martes, julio 22, 2008

Neoliberalismo a la mexicana y el TLC

Dr. Eugenio R. Balari

I
Ni clásico, ni tardío, ni transparente desde sus antecedentes, con muchas expectativas creadas e innumerables cartas escondidas comenzó a fraguarse en estos últimos tiempos la política neoliberal a la mexicana.
Desde décadas anteriores y de forma gradual se fue desarrollando en México una nueva corriente de carácter neoliberal, la que vino a formalizarse y entrar en vigor hace aproximadamente tres quinquenios, bajo el atractivo diseño y velo de un Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos de Norteamérica y Canadá.
La mayoría de los países de América Latina y el Caribe, sintieron desde los inicios del neoliberalismo cierta envidia hacia México por su cercanía con los EEUU y la firma del famoso TLCAN que, supuestamente, la favorecería en sus necesidades apremiantes de desarrollo y bienestar ciudadano y todo ello parecía muy lógico y positivo.
Entre otras razones influían los cantos de sirenas que a través de los medios masivos hacían los poderosos, anunciando bonanzas para el país y la región con sus políticas de liberalización económica, las que debían enterrar en el corto o mediano plazo a las anteriores de carácter proteccionistas, industrialistas o de sustitución de importaciones.
Se decía en aquel entonces, que de adoptarse las nuevas tendencias neoliberales que se deseaba poner en marcha en la región por el capitalismo, pero utilizando a México como punta de lanza del iceberg, se garantizaría crecimiento económico y un mayor bienestar a la ciudadanía.
Igual o parecido fue lo que se dijo a la población en México para establecer el famoso Tratado de Libre Comercio (TLC), entre USA, Canadá y la tierra azteca.
Cuando analizamos los postulados del Tratado, podemos llegar a pensar incluso que éste sería algo beneficioso, porque ofrecía la posibilidad de desarrollar vínculos más estrechos con países tan cercanos territorialmente y mucho más desarrollados económica y socialmente que nosotros.
Esa era la ilusión, tenía cierta lógica y además era atractivo el asunto.
No faltaba tampoco cierta justificación para pensar de ese modo, ya que si leemos determinados objetivos que se enunciaban perseguir y que aparecen en el texto del artículo primero del TLC, veremos que se proponían ciertas medidas que podían ser de utilidad económica para el país.
El Tratado, como se sabe, comenzó a funcionar en 1994 y entre sus diferentes propósitos aparecen cuestiones tan significativas como estas que resumidamente reseño:
La eliminación de obstáculos a la circulación y facilitar el comercio transfronterizo entre las partes.
Proteger las condiciones de una competencia leal.
Elevar las posibilidades de inversiones en los respectivos territorios de los participantes del Tratado.
En el transcurso de los años se fueron implementando de manera gradual los diferentes acuerdos adoptados en el TLC, así como sus reglas y otros determinados acuerdos y principios.
Sin embargo, cabría preguntarse, ¿cuáles han sido los resultados positivos para México con su integración al TLC?
Algo de ello comentaremos en el próximo trabajo sobre el tema.
Sin embargo, mi modesta valoración me inclina a poder decir, apoyándome sobretodo en el análisis nada boyante del comportamiento de la economía mexicana, de sus ritmos, tendencias y su futuro incierto, que el TLC no ha traído prosperidad ni un crecimiento económico sostenido para México, quizás todo lo contrario.
Si a ello sumamos los críticos y traumáticos problemas sociales a que se enfrenta la actual sociedad mexicana, no quedan muchas dudas por despejar, pero ello será objeto de un próximo y más específico trabajo sobre esta cuestión.

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