martes, marzo 30, 2010

Columna Asimetrías ¿Estamos Atrapados?

Por Fausto Fernández Ponte






30 marzo 2010

“Es cierto que tenemos ´peste gobierno porque no hemos sabido pelear por lo nuestro”.

María de Lourdes Ramos Orozco

I

La percepción ciudadana, ante la desintegración a ojos vistas del poder político (o al menos la vertiente ejecutiva) del Estado mexicano es la de que estamos atrapados, sin posibilidades de desasirnos de nuestros grilletes y tenazas y cepos y la cuna de Judas.

Ésta última --la cuna de Judas— es un dispositivo utilizado por la Inquisición (institución de la que fue titular, antes de ser jefe del Estado Vaticano, el Papa Ratzinger) que consiste en colgar de las muñeca a una persona y dejarla caer.

Más no caía sobre el piso, sino sobre una pirámíde cuyo ápice era puntiagudo, de modo que le hería el escroto o el recto o la vagina. No era un instrumento para matar, sino para coaccionar alguna confesión o castigar, aunque la víctima moría por infección.


La torturada sociedad mexicana ha sido llevada a esa trampa de la cual, a la luz de un registro aparente de la realidad, no puede desasirse. El torturador es el poder político del Estado. Ese poder político es a la vez perpetrador intelectual y material.

II

Bajo ambas tipíficaciones, ese poder político (panista, priísta, perredista, etc.) del Estado ha desatado por miopía fuerzas que nadie controla: las de la anarquía y el caos –la anomia--, indicadores de una decadencia desintegradora muy peligrosa.

Los peligros son predecibles y, ergo, identificables: tras algún tiempo de anarquía y caos, emergerá una dictadura, inspirada en ideologías de la extrema derecha, civil o militar y movida por la premisa de “restablecer el orden”. Será incluso bien recibida.

Pero esa recepción favorable duratrá corto tiempo. La dictadura de derecha –al igual que una de izquierda— mostrará sus babeantes fauces, afilados colmillos y hediondo aliento. Y volveremos a la anarquía y al caos. La historia da claros ejemplos de ello.

Cualesquier soluciones vendrán del pueblo mismo, no de los políticos ni los militares ni los grupos paramilitares –narcos, Zetas, etc.-- ni de poderes fácticos. La debacle es secuela de nuestra indiferencia; nosotros debemos resolverla. No hay otra alternativa.

III

¿Cómo puede el pueblo resolver su situación tan sometida, atormentada y afligida y, sin duda, lacerante? ¿Tomando las armas para derrocar al poder político panista, priísta, perredista, etc., del Estado? ¿Mediante la movilización protestataria de masas?

¿O por la vía electoral? ¿O la desobediencia civil pacífica, que implicaría huelga nacional de pagos de impuestos y demás exacciones por servicios públicos y bienes (como la gasolina) que debieren ser gratuitos, y boicotear el consumo de ciertos productos?

En el contexto de gran peligro de anarquía y caos y desintegración del poder político y el vacío de autoridad moral en el que éste trata de pervivir, hay indicios de una toma de conciencia social de la realidad que conduciría a modificar el statu quo opresivo.

Hace apenas unos meses, esa toma de conciencia era lejana, pero se ha ido concretando porque su catalizador es la realidad misma. En la anarquía y el caos, sólo organizándonos podemos diseñar un plan para erradicar los peligros del statu quo.

ffponte@gmail.com

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