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jueves, mayo 06, 2010

Kirchner a Unasur, su carga simbólica

Ángel Guerra Cabrera

Con la elección de Néstor Kirchner como secretario general de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) en la cumbre extraordinaria celebrada en Argentina, el bloque dio otro paso firme hacia su consolidación como mecanismo de independencia, unidad e integración subregional. Y es que haberle asignado esa responsabilidad al ex presidente argentino tiene una gran carga simbólica toda vez que fue bajo su mandato y gracias a la influencia que le confería ser jefe de Estado del país sede que se hizo posible, entre otras causas, desactivar la puesta en vigor del ALCA en la Cumbre de las Américas de Mar del Plata, instrumento monroísta concebido para la recolonización de América Latina por Estados Unidos, enterrado allí según lo expresara entonces el presidente venezolano Hugo Chávez. A la sazón, ya la rebelión antineoliberal latinoamericana –razón principal de que pudiera ser derrotado el ALCA– había llevado a la presidencia de sus países, además de a Kirchner y a Chávez, a Lula da Silva y Tabaré Vázquez en Brasil y Uruguay, respectivamente, y estaba por ser elegido un mes después Evo Morales, que acudió a la Cumbre (paralela) de los Pueblos todavía como candidato.

Otros acuerdos importantes de la cumbre fueron el apoyo a Argentina en el diferendo con el Reino Unido por la soberanía sobre las Malvinas y la censura a la ilegal exploración británica de recursos naturales en la plataforma continental argentina, la condena a la racista ley Arizona, el respaldo a las acciones de Paraguay en defensa de la seguridad ciudadana y la decisión de acelerar la dilatada ayuda a Haití. No fue posible alcanzar consenso sobre Honduras ya que Colombia y Perú reconocen el gobierno de Lobo a diferencia de los otros diez miembros.

La Unasur nació en Cusco en diciembre de 2004, aunque fue bautizada en isla Margarita en 2007. Es muy joven comparada con sus similares de otros continentes aunque fue en el nuestro donde más temprano surgieron las ideas de unidad e integración de varios de sus próceres, señaladamente Bolívar, pero dónde las oligarquías y el imperialismo, primero británico y luego estadunidense, le han puesto más obstáculos a su concreción. Sin embargo, pese a su juventud, la Unasur ya ha cumplido importantes funciones no obstante las diferencias ideológicas y políticas que por la índole plural de una organización de este carácter es natural que existan entre los estados miembros.

Su decisiva contribución para frenar y desmantelar el golpe de Estado separatista enfilado por Estados Unidos para derrocar al gobierno de Evo Morales fue histórica pues nunca antes los gobiernos latinoamericanos habían conseguido unirse para derrotar un plan sedicioso de la potencia del norte contra uno de ellos. La Unasur también ha cumplido un importante papel en la preservación de la unidad suramericana y latinoamericana, que Estados Unidos se proponía resquebrajar a partir del ataque a Ecuador por la zona de Sucumbíos, y en evitar nuevas intervenciones militares yanquis, amenaza enormemente potenciada a partir de la reactivación de la IV Flota, el golpe de Estado en Honduras y el convenio para la instalación de bases yanquis en Colombia, este último rechazado clamorosamente en la cumbre de Bariloche por una mayoría de miembros del bloque.

Kirchner tiene por delante la institucionalización de la Unasur, que debiera permitir un sostenido avance de las acciones integracionistas. De suma importancia es promover la ratificación del Tratado Constitutivo de la organización por los parlamentos de los países miembros, ya que sólo lo han hecho los de Bolivia, Ecuador, Venezuela y Guyana entre doce naciones que la integran. Otro asunto trascendental es acabar de poner en funcionamiento el Banco del Sur, que podría haber constituido una importante herramienta en medio de la crisis capitalista pero cuyo arranque sigue dilatándose. Además, existen numerosas iniciativas de integración regional que habría que estudiar para su aprobación y puesta en funcionamiento. En este campo la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América Latina y el Caribe acumula ya un cúmulo de experiencias de gran valor, sobre todo porque se apartan de los mecanismos tradicionales del comercio internacional, ya que buscan la complementación, la solidaridad y el beneficio mutuo antes que la ganancia a ultranza. Algunas de ellas son muy sencillas y poco costosas, como la campaña de alfabetización con el método Yo sí puedo, cuyo efecto multiplicador en la educación y la cultura es incalculable.

aguerra_123@yahoo.com.mx

jueves, marzo 04, 2010

La verdad y la mentira en la batalla por América Latina

Ángel Guerra Cabrera

A Carlos Montemayor.

La creación de la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe decidida en la cumbre de Cancún es el reflejo institucional de un nivel cualitativamente superior en la lucha de los pueblos de nuestra América por su emancipación, integración y unidad. Expresa también la creación de una correlación de fuerzas más desfavorable al ejercicio de la hegemonía de Estados Unidos que la existente hasta finales de la década de los años 90, que ayudaría a explicar la creciente militarización de la política imperial. Las grandes batallas populares contra el neoliberalismo condujeron al surgimiento de un conjunto de gobiernos con políticas más o menos radicales pero independientes de Washington y estimularon en grados distintos según los países y grupos sociales la elevación de la conciencia latinoamericanista, antimperialista e incluso anticapitalista a todo lo largo y ancho de nuestra región. Llegado este momento la batalla de ideas pasaba a ser un componente decisivo del enfrentamiento al imperialismo.

La victoria electoral de Hugo Chávez en Venezuela y la derrota del golpe de Estado y el golpe petrolero de 2002 –orquestados por Bush– marcaron el punto de giro hacia la configuración del actual escenario geopolítico de América Latina, favorecido por la tenaz resistencia de Cuba y consolidado por la llegada de Lula da Silva a la presidencia de Brasil. Las victorias populares que llevaron al gobierno a Evo Morales y Rafael Correa, permitieron la creación de la Alba, un nuevo tipo de integración impulsada por Venezuela basada en la solidaridad e inspirada en el socialismo renovado, que conjuntamente con los gobiernos de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay dio un impulso sin precedente a la integración latinoamericana, manifestada en la creación de la Unasur y la extensión de la Alba hacia América Central y el Caribe. Ni los gobiernos de derecha pueden oponerse abiertamente a esta tendencia. Las transformaciones sociales, culturales y avances en la creación del poder constituyente y en la integración autónoma de América Latina y el Caribe eran intolerables para Estados Unidos y las derechas del continente desde un comienzo, pero la aventura colonial de Washington en Asia y la desmoralización de las oligarquías locales por la debacle neoliberal impidió entonces el montaje de un plan contrarrevolucionario a escala continental. No obstante, se intensificó la campaña mediática contra los países que luego integrarían la Alba, en el caso de Cuba continuación de la existente desde hace medio siglo, unida a agresivos proyectos desestabilizadores en Cuba, Venezuela y Bolivia.

La desfachatada intervención yanqui-uribista en Ecuador de 2008 mostraba ya un plan mucho más articulado y abarcador del imperio contra los gobiernos progresistas de la región que intentaba meterlos en el carril maniqueo de la guerra contra el terrorismo. Aunque el repudio del Grupo de Río disminuyó mucho el alcance de la maniobra, resurgen esporádicamente supuestas conexiones operativas de esos gobiernos con las FARC apoyándose en los fantásticos hallazgos en las computadoras de Raúl Reyes, como ocurre en este momento con el incidente diplomático fabricado por el gobierno español contra Venezuela a partir de acusaciones sin sustento de un juez ultraderechista de la Audiencia Nacional.

La creación de la IV Flota, el golpe en Honduras y el establecimiento de las bases militares yanquis en Colombia evidenciaron que estaba en marcha una contraofensiva estadunidense cuidadosamente planeada que busca socavar, dividir y liquidar a los gobiernos y movimientos populares y revolucionarios de la región. El dominio mediático es decisivo para este proyecto puesto que la derecha, a diferencia de las fuerzas populares, carece de argumentos convincentes pero confía fanáticamente en la máxima goebbeliana de que una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad.

Un revelador caso de estudio es la campaña propagandística culpando al gobierno de Cuba por la muerte del recluso Orlando Zapata con un torrente de manipulación y falsedades, que ha llevado a los analistas Maurice Lemoine y Salim Lamrani a preguntarse por qué los mismos medios autores de esta alharaca no se dan por enterados de incidentes mucho más graves en sistemas penales occidentales, de la dura represión y asesinatos de líderes de la resistencia hondureña o de la fosa común con dos mil cadáveres de activistas descubierta en La Macarena, al oriente de Colombia.

aguerra_123@yahoo.com.mx

jueves, febrero 11, 2010

Haití: ustedes estaban desde antes

Ángel Guerra Cabrera

La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba) ha emprendido la edificación completa del sistema de salud pública de Haití como eje de su contribución solidaria con el pueblo de ese país. La propuesta, aprobada por el presidente René Préval en una reunión con el vicepresidente cubano Esteban Lazo, comprenderá la atención médica primaria, secundaria y terciaria y su diseño ha tomado como referente la experiencia acumulada en más de 10 años por la brigada médica cubana en el país caribeño. En virtud de este antecedente los países miembros del mecanismo de integración y solidaridad encomendaron a Cuba encabezar el enorme esfuerzo, que ya cuenta con cerca de mil profesionales sobre el terreno, entre médicos cubanos y haitianos graduados en la isla y estudiantes haitianos de quinto y sexto año de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) de Cuba. En breve se les sumarán unos mil egresados de la ELAM de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y otros países de América Latina que en actitud solidaria ya están llegando a Cuba para partir hacia Haití.

En cuestión de horas después del sismo la brigada médica cubana se reconcentró en condiciones de campaña en las áreas siniestradas y acometió acto seguido la atención a la población afectada, de modo que inició su labor asistencial desde la misma madrugada del 12 de enero a la vez que sin perder un minuto hacía contacto con el personal cubano y haitiano que había quedado disperso en Puerto Príncipe y otros lugares del país y lo dislocaba en los puntos de atención improvisados sobre la marcha. Casi sin solución de continuidad llegaba por aire desde Cuba el refuerzo con integrantes del Contingente Harry Reeve, de médicos internacionalistas especializados en trabajo en zonas de desastre y en atención a politraumatizados que traían consigo toda la dotación de plasma, anestesia y material quirúrgico que cupo en el avión. En la actualidad la brigada labora en tres instituciones de salud de Puerto Príncipe, siete Centros de Diagnóstico Integral (CDI) edificados conjuntamente por Cuba y Venezuela desde antes del terremoto y cinco hospitales de campaña. La agrupación ha atendido a más de 70 mil pacientes con posterioridad al sismo e intervenido quirúrgicamente a varios cientos. Los CDI pronto llegarán a 10, construidos con materiales idóneos y dotados de equipos de alta calidad; cuentan con servicio de cirugía, cardiología, terapia intensiva, laboratorio clínico, radiografía y ultrasonido pero el programa de la Alba contempla además la creación de hospitales nacionales de especialidades en edificios que se construirán o, en su caso, remodelarán con ese objetivo, aunque sin esperar por las nuevas edificaciones entrarán en operación dentro de pocas semanas en instalaciones de campaña dotadas con equipos de alta tecnología. De modo que el programa comprende tener listo en tiempo récord a escala nacional desde la consulta del médico familiar, pasando por el policlínico comunitario hasta los hospitales de especialidades.

Una vez concluida la asistencia de urgencia a los heridos por el sismo, la atención médica se ha dirigido a la rehabilitación de los operados mediante fisioterapia, a impedir la propagación de epidemias y a continuar con el Programa Integral de Salud que los cubanos realizaban antes del terremoto. Pocos días después de ocurrir el desastre se incorporó a la brigada un destacamento de trabajadores sanitarios cubanos que llevan a cabo labores intensivas de fumigación. A la vez, iniciaron la vacunación de 140 mil personas. Por lo pronto, es incalculable el alivio espiritual que en una situación como la que viven los haitianos puede proporcionar la labor de una fuerza de 2 mil trabajadores de la salud con fuertes motivaciones morales. La actividad de los médicos cubanos es complementada por los ocho campamentos integrales que levanta la Alba, preparados cada uno para alojar a 2 mil personas, donde se favorece la autorganización de los damnificados en programas educacionales, culturales, deportivos y de fomento de pequeños huertos. La solidaridad de la Alba con Haití es muy anterior al terremoto y otro ejemplo brillante es el suministro de petróleo por Petrocaribe en condiciones preferenciales, y en días recientes la condonación de la deuda contraída con Venezuela.

Ustedes, le dijo Préval a Lazo, no vienen ahora a proponer una cosita y después se van, es que ustedes estaban aquí antes del sismo.

aguerra_123@yahoo.com.mx

jueves, octubre 08, 2009

Honduras y la contrarrevolución (anti)cubana

Ángel Guerra Cabrera

La dictadura hondureña y sus patrocinadores se emplean a fondo para lograr el reconocimiento internacional de las elecciones del 29 de noviembre, fórmula mágica que supuestamente borraría los crímenes que ha cometido y el carácter ilegal e ilegítimo de sus actos. Que la OEA, la ONU y la Unión Europea envíen observadores y den como buenos unos comicios organizados por fascistas con candidatos presidenciales y un Tribunal Electoral golpistas. En apoyo a esta farsa han desfilado en los últimos día por Tegucigalpa varios legisladores estadunidenses de ultraderecha partidarios del gorilato. Pero la lista no estaría completa sin la presencia de los tres diputados de origen cubano por Florida, Ileana Ros-Lehtinen y Lincoln y Mario Díaz-Balart, los que de modo ostensible vivieron horas de auténtico éxtasis junto a los más relevantes personeros del régimen golpista. Es natural, ardientes admiradores de dictadores como Batista, Somoza, Trujillo y Pinochet, ¿en compañía de quiénes podrían sentirse más a gusto y recibir más apapachos que de los actuales inquilinos de la Casa de Gobierno en Tegucigalpa? Además, debe reconocerse, la oligarquía del país centroamericano siempre ha dispuesto un espacio generoso, sea para la contrarrevolución (anti)cubana o cualquiera otra de las fuerzas de ultraderecha del área. Por su parte, la extrema derecha de origen cubano de Miami le enfiló los cañones al presidente Manuel Zelaya en cuanto se percató de su proyecto de reformas sociales y su intención de ingresar a la Alba, de la misma manera que ha apoyado el golpe desde el primer día e, incluso, conviene recordarlo, varios de sus miembros, como Otto Reich y el propio embajador yanqui Hugo Llorens, intervinieron en su preparación, denuncia formulada por Fidel Castro que nadie ha desmentido.

Esto dijo Ros-Lehtinen cuando se conoció la decisión de Zelaya de formar parte de la Alba: Es una pena que un fuerte aliado de Estados Unidos, como es el gobierno de Honduras, vaya a firmar este acuerdo... la Alba va en contra de los esfuerzos a favor de la democracia y los derechos humanos en la región. ¡Democracia y derechos humanos!: no cabe duda, en estos temas es difícil superar el prontuario de la señora y sus compañeros de viaje a Honduras. Si alguien lo duda allí está incólume el bloqueo a Cuba, que tanto han hecho por recrudecer; las víctimas de su terrorista favorito Luis Posada Carriles, el secuestro del niño Elián González, el fraude electoral en Florida que llevó a George W. Bush a la presidencia, las agresiones a Palestina, Irak y Afganistán y sus acciones contra los movimientos populares y gobiernos progresistas de América Latina. Y es que, puede confirmarse en las actas del Congreso de Washington y en reportes de prensa, no hay fechoría del imperialismo estadunidense y del Estado hebreo que no haya contado con su respaldo incondicional.

La contrarrevolución (anti)cubana de Miami es uno de los grupos más reaccionarios existentes en el planeta, enemiga activa de todas las causas populares en el último medio siglo, periodo de tiempo en que ha actuado invariablemente como aliada de casi todas las acciones subversivas del imperio yanqui y sus grupos más extremistas: en la frustrada invasión de Bahía de Cochinos y las campañas terroristas contra Cuba, el asalto a las oficinas del Partido Demócrata en el edificio Watergate, la represión de los movimientos revolucionarios de los años 60 y 70 en América Latina, Asia y África, el escándalo Irán-contras, los planes desestabilizadores contra el presidente venezolano Hugo Chávez y, según muchos indicios, muy probablemente en el asesinato del presidente Kennedy.

Por eso es totalmente coherente con su historia y con documentados antecedentes que la extrema derecha cubana esté a la cabeza de los grupos políticos que en Estados Unidos y América Latina intentan impedir el retorno del régimen constitucional a Honduras y la frustración de los objetivos de justicia social del movimiento revolucionario que se gesta en el seno del pueblo. La resistencia hondureña vive una coyuntura amenazante y en que fuerzas políticas de distintos matices de la derecha pueden hacer el juego a los golpistas. Lo confirma la denuncia por Zelaya de una actitud complaciente de la OEA con el afán de la dictadura de seguir ganando tiempo para perpetuarse en el poder.

aguerra_123@yahoo.com.mx

jueves, mayo 14, 2009

Cuba, México y las dos patas de la tenaza

Ángel Guerra Cabrera

La acusación de que Cuba discrimina a los mexicanos debido a la cancelación de los vuelos entre los dos países por las autoridades del primero, medida de protección ante la acelerada propagación internacional de la influenza A/H1N1 –con epicentro en México–, terminará estallando como pompa de jabón contra la realidad. No existe un solo argumento con qué sostener tamaño disparate puesto que el cariño, la admiración, la amistad y solidaridad de los cubanos y sus dirigentes hacia el pueblo de México son proverbiales y hunden sus raíces en una historia de confraternidad secular. Ya sabemos cómo les ha ido a quienes sirviendo los intereses del imperio intentaron romper ese vínculo indestructible.

Muy pocas naciones en el mundo poseen la experiencia de Cuba, y de su comunidad científica, para decidir cómo actuar exitosamente frente a contingencias epidemiológicas graves, sea que afecten a personas, animales o cosechas. La razón es que la isla, caso singular, ha sido desde hace décadas sometida a una guerra biológica por Estados Unidos, aunque nada hablen sobre ello medios o voceros como los que ahora se rasgan las vestiduras por la interrupción de los vuelos.

Al parecer olvidaron el bloqueo, mantenido por Obama, que impide a Cuba, no importa si sufre una tragedia humanitaria, recibir préstamos de las instituciones internacionales de crédito o comprar fármacos, que, como los que se utilizan para el tratamiento de esta influenza, son monopolio de trasnacionales estadunidenses. Guerra biológica y bloqueo, como veremos, han sido dos patas de una implacable tenaza en los planes de Washington contra la revolución cubana.

Tan temprano como el 6 de abril de 1960 L. D. Mallory, funcionario del Departamento de Estado, definió en un memorando a sus superiores la esencia de lo que ha sido la política de Washington hacia la isla: “…Debe utilizarse… cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba… a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”. (Las cursivas son mías.)

Además del masivo ataque contra la agricultura y el rebaño animal de la isla, ampliamente documentado, según puede comprobarse poniendo en un buscador de Internet guerra biológica contra Cuba, Estados Unidos introdujo en 1981 un tipo muy virulento de dengue –el dos–, desconocido hasta entonces en el hemisferio occidental. La epidemia contagió a 344 mil 203 personas, de las cuales murieron 158, entre ellas 101 niños. Capacitar y movilizar a la población y todos los recursos del Estado impidió un número mucho mayor de fallecidos, de acuerdo con la experiencia internacional. Fue necesario convertir escuelas en hospitales de emergencia, pues se internó a 116 mil 143 enfermos, entre los cuales la tasa de mortalidad fue de sólo 0.13 por ciento.

Muchas evidencias sugerían que el virus no podía haberse propagado sino por medios de guerra biológica. Únicamente el Pentágono había obtenido una variedad de mosquito asociada con la transmisión del virus dos y la confirmación de las sospechas cubanas vino de un tribunal estadunidense en el que el cabecilla terrorista de origen cubano Eduardo Arosena confesó que su grupo lo había introducido en Cuba. La otra pata de la tenaza no tardó en apretar cuando trasnacionales yanquis se negaron a vender a la isla el abate, químico insustituible en la eliminación de las larvas del mosquito aedes aegypty, vector del dengue. La Habana debió entonces despachar expresamente aviones a Europa y Japón, donde finalmente pudo adquirir el producto.

La política exterior de la revolución cubana se ha inspirado siempre en el ejercicio de la solidaridad con los pueblos. Pero es su solidaridad en salud la que ha tenido una presencia más abarcadora en el mundo, muy superior en cantidad y calidad a la de las grandes potencias. Con la Operación Milagro, ha devuelto la visión gratuitamente a un millón 600 mis personas, de ellas 7 mil 183 mexicanos. El sistema de salud de Haití, por sólo citar un ejemplo de muchos, descansa desde hace años en la labor gratuita de una brigada médica cubana. En Cuba estudian medicina mil 41 jóvenes mexicanos becados y durante las inundaciones de 2007 en Tabasco una brigada médica cubana asistió a 21 por ciento de quienes recibieron atención facultativa. Cuba, como invariablemente en circunstancias semejantes, ha ofrecido a México su colaboración ante esta epidemia. Los hechos son los hechos.

aguerra_123@yahoo.com.mx

jueves, enero 08, 2009

Cuba: la esperanza

Ángel Guerra Cabrera / I

En día como hoy, hace medio siglo, Fidel Castro entraba en La Habana luego de recorrer la isla envuelto en un desbordamiento de júbilo, cariño y adhesión popular casi unánime, sin precedente en la historia de Cuba y difícilmente igualado nunca por otro líder en parte alguna.

Aunque el triunfo rebelde se produjo el primero de enero, coronado por la gran huelga general revolucionaria que liquidó el postrer intento imperialista de sustituir al tirano en fuga por un gobierno títere, transitar la ruta de Santiago de Cuba –en el oriente– hasta la capital tomó a la caravana guerrillera ocho días más.

Fidel concedió la mayor prioridad a la Caravana de la Libertad, como fue conocida, que cumplió un objetivo primordial al reafirmar tempranamente y con toda claridad el carácter profundamente popular de la revolución y contribuir a la consolidación de la victoria. No tenía mayor prisa por llegar a La Habana, ya en manos del Che Guevara y Camilo Cienfuegos, que tras derrotar a las fuerzas de la dictadura en el centro de Cuba habían recibido de la Comandancia General rebelde la orden de marchar aceleradamente hacia allí y ocupar sus principales puntos estratégicos.

Ante las multitudes que exclamaban: “gracias Fidel”, en decenas de pueblos y ciudades a lo largo de la marcha el comandante enfatizó tres ideas: eran el ejército y el liderazgo revolucionarios los agradecidos al pueblo, pues sin su apoyo no habría sido posible el contundente triunfo obtenido (desmoronó no sólo la dictadura de Batista y sus cuerpos represivos, sino el aparato estatal y la institucionalidad en que se sostenían la dominación imperialista y oligárquica desde la intervención yanqui de fines del siglo XIX); la victoria de la guerra revolucionaria, por consiguiente, era del pueblo de Cuba y de nadie más, no obstante que –puede argüirse– el Movimiento 26 de Julio hubiera tenido un papel decisivo en la elaboración y conducción de su estrategia y táctica. Aunque llegar hasta ahí había demandado grandes sacrificios, lo más difícil estaba por venir y el concurso del pueblo seguiría siendo indispensable.

La caravana dejó sentado lo que sería, y ha sido, el modo de hacer política del poder revolucionario: “con los humildes, por los humildes y para los humildes”. Ello da la clave en gran parte, desde la perspectiva de los 50 años transcurridos –o 56 si partimos del ataque al cuartel Moncada, que ya sembró la semilla–, para explicarse la insólita revolución socialista y la resistencia de Cuba, país pequeño y subdesarrollado, contra la implacable hostilidad de la más grande potencia militar de la historia, situada muy cerca de sus costas. Más sorprendente cuando, en medio de las severas penurias impuestas a los cubanos por el derrumbe del llamado socialismo real y el simultáneo recrudecimiento del bloqueo, de la generalización en el mundo de las políticas neoliberales, los dirigentes y el pueblo de la isla decidieron defender al precio que fuera necesario la soberanía nacional y la equidad socialista contenida en las conquistas revolucionarias fundamentales. En gesto que trascendería con creces los límites de la isla, se adoptó en consulta con los ciudadanos una estrategia de supervivencia que, si exigía perentoriamente un grado de apertura económica, fue concebida de modo que no implicara privatizar los bienes públicos ni abandonara a nadie a la acción ciega del mercado.

Sin ir más lejos, de no haber ofrecido Cuba ese ejemplo moral ante la adversidad, difícilmente los actuales procesos populares latinoamericanos contra el neoliberalismo y por la integración latinocaribeña, e incluso contra el capitalismo, hubieran despuntado tan temprana y vigorosamente hasta trasformar en apenas dos décadas en favor de los pueblos la correlación de fuerzas en la región. Se ha dicho con razón que Cuba abrió el camino a la liberación de América Latina del yugo imperialista. Cabría añadir que lo hizo dos veces: inmediatamente después del triunfo de la revolución, cuando dio inicio a un singular ciclo internacional de rebeldías populares por su magnitud y escala, y también en el momento en que se derrumbó el socialismo real y, como a las puertas del Infierno de Dante, pareció inscribirse en el horizonte de los de abajo la terrible sentencia “abandonad toda esperanza”. Entonces la esperanza se llamó Cuba.