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jueves, abril 21, 2011

Sagarpa garantizará alimentos con transgénicos

La siembra de maíz transgénico “es una herramienta que México tiene que experimentar”, afirma Enrique Sánchez Cruz, titular del Senasica. En breve, esa dependencia federal podría aprobar la siembra experimental de organismos genéticamente modificados en más de 2 mil hectáreas de suelo mexicano. La “justificación”, según el gobierno, es garantizar el abasto de alimentos. No obstante, expertos aseguran que ésta no es la solución.

Érika Ramírez

Con el pretexto de “garantizar” la seguridad alimentaria, el gobierno federal abre las puertas a la siembra de maíz transgénico. Estudios y expertos en la materia rechazan que ésta sea la vía para que los más pobres del país tengan acceso a la alimentación.

Aunque Enrique Sánchez Cruz, titular del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica), admite que la siembra de organismos genéticamente modificados (OGM) “no es la solución, no es la panacea del mundo”, afirma –en entrevista con Contralínea– que “es una herramienta que México tiene que experimentar”.

Sánchez Cruz es el encargado de vigilar la inocuidad de los alimentos que se consumen en el país. Él mismo ha estado al frente de la autorización de siembra experimental de maíz transgénico, que actualmente se lleva a cabo en Nayarit, Sinaloa, Tamaulipas, Coahuila, Durango y Sonora.

También es el encargado de autorizar a las trasnacionales Monsanto, Dow AgroSciences, PHI México y Syngenta Agro la dispersión de OGM en más de 2 mil hectáreas de suelo mexicano.

En el marco de lograr la seguridad alimentaria, el presidente Felipe Calderón Hinojosa y el titular de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), Francisco Javier Mayorga Castañeda, alertaron que, para 2012, la producción de alimentos se reducirá al 50 por ciento, por lo que activaron el programa Modernización Sustentable de la Agricultura Tradicional.

Según la nota del reportero Jorge Ramos Pérez, del diario El Universal, “la intención es generar más maíz y más trigo en la misma superficie, a través de mejorar genéticamente sus semillas y que sean más resistentes a plagas y sequías”.

La FAO alerta

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por su siglas en inglés), existen ciertos peligros en la aplicación de biotecnología para la producción de alimentos. La Declaración de la FAO sobre biotecnología, publicada en marzo de 2000, indica que “tales riesgos pueden clasificarse en dos categorías fundamentales: los efectos en la salud humana y de los animales y de las consecuencias ambientales”.

El organismo mundial reconoce que “hay que actuar con precaución para reducir los riesgos de transferir toxinas de una forma de vida a otra, de crear nuevas toxinas o de transferir compuestos alergénicos de una especie a otra, lo que podría dar lugar a reacciones alérgicas imprevistas”.

No obstante, la FAO impulsa el uso de estas tecnologías bajo la justificación de que la biotecnología ofrece “instrumentos poderosos” para el desarrollo sostenible de la agricultura, la pesca y la actividad forestal, así como de las industrias alimentarias.

“Cuando se integra debidamente con otras tecnologías para la producción de alimentos, productos agrícolas y servicios, la biotecnología puede contribuir en gran medida a satisfacer, en el nuevo milenio, las necesidades de una población en crecimiento y cada vez más urbanizada”, indica la Declaración de la FAO sobre biotecnología.

Enrique Sánchez Cruz –titular en jefe del Senasica, que depende de la Sagarpa– dice que los experimentos que se llevan a cabo en México tienen modificaciones genéticas de maíz que son “aptas” para consumo. “Científicamente, no está probado que cause algún problema”, argumenta.

Agrega que en México, como centro de origen del maíz, no se sembrará este grano transgénico en las regiones del centro y Sur del país. “Tenemos un monitoreo de OGM operando en Tecamac, Estado de México [Centro Internacional para el Mejoramiento del Maíz y Trigo]. No estamos trabajando a ciegas”, dice.

Adelita San Vicente Tello, ingeniera agrónoma por la Universidad Autónoma Metropolitana y representante de la asociación civil Semillas de Vida, expresa que actualmente diversas organizaciones campesinas y ecologistas están exigiendo “que se pare toda la siembra, que se evite que se pase a la siguiente fase [piloto] y se revierta la posible contaminación antes de que suceda un desastre económico de contaminación en todo el país” (Contralínea 224).


El mito de los OGM

Sánchez Cruz arguye que la tecnología de los transgénicos es una “técnica muy antigua”. Justifica que, “en otros países, se usa [desde] hace muchos años en la medicina humana y vacunas. El de las personas que viven con diabetes es transgénico”.

El funcionario de la Sagarpa ejemplifica como éxito de la siembra de OGM el cultivo de algodón y la soya, pues “se dejó de hacer por la presencia de plagas”. Ahora, dice, “con el uso de transgénicos en el algodón, hoy por hoy, hay más de 100 mil hectáreas sembradas de forma experimental y ya se comercializa el transgénico. El uso de la tecnología te da dos ventajas: solamente atacas al insecto blanco, no matas a todos los demás y, por otro lado, no afectas al medio ambiente”.

Miguel Altieri, investigador de la Universidad de California, Berkeley, asegura que “las compañías de biotecnología con frecuencia proclaman que los organismos genéticamente modificados, en especial las semillas, son un descubrimiento científico importante y necesario para alimentar al mundo y reducir la pobreza en los países en desarrollo”.

En su ensayo “Biotecnología agrícola en el mundo en desarrollo. Mitos, riesgos y alternativas” ?publicado en la revista Ciencias, de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México?, critica que los organismos internacionales apoyan esta premisa bajo el argumento de incrementar la seguridad alimentaria en el mundo en desarrollo.

Sin embargo, para el investigador estadunidense, uno de los factores que ha ocasionado la crisis en los alimentos es la globalización, pues “también es un factor de hambre, especialmente cuando los países en desarrollo adoptan políticas de libre comercio (bajando los aranceles y permitiendo el flujo de bienes procedentes de los países industrializados) amparados por instituciones internacionales de crédito”.

Y alerta que “la mayoría de las innovaciones tecnológicas disponibles hoy en día no toman en cuenta a los campesinos pobres, pues estos agricultores no están en capacidad de costear las semillas protegidas por patentes pertenecientes a las corporaciones de biotecnología”.

Para Sánchez Cruz, la solución a este problema se centra en que se tiene que entrenar a los productores: “Capacitarlos con toda la información que exista para que la decisión no sea de quien venga [las trasnacionales], promueva algo y el productor lo compra porque está bien promovido, no porque sea útil. Tiene que haber suficiente difusión”.

El rechazo

Ante el rechazo manifestado por organizaciones campesinas y ambientalistas, relacionado con la siembra experimental de maíz transgénico que lleva a cabo Monsanto, el servidor público se limita a decir que hay “muchas situaciones” en las que se habla de esta empresa, pero los permisos son de “quien los solicite y nos obligue a atender en el marco de la ley”.

Añade que “se está buscando que todo lo que experimente Monsanto esté autorizado para consumo… No hay ninguna modificación genética que quiera experimentar en nuestro querido México, ni esta empresa ni otras, si no está autorizada por nuestra estructura de salubridad representada por la Cofepris” (Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios).

El interés de esto, dice, es sólo una “herramienta” que con la investigación científica arrojará qué tanto se recomienda su uso y en qué lugares o condiciones será utilizada.

“Habrá que analizar con mucho cuidado el momento en que se llegue a la fase comercial; los resultados van a depender de la región. Los promoventes quisieran que fuera mañana, pero va a ser conforme la ley lo mandata.”

En una carta dirigida a Sánchez Cruz y firmada por los representantes de la campaña Sin Maíz no Hay País ?por más de 300 organizaciones y de personas que demandaban al gobierno una política de atención al campo mexicano?, se menciona: “En el momento que vive nuestro país es urgente que el gobierno mexicano asuma una postura responsable frente a un asunto de seguridad nacional que implica a nuestro alimento básico, el maíz, y con él, la sobrevivencia de millones de campesinos y de los pueblos indígenas que desde hace miles de años han creado, reproducido y salvaguardado este patrimonio que nuestro país brindó al mundo.

“Los únicos beneficiados con la introducción de maíz transgénico a México serán las empresas trasnacionales que buscan lucrar con la riqueza genética de la nación. Se repetiría la infame historia del intercambio de oro por cuentas de vidrio.”

Monsanto, “una empresa grandota”

Monsanto, que tiene concedidas 33 hectáreas para la siembra experimental, carece de una evaluación empresarial por parte del gobierno federal. El titular del Senasica se remite a describirla como “una empresa grandota, trasnacional, internacional”.

“Hasta ahora, no hemos tenido queja de que lo que vende [semillas y plaguicidas] no sea bueno. Automáticamente se sabría.

“Lo que necesitamos garantizar es que la alimentación de la gente en el mundo sea sana e inocua. Hasta ahorita, el uso de este tipo de alimentos no se ha demostrado científicamente que haga daño y en medicinas, tampoco; al contrario, han salvado vidas. Hoy, la presión de la población te indica que se debe garantizar el abasto de alimentos en el mundo. Donde hay que trabajar mucho es en el consumidor, que debe estar enterado de lo que come”, concluye.

Los Estatus de solicitudes de permiso de liberación al ambiente de maíz genéticamente modificado, correspondientes a 2009 y 2010, indican que las semillas genéticamente modificadas de Monsanto se dispersan en 33 hectáreas ubicadas en Nayarit, Sinaloa, Tamaulipas, Coahuila, Durango y Sonora.

Los documentos oficiales del Senasica indican que, hasta el cierre del año pasado, Monsanto, Dow AgroSciences, PHI México y Syngenta Agro solicitaron al gobierno mexicano sembrar sus granos en 2 mil 171.6 hectáreas.

Marco legal de los transgénicos

El artículo 12 de la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados (OGM) indica que corresponde a la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación el ejercicio de sus facultades en los siguientes casos:

I. Vegetales que se consideren especies agrícolas, incluyendo semillas, y cualquier otro organismo o producto considerado dentro del ámbito de aplicación de la Ley Federal de Sanidad Vegetal, con excepción de las especies silvestres y forestales reguladas por la Ley General de Vida Silvestre y la Ley General de Desarrollo Forestal Sustentable, respectivamente, y aquéllas que se encuentren bajo algún régimen de protección por normas oficiales mexicanas derivadas de esas leyes.

II. Animales que se consideren especies ganaderas y cualquier otro considerado dentro del ámbito de aplicación de la Ley Federal de Sanidad Animal, con excepción de las especies silvestres reguladas por la Ley General de Vida Silvestre y aquéllas que se encuentren bajo algún régimen de protección por normas oficiales mexicanas derivadas de esas leyes.

III. Insumos fitozoosanitarios y de nutrición animal y vegetal.

IV. Especies pesqueras y acuícolas, con excepción de aquéllas que se encuentren bajo algún régimen de protección por normas oficiales mexicanas

V. OGM que se utilicen en la inmunización para proteger y evitar la diseminación de las enfermedades de los animales.

VI. OGM que sean hongos, bacterias, protozoarios, virus, viroides, espiroplasmas, fitoplasmas, y otros microorganismos, que tengan fines productivos agrícolas, pecuarios, acuícolas o fitozoosanitarios.

Fuente: Contralínea 229 / 17 de abril de 2011

martes, marzo 15, 2011

Monsanto, a la cabeza en la siembra de maíz transgénico en México

La trasnacional Monsanto es la principal permisionaria del gobierno federal para la siembra de maíz genéticamente modificado. A dos años de la liberación de las concesiones, las agroindustrias experimentarían en más de 2 mil hectáreas de suelo mexicano. Al menos 10 especies de maíz criollo se encuentran amenazadas, pues su lugar de origen es el mismo donde ha sido autorizada la siembra experimental. Además de Monsanto, Dow AgroSciences, PHI México y Syngenta Agro acaparan los permisos para esas pruebas.

Érika Ramírez

Monsanto se erige como el principal permisionario para la siembra de maíz transgénico en el país. La trasnacional de capital estadunidense experimenta en más de 33 hectáreas de suelo mexicano. Además, sus patentes son distribuidas a través de otras comercializadoras extranjeras, lo que la convierte en el monopolio del transgénico, según especialistas.

Los informes Estatus de solicitudes de permiso de liberación al ambiente de maíz genéticamente modificado ingresadas, correspondientes a 2009 y 2010, indican que las semillas genéticamente modificadas de Monsanto, así como de Dow AgroSciences, PHI México y Syngenta Agro, se dispersan en tierras de Nayarit, Sinaloa, Tamaulipas, Coahuila, Durango y Sonora.

En esta última entidad es donde se concentra el mayor número de solicitudes. Ahí, también permanecen unas 10 razas o variedades de maíz originario. En tanto que el principal productor de maíz, Sinaloa, es el estado en el que más siembras se han registrado. Los documentos oficiales indican que, hasta el cierre del año pasado, las cuatro compañías han pedido al gobierno mexicano sembrar sus granos en 2 mil 171.6 hectáreas.

De acuerdo con los listados de la Dirección de Bioseguridad para Organismos Genéticamente Modificados –oficina dependiente de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa)– del 9 de marzo de 2009 al 16 de diciembre pasado, las multinacionales han realizado 110 solicitudes.

Adelita San Vicente Tello, ingeniera agrónoma por la Universidad Autónoma Metropolitana y representante de la asociación civil Semillas de Vida, dice que el incremento de solicitudes y siembras por año “es muy grave. Estamos exigiendo que se pare toda la siembra, que se evite que se pase a la siguiente fase y se revierta la posible contaminación antes de que suceda un desastre económico de contaminación en todo el país”.


Sonora, en riesgo de contaminación

Blando de Sonora, Chapalote, Dulce Norteño, Elotes Occidentales y otras seis variedades más de maíz crecen en los valles Yaqui y Mayo, en Sonora y Sinaloa­, respectivamente. Ahí es donde las multinacionales han solicitado más espacio para esparcir sus granos experimentales.

Los documentos oficiales indican que la Sagarpa tiene solicitadas 978.62 hectáreas para experimentación transgénica en tierras sonorenses, de las que se han concedido 8.29 hectáreas. De autorizarse esta superficie, al terminar este año fiscal el estado sería el de mayor presencia de organismos genéticamente modificados (OGM).

Le siguen Coahuila y Durango, con 434.94 hectáreas en petición, sin que hasta el término de 2010 se hayan concedido los permisos. Tamaulipas es el cuarto estado más demandado, con 281.14 hectáreas pedidas, de las que se han concedido 1.53 hectáreas.

Sinaloa, el principal productor de maíz blanco en México, es el quinto estado de la República respecto del número de solicitudes: 261.42 hectáreas. Éste es el que más concesiones tiene: 26.06 hectáreas. Nayarit ocupa el último lugar de los seis estados en los que se han sembrado OGM, con 120.58 hectáreas solicitadas, de las que se han asignado 0.14 hectáreas.

Vicente Tello asegura que el principal problema es la contaminación del territorio mexicano como centro de origen del maíz. “Estas siembras experimentales no están cumpliendo con los lineamientos de bioseguridad. Se difunde el maíz transgénico por todo el país y después ya no hay control”.

La edición “Maíz transgénico en México, riesgos y costumbres”, de la revista Ciencias, de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México, indica que el país es “megadiverso, multicultural y centro de origen de domesticación y diversificación genética de 15.4 por ciento de todas las empresas que constituyen el sistema alimentario mundial. Esto se debe a la persistencia de los sistemas agrícolas tradicionales donde se cultiva el genoplasma nativo, principalmente en el territorio de los pueblos indígenas y comunidades campesinas”.


La presencia de Monsanto

Monsanto –fabricante del agente naranja (herbicida utilizado en la guerra de Vietnam para la destrucción de cosechas y vegetación)– acapara el 80 por ciento de las solicitudes de experimentación realizadas ante la Dirección de Bioseguridad para Organismos Genéticamente Modificados.

Sus “eventos” (como se les llama a los experimentos MON-89Ø34-3, MON-88Ø17-3, MON-89Ø34-3 x MON-ØØ6Ø3-6 y MON-ØØØ21-9) se dispersan a través de las otras trasnacionales que han pedido formalmente la solicitud de siembra ante la Sagarpa.

De manera formal, Monsanto es la número dos en realizar solicitudes. Con 38 peticiones, la compañía originaria de Saint Louis, Missouri, Estados Unidos, se ubica por debajo de PHI México –empresa de DuPont y subsidiaria de Pioneer Hi bred, Int­–, que ha realizado 45 trámites. Sin embargo, entre las semillas que siembran PHI y las otras trasnacionales se encuentran las de Monsanto.

Dow AgroSciences es la tercera en importancia, pues ha documentado su interés por experimentar con OGM en México a través de 18 eventos. Finalmente, Syngenta Agro lleva 10 solicitudes ante las oficinas de la Sagarpa.

Monsanto tiene presencia en 88 de los 110 trámites, según muestran a detalle los Estatus de solicitudes de permiso de liberación al ambiente de maíz genéticamente modificado ingresadas, correspondientes a 2009 y 2010. No hay empresa que no promueva el agente MON.

“El gobierno mexicano está abriéndole la puerta a un monopolio en algo tan sensible como es la semilla. Tendría esta empresa el control absoluto de las semillas en México si se está permitiendo la siembra y luego se pasa a la siguiente fase, que es la piloto. Llegar a esta fase, sería el paso previo para la etapa comercial”, dice Adelita San Vicente Tello, representante de la asociación civil Semillas de Vida.


En peligro, maíz de origen mexicano: especialistas

Desde el 11 de mayo de 2009, los investigadores del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias, Antonio Turrent Fernández, Ramón Garza García y Alejandro Espinosa Calderón se dirigieron a la Dirección General de Inocuidad Agroalimentaria para advertir que las siembras experimentales de MON-00603-6 (tolerante al herbicida glifosato) corrían el riesgo de contaminar el maíz de la zona.

La misiva indica que, entre los factores que se han omitido en la siembra experimental, se encuentran “la ubicación geográfica de los parientes silvestres del maíz (teocintle y Tripsacum); la persistencia del mejoramiento genético autóctono que usa la vía ‘semilla-polen’ para sus cruzamientos y dispersión de alelos en sus poblaciones, y el valor inapreciable de la diversidad genética del maíz nativo in vivo, insustituible por su versión conservada in situ y/o ex situ”.

Exponen a las autoridades de la Sagarpa que la dispersión geográfica, con altas frecuencias de teocintle y de varias especies de Tripsacum “interferirían con el escalamiento a nivel comercial del evento MON 00603-6… Por esta vía, los transgenes de tolerancia a ciertos herbicidas pasarían al teocintle”.

Además, observan que “el teocintle, que es considerado maleza en el monocultivo de maíz del Altiplano de México, podrá transformarse en una supermaleza como resultado de su interacción genética con el maíz transgénico tolerante al glifosato o indirectamente, a través de su interacción con el maíz nativo”.

Víctor Suárez Carrera, dirigente de la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras del Campo (Anec), asegura que además de las afectaciones a las siembras nativas, habrá impactos negativos en la economía de los campesinos. “El gobierno mexicano no entiende que hay que respetar la Ley de Bioseguridad sobre Organismos Genéticamente Modificados; sigue tomando decisiones en función de la presión y chantaje de Monsanto y las trasnacionales”.

El representante de la Anec expone que en caso de contaminarse el maíz blanco que se produce actualmente, “se depreciarían a maíz de uso forrajero o industrial alrededor de 30 dólares por tonelada. Hoy mismo vemos cómo el maíz blanco es un bien escaso y si no lo produce México, no hay en todo el mundo. Esto significaría una pérdida económica de alrededor de 300 millones de dólares por año, tan sólo por la depreciación de maíz en 10 millones de toneladas que entran al mercado”.

Fuente: Contralínea 224 / 13 de marzo de 2011

miércoles, noviembre 25, 2009

México, en el gran laboratorio de pruebas de Monsanto


Julio César Nieto Hernández*
—¿Y éste de qué murió?
?Tomó un litro de herbicida.
?¿Es por el algodón?
—Sí, la cosecha se arruinó; no pudo pagar sus deudas.
Esta escena, que bien podría estar sacada de una historia de Juan Rulfo, es una realidad que acontece en India. Ante la escasa disponibilidad de la semilla convencional, los agricultores se ven obligados a comprar la semilla de algodón transgénico Bt que es cuatro veces más cara, a pesar de los bajos rendimientos y la calidad variable del algodón que se paga hasta en un 20 por ciento menos de su valor en el mercado. Sumando esto a la gran deuda que adquieren al comprar la semilla transgénica, en muchos casos los agricultores prefieren quitarse la vida al no poder pagar.
Los agricultores acogieron con gran esperanza al algodón transgénico Bt Bollgard al comienzo de su comercialización en la India, en junio de 2005. Teóricamente, usarían menor cantidad de pesticida en el cultivo, ya que la principal cualidad del algodón Bt era la de autoprotegerse contra los ataques del gusano americano de la cápsula, la principal plaga del algodón. Los anuncios de televisión mostraban animaciones de fuertes plantas de algodón esgrimiendo espadas y ahuyentando a los insectos.
Las primeras pruebas aprobadas en 1998 por el gobierno hindú funcionaron bien al principio. Los primeros meses las plagas estaban ausentes de los cultivos transgénicos y no se necesitó la aplicación de pesticidas. Luego comenzaron los problemas.
El algodón no se adaptó al clima: las plantas eran más pequeñas, los copos menos numerosos y más difíciles de recoger que los de campos sembrados convencionalmente. Al final de la temporada, los agricultores emplearon la misma cantidad de pesticida porque el algodón Bt atraía nuevas plagas que el algodón convencional no. Los ingresos de los agricultores de algodón Bt fueron un 8 por ciento inferiores respecto de los que cultivaron el algodón convencional.
El responsable de este escenario fue la empresa Mahyco Monsanto Biotech, una fusión de la multinacional Monsanto y Mahyco –proveedor hindú de semillas– quienes, tras la aprobación de 1998, ampliaron a mayor escala sus pruebas en 2000 aun con las demandas de diversas organizaciones civiles para que se verificara la inocuidad del producto.
A pesar de ello, Monsanto logró comercializar la semilla transgénica aludiendo en 2003 a un artículo publicado en la revista Science que determinaba que el algodón Bt era capaz de aumentar los rendimientos hasta un 88 por ciento. Después se descubriría que el artículo había sido elaborado en su mayoría con datos de Monsanto.
La empresa fue obligada por la Comisión para los Monopolios y Prácticas Restrictivas de Comercio del país asiático a disminuir el precio de su semilla transgénica, solución que no duraría mucho ya que de inmediato introdujo nuevas variedades que obtuvieron los mismos resultados.
El currículo de Monsanto
Monsanto fue constituida en San Luis Missouri en 1901. A lo largo de toda su historia, la comercialización de sus productos se esconde detrás del lema “Alimentación, salud y esperanza”, cuando la verdadera cara que han revelado Deborah Koons, Marie Monique Robin y otros investigadores es la de una empresa preocupada por una sola cosa: hacer dinero.
La historia oscura de Monsanto comenzó en 1927 al iniciar la fabricación de los bifenilos policlorados, compuestos altamente tóxicos que fabricaron desde ese año hasta su prohibición en 1970 y que provocaron el envenenamiento de la gente del pueblo de Anniston en Alabama, hecho por el cual fueron demandados en 2002 y condenados a pagar 700 millones de dólares a las víctimas.
En la década de 1950, llegaron a un acuerdo con el gobierno estadunidense para fabricar el agente naranja –un potente herbicida basado en la mezcla de los compuestos químicos 2, 4, 5-T y 2, 4-D, desarrollado para hacer desaparecer las selvas vietnamitas durante la guerra–. Las impurezas de fabricación del 2, 4, 5-T incluyen dioxina, uno de los tóxicos más potentes conocido hasta la fecha. Actualmente, Monsanto comercializa en México el 2, 4-D, uno de los componentes del agente naranja con el nombre comercial Defensa, que si bien no presenta la peligrosa dioxina, teóricamente podría tener un compuesto residual llamado 2,7-DCDD con propiedades cancerígenas.
En 1958 finalizaron el desarrollo del Posilac o la hormona de crecimiento bovino, que produce una mayor producción de leche en las vacas, pero que les ocasiona alteraciones reproductivas y mamitis –infección en las ubres que obliga al granjero a administrar antibióticos con la posible contaminación de la leche–. Monsanto, hasta la fecha, se niega a diferenciar la leche obtenida de vacas inyectadas con Posilac alegando que no existe diferencia entre esta leche y la obtenida de forma convencional, y ha llevado a juicio a varios ganaderos por diferenciar sus productos.
También está involucrado en la comercialización del Nutrasweet, cuyo principio activo es el aspartame –un endulzante artificial estudiado por el italiano Morando Soffritti durante ocho años en 1 mil 800 ratas de laboratorio. En 2005 publicó los resultados de su estudio: el aspartame es un potencial agente cancerígeno.
Posteriormente desarrollaron su producto estrella, y sobre el cual basan alrededor del 30 por ciento de su negocio: el Roundup. Este herbicida es el más vendido en los últimos años. Es fabricado a partir del compuesto químico llamado glifosato. Este herbicida es no selectivo, es decir que gracias a su particular modo de acción mata cualquier planta que toca. Monsanto lo promovió hasta el cansancio como biodegradable y amigable con el medio ambiente, hasta que se demostró que su tasa de degradación era de 2 por ciento en 30 días, lo cual es mucho tiempo para un producto supuestamente biodegradable. La empresa perdió un juicio por publicidad engañosa en 2007 y se le obligó a quitar la leyenda “biodegradable” de los envases de Roundup y pagar 15 mil euros de multa.
El francés Robert Bellé y su equipo del Centro Nacional de Investigación científica del país europeo realizaron pruebas para determinar la toxicidad de algunos herbicidas. Los resultados fueron que el Roundup no sólo era más toxico que los otros herbicidas, sino que promovía las primeras etapas del cáncer.
Actualmente, Monsanto comercializa los transgénicos en todo el mundo, con sus variantes By y Roundup Ready para soya, algodón, trigo y maíz, entre otros. El debate está abierto, muchos los consideran la solución a la crisis alimentaria mundial; sin embargo, organismos civiles como Greenpeace, los consideran prácticamente los jinetes de Apocalipsis.
Los organismos transgénicos
En el núcleo de nuestras células se encuentra el ADN, una larga tira de información con instrucciones para sintetizar las proteínas pertenecientes al organismo que posee la célula. Una serie de instrucciones para fabricar una sola de estas proteínas se conoce como gen.
Las técnicas actuales de manipulación genética permiten aislar e intercambiar genes entre diferentes especies, vegetales o animales. Recortando genes de acá y pegándolos allá ha sido posible, por ejemplo, aislar de la luciérnaga el gen que produce la luciferina, la proteína fluorescente que le da su luz al insecto, e incrustarlo en una planta cualquiera. El resultado es una planta que brilla. Al gen extraño que se incluye en el genoma de un organismo huésped se le llama transgen.
Basado en este esquema, Monsanto desarrolló los organismos genéticamente modificados (OGM). Así, el maíz y algodón transgénicos de la familia Bt no son otra cosa que la inserción en el genoma de la planta de los genes de una bacteria llamada Bacillus thuringiensis, los cuales le permiten al maíz y algodón fabricar una serie de proteínas tóxicas para los insectos.
Sin embargo, mediante el mismo principio que hace resistente a las cucarachas a los insecticidas en aerosol y a los microorganismos a los antibióticos, las plagas se volvieron resistentes a los efectos de las proteínas Bt al estar constantemente expuestas a ellas.
La tecnología Roundup Ready
Otra variante de manipulación genética es la de inducir en el genoma de la planta la capacidad para tolerar un herbicida específico. Es así como Monsanto culminó en 1994 el desarrollo de su soya Roundup Ready, literalmente “lista para el Roundup”.
Este logro que realmente se opacó cuando se determinó la toxicidad del Roundup y cuando se comprobó la posibilidad de generación de supermalezas por intercambio genético entre la soya y sus parientes silvestres, hecho confirmado por el Centro Británico para la Ecología y la Hidrología, quien afirmó que en Estados Unidos ya se han producido intercambios genéticos entre la soya Roundup Ready y el amaranto, una planta que los agricultores consideran una maleza, proporcionándole resistencia al herbicida.
Otros inconvenientes de los OGM
El primer problema de transportar genes es que en muchos casos se produce un rearreglo en el genoma alterado del huésped. Esto quiere decir que el transgen se puede ubicar al azar en cualquier sitio. Se ha descubierto que los genes en un organismo mantienen estrecha interrelación: el hecho de insertar un transgen en un organismo huésped no asegura la expresión genética de la proteína que codifica.
Leer articulo completo AQUI.

sábado, julio 11, 2009

Monsanto amenaza plantíos del orbe, alertan

La trasnacional “contamina” cultivos con transgénicos y luego cobra regalías, documentan
México se encuentra en riesgo ante la trasnacional, la cual ya ha intentado “contaminar” el frijol amarillo en el país, advirtió Marie-Monique Robin, periodista, documentalista y cineasta, autora del libro El mundo según Monsanto. Una cinta con el mismo título se proyecta hoy a las 11 horas en la Cineteca Nacional.Foto Arturo Cruz Bárcenas


Policías genéticos de la trasnacional estadunidense Monsanto recorren el mundo para detectar si en algún cultivo se usan sus semillas y, con el argumento de que es su patente, exigen regalías. Marie-Monique Robin, quien se halla de visita en el país para promover su libro El mundo según Monsanto: de la dioxina a los OGM. Una multinacional que les desea lo mejor, expresó en entrevista con La Jornada:
“Estamos en una guerra de información, pues Monsanto –trasnacional líder en la producción de organismos genéticamente modificados (OGM), la cual comercializa 90 por ciento de sus productos– gasta mucho dinero para desinformar de manera sistemática.”
Hoy se proyectará a las 11 de la mañana, en la Cineteca Nacional, el documental El mundo según Monsanto, que trata sobre esta empresa fundada en 1901, en Missouri, la cual, según se expone en la obra, “ha acumulado infinidad de procesos penales debido a la toxicidad de sus productos, aunque hoy se presente como una empresa de ciencias de la vida, reconvertida a las virtudes del desarrollo sostenible”.
Robin tardó tres años en descubrir las aristas de este gigante de los transgénicos. El resultado de ese periodo de viajes, entrevistas y documentos es inquietante. “Nos encontramos con un libro esencial para entender cómo opera esta corporación –que tiene 17 mil 500 empleados, presencia en más de 46 países y es la principal productora de semillas del mundo– y cómo ha conseguido, con la complicidad de gobiernos y legislaciones permisivas, dominar el mercado mundial de la alimentación.”
Marie-Monique es periodista, documentalista y directora de cine. Autora de varios libros, ha rodado más de 50 reportajes en todo el mundo.
–¿Son dañinos para el ser humano los alimentos transgénicos?
–Ésa es una pregunta fundamental, pero el problema es que no podemos dar respuestas definitivas. En tres años de investigación descubrí que los transgénicos no han sido evaluados seriamente.
“En 1992, la Administración de Alimentos y Fármacos (FDA, por sus siglas en inglés) publicó un texto fundamental, porque todo el mundo lo tomó en cuenta, ya que dice que los transgéncos son equivalentes a las plantas convencionales.
“Éste es el llamado principio de equivalencia sustancial. Por ejemplo, se afirma que el maíz PT transgénico es equivalente a un maíz convencional y, por eso, no hace falta hacer estudios. Hallé que este principio no tiene ninguna base científica y que más bien fue una decisión política de la Casa Blanca, en aquel momento dirigida por Ronald Reagan y George Bush, y luego por éste y Dan Quayle, una administración republicana cuyo lema era la desregulación y que quería poner en el mercado, lo antes posible, los productos transgénicos, lo cual, obviamente, convenía a Monsanto.
“Para lograr eso había que acabar con todos los ensayos y estudios de toxicidad, que tardan dos años y cuestan mucho dinero. Por eso se publicó ese texto en 1992, en la FDA. Es interesante hacer notar quién lo redactó. Entrevisté a esa persona. Se llama Michael Taylor, quien fue abogado de Monsanto. Después entró en la FDA como número dos. Luego volvió a Monsanto como vicepresidente. Ése es el sistema de las puertas giratorias.
“En mi libro doy como 100 ejemplos de personas de Monsanto que pasaron a la administración estadunidese y después regresaron a Monsanto, etcétera. Es decir, primero fue el texto básico de la regulación, o mejor dicho, de la no regulación.
“Segundo, entrevisté a James Marensky, entonces jefe del departamento de biotecnología en la FDA, y reconoció que este principio de la equivalencia sustancial no tenía ninguna base científica. Era una decisión política de la Casa Blanca.”
Para tener tal base se requieren estudios, y “en 1992, cuando publicaron ese texto, no había ningún transgénico disponible. Monsanto aún estaba trabajando en el primero, que se puso en el mercado tres años después, en 1995: la soya transgénica.
“Cuando se propuso este principio de equivalencia sustancial, científicos de la FDA se opusieron, porque, dijeron, desconocían si un transgénico era dañino.
“Había que hacer estudios, porque puede ser que la manipulación genética traiga riesgos importantes para la salud humana. Pero todos fueron callados.
“Hoy día, la situación es la siguiente: todos los transgénicos que están cultivados en el mundo no fueron evaluados seriamente, porque en 1992 se decidió en Estados Unidos que no había necesidad de hacerlo.
“En estos momentos, España es el único país donde hay cultivos transgénicos. Todos los demás países de Europa, como Francia, Alemania, Luxemburgo, Austria, Grecia y Hungría, han prohibido, hasta hoy, esos cultivos, bajo el llamado principio de precaución, porque, argumentan, no conocen las consecuencias de esos transgénicos para la salud o para el medio ambiente.”
Las imágenes que sobrevienen ante lo que expone remiten a una película de ciencia ficción, de terror, o a una intriga, un thriller.
“Los únicos estudios que se han llevado a cabo son los hechos por Monsanto, que son de tres meses, los cuales se realizaron con ratas que fueron alimentadas con transgénicos. Ahora bien, el ser humano puede comerse un transgénico y no pasa nada al día siguiente, pero en 30 años, o menos o más, no sabemos. Eso es lo que llamamos una toxicidad crónica.
“Para evaluar la posible toxicidad crónica de transgénicos se necesitan estudios de 12 años, y ¡nunca se han hecho!”
Pero estudios serios de dos años, realizados en Escocia e Italia, mostraron daños en órganos de ratas. Los científicos que desarrollaron tal investigación perdieron su trabajo.
Advirtió que en 1997 Monsanto introdujo en Canadá una canola transgénica, y a siete años de eso “la contaminación es total; es decir, no hay ninguna canola orgánica ni convencional.”
Otro tema es el de las patentes. Monsanto puede, con sus abogados, patentar ciertas semillas, y en un plazo de cinco años demandar pago de regalías. “Dice: este gen me pertenece.” Ese es el riesgo para México, donde Monsanto ya ha intentado “contaminar” el frijol amarillo.
Cuenta con los llamados “policías genéticos”, que andan por el mundo detectando cultivos transgénicos que generen regalías, pago de derechos vía patentes, a Monsanto.
Algunos científicos que han trabajado para Monsanto y que han renunciado al percatarse de los fines de la multinacional, han tenido que dedicarse a otras actividades.
Marie-Monique Robin dijo que cada palabra de su libro está cuidada para evitar demandas legales de la poderosa empresa.
Aconsejó que los ciudadanos mexicanos deben exigir que en los empaques de los alimentos se diga si son transgénicos.
Un punto difícil es el de la corrupción.
Robin documenta dos casos, uno en Canadá, de hace una década, en el que Monsanto intentó poner en el mercado una hormona de crecimiento transgénica.
“Fue prohibida (...) En México, me han dicho, se vende.” El otro caso fue en Indonesia.
Documental “El mundo según Monsanto”, el sábado 11 de julio a las 11:00 horas en la sala 4 de la Cineteca Nacional (Av. México-Coyoacán 389, DF), ya está disponible la película en formato de YouTube y subtitulada al español. Es un material indispensable para entender cómo opera esta multinacional.
(http://www.elpoderdelconsumidor.org/el_mundo_segn_monsanto_la_pelcula.html)
El libro y el documental han causado revuelo internacional, ya que en ellos la periodista Marie-Monique Robin desarrolla un riguroso análisis de Monsanto, la empresa química que ha invadido los campos del mundo con herbicidas, que se ha convertido en gran controladora de semillas y promotora de los transgénicos como estrategia para dominar la producción mundial de alimentos. Robin apoya su análisis en múltiples documentos, estudios y entrevistas que incluyen a funcionarios de la trasnacional.