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sábado, diciembre 05, 2009

La crisis y las respuestas

Olga Pellicer

La opinión externa sobre lo que ocurre en México es desalentadora. Desde los resultados de la encuesta de Transparencia Internacional sobre las percepciones de la corrupción en México, hasta las proyecciones de la OCDE sobre qué tan profunda es la recesión económica y cuándo saldremos de ella, las noticias son malas. Para no dejar dudas, la agencia Fitch Ratings acaba de bajar la calificación de la deuda mexicana expresando, entre otras cosas, dudas sobre la salud fiscal y el potencial de crecimiento de la economía mexicana, dado lo limitado de las reformas estructurales y el descenso en la producción petrolera.

Los datos más abrumadores, porque reflejan mejor que otros el agravamiento de los problemas sociales, son los relativos a la pobreza. El estudio de la Cepal sobre el Panorama Social en América Latina 2009 nos informa que “las nuevas cifras disponibles para el año 2008 reflejan una evolución positiva de la pobreza respecto al 2007 (...) El único país en que se registró un empeoramiento de la pobreza fue México, cuyo incremento de 3.1 puntos entre 2006 y 2008 refleja los primeros efectos de la crisis económica”.En contrapartida, y para hacernos sentir que las crisis no pegan parejo, los brasileños andan cada día más contentos. La revista The Economist ha dedicado su portada a celebrar a Brasil, “la gran historia de éxito de América Latina”. Dentro de los logros más convincentes anotan el comportamiento de empresas públicas y privadas, como Petrobras, el gigante minero Vale y la constructora de equipo de aviación Embaer. Dentro de las privadas, se menciona a los productores de acero Gerdau o JBS, pronto el productor de carnes más grande del mundo. Todos ellos contribuyen a las proyecciones de un crecimiento económico de 6% en este año de crisis.Los mexicanos querríamos tener mejores noticias; más aún, querríamos sentir que los gobernantes son conscientes de la magnitud de los problemas, que no escamotean los datos y que se han preparado para poner en pie un magno plan para enfrentar la caída económica más grave desde 1995. Pero eso es justamente lo que no ocurre.Las reacciones gubernamentales ante el difícil comportamiento de la economía y el empeoramiento de los problemas sociales se caracterizan por ser erráticas y superficiales. Tan pronto se celebra que ya estamos en la recuperación (cuando en realidad se trata de una disminución en la velocidad de la caída), como se recomiendan cambios “que tengan la intensidad de una revolución”. Tan pronto se enumera un decálogo de cambios profundos, como se envía un paquete fiscal que contiene todos los defectos de años anteriores.Las críticas de premios Nobel de economía sobre los desaciertos de las medidas económicas adoptadas son descartadas apresuradamente y con mal gusto. No puede verse de otra manera el comentario de un secretario de Estado que atribuye ignorancia a Stiglitz y le recomienda “que lea más sobre México”.Desde comienzos de año advertimos un gran defecto en la actitud del jefe del Ejecutivo. Felipe Calderón se comporta como si, independientemente de los datos duros, lo importante fuera transmitir optimismo o irritación, según el caso. Cuando a comienzos de año aseguró en Davos que la economía mexicana no resultaría tan afectada por la crisis económica, lo hacía convencido de que sus palabras tranquilizarían a inversionistas y financieros. Cuando declaró que era imperativo realizar cambios profundos, creía que con ello ya era suficiente para enderezar el rumbo. Que la realidad no se comporte de acuerdo a sus declaraciones es algo que no interesa; quizá porque piensa que, si él lo dice, así será.Lo que se ha logrado, de verdad, es infundir una enorme desconfianza sobre el manejo del país. El temor ante lo que pueda ocurrir los próximos años se ha generalizado, y las especulaciones sobre las consecuencias del malestar social son cada día más comunes. Preocupa, en particular, la situación de los jóvenes, cuyas opciones en el terreno de la educación o el empleo son notoriamente limitadas.Ante tal situación, la responsabilidad frente a las dificultades del país recae en la sociedad y su capacidad para buscar alternativas que orienten el futuro. Encuentro particularmente alentador que se estén produciendo diagnósticos y propuestas provenientes de grupos diversos. Un ejemplo sería el muy comentado documento México frente a la crisis: hacia un nuevo curso de desarrollo, producido desde la UNAM; otro, el artículo aparecido en el último número de Nexos con el título Un futuro para México, escrito por Jorge Castañeda y Héctor Aguilar Camín; finalmente, la propuesta La reforma del Estado, elaborada por el IIJ de la UNAM.Esos documentos contienen afirmaciones discutibles y hay omisiones que se requiere remediar; sin duda ameritan ser discutidas con amplitud. Lo importante es abrir el debate, movilizar a la ciudadanía e invitar a repensar el funcionamiento del Estado y las políticas públicas para que puedan imprimir un rumbo más promisorio a la vida del país.El año entrante, además de ser el bicentenario, será el año en que mayormente se resientan las consecuencias sociales de la crisis económica. Se combinarán situaciones difíciles con incapacidad y contradicciones de la dirigencia política. Urge, entonces, mayor compromiso de la sociedad para contribuir a recuperar la confianza en el México del próximo decenio. Hacer buenos diagnósticos, buscar en la experiencia de otros países, imaginar el camino para alentar los acuerdos políticos, investigar, denunciar, analizar. Desde nuestro espacio, esa es la única respuesta posible ante la crisis, la respuesta con la que debemos comprometernos.
Fuente: Proceso

miércoles, noviembre 25, 2009

El desastre en el orden del caos

• Y ahoraaaaaa… el tubazo de Fitch
• Una deuda muy cara


A Puerta Cerrada
Marcela Gómez Zalce


Jamás se ha visto el don de mentir con tanta audacia, mi estimado, como en los políticos. Y sigue el (des)gobierno sumando delicadas y malas noticias, ahora con la crónica anunciada de una calificación negativa que ya se esperaba hace algunas lunas; lo interesante fueron las razones del cordial tubazo… que ayer el presumido equipo económico trataba entre matizar y subestimar encabezado por el mismo Agustín Carstens, quien descartaba un “desastre” por lo ocurrido. Lo que desencadenó entre el estupefacto respetable un escalofriante dêja vú con aquella declaración de que a México sólo le daría un “catarrito”.
Chingón.
Agustín tiene razón en afirmar que no sería un desastre, porque la realidad muestra ya una descomunal catástrofe gracias al pésimo e ineficiente manejo de la crisis económica (que vino de fuera) pero que desde ya avisa, da señales, aclara, expone, revela y pronostica que en 2010 será todavía peor. Está anunciado en todos los despachos y en las prospectivas de los expertos con los datos adicionales sobre la caída anunciada en la producción de petróleo.
La pregunta para cuando el destino nos alcance, no… no… my friend, mejor aún, nos rebase (y no precisamente por la izquierda), es ¿cómo le van a hacer estos disfuncionales en el poder (del no poder) para enfrentar la segunda revelación de otro tsunami económico?
Porque el misil de la agencia Fitch Ratings señaló a rajatabla que rebajó la calificación de la deuda de México porque las recientes alzas tributarias no fueron suficientes para enfrentar el (hoyo negro) deterioro fiscal en las cuentas públicas, acotando que esta debilidad limita el margen de maniobra fiscal de cara choques (¡!) futuros en los ingresos petroleros. La limitada habilidad de México de implementar una creíble política fiscal anticíclica este año (aquí voló lo que quedó de la dentadura del cacareado equipo económico), en contraste con lo observado con sus pares de calificación de deuda también eleva la debilidad estructural fiscal del país. Se espera que la deuda general del gobierno de México alcance el 37% del PIB en 2009.
Bastante severo, claro y alarmante el análisis, ¿no le parece?
Y eso sin mencionar que las esquirlas del peligroso misil pegan también en la línea de flotación de otras deudas. Y con todo que algunos aplaudieron que con esto la incertidumbre llega a su fin, habría que sopesar el peso del fin de la incertidumbre que podría mutar en la incertidumbre sin fin.
Y así, sin mucho empacho, Carstens anunciaba que México necesitará unos 8 mil millones de dólares en financiamiento externo, y nuevamente emerge la duda de cuánto nos costará ese chistecito como país, porque básicamente la mala calificación advierte que este (des)gobierno puede entrar en serias dificultades para hacer frente a tanto préstamo, a líneas de crédito y a atractivos compromiso financieros, y 8 mmdd sólo para el 2010 suena volátilmente interesante. Eso sumado a la sordera del responsable de Hacienda que en su gira por Nueva York declaraba que el hecho que se haya respondido fiscalmente a la crisis (con otra crisis) no significa que no estemos preocupados por el crecimiento, uno se cuestiona, mi estimado, a cuál crecimiento se estará refiriendo, porque los números de hoy son, parafraseándolo… un desastre.
Que se agrega a los otros desastres desarrollados en tres años. El desastre del 1 de diciembre del 2006 seguido por otro desastre de la mal llamada guerra contra el narcotráfico, el desastre en el manejo de la crisis de la tortilla, el desastre en el manejo de la (in)comunicación presidencial, el desastre en la conformación del gabinete, el desastre electoral para el PAN en el pasado mes de julio, el desastre del cacareado “presidente del empleo”, el desastre de la confrontación del (des)gobierno con los empresarios, el desastre en conflictos como el minero (donde ya anunció ¡Carlos Pavón! que va a derrocar a Napoleón Gómez Urrutia) y del SME… En resumen, lo que hay son bastantes desastres.
Y muchos bastante anunciaditos por tirios y troyanos.
El quid es que el país no da para tres años más de desastres. El engendro fiscal y el PEF dejaron claro que con todo y las constantes expresiones de inconformidad social se mantuvieron los privilegios para una selecta cúpula de intocables en medio de lo que será un lúgubre y accidentado 2010.
La cándida pregunta es… ¿quién(es) se benefician con el desastre de este ordenado caos?
gomezalce@aol.com
Fuente: Milenio