viernes, agosto 29, 2008

Columna Asimetrias. Comandante Lara, de Los Zetas

Por Fausto Fernandez Ponte

I

Permita el caro leyente que éste escribidor se refiera a sí mismo en primera persona del singular al relatar un episodio de reciente ocurrencia y que tiene que ver con ciertas aserciones mías con respecto a la descomposición del Estado mexicano.

La descomposición del Estado mexicano es general, aunque en ciertos aspectos es más rápida que en otros, en un derrotero inexorable a la desintegración. Hacia allá vamos los mexicanos y hacia allá va el país. Es un proceso ocurrente.

Por ello bien pudiérese decir que la descomposición y su eventual destino, la desintegración, está ocurriendo ante nuestros ojos, aunque no pocos mexicanos no lo veamos o no querramos verlo o simplemente no lo registremos ni entendamos.

Entre los mexicanos que no vemos ni queremos ver ni registramos o no entendemos ese proceso incluiríanse los personeros del poder formal en todo el espectro de instancias, federal, los estados y municipales.

En una conturbadora mayoría, esos personeros del poder formal identifican al Estado mexicano como el aparato constituido sólo para gobernanza, ignorando que el Estado es una totalidad que comprende al pueblo, el territorio, la soberanìa y la cultura.

Por supuesto, esa totalidad incluye a otros componentes, siendo algunos de éstos los de la forma de organización social, económica, política, así como la estructura y la superestructura de la sociedad y, desde luego, la identidad nacional.

II

Tal ignorancia es rampante. Se manifiestan no sólo entre los personeros de mediana y baja jararquías del Estado, sino tambièn en aquellos de rango alto, desde el oficial mayor hasta los subsecretarios y secretarios de despacho del Poder Ejecutivo.

Y a la luz de los comportamientos del mismísimo titular del Ejecutivo, personaje de investidura espuria --su asunción devino del fraude electoral de 2006--, Felipe Calderón exhibe una patética nesciencia acerca del Estado y la realidad circundante.

Ante los comportamientos del Presidente de Facto --que comprende sus decisiones como jefe de Estado y del gobierno que representa a aquél--, su percepción del Estado es estrecha, además de equívoca. Las consecuencias de ello son terribles.

Tan estrecha y errónea percepción impideles a los personeros del Estado mexicano tomar conciencia de la descomposición estructural y superestrctural de éste, entendido en su definición cabal, que es, como ya se consignó aquí, mucho más amplia.

Por esas razones, mis asertos acerca de la descomposición del Estado mexicano dichas en un discurso en sesión solemne del Cabildo de Veracruz, en la que se me declaró Veracruzano Distinguido, causaron no pocos enarcamientos de cejas. Sorpresa.

Pero sostengo y reitero lo dicho. Un notable de ese honrador Cabildo del no menos honrante Ayuntamiento veracruzano insinuó cortésmente que "el Estado no se está cayendo a pedazos, sino que está más fuerte que nunca". Me pareció increible lo que dijo.

III

Mi respuesta fue la de relatarle sin adjetivos ni churriguerías lexicográficas ni semánticas una experiencia reciente, vivida precisamente un día antes de la sesión solemne del Cabildo. Héla aquí:

Por teléfono me contacto en mi domicilio en Veracruz un personaje que con voz imperativa --pero nerviosa-- y gritona, el acento costeño, se identificó así: "Soy el temido comandante Lara, de Los Zetas, pa´decirte que vamos a secuestrar". Me reí.

Nadie se presenta a sí mismo con esa credencial de "temido". ¿Por quién o quiénes? Nadie se presenta tampoco como "de Los Zetas". Y, sobre todo, nadie avisa que te va a secuestrar. Secuestra, simplemente, y ya. Son efectismos psicológicos.

A mi carcajada añadí una interjección propia del acervo popular linguístico de mi entorno sociocultural de Veracruz, avisandole "Párale a tu broma", seguido de mi deseo de que se fuera por allí, por los lares procelosos de la ubicua Chingada.

Esa respuesta desconcertó al susodicho comandante "Lara" --a quien supongo sedicente-- de Los Zetas. "Ahora cualquiera se ostenta de Los Zetas", dije. "Los Zetas secuestrarían sólo ricos, no a pobres pensionados. ¿De cuánto sería el rescate?"

"¡No me des el avión!", gritó el señor "Lara", añadiendo: "¡Te vamos a chingar, cabrón! ¡Ya vamos por ti!" Respondí: "¡Ah, qué bueno! Así te pagaré personalmente el rescate. O si quieres, nomás te daré un anticipo". Y colgué. Y empecé a temblar.

La adrenalina gastada, el miedo --o el terror-- se aposentó en la conciencia. Caí en la cuenta del riesgo a mi integridad física y el impacto psíquico. La secuela es de espeluzno. Millones de mexicanos vivimos aterrorizados, síntoma de descomposición.

ffponte@gmail.com


Glosario:

Adrenalina: hormona segregada principalmente por la masa medular de las glándulas suprarrenales. Poderosos constrictor de los vasos sanguíneos.

Espeluzno: espeluznante. Procelosos: borrascosos, tempestuosos, tormentosos.

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