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miércoles, julio 14, 2010

Pemex recula; Petrobras avanza


México SA

El tesoro, para mejor ocasión

Pemex recula; Petrobras avanza

Carlos Fernández-Vega

Cómo no recordar aquella multimillonaria cuan machacona campaña propagandística del tesoro en aguas profundas. En febrero de 2008, como parte del cabildeo oficial en pos de una reforma energética (en realidad un pretexto para abrir la puerta trasera a la participación trasnacional en el negocio, amén del gasolinazo recetado a los consumidores) a toda hora se escuchaba (con esa voz engolosinada y patriotera en off) aquello de que “México tiene un gran tesoro, un tesoro escondido debajo del fondo del mar… el petróleo es nuestro tesoro y es una riqueza inmensa que pertenece a todos los mexicanos de hoy y mañana… allí está nuestro tesoro y debemos llegar a él… Debemos ir en busca de nuestro tesoro…. Nos permitirá vivir mejor…”. ¿Recuerdan?

Pues bien, resulta que un par de años después el tal tesoro ya no es prioridad para el gobierno federal, porque “hay un cambio en la jerarquización de los proyectos y se va a trabajar más en las cuencas del sur-sureste en aguas someras para ir ampliando la frontera exploratoria. Si bien el programa de aguas profundas permanece en Pemex, yo diría que ahora ya no es un tema prioritario… el derrame petrolero (de la British Petroleum en el Golfo de México) ha sido demasiado traumático para la industria, por lo que los proyectos se van a cancelar en los próximos 10 años (…) para que los proyectos (en aguas profundas) sean rentables tendríamos que tener precios promedio en los próximos años, de entre 80 y 90 dólares por barril como piso, con el propósito de que incursionar en aguas profundas fuera un proyecto rentable” (Fluvio Ruiz y Carlos Huerta, consejero profesional y asesor del consejo de administración de Pemex, respectivamente, en nota de Israel Rodríguez, La Jornada).

Qué tristeza. Tanta ilusión con el tesoro enterrado, para que ahora salgan con que siempre no, que los piratas mejor se quedan con el esquema tradicional, es decir, que la Secretaría de Hacienda mantenga en el filo de la navaja a las finanzas de Petróleos Mexicanos –exprime que exprime recursos–, sin mayores inversiones y dependientes de un mercado, lo que tarde que temprano hundirá a la paraestatal, mientras otras petroleras latinoamericanas manejan proyectos multimillonarios de expansión (refinerías incluidas).

Petrobras1

Todo indica que el derrame en el Golfo de México cayó como anillo al dedo (léase pretexto) para anunciar que se deja el tesoro para mejor ocasión. Sin embargo, un reporte aparecido en La Jornada (Israel Rodríguez) el pasado 9 de mayo aporta elementos más sólidos sobre el por qué ya no es prioridad: Petróleos Mexicanos sigue sin encontrar el tesoro en aguas profundas del Golfo de México pese a que ha invertido un monto total de 16 mil 798.5 millones de pesos en estudios y en la perforación de 14 pozos, de los cuales 13 han resultado secos y uno ha sido productor de gas. El argumento utilizado para impulsar la reforma petrolera de 2008 y de esta manera permitir la participación de empresas petroleras internacionales en la exploración y explotación de crudo en aguas profundas, fue que existe en el Golfo de México un tesoro equivalente a 29 mil 500 millones de barriles de petróleo crudo equivalente, volumen que representa 54.8 por ciento de un total de recursos prospectivos de 53 mil 800 millones de barriles de petróleo.

De acuerdo con la propaganda oficial, el valor bruto probable del tesoro, a 30 años, sería de entre 850 mil millones y un billón 500 mil millones de dólares, pero de acuerdo con informes obtenidos mediante el Instituto Federal de Acceso a la Información Pública sólo se han encontrado reservas probadas en el pozo Lakach-1 por 308 mil millones de pies cúbicos de gas. Carlos Morales, director general de PEP, informó que en junio próximo llegará un equipo para perforar en tirante de agua superior a 500 metros de profundidad y en octubre llegará otro equipo con capacidad de perforar en profundidades de 10 mil pies para iniciar la exploración en el área de Perdido con el pozo Maximino (Idem). Entonces, gastados alrededor de mil 500 millones de dólares y sólo encontraron gas, no crudo, y a la primera de cambios congelan la decisión (cuando menos en la propaganda así lo anunciaban) de ir por el tesoro profundo. A la primera se rajan, mientras Hacienda no deja de exprimir a la paraestatal y ésta cancela o pospone proyectos.

En cambio, ayer mismo la brasileña Petrobras anunció un incremento de 29 por ciento en su plan de inversiones para los próximos cinco años, destinado a desarrollar una de las mayores reservas petroleras mundiales en aguas profundas. Destinará alrededor de 224 mil millones de dólares (2010-2014) para el desarrollo de reservas, pese al derrame en el Golfo de México, e incluye un creciente presupuesto para la construcción de refinerías con miras a satisfacer la demanda interna y, desde luego, fortalecer y desarrollar su economía. Ninguna otra compañía en la industria tiene un programa como el de Petrobras para impulsar su producción de petróleo y gas, declaró el presidente ejecutivo de la firma, José S. Gabrielli, quien detalló que 33 por ciento de dichos recursos se canalizarán a refinación, transporte y promoción, y 53 por ciento a producción (el resto corresponde a gastos de operación). Se estima que la producción de crudo en Brasil pase de 2.1 millones de barriles diarios en el presente año a 3.95 millones en 2020, cuando Pemex –de acuerdo con lo señalado líneas arriba, y en el mejor de los casos– retome los proyectos en aguas profundas (léase el multicitado tesoro).

Ecuador, otra nación petrolera latinoamericana, anunció la construcción de una refinería mediante la inversión de 12 mil millones de dólares (la más grande del país, según el presidente Rafael Correa) y busca asociarse con capitales coreanos; en Venezuela, la inyección de recursos en este sector se fortalece y salpica a otras naciones de la región; el gobierno cubano se ha asociado con petroleras trasnacionales para encontrar su propio tesoro, e inauguró, en coinversión con PDVSA, la refinería en Cienfuegos.

¿Y dónde quedó Pemex, la gran empresa del Estado y envidia de América Latina?


Fuente: Voces del Periodista

miércoles, septiembre 30, 2009

Brasil: ¿bomba atómica para defender su petróleo?

Bajo la Lupa
*Brasil: ¿bomba atómica para defender su petróleo?
Con Luiz Inacio Lula da Silva, quien ha aprovechado las ventanas de oportunidad de la decadencia de la unipolaridad de EU, Brasil empieza a vivir su normalidad geopolítica y geoeconómica a la que estaba destinado. Foto Ap

El gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva, quien ha demostrado dotes de estadista visionario en los tiempos de la mediocridad de los políticos, ha avanzado las piezas de Brasil en el tablero de ajedrez geoestratégico como potencia emergente mundial y primera potencia latinoamericana.
Lula entendió perfectamente la multipolaridad del incipiente nuevo orden mundial del que forma parte Brasil (en el BRIC y en el G-20), y propuso a su Congreso la estatización de sus pletóricos yacimientos de hidrocarburos en el océano Atlántico.
Antes de Lula, Brasil vivía en la subnormalidad geopolítica y geoeconómica de su enorme potencial, paralizado en gran medida por la doctrina Monroe y el “destino manifiesto” del unilateralismo teológico de EU.
Ahora con Lula, quien ha aprovechado las ventanas de oportunidad de la decadencia de la unipolaridad de EU, Brasil empieza a vivir su normalidad geopolítica y geoeconómica a la que estaba destinado, lo cual conlleva colosales desafíos que lo obligan a moverse en la pluralidad caleidoscópica que va desde su todavía vulnerable dependencia financiera con la dupla anglosajona de Wall Street y la City, pasando por su complementariedad geoeconómica con China (hoy su primer socio comercial, que ha desplazado de los primeros lugares tanto a EU como a la Unión Europea), hasta su reciente “asociación estratégica” con Francia en la adquisición de alta tecnología militar (un submarino atómico y la probable compra de los aviones de caza Rafale).
En el mundo dinámico volcado en la multipolaridad aflora la colisión de las cosmogonías antagónicas de EU y Brasil en varios frentes donde se juega el alma de Latinoamérica: desde la resurrección de la Cuarta Flota de EU, pasando por la instalación de siete bases militares del Pentágono en Colombia (una de las fronteras de Brasil en la inmensamente rica biosfera del Amazonas), hasta la embajada brasileña en Tegucigalpa, donde se ha asilado el presidente Manuel Zelaya, depuesto por el golpe de Estado (inducido por el Pentágono y sus trasnacionales bananeras) perpetrado por los anacrónicos gorilas militares hondureños.
Existen otras batallas más subrepticias en el campo militar, sobre todo el misilístico, que apenas asoman a la luz pública.
Más allá del desenlace de la primera confrontación abierta entre los intereses encontrados de EU y Brasil que se escenifica en la embajada de este último en Honduras –lo cual tomó desprevenido al primero–, la verdadera colisión se deriva tanto del nuevo posicionamiento de Brasil, en su calidad de potencia emergente específicamente sudamericana, como por la demarcación de las zonas de influencia en disputa con EU que de forma sorpresiva Lula ha llevado como primaria contención disuasiva hasta las entrañas de Centroamérica.
En este contexto de referencia, llamó la atención la vigorosa declaración del vice-presidente y simultáneamente anterior ministro de Defensa de Brasil, José Alençar Gomes da Silva, quien alienta la fabricación de armas atómicas como “instrumento de disuasión y de gran importancia para un país que tiene 15 mil kilómetros de frontera al occidente y un mar territorial donde se han encontrado reservas de petróleo” (Al-Jazeera, 28.9.09).
La explosiva declaración de fe nuclear del vicepresidente brasileño y empresario de derecha fue escamoteada por los multimedia anglosajones, lo cual exhibe el temor de EU y Gran Bretaña en los momentos en que maldicen las instalaciones nucleares civiles de Irán, al que exigen colocar en cuarentena mediante sanciones draconianas.
La bomba retórica de Alençar, quien luego matizó que había sido a “título personal” (como si en las alturas en las que se mueve existiesen todavía las intimidades) y “no una postura del gobierno”, causó serena perplejidad en Brasil, cuya Constitución prohíbe tener bombas nucleares.
Un portavoz de Lula definió exclusivamente para la agencia estadunidense Ap (que no pocos analistas avezados y abusados colocan como un instrumento de la propaganda de la CIA) que las declaraciones de Alençar “no reflejaban la posición del gobierno”.
En materia militar estratégica es probable que debamos acostumbrarnos a declaraciones contradictorias, quizá deliberadas, del gobierno de Lula, como ocurrió con la adjudicación de la compra de aviones franceses de alta tecnología que supuestamente dividió al gabinete, situación similar a la que sucede ahora con la fabricación de armas nucleares.
La televisora árabe Al-Jazeera considera que “las observaciones de Alençar se generaron el mismo día que el Consejo de Seguridad de la ONU votó en forma unánime por una estrategia destinada a frenar la expansión de armas nucleares y finalmente a su eliminación”.
El jurista Nelson Azevedo Jobim, ministro de Defensa, reiteró en agosto que Brasil no tenía interés alguno en las armas nucleares. Será más interesante conocer la postura del nuevo ministro de Defensa en el gabinete del próximo presidente.
Hasta ahora Brasil ha promovido el pacífico uso nuclear civil para generar electricidad, mientras planea la construcción de un submarino atómico con ayuda francesa.
David Fleischer usa a fondo su máscara “académica” de “politólogo” de la Universidad de Brasilia, lo cual le permite inmiscuirse en asuntos domésticos de Brasil, y ataca ferozmente al vicepresidente Alençar de “no ser miembro del partido gobernante” y de adoptar seguido posturas antagónicas con Lula. ¿Por qué, entonces, permanece en ese puesto?
Fleischer, proveniente de la Universidad de Florida y quien ostenta vínculos estrechos con el “Centro David (sic) Rockefeller para Estudios (sic) Latinoamericanos” (cuyo cerebro geoestratégico es Henry Kissinger), fundó el capítulo brasileño de Transparencia (sic) Internacional, al que Réseau Voltaire expuso como brazo de la CIA (ver Bajo la Lupa, 7.10.07).
El “académico” Fleischer expresa la voluntad de EU al insistir que Brasil, “firmante del Tratado de Tlatelolco que prohíbe el despliegue de armas nucleares en Sudamérica (¡súper sic!) –se equivoca: es extensivo a toda Latinoamérica y el Caribe– abandonó sus esfuerzos para desarrollar armas nucleares hace 25 años, cuando los militares cedieron el control del país a los civiles”.
Fleischer busca abrir llagas que cicatrizaron al intentar amarrar navajas entre civiles y militares: un juego muy riesgoso, sobre todo en Brasil.
Por primera vez un miembro prominente del gabinete Lula, con o sin su consentimiento tolerado, ha atravesado el Rubicón conceptual nuclear cuyas aguas habían estado quietas durante un cuarto de siglo en Brasil.
¿No será mejor que EU se cuestione, en lugar de inculpar a diestra y siniestra, la razón por la cual ciertos países recurren a la disuasión nuclear para su defensa y supervivencia?