martes, septiembre 02, 2008

Si queremos seguridad acabemos con la impunidad institucional

Ricardo Andrade Jardí

Ahora que los empresarios FOBAPROA “iluminan” México y en particular a las masas enajenadas, al tiempo que desde la caja idiota, un sujeto autonombrado como “académico” y en una malísima actuación, fingiendo en nombre del empresariado mexicano su “compromiso con México”, el que no incluye el pago real de impuestos o la eliminación de privilegios financieros o jurídicos que hagan de la recaudación fiscal y el desarrollo algo justo, --no, eso no está en los compromisos de ningún empresario y menos aún de los empresarios nacidos al cobijo de la usurpación salinista-- que el sábado salieron junto al Yunque con velas y sin memoria para pedir: ¿justicia?, no, “seguridad” para los suyos, acompañado de un ejército de descerebrados que se presumen “artistas”, uniformados como el Batallón Olimpia (ese que masacró a cientos de estudiantes en la triste noche del 2 de octubre del 68 mexicano) guante blanco y todo, en una demostración más de los bajos niveles a los que ha llegado la televisión comercial y desde donde hoy se deciden los destinos de millones de personas.



La justicia social será imposible en las “democracias” que permitan que unos cuantos roben millones y millones de dinero público, que debería ser utilizado para mejorar todas las condiciones de vida y abatir los vergonzosos niveles de desigualdad económica que hacen del México de hoy un absurdo social y sin duda uno de los países más inseguros del continente y probablemente del mundo.
100 años de cárcel para quien defiende su derecho a la tierra y a una vida digna y 100 años de “admiración” para quienes roban lo que por derecho nos pertenece a todos los mexicanos, esos son los absurdos en los que se debaten parte de los imaginarios que hoy construyen los sujetos sociales.
No debemos olvidar que todos los horrores de la historia, son acompañados de la complicidad social, no hay dictadura que no estuviera sustentada en el apoyo de grandes sectores de la sociedad, Hitler llegó al poder en las urnas, con un mayoritario apoyo antisemita, y Pinochet asesinó a cientos de miles de chilenos con el apoyo de los sectores conservadores y oligarcas de Chile, los más de 30 mil desaparecidos en la última dictadura Argentina, son producto fundamental de todos aquellos que decidieron guardar silencio “para no implicarse”; “algo habrán hecho”, es la frase de la justificación civil, para permitir cualquier exceso, contra la vida de los otros.
Esa frase es la que hoy se escucha por todo México, en camiones, en cafeterías, en supermercados, en los pasillos de los centros de “enseñanza superior”, estaciones de camión, en plazas, en las marchas blancas; es la expresión de la impunidad a la que nos han acostumbrado y a la que hemos preferido acostumbrarnos.
La violencia, que es producto de la impunidad ha llegado a la esquina de nuestros barrios y mientras no exijamos justicia en todos los niveles, la violencia seguirá su escalada del horror deshumanizado, de muerte infinita.
Hoy son once sicarios, mañana serán jóvenes, mujeres, estudiantes, luchadores sociales, empresarios pequeños y medianos, entre “cumbres de (in)seguridad y marchas iluminadas”, luego seremos todos sin remedio.
Si queremos seguridad, acabemos con la impunidad y la corrupción institucional, acabemos con los privilegios financieros para unos cuantos y hagamos un reparto más justo de la economía, terminemos con el negocio de las prohibiciones y démonos una esperanza de cambio, si seguimos por el mismo camino de la farsa, la impunidad cobrará su fractura sobre nosotros, que somos una sociedad civil que ha tardado mucho en despertar, enajenada en el sueño de la telebasura, que no tiene nada que ver con la realidad NARCO-FOBAPROA que nos condena a la muerte, a la peor de las barbaries.

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