.) y cómo nosotros mismos provocamos que esos charros abusivos se crezcan, inflen su ego y convicción de poder para patearnos y abusar sin miramientos.

En tercer lugar, meditar sobre el futuro inmediato de nuestros hijos, dejar el conformismo. Muchos trabajadores están conscientes de que los están despojando laboral y económicamente y se mantienen calladitos y sumisos pensando que así no les tocará. ¿Qué no nos damos cuenta de que cada vez son más los jóvenes, y entre ellos alguno de nuestros hijos, que aunque hallamos invertido en su educación superior no encuentran en donde ejercer su carrera, ni siquiera trabajo?

Cuarto y lo más importante: Poner en orden nuestro sindicato. Recuperarlo.

Hoy el STPRM no representa a la clase obrera: lo mutila, lo denigra e impide el desarrollo económico y laboral y familiar. Por ignorancia o por complicidad permiten que se impongan las políticas neoliberales y sus reformas con las que desmantelan la plantilla laboral de Petróleos Mexicanos. Todos sabemos que las compañías que realizan trabajos para la paraestatal cada vez abarcan mayores áreas que el trabajador sindicalizado desempeñaba con amor a la camiseta y eficazmente.

Los charros en el STPRM permiten la llamada privatización progresiva y también resquebrajan los cimientos del sindicato. No esperemos a pronto sufrir la experiencia de nuestros hermanos mineros. Con el pretexto de combatir a un sindicato denigrado por charros como los Napoleón Gómez, los patrones apoyados por el secretario del Trabajo, el de Gobernación y las televisoras destruyen la única organización capaz de defender su presente y su futuro.