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domingo, junio 05, 2011

Un Cordero “clasemediero”


Ernesto Cordero, secretario ESPURIO de Hacienda y Credito Publico

John M. Ackerman

De acuerdo con Felipe Calderón y su candidato “destapado”, México es ya un país de “clases medias” que avanza con paso firme hacia la modernidad y el progreso. Ni Calderón ni Ernesto Cordero se cansan de repetir este falso mantra, sobre todo cuando viajan al extranjero o se reúnen con empresarios. La semana pasada, el secretario de Hacienda declaró ante la Coparmex que nuestro país “viene a consolidar clases medias como hace tiempo no lo lograba”. Esta nueva ocurrencia no desentona con aquella otra torpe declaración de que las familias mexicanas con tan sólo 6 mil pesos pueden vivir cómodamente porque “tienen crédito para una vivienda, tienen crédito para un coche, se dan tiempo de mandar a sus hijos a una escuela privada y están pagando las colegiaturas”.

Pero ni Calderón ni Cordero han inventado el agua tibia, sino que no hacen más que repetir las teorías de escritores como Héctor Aguilar Camín, Jorge Castañeda, Luis Rubio y Luis de la Calle, quienes desde hace mucho tiempo se han dedicado a promover precisamente la idea de un México “clasemediero”. Los últimos dos incluso han publicado recientemente un libro que lleva esta expresión en su título.

El argumento principal de estos intelectuales es que la creciente urbanización y la mayor disponibilidad de bienes y servicios básicos como agua potable, drenaje, electrodomésticos, televisión, casa-habitación propia, escuelas privadas, celular e internet están construyendo una sociedad con valores “clasemedieros” más conservadores que aquellos ideales “revolucionarios” que predominaban en el pasado. Antes, los pobres y los excluidos luchaban para transformar la estructura social de raíz. Pero hoy, de acuerdo con estos discutibles postulados, los mexicanos solamente buscarían tener mayor “movilidad social” para poder acceder a los “placeres” de la clase media. El corolario es que una vez que los ciudadanos logran tener acceso a estos bienes y servicios, inmediatamente asumen una actitud profundamente conservadora y defienden su pequeña propiedad en contra de cualquier posibilidad de cambio político o económico.

Rubio y De la Calle celebran este supuesto cambio cultural: “No hay duda alguna de que una parte muy significativa de la población se siente de clase media y quiere proteger esa condición que tanto esfuerzo le costó alcanzar”. Estas personas tienen “un sentido de propiedad, pertenencia y derecho a preservarlo” y, por lo tanto, “su actitud política se inclina a ser conservadora y rechaza cualquier alternativa que pudiera alterar su seguridad”.

Los escritores señalan como una tendencia particularmente positiva el hecho de que cada vez más mexicanos ponen nombres extranjeros a sus hijos y los envían a escuelas particulares con nombres foráneos, ya que esto evidencia su “aspiración de movilidad social”. Los autores también celebran el “fenómeno Walmart” que supuestamente ha “reducido el precio de alimentos, ropa y calzado”, así como la tendencia para que “la sociedad mexicana se asemeje a las sociedades desarrolladas”.

En un evidente eco del proyecto totalitario de la Iniciativa México, dicen que necesitamos un radical cambio de actitud: “Los mexicanos con frecuencia ven el futuro con temor y se imaginan catástrofes y dificultades”. Sin embargo, según los autores, “la realidad objetiva contradice este conjunto de percepciones: hoy resulta innegable la posibilidad del progreso individual y familiar, sea a través de la acumulación de capital humano, la participación en actividades empresariales –incluidas las informales– y la emigración”.

Es aquí donde queda claro que lo que realmente importa a los autores no es la posibilidad de un verdadero desarrollo económico o acabar con la pobreza en la que subsisten por lo menos 50 millones de mexicanos, sino simplemente la multiplicación de válvulas de escape, como la emigración o el trabajo informal, que resuelven algunas necesidades básicas en el corto plazo y así pacifican a la población ante una situación de crisis generalizada.

El proyecto “clasemediero” que Calderón y Cordero asumen como propio no es una propuesta de desarrollo social, sino una iniciativa eminentemente política e ideológica. Su objetivo principal es moldear el país a imagen y semejanza de naciones supuestamente “desarrolladas”, como Estados Unidos, y rechazar el legado de importantes luchas sociales, iniciativas colectivas y pensamiento crítico que distingue a la historia mexicana.

La naturaleza ideológica de este planteamiento queda desnuda cuando Rubio y De la Calle aclaran que ser “clasemediero” de ninguna manera implica disponer de una cómoda situación económica: “Los integrantes de la clase media pueden tener ingresos desde unos cuantos salarios mínimos por hogar hasta varias decenas del mismo indicador”. Es decir, los pobres también pueden ser de la “clase media”, siempre y cuando “actúen” como integrantes de ésta y entren al juego del consumismo individualista y privatizador impuesto por el vecino del norte. Desde este punto de vista, lo que realmente importa para el futuro del país no sería atender los graves desequilibrios sociales y económicos, sino simplemente educar a los mexicanos para que tengan una “visión positiva del mundo” y una “disposición a disfrutar la vida más allá de lo cotidiano”, de modo que ya no se quejen tanto de la inefectividad gubernamental o los privilegios de los poderes fácticos.

Al final de su discurso ante la Coparmex, Cordero tuvo un momento de lucidez: “Si logramos hacer lo que tenemos que hacer en los próximos años, México, sin ninguna duda, va a ser muy diferente dentro de cinco años de lo que es ahora”.

Lo que se le olvidó comentar al aspirante presidencial es que hoy mismo también estaríamos en una situación “muy diferente” si los gobiernos del PAN hubieran hecho “lo que tenían que haber hecho” durante los últimos 10 años de “transición” democrática.

Ya es hora de dejar de culpar al pueblo mexicano por la desgracia en que se encuentra el país. El desastre nacional en materia de seguridad, corrupción, impunidad, salud y educación no se debe a las actitudes supuestamente “atrasadas” de los ciudadanos, sino al elitismo, malinchismo y complicidad de nuestros gobernantes y sus intelectuales orgánicos. l

www.johnackerman.blogspot.com

Twitter: @JohnMAckerman

jueves, enero 07, 2010

Ideas muertas


MÉXICO, DF, 4 de enero.- Atrapados. Rezagados. Atorados. Palabras del 2009 que capturan el sentir colectivo y el ánimo nacional. Palabras que revelan un país incapaz de responder a los retos que tiene enfrente desde hace años. Un entorno global cada vez más competitivo y una revolución tecnológica de la cual México se niega a formar parte. Una vasta transformación económica más allá de nuestras fronteras, que está creando nuevos ganadores y nuevos perdedores.

Una lista de líderes políticos y empresariales que han hecho poco por prepararnos para la nueva década. Y finalmente, la razón principal detrás de la inacción enraizada en nuestra cultura política y en nuestra estructura económica: la pleitesía permanente de tantos mexicanos a las “ideas muertas”.
Ideas acumuladas que se han vuelto razón del rezago y explicación de la parálisis. Sentimientos de la nación que han contribuido a frenar su avance, como argumentan Jorge Castañeda y Héctor Aguilar Camín en el ensayo Un futuro para México, publicado en la revista Nexos. Los acuerdos tácitos, compartidos por empresarios y funcionarios, estudiantes y comerciantes, periodistas y analistas, sindicatos y sus líderes, dirigentes de partidos políticos y quienes votan por ellos. La predisposición instintiva a pensar que ciertos preceptos rigen la vida pública del país y deben seguir haciéndolo. Y aunque esa visión compartida no es del todo monolítica, los individuos que ocupan las principales posiciones de poder en México suscriben sus premisas centrales:
• El petróleo sólo puede ser extraído, distribuido y administrado por el Estado.
• La inversión extranjera debe ser vista y tratada con enorme suspicacia.
• Los monopolios públicos son necesarios para preservar los bienes de la nación, y los monopolios privados son necesarios para crear “campeones nacionales”.
• La extracción de rentas a los ciudadanos/consumidores es una práctica normal y aceptable.
• El reto de la educación en México es ampliar la cobertura.
• La ley existe para ser negociada y el estado de derecho es siempre negociable.
• México no está preparado culturalmente para la reelección legislativa, las candidaturas ciudadanas y otros instrumentos de las democracias funcionales.
• Las decisiones importantes sobre el destino del país deben quedar en manos de las élites corporativas.
Estos axiomas han formado parte de nuestra conciencia colectiva y de nuestro debate público durante decenios; son como una segunda piel. Determinan cuáles son las rutas aceptables, las políticas públicas necesarias, las posibilidades que nos permitimos imaginar. Y de allí la paradoja: Las ideas que guían el futuro de México fueron creadas para una realidad que ya no existe; las ideas que contribuyeron a forjar la patria hoy son responsables de su deterioro. Desde los pasillos del Congreso hasta la torre de Pemex; desde las oficinas de Telmex hasta la Secretaría de Comunicaciones y Transportes; desde la sede del PRD hasta dentro de la cabeza de Enrique Peña Nieto, los mexicanos son presa de ideas no sólo cuestionables o equivocadas. Más grave aún: son ideas que corren en una ruta de colisión en contra de tendencias económicas y sociales irreversibles a nivel global. Son ideas muertas que están lastimando al país que las concibió.
Son ideas atávicas que motivan el comportamiento contraproducente de sus principales portadores, como los líderes priistas que defienden el monopolio de Pemex aunque sea ineficiente y rapaz. O los líderes perredistas que defienden el monopolio de Telmex, porque por lo menos está en manos de un mexicano. O los líderes panistas que defienden la posición privilegiada del SNTE por la alianza electoral/política que han establecido con la mujer a su mando. O los líderes empresariales que resisten la competencia en su sector aunque la posición predominante que tienen allí merme la competitividad. O los líderes partidistas que rechazan la reelección legislativa aunque es un instrumento indispensable para obligar a la rendición de cuentas. O los intelectuales que cuestionan las candidaturas ciudadanas aunque contribuyan a abrir un juego político controlado por partidos escleróticos. O los analistas que achacan el retraso de México a un problema de cultura, cuando el éxito de los mexicanos en otras latitudes – como el de los inmigrantes en Estados Unidos– claramente evidencia un problema institucional.
La prevalencia de tantas ideas muertas o moribundas se debe a una combinación de factores. El cinismo. La indiferencia. La protección de intereses, negocios, concesiones y franquicias multimillonarias. Pero junto con estas explicaciones yace un problema más pernicioso: la gran inercia intelectual que caracteriza al país en la actualidad. Nos hemos acostumbrado a que “así es México”: así de atrasado, así de polarizado, así de corrupto, así de pasivo, así de incambiable. Nuestra incapacidad para pensar de maneras creativas y audaces nos vuelve víctimas de lo que el escritor Matt Miller llama “la tiranía de las ideas muertas”. Nos obliga a vivir en la dictadura de los paradigmas pasados. Nos convierte en un país de masoquistas, como sugiriera recientemente Mario Vargas Llosa.
Puesto que México no logra pensar distinto, no logra adaptarse a las nuevas circunstancias. No logra responder adecuadamente a las siguientes preguntas: ¿Cómo promover el crecimiento económico acelerado? ¿Cómo construir un país de clases medias? ¿Cómo arreglar una democracia descompuesta para que represente ciudadanos en vez de proteger intereses? Contestar estas preguntas de mejor manera requerirá sacrificar algunas vacas sagradas, desechar muchas ortodoxias, reconocer nuestras ideas muertas y enterrarlas de una buena vez, antes de que hagan más daño. Porque, como dice el proverbio, la muerte cancela todo, menos la verdad, y México necesita –en el 2010– desarrollar nuevas ideas para el país que puede ser.
Fuente: Proceso

viernes, noviembre 27, 2009

La definición

El momento que vive el país en vísperas de cumplirse 100 años del inicio de la Revolución Mexicana es de una enorme gravedad, pues lo que está en disputa en estos meses y se definirá en 2012 es el proyecto de nación que habrá de ser México en el futuro, y muy difícilmente en el camino que se adopte podrá darse marcha atrás.
1.
La división existente en México es ya muy honda a mitad del segundo sexenio panista, y precisamente por el desastre que han sido los dos gobiernos surgido del PAN, el discurso de la ultraderecha mexicana se ha desbocado asumiendo que al haber fracasado la reconversión gradual del Estado mexicano llevada a cabo en los últimos 25 años por la alianza PRI-PAN, es menester forzar los cambios que llevarían a que el país dejase de ser soberano y pudiese uncirse por completo al proyecto trasnacional.
2. Estas mafias se presentan todos los días como decididas a no dejar el poder y a exigir que desde ahora se acelere el proceso de desmantelamiento de la nación y se adopte plenamente el modelo neoliberal, lo que está generando nuevas tensiones.
3. La ofensiva de la extrema derecha mexicana contra las instituciones sociales, económicas y aun políticas del país es desaforada, pero sus ataques no están recibiendo, sin embargo, una respuesta suficientemente vigorosa de las organizaciones democráticas y de izquierda y ello va a ser clave de lo que va a acontecer en los meses por venir.
4. La legitimidad de esta exacerbada campaña para que el gobierno pueda culminar el proyecto de privatización de la nación es inexistente, pues Felipe Calderón no ganó la elección de 2006 y, en consecuencia, no tiene mandato para nada (a no ser de parte de los grupos mafiosos que lo impusieron y manejan) y sabe bien además que Acción Nacional sufrió una contundente derrota en las legislativas de este año, lo que confirma el repudio popular a sus políticas. Y esto se agrava porque del lado del Revolucionario Institucional, por una parte sus documentos básicos se oponen al proyecto entreguista que Salinas impulsa tras bambalinas, y por la otra en la campaña electoral de 2009 los priístas pidieron el respaldo popular precisamente para actuar en contra del proyecto neoliberal de Calderón y no para apoyarlo.
5. La tentativa del gobierno espurio de privatizar Luz y Fuerza del Centro y destruir al Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) tras el asalto a las instalaciones de la compañía el 10 de octubre, y de decretar al día siguiente su desaparición, no sólo fue un acto ilegal, sino también ilegítimo. La complicidad de Beatriz Paredes (presidenta del PRI) y de Francisco Rojas (pastor de los diputados priístas) con Calderón, para evitar que la Cámara presentase una controversia constitucional ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que confirmaron el martes 24, no es sino un peldaño más en el camino del priísmo hacia su despeñadero en 2012, pues una vez más se confirma que en su mayoría no son desde hace décadas nacionalistas, sino neoliberales y entreguistas, como los panistas.
6. La extrema derecha, sin tener legitimidad alguna para ello, concibió el golpe ilegal contra Luz y Fuerza del Centro como un paso fundamental para poder imponer por completo el modelo neoliberal en México, pues hace realidad varios de sus postulados: a) constituyó la manera más expedita para entregar otra parte del sector eléctrico a las trasnacionales como vía para propiciar el control total de Washington, sobre todo el estratégico sector energético, b) le permitió desbrozar el camino para destruir el sindicato obrero más combativo del país y con ello hacer ver a los sindicatos que aún se pretendan independientes que no tienen cabida en el neoliberalismo, opuesto a ellas, y que sus días están contados, c) hizo posible el envío a los mexicanos del mensaje de que la Constitución de 1917, aparentemente en vigor, no tiene vigencia en el país y que lo que vale son los programas neoliberales de los organismos financieros internacionales, d) les va a permitir tanto a panistas como a priístas, junto con las corporaciones extranjeras asociadas a ellos, hacer enormes negocios poniendo en práctica el principio neoliberal de “la sinergia”, y por último, e) les da pie para insistir en que el desmantelamiento total de la nación, tal como se concibió ésta tras la Revolución Mexicana, es su objetivo, como ahora lo hacen sus corifeos, f) por lo que, según insisten, el proceso de privatizaciones debe proseguir tras el que creen es un impulso recibido durante el conflicto con el SME.
7. El festejo oficial del 99 aniversario del inicio de la Revolución de 1910, presidido por Calderón, fue, como era de suponerse, la ocasión para festejar sin pudor alguno su muerte y el desmantelamiento de la nación al seguirse entregando riquezas estratégicas de los mexicanos a las trasnacionales y el control de las áreas estratégicas del Estado a Washington, como están festejando los académicos asociados al modelo neoliberal.
8. La andanada que se está dando al concluir 2009 no es nada más, por lo mismo, contra “la Revolución Mexicana”, sino también contra la Constitución de 1917 y las instituciones surgidas de ella, por lo que estos grupos minoritarios lo que celebran es desde el fin de México como un país soberano hasta la cancelación de los derechos sociales a la tierra, al trabajo, a la educación laica y gratuita, a la salud, a la seguridad social, y la desaparición de los organismos destinados a procurar su satisfacción.
9. La ultraderecha mexicana ha perdido ya toda vergüenza y exige, a contracorriente de lo que acontece en la mayor parte de los países de América Latina, que México se vaya de bruces a los brazos del neoliberalismo (aunque éste haya fracasado), y lo mismo en la explanada de Los Pinos el sociólogo Roger Bartra preconizó el día 20, ante los aplausos de Felipe y de sus amigos, que hay que destruir por completo el legado de la Revolución, que Jorge G. Castañeda y Héctor Aguilar Camín sostienen, en el número más reciente de Nexos (noviembre), que mirar al futuro es abrazar con fuerza el ya viejo y fracasado modelo neoliberal, por lo que hay que arrojar al cesto de la basura a la soberanía, al nacionalismo, al sindicalismo y a las instituciones sociales: lo mismo que llevan años diciendo los locutores de Tv Azteca y Televisa.
10. El debate sobre el futuro del país está abierto y debe darse, por consiguiente, desde los sectores populares con argumentos, pero también con acciones, pasando de una actitud defensiva hacia una postura congruente con las luchas históricas del pasado.

sábado, agosto 01, 2009

Exhibe Villamil contratos entre Televisa y Peña Nieto


TOLUCA, Edomex., 30 de julio (apro).- Al presentar su libro Si yo fuera presidente. El reality show de Peña Nieto, el periodista de Proceso, Jenaro Villamil, exhibió una serie de contratos que comprueban los pagos hechos con recursos públicos –unos 405 millones 88 mil pesos-- por el gobernador mexiquense, el priista Enrique Peña Nieto, a la empresa Televisa."Esto es para que no digan que uno inventa o miente", enfatizó el escritor al momento en que puso a disposición de los reporteros fotocopias de esos contratos, entre ellos los que ampararon tres programas de Zona Abierta que conducía Héctor Aguilar Camín, así como seis entrevistas en diversos espacios informativos y un paquete de noticias.

El autor, que ha causado polémica al transformarse en blanco de críticas por parte de Televisa, esta vez puso especial énfasis en el contrato más cuantioso: 305 millones 688 mil pesos por la difusión de 108 "notas informativas".Villamil presentó su libro en Toluca, la capital de la entidad gobernada por el priista Enrique Peña Nieto quien, según las encuestas, ocupa el primer lugar en las preferencias ciudadanas para convertirse en el próximo presidente de la República.La cita fue en el Instituto Electoral del Estado de México (IEEM), en un espacio reservado por la representación del Partido de la Revolución Democrática (PRD).Durante su intervención, Villamil explicó que en dos ocasiones consecutivas tuvo que cancelar otras presentaciones ante la inesperada negativa de dos centros culturales para abrirle las puertas, aun cuando ya se habían comprometido a facilitar sus instalaciones.Sin embargo, el ambiente no fue del todo a favor del periodista.Esta mañana, también de forma inesperada, el gobierno mexiquense convocó a conferencia de prensa sobre la contingencia sanitaria por el virus de la influenza, justamente a la misma hora en que se había citado a la presentación de Si yo fuera presidente.También por la mañana los diarios locales difundieron en su primera plana la postura asumida por Peña Nieto en torno a lo que él considera ataques en su contra, sobre todo ante la aparición de su nombre en las listas de beneficiados del Procampo.En una gira de trabajo por Ixtapan, el gobernador aseguró que su actuación es totalmente transparente y apegada a derecho. Además lamentó que, una vez pasado el reciente proceso electoral, se haya convertido en el "blanco favorito" de algunos medios de comunicación y lo usen como "patito de feria". Ante esas consideraciones de Peña Nieto, Villamil dijo no tener nada en su contra y, por el contrario, resaltó la importancia que tendrá el vigilar el ejercicio del servicio público, así como los intereses de los grandes medios de comunicación, especialmente de Televisa.Los asistentes abarrotaron el sitio dispuesto para la presentación del libro. Las 130 sillas fueron ocupadas por completo, con personas de pie y otras que se observaron desde la entrada. Situación similar se vivió en el piso de arriba, en el que se colocó una pantalla televisión para seguir los comentarios.Villamil estuvo acompañado por el consejero ciudadano del IEMM, Bernardo Barranco, así como por los perredistas mexiquenses Rubén Islas y Horacio Duarte.Para el autor lo importante de este tipo de investigaciones periodísticas es abrir el debate a favor de la rendición de cuentas, toda vez que el nuevo modelo de hacer política impulsado por Peña Nieto puede interpretarse como un "fraude electoral".Desde su perspectiva, los medios electrónicos –en este caso Televisa-- otorgan a un personaje político un trato de candidato ganador de las elecciones presidenciales.El consejero Bernardo Barranco dijo que el libro de Villamil tocó fibras sensibles de la televisora más importante del país y calificó de "audacia" la presentación de la obra en Toluca. Televisa –acotó-- ha hecho una apuesta para conducir a un personaje de la política hacia el poder. Se trata de nuevas formas en la construcción del poder. Este tipo de candidaturas, abundó, se construyen con base en el marketing y no se apoyan en un verdadero proyecto político.