martes, octubre 20, 2009

Heroísmo de las mujeres indígenas

Barómetro Internacional

Por Carmen Hernández

El 12 de Octubre de 1492, día que Cristóbal Colón llegó a la pequeña isla del continente americano conocida como Guanahani, (San Salvador, Bahamas) y tomó posesión ilegal de la ínsula en nombre de Dios, de los Reyes de Castilla y de una religión, no ocurrió ningún descubrimiento como se ha pretendido afirmar para ocultar el más grande genocidio en la historia de la humanidad que generó la muerte de 20 millones de indígenas, la desaparición de centenarias civilizaciones, el saqueo de sus riquezas y la destrucción de sus culturas, sino que marcó el punto de partida de la resistencia indígena que pese a ser sofocada a sangre y fuego, habría de culminar tres siglos después con una rebelión que sepultó para siempre al imperio español.

La mayoría de los historiadores han denominado de manera simplista por no decir equivocada ese día como el del "Descubrimiento" y designado como la etapa de los "descubrimientos menores" a todas las expediciones que a partir de esa fecha y hasta 1526, realizaron los navegantes y aventureros españoles que invadieron las islas del mar Caribe y de la costa de la tierra firme venezolana. Obviando, que esos espacios y otros más al norte y al sur estaban habitados en algunos casos por civilizaciones como la azteca, la inca, la chibcha y otras extinguidas como la maya, tan avanzadas como la del viejo continente. Hasta ahora, intentan enmendar el error indicando fue "un encuentro de dos culturas" como si se trató de un pacífico acto protocolar ajeno a toda acción destructiva y genocida.

Colón y su ejército de forajidos encontraron también una feroz resistencia de mujeres y hombres indígenas. En tierras venezolanas al norte de Barquisimeto en la tierra cálida y seca de Ana Soto; indígena convertida luego en cacica por su intrépida bravura, jefa gayón y de los camagos forma parte de esa legión del heroísmo de las mujeres indígenas, primeras en el suelo en que nacieron en enfrentarse al dominio colonial español. La aguerrida y astuta Orocopay, demostró gran valor y resistencia al coloniaje. Las heroicas Apacuana y Urimare quienes también resistieron con gran valentía la invasión de sus tierras, son solo algunas de las indígenas que en tierra venezolana no se rindieron y pagaron con sus vidas revelarse a las pretensiones del imperio español.

Otra de las primeras mujeres que enfrentó a los invasores colonialistas en la isla La Española (hoy Haití) fue la cacica Anacaona, de Jaragua. Luego de un período de conciliación para evitar una masacre de su gente, Anacaona se rebeló, siendo apresada en una celada tendida por los españoles y luego colgada. Primeras en la línea de la resistencia a los españoles en Colombia fueron las cacicas Gaitana, Ague y Ayunga, aunque algunas traicionaron a su pueblo colaborando con los conquistadores, como la Malinche de Hernán Cortés.

Las mujeres indígenas intervinieron masivamente en las luchas por la tierra y en defensa de su etnia. Desde Guacolda hasta Micaela estuvieron junto a su pueblo combatiendo a los colonizadores.

Otra destacada mujer fue Micaela Bastidas, compañera de Tupac Amaru, de clara estirpe indígena, combatió en la gran insurrección de 1780: “Toda la vida compleja de la retaguardia indígena estaba a su cargo”. Cuando Tupac vaciló en avanzar sobre el Cuzco, después del triunfo de Sangarará sobre los españoles, Micaela incitó a su compañero a marchar rápidamente sobre la antigua capital de los incas: “como doña Micaela no era una persona que se satisfacía con dar consejos únicamente, personalmente asumió el papel de reclutar gente para rodear poco a poco el Cuzco.

Corresponde añadir que ésta no fue la única acción netamente militar emprendida por Micaela Bastidas. Toda vez que peligraba la rebelión, o lo creía necesario, acaudillaba huestes indígenas. Además de Micaela Bastidas, en la rebelión de Tupac Amaru participó activamente Bartolina Sisa, compañera de Julián Apasa. Juntos sitiaron La Paz durante cuatro meses, al frente de más de 40.000 indígenas, poniendo en jaque al Estado colonial.

Lorenza Abimañay, nacida en un hogar indígena de la zona del Chimborazo (Ecuador), siguió el camino de lucha de otras mujeres de su pueblo, como Rosa Señapanta, Margarita Ochoa, Baltazara Chuiza y Margarita Pantoja. En 1803, Lorenza Abimañay, junto con Jacinta Juárez y Lorenza Peña, encabezó una rebelión de 10.000 indígenas en Guamote y Columbe (Ecuador) en contra de la tributación, al grito de “sublevémonos, recuperemos nuestra tierra y nuestra dignidad” Aplastada la rebelión, Lorenza fue degollada junto con Cecilio Tanday y Valentín Ramírez “para que se perpetúe la memoria del castigo aplicado”, según rezaba la sentencia dictada por las autoridades de la Real Audiencia de Quito.

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