martes, agosto 08, 2006

Las Denises

Las Denises
Seb Tal

Hace algunos días recibí varios mails que copiaban el artículo donde Denise Dresser se lamentaba del sentimiento de orfandad que sentía.

"Hayas votado por quien hayas votado, y le vayas a quien le vayas ahora, te pido de corazón que leas esto hasta el final", decía la nota introductoria al mensaje electrónico que adelantaba el artículo y que ya de principio me recordaba al "haiga sido como haiga sido" en el que Calderón anunciaba previamente la decisión de imponerse como ganador al resultado de la elección "truene, llueve o relampaguee".

Obviamente los emisores de estos mensajes se sentían identificados con Denise, pero más que eso, siento que encontraron una justificación para reconciliarse con una parte conservadora que integra su personalidad en el momento en el que se complicó la elección.

Denise concentra en ese artículo su experiencia personal pequeño burguesa que es sensible a la necesidad de cambio y que se tradujo en el sentido de dar su voto en favor de Obrador el día de la elección y también formular un arrepentimiento sorpresivo, y dar fe de su incredulidad al fraude denunciado debido a la falta de evidencias que su capacidad profesional e investigativa le permitían analizar. De pronto, para ella, toda la campaña en la que se señalaba a López Obrador como "un peligro para México" se hizo realidad.

El caso de Denise es muy didáctico para entender el conflicto que vivimos desde la óptica del pensamiento burgués y sobretodo desde el de las personas que fueron manipuladas por la campaña mediática terrorista. No aprovecho el ejemplo de Denise con el objetivo de criticarla o justificarla sino como para ganar terreno en el entendimiento del posicionamiento político actual que nos divide.

Para Denise no estar en favor de López Obrador era irreconciliable con su sentido común. Pudimos verla acudir a las mesas de análisis en televisión donde acudió para honesta y objetivamente defender el proyecto de Andrés Manuel y criticar la maliciosa campaña de la derecha con la que eramos bombardeados. Hablaba por ella ese sentido común que señalaba las evidencias de la manipulación en favor de la continuidad.

En el plano personal, esa posición la prestigiaba ideológica e intelectualmente con el medio que ella admira y además le lubricaba el sentimiento de culpa de clase. Su "alta" formación intelectual le permitía, en esos espacios, hacer algunas declaraciones atinadas con elocuencia. En esos momentos, la parte conservadora del yo no tiene ningún problema mientras no existe el peligro de perder nada. Bien puede en esas mesas, mantener contacto con la parte que atiende intelectualmente el desacuerdo con el sistema en el que prospera la desigualdad y fuera de ellas beneficiarse del consumo al que su clase esta acostumbrada.

Después vino el 2 de julio y la incertidumbre. Las marchas como respuesta y el justo reclamo de contar todos los votos. En Denise surge la incredulidad ante un fraude evidente que encuentra su más obvia evidencia en la negación obsesiva del recuento por parte de quienes manipularon todo el proceso desde el principio.

Para la mayoría de los intelectuales esta expresión de inconformidad era necesaria y hasta constitucional pero cuando llegó la toma de Reforma en algunos, como Denise, el panorama cambio. Su argumento sostiene equivocadamente que se afectan derechos de terceros desconociendo que en el proceso que vivimos no hay terceros. Todos tenemos que ver en esto. Denise lo señaló como un "error estrategico" del movimiento que se alejaba de una resistencia civil pacífica apropiada. Otros utilizaron maniquea e idealizadamente el ejemplo de Gandhi negando por completo el hecho de que si bien el contenido del movimiento independentista y pacífico logrado en la India es loable y filosóficamente relevante, la realidad fue muy distinta, la lucha descarnada, y en ese proceso histórico murieron muchas personas que tuvieron mucho que ver en alcanzar esa transformación. Estas opiniones fueron obviamente aprovechadas por la derecha para su campaña mediáticamente en contra del movimiento por la democracia.

Con la decisión del megaplantón el conflicto dejó extrañamente para ellos de contener a la paz. El miedo avanzó y se apoderó del sentido común. La parte conservadora del yo de Denise no tiene ningún problema mientras no existe el peligro de perder nada. La sensación de que el México de "sus regiones más transparentes y sus rincones más oscuros" se alteraba no fue soportable. Nada en cambió había pasado, nadie había sido golpeado, nadie había muerto. En la falsa pretensión de una crítica objetiva se perdió toda proporcionalidad al presente político.

Sin embargo, hasta ahora, somos testigos de que la lucha por la democracia, expresada en un objetivo único, racional y justo, de que se cuenten todos los votos emitidos, se ha conducido con una responsabilidad extraordinaria y ya bien puede formar parte del orgullo de la conciencia nacional.

El resultado de la asamblea permanente en la zona macrosimbólica de nuestro país ha ocasionado mucho tráfico, molestias y pérdidas económicas que han sido exageradas por los medios y la oligarquía. Sus detractores intelectuales niegan fácilmente con lloriqueos vanos los saqueos y quebrantos de las mafias gobernantes que han sometido a la mayoría a la pobreza y al olvido. Se ciegan ante las terribles consecuencias para el futuro de esta nación si se impone arbitrariamente otro presidente neoliberal títere de los más oscuros intereses. Para ellos es válido llorar por la pobreza, luchar enérgicamente por ella es otra cosa. Llaman a "conversar, reconciliar, institucionalizar" y critican la radicalización de un conflicto como si esta fuera una preferencia subjetiva por una lucha de poder obsesiva y sin contenido. Si bien es pertinente cualquier crítica sobre la forma de emprender la resistencia civil al interior del movimiento democrático, sobretodo para fortalecerlo, a Denise y a los que se identifican con esa "orfandad" no les ha sido posible encontrar las vías adecuadas para participar plenamente y les es necesario reivindicarse con esa parte de su personalidad que bien puede encontrar un refugio en una burguesía culpable pero a salvo y que pueda lidiar en un posible futuro con el panismo en el caso de que el Tribunal le conceda el triunfo al candidato de la derecha en contra de la expresión democrática. Ante esta posibilidad, siempre se puede regresar a las mesas de análisis político de la controlada televisión y a los restaurantes de Polanco a seguir criticando.

Para los que hoy luchan en la resistencia civil pacífica ese futuro es justificadamente intolerable.

Después de su adhesión a la carta de los 130 intelectuales en contra de la resistencia, Denise lamenta ingenuamente en su último artículo haber sido utilizada por el presidente y la derecha, como si su entrenamiento "en el doctorado para examinar evidencias, ponderar datos, analizar argumentos" no le hubieran permitido avizorar el objetivo político de tal desplegado. Esa acción solo reitera el conflicto que vive internamente.

La Denise de la firma "en favor de la paz" es la que preferiría regresar a su México habitual de comidas en restaurantes donde se discute la política pero no se participa activamente en ella.

La Denise que destroza critícamente a Calderón es la que razona el cambio en favor de un México más equitativo.

Dos Denises, dos Méxicos, habitan en muchas de la personas de las clases privilegiadas de nuestra nación. Dividen su yo entre la razón de ser primeros y el deseo de conservarse siendo terceros mientras tratan de alcanzar su lugar en el proceso de transformación social que sigue su marcha a la velocidad de la toma de conciencia, de la voluntad y la necesidad de un cambio profundo y verdadero de una gran parte de la población.

Una conciencia política plena y solidaria, deviene del proceso ético y de la capacidad de juicio al márgen de la conformación egoísta del individuo. Es por eso que ningún doctorado produce valiosos seres humanos. El sistema de educación actual endoctrina y logra almacenar gran cantidad de información en las mentes de sus clientes pero no desarrolla en forma alguna la capacidad de esos individuos para liberarse de su ego y destinar su potencial en beneficio del bien común, que al final resulta ser el más personal, pues considera que el objetivo de esa formación es el avance de ese individuo en particular y su empoderamiento, a costa de los demás.

3 comentarios:

Gerardo de Jesús Monroy dijo...

Es muy grande la riqueza de contenido de tu blog. ¡Saludos!

Régulo Marín dijo...

Desde cualquier cosmovisión, no existen dos Méxicos, esa es una construcción ideológica que proviene de la misma derecha, existe una formación social única, una totalidad en donde hay clases, diferenciaciones y grandes desigualdades sociales, por eso estamos frente a un desafío: o México sigue siendo el botín de las minorías o las mayorías pobres comienzan a apoderarse de él, como sea, hasta donde sea y con lo que sea, ese es el momento de hoy, insisto, en un sólo México, uno que comenzamos a recuperar-

Sique dijo...

régulo:

Coincido en la necesidad de deshacerse de "esa construcción ideológica" de la derecha a la que te refieres, de esa necesidad de escindir. Pero tambien, la derecha tiene el discurso intolerante de un solo México (o en la Guerra Civil española ¡Una España!) que siempre olvida las terribles diferencias. Una parte de la pequeña burguesía en México se debate en ese proceso interno en el que la necesidad de cambio que impulsa el sentido común (que como dice AMLO es el menos común de los sentidos) se enfrenta a la conservación de clase que impulsa el miedo a perder sus privilegios. Para mi México son todos sus habitantes y debe atenderse con equidad su rica diversidad. México somos todos.