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domingo, enero 08, 2012

El golpe de Estado made in USA


¿Por qué en Estados Unidos no hay golpes de Estado? Según el chiste que cuentan los latinoamericanos, porque allá no hay una embajada estadunidense.

Un caso reciente: el golpe en Honduras (2009) en el que la misión yanqui estuvo metida hasta las orejas.

Pero, como siempre, la realidad es más complicada que los chistes.

El hecho de que EU no ha sufrido ningún golpe parecido a los que han inspirado y apoyado en la región es porque sus élites han desarrollado otras técnicas para lograr lo mismo: asaltar al Estado y reformularlo según sus intereses por encima de las clases populares.

El mejor ejemplo de un coup d’état por otras vías fue el neoliberalismo, dice Alan Nasser, un investigador estadunidense y profesor emérito de la economía política.

Desde los años 70 –ante la caída de la tasa de ganancia– empezó una gran movilización de la clase dominante que mediante lobbying, la compra de políticos y medios, privatizó al Estado, borrando la diferencia entre los dos (y entre demócratas y republicanos). Esto equivalía al golpe (lo remarcó Simon Johnson, ex economista del FMI en The Quiet Coup).

Ahora iba a haber un New Deal para el capital, dice Nasser.

Pero hay también otra historia, casi olvidada o desconocida incluso por los estudiosos, relevante durante la crisis.

En 1933 la oligarquía estadunidense planeaba un golpe de Estado en contra de Franklin Delano Roosevelt (FDR en adelante) para remplazar su administración por un gobierno fascista al estilo de Hitler y Mussolini (muy populares en los círculos de poder en EU).

Los conspiradores incluían la crema y nata de los industriales, empresarios y financistas de Wall Street (Rockefeller, Mellon, Pew, J.P. Morgan, Du Pont, Goodyear, et. al.) y los políticos republicanos y demócratas, asociados en la American Liberty League. Para ellos los planes de FDR: la redistribución y el empoderamiento de la clase trabajadora eran una amenaza. Un gobierno fascista revertiría el New Deal, garantizaría la disciplina económica y restablecería las ganancias.

Iban a reunir medio millón de veteranos de la Primera Guerra Mundial, la mayoría desempleados. Querían que los liderara el general retirado de los marines, Smedley Butler, el más exitoso ejecutor de los planes imperiales y empresariales de EU, dedicado al saqueo en beneficio de los bancos y las petroleras (Cuba, Filipinas, China, América Central y el Caribe o en la toma de Veracruz, en 1914).

A pesar del apoyo a FDR en las elecciones de 1932 y la posición crítica al fascismo naciente en EU, los conspiradores insistían en él, dada su popularidad entre los veteranos (parte de ellos –la llamada Bonus Army– demandando el pago por su servicio ocupó a Washington, y Butler visitó su campamento).

Pero algo cambiaba en su consciencia: cada vez más se sentía como un pistolero del capitalismo y mercenario de Wall Street (lo denunció en su libro War is a Racket, 1935). Cansado, al final reveló todo, frustrando el golpe.

El comité McCormack-Dickstein del Congreso, durante la investigación en 1934, confirmó sus acusaciones. Pero desistió de ir al fondo del complot y nadie fue llevado a juicio. Algunos periódicos cubrieron la historia, pero no la siguieron.

Aunque hay discrepancias que tan avanzado era el putsch, al parecer a FDR convenía silenciarlo. Esto podría alentar a los sectores anticapitalistas muy fuertes en los 30, subraya Nasser. Y mostraba una cara desagradable de la élite (de la que FDR formaba parte) y del país. Mejor que la gente no supiera que aquí era posible un golpe como en una república bananera, añade.

Sorpresivamente ni en La otra historia de Estados Unidos de Howard Zinn hay mención de esto (ni de Butler, quien aparece en una compilación de Zinn, Voices of People’s History of the United States, pero sólo en el contexto de las conquistas imperiales).

Según Nasser, no denunciar a los golpistas hizo que las tendencias fascistas permanecieran en el tejido político estadunidense. Se revelaron en el gobierno de Bush II (cuyo abuelo, Prescott, admirador de Adolfo Hitler, fue parte del complot) y han sido de-sarrolladas por Barck Obama (los asesinatos extrajudiciales).

El fascismo y el golpismo han sido posibles en los EU y aún los son, subraya.

La historia no se repite. Hoy ningún político está interesado en empoderar al mundo de trabajo (ni siquiera en fomentar la demanda interna). Y con el golpe neoliberal las élites ya tomaron el estado.

Pero estamos ante los mecanismos del mismo sistema que determinan las reacciones del capital y la resistencia de los sectores populares (el doble movimiento del que hablaba Karl Polanyi). Conocer el pasado, junto con la asombrosa historia de un supuesto golpe fascista made in USA, significa no descartar los paralelismos y posibles peligros (después de todo las élites y los banksters no han cambiado mucho).

La agudización de la crisis y una prolongada falta de desarrollo a causa de la austeridad, pueden generar más xenofobia, más sentimiento antiinmigrante y más medidas autoritarias, subraya Nasser.

Según Polanyi el auge del fascismo y el paso hacia los totalitarismos estuvieron directamente vinculados con el avance y las fallas de la economía del libre mercado que ocasionaron la Gran Depresión.

¿Suena familiar?

*Periodista polaco

sábado, enero 15, 2011

La depresión masculina “enmascarada”

La mierda que usurpo la presidencia.

Marta Lamas

MÉXICO, D.F., 11 de enero.- El año empieza con un lastre de violencia, desesperación e incertidumbre. Día a día las noticias transmiten un panorama siniestro y amenazante, y no le vemos fin a la guerra en la que estamos inmersos, ni que haya condiciones para abatir la desgarradora desigualdad que nos circunda. Muchas personas nos sentimos hundidas con ese peso sobre nuestra existencia. Justamente el término depresión viene del latín depressio, que quiere decir hundimiento. Se dice que las personas deprimidas tienen un sentimiento de impotencia y de fracaso, y que están agobiadas, y que su agobio se expresa en la temporalidad (“no tengo futuro”), en la motivación (“no tengo fuerzas”) y en la nula estimación que le dan a la vida (“la vida no vale nada”). Están abrumadas por una desesperanza que les impide contar con la energía necesaria para formular nuevos proyectos.

Pero no todas las personas deprimidas viven abatidas o agobiadas. Algunos –sobre todo varones– ocultan su depresión con el ruido de la violencia, el consumo de drogas o la adicción al trabajo. Incapaces de identificar sus propias emociones y, por lo tanto, de expresarlas con palabras, estos hombres deprimidos sólo reconocen los síntomas físicos de su malestar, por ejemplo el insomnio, la disminución de la energía o los problemas de concentración. No son conscientes de estar deprimidos. Por eso se llama “depresión enmascarada” la que suele afectar a los varones. Las adicciones a veces funcionan como la otra cara del vacío depresivo (y no me refiero sólo al alcohol o la droga; también el trabajo y la política pueden ser adictivos). Depresión y adicción forman un círculo vicioso. Y como la depresión es causa de una pérdida o una decepción, muchos hombres buscan la euforia artificial para escapar de ella.

El año que acaba de terminar ha sido un tour de force de violencia para todos, pero especialmente para los hombres. Soldados, policías y funcionarios son la población más activa en esta “guerra contra el narco”. Muchos han muerto y muchos más han visto morir a sus compañeros, y tienen que seguir adelante. Y aunque en nuestro país todavía se dice que los hombres no lloran, los hombres sienten, sufren en silencio y se deprimen. Y si los hombres son quienes básicamente están a cargo de esta cuestionada y nada convincente guerra contra el narco, del fallido rumbo de la economía y de la equivocada dirección de la política, y ocultan su depresión con el ruido de la violencia, el consumo de drogas o la adicción a la grilla, ¿qué podemos esperar?

Monsiváis decía que hoy, en México, estar deprimido era ser realista. La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera la depresión como un “mal de nuestro tiempo” y señala que es uno de los problemas más comunes y más serios de salud mental que enfrenta la gente hoy en día. Millones de personas en el mundo sobreviven en medio de la depresión. Dejando de lado cuestiones indudables como el desequilibrio neuroquímico o ciertas tragedias personales, también las condiciones histórico-sociales pueden provocar depresión. La depresión afecta el desempeño social, laboral e interpersonal, y la OMS indica que esta enfermedad se convertirá en el año 2020 en la segunda causa de incapacidad en el mundo, detrás de las enfermedades isquémicas (infartos, insuficiencia coronaria, accidente cerebrovascular), mientras que en el año 2000 ocupaba el cuarto lugar. Las depresiones se ubicarán, como causa de discapacidad, por delante de los accidentes de tránsito, las enfermedades vasculares-cerebrales, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, las infecciones de las vías respiratorias, la tuberculosis y el VIH.

Este preocupante aumento ha llevado a politólogos, sociólogos y economistas a ocuparse del aspecto socioeconómico de las depresiones y a investigar la depresión masculina enmascarada, pues es costosísima. Y el costo no sólo se mide en enfermedades coronarias e infartos cardiacos y cerebrales, padecimientos que afectan a los hombres con mayor frecuencia y a una edad más temprana que a las mujeres, sino en acciones políticas suicidas, emprendidas bajo el ruido de la violencia o la influencia de las adicciones.

La depresión es una epidemia y requiere una acción clara, enérgica y urgente. Requiere un cambio sociocultural y de gobierno, además de que los síntomas se deberían difundir en los medios y poner al día a los prestadores de servicios en los centros de salud y de los consultorios privados sobre los tratamientos básicos que hoy se dan para esa enfermedad silenciosa.

En México, la enfermedad mental de quienes nos gobiernan sólo es tema de chistes. ¿Cuándo empezaremos a tomar en serio las consecuencias evidentes de la depresión masculina enmascarada?

lunes, mayo 03, 2010

Una depresión colectiva


José Agustín Ortiz Pinchetti

La decadencia está impactando nuestro ánimo colectivo. La depresión nos afecta a todos. Ha sido poco analizada. Las clases emergentes y los jóvenes que son la esperanza de cambio sienten que el país carece de rumbo. Viven en una sensación de futilidad, en un abatimiento del espíritu. Este fenómeno colectivo es negado por las autoridades que intentan engañarnos con un optimismo trágicamente irreal. No hay duda que la depresión ante una coyuntura tan oscura es sana. Estaríamos enfermos si ante el daño que sufrimos en nuestras vidas, en nuestra seguridad, en nuestras posibilidades de progreso, nos sintiéramos bien, optimistas y estimulados. La pesadumbre en la que nos sumergimos todos los días no es algo individual. Todos somos afectados por ella. Como se ha demostrado, la depresión es contagiosa y cuando se extiende a una comunidad, toda la atmósfera se convierte en depresogénica.


Hay razones para estar muy deprimidos. 30 años de raquítico crecimiento económico ha sido anulado por el crecimiento demográfico. Una reciente consulta (TNS Research instrumental, La Jornada 5 de abril 2010) indica que sólo 2 por ciento de los mexicanos sienten que la economía está bien, 62 por ciento de la población general y 70 por ciento de mujeres y jóvenes están abiertamente pesimistas. No hay área de la vida pública que no esté dañada y corrompida. Todos los días tenemos noticias de una violencia salvaje que en 40 meses ha llegado a 22 mil víctimas. Las desigualdades y el desempleo crecen y se están incrementando. No debe asombrarnos el que veamos nuestro destino como fallido y que el cinismo y la exasperación se extiendan en ondas. Las fantasías de colapso y de explosión social se hacen numerosas y vivas. Muchos jóvenes no tienen oportunidad de ir a las universidades ni al trabajo y se integran en las redes del narcotráfico. Millones de trabajadores están buscando su destino en Estados Unidos. Miles de jóvenes universitarios, cuya preparación ha sido muy costosa para el país, han emigrado o están haciendo planes para migrar.

Pero la depresión no sólo está justificada, sino representa una oportunidad única para redefinirnos y resolver nuestros conflictos destructivos de larga duración. Puede llevarnos a la recuperación si sabemos entender que lo que no tiene remedio es una forma de vivir basada en la injusticia social y en la manipulación.

joseaorpin@hotmail.com.

Fuente: La jornada

martes, julio 21, 2009

2010: la depresión que viene

Organismos internacionales identifican a México como el gran perdedor de la crisis económica mundial. El desempleo, la caída en la inversión extranjera directa, el desplome del comercio binacional, la devaluación de la moneda, la significativa pérdida del poder adquisitivo y la histórica reducción de remesas conducen al país a una depresión similar a la de 1929, advierten analistas.


Hace cinco semanas que Norma quedó desempleada. La fábrica donde trabajaba, en el Estado de México, cerró. La pensión que concibió durante 20 años se desvaneció en los últimos 16 meses, a partir de que el patrón les informó que recortarían los horarios y el salario, luego que harían paros escalonados, y después anunció la quiebra; ni un quinto de liquidación.
Norma vive otro drama: su esposo, que coloca durock en Estados Unidos, lleva lo que va del año en proceso de paros escalonados. “Ahora nos manda (dinero) un mes sí y otro no, pero lo que me apura es que así empezamos en la fábrica y luego la cerraron”.
Camina de casa en casa pidiendo una docena de ropa que lavar, planchar; limpiar pisos, lavar trastos o cuidar niños. Difícilmente alguien la emplea. Ante la pérdida del poder adquisitivo y el incremento real del 49 por ciento de la canasta básica (según se desprende de un estudio del Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados), el contratar a terceros en labores domésticas se convirtió en un lujo. “El patrón nos explicó que, si conseguía un préstamo o una ayuda del gobierno, podría abrir de nuevo”, se consuela Norma. Difícilmente eso sucederá. Cada día en todo el país su historia se ve multiplicada.
La Confederación de Cámaras Industriales dice que las industrias maquiladoras, automotriz, de autopartes, electrónica, eléctrica, metalmecánica, bienes de capital, entre otras, están devastadas. Que, en el mejor de los casos, “paros técnicos, ajustes de personal, aumento en la capacidad ociosa, problemas de liquidez e incertidumbre dominan buena parte de su presente y futuro inmediato”.
Lejos de las declaraciones del presidente Felipe Calderón y su gabinete económico, que aseguran que México ya superó lo peor de la crisis económica, los analistas, organismos nacionales e internacionales, calificadoras e incluso algunas instancias gubernamentales prevén que el último trimestre de 2009 y todo 2010 se incrementará el desempleo y la desaceleración del comercio internacional.
Dada la falta de certidumbre que ofrece el Estado mexicano, el flujo de la inversión extranjera directa disminuirá; el desempleo aumentará y caerán más las remesas. Se esperan también menores ingresos por turismo. Todos ellos son indicadores que, según los analistas, llevan al país directo hacia una depresión.
“Nada parece indicar que habrá medidas político económicas que tiendan a suavizar los efectos de esta crisis. No hay un replanteo del estilo de crecimiento; no hay una nueva forma de gestión de las exportaciones, tampoco actividades orientadas a fortalecer el mercado interno, ni se ha visto el fortalecimiento de las industrias internas que generen empleos”, dice María Teresa Aguirre Covarrubias, especialista en economías emergentes en la globalización.
La investigadora de la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), experta en ciclos económicos, explica: “La depresión de una economía es cuando hay varios trimestres consecutivos en decrecimiento, que puede llegar a ser alrededor de un año. La economía mexicana ha decrecido todo el año y de forma más prolongada, y todo parece indicar que no mejorará, así que sin lugar a dudas entraría en etapa de depresión. La razón principal es nuestra fuerte dependencia de la economía estadunidense: 25 por ciento de cada peso viene de ese país. Si aquella economía está en crisis, la nuestra va a seguir en crisis, y hay bastantes probabilidades de que el próximo año Estados Unidos entre en una fase de depresión”.
Autora del libro Historia económica de México, Aguirre Covarrubias explica que la depresión que se avecina tendría efectos similares a la de 1929, y detalla la manera en que el comportamiento de la banca incide en este eventual escenario de depresión: “En México el crédito en el último trimestre ha estado decreciendo, incluso lo más fuerte de los bancos comerciales, que es el crédito al consumo, también decreció. La gente no tiene crédito y, como perdió el empleo o tiene menos ingresos, deja de pagar sus deudas. Los banqueros entraron en pánico y prestan menos, y sin dinero ni crédito la gente compra menos. Ante esta situación de ausencia de créditos, desempleo y caída en las exportaciones, no hay propuestas reales del gobierno para reactivar la economía y tampoco se está impulsando la producción nacional”.
Gerardo Esquivel, investigador y docente del Centro de Estudios Económicos de El Colegio de México, dice que “tanto los integrantes del gabinete económico como los analistas han desestimado los efectos de la crisis en México”. Asegura que el país entró ya en una fase de depresión. Explica que ello se observa particularmente en los estados maquiladores como Coahuila, Chihuahua, Baja California y Tlaxcala, donde desde el año pasado iniciaron los despidos masivos.
En mayo pasado, Coahuila se colocó como el estado con el mayor nivel de desempleo del país, con la tasa de desocupación de 8.56 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA), seguido de Chihuahua, Aguascalientes y Nuevo León, indica la Encuesta nacional de ocupación y empleo.
La calificadora Standard & Poor’s prevé que, ante la contracción de la economía y la reducción presupuestal, en 2010 serán los gobiernos locales y los municipios los que enfrenten “la prueba más difícil en muchos años” respecto de las decisiones que tendrán que tomar para balancear sus presupuestos ante la que podría ser la mayor reducción de las transferencias federales.
Futuro laboral
Al dar a conocer su última evaluación del impacto de la crisis en la economía mexicana, en junio pasado, la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) advirtió que el desempleo continuará por lo menos durante todo 2010. “Seguimos en contracción; los números de desempleo seguirán creciendo principalmente en la región de América Latina”, dijo José Ángel Gurría, titular de ese organismo.
La OCDE calcula que durante 2010 el desempleo en México será del 6.9 por ciento. Raúl Feliz, economista del Centro de Investigación y Docencia Económicas, estima que de concretarse el pronóstico de la OCDE, se perderán en promedio 1 millón de empleos formales. José Luis de la Cruz, investigador del Tecnológico de Monterrey, calcula que con esa cifra más de 3 millones de personas estarían desempleadas.
Este año el desempleo alcanzó su nivel más alto de los últimos 13 años, reveló recientemente el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Al mes de mayo, el desempleo afectó al 5.31 por ciento de la PEA –cifra similar al 5.5 por ciento que alcanzó en 1996–; 478 mil 847 mexicanos perdieron su empleo, y se sumaron a los 2 millones de desempleados que hasta esa fecha había en el país.
Cada día, 1 mil 643 mexicanos pierden su empleo: el Banco de México dice que, entre enero y diciembre de 2009, 600 mil mexicanos habrán perdido su trabajo. De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), México es el país que este año reportará el mayor nivel de desempleo de la región, seguido por Colombia y Chile; en contraste con países como Brasil, Uruguay y Venezuela que exhiben niveles estables de empleo.
Los sectores más afectados son el industrial, que representa el 15 por ciento de la PEA, y el comercio, con el 20 por ciento.
En sectores como las fábricas de la industria del transporte, el desempleo llega al 21.1 por ciento; los fabricantes de muebles, 14.3 por ciento; la maquinaria, 14.1 por ciento; la industria de la transformación, 8.4 por ciento; los obreros, 9.7 por ciento; los administrativos, 5.1 por ciento anual.
La remuneración promedio para los trabajadores que aún tienen empleo, según el Inegi, ha tenido una contracción real del 1.2 por ciento anual, que incluye la pérdida del 2.7 por ciento de las prestaciones sociales, el 1.8 por ciento en las remuneraciones a los empleados y el 1.3 por ciento al pago que perciben los obreros.
El gran perdedor
El Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (Sela), organismo intergubernamental con sede en Caracas, integrado por 26 países, identifica a México como el más afectado por la crisis económica mundial, originada en Estados Unidos. Esto se debe a la fragilidad económica y la dependencia de su modelo exportador, particularmente hacia el mercado estadunidense. La crisis se propagó a todos los rubros de producción, e incide de manera directa en el empleo.
En su informe La acentuación de la crisis económica global: situación e impacto en América Latina y el Caribe, difundido en mayo pasado, el Sela documenta la falta de certidumbre que los inversionistas tienen de la política económica del gobierno de Felipe Calderón.
Destaca que en tan sólo seis meses, del 22 de abril al 27 de octubre de 2008, la Bolsa Mexicana de Valores sufrió la peor caída de su historia: cercana al 50 por ciento, al pasar el Índice de Precios y Cotizaciones (IPC) de 32 mil 39 a 16 mil 868 unidades. Posteriormente, al 1 de enero de 2009, el IPC se ubicó en un máximo de 23 mil 250 puntos. A partir de entonces “continuó con su errático comportamiento dentro de una tendencia gradual a la baja”, lo que la ha llevado a perder en el transcurso de 2009 cerca del 12 por ciento del valor con el que inició el año, para ubicarse en los 20 mil 542 puntos, dice el Sela.
Como parte de la inestabilidad de la economía mexicana, que ha ahuyentado a los inversionistas, el organismo detalla que, en un lapso de siete meses, la moneda sufrió una severa devaluación de más del 50 por ciento en el mercado cambiario con respecto del dólar, al pasar de 9.94 pesos por dólar el 8 de agosto de 2008 a 15.35 pesos por dólar el 11 de marzo de 2009. Si bien a partir de esa fecha el peso comenzó a ganar terreno lentamente, hasta ubicarse en 14.21 unidades por dólar, su depreciación se ha mantenido en más del 40 por ciento.
Por primera vez en 10 años, el Banco de México intervino en el mercado cambiario. Su gobernador, Guillermo Ortiz, subastó en sólo tres días 8 mil 900 millones de dólares (más de la mitad de los 17 mil millones que se subastaron durante todo 2007), y mantuvo una subasta de 100 millones de dólares diarios hasta finales de mayo. A pesar de esa medida, que mermó significativamente las reservas, el tipo de cambio peso dólar alcanzó máximos históricos.
La caída del PIB
En marzo pasado, cuando anunció que el crecimiento económico global caería bajo cero, el director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) anunció que, con tal indicador, 2009 sería el año “de peor desempeño en la vida de la mayoría de nosotros”. La estimación para los países de América Latina y el Caribe era una de contracción en el Producto Interno Bruto (PIB) entre 0.5 y 1.0 por ciento.
Los indicadores del Banco de México, que en diciembre de 2008 auguraban una caída en el PIB del 0.11 por ciento, han tenido que cambiar: el desplome se pronostica hasta menos 6.3 por ciento. La OCDE dice que caerá hasta 8 por ciento, su descenso más profundo desde 1932. En contraste, economías como Perú, Panamá, Bolivia y Cuba crecerán este año 3 por ciento, según la Cepal.
Como consecuencia de la caída del PIB, la pérdida de empleo y la reducción de ingresos, el gasto de consumo privado ha registrado una contracción promedio del 9 por ciento. La OCDE dice que para 2010 se contraerá 6.8 por ciento.
Comercio binacional, factor negativo
En su informe La acentuación de la crisis económica global: situación e impacto en América Latina y el Caribe, el Sela dice que otra de las razones por las cuales la crisis ha impactado de manera más significativa a México que al resto de los países de la región es su dependencia del comercio binacional.
En 2008, el Banco Mundial (BM) advirtió que la crisis impactaría severamente el comercio exterior de los países latinoamericanos y caribeños. Las exportaciones caerían alrededor de 2.1 por ciento y las importaciones, 3.9 por ciento. Se alertó que el país más afectado sería México, ya que destina al mercado estadunidense el 84 por ciento de sus exportaciones y el 54 por ciento de sus importaciones.
Uno del los sectores más impactados es el automotriz. En lo que va del año las exportaciones, que representan el 55 por ciento de esa industria, han caído 41.5 por ciento, de acuerdo con cifras de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz y de la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automotores. La producción total se ha desplomado 41.7 por ciento y las ventas nacionales, 30.6 por ciento.
Otro sector afectado es el del petróleo, que constituye el 16 por ciento de las exportaciones. En el primer trimestre del año Petróleos Mexicanos registró una pérdida neta de 1 mil 900 millones de dólares, comparados con la utilidad neta de 3 mil 300 millones obtenidos en el mismo periodo del año anterior. Al igual que el petróleo, materias primas como el cobre, la soya, el café, el azúcar, el maíz y el trigo también han sufrido significativos decrementos en su precio en el mercado internacional.
María Teresa Aguirre Covarrubias destaca que uno de los errores del gobierno de Calderón ha sido dar la espalda al mercado latinoamericano, al que destina sólo el 4 por ciento de sus exportaciones. “El gabinete económico está muy convencido del modelo exportador que recibieron y, aunque este modelo se está cuestionando en todo el mundo, acá no se ha hecho ninguna vinculación con América Latina, no se busca la manera de colocar allá los productos mexicanos. Por estar volcados en el mercado estadunidense, se olvidaron del latinoamericano que ahora es el más estable”.
El Sela dice que los acuerdos regionales, como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América son los que han permitido a los países de Centro y Suramérica sortear la crisis.
Para la investigadora de la UNAM, las políticas gubernamentales se han centrado, “erróneamente”, en generar estímulos a las exportaciones como motor de la economía, por ello, “se deprimieron los salarios para supuestamente hacer más competitivas las exportaciones, por eso la canasta básica se encareció y los salarios se mantienen sin aumento. Pero esa política no está dando buenos resultados y lo único que genera es más pobreza”.
La acentuación de la pobreza
Más de 50 millones de mexicanos padecen pobreza y en los próximos meses la cifra podría crecer, como alerta el Banco Mundial: al concluir este año, unos 200 millones de personas en el continente habrán caído en pobreza, como consecuencia de los aumentos en los precios que entre 2008 y 2009 han registrado los alimentos y combustibles.

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