La complicidad como estrategia
La lucha de la Familia de Pasta de Conchos
Un cuarto del país en poder de mineras extranjeras
Un cuarto del país en poder de mineras extranjeras
Raúl Vera López, el 10 de marzo pasado en la ciudad de Mexico, durante la conferencia de prensa en el Centro Agustín Pro para solicitar a las autoridades la expedición de la visa para migrantesFoto José Carlo González.Balaceado sin puntería, junto a don Samuel Ruiz, por los paramilitares de Paz y Justicia en Chiapas, un mes antes de la matanza de Acteal en 1997; expulsado de San Cristóbal de Las Casas por órdenes del Vaticano en 1999 a petición de Ernesto Zedillo en 1998, don Raúl asumió el cargo de obispo de Saltillo a principios de 2000. En sus primeros años se dedicó a viajar por la entidad, para establecer relaciones con los grupos más vulnerables.
En febrero de 2006, tras el derrumbe de la mina de Pasta de Conchos (que entonces era de Germán Larrea), don Raúl se colocó de inmediato del lado de las esposas, los hijos, los padres, los nietos, los abuelos y los hermanos de los 65 trabajadores que murieron dentro del yacimiento, quemados por un flamazo de 650 grados centígrados (temperatura que provoca el gas metano al estallar), pese al cual el entonces gobernador de Coahuila, Humberto Moreira, y un popular levantacejas de Televisa convirtieron la desgracia en reality show, con mensajes publicitarios en horario triple A, y exhortos al pueblo de México a rezar para que la corte celestial hiciera el milagro de que aquellos pobres salieran con vida.
Fox, y su secretario del Trabajo, el yunquista Francisco Javier Salazar, como si fueran empleados de Germán Larrea, lanzaron una campaña de odio contra el líder del sindicato minero, mientras el resto de los empresarios financiaban los espots de López Obrador, un peligro para México
. A Larrea, obviamente, nadie lo acusó de homicio múltiple por negligencia criminal, pero don Raúl estrechó con un abrazo de solidaridad a los deudos de los barreteros, para formar la organización Familia Pasta de Conchos, que sigue en pie de lucha, exigiendo al gobierno
el rescate de los cuerpos de sus deudos.
Tras las elecciones presidenciales de 2006, los soldados del regimiento de caballería que vigilaban los paquetes de votos en Múzquiz, Coahuila, recibieron un sospechoso permiso para irse de parranda al poblado de Castaño, donde irrumpieron en un bar de table-dance, golpearon a meseros y clientes, y violaron a 12 bailarinas. De inmediato, don Raúl se puso de lado de las bailarinas y las ayudó a demandar y encarcelar a dos de sus verdugos.
Cuando Calderón obedeció las órdenes de la Casa Blanca cifradas en la Iniciativa Mérida, y arrastró al país a esta guerra que ha causado ya la muerte de al menos 50 mil personas, don Raúl se dedicó a promover reuniones de especialistas en el tema de la violencia asociada al crimen organizado y a denunciar los abusos de los militares contra los civiles. Pero al mismo tiempo que impulsaba el centro estatal de defensa de los derechos humanos y abogaba por la dignidad de los homosexuales, abrió las puertas de la casa Belén, Posada del Migrante, por la que entre 2007 y 2010 pasaron, comieron, se bañaron y durmieron, 100 mil hombres y mujeres cada seis meses.
Al calor de su contacto con esa desdichada gente que se juega la vida con tal de llegar a Estados Unidos y corre todos los peligros del mundo soñando con ganar 20 dólares por hora lavando escusados (porque allá, como dice la actriz puertorriqueña Karina Casiano, la mierda es más cara
), don Raúl se sensibilizó especialmente con los sufrimientos de los migrantes nacionales y extranjeros que viajan de Chiapas a Texas colgados como pedazos de cecina de los vagones del Tren de la Muerte.
Conmovido por el heroísmo de esas mujeres indefensas, que a toda hora llevan puesto el condón femenino porque saben que tarde o temprano serán violadas; abrumado por los horrores que experimentan esos seres humanos sin nombre ni rostro, expuestos al sol y a la lluvia, a la Mara Salvatrucha, a los agentes de Migración, a los soldados de Genaro García Luna, a los sicarios, a la Marina y al Ejército, don Raúl alzó la voz para tratar de protegerlos, y en distintos foros ha demandado que se alcance un acuerdo entre México y todos los países expulsores de mano de obra
, para que entren por Chiapas con un permiso especial y viajen a la frontera norte por rutas seguras y con adecuada y eficaz vigilancia.
Esta postura, sin embargo, ha irritado más que ninguna otra a la oligarquía de Coahuila, a las llamadas fuerzas del orden
, a las organizaciones que trafican con los migrantes, e incluso al ala derecha de la Iglesia, que pronto obligará a don Raúl a comparecer ante la Congregación de la Fe (la moderna Inquisición del Vaticano) para que explique por qué promueve (sic) las relaciones entre homosexuales
, estúpida calumnia que le reprocha su insistencia en que gays, lesbianas y transexuales deben gozar de protección social y medidas que garanticen el respeto universal a su dignidad de seres humanos.
Acosado por todos los poderes legales e ilegales, que detentan y disfrutan, como él dice, el negociazo del tráfico de migrantes
, que reporta ganancias anuales estimadas en decenas de millones de dólares, don Raúl encabezó una peregrinación que el pasado 13 de julio llegó a la Basílica de Guadalupe, donde lanzó una crítica feroz a los partidos políticos que intervinieron en las recientes elecciones estatales de Coahuila, donde tendieron sus clásicas trampas a la ciudadanía empobrecida para comprar el voto (...) ignorando la emergencia que vivimos y (olvidando) que urge rehacer la cohesión social mediante la vivencia de los valores democráticos
.
Luego de describir que en Coahuila, según un diario local, ha habido 300 ejecuciones en 2011, o 654 de 2006 a 2010 (según la PGR), 185 desapariciones documentadas y 219 denuncias de desaparición; y que son frecuentes los decapitados y las extorsiones, que los habitantes de pequeñas poblaciones rurales las han abandonado por completo para escapar de la violencia, que ha habido ataques a oficinas públicas, así como quema y destrucción de viviendas, y que el estado es el tercero a escala nacional en agresiones a periodistas y medios de comunicación
, don Raúl lamentó que en las pasadas elecciones se haya hecho uso de prácticas antidemocráticas para favorecer al régimen de privilegios que lleva más de 50 años en el poder
.
Las pedradas que don Raúl lanzó desde el púlpito no las pasó por alto la nueva monarquía
de los Moreira (acaudillada por Humberto I, el ex gobernador que ahora preside el PRI, Rubén II, que sucedió a su hermano en el trono y ahora administra el caos, en tanto el hermano menor de ambos prepara su candidatura para 2017), una estirpe que se ha apoderado de Coahuila por arriba, mientras por abajo ha hecho lo propio el cártel de la última letra
o de los Zertuche
, como dice la gente de la calle con temor reverencial.
Los engreídos priístas locales, que dirigirán la campaña presidencial de Peña Nieto o de don Beltrone; los magnates del Grupo Industrial Saltillo, la añeja aristocracia, y los buitres que engordan gracias a los migrantes, respondieron a la homilía del 13 de julio colocando mantas anónimas sobre la catedral de don Raúl, en las que le aconsejan lanzarse de candidato a gobernador
, y lo acusan de proteger a los homosexuales. Sólo falta que la Inquisición lo mande llamar a Roma y que el Papa del siglo XVI que allí reina ordene que lo quemen en leña verde. Esta es una muy oportuna advertencia: Raúl Vera López peligra. Debemos cuidarlo. A juicio de esta columna sabatina y atea, es la figura más valiosa de la Iglesia mexicana.

Integrantes de los gremios minero, electricista, de tranviarios y de telefonistas, así como trabajadores de la UNAM, realizaron una marcha del Ángel de la Independencia a la sede de Grupo México, en Polanco, para exigir justicia para los deudos de 65 obreros fallecidos en la explosión en Pasta de Conchos, Coa-huila, en febrero de 2006. Organismos de defensa de los derechos humanos señalan que el gobierno mantiene la protección y encubrimiento para el consorcio, al tiempo que solapa la inseguridad y corrupción en yacimientos de carbón Foto Marco PeláezVíctimas del desastre, 65 trabajadores murieron en ese momento. Televisa convirtió la tragedia en un espectáculo. Uno de sus levantacejas estelares transmitió día a día, desde el lugar de los hechos, exhortando al pueblo a orar para que los mineros regresaran a sus casas. La teledictadura, que aprovechó el alto rating del tema para ganar millones de pesos, sabía de sobra que no había sobrevivientes. Es imposible respirar un aire tan envenenado.
Humberto Moreira, como gobernador de Coahuila y pensando en su salto a las ligas mayores (hoy es presidente electo del PRI), no dejó de aparecer a cuadro, al tiempo que atendía a cuerpo de rey a sus populares anfitriones. Vicente Fox y su secretario del Trabajo, el yunquista Francisco Javier Salazar, desataron una cacería contra el líder charro del sindicato minero, Napoleón Gómez Urrutia, para desviar la atención del público.
De este modo, al igual que Moreira y Televisa, protegieron al dueño de Pasta de Conchos, el magnate Germán Larrea, que debió ser detenido y juzgado por negligencia criminal, ya que el gas metano se acumuló dentro del tiro porque estaba descompuesto el sistema de ventilación. Además, sus capataces obligaron a los barreteros a bajar a la mina, pese a que desde varios días atrás éstos reiteraban que la situación era cada vez más peligrosa.
A la fecha, los restos de 63 de aquellos mineros asesinados permanecen bajo los escombros de Pasta de Conchos. Los culpables de su muerte siguen impunes. Germán Larrea ayudó a Fox en el fraude electoral de 2006 a cambio de impunidad absoluta. Felipe Calderón de la Parca se la ratificó en cuanto se sentó en los pináculos. Ahora, Larrea posee también la cadena exhibidora Cinemex, empresa que vende los hotdogs más caros y más malos del mundo.
El trato que Fox le dio a Larrea creó un modelo, que Calderón aplica desde que vive en Los Pinos. A cambio de impunidad, obtuvo el apoyo de Mario Marín y Ulises Ruiz, y de todos los políticos y empresarios involucrados en negocios turbios, incluido el del narcotráfico. Los efectos de esta manera de no gobernar sólo se hicieron visibles cuando ocurrieron hechos tan espantosos como los incendios, ocasionados también por negligencia criminal, en la guardería ABC de Hermosillo y en la tienda Coppel de Culiacán. O con los secuestros y asesinatos masivos de migrantes.
La impunidad ilimitada concedida tan alegremente por Calderón a sus parientes, amigos y socios, destruyó el estado de derecho en la mayor parte del país. Y la patente de corso –el permiso que los reyes de Francia e Inglaterra concedían a sus piratas para que saquearan los barcos de otras naciones– fue extendida, por igual, a las fuerzas armadas, que en regiones dominadas totalmente por el narcotráfico –norte de Chihuahua y sur de Tamaulipas, por poner sólo dos ejemplos– roban, matan, secuestran, torturan, extorsionan y desaparecen personas, y al mismo tiempo transportan y venden droga como cualquier banda criminal, de acuerdo con abundantes y abrumadores testimonios cotidianos.
En los cables de Wikileaks, acertadamente entregados a La Jornada por el colega Julian Assange, los diplomáticos estadunidenses describen como incapacidad del Ejército para enfrentar al crimen organizado
la alianza, implícita y explícita, entre cárteles, policías y militares. Pero el caos calderónico ha desbordado ya los esquemas intervencionistas que diseñó Bush y heredó la pareja presidencial de Estados Unidos –Hillary Clinton y Janet Napolitano–, para mantener a la olinarquía mexicana en el poder e impedir que nuestro país emprenda, con Andrés Manuel López Obrador, un camino alternativo como el de Lula en Brasil y el de Evo en Bolivia.
El aparente montaje –¿a cargo de la CIA?– en que dos agentes de la Migraña del Tío Sam fueron atacados en una carretera potosina, será aprovechado por Washington, dicen los que saben, para que México permita que los policías del vecino país circulen armados dentro del nuestro, lo que marcaría el inicio de una invasión militar que parece ya inevitable. Muy atento al desarrollo de este conflicto, el presidente de Francia supone que debe abusar de la creciente y notoria debilidad física, política y moral de Calderón para cobrarle una vieja deuda. Si el hombrecito michoacano ha pagado con la moneda de la impunidad a todos los que lo ayudaron a hacerse pasar por jefe del Estado mexicano, ¿por qué se la niega únicamente a él, nada menos que a él, el marido de Carla Bruni, la ex amante de Mick Jagger, en favor de Florence Cassez?
Transcribo, al respecto, fragmentos de una carta que el famoso crítico teatral del periódico Libération, René Solis, me envió ayer desde Francia. Sarkozy, dice, es definitivamente un genio dioplomático. Su manejo del caso Cassez es una obra maestra. Tras cuatro años de prepotencia, grosería e ineficiencia a diario todavía logra sorprendernos. Es fascinante ver cómo la cosa se ha estado calentando de ambos lados, con los mismos mecanismos que llevan a la guerra
.
Y sigue: apostarle todo a la inocencia de Cassez ha sido una tontería mayor de las autoridades francesas (pero) lo que no se entiende desde aquí son los 60 años de cárcel. Parece pesadilla gringa. En Europa hasta los asesinos violadores salen después de 25 años. Y además, aquí, para complicidad por rapto la pena máxima sería de 12 a 15 años de cárcel (entre seis y ocho efectivos). Eso sí, mejor 10 años en Santa Martha Acatitla que cinco en una cárcel de Francia
.
GDF: ¿reabrirán gasolineras clausuradas?
El sábado pasado, Desfiladero planteó un acertijo, al comentar que los nuevos dueños de Mexicana de Aviación podrían ser dos políticos panistas que usan lentes pero sólo uno se deja crecer el bigote. A primera hora de la mañana de ese día, el profesor Benjamín Cortés Valadez envió una décima para proponer una respuesta al misterio que permanece en la oscuridad: No es posible ni dudar/ secretario, sin bigote/ Lozano, de SME el azote/ y el que tiene Molinar/ a más de bigote un par/ de buenos antecedentes/ asesino de inocentes/ y Licitación Veintiuno:/ como ellos dos, ninguno/ son los dueños convenientes
.
Pero volviendo al tema de la impunidad calderónica, clave de la destrucción del país, los vecinos de Tlalpan que exigen la demolición de una gasolinera en Insurgentes Sur, piden a Marcelo Ebrad que ratifique en su cargo a Diana Ponce, procuradora del Medio Ambiente en el GDF, que durante su gestión ordenó la clausura de 12 negocios del mismo ramo, construidos con licencias otorgadas ilegalmente por Alejandro Nyssen Ocaranza, ex director de Regulación Ambiental, despedido por corrupto.
En la terna que Ebrard presentó a la Asamblea Legislativa para sustituir a la honrada y trabajadora Diana Ponce, figuran Elena Guzmán González, incondicional de Martha Delgado, secretaria del Medio Ambiente y muy cercana a Nyssen Ocaranza; Juan Pedro Machado Arias, abogado defensor de gasolineros, que reabriría todas las estaciones de servicio clausuradas, por chuecas que estén, y el panista y yunquista Miguel Ángel Cancino.
Mañana llega Eduardo Galeano a México. Y pasado mañana regresa Carmen Aristegui. ¡Bienvenidos sean!
Durante los gobiernos de Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa, se han presentado 29 quejas ante la Organización Internacional del Trabajo contra el Estado mexicano por violaciones a la libertad sindical. La cifra es un atisbo de la situación real de abusos cometidos por la administración federal en contra de los sindicatos, señalan especialistas. Con un gobierno considerado “antisindical”, la presencia de México en el Comité de Libertad Sindical –instancia encargada de resolver las querellas– resulta una “paradoja”.
De las 38 quejas que se han presentado ante la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en contra del gobierno mexicano, 29 se han interpuesto en la última década, es decir, durante los gobiernos de Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa.
Las querellas corresponden a violaciones a la libertad sindical, amparada por el Convenio 87, que México ratificó desde abril de 1950.
En éstas se acusan impedimentos para organizar sindicatos independientes o para ejercer su derecho a la negociación colectiva, negativas de la autoridad de reconocer a organizaciones sindicales o a otorgarles la Toma de Nota a sus directivos, violaciones a los contratos colectivos de trabajo, injerencia de los empleadores en la vida sindical, agresiones a trabajadores y sindicalistas y actos de intimidación para evitar la afiliación de trabajadores a un sindicato.
De las 29 quejas que se han presentado de enero de 2001 a la fecha, cuatro casos siguen pendientes de resolución por parte del Comité de Libertad Sindical (CLS), instancia encargada de analizar las querellas. Otros dos casos se encuentran “en seguimiento”, de acuerdo con la información publicada en el portal electrónico de la OIT.
Se trata de las quejas 2478 y 2679. La primera fue presentada en marzo de 2006 por la Federación Internacional de Trabajadores de las Industrias Metalúrgicas y el Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Similares de la República Mexicana. Acusaban actos de violencia, amenazas de muerte y el homicidio de sindicalistas, la destitución del comité ejecutivo del Sindicato y el establecimiento de un Sindicato paralelo por parte de la empresa y las autoridades gubernamentales.
La otra queja corresponde a la que el Sindicato de Agentes Vendedores de Seguros en General en el Estado de Jalisco y la Unión Nacional de Trabajadores llevaron al organismo internacional en noviembre de 2008, alegando despidos antisindicales de dirigentes y afiliados al sindicato, así como la cancelación del registro de la organización a petición de empresas del sector como táctica para atemorizar a los trabajadores.
En noviembre de 2009, a un mes de que el gobierno federal decretara la extinción de la empresa Luz y Fuerza del Centro, el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) presentó su queja ante la OIT. Su demanda es por la violación a los convenios 87 y 98, relativos a la libertad sindical y a la negociación colectiva, respectivamente.
La solicitud sigue pendiente de admisión en el CLS, pues se pidió al SME ampliar la información para sustentar las violaciones aludidas. De aceptarse, se trataría de la décima queja por violaciones a la libertad sindical interpuesta en lo que va de la administración calderonista.
En opinión del director del Centro de Investigación Laboral y Asesoría Sindical (CILAS), Luis Bueno Rodríguez, la cifra de las quejas presentadas ante la OIT es apenas “la punta del iceberg” de una situación mucho más grave de violaciones a la vida sindical en el país, que no es vislumbrada en su dimensión real porque no todos los abusos son denunciados ante dicha instancia, ya sea por desconocimiento o por desconfianza en la efectividad de sus resoluciones.
El presidente de la Asociación Nacional de Abogados Democráticos, Manuel Fuentes Muñoz, coincide con el señalamiento de que el número de quejas es mínimo comparado con la cantidad real de violaciones, cometidas no únicamente por el gobierno federal, sino también por las autoridades locales.
Pero además, acota el abogado, la cifra ni siquiera representa el volumen real de reclamos interpuestos ante la OIT, pues a las quejas llevadas al CLS habría que sumarles las reclamaciones hechas al Comité de Expertos, otra instancia creada en el seno de la OIT que revisa casos de otra índole.
Entre ellos, se encuentra la reclamación hecha en 2004 por las modificaciones al Contrato Colectivo de Trabajo del Instituto Mexicano del Seguro Social, que derivó en la desaparición de salarios íntegros a trabajadores jubilados. El Comité de Expertos también revisó la reclamación del caso de la minera Pasta de Conchos, en la que se acusó la violación al Convenio 155, relativo a la inspección del lugar de trabajo.
Antisindicalismo, política heredada
Fuentes Muñoz, quien ha participado en la elaboración de algunas de las quejas llevadas a la OIT, aclara que los agravios a la libertad sindical tampoco pueden considerarse exclusivos de los gobiernos panistas. En su opinión, se trata más bien de la continuidad de prácticas de usanza priista, en las que eran sistemáticas y reiteradas las negativas a otorgar registros sindicales, a desconocer huelgas y a preferir sindicatos corporativos, entre otros agravios.
Bueno Rodríguez apunta que si bien las acciones “antisindicales” del gobierno han prevalecido sin importar el partido político en el poder, ahora las organizaciones sindicales independientes están comenzando a ver este tipo de quejas como un recurso que, sin ser nuevo, les resulta novedoso.
Ello se debe a que en el pasado no se le prestaba atención “justamente porque el propio sindicalismo corporativo no iba a recurrir a este tipo de instancias frente a sí mismo”, comenta el director del CILAS. “Hubiera sido como una autoacusación”.
Si bien los especialistas reconocen que los abusos cometidos contra organizaciones sindicales no se han dado únicamente con las administraciones panistas, ambos cuestionan la pertinencia de que México actualmente forme parte del CLS.
Aunque los estatutos de la OIT indican que un país no puede participar en las resoluciones sobre casos de su propio Estado, Fuentes Muñoz considera que México “tampoco es un agente calificado para señalar si se viola o no la libertad sindical en otros países”.
Bueno Rodríguez califica de “paradójico” el que México, al ser uno de los países donde más se viola el derecho a la libertad sindical, forme parte del Comité de Libertad Sindical. “De entrada, significa tener pocas expectativas para que los casos que sean tramitados ante este Comité tengan un futuro halagüeño”.
Además, considera que la abstención de la representación mexicana en casos que le competen al país “no es suficiente como para garantizar un trato imparcial frente a las quejas que se presenten”.
OIT, instancia sin dientes
La mayoría de las quejas contra el gobierno mexicano presentadas al CLS se encuentra como “caso cerrado”, dado que dicha instancia ha emitido sus recomendaciones al respecto.
Sin embargo, tales recomendaciones no son de cumplimiento obligatorio por parte de los Estados o sindicatos aludidos, lo que limita la efectividad de su trabajo en la defensa de la libertad sindical.
Además, Fuentes Muñoz señala que hay una enorme dilación en los procesos, lo cual es, en parte, atribuible a la falta de profesionales en el Comité de Libertad Sindical para atender todos los casos.
Pero el retraso en la resolución de las quejas también se debe a que el gobierno mexicano “ha aprendido a dilatarse, a estar posponiendo alguna información o a plantear cuestiones que puedan ser muy complicadas de estudio y que pueda motivar un escenario más largo de análisis”, considera el abogado laborista.
Otra situación que entorpece el trabajo de la OIT, a decir de Fuentes Muñoz, es la “labor de lobby” del gobierno mexicano, que se traduce en mantener una presencia constante y diligente en la OIT, mientras que las organizaciones sindicales han estado ausentes debido a su falta de experiencia en este tipo de escenarios.
“Eso puede tener repercusiones muy importantes en la resolución de las quejas. Todavía es un escenario en el cual las organizaciones sindicales no hemos trabajado”, reconoce.
En opinión de Bueno Rodríguez, aun cuando los resolutivos de la Organización Internacional del Trabajo lleguen a ser favorables, no se puede depositar total confianza en que tengan alguna repercusión.
Señala que la ambigüedad con que se mantiene la condición jurídica de las recomendaciones de la OIT permite que los gobiernos evadan su cumplimiento, aun habiendo ratificado los convenios en los que se sustentan.
Gobierno mexicano, “antisindicalista”
La Confederación Sindical Internacional (CSI) señaló, en su Informe anual sobre violaciones de los derechos sindicales 2010, que en América persisten “brutales violaciones” de los derechos sindicales, entre ellos el asesinato de sindicalistas y activistas pro derechos laborales, “lo que convierte a las Américas (sic) en el continente más mortífero del mundo”.
De acuerdo con el documento, publicado en junio de 2010, México ocupa el cuarto lugar en la región en el número de homicidios de sindicalistas en 2009, con seis casos registrados.
Cuatro de ellos fueron de miembros del sindicato minero, quienes “perdieron la vida en el transcurso de una larga acción de huelga”, mientras que los otros dos dirigentes sindicales fueron asesinados en incidentes separados. Uno de ellos fue asesinado junto con su familia, refiere la CSI.
El Informe también da cuenta de que algunos gobiernos del continente “utilizaron la crisis como pretexto para debilitar aún más los derechos sindicales y de los trabajadores imponiendo medidas de flexibilidad laboral”, además de que “empleadores hostiles” a la organización de sindicatos recurrieron a “tácticas antisindicales”, como los despidos, el acoso y las listas negras. En el caso mexicano, se destacó el uso de los contratos de protección como una de las tácticas empleadas.
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Los señalamientos de la CSI apuntaron, en suma, a que, en México, “persiste la estrategia antisindical del gobierno”.
Conclusiones similares fueron emitidas por el Tribunal Internacional de Libertad Sindical (TILS), que se reunió en abril de 2010.
En su declaración final, el TILS refirió que “la política antisindical del Estado mexicano conjuga prácticas que conducen a muchas autoridades a ser parte de una red de corrupción con empresarios y supuestas organizaciones que niegan, por la vía del corporativismo, de la simulación, de la ilegalidad o a través del uso de la violencia, los derechos fundamentales del trabajo”.
Tales “anomias institucionales” conducen a la “utilización abusiva” tanto de las instituciones como de las disposiciones legales, como el registro sindical y la Toma de Nota, “que contradicen el derecho laboral internacional para servir a intereses privados”.
Más de 30 actas de inspección de seguridad e higiene revelan que en la zona carbonera del país hay minas en las que “ningún” trabajador está a salvo: peligra su integridad y su vida. En 17 de ellas, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social ordenó la suspensión de labores; no obstante, la extracción del mineral continúa. Los expedientes se encuentran en poder de la Secretaría de Gobernación para su análisis
Una “expansión repentina de aire comprimido” desprendió de inmediato el carbón de la Minera Siderúrgica de Coahuila, el 6 de agosto de 2009. También, desprendió la vida de dos hombres que ahí trabajaban: Alfredo Ríos Martínez y Rogelio Soto Torres. El derrumbe en la mina Lulú ocurrió justo en medio del proceso de supervisión que llevaba a cabo la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS).
La concesión para la explotación del mineral fue avalada por la Secretaría de Economía (SE) en 2001, con vigencia hasta de 50 años, bajo el título 214430, según muestra la Dirección General de Minas, adscrita a la SE.
Un mes más tarde, la muerte de Ramón Flores Juárez ocurrió en el Pocito Ferber, de la empresa Constructora Ferber. El hombre de 23 años de edad fue víctima del desprendimiento de una roca del techo de la mina, el 11 de septiembre del año pasado.
A esta mina ya se le había realizado una inspección por parte de los funcionarios de la STPS. El 13 de agosto de 2009, la Delegación Federal del Trabajo en Coahuila dictaminó que la empresa no cumplía con 59 medidas de seguridad, indica el cuarto informe Por una cuerda de vida para los mineros del carbón y sus familias de Pasta de Conchos. Otros casos, otras minas, la misma muerte, editado por el Centro de Reflexión Laboral (Cereal).
Entre las observaciones, se destaca que no se cumplía con los numerales que obligan a las empresas del ramo a que “deben preverse, para cada sitio de trabajo en el interior de la mina, dos salidas, cada una de las cuales deberá estar conectada a medios distintos en la salida a la superficie”; dotar a los trabajadores de autorrescatadores y cinto de seguridad para el autorrescatador; dotar al personal responsable de hacer mediciones de gases en el interior de la mina de un metanómetro debidamente calibrado, entre otras.
Organizaciones civiles tuvieron acceso a los documentos oficiales de la STPS en los que se demuestra que la tragedia de Pasta de Conchos podría repetirse debido a que no hay condiciones “óptimas” para que los trabajadores extraigan el mineral con seguridad.
La propia STPS advierte que ha detectado “596 violaciones directas en materia de seguridad e higiene” en la zona Norte del país, según el informe Fortalecimiento de la inspección federal en seguridad y salud en el trabajo, para la región carbonífera.
El Cereal indica que, como resultado de la revisión de 32 actas relacionadas con las condiciones de seguridad e higiene de las minas del carbón, en 17 de ellas (que incluyen una mina subterránea, un tajo y todos los pocitos, excepto uno) “la STPS ordenó restringir el acceso de los trabajadores para extraer carbón debido a que las condiciones en que se está operando ponen en riesgos su integridad y su vida”. Lo anterior, en lo que va de 2010.
El informe Por una cuerda de vida para los mineros del carbón y sus familias de Pasta de Conchos señala que después del siniestro en la Mina 8, Unidad Pasta de Conchos, hasta el 11 de febrero de 2010, la organización civil ha registrado un saldo de 28 mineros muertos y 59 heridos sólo en las operaciones de extracción de carbón. “En el resto de las operaciones vinculadas a la extracción de carbón, la cifra es de 13 trabajadores fallecidos y 32 heridos”, dice.
Las inspecciones –actualmente se encuentran en una mesa de revisión en la Secretaría de Gobernación, por lo que no se ha hecho público el listado– detallan que a 14 empresas propietarias de estas minas, los inspectores les solicitan exámenes médicos de inicio y de seguimiento a la salud de los mineros: 13 no los tienen; no los hacen.
Hay otras 25 empresas, indica la información del Cereal, “a las que se les solicitó que exhibieran los contratos: una tiene contrato colectivo de trabajo; nueve, contratos individuales escritos por tiempo indefinido, temporal o por obra; y 15 tienen contratos verbales. “De las 32 empresas, sólo uno de los trabajadores está sindicalizado”.
A 19 empresas se les solicitó información sobre el reparto de utilidades: 13 de ellas no lo hacen y ocho no presentan declaraciones anuales. Además, sobre el pago de aguinaldos, vacaciones y primas vacacionales, ocho de 14 empresas dijeron no dar estad prestaciones que por derecho corresponden a los trabajadores, entre otras, indica el Cereal.
Manuel Fuentes Muñiz, presidente de la Asociación Nacional de Abogados Democráticos (ANAD), critica que, en México, “hay una legislación laxa que no protege a los trabajadores. La Ley Federal del Trabajo no da la posibilidad de que un trabajador pueda suspender labores en caso de que se sienta en peligro, sin que haya perjuicio para él.
En consecuencia, dice el presidente de la ANAD, “cuando una empresa recibe una multa (luego de ser inspeccionada), tiene la posibilidad de recurrir ante diversas instancias, tribunales de lo contencioso, y después de dos o tres años, las multas quedan sin efecto por no cumplir”.
Entre las empresas que destaca la información oficial, se encuentran Rodamientos y Derivados del Norte; Laura Lres Rodela; El Fénix Tecnoservicios; Kronos Mining Proyectos Industriales y Representaciones de Coahuila; Libramientos Regenta, y Servicios Administrativos de Sabinas.
La misma Secretaría, a cargo de Javier Lozano Alarcón, indica, en su informe, que se detectaron 45 presuntas violaciones en materia de condiciones generales de trabajo. Entre las más relevantes, destacan que “no cuenta con constancia que acredite que el patrón promovió la integración de la comisión de reglamento interior de trabajo; se laboran más de nueve horas extras a la semana; no cuentan con comprobantes de fomento a las actividades deportivas y culturales. Las empresas que cuentan con más de 100 trabajadores no les otorgan becas, tampoco a sus hijos.
Además, la información oficial revela que, de las empresas revisadas, se encontró que hay “contratos de trabajo a prueba por 28 días sin la firma del patrón. Contratos individuales no cuentan con cláusula de capacitación y adiestramiento; no cuentan con lista de constancias de habilidades laborales y no cuentan con comisión mixta y cuadro de antigüedades”.
Se solicitó entrevista con el titular de la STPS, Javier Lozano Alarcón, a través de Daniel Lee, jefe de Información de la dependencia. Al cierre de esta edición, no hubo respuesta.
La industria
El Informe anual 2010, de la Cámara Minera de México (Canimex), indica que la industria minera es la cuarta en importancia para la economía del país, después de la producción petrolera, las remesas y el sector turístico.
Durante 2009, el valor de la producción minerometalúrgica fue de 9 mil 616 millones de dólares; representó, en ese año, el 1.6 por ciento del producto interno bruto, según la organización encabezada por el productor de cobre Manuel Luévanos Sánchez.
Luévanos Sánchez indica en su informe que “luego de siete años de vigoroso crecimiento, se registró una contracción anual de 8 por ciento frente a los resultados de 2008, provocada por la recesión económica global, pero también por la falta de las reformas fiscal y laboral, así como la aplicación de precios de mercado en los energéticos”.
No obstante las crisis económicas, en los próximos dos años se invertirán 13 mil 83 millones de dólares, “lo que significará que, en el periodo 2007-2012, nuestra industria habrá invertido 21 mil 753 millones de dólares, monto histórico para el sector minero”, precisa el documento.
La Canimex dice que esos más de 21 mil millones invertidos en el periodo administrativo de Felipe Calderón Hinojosa se destinarán en nuevos proyectos de exploración, ampliación de operaciones mineras, inversiones en capacitación laboral, equipo de tecnología de punta y programas de seguridad laboral, entre otros.
MÉXICO, D.F., 18 de octubre.- Sacudido en su modorra legislativa por el pasado, que nunca se va por completo, Francisco Javier Salazar Sáenz se apresuró a establecer las diferencias entre una mina de carbón y una de cobre, para distinguir también las tragedias que se abaten sobre una y otra y, en fin, para que no se establezcan parangones entre las conductas gubernamentales en uno y otro caso.
Lejana ya la tragedia de Pasta de Conchos, ocurrida el 19 de febrero de 2006, donde murieron 65 mineros, el rescate de 33 trabajadores chilenos en la mina de San José, cercana a Copiapó en el desierto de Atacama, en el norte de Chile, la trajo abruptamente a la actualidad por el rudo parangón que de inmediato se estableció entre ambas situaciones, que tuvieron un desenlace contrastado. Hasta ahora no han sido recuperados los restos de las víctimas en la región carbonífera coahuilense, mientras que al cabo de un vasto, inteligente y sostenido esfuerzo se salvó la vida a los empleados de la empresa San Esteban, omisa en su conducta de establecer medidas de seguridad, como lo fue Industrial Minera México, filial del Grupo México.
Salazar era entonces secretario del Trabajo. Había llegado allí tras una breve carrera política, iniciada desde su papel como líder de los profesores universitarios en San Luis Potosí. Nacido en el Distrito Federal, cursó ingeniería química en la UNAM y concluyó la carrera en la Universidad Iberoamericana. En la potosina se hizo doctor en ciencias sociales, derivación que juzgó oportuna para defender su credo religioso y político, que en su caso se integran. Además de su trabajo en la representación sindical del personal docente universitario, tanto en San Luis como en el ámbito nacional, militó en el tradicionalismo panista potosino. Fue diputado federal por primera vez de 1994 a 1997, al cabo del cual buscó ser candidato a gobernador, sin conseguirlo, como tampoco lo conseguiría en 2003, cuando en las elecciones internas fue vencido por Marcelo de los Santos.
Ya para entonces Salazar era subsecretario de Previsión Social de la Secretaría del Trabajo, cuyo titular era el hoy finado Carlos Abascal. Estaban unidos ambos por una ideología férreamente conservadora, por lo que no resultó extraño que al transitar Abascal a Gobernación, para reemplazar a Santiago Creel, Salazar Sáenz lo sustituyera.
En febrero de 2006 se le encomendó atender la emergencia de Pasta de Conchos. Por tratarse de un desastre, hubiera sido un asunto atendido en Gobernación. O en Economía, dado que es competencia de esa secretaría regular las concesiones mineras. Pero se responsabilizó del caso a Salazar Sáenz, tal vez porque se percibió en la coyuntura el escenario adecuado para un lance político de mayor alcance, la defenestración de Napoleón Gómez Urrutia de su liderazgo en el sindicato minero.
Gómez Urrutia había cultivado una buena relación con el presidente Fox y el secretario Abascal, a quienes el gremio minero aclamó después de que se tomó nota de la elección del secretario general, acto que le había sido negado por el último secretario del Trabajo del régimen priista, Mariano Palacios Alcocer. Remediada esa situación, floreció el vínculo entre el dirigente sindical y el gobierno de la alternancia. En esos años el sindicato mantenía una disputa con una de sus contrapartes, el Grupo México. La causa inmediata era un litigio sobre acciones de las empresas adquiridas por ese grupo de la familia Larrea al gobierno federal. Finalmente, no sin un largo trayecto en tribunales, el sindicato recibió 55 millones de pesos, importe de las acciones que al ser privatizadas varias compañías mineras debía entregar al sindicato.
La derrota así infligida al Grupo México, más la exigencia permanente de mejores salarios para los trabajadores de sus minas, tensó y agrió las relaciones con el sindicato minero. Mucho ha de haber influido una creciente rivalidad personal entre el presidente del consorcio, Germán Larrea, y el líder gremial, Gómez Urrutia. Cada uno de ellos había sucedido a su padre en la tarea que los enfrentaba, y mientras que los progenitores establecieron una relación provechosa para ambos, el desencuentro rigió el trato entre los jóvenes herederos.
Fue ostensible que por pedido del grupo empresarial el gobierno de Fox mudaría su propia relación con los mineros. De esa manera, cuando la atención del secretario Salazar debería estar plenamente orientada a rescatar a los mineros de Pasta de Conchos, se anunció que el liderazgo de Gómez Urrutia estaba siendo impugnado, y en menos de una semana, mediante un procedimiento tramposo y apresurado, se colocó a un líder postizo en el lugar del secretario general hasta ese momento reconocido.
El papel de Salazar ante la tragedia fue cumplido de mal modo. El viernes siguiente al domingo trágico, antes de una semana de ocurrido el desastre, el secretario anunció el fin del intento de rescate. Se dictaminó entonces que la mina había sido destruida por un estallido de gas metano, asociado a la explotación carbonífera, y que la catástrofe impidió desde el momento mismo de su ocurrencia que los mineros sobrevivieran. En ese supuesto, era inútil esforzarse por localizarlos y rescatarlos. Simplemente se les dio por muertos. Tan definitiva fue en los hechos la decisión de clausurar la mina –acaso para que un diagnóstico imparcial no determinara que la inseguridad industrial había causado la tragedia–, que no se han rescatado los cuerpos, los restos de los mineros atrapados por el infortunio y una mezcla de factores humanos que debieron ser castigados.
Incapaz de lidiar con la angustia de los deudos, Salazar peleó con ellos, insinuó que los mineros ingresaban a la mina ebrios o drogados, recibió abucheos y proyectiles que mancharon su ropa, pero no su reputación. Terminó su gestión en la Secretaría del Trabajo sin hacer otra cosa que proteger al personal de esa dependencia involucrado en los antecedentes del desastre y coincidir plena y puntualmente con los intereses de la empresa, que ha dejado enterrados a sus antiguos empleados para ocultar la codicia que la hizo ahorrar a costa de la vida de los mineros. Exactamente lo contrario de lo que se hizo en Chile a la hora de su propio desastre.
Al comenzar este sexenio, Salazar ingresó al Comité Ejecutivo Nacional del PAN, bajo la presidencia de Germán Martínez, y el año pasado fue elegido diputado federal, por la vía plurinominal, sitio reservado a los militantes de largo trayecto, a los grandes apellidos o para premiar servicios prestados. Fue vicepresidente de la mesa directiva al lado de su correligionario y tocayo Francisco Javier Ramírez Acuña, durante el primer año de la legislatura. Fue conservado allí durante el segundo año, el que está corriendo, bajo la presidencia del priista Jorge Carlos Ramírez Marín. En uno y otro caso, su papel lo obliga a dirigir los debates, en ausencia del presidente. Lo hace distraídamente. Y las más de las veces atestigua desde su alta posición (físicamente hablando) lo que ocurre en la llanura de San Lázaro.
En esa alta posición fue sorprendido por la vuelta del pasado, nunca ido del todo, pues no ha cesado la exigencia de las familias de Pasta de Conchos por recuperar los cuerpos de sus seres queridos, enterrados por decisión de Salazar al servicio del Grupo México. Su triste actuación en esa mina coahuilense, en el conflicto minero que artificialmente encendió –aunque el dirigente fantoche que inventó haya sido vuelto al rincón de los trebejos, de donde Salazar lo sacó–, no había sido olvidada. Se hace vigente ahora su gestión, en contraste con la del ministro de Minería chileno, que trabajó a favor de la vida, como Salazar a favor del dinero.

Hazme unas tortillas de harina dulces. Ella le recordó:
El doctor te dijo que no comas dulce antes de trabajar. Él tenía diabetes pero también antojo y soltó una mentira:
Hoy no voy a ir. Cenaron. Luego, él se tumbó en la cama. Al rato, apareció en el cuarto donde ella bordaba. Ella entendió que saldría, porque llevaba una toalla sobre los hombros. La usaría cuando terminara de bañarse, después de quitarse con estropajo las manchas más tercas del carbón.
Ella despertó a las seis de la mañana, como siempre. Él no había regresado. A las ocho una vecina le tocó la puerta. ¿Ya supo? Dicen que hubo un caído en la mina
. En la región carbonífera del norte de Coahuila un caído es un derrumbe. La vecina estaba en lo cierto. Una explosión de gas metano había provocado un desastre, a 150 metros bajo tierra, en la mina Pasta de Conchos.
I
Como secretario del Trabajo, Francisco Salazar tenía obligación de garantizar la seguridad de los mineros de Coahuila. Pero en febrero de 2006, en toda la región carbonífera, había sólo dos inspectores federales para velar por los barreteros de unas 600 minas, que trabajan en tres turnos las 24 horas de la noche subterránea. El hombre que cenó tortillas de harina dulces antes de la explosión de Pasta de Conchos, en realidad no le había mentido a su esposa cuando le dijo que no iría a trabajar. Es que no quería ir pues tenía miedo. Los niveles de gas metano allá abajo eran alarmantes porque hacía una semana estaba descompuesto el sistema de ventilación. Pero el capataz los había tachado de cobardes. Incluso los amenazó. Si no bajan se quedan sin jale
. Allá en el norte, el jale es la chamba. Los 65 mineros de Pasta de Conchos que perdieron la vida aquella noche fueron víctimas de negligencia criminal. Hoy, cuatro años después, sus restos permanecen dentro de la mina. Hace unos meses, sus deudos fueron desalojados por la policía a garrotazos, para que dejaran de protestar. El dueño de Pasta de Conchos era Germán Larrea, el tercer hombre más rico del país.
II
Durante la gestión de Cecilia Romero como titular del Instituto Nacional de la Migraña –un perpetuo dolor de cabeza para quienes padecieron su autoritarismo y su ineptitud–, alrededor de 60 mil trabajadores extranjeros ilegales fueron secuestrados cada año en algún punto de la ruta del Tren de la Muerte, o La Bestia, que va de Chiapas a Texas. Los datos son de la ONU pero el gobierno
nada hace al respecto. Al contrario, fomenta ese negocio, que produce –en cálculos muy conservadores– 3 mil millones de dólares anuales.
Los emigrantes son una mercancía que todos se disputan. En el sur del país los asaltan, golpean, despojan y a menudo violan y matan los pandilleros de la Mara Salvatrucha. Quienes pasan este filtro, más adelante caen en manos de los agentes de la Migraña, que los extorsionan para permitirles continuar. Otros son detenidos por los soldados azules de la Policía Federal, que les quitan los 2 mil o 3 mil dólares que habían ahorrado allá en sus países de origen para dárselos al pollero que los ayudaría a cruzar. Pero los federales, después de desplumarlos, los venden a los cárteles que controlan cada zona. Los narcos prefieren retener, encadenados de pies y manos y con vendas en los ojos, a quienes ya tienen familiares en Estados Unidos, porque éstos ganan y ahorran en dólares y por lo tanto pueden enviarles el dinero del rescate por transferencia bancaria. A los 72 latinoamericanos que en agosto fueron asesinados en el rancho San Fernando de Tamaulipas nadie, al parecer, les mandó un quinto.
A pesar de todo, cada año unos 600 mil latinoamericanos llegan a Estados Unidos pasando por México (además de los 500 mil mexicanos que los acompañan). Quienes viajan en el Tren de la Muerte sufren más que los inquilinos del infierno, sobre todo porque el infierno no existe y La Bestia sí. Hombres y mujeres, impulsados por la miseria, suben a los vagones en los lugares donde el convoy pasa más despacio. Algunos no lo logran y al caer sobre la vía son mutilados por las ruedas del siguiente vagón. Los que consiguen treparse pasarán días a la intemperie, tostándose al rayo del sol, helándose con las lluvias nocturnas, muriéndose de hambre. Y quienes se olvidan de amarrarse al tren y se duermen, a veces despiertan rodando por el suelo con un brazo o una pierna menos. Escuchemos lo que hace días me contó un taxista en la ciudad de San Luis Potosí.
“Levanté a un hondureño que se veía pero bien jodido. Me dio lástima. ‘Jefe, lléveme de favor a la parada de Bachoco, le pago 50 pesitos’. Hasta allá la dejada vale 75, pero me dio lástima y pues órale, ya vas. Pero al rato me dice ‘Oiga, jefe, desvíese aquí para que pasemos a la (colonia) Santa Fe; necesito comprarme una piedra’. ¿Cómo? ¿No tienes para pagarme la dejada pero sí para comprar droga? ‘Es que, ¿sabe qué?, ya valí madres, ya voy de regreso a mi país. Lo que quiero es comprarme una piedrita, subirme al tren, amarrarme y ponerme hasta el culo, para que me agarre la Migra y me deporte...’”
III
A Francisco Salazar se le murieron 65 mineros en Coahuila; hoy es diputado federal por el PAN y miembro distinguido del Yunque. A Juan Molinar Horcasitas se le quemaron 49 niños en Sonora; hoy es secretario de Comunicaciones y Transportes, autor de millonarios atracos al patrimonio nacional y aspirante a la Presidencia de la República. A Cecilia Romero, otra destacada figura del Yunque, le mataron a 72 migrantes en Tamaulipas; hoy es precandidata a la dirección del PAN. Si la naturaleza es un restaurante donde todos se comen a todos, como decía Woody Allen, el gobierno
de Felipe Calderón es una carnicería, que ha provocado ya más de 30 mil asesinatos.
Faltan 20 meses, dos semanas y un día para las elecciones del primero de julio de 2012, única y última oportunidad que tenemos para liberarnos pacíficamente de esta pandilla y cambiar de política y de políticos. Sin embargo, Calderón desató una guerra civil y lo celebra bebiendo en las fiestas de los ricos (el pasado fin de semana estuvo en el cumpleaños de Alejandro Ramírez, dueño de Cinépolis, y también en la boda del hijo de Carlos Slim) mientras la violencia empeora y extiende su dominio territorial, de costa a costa y de frontera a frontera. Que lo digan, si no, los habitantes de Monterrey, de Tampico, de Ciudad Juárez, de Culiacán, de Acapulco, de la Huasteca potosina, de Boca del Río, de Villahermosa, que viven aterrorizados...
Las agencias encuestadoras deberían hacer las siguientes preguntas. Si las elecciones fueran hoy, ¿en cuántas ciudades no se podrían instalar urnas, así como no se celebró el Grito, por temor a los narcotraficantes? ¿En cuántas los votantes no se atreverían a salir de sus casas para acudir a las casillas? ¿En cuántas, los atentados obligarían a suspender el proceso? Los abogados, por su parte, deberían comenzar a explicarnos: si no hay elecciones, ¿Calderón se quedaría? ¿Por cuánto tiempo más? ¿Quién designaría a su sucesor? ¿El Congreso? ¿La Corte?

Luego de lo ocurrido en Chile con los 33 mineros rescatados, el gobierno mexicano tiene sólo una opción: recuperar los cuerpos de los 63 mineros que permanecen sepultados en Pasta de Conchos, aseguró el sacerdote jesuita Carlos Rodríguez, quien oficia la misa mensual en recuerdo de los 65 mineros que perecieron el 19 de febrero de 2006.
En entrevista aseguró que, a diferencia de lo sucedido en el país sudamericano, en México lo que prevaleció en la determinación de no realizar un rescate fue el interés económico, la falta de sensibilidad y compasión y el desprecio por la vida
, pues consideró que antes de emprender el salvamento hubo prisa por declarar muertos a todos los mineros sin tener certeza.
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Por unanimidad, el Senado de la República exigió al presidente Felipe Calderón que se inicie de inmediato el rescate de los restos de los mineros que permanecen en el yacimiento Pasta de Conchos. Durante el debate, todas las fuerzas políticas coincidieron en que la voluntad del gobierno y los empresarios de Chile que se unieron para salvar la vida de los 33 atrapados en la mina de San José contrasta con la forma vergonzosa en que el gobierno protegió al Grupo Industrial México.
Trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), encabezados por su líder Martín Esparza, entregaron a las dirigencias de los partidos de la Revolución Democrática (PRD) y de Convergencia la propuesta para crear una nueva empresa, comisión de electricidad del centro, en sustitución de la extinta Luz y Fuerza del Centro (LFC). Ambas dirigencias partidistas ratificaron su compromiso de acompañar la causa del SME y ofrecieron impulsar la propuesta presentada por los trabajadores.