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domingo, octubre 16, 2011

Las MENTIRAS del IMPERIO....

*Holder: fue desactivado; el embajador saudiárabe, el blanco

Ligan en EU a cártel mexicano en "complot iraní"

*El sicario era informante de la DEA, revela el fiscal estadunidense

David Brooks, corresponsal, y Patricia Muñoz Ríos

Eric Holder, procurador general de Estados Unidos, acompañado de Robert Mueller, director de la FBI, da pormenores del plan iraní para matar al embajador saudita.

Aristegui - Frustran Ataque Terrorista Contra Embajador Saudita (Anabel Hernandez)

http://youtu.be/gM7IxUSBDcc


http://youtu.be/Fj52rHqmF50

"Atentado" Frustrado Contra Embajador De Arabia Saudi 13-10-11 NOTICIAS MVS

http://youtu.be/Z6RulbjI8So


http://youtu.be/ZqHTPBg8GS4


http://youtu.be/8M_2KzzfDHw

viernes, abril 01, 2011

Medio Oriente: la contrarrevolución de Obama

Las rebeliones en Medio Oriente dejaron estupefactos a los países de Europa Occidental y a Estados Unidos. No supieron cómo reaccionar ante las primeras sublevaciones. Ahora ya lo saben: intervenir para sofocar la revuelta y poner a un gobierno que garantice la protección de sus intereses

Thierry Meyssan / Red Voltaire

Luego de cierto titubeo sobre qué hacer ante las revoluciones árabes, la administración de Barack Obama se decide por el uso de la fuerza como medio de salvar a aquéllos de sus vasallos que aún puedan tener salvación. Al igual que en el pasado, es Arabia Saudita quien recibe la misión de dirigir la contrarrevolución. Riad ha logrado que la comunidad internacional reconozca a sus peones libios en detrimento de los sublevados y ahora acaba de invadir Baréin, ahogando en sangre la sublevación popular.

Después de reunirse en París con tres emisarios de la rebelión, el presidente francés Nicolas Sarkozy anunció, el jueves 10 de marzo de 2011, que Francia ya no reconocía al régimen del coronel Gadafi como representante de Libia, sino al Consejo Nacional Libio de Transición (CNLT).

Se trata, en este caso, de un acto contrario a toda la tradición diplomática de Francia que, hasta ahora, nunca había reconocido gobiernos, sino Estados. El 4 de diciembre de 2010, Francia había reconocido a Alassane Ouattara como presidente de Costa de Marfil, en lugar de Laurent Gbagbo.

En el caso de este país, la mayoría de la comunidad internacional imitó la decisión de París, que espera provocar ahora una reacción similar respecto de Libia. Sin embargo, nadie puede dejar de notar que las decisiones del presidente Nicolas Sarkozy no responden a los intereses de Francia –cuyas empresas están siendo expulsadas de Costa de Marfil y no tardarán en ser igualmente expulsadas de Libia–, sino que han sido tomadas en respuesta a pedidos expresos de las administraciones del presidente estadunidense Obama y del primer ministro israelí Netanyahu.

Dos operaciones se desarrollan de forma simultánea: el desplazamiento del dispositivo militar estadunidense hacia África y el salvamento de los regímenes títeres en el mundo árabe.


Meter las tropas imperiales en África

Como se ha explicado desde hace cuatro años y medio, la victoria de la resistencia libanesa ante Israel en el verano de 2006 puso fin a la estrategia estadunidense de rediseño del Medio Oriente ampliado. A pesar de diversos intentos, como la “mano tendida” de Barack Obama en su discurso de El Cairo, Washington no ha logrado elaborar su estrategia de repuesto. Todo parece seguir como antes, pero, en realidad, Estados Unidos se está desentendiendo poco a poco de esa región.

Después de todo, las reservas petrolíferas del Medio Oriente están en declive, y una intromisión militar, masiva y costosa sólo reporta beneficios a largo plazo, por lo que Washington mira actualmente hacia otras latitudes. Luego de haber estudiado la posibilidad de concentrarse en el Caribe, Estados Unidos mira ahora hacia África. Tiene que apurarse porque, en 2013, el 25 por ciento del petróleo y de las materias primas que se consuman en Estados Unidos saldrá del continente negro. Definitivamente convencido por los trabajos del instituto de reflexión y propaganda israelí, Institute for Advanced Strategic & Political Studies, Washington ha acelerado la creación del Africom.

El verdadero poder que está gobernando Estados Unidos –desde el golpe de Estado del 11 de septiembre de 2001– puso a Barack Obama en la Casa Blanca, y al general William E Ward, en el Africom.

El senador de origen kenyano Barack Obama trabajó activamente en la creación de ese dispositivo. Emprendió una gira especial por África en agosto de 2005, que terminó con una rendición de cuentas en la sede del Africom, en Stuttgart. El senador Obama se ocupó entonces especialmente de los intereses de las firmas farmacéuticas en el continente negro y de los preparativos para la división del territorio de Sudán.

El general Ward, por su parte, no es simplemente un negro estadunidense, sino que es también el exresponsable de la ayuda estadunidense de seguridad a la Autoridad Palestina, es decir fue el coordinador de seguridad entre Mahmud Abbas y Ariel Sharon. Estuvo a cargo de la aplicación de la “hoja de ruta” y de la retirada unilateral de las fuerzas israelíes de Gaza –anterior a la construcción del muro de separación, a la división de los territorios palestinos en dos (Gaza y Cisjordania) y a su transformación en “bantustanes” separados entre sí.

El conflicto de Costa de Marfil entre Laurent Gbagbo, electo por la mayoría de la población nacional, y Alassane Ouattara, que goza del apoyo de una minoría local y de los inmigrantes originarios de Burkina Fasso, marca el inicio del plan de “rediseño de África”. Falta encontrar una puerta de entrada para las tropas imperiales, ya que todos los Estados africanos han expresado oficialmente su oposición al despliegue del Africom en territorio africano. Es en este punto que interviene la sublevación libia.

La ola de oposición al imperialismo que viene sacudiendo el mundo árabe desde diciembre de 2010 ha provocado la caída del gobierno de Saad Hariri en el Líbano, la fuga de Zine el Abbdine Ben Ali en Túnez, la caída de Hosni Mubarak en Egipto, disturbios en Yemen, en Baréin y en Arabia Saudita, y enfrentamientos en Libia. En este último, el coronel Muamar el Gadafi se apoya en los khadafa (tribu del centro del país) y en la mayoría de los makarha (tribu del Oeste) y se enfrenta a una amplia coalición que, además de los warfala (tribu del Este), incluye tanto a monárquicos prooccidentales como a integristas wahhabitas y revolucionarios comunistas o khomeinistas.

Washington ha transformado esta insurrección en una guerra civil: los mercenarios africanos de la empresa israelí CST Global llegaron en auxilio de Gadafi, mientras que los mercenarios afganos de los servicios secretos de Arabia Saudita arribaron para apoyar a los partidarios de la monarquía y grupos islamistas etiquetados como Al Qaeda.

Además de los combates, esta situación provoca una crisis humanitaria internacional: en dos semanas, 230 mil inmigrantes han huido del país (118 mil hacia Túnez, 107 mil hacia Egipto, 2 mil hacia Níger y 4 mil 300 hacia Argelia).

Esta cruel situación justifica una nueva “guerra humanitaria”, según la gastada terminología de la propaganda atlantista.

El 27 de febrero, los sublevados fundan el CNLT. Por su parte, el ministro de Justicia Mustafa Mohamed Abud al Djeleil, interlocutor privilegiado de Estados Unidos en el seno del gobierno de Gadafi, se une a la revolución y crea un gobierno provisional. Las dos estructuras se funden en una sola el 2 de marzo, conservan la etiqueta CNLT, pero ahora es Abud al Djeleil quien preside el Consejo. En otras palabras, Washington logró situar su peón a la cabeza de la insurrección.

Violentas discusiones se producen durante los primeros debates del nuevo Consejo Nacional Libio de Transición. Los elementos pro estadunidenses proponen recurrir a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para impedir los bombardeos de las fuerzas leales a Gadafi, pero la mayoría se opone.

El 5 de marzo, un diplomático británico llega a Bengasi escoltado por comandos del Special Air Service ?principal fuerza de operaciones especiales del ejército británico?. Trata de reunirse con el CNLT y de convencerlo de que recurra al Consejo de Seguridad de la ONU, pero los sublevados rechazan toda forma de injerencia y lo expulsan.

Se trata de un resultado inesperado. Abud al Djeleil no logra cambiar la posición del CNLT, pero lo convence de conformar un Comité de Crisis presidido por Mahud Djebril. Este último se pronuncia a favor de la instauración de una zona de exclusión aérea.

Las agencias de prensa occidentales se esfuerzan por presentar a Mahmud Djebril como “un intelectual demócrata” que ha reflexionando desde hace mucho sobre la evolución del país y que había redactado el proyecto Visión libia. La realidad es que Mahmud Djebril, junto con su amigo Al Djeleil, formaba parte del gobierno de Gadafi como ministro de Planificación. Al igual que en los primeros días de las revoluciones de Túnez y Egipto, varios cuadros del régimen tratan de separarse del dictador para quedarse en el poder.

Creen que lograrán esto último desviando el proceso revolucionario y poniéndose al servicio de los intereses imperiales. Así que ahora agitan la bandera roja, negra y verde del rey Idris, mientras que el aspirante al trono, Mohamed el Senussi, afirma, desde Londres y a través de los canales de televisión de Arabia Saudita, que está “dispuesto a servir a su pueblo”.

El 7 de marzo, el Consejo de Cooperación del Golfo, conformado por Arabia Saudita, Baréin, los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán y Qatar, “solicita al Consejo de Seguridad de la ONU que tome las medidas necesarias para proteger a los civiles en Libia, como la imposición de una zona de exclusión aérea”. Esta absurda declaración desvía el debate del Consejo de Seguridad que, desde la adopción de la resolución 1970, trataba de hacer entrar en razón al coronel Gadafi mediante la limitación de sus desplazamientos y la congelación de sus bienes.

El Consejo de Cooperación del Golfo retoma así, a nivel estatal, la proposición del embajador de Libia en la ONU, diplomático que ya se había pasado a las filas del CNLT.

Supuestamente por iniciativa de los diputados, Mahmud Djebril viaja a Estrasburgo para informar al Parlamento Europeo sobre la situación de su país. El ejército francés le garantiza el transporte. Bajo el impulso del liberal belga Guy Verhofsdat y del ecologista franco-alemán Daniel Cohn-Bendit, el Parlamento Europeo adopta una resolución y llama a una intervención internacional.

El primer ministro británico David Cameron y el presidente francés Nicolas Sarkozy envían una carta de siete puntos al presidente de la Unión Europea, Herman van Rompuy. Expresan sus deseos de que el Consejo Europeo extraordinario reconozca al CNLT, apoye una denuncia contra Gadafi ante el Tribunal Penal Internacional y apruebe una intervención militar internacional. Pero sus pedidos son rechazados. Alemania se niega a meterse en terreno peligroso, mientras que Bulgaria rechaza al CNLT y acusa a sus representantes de ser criminales implicados en las torturas a las enfermeras búlgaras que el régimen mantuviera detenidas por largo tiempo.

Simultáneamente, los ministros de Defensa de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se reúnen en Bruselas para preparar una posible zona de exclusión aérea.

El CNTL –ya reconocido por Francia desde el 10 de marzo– entrega el 12 de marzo una carta al secretario general de la Liga Árabe, Amr Moussa. El texto dice que Arabia Saudita pide que “se ponga fin al derramamiento de sangre a través de una decisión que imponga una zona de exclusión aérea en Libia y mediante el reconocimiento del Consejo Nacional de Transición como representante de Libia”. Los ministros de Relaciones Exteriores de la Liga Árabe se reúnen inmediatamente a puerta cerrada en El Cairo: deslegitiman a la delegación oficial de Libia y reconocen al CNTL como nuevo interlocutor; satisfacen después la petición de este último y recurren al Consejo de Seguridad de la ONU con vistas al establecimiento de la “zona de no sobrevuelo”.

Esta decisión debe ser interpretada como lo que realmente es: los regímenes títeres de Estados Unidos e Israel en el mundo árabe piden la protección de sus superiores. El Consejo de Seguridad puede decretar una zona de exclusión aérea, pero no tiene cómo hacerla respetar. Será la OTAN quien tenga que imponerla. Son las fuerzas imperiales, disfrazadas de Cascos Azules, quienes mantendrán en tierra la aviación libia, bombardeando sus aeropuertos e instalaciones fijas o móviles de misiles tierra-aire y, de ser necesario, derribando los aviones.

La Liga Árabe no dio a conocer los detalles del voto. De los 22 Estados miembros, sólo dos votaron en contra. Fueron Argelia, que teme un despliegue de la OTAN en su frontera Este, y Siria, el único país árabe que persiste, a pesar de la posición de todos los demás, en su oposición a la hegemonía estadunidense y al sionismo. Es probable que el Líbano y otros países hayan elegido la abstención.

Contrariamente a lo que sugieren los responsables occidentales, la Unión Africana nunca ha deseado una intervención militar extranjera. Por el contrario, la rechazó explícitamente el 10 de marzo. La razón es evidente. Está claro para todos y cada uno de sus miembros que el drama libio está siendo amplificado de manera totalmente intencional con vistas a utilizarlo como pretexto para justificar un desembarco masivo de las fuerzas armadas estadunidenses en África.

Salvar las monarquías del Golfo

Arabia Saudita es el eje del dispositivo imperial en la región del Golfo. A principios del siglo XX, la familia Saud creó ese Estado con el apoyo de los británicos, después de guerras de conquista extremadamente sangrientas. Arabia Saudita y sus reservas petrolíferas –las más importantes del mundo– cayeron dentro de la órbita estadunidense al final de la Segunda Guerra Mundial. En virtud del acuerdo del Quincy entre el rey Ibn Saud y el presidente Roosevelt, la familia Saud está obligada a suministrar petróleo a Estados Unidos y éste está obligado a garantizar la protección de la familia reinante, no la protección del país.

Arabia Saudita no es en realidad un Estado y ni siquiera tiene nombre. No es más que la parte de Arabia que pertenece a la familia Saud, cuyos miembros administran ese territorio según sus intereses personales (y los de Estados Unidos) mientras llevan una vida disoluta que nada tiene que ver con la austeridad wahhabita de la que tanto presumen. Como el rey Ibn Saud tuvo 32 esposas y 53 hijos, se decidió, en aras de limitar los conflictos familiares, que la corona no se transmitiera de padre a hijo, sino de hermano a hermano. El hijo mayor de Ibn Saud murió de enfermedad y fue, por lo tanto, el siguiente hijo, que tenía entonces 51 años, quien le sucedió en el trono en 1953.

En 1960, le siguió el tercer hijo, que contaba entonces 60 años, y así sucesivamente. El actual rey tiene 87 años; recientemente sufrió complicadas intervenciones quirúrgicas y es probable que no le quede mucho tiempo de vida. Su hermano Sultan, el presunto sucesor, padece alzhéimer. El resultado de todo lo anterior es un régimen impopular y frágil, que ya estuvo a punto de derrumbarse en 1979. Es por eso que tanto Riad como Washington ven con temor las insurrecciones árabes que se están produciendo alrededor de Arabia Saudita, en Yemen y en Baréin.

El ejército de Arabia Saudita ya está presente en Yemen y espera ayudar al presidente Ali Abdullah Saleh a poner fin a la revuelta, con la ayuda de la Agencia Central de Inteligencia. Queda Baréin.


La revuelta de Baréin

Baréin es una islita del tamaño de Micronesia o de la isla de Man. En el siglo XVIII, la familia de los Al Khalifa, primos de la familia reinante en Kuwait, arrebataron a Persia ese pequeño territorio. Así que la monarquía de Baréin es sunnita, mientras que la población es árabe chiíta. Su economía, a diferencia de las demás monarquías del Golfo, no depende únicamente de los ingresos del petróleo. En Baréin existe, sin embargo, una fuerte inmigración, cerca del 40 por ciento de la población total, proveniente principalmente de Irán y la India.

Baréin cayó en la órbita británica en 1923. Londres depuso al emir y puso en el poder a su hijo, más dispuesto a hacer concesiones. Durante 1950 y 1960, nacionalistas árabes y comunistas trataron de liberar el país. El Reino Unido respondió con el envío de sus mejores especialistas en represión, como Ian Henderson, conocido desde entonces como el Carnicero de Baréin.

En definitiva, el país recobró su independencia en 1971 sólo para caer en la órbita de Estados Unidos, que instaló allí su base militar regional y estacionó en ella la V Flota. Nuevos disturbios, inspirados en la revolución iraní, se produjeron en Baréin durante la década de 1980. En la década de 1990, las fuerzas de oposición –marxistas, nacionalistas árabes y khomeinistas– se unieron en una larga intifada.

La calma no volvió hasta 1999, con el ascenso al trono del rey Ahmad, un déspota ilustrado que instituyó una asamblea consultiva electa y favoreció el acceso de las mujeres a los cargos de responsabilidad. Esto le valió cierta conciliación con su oposición histórica, pero alejó de él a los extremistas de la minoría sunnita que sirve de apoyo al régimen.

Desde el 14 de febrero de 2011, nuevas manifestaciones han sucedido en Baréin. Organizadas al principio por el Wefaq, el partido khomeinista, las manifestaciones denunciaban la corrupción y el sistema policial. Pero el éxito popular del movimiento y la brutal represión de que fue objeto provocaron una rápida radicalización a pesar de un tímido intento de apertura del príncipe heredero.

La monarquía perdió su legitimidad como resultado de las revelaciones sobre el fortalecimiento de sus vínculos con el movimiento sionista. A partir de 2007, los Khalifa se vincularon con el American Jewish Committee. Según la oposición de Baréin, dichos vínculos se establecieron a través de Alain Bauer, el consejero del presidente francés Nicolas Sarkozy. Fue el propio Bauer quien se encargó de reorganizar el sistema policial de Baréin.

La mayoría de los manifestantes luchan ahora por el derrocamiento de la monarquía, lo cual constituye la línea roja que no se puede atravesar, según los parámetros de las demás monarquías del Golfo y de su protector estadunidense. Es por ello que el secretario estadunidense de Defensa, Robert Gates, viajó a Manama el 13 de marzo de 2011.

Oficialmente, Gates invitó al rey a tener en cuenta los reclamos de su pueblo y a buscar una salida pacífica al conflicto. Claro está, ese tipo de consejo no corresponde a un secretario de Defensa, sino a un secretario de Estado. En realidad, el señor Gates había ido a Baréin para concretar la parte política de una operación militar que ya estaba lista.

Al día siguiente, el 14 de marzo, las otras cinco monarquías del Consejo de Cooperación del Golfo dieron su consentimiento para la activación del Escudo de la Península, una fuerza común de intervención prevista desde hace tiempo para contener la posible expansión de la revolución khomeinista. Esa misma tarde, 1 mil soldados de Arabia Saudita y 500 policías de los Emiratos Árabes Unidos entraban en Baréin.

Se decretó el estado de urgencia por tres meses. Se suspendieron las pocas libertades toleradas. En la madrugada del 16 de marzo, las fuerzas de las monarquías, armadas y entrenadas por Estados Unidos, actuaron para desalojar a los manifestantes de los lugares donde estaban acampando. En vez de gases lacrimógenos, utilizaron gases de combate y munición real. Las autoridades reconocen más de 1 mil heridos de gravedad, entre los que se cuentan varios heridos de bala, pero sólo admiten cinco muertos, una proporción muy poco creíble.

La “doctrina Obama”

Ante las revoluciones árabes, Washington ya hizo su elección. Después de un adormecedor discurso sobre los derechos humanos y de saludar la “primavera árabe” con forzado entusiasmo, la administración de Obama optó por la fuerza para salvar lo que aún puede salvarse.

Al igual que en la época en que los comunistas derrocaron la monarquía afgana, fue el lacayo saudita quien recibió de Washington el encargo de dirigir la contrarrevolución. Armó a una facción de la oposición libia y convirtió el debate de la ONU sobre sanciones contra Libia en un debate sobre la creación de una zona de exclusión aérea, es decir sobre la intervención militar, e intervino militarmente en Baréin.

No hay diferencia entre la “doctrina Obama” y la “doctrina Brezhnev”. En 1968, los tanques del Pacto de Varsovia ponían fin a la primavera de Praga para proteger el vacilante imperio soviético. En 2011, los blindados de Arabia Saudita aplastan al pueblo de Baréin para proteger el imperio anglosajón.

Hipnotizados por las catástrofes naturales y nucleares que se están produciendo al mismo tiempo en Japón, los medios de prensa occidentales observan el mayor silencio sobre el desarrollo de toda esta operación.

La Revolución Francesa tuvo que hacer frente a la invasión de las monarquías que unieron sus fuerzas; la Revolución Rusa tuvo que afrontar la arremetida de los ejércitos blancos; la Revolución Iraní tuvo que enfrentar la invasión iraquí. La Revolución Árabe tendrá que hacer frente al ejército de Arabia Saudita.

[TEXTO PARA TIWTTER: La intervención imperial en Medio Oriente, para sofocar rebeliones y proteger intereses occidentales]

jueves, febrero 24, 2011

Danza macabra de cinismo

La política de saqueo impuesta por Estados Unidos y sus aliados de la OTAN en el Oriente Medio entró en crisis. Esta se desató inevitablemente con el alto costo de los cereales, cuyos efectos se hacen sentir con más fuerza en los países árabes donde a pesar de sus enormes recursos petroleros, la escasez de agua, las áreas desérticas y la pobreza generalizada del pueblo contrastan con los enormes recursos derivados del petróleo que poseen los sectores privilegiados.

Mientras los precios de los alimentos se triplican, las fortunas inmobiliarias y los tesoros de la minoría aristocrática se elevan a millones de millones de dólares.

El mundo arábigo, de cultura y creencia mayoritariamente musulmana, se ha visto humillado adicionalmente por la imposición a sangre y fuego de un Estado que no fue capaz de cumplir las obligaciones elementales que le dieron origen, a partir del orden colonial existente hasta fines de la Segunda Guerra Mundial, en virtud del cual las potencias victoriosas crearon la ONU e impusieron el comercio y la economía mundiales.

Gracias a la traición de Sadat en Camp David el Estado árabe palestino no ha podido existir, pese a los acuerdos de la ONU de noviembre de 1947, e Israel se convirtió en una fuerte potencia nuclear aliada a Estados Unidos y la OTAN.

El Complejo Militar Industrial de Estados Unidos suministró decenas de miles de millones de dólares cada año a Israel y a los propios estados árabes sometidos y humillados por éste.

El genio ha salido de la botella y la OTAN no sabe cómo controlarlo.

Van a tratar de sacarle el máximo provecho a los lamentables sucesos de Libia. Nadie sería capaz de saber en este momento lo que allí está ocurriendo. Todas las cifras y versiones, hasta las más inverosímiles, han sido divulgadas por el imperio a través de los medios masivos, sembrando el caos y la desinformación.

Es evidente que dentro de Libia se desarrolla una guerra civil. ¿Por qué y cómo se desató la misma? ¿Quiénes pagarán las consecuencias? La agencia Reuters, haciéndose eco del criterio de un conocido banco de Japón, el Nomura, expresó que el precio del petróleo podría sobrepasar cualquier límite:

“‘Si Libia y Argelia suspenden la producción petrolera, los precios podrían llegar a un máximo por encima de 220 dólares por barril y la capacidad ociosa de la OPEP sería reducida a 2,1 millones de barriles por día, similar a los niveles vistos durante la guerra del Golfo y cuando los valores tocaron los 147 dólares por barril en el 2008′, aseveró el banco en una nota.”

¿Quiénes podrían pagar hoy ese precio? ¿Cuáles serían las consecuencias en medio de la crisis alimentaria?

Los líderes principales de la OTAN están exaltados. El Primer Ministro británico, David Cameron, informó ANSA, “…admitió en un discurso en Kuwait que los países occidentales se equivocaron en apoyar gobiernos no democráticos en el mundo árabe.” Se le debe felicitar por la franqueza.

Su colega francés Nicolás Sarkozy declaró: “La prolongada represión brutal y sangrienta de la población civil libia es repugnante”.

El canciller italiano Franco Frattini declaró “‘creíble’ la cifra de mil muertos en Trípoli [...] ‘la cifra trágica será un baño de sangre’.”

Hillary Clinton declaró: “…el ‘baño de sangre’ es ‘completamente inaceptable’ y ‘tiene que parar’…”

Ban Ki-moon habló: “‘Es absolutamente inaceptable el uso de la violencia que hay en el país’.”

“…’el Consejo de Seguridad actuará de acuerdo a lo que decida la comunidad internacional’.”

“‘Estamos considerando una serie de opciones’.

Lo que Ban Ki-moon espera realmente es que Obama diga la última palabra.

El Presidente de Estados Unidos habló en la tarde de este miércoles y expresó que la Secretaria de Estado saldría para Europa a fin de acordar con sus aliados de la OTAN las medidas a tomar. En su cara se apreciaba la oportunidad de lidiar con el senador de la extrema derecha de los republicanos John McCain; el senador pro israelita de Connecticut, Joseph Lieberman y los líderes del Tea Party, para garantizar su postulación por el partido demócrata.

Los medios masivos del imperio han preparado el terreno para actuar. Nada tendría de extraño la intervención militar en Libia, con lo cual, además, garantizaría a Europa los casi dos millones de barriles diarios de petróleo ligero, si antes no ocurren sucesos que pongan fin a la jefatura o la vida de Gaddafi.

De cualquier forma, el papel de Obama es bastante complicado. ¿Cuál será la reacción del mundo árabe y musulmán si la sangre en ese país se derrama en abundancia con esa aventura? ¿Detendrá una intervención de la OTAN en Libia la ola revolucionaria desatada en Egipto?

En Iraq se derramó la sangre inocente de más de un millón de ciudadanos árabes, cuando el país fue invadido con falsos pretextos. ¡Misión cumplida! proclamó George W. Bush.

Nadie en el mundo estará nunca de acuerdo con la muerte de civiles indefensos en Libia o cualquier otra parte. Y me pregunto: ¿aplicarán Estados Unidos y la OTAN ese principio a los civiles indefensos que los aviones sin piloto yankis y los soldados de esa organización matan todos los días en Afganistán y Pakistán?

Es una danza macabra de cinismo.

Fidel Castro Ruz

Febrero 23 de 2011

7 y 42 p.m.

viernes, noviembre 26, 2010

Aseguran que EE.UU. utiliza confrontación en Corea para presionar a China

Estados Unidos utiliza el conflicto entre las dos Coreas como un instrumento de presión en contra de China, su rival económico, consideró este viernes en entrevista para teleSUR Alberto López Girondo, internacionalista del diario Tiempo de Argentina.

miércoles, febrero 24, 2010

Calderonismo: se disparan ataques a la prensa

A la mitad del sexenio de Felipe Calderón se alcanzó el 88 por ciento de la totalidad de los asesinatos cometidos contra periodistas durante la administración de Vicente Fox, revela Informe de agresiones contra la libertad de expresión en México 2009, elaborado por Artículo 19 y Cencos. El Estado, principal agresor.


Érika Ramírez

Acribillado y abandonado debajo de un puente fue encontrado el cuerpo del periodista sinaloense José Luis Romero el pasado 16 de enero. La carretera Los Mochis-El Fuerte fue el escenario en donde agentes de la Procuraduría General de Justicia del Estado dieron cuentan de que el comunicador había sido ultimado a balazos en cráneo y tórax. Su muerte ocurrió el 31 de diciembre de 2009, según los reportes oficiales. Éste fue el último periodista asesinado en 2009. Diez más corrieron la misma suerte durante el tercer año de gobierno de Felipe Calderón Hinojosa.

El documento Entre la violencia y la indiferencia: informe de agresiones contra la libertad de expresión en México 2009 ?elaborado por la organización internacional Artículo 19, oficina para México y Centroamérica, y el Centro Nacional de Comunicación Social (Cencos)? revela que en lo que va de la presente administración los asesinatos en contra de periodistas alcanzaron el 88 por ciento respecto de los seis años de gobierno de Vicente Fox.

Además, precisa, los funcionarios públicos son los principales agresores de los comunicadores hasta en un 65 por ciento de los casos registrados.

“Testigos de la censura hacia el ejercicio de la libertad de prensa”, Artículo 19 y Cencos documentaron 244 casos de periodistas violentados mediante agresiones físicas, intimidaciones, amenazas, desapariciones y homicidios.




Consecuencia de ello –indica el reporte coordinado por Darío Ramírez, director de Artículo 19 para México, y Brisa Maya Solís, directora de Cencos–, existe un “entorno evidentemente adverso para el ejercicio del derecho a la libertad de expresión a través de la libertad de prensa en el país. México es el país de América Latina más peligroso para el ejercicio periodístico”.

Del capítulo “Radiografía de las violaciones a la libertad de expresión: una mirada desde los derechos humanos”, se desprende que en 2009 ambas organizaciones registraron 244 agresiones a la libertad de expresión en el marco del ejercicio periodístico.

De éstas, el 44.6 por ciento fueron agresiones físicas o materiales; 19.26 por ciento, intimidación; otro 19.26 por ciento corresponde a amenazas; 9.43 por ciento, detenidos; 4.51 por ciento fueron asesinatos y acusados de calumnia, y difamación, 2.05 por ciento.

Durante el sexenio de Vicente Fox Quesada (2000-2006) se registraron 25 homicidios de periodistas, mientras que sólo en los tres primeros años de la administración de Felipe Calderón Hinojosa (2006-2009) se han registrado 22. Además, con la desaparición este año de la primera mujer se eleva a nueve el total de periodistas desaparecidos desde 2000.

El informe, presentado el pasado 10 de febrero, asegura que el 70 por ciento de los asesinatos está “ligado directamente con el ejercicio de la libertad de expresión y su desempeño periodístico y aquellos en los que, a pesar de que se consideren diferentes hipótesis, no se puede descartar esa posibilidad”.

La directora de Cencos dice en entrevista que esto es una muestra de total “indiferencia” por parte del Estado. El crecimiento de las agresiones y que no haya ninguna respuesta contundente es preocupante.

“Si bien el problema está ubicado en un clima de violencia e impunidad, esto es una muestra de todo lo que sucede en el acceso a la justicia. Ni la fiscalía especial ni la Comisión Nacional de los Derechos Humanos nos han demostrado una sanción a quien generó intelectualmente o que operó el asesinato. No hay claridad en las investigaciones”, dice Brisa Maya Solís, estudiante de la maestría en derechos humanos y democracia por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.

Estado agresor

El informe editado por Artículo 19 y Cencos asegura que más del 65 por ciento de las agresiones a periodistas es ejecutado por funcionarios públicos. Esta sentencia se opone al discurso oficial que indica que los asesinatos, amenazas o agresiones provienen del crimen organizado.

De los más de 244 casos analizados por las organizaciones, sólo “un 6.15 por ciento de las agresiones se imputan a actores del crimen organizado, que si bien esta cifra no niega la gravedad de su participación, sí coloca elementos para una reflexión del problema desde otro enfoque”. En tanto, en un 14.34 por ciento no se logró determinar la autoría.

“Llama la atención que, en el universo de las agresiones registradas, los presuntos responsables son en un 65.57 por ciento funcionarios públicos”. En este sentido, indica el informe, “el crimen organizado no se puede considerar como un actor totalmente fuera de la responsabilidad del Estado”.

Otro 7.79 por ciento de los presuntos responsables forma parte de partidos políticos, ya sea como militantes o simpatizantes. “La gran mayoría de estas agresiones tuvieron lugar en los primeros seis meses del año y estuvieron relacionadas con diferentes procesos electorales que se dieron a mediados de 2009”, indica.

También se menciona la presunta responsabilidad del empresariado en un 2.05 por ciento; los integrantes de los sindicatos, en un 1.23 por ciento, aparecen como presuntos agresores en dos casos que están estrechamente ligados al tema de la libertad sindical.

Del análisis de Artículo 19 y Cencos se desprende que el 83.61 por ciento de las personas agredidas son periodistas; también se han registrado acciones en contra de los medios y sus trabajadores y trabajadoras hasta en un 5.74 por ciento.

Darío Ramírez, director de Artículo 19 para México, critica que la respuesta del Estado para combatir los delitos contra los periodistas y comunicadores ha sido “pobre”. El incremento de los asesinatos es la muestra de ello. De los nueve registrados en 2008 a los 11 del año pasado revela todo: el gobierno actúa de manera “ineficaz, pobre y limitadamente”.

Estado sin respuesta

“En un ambiente destacado por la violencia, en 2009, quienes ejercieron el periodismo y fueron agredidos permanecen desprotegidos ante la ausencia de mecanismos idóneos para garantizar su seguridad, del ejercicio del derecho a la libertad de expresión, así como por la falta de acceso a la justicia ante las agresiones de las que fueron víctimas”, dice el informe.

Las “medidas” adoptadas se traducen en “limitaciones y candados” para hacer frente a los ataques contra periodistas y comunicadores.

Ejemplo de ello es la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Cometidos contra Periodistas, creada en febrero de 2006, como una respuesta ante la presión de la comunidad internacional frente al incremento de agresiones contra quienes ejercen el periodismo. Su objetivo es la investigación de las agresiones contra periodistas. Sin embargo, “su logro ha sido sortear la manera de justificar su existencia sin haber dado resultados frente al problema”.

Ante los datos presentados por Cencos y Artículo 19, la diputada panista María Yolanda Valencia Vales, presidenta de la Comisión Especial de Seguimiento a las agresiones a Periodistas y Medios de Comunicación, se limita a decir que en la Cámara de Diputados apenas se está instalando la comisión que preside, y que, sin duda, la “libertad de expresión es un derecho que todos debemos tener y por lo tanto debemos ser garantes”.




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sábado, enero 02, 2010

Caracas denuncia que EEUU prepara agresion desde antillas

Por medio de un comunicado, Venezuela denunció que Estados Unidos prepara una agresión en su contra utilizando para ello las islas de las antillas holandesas Aruba y Curazao. Caracas pidió a Holanda no ser cómplice en el hecho. TeleSUR

http://www.youtube.com/watch?v=isUwp6huHDw