miércoles, mayo 28, 2008

¿Quién manda realmente en España?

Panorámica de nuestra “democracia” postmoderna, un fascismo “light”

Alfredo Apilánez
Rebelión

“El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”
Antonio Gramsci

“Combatir las ilusiones sobre una situación equivale a exigir que se abandone una situación que necesita de esas ilusiones”
Carlos Marx

Digámoslo bien claro desde el principio: La llamada democracia española es una farsa absoluta. En fechas recientes (9 de marzo), hemos asistido de nuevo a la mascarada electoral periódica con la que en este país (y en tantos otros) se vende al pueblo la vigencia de un régimen parlamentario, supuestamente participativo y democrático, con el que se pretende canalizar la expresión de la metafísica soberanía popular.

Sin embargo, en esta pantomima de marketing electoral, no aparece nunca sobre la mesa ninguno de los temas que afectan directamente a la población en su procelosa cotidianeidad, ya que las cuestiones candentes para el “españolito” de a pie se hurtan sistemáticamente del debate político.

Simultáneamente, todo el aparato periodístico de manipulación y propaganda está al servicio de la ocultación de esta impostura. En los mentideros (nunca mejor dicho) de los esbirros mediáticos del poder, haciendo “gárgaras” en el coro de arribistas, se inundan de propaganda las ondas, las pantallas catódicas y las cabeceras de los tabloides patrios y se habla sólo de aquello que no roza siquiera las auténticas estructuras del poder social efectivo, pero nunca de los hilos ocultos que manejan las vidas de los ciudadanos de este país.

El resultado de este fraude meticulosamente planificado es que el pueblo ejerce su puramente formal derecho de voto con ejemplar pulcritud y disciplina, sin que ello tenga ninguna repercusión relevante en los problemas que realmente le incumben.

La prueba más palmaria de ésta colosal estafa es la indiferencia complaciente con la que los prebostes de la banca o de la CEOE, que son los auténticos “padrinos” de la clase política española, esperan el resultado de las elecciones periódicas, así como la aquiescencia cínica con la que bendicen desde sus intocables poltronas todo el tinglado legitimador en que consiste la susodicha farsa electoral.

Cabría preguntarse pues, en última instancia, en qué afecta realmente a estos poderes fácticos que gane las elecciones uno u otro de los clonados contendientes. La pregunta es retórica, ya que la respuesta es obvia: en nada.

Mientras tanto, la liturgia parlamentaria resultante de esta fabulosa maniobra de distracción que representa el “circo” electoral pugna por ensordecer al pueblo para que la tozuda y cruda realidad que sufre y sus reglas, por cierto, nada democráticas, estén bien ocultas bajo siete llaves.

Sin embargo, si vamos pelando un poco las capas de la cebolla social, por debajo del ruido atronador de los “mass media” y de la vacua pantomima parlamentaria el estado real del país resulta calamitoso. He aquí unas sombrías e impresionistas pinceladas:...

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