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martes, agosto 17, 2010

Si se legaliza la mariguana


1.

El presidente Franklin D. Roosevelt se inclinó para firmar el documento que anulaba la prohibición del alcohol y a continuación dijo: “Creo que este es un buen momento para beber una cerveza”. Cosa que su gabinete pasó a tomar en un salón contiguo, mientras en los speakeasies del país, un minuto antes clandestinos, ahora legales, cientos de miles de ciudadanos alzaban sus copas y las chocaban para brindar.

Así terminó la guerra contra el alcohol en Estados Unidos. Con el clinc de un brindis y no con el bang de un disparo.

Fue un alivio el fin de aquella guerra que no disminuyó el consumo del alcohol y sí elevó el poder económico y balístico del crimen organizado. Una guerra que mató inútilmente a miles, que no moralizó al país, como soñaron los prohibicionistas, y en cambio sí destruyó la industria de las bebidas alcohólicas, antes floreciente en California.

Si se legaliza la mota en México durante el mandato del presidente Calderón, no lo veremos prender un carrujo en un gesto de reconciliación de la autoridad con la yerba. Sería demasiado incongruente. Pero si es otro el presidente mexicano quien firma su legalización, y eso no es improbable, debiera hacer el gesto de encender el carrujo porque la mota se debería volver una industria. Todavía más: se debería volver una importante exportación.

Tal y como al cabo de la extinción de su prohibición, y al cabo de una década de cultivo paciente y esmerado de los viñedos de Kansas y California, las bebidas alcohólicas se fueron volviendo para Estados Unidos. Por cierto, tal y como sucederá en California si en noviembre se legaliza la mota. Con amplios campos ya cultivados de mariguana, con sistemas de distribución ya bien establecidos, California se volverá probablemente en noviembre el primer exportador mundial de la yerba.

Es una lástima. Históricamente a nosotros nos debiera haber correspondido esa ganancia económica. Fue en México en donde la mariguana se consumió en tiempos precolombinos con reverencia, en usos medicinales, afrodisiacos y religiosos.

Si la mariguana se legaliza en México, es decir: si su cultivo y empaquetamiento y tráfico se legalizan, porque su consumo no es ahora ilegal, el gobierno se equivocaría al esquinar su venta en farmacias, como opinan los pudibundos que debiera hacer. Decirle sí a la mota debería decirle sí, completamente. Decirle sí a la yerba que los aztecas llamaron santa, debiera ser un sí que implique el impulso a su cultivo y exportación.

2.

Y sin embargo, luego de la legalización de la mariguana, ahí seguiría el crimen organizado. Sus ingresos afectados brutalmente, claro. El tráfico de mariguana representa, según algunos expertos como Luis Astorga, la parte mayoritaria de sus ingresos, pero la otra parte se calcula entre 10 y 25 billones de dólares.

El crimen organizado seguirá robando, secuestrando y extorsionando, las actividades criminales que realmente afectan a la población. Seguirá infiltrado en las policías del país. Seguirá infiltrado en la política. Seguirá matando periodistas. Seguirá mandando como la más alta autoridad en regiones completas del país. Ahora manda en una cuarta parte, a decir del general de división Luis Garfias, y en esa cuarta parte del territorio nacional se atrincheraría, probablemente, radicalizando su violencia.

Desmantelar el poder del crimen para robar, secuestrar, extorsionar a la población y corromper al Estado debió haber sido el objetivo de esta guerra desenfocada que vivimos en México. Si la mariguana se legaliza, la guerra debiera continuar, ahora sí focalizándose en eso que importa. Y debiera ser una guerra que ahora sí emplee las fuerzas que el Estado posee y el crimen no.

Ahora sí el Estado tendría que planificar la guerra antes de emprenderla, y planificarla con inteligencia. Es decir, sabiéndolo todo sobre el poder del enemigo. Debiera antes de la guerra bloquear sus abastecimientos de dinero y armamento. Es decir, pactar con la banca internacional el congelamiento de las redes económicas del narco y pactar con Estados Unidos la no venta de armamentos a mexicanos. Y debiera antes de la guerra limpiar a las policías. Según cálculos del primer secretario de Seguridad Pública de México, Alejandro Gertz Manero, hoy uno de cada dos policías mexicanos está en las nóminas del crimen.

3.

Finalmente, si se legaliza la mariguana y fumarse un chubi se vuelve tan normal como tomarse un martini, ahí seguirá el infierno de la adicción.

Es una ilusión suponer que la legalización de la mariguana no aumentará su consumo y su abuso. Simplemente las experiencias internacionales refutan ese optimismo. En Holanda, al legalizarse la mariguana, el consumo se elevó a la estratosfera y una generación de adolescentes quedó marcada por la indolencia a la que conduce la mariguana cuando se consume a diario. En Estados Unidos el fin de la prohibición del alcohol condujo a un aumento exponencial del alcoholismo que dio origen a la creación de miles de clubes de Alcohólicos Anónimos.

Es verdad lo que ahora empieza a decirse con ligereza: la adicción a la mariguana y a otras sustancias es un problema de salud personal que no amerita una guerra civil. Pero también es verdad que la educación respecto al uso y abuso de sustancias de efectos químicos considerables debiera ser un problema de Estado. Si se legaliza la mariguana, es deber del Estado reeducar a la población sobre la mariguana.

La mariguana no es el diablo, como este gobierno se afanó en convencernos. Pero si los aztecas la llamaron la yerba santa fue porque sabían en qué medida y cómo ingerirla, para propiciar sus éxtasis y esquivar sus infiernos.

Dos sopas: legalizar o colombianizar

Felipe Calderón, titular del Ejecutivo.

Denise Dresser

MÉXICO, D.F., 16 de agosto.- Cual Chabelo, el amigo de todos los niños, Felipe Calderón ha pasado las últimas semanas tratando de congraciarse con todos. Convoca foros, dialoga con gobernadores, invita a dirigentes de partidos políticos, escucha a académicos, se reúne con diversas organizaciones de la sociedad. El objetivo, en sus propias palabras, es “hacer de la lucha por la seguridad nacional una política de Estado, no una política de un presidente o de un gobierno” y “estoy acudiendo a todas las llantas del vehículo y a todas las patas de la mesa”. La intención, según argumenta, es oír, revisar, replantear y fortalecer la estrategia nacional de seguridad. Y aunque se agradece la intención –lamentablemente tardía– de Felipe Calderón, hay algo que tanto el presidente como el país necesitan entender. En cuanto a opciones para enfrentar el narcotráfico y los males que engendra –violencia, corrupción, desmoronamiento institucional– no hay mucho de dónde escoger. O se legaliza o se colombianiza. O se regulan las drogas o se involucra de manera mucho más abierta a Estados Unidos para combatirlas.

Calderón no entiende este dilema o no quiere enfrentarlo. Al examinar cuidadosamente lo que ha dicho desde que comenzó la “cruzada Chabelo”, es posible entender lo que quiere: mayor involucramiento de múltiples actores para que la ofensiva emprendida hace cuatro años no sea percibida como “su guerra”; mayor diseminación de información oficial para que la sociedad comprenda por qué hace lo que hace y decide lo que decide; mayor colaboración periodística en la cobertura de muertes y mantas, para no proporcionarle ayuda al adversario. Nada más y nada menos. No hay en sus reflexiones o afirmaciones hasta el momento una sola señal de cambio de ruta, un sólo indicio de golpe de timón; una sola sugerencia de un replanteamiento fundacional. El meollo del asunto parece ser el siguiente: o el gobierno de Calderón no sabe qué tipo de estrategia distinta desea instrumentar, o quiere seguir con la misma –incorporando algunas sugerencias de orden cosmético– pero con mayor legitimación social.

Una guerra idéntica, pero a la cual se le cambia de nombre. Una guerra igual a la que hemos presenciado, pero con menos voces críticas porque ya fueron escuchadas. Una guerra facsimilar a la de los últimos cuatro años, pero con menos denuesto porque el gobierno empieza a hablar de “colaboración”. Esa parece ser la intención real del ejercicio llevado a cabo en tiempos recientes, ya que no hemos escuchado una sola idea nueva planteada por el presidente. No hemos oído un solo replanteamiento profundo de su parte. Lo diferente es el reconocimiento a la necesidad de diálogo. Lo distinto es la aceptación de errores cometidos. Lo novedoso es que se comparta información en lugar de amurallarla. Pero la humildad no es política pública. La explicación no implica reorientación. La apertura no constituye –en sí misma– la pavimentación de un nuevo camino para sacar a México del caos. El énfasis presidencial en la “recuperación de los valores”, el sentido de “mística” de las policías, la “participación social” en la denuncia del crimen revela anhelos, pero poco más.

Mientras tanto, lo que sí hemos escuchado de Calderón es su oposición vehemente a la legalización de las drogas. Está dispuesto a que otros debatan el tema pero jamás lo hará suyo. Insiste en que los perjuicios serían mayores a los beneficios a pesar de la información comparativa disponible que subraya lo contrario. Argumenta que el consumo se dispararía aunque la despenalización de la mariguana en otros países no ha producido ese resultado. No está dispuesto a considerar una opción que muchos expertos y expresidentes han empujado, ante el fracaso histórico y comprobado de otras alternativas en otras latitudes. Así, con una posición que parece más enraizada en prejuicios morales que en razonamientos sopesados, el presidente descarta una opción que México puede y debe considerar. Aunque sea difícil reconocerlo, en este tema Vicente Fox tiene razón: “hoy estamos trabajando para Estados Unidos, y mientras ellos no hacen su tarea” para limitar su propio consumo y reducir el tráfico de armas, México aguanta las muertes y los crímenes y los cárteles.

La legalización –mediante un mercado bien regulado por el Estado– podría romper la estructura económica que produce ganancias descomunales para mafias incontenibles. Y ése sería un primer paso para disminuir la violencia y contener la corrupción.

Al descartar este paso, Felipe Calderón coloca al país en una situación en la cual sólo tiene dos alternativas: seguir insistiendo en la misma estrategia con los resultados fallidos que ya hemos visto, o reproducir el modelo colombiano. De hecho, el presidente –en varias ocasiones– ha manifestado su admiración a lo que Colombia ha logrado hacer en los últimos años. Y sin duda, como lo ha argumentado Michael Shifter del Inter-American Dialogue en su artículo A Decade of Plan Colombia, las condiciones de seguridad allí han mejorado de manera importante en la última década. Ya no puede ser descrito como un “Estado fallido”, como un país en la frontera del caos, a pesar de que sigue produciendo drogas. Las masacres han disminuido, los homicidios han caído, los secuestros han descendido, el sistema judicial ha mejorado, el Estado ha logrado restablecer su autoridad.

Pero todo ello se logró gracias a lo que Felipe Calderón tendría que exigir, explicar, legitimar: la intervención estratégica, el entrenamiento táctico, la presencia militar de Estados Unidos a cada paso. Porque es poco probable que la pacificación colombiana hubiera ocurrido sin el apoyo estadunidense de gran calado que el “Plan Colombia” implicó.

Si Felipe Calderón rechaza la legalización en México, sólo le queda exigir el combate colombianizado con la ayuda militar de Estados Unidos. Eso entrañaría que el presidente reconociera todo lo que no ha querido reconocer hasta el momento. Que la eficacia fundamental del Estado mexicano está en juego. Que sin una intervención estadunidense mayor, el deterioro en la situación de seguridad seguirá siendo progresivo. Que esa intervención implicaría no sólo la provisión de equipo militar a México, sino también la presencia de personal militar estadunidense en territorio mexicano. Que el costo en cuestión de derechos humanos sería tan alto como lo fue en Colombia. Que Calderón se verá obligado a tocar en las puertas de Washington pidiendo más ayuda y más dinero, cuando Barack Obama está intentando cerrar otros frentes y gastar menos en otras batallas. Que deberá convencer a la población mexicana sobre la conveniencia de emular el ejemplo colombiano a pesar de los claroscuros que contiene. Esa es la dura realidad que el debate actual en México no ha querido encarar. Esa es la terrible disyuntiva que el país necesita entender. Sólo hay dos sopas poco apetitosas: legalizar o colombianizar.

domingo, febrero 14, 2010

Votar por la liberación de las drogas

Felipe Calderón, titular del Ejecutivo

MÉXICO, D.F., 11 de febrero (apro).- El asesinato de 16 jóvenes en Ciudad Juárez convoca a una revisión de la política anticrimen que dice ejercer el gobierno en funciones. Obliga a repensar y a discutir; a escuchar a la población, que en ese rincón de México, junto a la frontera, está desesperada. Sería bueno que se empezara por reconocer que hasta ahora hay demasiada sangre regada en el país.
Durante tres días escuché esta semana en la ciudad de Berlín, Alemania, a los defensores de Derechos Humanos, sacando fuerzas de su generosidad para pensar que frente al crimen cotidiano todavía se pueden hacer gestiones. Confían en la vía pacifica, en el diálogo.
Aquí escuché a la diputada al Congreso de la Unión Europea, Herta Daubler-Gmelin, explicando que Raúl Romeva hizo un escrupuloso informe sobre el feminicidio; que tiene un expediente enorme de los abusos en Ciudad Juárez, y que es necesario pedir a la Unión Europea, en sus acuerdos con México, que exija el respeto a los derechos fundamentales.
Vi a los agotados defensores y representantes de los conflictos, a Dolores González, directora de SERAPAZ, hacer sus mejores esfuerzos para explicar la desigualdad en México y el coraje de las y los indígenas por salir adelante.
Vi cómo Yesica Sánchez se contenía para no romper en llanto cada vez que sacaba su lista de asesinadas en Oaxaca, y quería hacerse escuchar por el auditorio sobre el significado de los cambios constitucionales que buscan terminar con el derecho al aborto legal.
A pesar de un discurso que conducía a la desazón nadie pedía tirar al gobierno mexicano, derrumbarlo, desconocerlo. Porque en estos días, en este examen de México en Berlín, es claro que hay criminalización de la protesta de Campeche a Ciudad Juárez, de Guerrero a Veracruz, de la montaña a la planicie y mientras Ignacio del Valle deberá cumplir una sentencia de 112 años todavía no se castiga a ningún policía por los abusos a las 34 mujeres en Atenco; lo grave que ni hay presos o perseguidos por los crímenes de 36 más en Oaxaca, ni se sabe si algún día se encontrará a los militares que abusaron en 1994 de tres jóvenes tzeltales, ahí en Altamirano Chiapas.
Y desde las organizaciones en Guerrero se espera que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos resuelva sobre Inés y Valentina, abusadas por el ejército desde 2001.
Es claro que no es pareja la ley ni lo que llaman sistema de justicia. Y la violencia, dicen, tiene que ver con el narcotráfico, por eso, argumentan que no saben distinguir. Por eso Felipe Calderón consideró que los jovencitos de la colonia Salválcar, que celebraban un cumpleaños, eran una pandilla relacionada con el narcotráfico. Habría que diagnosticar a este individuo esquizofrenia, seria y dura o sea incapacidad para percibir la realidad y falta de coordinación ejecutiva.
Calderón está en la mira. La Coordinadota Alemana por los Derechos Humanos en México, con el apoyo de la Fundación Heirnrich Boll, han tomado nota, vio películas, informes, ha contrastado éstos con los que llevó Rupert Knox de Amnistía Internacional, ubicado en Londres; escuchó a periodistas sobre cómo se persigue y se mantienen los monopolios televisivos, en fin que la reputación del que vive como presidente en la casa de Los Pinos en México ya no engaña a nadie.
En estos días veremos que la terrible matanza cotidiana en Ciudad Juárez, la persecución a los defensores de Derechos Humanos y los ojos internacionales que no se van a apartar permiten que el problema vaya amainando. No es soportable por más tiempo.
Y un consejo a las y los políticos sería muy conveniente quitar el negocio de las drogas, legalizarlas; ir a pedir cuentas del lavado de dinero a los bancos, no a los pobres; levantar un acuerdo internacional de la prohibición de la venta de armas. Una campaña internacional que quitara esos negocios es lo único que puede salvarnos, porque sin crimen el gobierno no podría justificar la persecución a la protesta social.
A ver cómo puede hablar en foros internacionales de respeto a los derechos principales, a los 16 que garantiza la Constitución, esos que coinciden con los de la ONU. Esos, como se sabe, que todavía están en el pacto social de 1917 y de los que se olvida Calderón y esa su pandilla, esa sí es una pandilla.
saralovera@yahoo.com.mx

jueves, marzo 19, 2009

¿Legalizar las drogas?


Una de las opciones que se discuten actualmente para hacer frente al crecimiento de las drogas es su legalización. Es decir, que se permita su comercialización y consumo con base en normas legales.De entrada, es un tema socialmente controvertido. La mayor parte de los ciudadanos mexicanos (entre 50 y 60%) rechazan esta opción. Sin embargo, como el tema de la “pena de muerte” o la “despenalización del aborto” es algo que debe ponerse a debate por lo menos, antes de rechazarlo o defenderlo con más prejuicios irracionales que juicios de razón.Entre los argumentos en contra de esta medida se encuentran los siguientes: 1) No resuelve el problema de las adicciones, lo agrava; 2) equivale a legalizar el crimen contra la vida de miles o millones de jóvenes que tienen en las drogas una salida falsa a su problemas de falta de afecto, identidad o integración social; 3) dispararía el consumo de las drogas, no lo contendría; 4) convertiría en un problema de salud pública lo que ahora es un problema criminal o de seguridad pública; 5) las mafias del narcotráfico no se acabarían, por el contrario se reproducirían al por mayor, ahora con protección legal; 6) la corrupción de los cuerpos policiacos tampoco se detendría, simplemente buscaría una nueva fuente de extorsión y exacción económica; 7) el crecimiento de adictos legales haría inviable la economía de sus familias y la convivencia social; 8) el sistema de salud pública quebraría en términos financieros y operativos ante el disparo de adictos legalizados que deberán ser atendidos obligatoriamente por el Estado mexicano; 9) bajaría el presupuesto público para seguridad, pero crecería el de la salud pública; 10) equivale a legalizar un genocidio social.Entre los argumentos a favor de la legalización cabe apuntar los siguientes: 1) Si “lo prohibido es lo más apetecido”, lo permitido es lo menos demandado artificialmente: la legalización de las drogas reduciría en gran parte su alto precio y, de esta forma, sus altos niveles de codicia, violencia y corrupción; 2) se controlaría de mejor manera la oferta y la demanda de drogas; es decir, sólo se produciría legalmente la que fuera necesaria, para aquéllas personas que lícitamente las necesitan; 3) la legalización del tabaco y del alcohol es el mejor ejemplo de cómo funciona esta medida para reducir los efectos disruptivos de las drogas: se reduce la violencia criminal, se tiene control sobre la comercialización y se mejora la atención y tratamiento de los adictos; 4) en los países donde se han legalizado las drogas (Holanda, por ejemplo, con la marihuana), el consumo no se ha disparado, sólo retoma su nivel normal (3.3% de la población, que es el promedio de muchos países europeos y latinoamericanos); 5) la legalización reduciría el precio de las drogas y, con ello, el estímulo más poderoso para su control violento y comercialización indiscriminada por parte de bandas criminales; 6) de la venta legal de drogas el Estado obtendría recursos fiscales para combatir el crimen y establecer centros de salud para el tratamiento de adicciones; 7) se reduciría significativamente una de las principales fuentes de extorsión, corrupción y tentación para los cuerpos policiales del Estado; 8) habría un mejor control gubernamental sobre productores y consumidores, con base en padrones y permisos planificados; 9) el Estado se vería obligado a establecer una auténtica política de salud pública contra las adicciones, privilegiando la prevención educativa sobre los tratamientos de rehabilitación médica; 10) con la legalización, la sociedad y el Estado están mejor armados para combatir las drogas que con estrategias fallidas, exclusivamente punitivas, centradas en la fuerza policial o militar.La opción que plantea la legalización de las drogas tiene, a su vez, distintos grados de aplicación: desde la legalización de todas las drogas, pasando por todas las fases (producción, comercialización y consumo) hasta otras con enfoques y aplicaciones focalizadas, por ejemplo, la legalización de la marihuana en pequeñas dosis, para consumo personal y con fines terapéuticos. Esta última es la que más ha avanzado en los últimos años, en la mayor parte de los países que han optado por la legalización.Por ejemplo, en Portugal, España, Alemania, Italia, Dinamarca, la República Checa y Holanda, de hecho o de derecho, la no criminalización del consumo de la marihuana es ya una realidad. En Dinamarca está permitida la posesión de hasta 10 gramos de hachís o 50 gramos de marihuana; en caso de poseer una cantidad mayor, la primera vez el portador podrá ser sólo amonestado; la sanción más frecuente es la aplicación de una multa. Quienes se oponen en México a debatir siquiera el tema de la legalización de las drogas, como recientemente lo hizo Felipe Calderón en una entrevista al diario francés Le Monde, con el argumento de que de nada serviría legalizarla aquí, mientras EU no lo haga, deberían tomar en cuenta el siguiente dato: en 12 estados de la Unión Americana, Alaska, Arizona, California, Colorado, Hawai, Maine, Nevada, Oregon, Rhode Island, Vermont, Washington y recientemente Nuevo México, se ha legalizado el uso de la marihuana con fines terapéuticos para aliviar los síntomas de enfermedades como el cáncer, la esclerosis múltiple, el glaucoma, epilepsia, Sida y otras. Pero el uso medicinal es tan laxo que en algunos de ellos igualmente se prescribe para la ansiedad y el insomnio.Es cierto que la legalización de las drogas en sí no resuelve la cuestión de fondo: el crecimiento de las adicciones entre la población y la existencia del crimen organizado. Los adictos seguirán demandando drogas, con o sin legalización, y el crimen organizado encontrará otra fuente de recursos ilícitos. Sin embargo, es innegable que el problema de seguridad, de salud y de viabilidad social que representa actualmente el narcotráfico en México ser vería reducido en términos drásticos.Fuera del tema de la legalización o no, la mejor manera de lidiar con este problema es la formación integral de ciudadanos que rechacen las drogas. Esto implica formación familiar y educación en valores. Toda persona tiene derecho a decidir sobre su cuerpo, sí, pero sólo después de haber recibido información, educación y las alternativas para enfrentar sus problemas de soledad, depresión, angustia, falta de afecto o anomia social. Y después de estar consciente de que su derecho individual está acompañado de una obligación colectiva: no perjudicar a los demás. Tal como ocurre ya con el tabaco y el alcohol.
ricardo_monreal_avila@yahoo.com.mx

lunes, marzo 16, 2009

NARCOS VS. NARCOS.....

“México necesita que todos paguen menos y que uno solo deje de cobrar doble”.

La renuncia de Luis Téllez a la SCT despierta nuevas pasiones entre los jugadores de la telecomunicaciones y los dos personajes más poderosos de México, Carlos Slim y Roberto Hernández. Están en juego el futuro del triple play y hasta, en caso de que Citi venda, quien se quedaría con Banamex….

La Comisión Federal de Competencia (CFC) está dispuesta a tomar medidas definitivas para impedir que Teléfonos de México (Telmex) cierre espacios a sus competidores.


Una particular controversia entre Banamex y el sistema tributario mexicano se ha mantenido oculta desde 2007.


La preocupación que sentimos los mexicanos ante la devaluación de nuestra moneda es justificada. Y debemos prepararnos para un deterioro permanente de la paridad peso-dólar, con episodios pasajeros de recuperación.


Mientras el presidente Felipe Calderón presume sus victorias en la guerra contra el crimen organizado, las ejecuciones y los índices de adicción a los enervantes van en aumento. Aun así, nadie se anima a discutir seriamente la legalización del consumo de ciertas drogas.


La entrega del Premio Nacional de Periodismo José Pagés Llergo 2008 sirvió de marco para que la fundación del mismo nombre emitiera un llamado contundente: medios de comunicación y sociedad civil deben construir juntos un país de leyes.


La opinión pública francesa duda de la culpabilidad de Cassez gracias a la simulación de su captura. Mientras tanto, las autoridades mexicanas se defienden pero ¿Qué fue lo que realmente pasó el 9 de diciembre de 2005?


3 mil 390 millones es la cantidad de mujeres que viven en el mundo...


La balanza política de El Salvador podría inclinarse hacia la izquierda este 15 de marzo. Índigo te presenta las propuestas de ARENA y el FMLN en una lucha electoral que podría definir no sólo el destino del país centroamericano, sino también el del continente.


¿Cómo se confronta a Vladimir Putin, el político más poderoso de Rusia? Para el grupo georgiano de pop 3G, se hace con música disco. Let's Boogie, Mr. Putin.

Y mas.............


PARA VER REPORTE ÍNDIGO AQUI.

sábado, febrero 14, 2009

¿Mariguana o Bimbo?

Ricardo Andrade Jardí

Mientras la telecracia discute la "idea" de que el presidente, ¿cuál?, ¿el usurpador o el legítimo?, intervenga ¿verbalmente? en el proceso electoral, como en todas las "democracias", lo que supone que, según su "análisis", México no es una democracia, mientras discute sugerir prohibir la participación de AMLO porque sería lo mismo que reconocerlo como lo hacen millones de mexicanos como Presidente Legítimo de México, lo que no es algo que requiera de mucha inteligencia, que sabemos no es una virtud de la televisión comercial mexicana, en fin, mientras la telecracia impone su visión "oficial" de porqué ¿el presidente? debería poder intervenir con sus preferencias electorales en plena campaña, el usurpador fecal, sugiere que los que más han "recibido" aporten más, sea lo que sea que esto quiera decir, en tanto el senador Beltrones sugiere que sea el fondo de pensiones, es decir, el ahorro de los trabajadores mexicanos, el que sirva de escudo para amortiguar la crisis mundial inducida por los grandes empresarios y banqueros. ¡Ni hablar! Que sean los mal pagados trabajadores y sus "ahorros" los que sigan garantizando los millonarios e inmorales sueldos de la partida de cretinos que se hace llamar "representantes populares", aunque para estas alturas sólo representen a la telecracia, verdadero poder de facto que nos "gobierna", culturalmente, pues, el poder político y económico es el que se está disputando en las redes del crimen organizado (narcotráfico, pederastia, turismo sexual, contrabando, piratería, banca, casas de bolsa, afianzadoras, aseguradoras, pornografía, etc.), con toda la violencia que eso supone ante un desgobierno federal sin legitimidad y chantajeado por el empresariado chatarra y completamente rebasado y atrapado por la mentira de su discurso y por la realidad financiera global.
Al tiempo que Zedillo, mejor conocido como "Lopitos", hace su aporte al discurso político, aporte que nada tiene de nuevo, pero sí de novedoso, viniendo de un sujeto que saqueó al país, que reventó al Estado, que desmanteló la industria nacional, siguiendo el manual de la "Democracia Corporation S.A.", impulsada por el hoy socialdemócrata priísmo del tecnócrata chupacabras Carlos Salinas de Gortari: "legalizar el consumo de marihuana" propone el expresidente, que siendo todavía presidente se garantizó el empleo chatarra, en ferrocarriles transnacionales, a los que siendo mandatario de México remató los ferrocarriles nacionales. Proponen seis ex presidentes latinoamericanos, entre ellos "Lopitos", que antes se negaron a entender ese argumento, al tiempo que su supuesto combate al narcotráfico abrió las redes de IMPUNIDAD y corrupción que hoy hace de nuestro continente y en particular de México una de las geografías más peligrosas y violentas del planeta.
Para terminar con el rentable negocio de la droga y la violencia que genera, es urgente, efectivamente, debatir su legalización y las normas de la misma, obligar al Estado y al sector privado a invertir en verdaderas campañas de prevención de gran escala y en la oferta de alternativas de vida digna que combata eficazmente la adicción y el consumo. Pero el Estado no puede seguir rigiendo sobre la libertad de consumo y menos aún cuando el Estado no sólo no prohíbe otro tipo de droga chatarra, sino que la promueve con el nombre de "alimento", sin valor nutricional y con sustancias activas que en sus efectos en nada se diferencian de las drogas duras y que el sector público tolera pese a que son identificables muchos padecimientos crónicos debidos al consumo de estos productos "legalmente" aceptados y "moralmente" tolerados, por no hablar del daño medioambiental que su elaboración y desecho produce.
Muchas son las cuentas pendientes del ex secretario de Educación salinista, muchas: el FOBAPROA, primero que nada, pero no le falta "razón" cuando propone la posibilidad de abrir el debate sobre la legalización del consumo de cuando menos algunas drogas. Pero el debate necesario es aquel debate que apele a la razón y a la lógica y no a la doble moral de una sociedad que condena la marihuana, por ejemplo, pero retaca los biberones de los recién nacidos y los vasos de niños con: "la chispa de la vida", poniéndonos entre los países con mayor obesidad y diabetes infantil, entre otros males prevenibles con una buena alimentación, es decir, con una alimentación sin Cola, sin Bimbo y sin Sabritas, entre otros dudosos productos "alimenticios".
Entre la norma mexicana que permite que Bimbo venda pan, sin serlo, y legalizar el consumo personal de algunas drogas, versa una parte del debate urgente hacia una nueva ética como país en México.

sábado, octubre 18, 2008

Despenalizar para vencer

Jesús González Schmal

Probado como está que el combate al narcotráfico por la vía de la mayor penalización y persecución no ha dado resultados y, en el mejor de los casos, es un gasto desorbitado e injusto para un pueblo urgido de servicios básicos, cuando no es un perverso negocio entre narcotraficantes y autoridades en el que se simula la guerra para sacar provechos mutuos, Manú Dornbierer, desde los años 70, la consideraba una guerra perdida para la nación.

De ahí que la iniciativa de un grupo perredista en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal para despenalizar y regular el consumo de la mariguana como principio de plan piloto de lo que puede ser una alternativa de salida al círculo vicioso tiene que ser vista con sumo interés y cuidado. La objeción inmediata del jefe de Gobierno, Marcelo Ebrad, frente a dicha opción es también del todo respetable y ello nos obliga a repensarla varias veces.

La semana pasada, la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal celebró un espléndido simpósium en el que procuradores y especialistas de algunas de las grandes ciudades del mundo se reunieron para compartir experiencias y plantear soluciones a los problemas de seguridad pública y eficiencia en la procuración de justicia.

En dicho foro, el gran garantista italiano Luigi Ferrajoli planteó ya la necesidad de despenalizar el consumo de drogas porque, simple y sencillamente, sostenerlo es promover su multiplicación en tanto el mercado negro es la fuente de las riquezas que debilitan la autoridad del Estado y trastocan la vida económica y la convivencia social.

Otro de los grandes criminólogos de nuestros tiempos, Eugenio Zaffaroni, descubre que los poderes políticos con frecuencia crean sus propios fetiches penales para descargar sobre ellos toda la animosidad de la sociedad, a fin de propiciar una mayor dependencia de la fuerza del Estado contra “los enemigos”, ocultando así la frecuente impunidad con la que se preserva a los autores de la degradación y corrupción política, que se tornan indispensables ante una nación acosada por criminales que no siempre son “espontáneos”, sino creados para siniestros fines políticos.

Es en esta tesitura que, definido el valor jurídico a preservar, que no es otro que librar a la niñez y juventud de la amenaza de la autodestrucción que conlleva la adicción a las drogas, el reto es entonces lograrlo sin permitir que ello sirva para que los poderes formales y fácticos que lucran con el drama, en vez de debilitarse, se consoliden perturbando y sometiendo a la sociedad con el derecho penal del enemigo que, en realidad, enmascara perversiones antidemocráticas en el ejercicio del gobierno.

La impresionante cantidad de recursos económicos hoy desperdiciados en el supuesto combate deben dirigirse a propiciar empleo, esparcimiento sano, cultura y educación que demandan los jóvenes para desactivar las inclinaciones perniciosas que están en la causa del fenómeno. Tratarlo como un problema esencial de justicia social para garantizar oportunidades a las nuevas generaciones es el reto. Bienvenido el debate.

Profesor en la Facultad de Derecho de la UNAM

sábado, octubre 11, 2008

Apaga la tele... se puede vencer a los receptores de drogas en el cerebro?

Estimados Amigos:

La unica solucion al narcotrafico, a la drogadiccion, a la narcoviolencia, a la descomposicion social derivada, y a la degradacion economica y politica tambien resultantes, solo es :

LA LEGALIZACION CONTINGENTE DE LAS DROGAS.

Que es esto ???

La legalizacion, ASUMIENDO EL ESTADO EL CONTROL MONOPOLICO DE LA DISTRIBUCION DE LAS DROGAS. Esto es el Estado distribuye a precio nulo, cercano a cero las dosis. Asumiendo al mismo tiempo un control total sobre los adictos y los programas para la cura y la prevencion de la adiccion.

Esto hace que LA DROGA NO SEA NEGOCIO PARA NADIE EN NINGUNA PARTE, y al quedarse con ingresos cero, se quedan sin gente y entonces si pueden ser aplastados por el ejercito.

El problema es que el verdadero patron del narco es alguna de las agencias americanas como la CIA u otra de esas. Y si son capaces de eliminar a Kenedy, pues jamas van a permitir un plan que en verdad resuelva el problema.

Nos toca a los renegados aprender lo que en verdad son las drogas. Las cuales tienen receptores en el crebro contra los que no podemos luchar y ya vienen codificados en nuestro ADN. NO ES CUESTION DE FUERZA DE VOLUNTAD, ES CUESTION DE BIOQUIMICA !!!!. Igual que algunos no somos alergicos a la penisilina y otros si, por la bioquimica de su cuerpo. Algunos somos mas propensos a desarrollar adiccion y de mayor fuerza a ciertas sustancias.

ANTES DE NACER YA TIENES CODIFICADAS CIERTAS TENDENCIAS. LOS NARCOS LO SABEN.

Si ven con atencion, los documentales siguientes, van a a ver que cerca del 40% de la poblacion mundial, tiene la tendencia a generar la adiccion. Y en el caso de otros mamiferos la tendencia es mayor 50% o 60%. La poblacion adicta, anda por un 3%, por tanto el negocio del narco puede crecer todavia al menos unas 10 veces. Eso es lo que explica la guerra, por que es un BILLETOTE, mayor que el de Wall Street, siempre que siga la prohibicion.

Para que se ilustren, aqui, una serie de documentales:

http://www.tu.tv/videos/drogas-y-cerebro-1-de-5-documentales
http://www.tu.tv/videos/drogas-y-cerebro-2-de-5-documentales
http://www.tu.tv/videos/drogas-y-cerebro-3-de-5-documentales
http://www.tu.tv/videos/drogas-y-cerebro-4-de-5-documentales
http://www.tu.tv/videos/drogas-y-cerebro-5-de-5-documentales

Espero que los vean con atencion. Y sugiero que los bajen a sus PC's antes de que los quiten.

Saludos cordiales,