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martes, julio 02, 2013

"GASLAND" la era del FRACKING

"GASLAND" la era del FRACKING para extraer gas natural contaminando el agua y la tierra.....justo esto pasara en Mexico si permitimos la Reforma Energetica de los neoliberales del PRIAN y PRD.
"Gasland" is a 2010 American documentary written and directed by Josh Fox. Nominated for an Academy Award for Best Documentary in 2011, the film focuses on communities in the United States impacted by natural gas drilling and, specifically, a method of horizontal drilling into shale formations known as slickwater fracking

Gasland (Josh Fox, 2010) La tierra del gas de pizarra V.O.S. from gau txori on Vimeo.

domingo, octubre 16, 2011

¿Qué quiere Estados Unidos de México?

Obama. Teorías  conspiratorias. Foto: AP

Dinero sucio, narco y terrorismo, la nueva triada de EU

MÉXICO, D.F. (apro).- ¿Qué quiere Estados Unidos de México? ¿Qué pretende cuando desde principios de año, enero para ser más exactos, empezó con declaraciones sobre el cártel de Los Zetas y Al Qaeda? Primero fue Janet Napolitano, secretaria de Seguridad …

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El  exvicepresidente Dick Cheney en el programa de noticias de CBS “Face the  Nation”. Foto: AP

Cheney y Pinochet, unidos por la eternidad

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Dick Cheney tiene miedo de que lo vayan a pinochetear.No es invento mío, ni la noticia ni tampoco el vocablo tan extraño, aún más peregrino en inglés que en castellano. Al que se le ocurrió retorcer el nombre del exdictador chileno para convertirlo en verbo soez fue nada menos que al coronel Lawrence Wilkerson, quien ejerciera de jefe de gabinete de.....

Una protesta en  el IMSS por el desabasto de medicamentos. Foto: Miguel Dimayuga

Medicina cara e inútil

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Desde hace tiempo me ha llamado la atención el hecho de que en México los medicamentos para atender las principales enfermedades que ocasionan el mayor número de muertes según el INEGI (enfermedades del corazón, tumores malignos y diabetes mellitus) son sustancialmente más caros que en prácticamente toda América Latina, mientras que los que aquí son baratos no necesariamente funcionan como debiesen.....

Ernesto Cordero,  precandidato panista a la presidencia. Foto: Octavio Gómez

Debates electorales y estado de derecho

MÉXICO, D.F. (Proceso).- El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) ha dado un buen paso en la batalla por hacer valer los principios básicos en materia electoral con su señalamiento de la ilegalidad de la transmisión del debate entre precandidatos en Nayarit durante el proceso electoral de 2010. La cantidad de entrevistas simuladas, “infomerciales” y coberturas compradas o “donadas” que hoy....

Los ninis  mexicanos. Foto: Alejandro Saldívar

Ser joven, un riesgo en México

MÉXICO, DF, 12 de octubre (apro).- Los jóvenes mexicanos viven, quizá, una de las etapas más difíciles y peligrosas que ha tenido el país en las últimas décadas. Además del desempleo, pobreza, ausencia de oportunidades educativas, depresión, soledad, incertidumbre y adicciones, ahora también enfrentan el riesgo de ser cooptados o asesinados por las bandas del crimen organizado.Desde hace tiempo distintas organizaciones nacionales e.....

Un agente  inspecciona la escena de un crimen en Sinaloa. Foto: Juan Carlos Cruz

El lodo

MÉXICO, D.F. (Proceso).- En Oaxaca, durante la Caravana de Paz que el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad realizó por el sur del país, Gustavo Esteva utilizó una imagen que define muy bien la realidad de México: el lodo, una mezcla de agua y tierra causada por la lluvia. El análogo es exacto: La violencia –esa lluvia que no ha dejado de....

domingo, mayo 01, 2011

El gobierno secreto que dirige Estados Unidos

En el libro La route vers le nouveau désordre mondial, el profesor Peter Dale Scott recorre la historia del “Estado profundo” en Estados Unidos: la estructura secreta que dirige la política exterior y la política de defensa de ese país, más allá de las apariencias democráticas. En entrevista, el autor retoma la discusión sobre el grupo que organizó los atentados del 11 de septiembre de 2001 y que se financia a través del tráfico mundial de droga

Maxime Chaix / Anthony Spaggiari / Red Voltaire

http://archivo.contralinea.info/2011/abril/230/fotos/gobierno-eu/principal.jpg

Un libro documenta la estructura secreta que dirige la política exterior y la política de defensa de Estados Unidos. El profesor Peter Dale Scott, su autor, recorre la historia del “Estado profundo” de ese país, cuya apariencia democrática es apenas una fachada. Este estudio ofrece la ocasión de poner bajo los reflectores al grupo que organizó los atentados del 11 de septiembre y que se financia a través del tráfico mundial de droga. Se trata de un libro de referencia cuya lectura aconsejan ya las academias militares y diplomáticas.

Red Voltaire (RV): Profesor Scott, ¿pudiera usted proporcionar una definición de “la política profunda” y explicar la diferencia entre lo que usted llama el “Estado profundo” y el “Estado público”?

Peter Dale Scott (PDS): La expresión “Estado profundo” viene de Turquía. Hubo que inventarla en 1996, después del accidente de un auto Mercedes que rodaba a toda velocidad y cuyos pasajeros eran un miembro del parlamento, una reina de belleza, un importante capitán de la policía local y el principal traficante de droga de Turquía, quien dirigía además una organización paramilitar –los Lobos Grises– que asesinaba gente. Se hizo entonces evidente que existía en Turquía una relación secreta entre la policía –que oficialmente estaba buscando al hombre que se encontraba en aquel auto con un jefe de la policía– y aquellos individuos que cometían crímenes en nombre del Estado.

El Estado para el que se cometen crímenes no es un Estado que puede mostrar su propia mano al público. Es un Estado escondido, una estructura secreta.

http://archivo.contralinea.info/2011/abril/230/fotos/gobierno-eu/libro.jpgEn Turquía lo llamaron el “Estado profundo”, y yo mismo venía hablando desde hace tiempo de la “política profunda”, así que utilicé esa expresión en mi libro La route vers le nouveau désordre mondial [El camino hacia el nuevo desorden mundial].

Definí la política profunda como el conjunto de prácticas y de disposiciones políticas, intencionales o no, habitualmente criticadas o no mencionadas en el discurso público, además de no reconocidas. Es decir que la expresión “Estado profundo” no es cosa mía. Se refiere a un gobierno paralelo secreto, organizado por los aparatos militares y de inteligencia, financiado por la droga, que se implica en acciones de violencia de carácter ilícito para proteger el estatus y los intereses del ejército de las amenazas que representan los intelectuales, los religiosos y, en ocasiones, el gobierno constitucional.

En La route vers le nouveau désordre mondial, adapto un poco esa expresión para referirme a la más amplia conexión que existe, en Estados Unidos, entre el Estado público constitucionalmente establecido y las fuerzas profundas que se mueven en segundo plano de ese Estado: las fuerzas de la riqueza, del poder y de la violencia que están fuera del gobierno.

Esa conexión podríamos llamarla la “puerta trasera” del Estado público, [puerta] que sirve de acceso a fuerzas oscuras situadas fuera del marco legal.

La analogía con Turquía no es perfecta, ya que lo que actualmente hemos observado en Estados Unidos no es tanto una estructura paralela, sino una amplia zona o ambiente de contactos entre el Estado público y fuerzas oscuras invisibles. Pero esa conexión es considerable, y se necesita una apelación como “Estado profundo” para describirla.

RV: Usted escribió La route vers le nouveau désordre mondial en momentos en que el régimen de Bush se hallaba en el poder y después lo reactualizó con vistas a la traducción al francés. ¿Piensa usted que el Estado profundo se ha debilitado, lo cual favorecería al Estado público, como resultado de la elección de Barack Obama? ¿O, por el contrario, se ha reforzado con la crisis y con la actual administración?

PDS: Después de dos años del gobierno de Obama, la influencia del Estado profundo, o más exactamente de lo que yo llamo en mi último libro La máquina de guerra estadunidense, ha seguido existiendo, como lo ha hecho bajo cada presidente de Estados Unidos desde la época de Kennedy.

Un importante síntoma de ello es la manera en que Obama, a pesar de su retórica de campaña, ha seguido ampliando el campo de aplicación del secreto dentro del gobierno de Estados Unidos y cómo ha seguido castigando a quienes lanzan llamados de alerta: su campaña contra Wikileaks y contra Julian Assange –quien no ha sido inculpado aún por el menor crimen– no tiene precedentes en la historia de Estados Unidos. Sospecho que el miedo a la publicidad que se percibe en Washington viene de que existe la conciencia de que las políticas de guerra de Estados Unidos están cada vez más desvinculadas de la realidad.

En Afganistán, Obama parece haber capitulado ante los esfuerzos del general Petraeus y de otros generales que querían garantizar que las tropas estadunidenses no comenzaran a retirarse de las zonas de combates en 2011, como había adelantado Obama cuando autorizó un aumento del número de soldados en 2009. El último libro de Bob Woodward, Las guerras de Obama, reporta que durante aquel largo combate que se produjo dentro de la administración para determinar si había que decidir una escalada militar en Afganistán, Leon Panetta, el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés), le aconsejó a Obama que “ningún presidente democrático puede ir en contra de los consejos del ejército… Así que hágalo. Haga lo que ellos le dicen”. Obama dijo recientemente a soldados estadunidenses en Afganistán: “Ustedes cumplen sus objetivos, ustedes tendrán éxito en su misión”. Este eco de testimonios anteriores –tontamente optimistas– de Petraeus muestra por qué no se hizo en la Casa Blanca una evaluación realista del desarrollo de la guerra en diciembre de 2010, a pesar del mandato recibido inicialmente.

Al igual que Lyndon Johnson antes que él, el presidente está atrapado ahora en un cenagal que no se atreve a perder, y que amenaza con extenderse a Pakistán, así como a Yemen, si no más lejos aún. Sospecho que las fuerzas profundas que dominan los dos partidos políticos son ahora tan poderosas, tan coincidentes y, sobre todo, están tan interesadas en las ganancias que la guerra genera, que un presidente está más lejos que nunca de oponerse a ese poder, ni siquiera ahora cuando se hace cada vez más evidente que la era de dominación mundial de Estados Unidos –al igual que sucedió en su tiempo con la de Gran Bretaña– está a punto de terminar.

En ese contexto, Obama –sin debate ni revisión– ha prolongado el estado de urgencia interna proclamado después del 11 de septiembre, con las drásticas limitaciones de los derechos civiles que ello implica. Por ejemplo, en septiembre de 2010, la Agencia Federal de Investigación tomó por asalto las oficinas de pacíficos defensores de los derechos humanos en Minneapolis y en Chicago: se basó en una decisión reciente de la Corte Suprema, según la cual, la libertad de expresión y el activismo no violentos reconocidos en la Primera Enmienda se convierten en crímenes si están “coordinados con” o “bajo la dirección” de un grupo extranjero designado como “terrorista”. En nueve años, el Congreso no se ha reunido ni una sola vez para discutir el estado de urgencia decretado por George W Bush después del 11 de septiembre, que, por lo tanto, permanece en vigor hoy en día.

http://archivo.contralinea.info/2011/abril/230/fotos/gobierno-eu/obama.jpgEn 2009, el excongresista Dan Hamburg y yo lanzamos una exhortación pública al presidente Obama para que pusiera fin al estado de urgencia y llamamos al Congreso a que realizara las audiencias que su responsabilidad requiere. Pero el 10 de septiembre de 2009, Obama, sin la menor discusión, prolongó nuevamente el estado de urgencia del 11 de septiembre y lo hizo de nuevo al año siguiente. Mientras tanto, el Congreso ha seguido ignorando las obligaciones que le impone su propio estatuto.

Un congresista explicó a uno de sus electores que lo previsto en la National Emergencies Act se ha hecho inoperante por causa de la Continuidad del Gobierno (Cog, por su acrónimo en inglés), un programa ultrasecreto destinado a organizar la dirección del Estado en caso de situación de urgencia nacional. El programa de la Cog fue parcialmente aplicado el 11 de septiembre por Dick Cheney, uno de los principales arquitectos de ese programa, desarrollado dentro de un comité que opera fuera del gobierno regular desde 1981. De ser cierto que las disposiciones de la National Emergencies Act se han hecho inoperantes por causa de la Cog, indicaría que el sistema constitucional de contrapoderes ya no se aplica en Estados Unidos, y que los decretos secretos predominan ahora sobre la legislación pública.

RV: En ese contexto, ¿por qué el Congreso de Estados Unidos no desempeña su papel en la limitación de los poderes secretos que se instauró después del Watergate? ¿Qué consecuencias tuvieron entonces la expulsión de Nixon y el fortalecimiento de la supervisión del Congreso sobre las operaciones secretas de los servicios de inteligencia estadunidenses?

PDS: La estrategia de Nixon para Vietnam consistió en tratar de obtener el apoyo del bando opuesto llegando a acuerdos estratégicos tanto con la Unión Soviética como con China. Esto encontró una violenta oposición tanto de los “halcones” como de las “palomas” en el seno de una nación profundamente dividida. Creo que los “halcones” provenientes tanto de la CIA como del Pentágono fueron partícipes de la crisis fabricada del Watergate, que dio lugar a la dimisión forzosa de Nixon.

Después del Watergate, las “palomas” del Congreso –al que se aplicó por entonces el sobrenombre de McGovernite– de 1974 implantaron cierto número de reformas en nombre de políticas más abiertas y públicas, aboliendo un estado de urgencia que se había mantenido desde la época de la guerra de Corea y estableciendo las restricciones jurídicas y legislativas sobre la CIA y sobre otros aspectos del gobierno secreto. Esas reformas tuvieron como respuesta una movilización concertada tendiente a revertirlas y a restablecer el statu quo.

Aquel debate político implicaba la existencia, en el seno de la dirección del país, de un desacuerdo entre los llamados “negociantes” y los “prusianos”, y la cuestión era saber si, después del fiasco de Vietnam, Estados Unidos debía esforzarse por volver a su anterior papel de nación prominentemente comerciante o si debía responder a la derrota de Vietnam con un aumento suplementario de sus fuerzas armadas.

Aquella lucha burocrática e ideológica fue, a la vez, una lucha por el control del Partido Republicano. Aquello terminó provocando la caída de Nixon y el gradual redireccionamiento –durante la presidencia de Ford– de la política exterior de Estados Unidos de coexistencia pacífica con la Unión Soviética hacia planes tendientes a debilitar y, posteriormente, a destruir –bajo la administración de Reagan– lo que este último llamó “el imperio del mal”. Fue así como, en octubre de 1975, la implicación muy probable de Dick Cheney y de Donald Rumsfeld en la revolución palaciega, que los historiadores designan como “Masacre de Halloween”, significó la derrota del republicanismo moderado de Nelson Rockefeller. Aquello significó esencialmente la reorganización del equipo de Ford, preparando así el fin de la distensión.

http://archivo.contralinea.info/2011/abril/230/fotos/gobierno-eu/donald-rumsfeld.jpg

Dick Cheney y Donald Rumsfeld, que por entonces dirigían el equipo de la Casa Blanca del presidente Gerald Ford, y controlaban el Departamento de Defensa, desempeñaron un papel decisivo en el triunfo final de los prusianos, al alejar a Henry Kissinger y nombrar como director de la CIA a George H W Bush, quien elaboró desde allí un nuevo estimado, más alarmista, de la amenaza soviética, dando lugar a la correspondiente explosión de los presupuestos de defensa y al sabotaje de la política de distensión. Desde entonces, hemos podido observar en la economía estadunidense una influencia cada vez más importante de lo que Dwight D Eisenhower había llamado, en el histórico discurso de fin de mandato que pronunció el 17 de enero de 1961, el “complejo militar-industrial”.

Hoy en día, estamos sometidos a un nuevo estado de urgencia ampliado, y la supervisión del Congreso sobre las operaciones secretas del Estado profundo de Estados Unidos se ha hecho casi inexistente. Por ejemplo, la supervisión con mandato jurídico del Congreso sobre las operaciones secretas de la CIA se ha evitado con éxito gracias a la creación, en 1981, del Joint Special Operations Command en el Pentágono, al igual que la supervisión sobre las operaciones que dirigió el general Stanley McChrystal antes de su nombramiento como comandante de las tropas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Afganistán.

RV: En su anterior respuesta, mencionó brevemente el importante papel de George Bush padre en el sabotaje de la política de distensión que había desarrollado Kissinger. Fue, sin embargo, muy breve el periodo de Bush a la cabeza de la CIA. ¿El reemplazo de George H W Bush por el almirante Stanfield Turner, más moderado, a la cabeza de esa Agencia incrementó el control de las operaciones secretas de los diferentes elementos del Estado profundo de Estados Unidos?

PDS: No, en lo absoluto. Sucedió lo contrario, ya que ciertos actores clave de lo que acabo de explicar, ya excluidos de la CIA como consecuencia de la nominación del almirante Turner, se buscaron una nueva “casa” y trabajaron para el Safari Club. Ésta era una organización secreta fuera de todo control que reunía a los directores de los servicios de inteligencia de numerosos países –como Francia, Egipto, Arabia Saudita e Irán. Estimulada esencialmente por el entonces director del espionaje francés, Alexandre de Marenches–. Esta organización tenía como objetivo completar secretamente las acciones de la CIA mediante la realización de otras operaciones anticomunistas en África, Asia Central y Medio Oriente, operaciones que escapaban a todo control del Congreso estadunidense.

Después, en 1978, Zbigniew Brzezinski –que no era miembro del Safari Club– desarrolló una forma de escapar al control del almirante Turner mediante la creación de una unidad especial de la Casa Blanca con Robert Gates, el actual secretario de Defensa, que era por aquel entonces un joven agente operacional de la CIA. Bajo la dirección de Brzezinski, oficiales de la CIA se aliaron a la agencia de inteligencia de Irán –la Organización de Seguridad e Inteligencia Nacional– para enviar agentes islamistas a Afganistán, desestabilizando así aquel país. Esto condujo a la invasión soviética de Afganistán en 1980.

La siguiente década, que se caracterizó por la implicación secreta de la CIA en Afganistán, fue determinante en la transformación de aquel país en un vivero de cultivo de la amapola del opio, del tráfico de heroína y del islamismo yihadista.

Hay muy buenos libros sobre ese tema –uno por Tim Weiner, el otro por John Prados–. Pero, como se dirigieron a oficiales de la CIA que les mostraron sólo algunos documentos que acababan de ser desclasificados, esos autores no hablan de la droga en sus libros.

La conexión de los narcóticos es tan profunda que no se menciona en los documentos de la CIA que se han hecho públicos. Pero la cooperación de la CIA, dirigida por William Casey desde 1981, con el banco de la droga Bank of Credit and Commerce International (BCCI), estimuló la creación en Afganistán de una inmensa narcoeconomía, cuyas consecuencias desestabilizadoras ayudan a explicar por qué hay soldados de la OTAN, afganos y pakistaníes muriendo diariamente en esos lugares.

El BCCI fue un enorme banco de lavado de fondos provenientes de la droga. Corrompía, con sus presupuestos y sus recursos, a políticos de primer plano en el mundo entero… presidentes, primeros ministros… Y una parte de ese dinero sucio –de eso no se habla mucho, pero es la realidad– llegaba a políticos en Estados Unidos, a políticos de los dos partidos; ésa es una de las principales razones que explican por qué nunca logramos que el Congreso abriera una investigación contra el BCCI. Hubo de hecho un informe del Senado que fue publicado, firmado por un republicano, Hank Brown, y por un demócrata, John Kerry. Brown felicitó a Kerry por haber tenido el coraje de escribir aquel informe cuando tantas personas de su partido estaban vinculadas con el BCCI.

http://archivo.contralinea.info/2011/abril/230/fotos/gobierno-eu/hekmatyar.jpgEste banco fue un factor primordial en la creación de conexiones con gente como Gulbuddin Hekmatyar, probablemente el principal traficante de heroína del mundo entero en la década de 1980. Se convirtió [Hekmatyar] en el principal beneficiario de la generosidad de la CIA, que se completó con una suma similar de dinero proveniente de Arabia Saudita. ¡Hay algo terriblemente nefasto en este tipo de situación!

RV: En 1976, Jimmy Carter fue electo con base en un programa de reducción de los gastos militares y de distensión con la Unión Soviética, lo que en realidad no se concretó en los cuatro años de su mandato. ¿Puede usted explicarnos por qué? ¿Será que su consejero de Seguridad Nacional, Zbigniew Brzezinski, desempeñó algún papel en aquella política exterior, sensiblemente más agresiva que lo que se esperaba?

PDS: Los medios de difusión presentaban a Carter como un candidato populista, como un granjero sureño cultivador de maní. Pero la realidad profunda era que Carter había sido preparado para la presidencia por Wall Street, particularmente por la Comisión Trilateral, financiada a su vez por David Rockefeller y dirigida por Zbigniew Brzezinski.

Brzezinski, un polaco furiosamente antisoviético, se convirtió entonces en el consejero de Seguridad Nacional de Carter. Y desde el principio de aquel mandato [Brzezinski], interfirió continuamente al secretario de Estado Cyrus Vance para mantener una política exterior más vigorosamente antisoviética. En ese aspecto, Brzezinski actuó en contra de los objetivos planteados de la Comisión Trilateral, de la que el presidente Carter había sido miembro.

La idea subyacente de la Comisión Trilateral era una imagen más bien atrayente de un mundo multipolar en el que Estados Unidos hubiese desempeñado un papel de mediador entre el Segundo Mundo, es decir el bloque soviético, y el Tercer Mundo, que era lo que en aquel momento se designaba como los países subdesarrollados o menos desarrollados ?yo detesto esa expresión porque viví en Tailandia y, en ciertos aspectos, ¡ellos están mucho más desarrollados que nosotros!

En resumen, al ser electo, Carter nombró como secretario de Estado a un verdadero trilateralista, Cyrus Vance, y tenía como consejero de Seguridad Nacional a Zbigniew Brzezinski, quien estaba decidido a utilizar el Estado profundo para hacerle a la Unión Soviética tanto daño como le fuera posible. Y la mayor parte de lo que se interpretó como los “éxitos” del régimen de Reagan claramente se inició en la época de Brzezinski.

Fue una renuncia total de aquello a lo que se había comprometido la Comisión Trilateral. El pobre Carter fue electo porque había prometido cortes en el presupuesto de Defensa y, antes de su salida [de la Casa Blanca], había metido al Departamento de Defensa en masivos aumentos presupuestarios que, una vez más, fueron asociados a Reagan, aunque en realidad habían comenzado antes.

Por consiguiente, una masiva campaña tendiente a un aumento de los presupuestos de defensa –campaña discretamente realizada por ricos industriales del aparato militar que actuaban a través del Comité sobre el Peligro Presente– llevó a la opinión pública estadunidense a fortalecer el esfuerzo de Brzezinski a favor de una presencia y de una política exterior estadunidenses más militantes, sobre todo en el Océano Índico.

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RV: Después de haber sido un hombre muy influyente con el presidente Gerald Ford, Dick Cheney –junto a su mentor Donald Rumsfeld y junto al vicepresidente George H W Bush– fue, a partir de la presidencia de Reagan, uno de los hombres claves del programa ultrasecreto Cog. ¿Puede usted explicarnos en qué consiste ese programa? ¿Ya se ha aplicado, aunque sea parcialmente?

PDS: Desde el comienzo de la presidencia de Reagan, en 1981, se creó un grupo secreto, fuera del gobierno regular, para trabajar sobre la llamada Continuidad del Gobierno o Cog; dicho de otra manera, en planes de la Cog destinados a organizar la gestión del Estado en caso de urgencia nacional. Ese programa era inicialmente una extensión de planes preexistentes destinados a responder a un ataque nuclear que decapitara la dirección de Estados Unidos. Pero antes del fin del mandato de Reagan, su orden ejecutiva número 12686 de 1988 modificó los términos [de dichos planes] para que cubrieran cualquier tipo de urgencia.

La Cog es otra de las cosas que se asocian a Reagan; pero aquellos planes en realidad comenzaron en la época de Carter, aunque es posible que este último nunca haya estado al corriente de ello. En efecto, Carter creó la FEMA [la Agencia Federal de Manejo de Situaciones de Urgencia], que históricamente siempre fue la estructura de planificación de la Cog.

Lo que resulta bastante chocante es que, aunque los planes de la Cog son extremos, el Congreso no estaba al corriente de ellos en la década de 1980. Sólo un pequeño grupo –en el que se encontraban Oliver North, Dick Cheney y Donald Rumsfeld– estaba encargado de trabajar en esos planes, en virtud de una orden ejecutiva altamente secreta de Reagan emitida en 1981.

La cuestión de la Cog se mencionó públicamente por primera vez en 1987, durante las audiencias sobre el escándalo Irán-Contras, cuando un miembro del Congreso, Jack Brooks, le preguntó a Oliver North: “Coronel North, en el marco de su trabajo en el Consejo de Seguridad Nacional, ¿no le asignaron a usted en un momento dado la planificación de la Continuidad del Gobierno en caso de un desastre de envergadura?”. Agregó el congresista Brooks: “Yo estaba particularmente preocupado, señor presidente, porque leí en varios diarios de Miami y en algunos más que había un plan elaborado, por esta misma agencia, un plan de contingencia en caso de urgencia que suspendería la Constitución de Estados Unidos. Aquello me inquietó mucho y me pregunté si era un aspecto en el cual había trabajado él. Yo creo que así es y quería tener esa confirmación”.

El senador Inouye, director de aquella comisión investigadora del Congreso, le respondió con un poco de nerviosismo: “Con todo respeto, ¿puedo pedirle que no se toque ese tema en este momento? Si queremos abordarlo, estoy seguro que pueden hacerse arreglos para una sesión ejecutiva”. Está claro que las preguntas del congresista Brooks eran sobre la Continuidad del Gobierno. Aquellos arreglos para la realización de una sesión ejecutiva nunca tuvieron lugar.

Cheney y Rumsfeld –dos figuras claves del programa de la Cog– siguieron participando en esos planes y ejercicios, muy onerosos, a lo largo de dos décadas sucesivas, incluso en momentos en que, hacia fines de la década de 1990, los dos eran directores de empresas privadas que nada tenían que ver con el gobierno. Se ha dicho que el nuevo blanco que sustituyó a la Unión Soviética fue el terrorismo, pero algunos periodistas han mencionado que desde principios de la década de 1980 había importantes planes destinados a hacer frente al tipo de manifestaciones que, según la mentalidad de Oliver North y de otros como él, habían llevado a la derrota de Estados Unidos en Vietnam.

Nadie duda que los planes de la Cog se hayan aplicado parcialmente durante el 11 de septiembre de 2001, paralelamente a un estado de urgencia proclamado oficialmente. Este último sigue aún en vigor al cabo de nueve años, a pesar de una ley posterior al Watergate que exige ya sea una aprobación o un cese de una urgencia nacional por parte del Congreso cada seis meses. Los planes de la Cog son un secreto celosamente guardado, pero en la década de 1980 hubo informes que señalan que esos planes implicaban medidas de vigilancia y detenciones sin mandato, así como una militarización permanente del gobierno. En cierta medida, esos cambios claramente se aplicaron después del 11 de septiembre.

No hay manera de determinar cuántos cambios constitucionales ocurridos desde el 11 de septiembre pueden tener su origen en la planificación de la Cog.

Sabemos, sin embargo, que nuevas medidas de aplicación de la Cog fueron instauradas nuevamente en 2007, cuando el presidente Bush emitió la National Security Presidential Directive 51 (Directiva Presidencial de Seguridad Nacional, o NSPD-51/HSPD-20). Esta directiva estipulaba lo que la FEMA posteriormente llamó “una nueva visión para garantizar la continuidad de nuestro gobierno”, y fue seguida por un nuevo Plan de Desarrollo de la Política de Continuidad Nacional.

La NSPD-51 invalidó también la PDD 67, que era la directiva de la Cog del decenio anterior elaborada por Richard Clarke, quien era por aquel entonces el zar del contraterrorismo en Estados Unidos desde la época de Clinton. En fin, la NSPD-51 hizo referencia a nuevos “anexos clasificados sobre la continuidad”, señalando que deben “ser protegidos contra toda divulgación no autorizada”.

Bajo la presión de algunos de sus electores que se habían movilizado a favor de la apertura de una verdadera investigación sobre el 11 de septiembre, el congresista Peter DeFazio, miembro de la Comisión sobre la Seguridad Interior, presentó dos pedidos para consultar esos anexos.

Su primer pedido fue rechazado. DeFazio presentó entonces un segundo pedido, mediante una carta firmada por el presidente de su Comisión. El pedido fue rechazado de nuevo. Una vez más, esto indicaría que el sistema constitucional de contrapoderes ya no se aplica en Estados Unidos y que los decretos secretos están ahora por encima de la legislación pública.

RV: En La route vers le nouveau désordre mondial, usted afirma que la Comisión Nacional Investigadora sobre el 11 de septiembre –cuyos miembros fueron nombrados por el gabinete de George W Bush y cuyo informe final fue redactado por el equipo del director ejecutivo Philip Zelikov– incurrió en repetidos engaños sobre el tema del 11 de septiembre, sobre todo en lo tocante a las actividades de Dick Cheney en aquella mañana. ¿Puede usted explicar ese aspecto en particular?

PDS: Inicialmente, George W Bush se resistió a toda investigación sobre el 11 de septiembre hasta que el Congreso impuso una Comisión Investigadora, en respuesta a una eficaz campaña de las familias de las víctimas. Thomas Kean y Lee Hamilton, directores de la Comisión, prometieron públicamente guiarse por las preguntas sin respuestas de las familias de las víctimas, como, por ejemplo, saber quiénes eran realmente los presuntos secuestradores de los aviones y cómo fue que se derrumbaron tres edificios del World Trade Center cuando uno de ellos ni siquiera llegó a recibir el impacto de un avión.

Finalmente, esas preguntas, al igual que otras muchas interrogantes, no llegaron a mencionarse. Asimismo, la Comisión recogió gran cantidad de testimonios contradictorios y, en muchas ocasiones, reescribió ciertos relatos. Bajo la estrecha supervisión de Philip Zelikov, el director de aquella Comisión, quien por mucho tiempo había sido empleado del gobierno en cuestiones de seguridad nacional, el Informe de la Comisión sobre el 11 de septiembre ignoró ciertas contradicciones y corrigió otras de una forma que fue cuestionada por numerosos críticos.

El Informe atribuyó la ausencia de respuestas [de la Defensa estadunidense] de aquel día a un caos y a una ruptura sistémicas, ignorando así otros testimonios de Cheney, según los cuales él desempeñó aquel día un papel preponderante. La Comisión ignoró igualmente importantes contradicciones y dudas sobre el testimonio que había prestado Cheney. Un tema crucial que la Comisión no investigó de manera explícita fue la aplicación de los planes de la Cog [durante los hechos] el 11 de septiembre.

Tampoco mencionó la Comisión de Estudios sobre el Terrorismo de Cheney –reunida por decreto de Bush en mayo de 2001– que fue citada como fuente de origen de una orden del Comité de Jefes del Estado Mayor Conjunto, que databa del 1 de junio de 2001. Aquella orden modificó [u obstaculizó, haciéndolas inoperantes] las condiciones de intercepción de los aviones secuestrados por parte de la Fuerza Aérea.

Para lograr su recuento restringido sobre la responsabilidad de Cheney [en lo sucedido] aquel día, la Comisión también restó importancia –y de manera flagrante– a varios recuentos de testigos oculares [que estaban] en completo desacuerdo con la cronología de la propia Comisión, particularmente los del director del contraterrorismo Richard Clarke y del secretario de Transportes, Norman Mineta.

RV: Gran parte de La route vers le nouveau désordre mondial trata sobre la geopolítica del petróleo, de la droga y del armamento y la manera como el Estado profundo estadunidense la maneja en Asia Central y en el Medio Oriente desde la época del presidente Carter. Sabiendo que la “guerra contra el terrorismo” perdura y se extiende hoy en más de 60 países –principalmente a través de operaciones secretas–, ¿cuáles son los verdaderos orígenes y objetivos de ésta?

PDS: Al principio de la “guerra contra el terrorismo”, estaba muy claro que los consejeros estratégicos de los dos partidos, al igual que los grupos de reflexión [think tanks, centros o institutos de propaganda y/o difusión de ideas políticas], como el Council on Foreign Relations, estaban preocupados por la necesidad de Estados Unidos en preservar su dominio histórico sobre los mercados petroleros mundiales. Produjeron documentos que apoyaban la idea de un incremento de la fuerza militar de Estados Unidos en la región del Golfo Pérsico, así como la idea de adoptar planes militares destinados, en particular, a ocuparse de Sadam Husein.

Hoy, la “guerra contra el terrorismo” ha seguido extendiéndose, y nos dicen que los militantes salafistas se han desplazado –como era de esperar– hacia nuevas regiones del mundo, sobre todo hacia Somalia y Yemen, para preparar sus represalias. La “guerra contra el terrorismo” se ha convertido en un ensayo para la actual doctrina estratégica de Estados Unidos tendiente a implantar un “dominio total”, como fue definida en el importante informe del Pentágono Joint vision 2020, llamando entonces a garantizar “la capacidad de las fuerzas estadunidenses, operando solas o con el apoyo de los aliados, para derrotar a cualquier enemigo y controlar cualquier situación mediante la gama de operaciones militares [disponibles]”.

Desde la Segunda Guerra Mundial, cada una de esas escaladas ha sido conducida por un lobby de la Defensa financiado originalmente por el complejo militar-industrial y actualmente por media docena de fundaciones de derecha que dispone de fondos ilimitados. Con el tiempo, su personal ha ido emigrando de grupo en grupo –el American Security Council, el Comité sobre el Peligro Presente, el Proyecto para el Nuevo Siglo Americano y, actualmente, el Center for Security Policy (CSP). Pero sus objetivos han ido ampliándose con el paso de los años: de maximizar la presencia estadunidense hasta restringir las libertades individuales para impedir la reaparición de cualquier tipo de movimiento antiguerra en Estados Unidos. Yo abordo la expansión de esta facción del sector de la defensa en mi más reciente libro La máquina de guerra estadunidense.

Esa agenda incluye cada vez más el macartismo, por no decir el fascismo. Cierto número de grupos está alimentando una histeria islamófoba que recuerda la histeria anticomunista de la década de 1950, llamando a una guerra aparentemente sin fin contra el Islam. Por ejemplo, el CSP publicó recientemente el documento Shariah, the threat to America, en el que proclama que la sharia es “la amenaza totalitaria de nuestra época”, con advertencias alarmistas sobre una “yihad infiltrada” y una “yihad demográfica”.

RV: Esa “guerra contra el terrorismo” –cuyos verdaderos fundamentos y objetivos están lejos de ser expuestos explícitamente por los gobiernos de los países miembros de la OTAN– comenzó en Afganistán, en 2001. En ese Estado, poderosos señores de la guerra aliados a Estados Unidos en la década de 1980 –época en la que los muyahidines combatían a las tropas soviéticas– son actualmente destacados actores del conflicto en “AfPak”, la entidad geopolítica que abarca Afganistán y Pakistán. Tomemos como ejemplo simbólico el caso de Gulbuddin Hekmatyar. La opinión pública de los diferentes países de la OTAN no parece darse realmente cuenta de quién es este señor Hekmatyar. ¿Puede usted proporcionarnos información sobre él? En su opinión, ¿cómo simboliza [Hekmatyar] el peligro que representa una política exterior estadunidense que, por falta de control legislativo y de visibilidad pública, ha provocado la explosión del tráfico de droga a nivel global?

PDS: Al disponer de pocos agentes leales en Afganistán, Estados Unidos decidió realizar su Operación Ciclón a través de los que estaban a la disposición de la Inter-Services Intelligence (ISI, los servicios secretos pakistaníes). Pakistán, temiendo a su vez a los reclamos de los verdaderos nacionalistas afganos que reivindican sus propios territorios fronterizos, dirigió el volumen de las ayudas provenientes de Estados Unidos y de Arabia Saudita hacia dos extremistas cuya base de apoyo en Afganistán era muy restringida: Abdul Rasul Sayyaf y Gulbuddin Hekmatyar.

Este último, miembro de la etnia pashtún y de la tribu ghilzai, originario del Norte de pashtún, fue entrenado inicialmente para la resistencia violenta bajo la dirección de los pakistaníes. Fue, al parecer, el único líder afgano que reconoció explícitamente la línea Durand, que define la frontera entre Afganistán y Pakistán. Para compensar el apoyo que no tenían entre la población local, Sayyaf y Hekmatyar cultivaron y exportaron opiáceos de forma masiva en la década de 1980, también con apoyo del ISI.

Fue por esa misma razón que los dos colaboraron con los muyahidines extranjeros –es decir, con los iniciadores de Al Qaeda– que por entonces afluían hacia Afganistán, y Hekmatyar parece haber desarrollado una estrecha relación con Osama bin Laden. Aquella afluencia de fundamentalistas wahabitas y deobanditas provocó el debilitamiento de la versión tradicional sufista del Islam local.

Durante la campaña antisoviética, las fuerzas de Hekmatyar asesinaron a personas que apoyaban a Ahmed Shah Masud, la principal amenaza para los planes de Hekmatyar –que contaban con el apoyo del ISI–, que consistían en dominar el Afganistán postsoviético. Después de la retirada de estos últimos, la CIA –actuando en contra de las recomendaciones del Departamento de Estado– utilizó también a Hekmatyar para impedir la constitución de un gobierno de reconciliación nacional, lo cual condujo a una guerra civil que provocó la muerte de miles de personas en la década de 1990.

Desde la invasión de Estados Unidos contra Afganistán en 2001, Hekmatyar ha dirigido su propia facción de combatientes para obtener una retirada de las tropas de la OTAN, aunque parece más abierto que los talibanes, en cuanto a integrarse a un gobierno de coalición dirigido por el actual presidente Hamid Karzai. En Washington, importantes funcionarios de la Defensa –como Michael Vickers– aún se refieren a la Operación Ciclón como “la acción clandestina más exitosa” en la historia de la CIA.

No parecen preocupados por el hecho de que ese programa de la CIA haya contribuido a generar y a desencadenar algo como Al Qaeda –la nueva justificación postsoviética para los aumentos sin precedentes de los presupuestos de defensa– ni tampoco por haber conferido a Afganistán su actual papel de principal fuente mundial de heroína y hachís.

RV: En conclusión, ante la situación financiera, económica, política, social e incluso moral existente en Estados Unidos, así como en numerosos países a través del mundo, ¿tiene usted confianza en el futuro? ¿Ve usted indicios estimulantes de una mayor influencia de lo que usted llama la “voluntad prevaleciente de los pueblos” en la toma de decisiones políticas, un proceso que es hoy por hoy más oligárquico que nunca?

PDS: Se dice que deberíamos ver cada crisis como una oportunidad. La crisis de Estados Unidos, que es también la del mundo, pudiera ser ciertamente la ocasión de introducir reformas de gran envergadura en los procesos del capitalismo de mercado que engendraron diferencias tan grandes entre los muy ricos y los muy pobres. Desgraciadamente, debido a esos procesos, las políticas tradicionales y los métodos de movilización se han hecho más ineficaces, aun de lo que ya eran anteriormente.

En La route vers le nouveau désordre mondial, defiendo que importantes cambios sociales son posibles cuando la opresión da lugar a la formación de una opinión pública unida –o de lo que llamo “la voluntad prevaleciente de los pueblos”– en oposición a esa opresión. Hago referencia a ejemplos como el movimiento por los derechos cívicos en el Sur de Estados Unidos o el movimiento polaco Solidarnosc.

Desarrollos tecnológicos como internet han facilitado más que nunca la unión de las personas tanto a nivel nacional como a nivel internacional. Pero la tecnología ha perfeccionado también los instrumentos autoritarios de vigilancia y represión, haciendo la movilización activista más difícil que antes. Por consiguiente, el futuro es muy incierto. Pudiera decirse que el sistema global actual está más inestable que nunca y que es posible que algún tipo de prueba de fuerza logre cambiarlo.

En todo caso, yo estoy convencido de que estamos viviendo un periodo particularmente estimulante. La juventud debe continuar uniéndose como siempre lo ha hecho a movimientos que aspiran al cambio social y a crear nuevos espacios propicios al intercambio global. Y, por sobre todo, no hay ninguna excusa para la desesperación.

http://archivo.contralinea.info/2011/abril/230/fotos/gobierno-eu/peter-dale.jpg

El autor

Nacido en Montreal en 1929, Peter Dale Scott es un exdiplomático, poeta y autor canadiense. Es también profesor emérito de literatura inglesa en la Universidad de Berkeley, California. Es conocido por sus posiciones contra la guerra y por sus críticas sobre la política exterior de Estados Unidos. Peter Dale Scott es además un autor y analista político reconocido tanto por la crítica como por sus colegas, entre los que se encuentra su amigo Daniel Ellsberg, reconocido a su vez como “el hombre que hizo caer a Nixon”.

Fuente: Contralínea 230 / 24 de abril de 2011

sábado, diciembre 25, 2010

En respaldo a Julian Assange

Michael Moore *

Amigos: este lunes, en la corte de magistrados de Westminster, en Londres, los abogados del fundador de Wikileaks, Julian Assange, presentaron un documento enviado por mí, el cual expresa que he aportado 20 mil dólares para la libertad bajo fianza de Assange.
Además, públicamente ofrezco el apoyo de mi sitio web, mis servidores, mis nombres de dominio y cuanto más pueda hacer para que Wikileaks siga vivo y floreciente y continúe su labor de exponer los crímenes urdidos y cometidos en secreto en nuestro nombre y con el dinero de nuestros impuestos.
Con una mentira nos llevaron a la guerra en Irak. Hoy, cientos de miles están muertos. Imaginemos lo que habría pasado si los hombres que planeaban esta guerra en 2002 hubieran tenido que enfrentarse a un Wikileaks. Tal vez no habrían logrado ponerla en marcha. La única razón por la que creyeron salirse con la suya fue porque tenían un velo de secreto garantizado. Hoy esa garantía se ha desgarrado, y espero que jamás puedan volver a operar en secreto.
¿Y entonces por qué, luego de prestar tan importante servicio público, está hoy bajo un ataque tan virulento? Porque ha destapado y avergonzado a quienes han ocultado la verdad. Los denuestos e imprecaciones han rebasado los límites:
El senador Joe Lieberman dice que Wikileaks ha violado la Ley de Espionaje.
George Packer, de The New Yorker, llama a Assange supersigiloso, de pellejo delgado y megalómano.
Sarah Palin sostiene que es un agente antiestadunidense con las manos manchadas de sangre, a quien habría que perseguir con la misma urgencia con que perseguimos a Al Qaeda y los líderes del talibán.
El demócrata Bob Beckel (director de la campaña de Walter Mondale en 1984) declaró en Fox acerca de Assange: “Un muerto no puede andar filtrando cosas… sólo hay una forma de hacerlo: meterle un plomazo ilegalmente al hijo de puta”.
La republicana Mary Matalin afirma: “Es un sicópata, un sociópata… un terrorista”.
El representante Peter A. King califica a Wikileaks de organización terrorista.
¡Y vaya que lo es! Existe para aterrorizar a los mentirosos y belicosos que han llevado a la ruina a nuestra nación y a otras. Tal vez la próxima guerra no será tan fácil porque se ha volteado la mesa y hoy el Gran Hermano es el vigilado… ¡por nosotros!
Wikileaks merece nuestra gratitud por arrojar una gran luz sobre todo esto. Pero parte de la prensa corporativa ha minimizado su importancia (poco de lo que ha revelado es nuevo) o lo retrata como un sitio anarquista (lo que hace es simplemente publicar todo sin ningún control editorial). Wikileaks existe, en parte, porque los medios dominantes no han cumplido su responsabilidad. Las corporaciones que son sus propietarias han diezmado las redacciones e impedido que los buenos periodistas hagan su trabajo. Ya no hay tiempo ni dinero para el periodismo de investigación. Expresado en términos sencillos, los inversionistas no quieren que esas noticias se revelen. Les gusta que sus secretos se mantengan… en secreto.
Les pido imaginar cuán diferente sería nuestro mundo si Wikileaks hubiera existido hace 10 años. Hay una foto en la que se ve a George Bush a punto de recibir un documento secreto, el 6 de agosto de 2001. El encabezado dice: Bin Laden, decidido a golpear a EU. Y en esas páginas se indicaba que la FBI había descubierto actividad sospechosa en este país, consistente con preparativos para aerosecuestros. Bush decidió hacer caso omiso y siguió de pesca cuatro semanas más.
Pero, si ese documento se hubiera filtrado, ¿cómo habríamos reaccionado? ¿Qué habrían hecho el Congreso o la federación de aeronáutica? ¿No habría habido una probabilidad mayor de que alguien hubiera hecho algo si todos hubiéramos sabido del inminente ataque de Bin Laden usando aviones comerciales?
Pero en ese tiempo sólo unos cuantos tuvieron acceso al documento. Porque el secreto se mantuvo, un instructor de vuelo de San Diego que observó que dos estudiantes sauditas no mostraban interés por el despegue y el aterrizaje no hizo nada. Si se hubiera enterado por el periódico de la amenaza de Bin Laden, ¿tal vez habría llamado a la FBI? (La ex agente de la FBI Coleen Rowley, distinguida por la revista Time como una de las personas del año 2002, escribió un artículo en Los Angeles Times en el que señala que si Wikileaks hubiera existido en 2001, se pudo haber evitado el 11-S.)
¿Y si en 2003 el público hubiera leído los memorandos secretos en los que Dick Cheney presionaba a la CIA para que le diera hechos que le permitieran construir su argumentación falsa a favor de la guerra? Si un Wikileaks hubiera revelado en ese tiempo que en verdad no existían armas de destrucción masiva, ¿creen ustedes que se habría lanzado la guerra? ¿O más bien habría habido un clamor para que se arrestara a Cheney?
Apertura, transparencia: ésas son de las pocas armas con que cuenta el pueblo para protegerse de los poderosos y los corruptos. ¿Qué hubiera pasado si en los días posteriores al 4 de agosto de 1964 –luego que el Pentágono fabricó la mentira de que un barco nuestro fue atacado por norvietnamitas en el golfo de Tonkin– un Wikileaks nos hubiera dicho que todo fue un invento? Supongo que tal vez 58 mil de nuestros soldados (y dos millones de vietnamitas) hoy estarían vivos. En cambio, los secretos los mataron.
Para quienes creen que está mal apoyar a Julian Assange por las acusaciones de ataque sexual que lo tienen sujeto a proceso, todo lo que pido es que no sean ingenuos respecto de los ardides de un gobierno cuando decide ir tras su presa. Por favor, nunca crean la historia oficial. Y, al margen de que Assange sea culpable o inocente (entérense de la extraña naturaleza de las acusaciones), tiene derecho a presentar una fianza y defenderse. Me he unido a los cineastas Ken Loach y John Pilger y a la escritora Jemima Khan para reunir el dinero, y espero que el juez acepte la fianza y lo ponga en libertad este martes.
¿Podría Wikileaks causar algún daño imprevisto a las negociaciones diplomáticas de Washington en todo el mundo? Tal vez. Pero ése es el precio que se paga cuando un gobierno lleva a sus ciudadanos a la guerra con base en una mentira. Su castigo es que alguien encienda las luces de la habitación para ver qué se trae entre manos. No se puede confiar en él. Así pues, ahora todo cable, todo correo que escriba está abierto al escrutinio. Lo sentimos, pero eso quiso. Ahora nadie puede esconderse de la verdad. Nadie puede maquinar la próxima gran mentira si sabe que tal vez sea expuesta.
Y eso es lo mejor que Wikileaks ha hecho. Dios lo bendiga por salvar vidas con sus acciones. Y quien se sume al esfuerzo por apoyar a Wikileaks realiza un verdadero acto de patriotismo. Punto.
Hoy estaré en ausencia al lado de Julian Assange en Londres y pido al juez que le conceda la libertad. Estoy dispuesto a garantizar su retorno al tribunal con el dinero de la fianza que he enviado. No permitiré que esta injusticia quede sin respuesta.
Sinceramente, Michael Moore.

To read this article in English HERE.
* Tomado del portal de Internet:
http://michaelmoore.com/

lunes, noviembre 22, 2010

La guerra, según Bush

En el libro Decision points –que empezó a circular en Estados Unidos– el expresidente George W. Bush describe hechos y decisiones que marcaron su administración, entre ellas las invasiones de Afganistán e Irak y la guerra contra el terrorismo. Reconoce “errores”, pero los justifica: sí autorizó “el submarino” para interrogar a presuntos terroristas, pero lo consideró necesario para obtener información; sí ordenó la invasión a Irak sobre la premisa falsa de que había en ese país armas de destrucción masiva, pero sostiene que hizo lo correcto al derrocar a Sadam Husein…
Bush. Justificaciones.

Alejandro Maciel

SAN DIEGO, 22 de noviembre (Proceso).- Revisé la lista de técnicas de interrogación y había dos que pensé que iban demasiado lejos, aun en el caso de que fueran legales. Pedí a la CIA que no las usaran. La otra técnica era el waterboarding (submarino), un proceso que simula el ahogamiento del interrogado. No me cabe duda que el procedimiento era muy duro, pero los médicos expertos le aseguraron a la CIA que la técnica no provocaba daños permanentes”.

El expresidente de Estados Unidos George W. Bush justifica así la autorización de métodos de tortura que dio a la CIA en marzo de 2002. Lo hace en su libro Decision points, publicado el martes 9: un recuento de los principales acontecimientos que marcaron su administración.

“Cuando el director de la CIA, George Tenet, me pidió autorización para seguir utilizando la técnica del submarino, valoré cuidadosamente esa alternativa. Pensé en las 2 mil 971 personas que fueron arrebatadas a sus familias por Al Qaeda el 11 de septiembre (de 2001) y pensé: demonios, claro que sí”, escribe Bush.

“Bajo mi dirección los abogados del Departamento de Justicia revisaron todos los aspectos legales y concluyeron que el Programa de Técnicas Mejoradas de Interrogación cumplía con todos los preceptos de la Constitución y todas las leyes aplicables, incluyendo aquellas relacionadas con la tortura (…) Las nuevas técnicas probaron ser sumamente efectivas, ya que los prisioneros empezaron a revelar información muy valiosa”, justifica.

No todos están de acuerdo con esas afirmaciones. El exagente de la CIA Robert Baer, quien durante dos décadas estuvo asignado al Medio Oriente, reveló el 19 de abril de 2009 durante una entrevista con MSNBC que los interrogatorios se hacían sin control alguno.

Y sí.

En los memorandos internos de la CIA del 30 de mayo de 2005 se indica que a Khalid Sheikh Mohammed, presunto jefe de propaganda de Al Qaeda, se le practicó el “submarino” 183 veces en marzo de 2003, mientras que al supuesto terrorista Abu Zubaydah se le aplicó la misma técnica en 83 ocasiones en agosto de 2002.

Baer aseguró entonces que “Khalid Sheikh Mohammed quedó al borde de la muerte cerebral y la información que se obtuvo no tenía utilidad alguna”.

Paranoia

A Bush la tragedia del 11 de septiembre de 2001 le cayó, literalmente, del cielo y le permitió reivindicar su imagen, que se encontraba por los suelos después de que llegó a la Presidencia de Estados Unidos en medio de una gran controversia que se resolvió con unos cuantos cientos de votos a su favor en el estado de Florida, donde su hermano era gobernador.

Decision points es un libro de autojustificación y autodefensa del presidente número 43, que en 2008 dejó la Casa Blanca con índices de popularidad muy bajos, sólo ligeramente superiores a los de Richard Nixon, quien fue obligado a renunciar por el escándalo de Watergate.

Bush detalla las horas siguientes a los atentados del 11 de septiembre de 2001. “Empecé a sentir la niebla que cubre la guerra, con reportes contradictorios (...) Había rumores de que habían bombardeado el Departamento de Estado, que había fuego en el National Mall, en Washington; que habían secuestrado un avión de Korean Airlines que se dirigía a Estados Unidos y que había llamadas de amenaza al Air Force One. La persona que había llamado para amenazar el avión presidencial había usado un nombre en código, ‘Ángel’, que muy pocas personas sabían.

“Un reporte que recibí resultó cierto: un cuarto avión había caído en algún lugar de Pennsylvania. ‘¿Lo derribamos o se estrelló?’, le pregunté al vicepresidente Dick Cheney. Nadie sabía nada.”

Bush recuerda que una vez pasada la emergencia de las primeras horas le preguntó a Tenet (director de la CIA) quién estaba detrás de los ataques. “Al Qaeda”, respondió éste.

Las semanas posteriores a los ataques terroristas fueron clave para definir el perfil de la administración de Bush, lo que acarreó profundas consecuencias internas e internacionales.

En los primeros días de octubre de 2001, los estadunidenses –que aún no se reponían de la conmoción por los ataques al World Trade Center– empezaron a sufrir la sicosis de una nueva guerra, pero ahora biológica. La prensa reportó el 2 de octubre de ese año que una persona en Florida había sido infectada por el virus del ántrax. A partir de ese momento decenas de cartas contaminadas con el microorganismo fueron enviadas a las principales cadenas de televisión y a oficinas del Senado.

Estados Unidos entró en paranoia y para Bush toda medida de seguridad era justificada.

“Nuestros servicios de inteligencia en Europa nos dijeron que sospechaban de Irak. Que el régimen de Sadam Husein era uno de los pocos en el mundo que tenía antecedentes de haber utilizado armas biológicas de destrucción masiva y se sabía que en 1995 tenía ántrax”, escribe Bush.

En esos días Tenet informó al presidente que se aproximaba un ataque mayor al del 11 de septiembre de 2001. Le precisó: sería para el 30 o 31 de octubre.

“Ordené al vicepresidente Dick Cheney que saliera de Washington. Yo decidí que debía quedarme en la Casa Blanca. Si era decisión de Dios que muriera en la Casa Blanca, la aceptaba”, afirma Bush.

No hubo ataque alguno. Pero en esos días el procurador general, John Aschroft, dio a conocer el Acta Patriótica. Una legislación que otorgó al gobierno facultades para intervenir llamadas telefónicas, revisar archivos de empresas y ciudadanos, inspeccionar de manera exhaustiva a personas en aeropuertos, intervenir cuentas bancarias y otras medidas que en otras circunstancias se habrían considerado violatorias de los derechos individuales.

La ley fue firmada el 26 de octubre de 2001, 45 días después de los ataques al World Trade Center.

En 2010, una investigación del Departamento de Justicia y del FBI reveló que los ataques con ántrax fueron realizados por el doctor Bruce Ivins, un científico que trabajaba para el gobierno de Estados Unidos y que se suicidó en 2008. El reporte concluyó que Ivins llevó a cabo los ataques por cuenta propia.

La invasión a Irak

Bush inicia el capítulo sobre la guerra contra Irak con la reunión del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca que se llevó a cabo el 19 de marzo de 2003.

Luego reflexiona: “Durante más de un año había tratado de evaluar el tamaño de la amenaza que constituía Irak, pero cuando Don Rumsfeld, secretario de Defensa, me dijo ‘nuestras fuerzas están listas’, me di cuenta de la gravedad del momento (...) El 8 de noviembre (de 2002) ya habíamos obtenido la resolución 1441 de la ONU con una votación unánime de 15 a 0. Sadam tendría una última oportunidad para cumplir con las exigencias de la comunidad internacional. La resolución puso en claro que la responsabilidad de probar que no tenía armas de destrucción masiva ya no era de los inspectores de la ONU, sino de Sadam Husein”.

Ya entonces no había poder humano que lo convenciera de que probablemente Husein no tuviera las armas de destrucción masiva. Bush afirma que los servicios de inteligencia de Estados Unidos aseguraban que el líder iraquí las tenía. Ni siquiera el informe que Hans Blix, jefe de inspecciones de armas de las Naciones Unidas, entregó el 27 de enero de 2003 al Consejo de Seguridad de la ONU logró convencerlo:

“Desde que llegamos a Irak hemos realizado más de 400 inspecciones cubriendo más de 300 sitios. Las inspecciones se han realizado en zonas industriales, depósitos de armas, centro de investigación, universidades, sitios presidenciales, laboratorios móviles, casas privadas, fábricas de producción de misiles, campos militares y áreas agrícolas. Con base en lo visto puedo decir que por nuestra experiencia, Irak ha decidido en principio cooperar con el proceso”, dijo Blix en esa ocasión.

Independientemente del informe Bush ya tenía firmes sus planes de guerra. “El 7 de septiembre de 2002 llamé en Camp David al equipo de Seguridad Nacional para darles a conocer mi decisión. 51 semanas antes nos habíamos reunido en ese mismo sitio para planear la guerra de Afganistán, ahora estábamos ahí, en el mismo salón tratando de encontrar un camino para eliminar la amenaza de Irak. Les di a todos la oportunidad de exponer sus puntos de vista. Dick Cheney recomendó que reiniciáramos el caso contra Sadam, que le diéramos entre 30 y 60 días para cumplir con nuestras demandas. Si no lo hacía, lo desarmaríamos. ‘Es tiempo de actuar’, dijo Cheney. ‘No podemos posponer esto un año más. El régimen de inspecciones no resuelve nuestros problemas’. Colin Powell (secretario de Estado) insistía en una resolución de la ONU. ‘Si llevamos el caso a la ONU podemos obtener aliados; si no, tenemos que actuar de manera unilateral y no tendremos el apoyo internacional para ejecutar nuestros planes militares’”.

Según Bush, las agencias de seguridad estadunidenses clasificaron de la siguiente manera las amenazas a Estados Unidos: Estados que patrocinaban el terrorismo, Estados que eran enemigos jurados de Estados Unidos y Estados con gobiernos hostiles que amenazaban a sus vecinos. “Irak combinaba todas esas amenazas –escribe Bush–. Sadam Husein no era sólo un enemigo jurado de Estados Unidos, había disparado en contra de nuestros aviones, había hecho una declaración celebrando el ataque del 11 de septiembre de 2001 y había intentado asesinar a mi padre”.

Continúa: “A fines de enero (de 2003), durante una visita de Tony Blair (primer ministro de Gran Bretaña), llegamos a la conclusión de que había llegado el momento de que Husein encarara las consecuencias de sus actos. Se introdujo una petición para una segunda resolución de la ONU, para que Blair pudiera enfrentar la presión política de ir a una guerra aliado con Estados Unidos. Por petición de Blair hice un último esfuerzo para persuadir a México y a Chile, miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, para apoyar una segunda resolución.

“Mi primera llamada fue a Vicente Fox. La conversación fue directa. Le dije que quería aconsejarle que no se aliara con la posición francesa que no nos respaldaba. Me dijo que lo pensaría y que me hablaría para darme a conocer su decisión. Pasó una hora, entonces Condi (Condoleezza Rice, asesora de Seguridad Nacional) me dijo que había escuchado en la embajada que Vicente Fox había ingresado a un hospital para una cirugía de espalda. No me volvió a llamar para hablar del tema.

“Mi conversación con el presidente Ricardo Lagos de Chile no fue mejor. Habíamos ya negociado un tratado de libre comercio que esperábamos fuera aprobado por el Congreso, pero la opinión pública en Chile estaba en contra de una potencial guerra, y Ricardo estaba seguro de no apoyarla. Me dijo que deberíamos darle a Sadam otras dos o tres semanas. Le pregunte una vez más cómo iba a votar en la Asamblea de la ONU y me dijo que lo haría en contra.”

El 17 de marzo de 2003, el embajador de Estados Unidos en la ONU, John Negroponte, retiró la propuesta para una segunda resolución del Consejo de Seguridad debido a que no contaba con los suficientes votos para ser aprobada.

“Esa noche dirigí un mensaje a la nación: el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no asumió su responsabilidad, por lo que tendremos que asumirla nosotros. Sadam Husein y su hijo tendrán que salir de Irak en un plazo de 48 horas. Si no lo hace, provocará un conflicto militar...

“En ese momento –recuerda Bush– estaba convencido de que la vía diplomática y la militar habían confluido ya en un mismo cauce y que la decisión de la guerra estaba ya en manos de Sadam.

“El miércoles por la mañana reuní al Consejo Nacional de Seguridad de la Casa Blanca y di la orden de lanzar la operación Irak Freedom. En las dos primeras semanas las cosas ocurrieron tal y como lo teníamos planeado y en menos de 20 días nuestras tropas estaban en Bagdad.”

Todo iba a pedir de boca. “En ese momento Tommy Franks (general en jefe de la invasión a Irak) sentía que había concluido una fase de la guerra y que estaba por empezar otra. Como una forma de mostrarlo, el 1 de mayo de 2003 me subí a un jet militar y aterrice en la cubierta del USS Lincoln y les dije: ‘Americanos, las mayores operaciones de combate en Irak han terminado’. No me había dado cuenta que atrás de mí había una gran lona que decía ‘misión cumplida’, y que estaba dirigida a los marinos que volvían a casa, no a la misión en Irak. Pero fue percibido como una declaración de victoria”.

En efecto, la frase “misión cumplida” se volvió contra Bush cuando las cosas salieron mal en Irak. “Mi discurso hizo claro que estábamos muy lejos de haber terminado, pero todas las explicaciones no pudieron revertir la percepción de que estábamos declarando victoria antes de tiempo. Ese fue un error muy grande”, reconoce.

Luego cuenta que “cuando Sadam no utilizó las armas me sentí aliviado, pero no encontrarlas me sorprendió. Cuando pasó todo el verano sin encontrar ninguna arma, me empecé a alarmar. La prensa empezaba a levantar cada vez con más fuerza la pregunta ¿dónde están las armas de destrucción masiva? Yo me preguntaba lo mismo. Los militares y los equipos de inteligencia me aseguraron que las estaban buscando. Examinaron los lugares en los que Sadam había guardado armas durante la Guerra del Golfo. A través de la CIA seguimos cientos de pistas y denuncias. Buscamos bajo un puente en el río Éufrates, excavamos cientos de millas de túneles y nada...”.

Confiesa: “Sabía que no encontrar las armas iba a cambiar la percepción de la guerra, aunque el mundo era indudablemente más seguro sin Sadam, la realidad es que enviamos a miles de soldados a la guerra basados en una información que resulto falsa. Eso fue un golpe a nuestra credibilidad, a mi credibilidad (…)”.

viernes, julio 02, 2010

Las “guerras secretas” de EU en 74 países y en México

En forma ominosa, el pasado 4 de junio los reporteros Karen de Young y Gregg Jaffe, del The Washington Post, rotativo del establishment estadunidense, refirió que la “guerra secreta” de su país “se ha expandido globalmente” a 75 países, donde las Fuerzas de Operaciones Especiales (FOE) “cumplen un mayor papel”. No es un asunto menor que involucra a México, en la etapa entreguista y aciaga de Calderón Hinojosa.

La fuente proviene de los circuitos civiles y militares de la administración de Obama que “ha expandido en forma significativa una extensa guerra secreta contra Al Qaeda y otros grupos radicales”.

¿Dispondrá el terrorismo islámico sunnita de Al Qaeda –que no pocas veces parece un montaje hollywoodense– de tantos efectivos en los 75 países aludidos y/o intervenidos, entre ellos México? ¿Es de fiar la versión, que parece muy peregrina, de que Al Qaeda opera en México?

En la fase desastrosa para el petróleo mexicano –claro, no para su peculio personal– del regiomontano Fernando Elizondo Barragán, sucesor del michoacano Calderón Hinojosa en la Secretaría de Energía del gobierno foxiano, se había manejado en forma perversa que Al Qaeda podía bombardear las instalaciones de Petróleos Mexicanos. Por fortuna, todo quedó en una broma desinformativa presuntamente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y de sus palafreneros locales (por cierto, muy abundantes y radiactivamente fáciles de identificar), quienes se encargaron de propalar la mentira.

Karen de Young y Gregg Jaffe citan específicamente la incrustación de Filipinas y Yemen, mientras que los “comandantes (sic)” de tales FOE clandestinas comentan sin tapujos que están siendo colocadas en Somalia.

Se desprende el interés de Estados Unidos por dos países –Yemen y Somalia– colindantes del superestratégico Bab Al Mandab (que en árabe significa “la puerta de las lágrimas”, que aplica escrupulosamente el gobierno Obama después de Baby Bush), que busca estrangular el transporte de petróleo con destino a India y China.

Mucha tinta tangencial ha sido derramada por los investigadores periodistas de Estados Unidos, como Seymour Hersh, quien puso en la palestra su operatividad en el Medio Oriente y cuya actividad clandestina se encontraba bajo el control de Dick Cheney, el superhalcón y exvice-presidente de Estados Unidos.

Los reporteros Karen de Young y Gregg Jaffe refieren que ahora, en la etapa de Obama, “existen planes para golpes preventivos (sic) y de represalias en numerosos lugares alrededor del mundo, diseñados para entrar en acción cuando una conspiración (¡super-sic!) ha sido identificada, o después de un ataque ligado a un grupo específico”.

Se infiere que la “conspiración” atentaría contra los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos. Los gobernantes de los países anfitriones –no es descabellado suponer e inferir– muchas veces ni saben de la dinámica que se permea en su soberanía.

Ante todo: ¿sabrán Calderón y el disfuncional Congreso la existencia de las FOE en México y/o se hacen deliberadamente de la vista gorda?

Es nuestra hipótesis, lo ignoran, pero tampoco, en caso de saberlo, dejarían de hacerse de la vista gorda, porque si no Calderón Hinojosa no sería ni panista ni presidente, ni neoliberal ni entreguista: estaríamos hablando de otra persona con diferentes características conductuales en los tres años en los que ha conducido a México al abismo integral. Lo mismo es extensivo al disfuncional Congreso por el que pagamos elevadísimos salarios para que traicionen la Constitución. Que cambien la Carta Magna y luego hablamos, pero mientras esté vigente, entonces, todos los actos que emanan del “síndrome Emilio Gamboa Patrón” –es decir el apotegma infame “a mí me va financieramente de maravilla, aunque el país se disloque” – conducen a la mayor traición: un término caído en desuso por los neoliberales entreguistas quienes harían mejor en eliminarlo de la Constitución para que estén más tranquilos.

Karen de Young y Gregg Jaffe citan específicamente la incrustación de Filipinas y Yemen, mientras los “comandantes” de tales FOE clandestinas están siendo colocados en Somalia.

Se sabe que el comandante de las FOE es el almirante Eric T Olson, quien intenta convencer a tirios y troyanos que las actividades de las FOE son del conocimiento del embajador de Estados Unidos en el país anfitrión y bajo el mando del comandante regional.

¿Sabrá el juvenil embajador Carlos Pascual lo que realizan las FOE en México?

La sede de las FOE se encuentra en Tampa (Florida) y cuenta con un total de 13 mil efectivos. En Pakistán están adscritos alrededor de 300. ¿Cuántos operan en México?

Viene la apología de las FOE por los reporteros del The Washington Post: “Una ventaja de usar fuerzas secretas para tales misiones es que raramente se discuten sus operaciones en público”. Muchas veces, el mismo embajador de Estados Unidos en el país afectado y/o asignado (dependiendo de los gustos y sustos) no llegaba a enterarse de las operaciones clandestinas de las FOE, lo que llevaba a colisiones entre el Departamento de Estado y el Pentágono, que se exacerbaron en la aciaga etapa bushiana.

¡Cómo se van a discutir si, la mayor parte de las veces, los países anfitriones expuestos por su enorme primitivismo tecnológico ni siquiera entienden la capacidad de golpeteo cibernético de las FOE!

Según la confesión de un militar de alto rango sin identificar (el viejo truco), el gobierno de Obama ha ido más lejos que Baby Bush en su permisividad clandestina, cuando las FOE gozan de picaporte en las reuniones de la Casa Blanca.

Más allá de los consabidos golpes militares unilaterales y/o represalias, las actividades de las FOE incluyen el “entrenamiento de las fuerzas locales de contraterrorismo y hasta las operaciones conjuntas”. En México, ¿cuál “contraterrorismo”, al menos que ahora se confunda con el polémico narcotráfico?

John O Brennan, director de “contraterrorismo” de la Casa Blanca, comentó que Estados Unidos no responderá únicamente a posteriori, sino que llevará el combate en forma preventiva hasta las entrañas de Al Qaeda doquiera se ubique.

Así las cosas, con el petate del muerto de Al Qaeda –sea o no un montaje hollywoodense–, Estados Unidos puede avanzar su agenda oculta que cada vez es más visible: golpear donde sea los intereses del grupo emergente del BRIC (Brasil, Rusia, India y China).

Las FOE de elite provienen de las cuatro ramas del ejército; no se indica su número por país, pero ha de ser cualitativa y semicuantitativamente selectivo, además de “especial”, para que se desplieguen en 75 países en forma simultánea.

Se sabe más sobre el incremento a su presupuesto selectivo: 5.7 por ciento para 2011 y, sumado del aumento de 2010, significa una elevación de casi 10 mil millones de dólares. Ahora se entiende por qué son tan “especiales” las FOE y la razón por la cual forman parte de la “estrategia de seguridad global” de la nueva “doctrina Obama” (ver Bajo la Lupa, La Jornada, 16 de junio de 2010).

Seis días después a la ominosa filtración del The Washington Post, Wayne Madsen Report fustiga los escuadrones de la muerte de Obama y cita los 75 países que omitieron “los estenógrafos del The Washington Post” y entre quienes de forma perturbadora se encuentra México. Wayne Madsen Report recuerda que el rotativo estadunidense omitió publicar también los sitios de tortura “negra” y detención de la CIA en varios países de Europa del Este (desde Polonia hasta Rumania).

La lista de países donde se libran las guerras secretas de Estados Unidos (incluido México):

Independientemente de que el gobierno de Obama deberá explicar a potencias de la talla de Rusia y China su perversa penetración, llama poderosamente la atención su presencia en tres países de nuestra América Latina: Colombia, México y Venezuela. ¿Estarán enterados Calderón Hinojosa y el Congreso? En caso negativo, ¿qué van a hacer? En caso afirmativo, ¿qué vamos a hacer los ciudadanos?

domingo, junio 13, 2010

Shocking New Report: The CIA Performed Human Experiments on Prisoners Under Bush

A new report details how the effects of torture on detainees were closely studied in order to perfect 'enhanced interrogation techniques.'

A US military trooper standing in front of an old airplane hangar used for media activities at Camp Justice, site of the US war crimes tribunal compound at Guantanamo Bay US Naval Base, Cuba, in 2009. President Barack Obama appears near a compromise to allow military tribunals to move forward for the alleged September 11 plotters in exchange for a deal to close Guantanamo Bay.Photo Credit: AFP/Pool/File - Brennan Linsley

AlterNet / By Stephen Soldz

Over the last year there have been an increasing number of accounts suggesting that, along with the CIA's "enhanced interrogation" torture program, there was a related program experimenting with and researching the application of the torture.

For example, in the seven paragraphs released by a British court summarizing observations by British counterintelligence agents of the treatment of Binyan Mohamed by the CIA, the first two of these paragraphs stated:

It was reported that a new series of interviews was conducted by the United States authorities prior to 17 May 2002 as part of a new strategy designed by an expert interviewer….

BM had been intentionally subjected to continuous sleep deprivation. The effects of the sleep deprivation were carefully observed. [emphasis added]

The suggestion was that a new strategy was being tested and the results carefully examined. Several detainees have provided similar accounts, expressing their belief that their interrogations were being carefully studied, apparently so that the techniques could be modified based on the results. Such research would violate established laws and ethical rules governing research.

Since Nazi doctors who experimented upon prisoners in the concentration camps were put on trial at Nuremberg, the U.S. and other countries have moved toward a high ethical standard for research on people. All but the most innocuous research requires the informed consent of those studied. Further, all research on people is subject to review by independent research ethics committees, known as Institutional Review Boards or IRBs.

In the U.S., there was a major push toward more stringent research ethics when the existence of the Tuskegee Syphilis Study was publicly revealed in the early 1970s. In that study nearly 400 poor rural African-American men were denied existing treatment for their syphilis, and indeed, were never told they had syphilis by participating doctors. The study by the U.S. Public Health Service was intended to continue until the last of these men died of syphilis. When the study became public the resulting outcry helped cement evolving ethical standards mandating informed consent for any research with even a possibility of causing harm. These rules were codified in what has become known as the Common Rule, which applies to nearly all federally-funded research, including all research by the CIA.

Experiments in Torture

A new report of which I am a coauthor, Experiments in Torture: Evidence of Human Subject Research and Experimentation in the "Enhanced" Interrogation Program, just released by Physicians for Human Rights (PHR) confirms previous suspicions and provides the first strong evidence that the CIA was indeed engaged in illegal and unethical research on detainees in its custody. The report, the result of six months of detailed work, analyzes now-public documents, including the "torture memos" from the Justice Department's Office of Legal Counsel and the CIA's Inspector General Report and the accompanying CIA Office of Medical Services (OMS) guidelines for monitoring of detainees.

To read the article HERE.

viernes, mayo 28, 2010

Trasnacionales petroleras devastan el Golfo


Autor: Alfredo Jalife-Rahme / Revista Contralìnea

Antecedentes. Una de las mayores devastaciones ambientales del Golfo de México –que mide alrededor de las tres cuartas partes del territorio mexicano y el equivalente a Irán–, en las cercanías de la costa de Louisiana y Florida, ya superó la catástrofe del Ixtoc en Cantarell, Campeche, acontecida en 1979 durante el sexenio de José López Portillo.

Coincidentemente, la plataforma alquilada por Petróleos Mexicanos (Pemex) en 1979 pertenecía a Sedco (Southeast Drilling Company), que, luego de sus hazañas devastadoras contra el medio ambiente en el Golfo de México, se fusionó con Transocean, la cual es puesta de nuevo en la picota 31 años después por la explosión de la plataforma perforadora –alquilada por la británica BP– que otra vez amenaza la vida marina y los nichos ecológicos en las costas de Louisiana y Florida.

Sedco, bendita con diferentes lavados bautismales financieros (luego fusionada con Transocean), formó parte de la muy controvertida empresa pirata texana Schlumberger, de la que uno de sus múltiples directores es nada menos que Adrián Lajous Vargas, director de Pemex con Zedillo, quien lo despidió debido a las presiones de la Contraloría por sus malos manejos. La pista de Lajous Vargas es fundamental para entender muchas cosas sobre las perforaciones que han pasado en las aguas profundas del Golfo de México. All Business (22 de diciembre de 1999) señala que Lajous fue "ampliamente culpado por sus errores estratégicos en la expansión del complejo de perforación en Cantarell (Sonda de Campeche)", y concluye que "Lajous fue puesto en la picota por haber premiado al grupo estadunidense Bechtel con un contrato sin licitación por la expansión de Cantarell". Con razón Lajous es tan cotizado y tan premiado por las trasnacionales anglosajonas que, hay que reconocer, no son mal agradecidas.

Este recordatorio macabro no es ocioso: exhibe la genealogía criminal de depredación ambiental de las piratas perforadoras texanas en "aguas profundas", específicamente de parte de Sedco/Schlumberger/Transocean a lo largo y ancho del Golfo de México, en los pasados 31 años desde la catástrofe del Ixtoc (Campeche) hasta la más reciente de la plataforma Deepwater Horizon, que ha causado conmoción internacional.

Hechos
Los Angeles Times (1 de mayo de 2010) ha sido muy generoso en resumir la culpabilidad criminal de las piratas perforadoras texanas Halliburton y Transocean/Schlumberger, quienes, además de la consuetudinaria criminal ambiental BP, han sido citadas a audiencias públicas por el Congreso de Estados Unidos, aterrado por los alcances de la devastación ambiental en el Golfo de México, a unos meses de las cruciales elecciones legislativas de noviembre.

La criminalidad ambiental de la texana Halliburton –de la que fue director nada menos que el multiasesino exvicepresidente bushiano Dick Cheney– es ampliamente reconocida y no constituye novedad alguna cuando sus hazañas bélicas en la guerra de Irak han sido plenamente detalladas.

No es la primera vez que la pirata texana Halliburton es colocada en la picota por sus fallas en la "cimentación" de las plataformas en aguas profundas, cuando ha sido señalada de realizar un muy pobre trabajo de "cimentación" en el caso de una magna explosión en las aguas del Mar de Timor, cerca de Australia.

Todavía no se cerraba la investigación del caso en el Mar de Timor cuando la pirata texana depredadora Halliburton fue alcanzada por el destino de la explosión y devastación del Golfo de México.

De nuevo volvió a fallar la "cimentación" de Halliburton con la plataforma Deepwater Horizon, alquilada por alrededor de 500 mil dólares al día a la depredadora británica BP, a quien también le proveyó parte de su averiado equipo de perforación.

La propietaria de la plataforma Deepwater Horizon (construida por la surcoreana Hyundai Heavy Industries) es Transocean/Schlumberger y tenía un valor de 560 millones de dólares, que seguramente está asegurada. Lo que carece de seguros es la devastación ambiental de la que son culpables las piratas perforadoras texanas Halliburton y Transocean/Schlumberger, así como la británica BP.

Llama la atención que BP le haya echado la culpa del daño ambiental en el Golfo de México a la texana Transocean/Schlumberger.

Se encuentran también en tela de juicio por el Congreso estadunidense "lo adecuado", así como el "monitoreo e inspección de la cimentación" de Halliburton.

Sobre Halliburton se puede escribir una enciclopedia del terror estatal y ambiental; así como de la también criminal depredadora británica BP, que reincide contumazmente en afectar la biosfera. BP es la cuarta mayor trasnacional privada de petróleo del mundo y la primera empresa británica en términos de capitalización de mercado.

Además de otros crímenes ambientales muy bien documentados en su larga trayectoria depredadora, la reincidente BP ha sido acusada por los aborígenes cree de Canadá de ser "cómplice del mayor crimen ambiental del planeta" –esto antes de la explosión de la plataforma Deepwater Horizon en el Golfo de México–, debido a la extracción de petróleo bituminoso (tar sand) que produce cuatro veces más bióxido de carbono que las perforaciones convencionales.

Hasta aquí podemos sintetizar que ninguna de las tres depredadoras ambientales indiciadas –las piratas texanas Halliburton y Transocean/Schlumberger, así como la británica BP– es novicia en su adicción por la criminalidad ambiental. Lo más grave para los mexicanos radica en que dos de ellas, las dos piratas texanas trasnacionales, realizan obras para Pemex.

La opinión pública conoce extensamente las devastaciones de la texana Halliburton, pero ignora los alcances de los incalculables daños históricos de Transocean/Schlumberger, la mayor perforadora del mundo durante 31 años en el Golfo de México –desde el Ixtoc hasta Deepwater Horizon–, quizá debido a su mimetismo financiero constante (¿para evadir al fisco?) que le ha permitido transmutarse con varios nombres y apellidos: Sedco, Sonat Inc, Schlumberger, Global Santa Fe Corporation, etcétera.

Cabe señalar que Transocean/Schlumberger cuenta con una flota de 136 embarcaciones y más de 25 mil empleados –¡un verdadero ejército trasnacional!– y su principal oficina, de las 20 que ostenta en el mundo, se encuentra en Houston, Texas.

Lo interesante radica en que –insistimos, quizá para efectos de evasión fiscal– en fechas recientes haya movido su "centro corporativo" de las Islas Caimán (un paraíso fiscal británico) a Zug, Suiza.

Destaca que, el año pasado, Pemex haya premiado a Schlumberger, Ltd, con un contrato por 687 millones de dólares para perforar 500 pozos en Chicontepec. Halliburton posee también controvertidos contratos para perforar en el mismo lugar.

Por cierto, los resultados en Chicontepec han sido criticados por la Comisión Nacional de Hidrocarburos, engendro disfuncional burocrático y parasitario surgido de la reforma energética calderonista, en colusión con la tripleta priista Beltrones-Labastida-Gamboa y los Chuchos filiopanistas.

Pareciera que el muy polémico proyecto multimillonario de Chicontepec está destinado por Pemex a gratificar en forma parasitaria –sin mediar licitaciones públicas– a las piratas perforadoras texanas Halliburton y Schlumberger, Ltd.

Ahora se entiende la razón por la cual obtiene excelentes resultados financieros Schlumberger, quien al primer trimestre del año descolgó 5 mil 600 millones de dólares en ganancias.

¿Subsidia Pemex a Schlumberger? ¿Qué tratativas bajo la mesa existirán entre ambas entidades? ¿Se adelantan ambas a los repartos del "tesoro" en las aguas profundas del Golfo de México?

Esas preguntas no son ociosas cuando ha emergido el inolvidable nombre de Adrián Lajous Vagas, director de Pemex con Zedillo y alto funcionario de la paraestatal con Miguel de la Madrid Hurtado y Carlos Salinas de Gortari.

Cabe recordar que su padre homónimo fue director del Instituto Mexicano de Comercio Exterior durante el sexenio de López Portillo y cuyo edificio pasó a la historia como "la torre de la devaluación".

Lo interesante no radica en que la familia Lajous, padre e hijo –sin espíritu santo–, haya vivido del presupuesto federal durante un cuarto de siglo, ni siquiera en la aciaga gestión del controvertido exdirector de Pemex, sino en las funciones que desempeñó Lajous Vargas, con posterioridad a su precipitado despido, en varias trasnacionales anglosajonas de energía señaladas como dañinas al interés patrimonial y a la seguridad nacional de nuestro país.

Un reporte del 7 de abril del presente año de Security and Exchange Commission (la reguladora bursátil de Nueva York) señala el estratosférico monto de acciones que detenta Adrián Lajous Vargas, uno de los directores de Schlumberger.

Suena relevante que Adrián Lajous Vargas se defienda pies y boca arriba de ser "director" y accionista de Schlumberger, cuando su biografía actualizada hasta el 6 de mayo del presente año, elaborada por la agencia de noticias de negocios y finanzas Bloomberg Businessweek, sitúa al controvertido exdirector de Pemex como el multiusos privilegiado de las trasnacionales energéticas texanas y británicas, además de las financieras anglosajonas.

¿Qué tiene que hacer en forma tan descaradamente promiscua un exdirector de Pemex con tantos puestos muy bien remunerados en las trasnacionales anglosajonas y texanas? ¿Qué tantos secretos de Pemex habrá proveído Lajous Vargas a las trasnacionales anglosajonas y texanas?

Vale la pena sintetizar brevemente la biografía energética y financiera de Lajous Vargas realizada por Bloomberg Businessweek para ubicar los alcances de su presunta labor socavadora y demoledora de Pemex, del que fue director y alto funcionario, en beneficio de las trasnacionales anglosajonas y texanas.

Sólo en referencia a su función en Schlumberger, además de ser uno de sus principales accionistas, Lajous Vargas es su "director desde 2002, miembro del Comité de Auditoría, miembro del Comité de Compensación y Miembro del Comité de Gobernación y Nominaciones". !Oh, la, la, la!

Aún hay más, como diría aquel popular locutor dominical vespertino: "Presidente de Oxford Institute for Energy Studies, director de la texana Trinity Industries Inc, director de Ternium, SA, director de Grupo Petroquímico Beta, consejero prominente de energía de la texana McKinsey & Company, y consejero prominente de energía del banco neoyorquino Morgan Stanley".

Bloomberg Businessweek comenta las "conexiones" multifuncionales y multisectoriales de Adrián Lajous: "Vinculado a 29 miembros de consejos de administración en tres diferentes organizaciones a través de cuatro industrias diferentes". !Uf!

Llama asombrosamente la atención que Adrián Lajous Vargas mantenga, como pulpo, tanta función simultánea desde México.

¿Es Adrián Lajous Vargas uno de los presuntos y múltiples caballos de Troya colocados por la trasnacionales texanas-anglosajonas y radicados en las entrañas de México para privatizar Pemex?

No es nada improbable que Adrián Lajous Vargas represente uno de los principales puentes y/o bisagras y/o intersecciones de la entrega de Pemex para privatizar los hidrocarburos de México a las trasnacionales texanas y/o anglosajonas: las supremas depredadoras ambientales del Golfo de México, del lado mexicano y estadunidense, desde hace 31 años.

¿No será, acaso, que la contaminación financiera antecede la criminal devastación ambiental?

Las hazañas de Schlumberger, anterior integrante de la depredadora ambiental Transocean, parecen así indicarlo.

Fuente: Contralínea 182 / 16 de mayo de 2010