Mostrando las entradas con la etiqueta desgobernabilidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta desgobernabilidad. Mostrar todas las entradas

domingo, mayo 23, 2010

Violencia y desgobierno

El pendejo de Felipe Calderón

Jesusa Cervantes


MEXICO, D.F., 21 de mayo (apro).- Embriagado aún por los aplausos que arrancó a demócratas estadunidenses, Felipe Calderón hubo de volver a su realidad.

A la realidad de la violencia que se vive en México; al ajuste de cuentas entre bandas del narcotráfico; al mundo de las cabezas rodantes de los traidores; de los asesinatos de dirigentes indígenas en Oaxaca; de los políticos priistas asesinados... de los políticos panistas secuestrados y, por si fuera poco, de la burla del Ejército y sus generales “condecorados”.

Felipe Calderón recibía “medallitas” de reconocimiento en España, mientras los mexicanos seguíamos viviendo las consecuencias de su desgobierno y la descomposición del país, que ya pega, y pega duro, a los reconocidos militantes de su partido.

Durante su gira por España, Calderón se veía atribulado, tan acabado como cuando murió su secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño. Pasaban los días y su discurso seguía siendo tan hueco y tan falto de sintonía con lo que ocurría en el país, que difícilmente algún mexicano pudo sentir tranquilidad ante los acontecimientos.

A medida que fueron transcurriendo sus meses en el poder, un gran sector de la población ha ido viendo y viviendo en carne propia la muerte que genera el desgobierno y la descomposición de la sociedad.

Esta inseguridad con la que conviven los mexicanos parecía no alcanzar a los políticos, a las grandes figuras de la política.

La escalda de inseguridad y violencia parecen no tener vuelta atrás. Hace menos de 15 días, en Valle Hermoso, Tamaulipas, el candidato a presidente municipal por el Partido Acción Nacional, Mario Guajardo Varela, fue asesinado junto con su hijo. Detrás de ellos quedaron los civiles muertos, llamados “daños colaterales” que ha generado la “guerra” de Calderón con el narcotráfico.

También hace menos de un mes, en San Juan Copala, municipio de Oaxaca, donde vive la comunidad trique, fue emboscada una caravana humanitaria de organizaciones nacionales e internacionales, con el saldo de un extranjero y una mexicana muertos.

Hace apenas dos días, en esa misma comunidad, el líder indígena trique y su esposa fueron asesinados.

El candidato a regidor por el PRI en el municipio de Calera, Zacatecas, Joel Arteaga Vázquez, fue encontrado muerto con tres impactos de bala.

El sábado 15 de mayo, en Chihuahua, tres camionetas del candidato del PRI a la gubernatura, César Duarte, fueron rafageadas por un militar, quien “accidentalmente” disparó su arma. Hace un par de días uno de sus brigadistas políticos, Jorge Ortega Ortega, fue ejecutado por un comando.

Todo esto sin contar con los granadazos en las oficinas de la policía de Nuevo León, la desaparición de federales o los constantes enfrentamientos entre sicarios y militares en diversas partes del país.

A esta realidad de violencia e inseguridad es a la que regresó el siempre ausente de Felipe Calderón, quien ahora, ya sin poder evadirse, deberá dar la cara y una explicación sobre la desaparición del panista Diego Fernández de Cevallos, quien fue privado de su libertad justo un día antes de que el encargado del Ejecutivo federal surcara los aires para ser ovacionado, mientras en su país es repudiado por muchos.

Calderón deberá dar la cara ante estos hechos, pues el silencio no hará olvidar ni ignorar, sino acrecentar más la incertidumbre, el coraje e indignación de muchos mexicanos, quienes ahora se están dando cuenta de que, efectivamente, el crimen organizado no tiene límites y que la descomposición que se vive en el país no sólo tiene como saldo de los “daños colaterales” a desconocidos… también a reconocidos políticos, a los políticos emanados del mismo partido que el del “Presidente”.

Calderón ha tenido que regresar a la realidad que ya no puede seguir evadiendo, a esa realidad donde, en un acto que parece ser no sólo de atrevimiento, sino también de burla y humillación, se atenta contra un miembro del Ejército, del mismo Ejército que enfrenta “la guerra” que el mismo Calderón declaró contra el crimen organizado.

El Ejecutivo federal ha regresado al país, donde fácilmente alguien se acercó, sacó su arma y atentó contra el “multicondecorado” general del Ejército, Mario Arturo Acosta Chaparro, un hombre acusado de tener vínculos con el narcotráfico y haber encabezado la persecución y asesinato de líderes sociales y guerrilleros durante la llamada “guerra sucia” de los años setentas.

Al hombre de hierro, al implacable Acosta Chaparro y actual asesor de la Secretaría de la Defensa Nacional para combatir el crimen organizado, logró llegar un desconocido y atacarlo, justo en momentos en que la especie sobre su participación en el esclarecimiento de la desaparición de Diego Fernández de Cevallos empezó a tomar más fuerza.

A esta realidad llegó Calderón, a la realidad donde el crimen no tiene límites.

Apenas el pasado fin de semana, en España, Calderón aseguró que México no era Colombia. Dijo que el crimen organizado secuestró al Poder Judicial y mató a un candidato presidencial, a políticos, y en México eso no ocurre.

¿Qué tan seguro está Calderón de que eso no ocurrirá o que eso no ocurre en México? Alguien tiene que informarle a quien se dice Presidente de México, qué es lo que pasa; cuál es la realidad que se está viviendo en este país; alguien tiene que sacar de ese embelesamiento a Calderón… aunque, ¿servirá eso de algo?

Quizá no, pero por lo menos, la población sí está informada y ahora más que nunca, con el ataque al general Acosta Chaparro y la desaparición de Fernández de Cevallos, sabe que nadie esta a salvo, nadie mientras este tipo de gobierno continúe al frente del país.

mjcervantes@proceso.com.mx

jueves, diciembre 04, 2008

El desayuno y la catástrofe

Manuel Bartlett Díaz
El desayuno y la catástrofe

El mundo está en crisis, los poderosos están en crisis, la peor crisis de la historia. De origen estadounidense, nos golpea de inmediato. En todos lados se aplican medidas desesperadas para evitar la catástrofe. En México se celebra un placentero desayuno en Palacio Nacional, asisten los poderes, gobernadores, partidos, invitados. Celebran dos años de gobierno. El presidente Calderón lee un largo texto, informe de “realizaciones”, programas en marcha ­los mismos­, lucha contra el crimen organizado, la infiltración y su limpieza. Por ahí aparecen dos menciones a “la crisis mundial que tendrá un impacto en la economía”, pero “sabemos qué hacer y estamos actuando”. Así, nada más. El público satisfecho, el PAN asiente, el PRI cupular en un arranque crítico inusitado califica el informe de claroscuro, el PRD de desastre y ya.
Mientras, México es arrastrado en el torbellino de la crisis, sin un programa de emergencia, sólo medidas aisladas, sabemos qué hacer, dicen, sin que nadie sepa lo que saben.
Estados Unidos, promotor del neoliberalismo, rompe su ortodoxia, el gobierno interviene sin límites, inyecta recursos al sistema financiero, estatiza, rompe inhibiciones fiscales y monetarias, emite moneda, se endeuda, busca liquidez donde esté, anula el enfoque neoliberal. Sarkozy en Francia propone una revolución financiera europea sin perder su defensa nacionalista. Ante el avance implacable de la crisis los expertos urgen acciones heterodoxas, radicales.
Las amenazas sobre México son evidentes: caen los precios de las materias primas, las exportaciones, las remesas; la deuda privada alcanza 70% del total y se les cierra el apoyo externo. La banca nacional extranjera parasitaria del consumo restringe el poco crédito y exporta utilidades.
La inflación y el desempleo atacan la economía popular. El 45% de lo que México consume en alimentos es importado, se disparan los precios. Crece el déficit comercial internacional. No puede Calderón regodearse en sus “avances” en desenfadado desayuno y carecer de un programa anticrisis, explícito, concertado para enfrentar el cataclismo que avanza.
Recientemente, en coro de presidentes centroamericanos, Calderón declaró muerto al neoliberalismo y lo sigue aplicando. En EU lo desmantelan para actuar sin restricciones, en México el equipo económico espera instrucciones. Creen acaso que vendrán a salvarnos, cuando lo que buscan es salvarse ellos. No se percatan de que los instrumentos neoliberales son nuestra debilidad. Sus maestros los eliminan allá, por qué aquí no. El Banco de México es impotente en su corset neoliberal: la banca extranjera debe ser controlada para evitar exacciones y remisiones inconvenientes a sus matrices; urgen restricciones a la transferencia indiscriminada de recursos y utilidades al exterior. Es impostergable proteger las pensiones de los trabajadores que se reducen a diario entre comisiones y pérdidas, en manos de la banca extranjera. Apliquemos cláusulas de resguardo en los tratados de libre comercio con países cuyo déficit drena miles de millones.
Tenemos que impulsar la producción interna y proteger la economía del pueblo. Se requieren cambios institucionales, no en la línea de esa “transformación” monótonamente descrita en el desayuno oficial imaginada para una realidad que ha superado ostensiblemente al gobierno del retroceso y el desempleo.
mbartlett_diaz@hotmail.com
Ex secretario de Estado