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domingo, junio 06, 2010

Calderón y Aguirre: la mancuerna mediática

El uso político del futbol se está llevando al extremo en México. Montado en los quehaceres de la selección mexicana, Felipe Calderón ataca con sus arengas de unidad envueltas en el discurso deportivo, mientras que Javier Aguirre, el técnico del equipo tricolor, se ha convertido –alejado ya de sus convicciones izquierdistas– en punta de lanza del mandatario. En el mayor de los excesos, Aguirre comparó al presidente mexicano con Nelson Mandela. Por si fuera poco, se paró al pie del Ángel de la Independencia y, con un lenguaje mimetizado del oficial, nos recetó una perorata con resabios de informe de gobierno.

..........el ariete oficial


El presidente Felipe Calderón se presenta como un devoto del futbol. Frecuentemente ataviado con la camiseta verde, al menor pretexto se deja ver con la selección mexicana que participará en el mundial de Sudáfrica. Con sigilo, su gobierno se aprovecha políticamente del equipo tricolor y de su director técnico, Javier Aguirre, antes de que se mueva el balón en Johannesburgo.

Sin saberlo, los jugadores y Aguirre han servido al gobierno: primero como señuelo para desaparecer a Luz y Fuerza del Centro (LFC), luego como estandartes para llamar a la unidad nacional en la guerra contra el narcotráfico, como comodines de una campaña publicitaria de programas oficiales y, por último, como arietes en los festejos patrios de 2010.

En 1995 Nelson Mandela se apoyó en la selección sudafricana de rugby para transmitir un mensaje de reconciliación tras la caída del apartheid. Este ícono universal, que estuvo 27 años de prisión, arrasó en las elecciones para convertirse en el primer presidente negro de Sudáfrica.

En 2010, guardada toda proporción, Calderón ha usado a la selección de futbol para llamar a la unidad en la guerra contra el narco, que ha dejado 22 mil 700 muertos, entre ellos víctimas inocentes. El segundo de los mandatarios panistas llegó a Los Pinos con una diferencia de votos de 0.56% sobre una izquierda que lo acusa de haberse encumbrado mediante un fraude.

A pesar de las evidentes diferencias que hay entre Calderón y Mandela, según Aguirre ha sido igual de alentador para sus jugadores sentir el apoyo del panista que para los sudafricanos era escuchar a su presidente.

El pasado 7 de mayo, tras un juego contra Ecuador disputado en Nueva Jersey, Aguirre dijo que para sus futbolistas tuvo el mismo efecto de bienestar haber comido con Calderón y su esposa, Margarita Zavala, en Los Pinos, que para la selección sudafricana de rugby haber sido apoyada por Mandela en la Copa Mundial de 1995.

“Sudáfrica apela mucho a eso, a su presidente, como en la película Invictus. Nosotros también estamos cubiertos en ese aspecto. Imagínate lo que es para los chavos compartir con la familia del presidente. A mí me ha tocado convivir con cinco presidentes distintos y siempre nuestras señoras y nuestros hijos lo ven por televisión, pero ahora fue muy emotivo. Una muy buen idea de la primera dama y del presidente invitarnos”, dijo.

Y Y Y

Los discursos motivacionales de Calderón dirigidos a los jugadores para que “lleguen lo más alto posible” se resquebrajan a contraluz de la realidad: el estudio The World Cup and Economics 2010 concluye que México no llegará al anhelado quinto partido de la Copa del Mundo.

De acuerdo con el estudio publicado por Goldman Sachs, el favorito para ganar el mundial es Brasil con 13.6% de posibilidades, seguido por España con 10.46%. México está en el lugar 11 con 2.40%. Goldman Sachs basa su modelo probabilístico en la clasificación de la FIFA, en estimaciones de las casas de apuesta y en las condiciones económicas de cada país.

En medio de la guerra contra el narcotráfico y tratando de sortear la crisis financiera internacional, Calderón lanzó una campaña para fortalecer la imagen de su gobierno. El 8 de enero de 2010, durante una comida en la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), pidió al cuerpo diplomático hablar bien de México. Molesto, el mandatario expuso que nunca había escuchado a un brasileño hablar mal de Brasil.

Pero no sólo los diplomáticos se pusieron esa camiseta. El sábado 15 de mayo, durante el abanderamiento de la selección nacional, el presidente de la Federación Mexicana de Futbol (Femexfut), Justino Compeán, dijo: “Por eso hemos tenido la mejor preparación para corresponder a lo que usted nos ha pedido: que hablemos bien de México, y la Federación Mexicana de Futbol cumple”.

Un día antes de la ceremonia de abanderamiento en el Centro de Alto Rendimiento (CAR), Compeán informó que en Johannesburgo y las sedes donde jugará México, se instalarán paneles con el nombre “Probadita de México” –hasta mariachis habrá– a fin de seguir las instrucciones presidenciales: “Hablar bien del país”.

Y Y Y

El 14 de enero de 2009 el equipo Toluca visitó la residencia oficial de Los Pinos tras coronarse campeón del Torneo Apertura 2008. Ese día, los colaboradores del mandatario tomaron nota cuando escucharon a su jefe expresar que el futbol es un deporte que une, que apasiona y entusiasma.

“Mientras nos mantengamos jugando en equipo, mientras prevalezca la cooperación por encima de cualquier otro interés, estoy seguro de que cualquier reto que se presente a nuestra gran nación será superado”, afirmó Calderón en un discurso improvisado, enfundado en la camiseta de los Diablos Rojos.

Cinco meses después, el 3 de junio, Calderón interrumpió un entrenamiento de la selección nacional unas horas antes de que el equipo visitara a El Salvador para jugar un partido crucial en las aspiraciones mundialistas de México.

La visita fue anunciada un día antes. Era el primer juego de Aguirre en su retorno como técnico del equipo nacional. La calificación estaba en riesgo. El helicóptero con Calderón a bordo aterrizó en el CAR. Acompañado de Margarita Zavala y de su hijo, Luis Felipe, el mandatario charló con los jugadores y luego observó el entrenamiento.

En los costados del campo fueron colocados anuncios del programa Vive México, el mismo que Aguirre promovió en una conferencia de prensa después de la emergencia sanitaria por el virus A H1N1. “Viajen cabrones”, les dijo a los reporteros. “Lo de Vive México no es una tontería, entendamos el compromiso social de ser futbolistas, la repercusión de las palabras, hay que tener un comportamiento ad hoc”, agregó el entrenador, que usaba una gorra verde con la leyenda “Vive México”.

Las fotografías de Calderón con una chamarra de la selección aparecieron al día siguiente en los diarios. La noche del sábado 6 de junio México perdió 1-2 contra El Salvador.

El 10 de octubre de 2009 en el estadio Azteca tuvo lugar el juego de vuelta. En esos cuatro meses México había cosechado buenos resultados y estaba a un triunfo de conseguir su boleto al mundial. Lo lógico sucedió: los salvadoreños sucumbieron 4-1.

En el palco de honor, Margarita Zavala festejó los goles con sus hijos pero sin su esposo. Algo debió pasar esa tarde para que el mandatario no estuviera en el Azteca. Calderón no había faltado a ningún juego de México como local. En Los Pinos, mientras la gente festejaba en las calles, el mandatario grabó el mensaje en el que anunció la liquidación de LFC. Coincidencia o no, un anuncio prioritario del gobierno se engarzó al festejo de la calificación al mundial de la selección mexicana.

Vino entonces un largo periodo en el que aparentemente se cortó el vínculo entre el equipo mexicano y Calderón, hasta el pasado 27 de abril cuando el mandatario apareció otra vez en el CAR.

La Presidencia no incluyó esa visita en la agenda oficial. Ese día Calderón asistió más tarde a la toma de protesta de la Mesa Directiva Nacional 2010-2011 de la Cámara Nacional de la Industria de Transformación. Al retirarse, le preguntaron cómo había visto a la selección, a lo que respondió: “Bien y muy fuerte”.

En ese último encuentro privado, Calderón invitó a los seleccionados a comer en Los Pinos el sábado 1 de mayo. Los jugadores fueron recibidos por el mandatario y su esposa. La coordinación de logística y la sección del Estado Mayor Presidencial encargada del protocolo montaron mesas sobre uno de los jardines de Los Pinos e instalaron un “brincolín” para los hijos de los seleccionados.

En la mesa principal estuvieron Calderón con su esposa; Javier Aguirre con su consorte, Silvia Carrión, además de los capitanes Cuauhtémoc Blanco, quien fue acompañado de su pareja, la actriz Rossana Nájera, y Gerardo Torrado, también con su esposa.

No hubo vino de mesa ni tequila, la bebida predilecta de Calderón. Los seleccionados comieron un bufete que acompañaron con aguas de sabores. Al final hubo una foto oficial, que apareció en la mayoría de los diarios capitalinos.

Calderón pronunció un discurso de tres o cuatro minutos para apoyar a los jugadores y expresar toda su confianza en el entrenador Aguirre. “Le deseo mucha suerte y quedo a las órdenes de las familias, de las viudas del futbol”, bromeó Calderón.

Los jugadores se rieron; sin embargo, estaban cansados por el entrenamiento matutino y la mayoría de ellos miraba impaciente el reloj, ya que a las 17:00 horas se iniciaba el juego de liguilla del torneo local entre Monterrey y Pachuca.

Antes de retirarse, Calderón comentó que el futbol anima a la gente y fortalece al país. Los jugadores, sus esposas y niños salieron de Los Pinos con banderitas mexicanas obsequiadas por la familia Calderón Zavala. Faltaban 40 días para la inauguración del Mundial de Sudáfrica.

Y así, mientras el gobierno calderonista se afanaba en minimizar los “daños colaterales” que va dejando la guerra contra el narcotráfico, la Selección Mexicana de Futbol partió a una gira de preparación por Estados Unidos, donde enfrentaron a Ecuador (0-0), Senegal (1-0) y Angola (1-0). La raquítica cosecha de goles se repitió en el partido de despedida en el Azteca ante Chile, cuando el marcador fue nuevamente de 1-0 a favor de México.

Y Y Y

La liga entre la selección y el gobierno federal se mantenía intacta. Calderón se montaba en el mundial de Sudáfrica. Antes de que los seleccionados regresaran de su gira por Estados Unidos, se sometió a votación popular si Calderón debía o no asistir a la inauguración de la Copa de Mundo.

La noche del 2 de mayo la Presidencia colocó en su portal en internet una encuesta con preguntas inducidas sobre la tradición diplomática de que los mandatarios de los equipos que juegan el primer partido asistan al estadio. La encuesta fue colocada en la parte superior del portal mientras que abajo permanecieron intactas las noticias sobre actividades del mandatario, los vínculos con programas oficiales, los videos sobre giras y fotos de recorridos oficiales.

Antes que las propuestas de reformas estructurales, como la política, la energética, la de seguridad nacional, la de combate a los monopolios y, recientemente, la laboral, el gobierno decidió que el futbol fuera el primer tema que se sometiera a consulta pública.

Desde el sexenio pasado y hasta hoy en las encuestas mandadas a hacer con empresas privadas, el tema de futbol ha sido utilizado para medir el ánimo de la gente cuando se van a tomar decisiones importantes.

Esta información se guarda con sigilo. Los resultados están clasificados como confidenciales. Pero en esta ocasión, desde la Presidencia se dio un viraje a esa política.

El cuestionario fue de ocho preguntas. Entre ellas: ¿hasta dónde llegará la selección en Sudáfrica?, ¿hasta dónde ha llegado en otros mundiales?, y ¿qué resultado tendrá México en el partido inaugural?

Tras las preguntas introductorias, la Presidencia dirige al aficionado hacia la figura del primer mandatario: “¿Usted cree que el presidente Calderón sí debe ir al partido inaugural o no?”, en virtud de que fue “invitado personalmente” por su par sudafricano, Jacob Zuma, y de que “la mayoría de los presidentes de los países que juegan el partido inaugural del mundial asisten al estadio”.

Para medir el éxito de la cercanía de Calderón con los jugadores, la Presidencia cuestionó: “¿Usted cree que la presencia del presidente Calderón en el partido inaugural del mundial será un apoyo moral para la selección nacional o no?”

La Presidencia difundió al día siguiente los resultados. La mayoría de la gente, entre 59% y 63%, estuvo de acuerdo en que Calderón asista. Los votos en contra fluctuaron entre 37% y 41% de los 2 mil 556 participantes.

Y Y Y

El sábado 15 de mayo Calderón abanderó a la selección antes de salir de gira de trabajo por España y Estados Unidos. Durante la ceremonia organizada en el CAR, el mandatario elevó al rango de embajadores a los 23 jugadores: “Como embajadores de México, que hoy los nombro y pido que lo sean, lleven en su sangre, en su fuerza, en su espíritu, en cada jugada que disputen, lo que México es hoy y lo que será”.

En un afán por exaltar el nacionalismo, Calderón utilizó con los deportistas el mismo discurso con el que se dirigió antes a funcionarios y miembros de las Fuerzas Armadas el Día de la Bandera. De traje oscuro, el mandatario explicó el significado de los símbolos patrios y pidió a los futbolistas sentirse orgullosos de portar el escudo nacional.

El escudo nacional –detalló– tiene un significado para quienes en algún momento tenemos que pelear por el país, en cualquiera de los terrenos que la nación nos haya reclamado, sea en el deporte, sea en la vida pública o en el servicio a los demás.

Aun cuando la selección calificó de panzazo al hexagonal final de la Concacaf y echó mano de cuatro entrenadores, Calderón se descosió en elogios.

“México es un pueblo guerrero, somos un pueblo luchador, sé que ustedes sabrán llevar ese espíritu de superación al terreno de juego, sé que sabrán mostrar en la cancha no sólo nuestro anhelo de triunfo, sino lo mucho de lo que son capaces y lo mucho que se han preparado.”

El capitán, Gerardo Torrado, remató su intervención con una invitación a Calderón: “Ojalá nos pueda acompañar al juego inaugural. Sé que usted tiene muchas actividades, pero ojalá pueda estar con nosotros para brindarnos al máximo”. Calderón, complacido, movió la cabeza de un lado a otro como diciendo que no.

El pasado domingo 30 de mayo el Presidente encabezó la exhumación de los restos de 12 caudillos de la Independencia de México para llevarlos del Ángel de la Independencia al Castillo de Chapultepec. Los huesos de los Héroes de la Patria serán sometidos a un análisis para conocer las enfermedades que padecieron, su complexión, así como las circunstancias en que murieron.

A las 21:00 horas de ese mismo día, las televisoras interrumpieron su programación para trasmitir un mensaje de Javier Aguirre. Con el Ángel de la Independencia como fondo, llamó a pasar “del México del sí se puede al México del ya se pudo”.

Sintonizado en el mismo lenguaje utilizado por Calderón en los discursos con motivo de los festejos por el Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución, el entrenador de la selección nacional dijo que cada 100 años México se propone hacer algo nuevo y lo logra.

“Es 2010 y parece imposible ser el gran país seguro, justo y próspero que todos deseamos. Pero nuevamente es el momento de actuar”, enfatizó.

En el juego del gobierno, Calderón se transformó en el director técnico y Javier Aguirre, en su ariete. u

miércoles, diciembre 09, 2009

La impunidad como estrategia política

Julio Scherer Ibarra


La corrupción en México crece sin freno de gobierno en gobierno, en binomio con la impunidad. Ambas, corrupción e impunidad, son causa y efecto en sí mismas y son utilizadas para gobernar de acuerdo a los intereses de grupo. A partir de un riguroso análisis jurídico, el abogado Julio Scherer Ibarra explora este fenómeno, que es ya una estrategia consustancial al quehacer público nacional, en el libro Impunidad. La quiebra de la ley. Y ofrece cuatro ejemplos emblemáticos de corrupción impune: el enriquecimiento inexplicable de Arturo Montiel; el conflicto de intereses de Juan Camilo Mouriño; las irregularidades dolosas en la investigación del caso Zhenli Ye Gon, y los actos ilícitos de César Nava a su paso por el jurídico de Pemex. De la obra, que empezará a circular en días próximos bajo el sello de Grijalbo, adelantamos aquí la Introducción y las Consideraciones finales.

Introducción
Se dice de la estrategia que es el arte de dirigir. Se dirige un ejército, se dirige un partido; a los estrategas se les enco mienda un proyecto para destrabar una situación crítica y a ellos se recurre para levantarse en una contienda cerrada.
No fue coincidencia que los estrategas de este tiempo azul y los del tiempo tricolor diseñaran la misma política para asegurar a un grupo en el poder. El pensamiento de los estrategas de uno y otro bando ha sido claro y preciso: el poder se conserva gracias a la impunidad.
El poder sin contrapeso hace doblemente fuertes a los fuertes. Hay que eliminar a la autoridad que busque con senso. Lo que cuenta es el poder sin ambages, la arbitrarie dad en toda su crudeza. El que tiene el poder manda. El que manda predomina. El que predomina impone sus normas a la sociedad.
Así se plantea el principio, después viene la praxis. En los hechos, en la aguerrida lucha de todos los días, ¿cómo hacer de la impunidad un baluarte? Los estrategas saben de eso y discurren con acierto. Así, imaginan una fortaleza, un búnker. En su interior viven y batallan los hombres y mujeres fieles a una creencia, a un modo de hacer política. Seamos impunes, discurren, vivamos por encima de la ley. De esta manera, la impunidad termina en casta, grupo encerrado en sí mismo que gobierna conforme a sus designios. Los impunes, por naturaleza propia, terminan conduciéndose como si fueran inocentes, ajenos a toda perversión política. Como impunes que se piensan, para ellos la ley no existe. En estas condiciones, paradójicamente, la norma actúa contra los débiles, los no impunes, los que comparecen ante la ley y sus jueces, si así lo determinan los personajes del poder.
En la inteligencia de los estrategas queda un punto por resolver: más allá de los avatares que la vida trae consigo, ¿cómo predominar a despecho de los años y las circunstancias de ese misterio que es el destino? Para todo tienen respuesta: importará que al búnker no penetre un solo extraño. Ahí está el secreto. Un caballo de Troya en la fortaleza de la impunidad haría impensable este proyecto y sus consecuencias, el poder efímero que, como tal, de poco sirve. Se trata no solamente de alargar el tiempo y hacer política en función de sus diarias contradicciones, sino de “mandar” con los ojos puestos en los sexenios posteriores. Un sexenio representaría apenas un suspiro; dos, ya sería una larga respiración; tres, la existencia con su vasto horizonte, el largo futuro que permite soñar.
Para los de afuera, los no impunes, aquéllos para los que las leyes sí existen, quedan las expectativas y los persistentes enfrentamientos con los discursos del poder y las manifestaciones de la fuerza, siempre al acecho para evitar cualquier tropiezo que pudiera dar al traste con los sueños de grandeza.
Todo lo que aquí decimos origina graves consecuencias para la sana convivencia, resumidas en una frase: el paulatino derrumbe del Estado de derecho. De la ley abatida nacen muchas desgracias y de la denegación de la justicia nacen los crímenes, el sufrimiento que trae consigo una sociedad descreída que se encoge y rebela, se rebela y encoge hasta que un día, en la fatiga ya cercana a la desesperación, o en la desesperación, grita: basta.
Vicente Fox dio cuerpo y forma a la impunidad flagrante. Sólo el derroche al que le llevó la megabiblioteca daría materia para recordar ese ejemplo de la sinrazón, tributo a la vanidad que privó a la nación de proyectos culturales armados larga y amorosamente. Su relación con Marta Sahagún hizo de uno y de otra la pareja indigna, que figurará en la historia de la megalomanía. De este modo se declararon dueños del futuro de México. En seis años discurriría el primer sexenio azul para Fox, el hombre; luego vendrían otros seis para Marta, la mujer .
Felipe Calderón pisa terrenos peligrosos y ya va por ahí, por la ruta de Fox, en pasos mal calculados que pudieran llevarlo a una caída de la que ya no sea posible reponerse. La complicidad con su antecesor se da sin ocultamientos y tiñe a la relación de un cinismo que agravia. La Contraloría de la Federación se encomendó en sus orígenes a Germán Martínez Cázares; hoy es claro que fue sólo una maniobra que culminaría con la exaltación de Martínez como presidente del Partido Acción Nacional (PAN).
Los impunes se comportan como inocentes. Son la ley y la ley no castiga a los de arriba, a los grandes, a los conductores. En el búnker todo se arregla entre correligionarios. En el interior de la fortaleza sólo hay fieles a Dumas: uno para todos y todos para uno.
La vida se da en la pareja, siempre dos, y la impunidad reclama su álter ego, única manera de construir el diálogo político, la palabra de dos que ya no pueden separarse. Ese otro yo es el receptor cómplice, perfecto. Así, la corrupción hermana y promueve la impunidad; al final ambas son causa y efecto en sí mismas. Se buscan, se necesitan y terminan por ser iguales. Un impune es un corrupto por su propia naturaleza, sucia la sangre que lo recorre.
La guerra contra el narcotráfico es hoy ejemplo de la impunidad y la corrupción que se acompañan. El licenciado Felipe Calderón, al iniciar su sexenio, anunció una batalla contra ese cáncer como su meta más ambiciosa. Con buen ánimo, los discursos sobre el tema pudieron haber sido intachables en teoría, pero ciertamente no se reflejaron en la realidad. Se ha visto que la lucha crucial contra el narcotráfico no puede acontecer sin una guerra de proporciones parecidas contra la corrupción. Qué bien que el jefe del Ejecutivo porte las insignias de general en jefe de las Fuerzas Armadas, pero qué mal que las nobles insignias no las luzca a la hora de castigar a la cauda de funcionarios sin una hoja impecable en el ejercicio de sus cargos. Germán Martínez es ejemplo nítido: incumplió en la Secretaría de la Función Pública (SFP) y difícilmente pudo cumplir al frente del partido en el poder.
La alianza entre los ejecutivos panistas Fox y Calderón es una prueba de la corrupción interna que priva en las filas azules. Vicente Fox y Marta Sahagún nos aturdieron con su megalomanía y estulticia. Desde tiempos de Echeverría no se tenía noticia de un mandatario al que públicamente se le llamara tonto e ignorante. Dijo Fox, en símil insuperable, que él se guiaba por las estrellas, que en ellas leía sus deberes para con la patria. El canto a la incultura lo acompañó siempre, día con día, hasta hacer de su sexenio un malhadado periodo de ocurrencias de mal gusto y frivolidades sin fin.
No obstante, es preciso reconocerlo, en la mentalidad de Fox cabía cierta congruencia: es más fácil leer en las estrellas que enterarse de sus deberes en los textos de la Constitución. La lectura en las estrellas se da sin esfuerzo. Basta cerrar los ojos o abrirlos. La lectura de la ley exige esfuerzo, carácter, voluntad de saber.
Casos mucho menores, pero irritantes hasta la desmesura, están representados por dos gobernadores insignes en su impudicia y atropello a la civilidad. Se trata de los mandatarios de Puebla y Oaxaca. El desprecio público los sigue, y la impunidad es su fortaleza. No cohabitan los panistas en el interior de esos regímenes priistas, pero no hay duda de que los gobernadores citados han establecido comunicación con el búnker azul. De otra manera no es posible explicarse la permanencia de ese par de sujetos en los cargos que ocupan para desgracia de sus estados.
Frustra en grado sumo que los poderes Legislativo y Judicial no hayan hecho valer sus atribuciones para discutir y sancionar el comportamiento de Mario Marín y Ulises Ruiz. Otro tanto debería esperarse del Ejecutivo federal. En este último caso podría pensarse que el asunto no es de su competencia, pero eso llevaría a contradicciones, pues frente al escándalo de Zhenli Ye Gon el Ejecutivo sí actuó.
Cuanto decimos acerca de la impunidad lo sabe de sobra el licenciado Felipe Calderón. Cabe recordar que en una conferencia de prensa, celebrada en Estados Unidos a finales de abril de 2008, declaró que la impunidad representa un hecho doloroso para la sociedad mexicana Asimismo, admitió que estamos lejos del principio en que descansa la justicia, que ha de ser pronta, expedita; no lenta y tortuosa, como la padecemos.
En esta historia alrededor del panismo y de sus hombres sobresalientes el día de hoy, Vicente Fox y Felipe Calderón, no hay manera de pasar por alto las tribulaciones de la elección de 2006, plagada de irregularidades e ilícitos que se han abierto paso hasta dejar una constancia cierta en el ánimo público. Muchos la llaman “guerra sucia”, que se traduce, sin duda, como “elección sucia”.
La impunidad y la corrupción, binomio funesto, maltra tan al país en su mero corazón. Urge atender ese corazón como a ningún otro órgano del cuerpo social.
Consideraciones finales
El horizonte de la impunidad en México es, desafortunadamente, amplísimo. Esa pasmosa realidad, construida día a día, a lo largo de mucho tiempo, es vasta y parece no tener fin.
Cuando nos propusimos hacer un trabajo cuyo tema fuera la impunidad, se pensó ir de lo general a lo particular; del análisis de lo que se entiende por impunidad en términos culturales, legales; del examen de la manera en que ésta se ha desarrollado y los efectos que produce en nuestra sociedad y en nuestra concepción del mundo, hasta la revisión de casos concretos que ejemplifican sus diversas formas.
Conforme analizamos la información relacionada con los cuatro ejemplos expuestos, advertimos que lo particular superó a lo general. Los matices, las formas para encubrir las conductas ilegales son tantos y tan sofisticados, que cada caso específico deja de ser un mero ejemplo, un simple caso, para convertirse en un modelo de cómo eludir responsabilidades.
La práctica supera a la teoría, y nos damos cuenta de que aún nos falta mucho por saber del tema. La ejecución de la “estrategia impunidad” está rebasando lo que la estructura del Estado puede soportar. Un caso de impunidad es una afrenta grave. Una estrategia de impunidad lo corroe todo.
No castigar los ilícitos cometidos agravia en el presente, deja un daño en el pasado y permite el surgimiento de circunstancias para nuevos delitos en el futuro. Tolerar el mal comportamiento es consentir, previamente, el acto indebido. Con la “política” de impunidad que han adoptado los grupos que detentan el poder, están fomentando las condiciones ideales para los próximos ataques al Estado. El impune ha dejado de ser un simple caso aislado. Se ha convertido en un modelo, en un prototipo, en una manera de ser. ¿Cómo pretendemos que las cosas cambien y mejoren, si los que deben ser ejemplo de ese cambio y de esa mejoría no lo hacen?
El panorama es sombrío. Muchas son las personas, muchos los grupos que protegen a los Arturo Montiel, a los Mouriño, a los César Nava. Muchos saldrán en su defensa. ¿Los argumentos para exculparlos? Insuficiencia de pruebas; defectos de procedimiento; tecnicismos legales; presunción de inocencia. Aplicación estricta del Estado de derecho, en todo lo que beneficie al infractor; estricto apego a la ley, interpretada como mejor convenga.
Hablar de impunidad es una terquedad, porque ella habla de sí misma todos los días. Sin embargo su tono es tan constante que tristemente ya nos acostumbramos a ella.
Denunciarla ante las autoridades competentes para investigar es algo tortuoso, laberíntico. De entre los pasajes surge, impetuoso, el Minotauro, el sistema que nos devora. La impunidad sólo desaparecería si se desvanecieran los grupos de poder, si se disolvieran los intereses particulares de quienes nos gobiernan. Frente al poder político y el dinero, la moral se derrumba, anacrónica e inútil.
Fuente: Proceso